o~~~°[¤• Moon on Fire•¤]°~~~o

IV

Entrevista con el Diablo.

Me quedé estática al ser interrumpida, mis labios sentían el palpitar violento que emanaba del corazón, podía escuchar la sangre correr por mis venas al escuchar mi nombre, en un instante estaba en medio de ese cuadro tan vergonzoso.

- ¿Serena Tsukino?

Su voz profunda y confundida inundó en ecos aquella biblioteca desierta. ¿Me conocía? Meneé la cabeza para sacarme de aquel rapaz instante. El hombre enjugó sus lágrimas en la manga de su traje sastre grisáceo, trato de ocultar el hecho de estar llorando subiendo su brazo hasta su frente aparentado transpirar.

"Pero quién en su sano juicio usaría un traje tan caro para secar el sudor de su frente, que su mamá la loca le crea." Pensé.

Aquél hombre se levantó. Por primera vez atendía lo alto y fornido que era.

- ¡Lo siento! –Me dijo avergonzado irguiéndose a dos pies como un rayo y en ese momento noté una exudación fría recorriendo sus cienes, quizá porque lo escuche llorar como un perdedor- Pensé que sería su padre quién vendría personalmente a recoger la reliquia y a cerrar el trato de la asociación.

"¿Reliquia, asociación? ¿De qué rayos está hablando?"

- Es un honor que su hermosa hija haga la diligencia.

¡No podía creerlo! Mi boca estaba más tiesa que una piedra, en primera por la conducta tan garbosa de Rubeus, en segunda por la extravagante coincidencia y tercera, cuando me serené, después que la impactante noticia me estocara como un torero al pobre animal, partí mis labios en son de comenzar mi queja para ser cayada por el ojiverde.

- ¡Oh! -se llevó la palma de su mano a la boca- ¡Cuánto lo siento! Pensé que usted era la institutriz de Rini.

"¡Oye! Eres japonés y no me reconociste… ¡Vamos! Soy el ícono de la nueva mujer japonesa y estoy en todos los periódicos de chismes…"

- ¿Cuántas veces te he dicho que preguntes primero? – le sonrió con calidez- Ve y tráenos algo de té. - ordenó sin ningún tinte villanesco, lo que me sacó de mis prejuicios.

Andrew obedeció, cual perro faldero. Estaba ahí parada entre las cajas etiquetadas y un sillón barroco de dos plazas tapizado en color caramelo. Él se acercó a mí para cargar el sillón antiguo sin esfuerzo alguno, lo que me lleno de asombro, y lo colocó frente al escritorio de fino cedro. Con un gesto amable me pidió que tomara asiento. Aquellos ojos rubí parecían un par de péndulos hipnotizadores, me moví más por impulso.

- Siento tanto que Andrew se comportara así. Es un hombre inteligente, pero algo impulsivo. -sus palabras y su acento inglés trotaban suaves por mi canal auditivo.-

Me senté en automático.

"¡Un momento! ¡Serena estúpida!, vamos… reclámale ya"

- Sobre el rumor que está infundado en mí… - el cambio de atmósfera me envolvió a tal grado que mi voz interior de reclamo iracundo pasó a una petición-

- A una dama de su altura no se le cuestiona el honor. Estoy plenamente seguro que esta artimaña pasará al olvido. - ¿estaba finiquitando lo del video con tanta palabrería ornamentada? - Existen personas que tratan su destino como un negocio y me enorgullece ver a una mujer con amor propio en este círculo.

Me estremecí.

Parecía que todo terminaba para mí. Por fin podía quitar el peso que existía en mis hombros. Un sonido metálico proveniente de la puerta me hizo girar hacía esa dirección. La espada dejó de soportarse entre la madera para caer al piso, un relámpago sacudió el cielo a lo posterior. La lluvia descendió estrepitosamente a intensidad.

- Su padre es un hombre honorable. Después de saber sobre la bancarrota de mi familia se ofreció a asociarnos en sus negocios… -se incorporó de su asiento, caminó hasta la entrada para tomar la espada y guardarla en un baúl próximo a un estante desocupado de libros -Nos ha ofrecido una de las casas que posee en Tokio para mudarnos. Es por eso lo de la institutriz de su nación. Mi hija no entiende el japonés.

