o~~~°[¤• Moon on Fire •¤]°~~~o
II
Anestesia.
Mi décima taza de café… Ya no podía leer ni un artículo más. Mi cuello estaba tan tenso y la expresión de mi rostro pasaba a nefasta.
Plausible. La familia Chiba inundó los periódicos con declaraciones repugnantes hacía mi persona. Los encabezados típicos; "Heredero de los Chiba con el corazón roto por una Tsukino" "Compromiso Chiba-Tsukino anulado ante soberbia y autosuficiencia de Serena" "Serena Tsukino; la mujer que prefirió su independencia al amor y al dinero" Era de esperarse que yo quedaría como la infame. Por suerte Darién nunca admitió lo dicho por sus padres, pero para el señor y la señora Chiba les disponía más conveniente evangelizar la imagen de su hijo como un inerme desdichado.
Mis padres llamaron a primera hora, a un día de mi arribo en Francia, dándome toda la noticia del "boom" periodístico sobre la revocación del compromiso. Artemis Tsukino, mi padre, preguntó inmediatamente sobre el contenido de mi carta, la cual sustentaba evidencia fehaciente de la infidelidad de mi exprometido. Alegó pronto que teníamos pruebas suficientes para acrisolar mi imagen. Ellos no me comprendieron, mucho menos mamá Luna… Sí Darién no había tenido los suficientes pantalones para imponerse a la jugada de sus progenitores, yo no me prestaría a seguir el mismo movimiento en el tablero… Habrán dado un jaque estratosférico a mi perfil, pero yo poseo más clase que cualquiera de los señores Chiba; Alan y Ann. Fue arduo concordar mi decisión a la de papá y mamá, pero finalmente accedieron. Mi silencio ante la prensa abarrotaba de muros y candados sobre la verdad. En efecto, antes de derrapar excremento a la esfinge de una persona como Darién, ante millones de personas, mi lealtad, mesura y dignidad son primero.
A una semana del suceso… continuaba en primeras planas, ahora con someras manifestaciones; "Serena Tsukino no otorga entrevistas ni da declaraciones, lo que nos hace suponer un sentimiento de culpa y remordimiento sobre su incorrecta disposición. Por lo tanto, la sucesora de Cristal Tokio Corp., es nombrada por la mayoría de la opinión pública como "FWG" (Free Wecked Girl)."
"¿FWG?"
Me sonaba a mujer libertina.
Sorbí el último trago a mi bebida sin azúcar. La onceaba taza, justa y necesaria. Cuando había llenado la porción, el teléfono sonó. Mirando el identificador supe a quien pertenecía el número.
- ¡Buenos días, Kakyuu! ¿Cómo estás?
Kakyuu, mi amiga de la socialité… a las cuales no puedes negarles tu amistad.
- ¡Oh! Serena, he estado tan ocupada con mi viaje de compras en España… apenas me entero. Lamento tanto lo sucedido, - comentó sonando "desconsolada"- te has de sentir afligida. La verdad no creo nada de los rumores, si ambas sabíamos que estabas tan feliz de contraer nupcias con Darién. ¿Qué pasó preciosa?
"¡Claro! Y yo soy la madre teresa de Calcuta para merecer tanta alabanza. Te mueres de ganas por saber con lujo de detalle mi situación y esparcirlo a nuestra comunidad"
- No te preocupes tanto, Kakyuu querida. Estoy perfectamente. -tenía que dar un giro a la conversación antes de quedar entre la espada y la pared- Me creerás que estaba segura me habías dicho que irías a Norte América. Las Vegas, donde radica tu tío, el Cirujano Tomoe…
Todo cambió.
- ¡Oh no! Fui a España, preciosa Serena, es claro que te confundiste entre la plática en el club. Me alegra saber que te encuentres bien, me tenías tan preocupada. Tengo que dejarte, pero prometo llamarte luego. ¡Chau! ¡Chau!
- Muchas gracias por tus atenciones, querida Kakyuu. Saludos a toda la familia. ¡Hasta pronto!
Colgué cual relámpago.
