Ni Evangelion ni Star Wars me pertenecen. Pertenecen a sus respectivos autores.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas y demás. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría T.

Yo hago esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.

—comentarios

—«comentarios traducidos»


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Capítulo 3:

TOMA DE CONTACTO


El viaje a través del agujero de gusano fue una experiencia asombrosa para todos los iniciados, entiéndase los embajadores y diplomáticos. Viajar por el hiperespacio era algo tan común que no causaba asombro, salvo la primera vez. Pero ahora, al atravesar dicho agujero, la emoción por aquel primer viaje llenó cada fibra de su ser.

—Sólo sentí algo similar la primera vez que subí a una nave espacial.

—Coincido. Es tan diferente y a la vez tan similar…

El senador Enta se acercó a Vin, observando el exterior, el espacio. Sus ojos viajaron primero al planeta Tierra, pasando luego a su única luna y la lejana estrella.

—Es un poco más grande que Coruscant —comentó el senador.

—¿Se esperaba algo más, senador?

—Oh, no me malinterprete. Cuando me informé sobre este planeta y su civilización me hice una idea. Pero claro, la diferencia entre la imagen que me había creado en mi mente y la que tengo ahora frente a mí son muy distintas.

—Bueno, no hemos tenido recursos para cartografiar el planeta y mostrarlo en todo su esplendor como con otros sistemas.

—Está claro que ahora el Senado les dará los fondos necesarios para llevar su labor al nivel que merece.

—Cuando quiera puede aterrizar —indicó el Maestro Tiin mientras se colocaba al lado de Vin

—Por supuesto.

Encendiendo los motores de la nave, ésta se fue acercando a cierta velocidad hacia el planeta. Cuando estuvieron a una distancia adecuada, Vin ralentizó la marcha mientras buscaba algo con la mirada.

—Tienen mucha basura espacial —comentó una embajadora—. ¿Podría suponernos un problema?

—Tengo monitorizado hasta el tornillo más pequeño. No hay peligro. Pero no es eso lo que quería mostrarles. Una es esa.

Todos siguieron el dedo del científico, el cual señalaba hacia uno de los satélites artificiales enviados al espacio por algún país de la Tierra.

—¿Qué es eso?

—Son satélites artificiales. Es la forma en la cual los gobiernos del planeta pueden comunicarse de forma inalámbrica. Sin ellos, su tecnología se vería drásticamente dañada y reducida, teniendo que comunicarse entre ellos de otras maneras, lo cual vería mermado notablemente su capacidad, y no solo hablo de la bélica.

—Un punto demasiado débil. Con destruir varios de ellos los tendríamos a nuestra merced —comentó una embajadora.

—Embajadora Xanauisn, nuestro objetivo no es comenzar una guerra contra ellos

—¿Nos habrán visto? —preguntó el Maestro Tiin.

—Eso espero. Servirán para que nos tengan en cuenta.

—¿Esperamos?

—No es necesario. Además, ninguno de estos satélites está armado.

—Entonces procedamos a aterrizar.

—¿A dónde iremos exactamente? —curioseó la embajadora.

—A la sede de la organización internacional más importante del planeta. La llaman ONU: Organización de Naciones Unidas. La original está en una ciudad llamada New York, pero he pensado que sería mejor ir a la que hay en la ciudad de Ginebra, en Suiza, pues ese es un país neutral. Pero antes avisaré. Será mejor que aparecer así sin más.

—¿Cómo lo hará?

—Con señales de radio.

—¿Esa tecnología no es muy antigua?

—En nuestro caso, desde luego. Está en total desuso, olvidada, gracias a las formas de comunicación que usamos día a día, pero en esta galaxia solo el Imperio Lafray y la Confederación poseen una tecnología de comunicación semejante a la nuestra. Solo así pueden mantener el control sobre sus territorios.

—Entiendo. Debo suponer entonces que el mensaje ya estaba pregrabado, ¿no es así?

—Exactamente, embajadora. Ahora, si me disculpan un segundo.

Vin procedió entonces a enviar el mensaje directamente a Suiza y aguardó un poco. La reacción que tendría la nación era más que esperada y pensaron que lo mejor sería que así ocurriese.

El país de Suiza había sido el que menos había sufrido durante la Segunda Guerra Mundial. Su neutralidad perpetua desde hacía casi doscientos años provocó que se mantuviera alejada de los conflictos vecinos y que su suelo no fuera invadido. Por ello, el Primer y Segundo Mundo no habían osado poner un pie allí. Ese era el principal motivo de que su situación fuera de las más óptimas a nivel mundial, por no decir la mejor.