La puerta repiqueteó un par de veces. Andrew llegó con un juego de té de porcelana blanco con delicados adornos florales. Los colocó sobre la mesa y se fue.

Rubeus sirvió cada taza, preguntaba por la cantidad de terrones de azúcar….

- Una. - Dije yo tenuemente.

- Andrew es un buen colega que conocí en uno de mis viajes a Japón hace diez años. -sonrió recordando- Estuve ahí un año como un estudiante de intercambio en una preparatoria, para practicar mi japonés. Visitaba a los Tsukino con frecuencia, desafortunadamente jamás tuve el placer de conocerla a usted en persona.

¿Por qué me había quedado tan callada? Me sentí una pared mientras él actuaba su soliloquio. No obstante la curiosidad de esas visitas mató por completo mi mutismo.

- ¿Visitar a mis padres?- enderecé mi postura, tomé el asa y sorbí algo de té.

- ¡Oh, por supuesto! Mi tatarabuelo tenía una estrecha relación con su tatarabuelo. Ambos participaron en la primera guerra mundial, eran muy jóvenes quizá serían de unos veintitantos. Mi Tatarabuelo Neflyte le salvo la vida a su Tatarabuelo Kenji Tsukino y el conoció a la prima segunda de mi Tatarabuelo, aunque fue mal visto y criticado al final se casó con ella.- Para mí sonó orgullos, sincero, jamás sentí un hálito de presunción- Desde ese momento y aunque la segunda guerra mundial fue en otro enfoque, las familias se guardaron una fraternidad. No obstante los años y el paso de generaciones distanciaron algo la conexión.

Entonces, aquellas palabras dichas con anterioridad me dejaron perpleja. Puse en duda mis aseveraciones y la información dada por Ami… o quizá comprendí aquella burla de Yaten y su ama. Pero también vino a mí el diálogo de respuesta a mi reclamo "A una dama de su altura no se le cuestiona su honor. Estoy plenamente seguro que esta artimaña pasará al olvido. Existen personas que tratan su destino como un negocio" Estaba haciéndome caravanas.

"NO…. Él no podría ser el que me esté usando"

Solté la taza de té sobre el platoncito. Mi mano izquierda fue a mi frente, mis dedos se deslizaron entre mi flequillo. Pensaba en las sucias tretas que cualquiera pudiese utilizar.

"¡Espera! Quizá todo esto sea una actuación… y él quiera manipularme"

La puerta llamó de nueva cuenta.

- ¡Rubeus! El señor Tsukino está a la línea. -dijo Andrew abriendo la puerta con un celular en la mano.

Estaba expectante he incrédula. La desfachatez del tipo pelirrojo llegaba a tal grado de usar a su ayudante, luego de contarme una historia tan absurda de tatarabuelos. Observé el lenguaje corporal del hombre y escuché sus palabras con detenimiento.

- Su hija está aquí, es un verdadero privilegio que la enviara para sellar el…- pausó, ante mis ojos su rostro envuelto en una sonrisa se transformaba en confusión- ¿Cómo? -arqueó su rojiza ceja, en sus ojos se dibujaba la admiración, entonces, la que transpiraba ahora era yo al verle perturbado- Estoy tan admirado como usted, señor Tsukino. Nunca sería capaz de hacer algo así. -Escuché sus dientes rechinar y a mi padre ensalzar la voz que se escuchaba hasta donde estaba "Es por tú esposa… y para añadir lo del castillo... Un amigo de la familia me informó…"- El honor de mi linaje y mi gratitud estarían de por medio. ¡Créame! -suplicó- Soy un hombre recto, nadie mejor que usted conoce mi vida y el hecho de lo pasado con Neherenia jamás me haría servirme de su hija. -su mano desocupada tornó en puño, que cerró con convulsa furia- Permítame comunicársela.

Su rostro amable, que mostraba para mí, le abandonó. Sus ojos emitían llamas rodeándome con desprecio. Me entregó el teléfono con firmeza, sus dedos enroscados en el aparato se desenlazaron en repulsiva. Él se marchó de la habitación sin dirigirme una sola palabra. A lo lejos escuché un seco "Ordena le preparen un cuarto" ¿Por qué cambiaba de esa manera? Había desatado a una fiera. Jamás había temido a algo de esta manera, él me inspiraba ese sentimiento. No por nada la hacker afirmaba que él era un hombre codicioso, soberbio y nada tolerante. Desmantelé su estrategia, se manifestaba en lo seguro. El lobo se despojaba del disfraz de oveja.

