Se encontraba en la oficina principal leyendo los reportes recientes del estado del reino cuando su mirada se desvió hacia las repisas de abajo y pudo contemplar un libro que en su niñez había sido de su agrado.
– eso fue hace mucho tiempo. – se dijo a si mismo pero no pudo evitar dirigirse hacia el estante y tomar el viejo libro, paso las hojas con delicadeza y cerca de llegar al final lo cerró. – No debería perder tiempo en eso – se reprochó y continuó con su labor anterior.
Demasiadas cosas habían cambiado en la vida del joven rey en poco tiempo, sentía el peso de un reino decaído sobre sus hombros y sabía que la responsabilidad de restaurar el orden en la nación le correspondía por que el así lo había decidido, sin embargo aún no podía apartar sus pensamientos al 100% de su vida personal y era consciente de que eso tarde o temprano le pasaría una factura.
–aquí estaba. – Key Sook ingresó al recinto. –tal como predijo había una cuenta secreta, hay rastro de que los impuestos se manejaban ilegalmente. – informó situándose junto al nuevo rey. – ya despedí al hombre a cargo, tal parece que la corrupción está muy arraigada dentro del reino.
–el rey Il era un buen hombre. – dijo con cierto pesar. – La bondad no es un crimen pero a veces despierta la debilidad y codicia de los demás.
–Si – el hombre de larga cabellera negra observo los papeles en la mesa del castaño y se sorprendió de ver esa antigua leyenda sobre el mapa del reino. – Su alteza, el difunto rey Il prohibió leer eso– dijo haciendo referencia al cuadernillo.
–Si – tomo el libro sobre sus manos y abriéndolo en una página indistinta. –Es un libro sobre la leyenda de los dragones, solía escabullirme aquí y leerlo cuando era un niño, me emocionaba mucho en ese entonces – cerró el libro y su mirada se endureció. –pero es solo un cuento de hadas, las fantasías no pueden corregir al reino.
Y él pensó que ciertamente no podían, ni las fantasías ni las debilidades otorgaban el poder necesario para reparar todo el daño, si quería ser fuerte debía de dejar todo a un lado, sus recuerdos, sus anhelos, debía de renunciar a todo si quería llevar a cabo lo que se había propuesto, y lo haría, aun con la muerte de sus amigos y de ella a sus espaldas seguiría adelante, sin importar cuanto costara.
Mirabas atentamente al joven que caminaba intentando ocultar su emoción, te sorprendía que hubiera aceptado viajar con ustedes después de todas las negativas que le dio a Ik soo en el momento que se lo propuso, sin embargo ahí estaban, cuatro personas emprendiendo un largo viaje.
Las peleas entre tu hermana y Hak se habían hecho constantes en lo que llevaban de camino, Hak había insistido en ocultar y cargar a Yona como si fuera un bulto cada que algún extraño se aparecía en el camino, Yoon optaba por ocultarte entre los matorrales o arboles cercanos dado que él no era lo suficientemente fuerte como para cargarte.
– Escuchen. – te detuviste detrás del joven genio y solo hasta ese momento te percataste de que acababa de pasar una carreta junto a ustedes y que tanto Yona como tu habían quedado a la vista, Hak las miraba con gesto severo que te hizo sentir pena, Yona se colocó junto a ti y tú solo aseguraste más tu capa sobre tu cabeza para seguir ocultando tu cabello para después seguir escuchando a Yoon. – Dos princesas pelirrojas – las señalo a ambas. – un animal ex general – señalo a Hak y lo escuchaste corregir su sobrenombre. – un genio apuesto –se señaló a sí mismo. –todos resaltamos, no llamen más la atención, estamos cerca del territorio de la tribu del fuego y la capital, sería un problema si nos descubrieran. – recalco con todo autoritario y todos le brindaron la razón.
– sin embargo los sitios en los que viven los dragones y el monje son muy complicados. – comentó Hak recordando las indicaciones recibidas por el monje para encontrar al primer dragón.
Llevaste tus manos hacia tu pecho y sostuviste el colgante entre tus dedos, si lo que monje te había dicho era verdad deberías de estar bien y ciertamente habías dejado de sentir molestias pero aun conservabas otras inquietudes.
– ¿te sientes mejor? – la clara voz de tu hermana te sobresalto puesto que no te habías percatado de su cercanía.
– ¿eh? Ah, si… yo me s-siento bien. – trataste de controlar tu pulso y observaste a lo lejos a Hak molestando a Yoon. –Amarraste tu cabello– observaste unos mechones escapar de la coleta improvisada de tu gemela, de esa manera ambas parecían tener el cabello corto.
– SI – te respondió avergonzada y le sonreíste tiernamente, tal vez nunca se habían comprendido la una a la otra pero eran importantes entre si y esos pequeños actos de solidaridad eran lo que afianzaba su relación.
– Hak solo se preocupa por ti hermana. – le dijiste en tono maternal. – no debes molestarte con él.
–sus heridas no han sanado. – te respondió sin ni un deje de duda y sabias que ella tenía razón, el moreno no debería de esforzarse de la manera en que lo hacía pero ahora que habías descifrados sus sentimientos y los tuyos no podías culparlo.