La nave llena de embajadores de la otra galaxia sobrevoló el espacio aéreo suizo. Como era de esperarse, ante la invasión de su espacio aéreo, y al haber recibido un «aviso» de la nave de la República, numerosas naves de guerra suizas salieron desde las diferentes bases aéreas que disponía el país. Los embajadores observaron dichas naves, las cuales se mantenían cercanas a la nave no identificada, pero en ningún momento abrieron fuego. No se trataban de naves nazis que hubieran atravesado su espacio aéreo durante la guerra, sino que era una nave alienígena, así que mejor no provocar una guerra contra una fuerza desconocida y con la capacidad de viajar por el espacio. Es más, se podría decir que fueron como su escolta mientras la misma.

Además, aunque no se apreciase a simple vista, el ejército de tierra también se estaba movilizando, tanto los oficiales como los reservas al tiempo que la población era avisada y el Presidente de la Confederación Suiza pedía a los siete Presidentes de los departamentos suizos que declarasen el estado de alerta total.

—¿Creéis que nos atacarán?

—Era una de las posibilidades, pero este es un país pacífico. Hablando con total sinceridad, dudo que nos ataquen.

—Pero no por eso no debemos estar alerta.

—Tenemos a tres Jedi con nosotros.

—Los Jedi son mortales, y no sé si incluso alguien con sus capacidades puede salir vivo de un enfrentamiento contra tantos militares.

—Su tecnología bélica es menor.

—Pero aun así no les subestimes. Puede que no sean blásteres, pero tampoco son flechas y arcos.

El Palacio de las Naciones en el Parque Ariana en Ginebra fue el lugar elegido para aterrizar. Mientras sobrevolaban la región suiza, sin invadir el espacio aéreo francés en ningún momento, los tripulantes de aquella nave diplomática observaron cómo la ciudad estaba en total alerta, con gente abandonando su hogar por carretera y las fuerzas de seguridad en posición, preparadas en su mayoría para un posible conflicto. Ante la atenta mirada de todos los militares que les esperaban en tierra, preparados para atacar ante cualquier acción hostil, esperando su llegada, los embajadores observaban con cierta precaución. Todos aquellos terrícolas apuntaban con todas sus armas. No mucho más lejos de sus posiciones defensivas, pudieron observar a numerosas personas envueltas en extrañas ropas.

—Esta nave no está armada, pero mantendré los escudos activados, al menos por ahora.

—¿Qué llevan puesto? ¿Serán sus ropas normales?

—Lo dudo. Quizás sean para protección ante agentes biológicos hostiles, como virus. Son precavidos.

—¿Y qué hacemos ahora? ¿Esperamos aquí a que abran fuego?

—Obvio que no. En mi opinión, deberíamos bajar, al menos uno de nosotros, con el droide de protocolo, por supuesto. ¿Qué sugiere usted, Maestro Jedi?

El Maestro Jedi Tiin llevó su mano a su barbilla, entrecerrando sus ojos, pensativo.

—Su idea me parece bien, señor Cams. Yo mismo me uniré a usted en la toma del primer contacto con estas personas.

La nave aterrizó en el jardín frente al Palacio, tal y como estaba previsto y como habían anunciado a los suizos. Tal y como esperaban, las fuerzas militares y de seguridad del país no abrieron fuego en ningún momento, aunque tampoco retiraron sus armas. Las personas cubiertas por aquellos extraños ropajes procedieron a avanzar hacia la nave. Algunos llevaban aparatos con los cuales supusieron que estudiaban la nave, quizás si era radiactiva, por poner algún ejemplo, pero siempre a una distancia de seguridad.

—Bien, es el momento —suspiró Vin, nervioso al ver tanta arma apuntando hacia donde estaba—. Maestro Jedi, ¿me acompaña?

El Maestro Tiin asintió y ambos caminaron hacia la puerta de la nave junto al droide de protocolo. Activaron la puerta, la cual se abrió, descendiendo para crear una rampa para que los tres pudieran bajar de la nave. Al ver cómo esta se abría, y por ella bajaban dos formas de vida orgánica y un robot, los militares apuntaron a su dirección, atemorizando al científico y poniendo al Jedi en alerta, agarrando su espada láser, pero sin activarla.

Fue entonces que la que parecía ser la líder de aquel grupo de científicos, o al menos no militares, alzó los brazos, mirando a sus compatriotas, los cuales se miraron entre ellos al tiempo que bajaban un poco las armas, pero seguían atentos ante cualquier posible acción hostil. Aquello fue suficiente para que Vin se relajase. La líder terrícola se alejó de su grupo varios metros, deteniéndose a no mucha distancia del comité de la República Galáctica.

—F3PO, te toca —indicó Vin mientras hacía un gesto hacia la terrícola envuelta en aquella ropa protectora.

—Por supuesto —el droide intentó avanzar, pero al ver que los militares le apuntaban nuevamente decidió quedarse donde estaba, aunque la líder terrícola volvió a hacer un gesto para que bajaran las armas—. Oh, pero qué groseros. ¿Acaso no ven que soy inofensivo?