El auricular ahora estaba en mi oreja.

-"¿Qué demonios sucede contigo Serena?"- En la vida mi padre me había alzado la voz- "Tigereye me lo ha dicho todo. Nunca he tenido problemas contigo, ¿por qué los causas ahora, Serena? Estoy enormemente decepcionado."-Su voz hosca rugía, hiriéndome como agujas en la piel. El desilusionar a mi padre fue el golpe más grande que había vivido, más que perder a Darien. Mi orgullo se hacía pedazos… Mi objetivo de ser la hija perfecta para él, honrarlo, poner en alto el apellido Tsukino, sucedía como la célula elemental para mí, ahora se desmoronaba. Razón por la que dejaba al miembro de los Chiba, evitar ser llamada "la cornuda" y apenar nuestro título ante el mundo - "Sé que eres una mujer audaz y que gustas en resolver tus inconvenientes, pero esto rebasó. ¡Qué insensatez! Mañana hablaremos a primera hora, "señorita". Lo haría en este instante, pero la lluvia inundo el camino al castillo" - colgó sin dejarme defender-

Estuve ahí escuchando la línea muerta por casi un minuto. Temía salir de la habitación y ser apuñalada por el amo de esta fortaleza. Caminé hacía la puerta para mirar la profunda grieta provocada por la espada.

Trepidé.

Inconclusa en la razón del recelo que profesaba a Rubeus o el pavor a la actitud de mi padre. No obstante giré la perilla avanzando hasta dejar la baldía biblioteca. Al final del salón de la entrada del castillo estaba Andrew sentado en un sofá, leía un libro de pasta rojo oscura. Pronto notó mi presencia, dejó el libro sobre la mesita donde reposaba una lámpara del siglo xv para dar pasos hasta llegar a mí.

- "Él es un buen hombre" -me dijo sonriendo- "pero sus fracasos lo han vuelto vulnerable. La traición, la humillación y la desconfianza le lastiman"-fue un reclamo hacía mi conducta, con los modales ingleses que pudiese aprender un japonés, que por lo general nunca proliferaría alguien de mi raza - "¡Sígame!, las lluvias aquí son muy abundantes en esta temporada, así que regresar al pueblo es imposible"

Al caminar tras del rubio, deseé no haber puesto un pie en ese lugar. Estaba tan mareada ya con ese asunto, aunque mi mente trabajaba a marchas forzadas, tenía la capacidad de definir al único culpable de esta situación; Darien. Porqué aún a miles kilómetros continuaba arruinando mi existencia. Un atrapa dedos, en eso se había convertido. Me tenía en medio de su juego, del cual no podía escapar, atando mis manos de extremo a extremo. Mi lógica lo odiaba tanto como mi corazón lo amaba. El aguacero cedió convirtiéndose en llovizna. Ojeé por el ventanal de las escaleras empedradas como la noche se tragaba con voracidad a la tarde. Miré a mi reloj de pulso, cuarto para las ocho.

- "Este será su dormitorio. ¡Disculpe lo inhabito! Pero el castillo, a partir de mañana, dejará de ser posesión de los Crimson."

Fruncí el ceño. Y aunque la mano derecha de Rubeus tuviese razón respecto de las pocas cosas que el cuarto gozase, no comprendía la venta.

- "¿Cómo?"-se me salió de la boca.

- "Un muy mal negocio. Darien Chiba lo estafó y ha vendido la propiedad"

"Qué poco reservado es este sirviente"

Reflexioné. Abrí mis ojos como platos.

"Dijo Darien Chiba."

Qué más me mostraría Darien, sus secretos y tácticas malévolas aseveraban mi decisión de cancelar el compromiso, sin embargo, no demostraban la inocencia de Rubeus, por lo contrario, le hacían ver como un hombre lleno de rencor y deseos de venganza.