"¿Nariz? No… esa fue a los diecisiete. Recorte de barbilla un año después… Glúteos a sus veinte. ¡Ah! Supongo que comprará un par de copas más grandes de sostén"
Empujando suave el auricular a la base, sentí un jalón que me despojaba de mi taza de café.
- ¿Quinto? ¡Verdad! - Una voz femínea y exagerada dijo con acento regañón-
- ¡Onceaba! TigerEye.
- ¡Madre mía! -se llevó la mano a la cabeza, luego me haló al sillón obligándome a sentarme- Lo que usted, señorita, necesita, es dormirse. -Me abrazó para recostarme a su pecho y mis piernas pudieran estirarse en el resto del sofá-
A TigerEye lo conocí en una fiesta de coctel, tendría quince años, entre la multitud fue el único que me hizo reír con simpleza y danzó conmigo toda la noche, debo admitir que es un maravilloso bailarín.
- No quiero dormir… Mis sueños están llenos de la presencia de Darién. Tengo pesadillas, sueños platónicos e imposibles- Colocó el dedo índice sobre mis labios, luego besó mi mejilla para acariciar mi cabello enseguida- ¿Por qué no te casas conmigo?
Siempre consideré a TigerEye casi como el hombre perfecto, la mejor opción para una chica en la actualidad, excelente cómplice, sabe comprar, inteligente, divertido, elegante, cosmopolita, comprensivo, rico, modelo profesional famoso y sensible… Precisamente su sensibilidad tachaba el "completamente perfecto".
- La cafeína no te deja pensar… ¡Reinis! Tendría que someterme a un tratamiento de esteroides para concretar tu fantasía.-Sonrió para mí- Pero sí tu quieres…
Con Tiger era yo… no tenía que forzar las cosas. Mi mejor amiga(o). Al sentir que mi corazón se derrumbaría, no tenía duda que corriendo a brazos de mi rubio favorito tendría un lugar donde desahogar mis penas. Aquí, en el pequeño apartamento de Eye podía caminar con tacones sin tener que usar zapatillas o pantuflas, dormir junto a él sin ser vista como su amante, beber leche del empaque y hacer los quehaceres del hogar como cualquier mortal.
- Si yo quiero… ¿qué? - deje con sensual misterio-
- Podemos darnos una escapadita a mi recámara… -pronunció él levantándome para cargarme entre sus brazos-
No existía nadie como Tiger… mi segundo amor, al cual era inaccesible. Sus gustos, precisamente, carecían de una mujer sensual o rica a su lado, en cambio apostaría por un hombre. Las ventanas, lo que más me gustaba de ese apartamento, pequeñas, de cortinas victorianas pesadas, ningún periodista se atrevería a mirar por ahí, al menos que el quinceavo piso no les infundiera temor.
- ¡Yo elijo canal esta vez! - Contesté-
- ¡Síp, muñequita! Será como tú quieras.
Preparó rosetas de maíz, vimos películas de acción. Opinábamos de los músculos de los chicos y las cosas que nos incitaban sus pectorales.
No pude dormir, las cantidades que bebí de café ahuyentaron mis sueños… no, mi angustia o cansancio mental. Hubo otra circunstancia que alteró mi tranquilidad, al sonar el teléfono, Seijuro-San, nuestro viejo leal jardinero falleció de un infarto. Sí, me sentía devastada, ahora la depresión crecía.
- "¿Estás bien?"- preguntó mi madre-
- Sí… procura que los gastos funerarios corran por mi cuenta. También planten rosas en su tumba.
Cada día, regresando de la escuela, hasta la semana pasada, me daba una flor de su jardín. El hombre solía decirme; "Cuando nace una flor, cada una tiene su propia fragancia. Tal como el licor su buqué. No encontrarás en la misma barrica o en el mismo edén uno con igual sabor o aroma. Pero debes saber seleccionar el correcto sin enceguecerte por el revestimiento, aquella que mezcle la esencia de la flor y el licor" En lo más profundo de su Alma, Seijuro parecía entender mi destino de casarme con Darién, con elegantes y humildes palabras me aleccionaba. Hasta ahora logro comprender mi equivocación… Después de muerto, con su recuerdo, el jardinero continuó instruyéndome.