—Ellos no saben nada de ti ni de nosotros. Es normal que actúen así. Pero ahora haz el favor de hablarles en su idioma antes de que intenten matarnos —gruñó mientras se rascaba la cabeza.

Los droides de protocolo le daban jaqueca.

—De acuerdo. Pero me siguen pareciendo unos maleducados —el droide procedió entonces a usar sus nuevos datos sobre los idiomas del planeta para hablar como cualquier otro habitante del país—. Buenos días tenga usted.

La terrícola pareció sorprenderse mucho, así como los que estaban cerca suyo, por el hecho de que aquel robot estaba dirigiéndose a ella en su idioma natal.

—Buenos... días… —saludó la mujer—. ¿Hablas mi idioma?

—Soy F3PO, un androide de protocolo. Domino más de seis millones de formas de comunicación, incluyendo las vuestras.

—¿Cómo es eso posible?

—Hemos accedido a vuestra red de comunicación. Desde ahí hemos obtenido todas las formas de lenguaje, incluyendo el código morse y lenguaje de signos.

—¿Nos han espiado?

—Esa es una palabra muy fea, pero mentiría si lo negara. Necesitábamos información sobre vuestra especie antes de poder llevar a cabo este encuentro.

—¿Y quiénes sois? —interrogó mientras echaba una rápida mirada al otro supuesto humano, al menos en aspecto, y el alienígena sacado de una película de ciencia ficción.

—Pertenecemos a una comitiva diplomática. Ellos son el científico jefe Vin Cams y el Maestro Jedi Tiin. Por si se lo pregunta, el Jedi no «humano». Dentro hay otros embajadores y diplomáticos.

La mujer miró con asombro, curiosidad y extrañeza a ese Jedi, no sabiendo lo que significaba esa palabra, pero procedió a tirar por otro lado.

—Entonces, ¿hay otros humanos?

—Solo hay humanos en este sistema, pero ciertamente hay una especie físicamente parecida a la suya en la galaxia a la cual pertenecemos. Dado que no tenemos datos para comparar, nos basamos únicamente en vuestra fisiología observable.

—¿Y por qué habéis venido hasta aquí? ¿Y de dónde? ¿Cuál es vuestro objetivo?

—Venimos de una galaxia muy, muy lejana, a través de un agujero de gusano. La República ha decidido intentar establecer contacto con vuestro primitivo planeta, todo con buena fe.

—¿Somos primitivos?

—Por supuesto. Combustibles fósiles y apenas habéis pisado vuestro satélite, por no hablar de la enorme división que hay entre vuestra propia especie que os está llevando hacia un posible apocalipsis nuclear. Oh, pero no tiene que sentirse mal. Vuestra especie es muy joven aún. Tendréis un gran futuro si no os extinguís antes.

—Vaya… Muy considerado por su parte.

—¿Cuándo podremos reunirnos con sus líderes?

La mujer estuvo por responder, pero hizo un gesto con la mano para que esperaran un momento. Se dio la vuelta, reuniéndose con el alcalde de la ciudad, sus compañeros metidos en trajes anti-contagios y los altos cargos militares y policiales. Durante muchos minutos hablaron entre ellos, incluso con otras personas a través de varios teléfonos. Mientras tanto, la tensión aumentaba dentro de la nave espacial. Por otro lado, tanto Vin como Tiin se mantenían tranquilos, suponiendo lo que debían estar hablando los terrícolas. Al final, la mujer volvió a acercarse al droide de protocolo.

—Los líderes de las Naciones Unidas están dispuestos a escuchar lo que sus diplomáticos y representantes tengan que decir, pero me temo que tendrán que mantener una cuarentena dado que no sabemos si pueden tener algún patógeno peligroso para nosotros, o viceversa.

—¿En serio cree que exista tal peligro?

—Nuestra historia ya nos ha enseñado lo que pasa cuando dos civilizaciones separadas por un océano se encuentran. Solo son precauciones. Pero, si tienen información sobre algún virus o bacteria que pueda afectarnos negativamente, podríamos acelerar las cosas. Yo me ofrezco voluntaria.

El droide de protocolo volteó hacia el Jedi y el científico, traduciéndoles a su idioma lo dicho por aquella terrícola. Estos, a su vez, hablaron entre ellos. Al final volvieron a hablar con el droide, quien tradujo la decisión del dúo.

—Ambos dan su visto bueno a ambas ideas: la cuarentena y cooperación para con el factor biológico. Tenemos un equipo médico muy avanzado en la nave para tomar muestras.

—Bien. Informaré a los demás. Iré preparando muestras de sangre y varias muestras. ¿Le parece bien volver a vernos en media hora?