- "No me importa que me tome por imprudente…"- sus ojos verdes daban al techo, su voz segura y enfadada pretendían convencerme- "…pero desde que Neherenia conoció al heredero de los Chiba las desgracias son el emblema de los Crimson. La madre de Rubeus perdió sus capacidades mentales a causa del suicidio de la esposa de mi amigo. La señorita Rini estuvo a punto de fallecer en el vientre de su madre muerta, nació prematura y ahora padece bronquitis crónica a sus escasos cinco años de vida, conoce más las medicinas que los dulces propios a su edad y Rubeus está destruido"

"Más motivos…"

Sí, los tenía. Mi estúpido rumor no era nada comparado con todo esto. Sí yo era la vía de acabar con Darien, qué tanto sería un chisme que duraría por un par de años al lado de esta bola de excremento. Aun así, por más egoísta que sonara, quien le daba el derecho a utilizarme, eso no era de caballeros honorables como tanto presumía Rubeus.

- "¡Lo siento!"-Dije yo desviando la mirada. Sí me dolían las confesiones chismosas del "amigo" del bermejo, podría tocar a ser empática, empero, yo no lo había provocado.

- "Lo digo para que medite una disculpa. No busco que tenga lástima por Rubeus, si no consideración y no venir a darle más problemas."-insinuó mi poca falta de ética con un tonillo mordaz para continuar con diligencia- "Él tiene una oportunidad con la alianza de sociedades con su padre. El medicamento a la larga será un problema para la señorita Rini y la señora Beryl. Si Rubeus se queda sin un empleo, por más cosas que haya vendido del castillo, no le serán suficientes." -Se quedó admirándome en busca de una respuesta, cosa que no le daría- "Hay ropa de dormir sobre su cama, el baño está dispuesto por si desea tomar una ducha y la cena estará lista en treintaicinco minutos en la cocina" -mentó amablemente cual estacazo con guante blanco, a mi ver, tratando de herir mi sensibilidad-

"¡Diantres…! me quiere hacer sentir culpable. Esto está sobrepasando mis límites. ¡Maldita sea! Mientras más escarbo más porquería saco del fondo… ¡Sólo quiero largarme! Debí obedecer a Tigereye… ¡Soy una estúpida!"

No tenía una idea clara de cómo proceder ante este embrollo. Ahora poseía una jaqueca. Me bañé de relámpago, sequé mi cabello cuanto pude para bajar a comer algo, me negaría en otra situación, pero mi estómago estaba asqueado de café y reclamante por algo sólido.

Al bajar las escaleras me topé con Rubeus, en sus brazos cargaba a una niña de pelo rosado, que para mi sorpresa estaba peinada de la misma manera que solía estilizar mi cabello desde que tengo conciencia hasta la preparatoria. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, ¿Acaso este hombre era un lunático? Sacudí mi cabeza, no me importaba si era una coincidencia o una sicopatía del tipo. Él se portó como si yo fuese una pared, un candil o la alfombra, pues sus helados ojos se restringieron a posarse sobre mí, un castigo del cual no sentí desvelo. En fin, ya me estaba cansando de no avanzar, sin importarme hablaría con ese hombre para poner en claro algunos puntos y regresar en serena paz a Japón.

- "Permítame una charla con usted"- le dije despejada y claramente.

Pasó de largo rehusándose a contestar. Unos pasos más al él ascender y yo quedar en su espalda reiteré mis palabras con firmeza.

- "Creo que merezco aclarar algunos puntos con usted. No es tanto veinte minutos."

Pero él fue tan frio y nunca se detuvo, cerró sus oídos. El fuego de odio que me destinó estaba siendo tragado por un témpano de desprecio de tamaño colosal. Bajé con pasos lentos, nada podría obtener de ese sujeto.

La cocina era lujosa pero estaba sola, poseía unas puertas corredizas desprovistas de cortinas que daban al inmenso jardín del patio. El alimento servido en una pequeña mesa blanquecina circundada por cuatro sillas a juego. Pan, queso, leche en una jarra de porcelana, algunas frutas y platos vacíos listos para ser llenados. Mi apetito era tan grande que me senté sirviéndome de todo un poco, no obstante la comida se me hacía bolas al intentar tragarla. Estaba fastidiada, apoyé ambos codos al filo de la mesa descansando mi rostro sobre las manos. Quizá me quedé dormida treinta minutos, pude haber permanecido así hasta el día siguiente, pero la presencia de alguien que me miraba por la espalda, con dos dagas por ojos, me despertó.