Las fiestas prenavideñas, un mes de mi permanencia en Francia. En este tiempo me había dedicado a trabajar en la franquicia de Cristal Tokio Corp., la empresa se dedicaba a la venta de computadoras y accesorios. Este día siete de diciembre, en particular, pasaba de especial para mí. Sería la fecha de la boda. Así que decidí junto a Tiger, que en lugar de deprimirme, iríamos a celebrar mi "libertad"… Yo escogí uno de los más elegantes lugares de París, sin embargo él tenía un compromiso en un bar exclusivo, hasta me escogió la ropa; Simple pantalón de mezclilla y una blusa nacarada porosa prada de estampados de flores púrpuras, mangas abollonadas con escote en U y bordes negros.
Un anuncio de neón, La Vaine. Nueve veinticinco de la noche. Con la multitud de personas hermosas festejando el triunfo de la pasarela navideña de hoy se distinguía con facilidad quienes no eran modelos. Había una chica conchita, sentada sola, con la cabeza agachada. Sentí pena al verla.
- ¿Quién es ella? -le pregunté señalando cuidadosamente-
- La gordita… lleva días pidiendo trabajo a la Diseñadora.
- ¡Ah! ¿Cómo es que está aquí?
- Pues, no sé… debió darle la cortesía la Diseñadora en pago de no poderle dar empleo.
- ¿Sabes qué trabajo pedía?
- Asistente de Costurera, creo.
Mi atención se desvaneció al sentir como un líquido frío se derramaba por mi blusa. Un tonto mesero.
"¡Idióta!"
- Excusez-moi! Mademoiselle. Permettez-moi de sécher la chemise. (¡Discúlpeme!Señoritita. Permítame secarle la blusa.)- Sacó un paño intentando secarlo-
El acento del muchacho, precisamente no era muy francés y su rostro galano no congeniaba al parisino. Definitivamente el tinte oriental radiaba en él, contrastando a mayor a sus bellísimos ojos azul zafiro.
"¡Qué joven taaaan… lindo!"
- ¡Ne vous inquiétez pas.! (¡No te preocupes!)-Me ruboricé al verlo secar mi ropa con insistencia-
Le solicité dejara de hacerlo, comencé a sentirme incómoda al sentirlo tan cerca de mí. Pronto busqué una escusa para esquivarlo halando el brazo a TigerEye.
- ¡Oh Serena! Fuiste tan obvia.
- ¿De qué hablas? Tiger.
- Aquí pasan dos posibilidades… una; estás molesta. Dos; te gustó. Por tu reacción escogería la segunda.
- No, por supuesto qué no…- Alegué yo. Una cosa era que me gustara, la otra que lo anunciara en ese lugar-
- ¿Serena?- Meneó sus cejasdelgadas y rubias-
- ¡Está bien! ¡Está bien!
- Francia no es Japón, Serena… Lo que sucede en parís se queda en parís. Además muchas personas mundanas llegan a este país para buscar experiencias nuevas.
¿Experiencias nuevas? El tonito de voz de Tiger aludió muchas cosas…
Decidí olvidarme del incidente para disfrutar la noche, bebí unas copas. Terminando la fiesta TigerEye me avisó que no llegaría a casa esa noche. Algún Romeo de la pasarela. Me preguntó si podía irme sola, yo contesté sí.
Al salir el aíre me golpeó con rudeza, el alcohol subió hasta mi cabeza. Recuerdo haber sentido un mareo y unos brazos sosteniéndome, después de eso mi memoria se perdió.
La luz del sol me despertó, la jaqueca punzaba con frenesí. Cuando dejé de quejarme observé mi rededor… definitivamente no estaba en el apartamento de TigerEye y el resto de mi ropa se hallaba tirado por el piso. ¿Qué demonios había hecho?
"¡Maldición! Serena, ¿qué estupidez cometiste anoche?"