—Me parece un tiempo adecuado.

—Entonces procedamos.

La mujer se dio la vuelta, alejándose de la nave. El droide hizo lo mismo, pero en su caso fue primero hacia Vin y Koon, informándoles sobre lo hablado mientras marchaban hacia la nave. Ambos parecían satisfechos con lo acordado, y sus rostros felices, o mejor dicho la ausencia de preocupación en los mismos, daba a entender que la situación era bastante favorable.

—Al menos no os han atacado —comentó uno de los diplomáticos una vez que los tres estuvieron nuevamente a bordo en la nave—. ¿Y bien? ¿Qué tal ha ido?

—Pues… Os vais a reír… —dijo Vin mientras se rascaba la mejilla—. Resulta que van a establecer una cuarentena alrededor de la nave por varios días.

—¿Días? ¿Esperan que estemos días dentro de esta nave? ¡Inaudito! ¡Esto es un escándalo! ¡¿Cómo osan tratarnos así?!

Vin enarcó una ceja. Para ser diplomático, tenía un carácter que no parecía digno de alguien con su responsabilidad y cargo.

—Entiéndales. No saben nada, ni siquiera si poseemos algún agente biológico que pueda ser mortal para ellos. Deben estar seguros antes de dejarnos abandonar la nave —explicó el científico con paciencia.

—¿Pero les ha explicado nuestro cometido?

—Así es, y les parece bien, pero aun así no van a renunciar a dicha cuarentena.

—Esto debe ser una mala broma.

—Pero vamos a realizar nuestra primera colaboración —volvió a hablar Vin.

—Explíquese.

—Para agilizar todo esto, realizaremos análisis conjuntos para estudiar si poseemos algún germen que pueda ser negativo para ellos, o para nosotros.

Los embajadores se miraron entre ellos, sorprendidos.

—Nos está diciendo ¿que esto no se ha estudiado antes?

—Hemos tenido mucha galaxia que abarcar en poco tiempo. Debido al secretismo, no hemos podido estudiar los planetas tan a fondo como nos habría gustado. Básicamente todo se ha resumido en saber el número de civilizaciones y cuales eran hostiles.

—Si se hubiera informado antes al Senado…

—Eso es algo que no puede saberse. Ahora, si me disculpan, tengo un laboratorio que montar.

Haciendo a un lado a los embajadores, Vin se internó más en la nave, caminando hacia el equipo médico, incluyendo el droide médico, preparándolo todo para comenzar el análisis de las muestras cuanto antes. Mientras tanto, los tres Jedi observaban el exterior con ojo crítico, atentos a cualquier posible amenaza.

—Maestro, ¿podemos esperar un ataque contra nosotros? —preguntó la Jedi Taflus mientras observaba la maquinaria bélica.

Los habitantes que aún permanecían en la ciudad no habían tardado en levantar tiendas y aislar por completo la zona mientras los militares mantenían sus armas en mano, preparados para comenzar a combatir en cualquier momento.

—Es posible. El miedo es grande en todos ellos, miedo a lo desconocido, y siempre se ataca a aquello que se desconoce. Pero si somos atacados, será un ataque aislado, no por decisión de su líder.

—Esperemos que los escudos puedan aguantar.

XXXXX

Mientras la cuarentena comenzaba en la ciudad suiza, en otra parte del mundo, un pequeño grupo de doce personas se reunían en sesión de emergencia por el acontecimiento que ocurrió el día anterior, uno que había sacudido al mundo como nunca antes, un evento que había resuelto una de las mayores cuestiones que la humanidad se había planteado desde tiempos muy antiguos: ¿estamos solos en el universo?

—Esto no debería estar pasando. No tiene cabida en nuestros planes.

—Se supone que los Ángeles llegarían dentro de casi cuatro décadas. ¿Por qué demonios han llegado ahora?

—Te estás adelantando demasiado. Esos alienígenas ni siquiera son Ángeles. Incluso hay un humano con ellos.

—¿Cuál es tu explicación entonces?

—La Semilla de Lilith se ha extendido por todo el universo. No sería de extrañar que haya otras civilizaciones fuera de nuestro planeta. Es más, lo más esperado es esto: que se parezcan a nosotros.

—Pero, aunque eso sea cierto, debo admitir que posiblemente lo sea, su llegada no estaba prevista en los Manuscritos. ¿Cómo vamos a manejar esto? Para los Ángeles tenemos años para prepararnos. Esos extraterrestres poseen tecnología superior a la nuestra. Con esa nave y ese robot mis palabras están más que respaldadas. Podrían ponernos en peligro a nosotros y nuestros planes.

—O esto puede suponerse una ventaja.

Todas las miradas se centraron en el que era el jefe de aquel comité, Keel Lorenz.

—¿A qué te refieres exactamente?