- "¡Comience a hablar!"-su tono áspero enfatizaba su voz grabe y masculina.

Me levanté de mi asiento en efecto resorte haciendo retroceder la silla. Se me agitó la respiración. Toqué mi pecho por el sobresalto. Lo miré recargado en el borde de la puerta, de brazos cruzados y gesto inconforme.

- "¡Bien!"-intentaba tranquilizarme para buscar las palabras correctas y no obtener una charla corta- "¿Usted contrató a Seiya Kou?"

- "No." -respondió rígidamente- "Pero puedo decirle muchas cosas de él. ¿Sabía que es primo de Yaten Kou?" -me sorprendí a granel- "No se asuste, su familia, los Kou, le detestan por tres cosas: su mala fama de "play boy", servir a las personas para obtener información sucia por una jugosa cantidad de dinero rápido… Quiero ponerle en claro que fue mi amigo y…"

Lo interrumpí, tiré la silla del antecomedor al acercarme a él con prisa. Estaba furiosa.

- "Entonces me dice que no lo contrató, si no que le pidió un favor."-apreté mis dientes, quería golpearlo- "Todo lo que me dijeron de usted es verdad. Si tanto desea destruir a Darien, ¡hágalo! Pero no me use de mediadora. Si hubiese sido considerado, no estaría aquí causándole molestias con lo de la asociación, ni mi padre me hubiese tratada como una mala hija. Es un ser nefasto que sólo piensa en usted."-mi tono, aunque no rebasaba del volumen normal, era agresivo.

Lo miré sin moverse y mantener sus brazos cruzados. No obtuve ningún gesto grosero o contradictorio.

- "¿Terminó?"-me preguntó con un tinte de desazón, proyectando irritabilidad en sus rubíes.

Yo saqué mi furia, mi garganta estaba colapsada ante el veneno que me obligue a desprender.

- "Ahora ya se desahogó. Espero que me permita hablar." -estaba poniendo punto final a mi disputa- "Ni pedí favores, ni contraté, ni he tenido contacto con él desde la preparatoria. Por más degradada que esté nuestra sangre, usted continua siendo parte de mi familia, sea como sea los Blackmoon y los Tsukino están unidos por los lazos entre Mónca Blackmoon y Kenji Tsukino. Mi madre me enseñó a respetar y honrar a mi familia. ¿No es así como a usted le han inculcado?"-me miró, pero no contesté, pues aún me negaba a creer toda esa faramalla. El me tomo de los hombros y me zarandeó un par de veces en busca de la respuesta, yo asentí. Adjuntó su rostro al mío con una distancia de unos cinco centímetros, su aliento a coñac delataba que había tomado un par de copas-"Pues no descansaré hasta que lo entienda." -se hincó y tomó mis manos. Parecía un vil perro pidiendo comida a su amo. Eso me asustó, su cambio frío y su temperamento de fuego echado a un lado. Comprendí que había bebido más de dos copas, quizá media botella- "Haga de mi lo que quiera, pero no deje que a mi hija y a mi madre sin amparo. Lo he intentado todo, pero con la reputación que ese hombre me dejó…"-se refería a Darien, lo supuse- "…nadie confía en mi"

Lagrimas brotaban de sus ojos. Un espectáculo tan deprimente. Ante mi punto de vista veía a un hombre, que había tenido todo, derrumbarse. La atmósfera se disipó al escuchar gritar a Andrew.

- ¡Rubeus! Hay alguien en el jardín trasero.

El pelirrojo se levantó y corrió hasta el cancel, que abrió lo más pronto que pudo. Escuché su murmullo con claridad…

- "Seiya…"

…tanta que supuse que esa noche mi vida cambiaría para siempre. Y aquél que pensé me usaba para dañar a quién se atrevió a jugar conmigo, al que creí un diablo, no era más que un pobre hombre al que le habían robado todo, su dignidad, su amor, su posición y las ganas de seguir viviendo para él. El verdadero diablo estaba afuera, buscando la manera de hacer mi existencia miserable, por una venganza al cruel hombre que poco a poco estoy dejando de amar.