—Juego con una teoría —contestó Keel a la pregunta de uno de sus compañeros.

—¿Cuál?

—Que son como nosotros.

Todos los presentes se miraron unos a otros sin entender las palabras de su líder. Todos estaban consternados. Si bien se había expuesto la posible idea de que la Semilla de Lilith se hubiera expandido por todo el universo, y por tanto había vida más allá del planeta Tierra o la propia Vía Láctea, no lograban entender el significado tras esas palabras, pues lo único que estaba claro es que era un significado distinto al expuesto con anterioridad.

—Explíquese.

—Los humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor, pero el mal suele predominar en nuestro mundo. ¿Quién nos asegura que en su mundo no es igual?

Los rostros de los miembros eran bastante dispares entre todos ellos, pero al mismo tiempo reflejaban el mismo pensar. En verdad no habían pensado en eso.

—Es una apuesta muy peligrosa, pero posible.

—¿Contrabando? ¿Y qué podemos ofrecerles nosotros? Tecnología, obvio que no.

—Si hay tránsito de personas entre nuestro mundo y el suyo, lo más esperado es que intercambiemos virus y bacterias.

—Eso nos perjudicaría. No podemos negociar con eso. ¿Quieres acaso que ocurra como les sucedió a los nativos americanos con los europeos u otra gripe española? O peor aún, una nueva peste.

—No quiero un exterminio —dijo Keel con tranquilidad—. Eso es justo lo contrario a lo que deseamos. Pero el número de víctimas en su mundo es posiblemente mayor al nuestro. Aquí somos tres mil millones de almas. ¿Cuántas crees que sean de dónde provengan? Dudo mucho que vivan en un solo planeta.

—Entiendo.

—Y no solo tenemos eso. Hay algo mucho más antiguo con lo que hacer contrabando.

—Drogas.

—Exacto. Todo tipo de drogas. Podremos conseguir grandes cosas con ella.

—Por no mencionar la posibilidad de hibridación en la producción de las mismas, imagínate crear una que no deje rastros.

—Pero eso deja lugar a incompatibilidades o peor aún, contaminación.

—Caballeros, no debemos olvidar cuál es nuestro verdadero objetivo. Comprendo que todos deseamos conocer más sobre estos visitantes y el lugar del que proceden, pero nuestra misión es aquí, en la Tierra.

—Por supuesto, pero ahora tenemos un nuevo mundo que no sabíamos que existía y que puede jugar en nuestra contra. No debemos subestimarlo.

—Por supuesto.

—Acabo de caer en algo —intervino un miembro del consejo—. Pasa una cosa respecto a las bacterias y virus: ¿no creéis que sería normal que tengan los remedios para todas las enfermedades contra las cuales combatimos? E incluso ellos podrían darnos soluciones.

—Podríamos obtenerlas primero.

—Lo dudo. Seguramente la entregarían a los gobiernos para que vacunen a la gente.

—NOSOTROS somos los gobiernos. NOSOTROS somos la ONU. Y dudo mucho que sepan sobre nosotros.

—Creo que deberíamos considerar organizar nuestra información a la antigua usanza —comentó uno como pensamiento al aire.

—¿A qué te refieres?

—Carpetas, ficheros, cajas. Volver al papel. Con su tecnología superior podrían obtener toda la información informatizada. A menos que contemos con una defensa infalible, lo cual, hasta no saber los alcances de su tecnología, nos vemos expuestos.

—Deberemos crear pocas copias, pero las suficientes para tener un respaldo.

—¿Y qué hacemos con la próxima cumbre de la ONU? Los aliens quieren dirigirse al mundo y ya sabemos que los países mirarán por sus propios planes.

—Es mejor saber qué vienen a ofrecer.

—¿Y si dicen que es paz, pero en verdad traen la guerra? No todos serán ET.

—¿Ya has visto esa película? Aún falta un mes para que se estrene.

—Van a hablar en nombre del gobierno de su galaxia, la República según han confirmado mis fuentes.

—Un gobierno de planetas, sorprendente.

—Lo es. Y quizás haya corrupción, como en todos.

—Bastante probable, ciertamente. Podemos buscar a nuestros «similares» allí.

—Pero habrá que hacerlo con cuidado.

—Por ahora lo mejor será observar con atención y tener los ojos y oídos bien abiertos.

XXXXX

Un día completo había pasado desde que la nave con embajadores de la República Galáctica llegara al planeta Tierra. Los análisis para los patógenos iban a buen ritmo, pero eran tantos que se llevaba mucho tiempo incluso para la tecnología alienígena superior como lo era la de la nave, e incluso habiendo dividido el trabajo para que los terrícolas puedan realizar también sus análisis. Si bien los miembros de la República habían realizado estudios previos, aquella era la primera toma de contacto entre ambas civilizaciones como tal.

Pero mientras todo aquello se llevaba a cabo, la situación fuera de la zona de cuarentena y vigilancia era bastante diferente. A pesar de la organización y disciplina de los suizos a la hora de una evacuación de la ciudad de Ginebra, el temor, el miedo, llevó a varios a intentar atacar la nave espacial, pero no podían acercarse ni siquiera a trescientos metros. La seguridad era tal que resultaba imposible cualquier intento de infiltración. Por suerte para todos, los militares supieron mantener el tipo y no llevar a cabo ninguna acción hostil contra la nave y su tripulación, aunque no hubieran sido lo suficientemente efectivos ya que antes de poder atravesar los escudos, la nave habría abandonado su línea de alcance y habría abandonado el planeta, declarándolo como peligroso y no apto.

Por otra parte, lo que ocurría fuera de la frontera suiza era otro cantar. Como era de esperarse, la noticia sobre la nave alienígena en territorio suizo hizo saltar las alarmas en las dos superpotencias globales y sus aliados. Todos deseaban saber, conocer a sus visitantes y sus intenciones. Los Estados Unidos y la URSS intentaban usar su influencia para que Suiza les permitiese inmiscuirse, pero el país estaba cerrado a cal y canto, aunque era bastante probable que algunos espías se hubieran infiltrado con éxito en el país. Después de todo, incluso ambas superpotencias sabían que no debían usar todo su poder para doblegar a los suizos mientras aquella nave estuviera en su territorio. El temor que compartían con los suizos era el mismo: iniciar una guerra contra un enemigo desconocido y tecnológicamente muy superior.

La religión se vio sumamente afectada por ese histórico evento. Las religiones, que siempre ponían al ser humano como el centro de la existencia, creación de sus respectivas divinidades, ahora se tambaleaban. ¿Cómo explicar la llegada de una civilización alienígena? ¿Cómo explicar la existencia de humanos, al menos en apariencia, y extraterrestres fuera del planeta? Muchos intentaron dar respuestas, pero las explicaciones no lograban convencerlos a todos.

Otras, como la economía o el sistema social, se habían vuelto locas por las incógnitas que producía esta llegada alienígena.

Pero tal y como era de esperar, los tripulantes de la nave de la República seguían atentamente todos los eventos que se producían en el planeta.

—¿Algo interesante? —cuestionó la Dama Jedi Cyapay mientras observaba las pantallas.

—Bastante, la verdad —asintió Vin—. Todos los canales de noticias del mundo han informado a los habitantes de sus respectivos países sobre nuestra llegada, e incluso hay imágenes de la nave y nosotros, o al menos del Maestro Tiin, F3PO y mía.

—¿Ha cundido el pánico? —interrogó el senador Enta.

—Desgraciadamente si —El científico toqueteó la pantalla, mostrando imágenes de todo el mundo—. Como pueden ver, nuestra llegada ha puesto en alerta a prácticamente toda la población del planeta. Hay disturbios, están asaltando sus mercados y almacenes para conseguir suministros, toques de queda, estados de alarma… La cosa se ha animado mucho.

—No podemos decir que sea extraño —comentó uno de los diplomáticos—. Sabiendo lo que sabemos de este planeta, su temor a una invasión es justificada, sobre todo escuchando al Senado el otro día. La Federación de Comercio ya quiere poner sus garras en esta nueva galaxia y todos sus sistemas.

—¿Y qué hay de los gobiernos? —Preguntó la embajadora Xanauisn.

—Las actuales potencias están vigilando a conciencia el espacio y preparan sus ejércitos para una guerra. Incluso parece que van a potenciar sus armas nucleares.

—Idiotas.

—Puede. Pero ahí no acaba todo. Están exigiendo al gobierno de este país sitio para investigarnos antes de poder ir a la sede de la ONU.

—¿Crees que lo permitirán?

—Lo dudo mucho. Este país tiene las de ganar. Y no creo que se atrevan a realizar una invasión o embargos económicos estando nosotros en su suelo. Además, el mismo gobierno ha pedido una cumbre de emergencia en su sede de la ONU. La han adelantado.

—Parece que sí han cumplido con lo pedido —opinó uno de los embajadores.

XXXXX

Era el segundo día desde la llegada del comité diplomático al planeta.

El estudio sobre el impacto biológico seguía a buen ritmo, al menos por parte de los miembros de la República gracias a su avanzada tecnología. Por otra parte, en la sede de la ONU, frente a la zona de cuarentena, los representantes de los diversos países que formaban parte de la organización mundial se habían reunido para la sesión de emergencia. Sólo había un asunto oficial: cómo tratar con aquellos visitantes extraterrestres.

Fuera de las fronteras, todo seguía igual que durante el primer día desde la llegada. Los ánimos seguían muy caldeados y la gente estaba histérica. La nula actividad bélica por parte de los recién llegados no les animaba en lo más mínimo, sino que a muchos les ponían muy nerviosos. Grupos extremistas intentaron atacar nuevamente la embajada, pero el ejército suizo evitó cualquier intento, demostrando su gran profesionalidad a pesar de ser un estado neutral y no haber entrado en guerra en tanto tiempo.

XXXXX

Tres días habían pasado desde que los enviados de la República llegaran a la Tierra. Todo estaba ya preparado para la toma de contacto entre la República y los países del planeta Tierra. En la nave, diplomáticos y Jedi se preparaban para ir al Palacio y hablar ante los representantes de los diversos países terráqueos.

—Ha llegado el momento. Ahora podemos ir todos. BD-7, espera aquí —Vin se agachó para que solo el droide pudiera oírle—. Si por algún casual la cosa sale mal, avisa al Consejo Jedi.

La rampa de la nave descendió, permitiéndoles pisar el suelo por primera vez, salvo a Vin y al Maestro Jedi. Afuera ya les esperaba una comitiva que les guiaría hasta la mismísima puerta del Palacio, protegiéndoles de cualquier amenaza. Pero, antes de nada, un hombre elegantemente vestido le esperaba junto a la jefa científica con la que habían estado hablando durante los tres primeros días. El droide de protocolo nuevamente fue el encargado de traducir la conversación.

—Soy Fritz Honegger, actual Presidente de la Confederación Suiza —se presentó el Presidente mientras estrechaba la mano de Vin y el Maestro Tiin—. Gracias por haber elegido a nuestro país para ser la sede de un momento tan importante para nuestra historia.

—Gracias a ustedes por no atacarnos —comentó Vin.

—Intentos ha habido, debo admitir, pero nuestro ejército ha sabido estar a la altura. Debo agradecerles su cooperación y que no hayan puesto pegas a esta leve cuarentena.

—Pegas había, pero todos entendieron que era el mejor camino para poder llegar a este momento.

—Coincido. Esperemos que esta reunión sea fructífera y nos permita tener relaciones cordiales entre nuestros dos mundos.

—Eso es lo que deseamos todos, señor Presidente.

El Presidente de la Confederación Suiza acompañó a la embajada republicana hasta la puerta del Palacio, la cual estaba fuertemente custodiada y protegida por el ejército suizo. Un hombre, un capitán del ejército y el guardián de aquella puerta alzó las manos y dijo unas palabras.

—Dicen que deben entregar sus armas —tradujo el droide de protocolo—. Nadie puede entrar armado

—¿Esperan que estemos desarmados estando ellos armados? —preguntó con ironía la Jedi Taflus—. O todos blancos o todos negros.

El droide volteó hacia el jefe de seguridad, traduciendo las palabras de la Dama Jedi. Obviamente no parecieron gustar, por lo que la tensión aumentó. Los Jedi fueron capaces de percibir el nerviosismo en los subordinados de aquel hombre, por lo que se prepararon. Sin embargo, alguien hizo acto de aparición para frenar el posible conflicto.

—Tranquilo, Capitán Merian. Con todo lo acontecido hasta ahora no creo que sea adecuado comenzar un conflicto armado. Ella tiene razón.

El que apareció fue un hombre de poco más de sesenta años. Se trataba del Secretario General de las Naciones Unidas: Javier Pérez de Cuéllar.

—¿Y qué sugiere, señor Secretario?

—Estas personas han venido de muy lejos y han acatado nuestras peticiones para poder hablar ante la ONU. Ahí dentro o todos armados o todos desarmados, aunque prefiero la segunda opción. ¿No cree?

El capitán gruño y dijo algo, pero permitió el acceso de los Jedi con sus armas, o lo que suponían que debían ser armas. Los militares les guiaron hasta el salón de la asamblea general. Todo el lugar estaba lleno de políticos y periodistas de todos los rincones del mundo, quienes no tardaron en grabar y observar a la comitiva alienígena.

Pero lo que ninguno de los presentes sabía, o sólo era conocimiento de unos pocos «afortunados», era sobre la presencia de un miembro directo de SEELE, que observaba y escuchaba todo atentamente, con sus propios sentidos, sin escuchas, sin cámaras, directamente. Este miembro, un VIP en aquel lugar, se mantuvo a distancia, en uno de los palcos que había sobre las mesas del salón. Observó con determinación a los embajadores de la República y a sus «guardianes», quienes al parecer se hacían llamar Jedi, una especie de guerreros o «Guardianes de la Paz».

Entonces se hizo el silencio. El Secretario Pérez de Cuéllar subió al estrado y dio comienzo la cumbre de emergencia de la ONU. La presentación fue corta, pues el Secretario sólo nombró a los embajadores de la República ya que los Jedi no iban a ser los que hablaran. Estos se mantenían al lado de los embajadores, atentos tanto a las fuerzas de seguridad presentes en aquel salón como a los que había en el exterior. Si bien aquel hombre, el Secretario, parecía una persona de confianza, los tres Jedi podían sentir el miedo de muchos de los presentes, y ya sabían que el miedo era muy peligroso: «el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento».

—Puedo sentir su expectación por escuchar a nuestros visitantes, así que no les robaré más tiempo. Por eso procederé a retirarme y dar la palabra al embajador de la República y del planeta Zilior, el senador Divdescu Enta.

El Secretario de la ONU se apartó, dejando que el senador avanzara para colocarse frente al micrófono. El senador Enta abrió la boca, pero luego la cerró, sonriendo levemente mientras negaba con la cabeza. Hizo una seña al droide de protocolo para que se acercase. El Senador miró al Secretario, señalando al micrófono y luego al droide. El peruano asintió. Pidió un segundo micrófono y no tardaron mucho en entregárselo. El droide de protocolo se acercó, cogiendo el aparato que el Secretario le entregaba.

El droide se colocó a su lado ante la mirada expectante de todos los representantes de las Naciones Unidas. Aquella sería la primera vez que un extraterrestre, aunque en este caso era un droide alienígena, hablaría de forma oficial a todo el planeta, por lo que las expectativas eran altas.

—¿Listo? —preguntó Enta al droide.

—Por supuesto. Yo siempre estoy listo.

—Pues empecemos —ahora, con un gesto más serio, Enta habló al planeta, o más bien a sus representantes—. Respetados representantes de las naciones del planeta Tierra —habló en el Básico Galáctico Estándar, el idioma más frecuente en la República, mientras el droide lo traducía al inglés, el más usado en toda la Tierra—, gracias por estar presentes el día de hoy, una fecha muy importante no solo para vuestro planeta y civilización, sino también para nosotros.


Bueeeeeeeeno, pues aquí el tercer capítulo de esta historia.

Como comenté, tengo la base, la cronología, las ideas, etc., pero la falta de inspiración y de tiempo me imposibilita actualizar tan seguido como me gustaría, por eso vuelvo a comentar que estaré encantado de cualquier ayuda (entiéndase de escritura y quizás de ideas).

Quiero avisar que he modificado un poco el prólogo de modo que Vin no descubrió nada sobre SEELE, los Manuscritos del Mar Muerto, los Ángeles, etc. A la hora de desarrollar este capítulo me he dado cuenta de que sería aburrido si tuvieran toda esa información, de modo que Vin solo leyó el informe oficial sobre el Segundo Impacto. También comentar que TheDevilZero ha colaborado conmigo en esta historia, ayudando a su desarrollo con varias ideas, por lo que al final he tomado una de las tantas posibilidades, explorando este crossover de un modo que apenas y había pensado en su momento, pero que me parece muchísimo más interesante que los anteriores.

Aclaración: no se especifica la especie de las Jedi ni los embajadores porque así hemos querido, de modo que cada uno pueda imaginar la especie que guste. Pueden ser humanos o no, a gusto de cada uno. En cuanto a la especie nativa que usaba «energía extraña», se afirma que era el Campo AT. Algunas especies y/o individuos pueden usarlo como si fueran Ángeles o Evangelion.

Ahora, espero que estéis sanos y salvos. Y sin más dilación, vamos a los comentarios, que admito son muchos más de los que esperaba. ¡Gracias!:

Nikopelucas

Lamento muchísimo la espera, pero es lo que he comentado arriba. Tengo la base, pero no me sale el desarrollarlo, lo cual lamento porque esto me encanta. Espero que sigas leyendo (y yo espero no volver a tardar tanto jajaja).

CCSakuraforever

Sí, bueno, luego de pensarlo decidí cambiar eso, como he comentado justo arriba. Me pareció cliché y aburrido. Espero que esta nueva visión igualmente interese.

Rickster Rick

Misma temática no diría que va a ser. Mismo cross pero distinto punto de vista, distinto desarrollo… pero bueno, a ver qué tal.

miguelzero24

Espero que te hayan gustado, incluyendo el cambio del capítulo 1.

Gracias.

Edge Maverick

Lo pensé, si te soy sincero, pero al final me he decantado por otro camino que espero igualmente te guste.

TEIET

No creo que los tiros terminen de ir por ahí, pero igualmente espero que te guste esta nueva visión ja ja ja.

Pd: vuelvo a recordar el foro creado (link en mi perfil). Hay un nuevo tema que seguro os parecerá interesante.

Pd 2: nuevamente lamentar muchísimo este hiatus del copón.

Sin más que decir, nos despedimos.

¡Nos leemos!