– esas heridas no son nada. – la voz del ojiazul sonó detrás de ustedes, no se habían percatado del momento en los chicos habían dejado de discutir.
– no es así, debes descansar, además quiero ver el reino con mis propios ojos. – la determinación en la voz de tu gemela te causo escalofrió, cuando ella usaba ese tono de voz y cuando sus ojos adquirían un aire de firmeza era cuando tu habías perdido fuerza pero esta vez no había pasado, llevaste nuevamente tus manos al amuleto y agradeciste mentalmente.
Aquella noche, antes de que partieran en la mañana siguiente habías encontrado a Ik soo en su lugar de meditación, querías agradécele por todo lo que él y Yoon habían hecho por ustedes.
– los dioses han fallado a tu favor. – lo miraste con duda pues no entendías a que se refería. El rubio volteo hacia ti y sonrió con lágrimas en los ojos para después extenderte un fino colgante
–está bien. – dijo el pelinegro cediendo a los deseos de tu hermana, su voz te saco de tus memorias y prestaste atención. –pero no bajes la guardia recuerda que…– la frase quedo en el aire cuando se percató de que la pelirroja mayor se había adelantado junto a Yoon, soltaste una leve risa por la expresión de su rostro y él se giró a verte. –tú también ten cuidado, el rey Il no me perdonaría si algo te pasa. – colocó su mano sobre tu cabeza y después siguió avanzando.
– Hak ¿qué es eso? – preguntaste una vez que les diste alcance. Delante de ustedes se encontraba una gran extensión de terreno con parcelas.
–Trigo, también cosechan arroz por allá. – respondió tranquilamente.
Yoon explico que el área estaba a cargo de la capital y que de seguro ahí se producía todo lo que ustedes comían durante su estancia en el castillo, no pudiste evitar evocar a tu mente una imagen de tu padre, Min-Soo, Hak, yona y tu disfrutando de un tranquilo almuerzo dentro de la comodidad del castillo, tu corazón se removió al pensar que esos momentos no volverían a suceder. Una familia de trabajadores apareció delante de ustedes y por primera vez en 16 años Yona y tú se generaron una idea de la vida de las personas fuera del castillo, agradecieron en silencio por su arduo trabajo y continuaron con su camino hasta llegar a una pequeña aldea en donde se abastecieron de provisiones, después de eso tomaron un pequeño descanso en un local mientras Hak conseguía otras cosas.
– así que coronaron a un nuevo rey. – la mesa contigua a ustedes era ocupada por un par de hombres que hablaban sobre la situación del reino, te tensaste automáticamente al escuchar sobre el tema y notaste que tu hermana también se mostraba perturbada más ninguna dijo o hizo algo.
– sí, hay rumores de que es joven y apuesto. – comento otro señor.
–pero es hijo de Yoo-Hong ¿verdad? – para este punto dejaste de prestarles atención, agradecías por el hecho de que ahora Mundok y la tribu del viento estarían en paz por haber apoyado esa decisión, observaste a Yona con la mirada perdida en algún punto de su taza de té y supusiste que a ella le afectaba más escuchar alguna referencia de tu primo, ella lo amaba más allá del vínculo familiar.
– ¿Qué sucede, estas bien? – Yoon atrajo la atención de ambas, su mirada se encontraba en la temblorosa mano de Yona.
– disculpen ¿desean más te? – el dueño del local se les acerco, tu negaste amablemente mientras observabas el repentino cambio de comportamiento de tu gemela.
– No gracias– repitió Yona y salió lo más rápido que pudo del lugar, la seguiste y Yoon se quedó a pagar para después salir detrás de ustedes.
– ¿Qué sucede? – la cuestionaste caminando a la par de ella. Sus ojos estaban enfocados en el suelo y una extraña aura sombría la rodeaba, decidiste no interrogarla por el momento, era muy probable que internamente su amor, su tristeza y su dolor estuvieran luchando por ganar territorio.
– no deben llamar mucho la atención. – les reclamó el pelirrojo cuando les dio alcance, en ese momento lograron visualizar a unos soldados de la tribu del fuego deambular por una calle cercana por lo cual se escondieron intentando pasar desapercibidos, Hak les dio alcance sigilosamente y salieron de la ciudad.
A lo largo del viaje podías observar el gran cambio de tu hermana, habían escuchado varios comentarios tanto positivos como negativos sobre el nuevo rey en cada lugar por el que pasaban y tu hermana no podía evitar verse afectada por cada comentario, los sentimientos que por mucho tiempo había guardado a Soo Won solo estaban escondidos en una cortina de dolor y resentimiento y era probable que en algún momento explotaran.
–es difícil escalar pero me tranquiliza pensar que no nos vigilan. – Habían decidido tomar la ruta de las montañas y evitar lo mayormente posible los pueblos. Yoon se mostraba emocionado por conocer cada vez más del mundo y de alguna manera lograba contagiarte.
–debo de aprender a usar una espada. – Hablo yona de repente y todos voltearon a verla. –Hak puedes enseñarme mientras viajamos, debo poder repeler a los atacantes. –dijo más como afirmación que como pregunta al ex general.
– princesa ¿puedes matar a alguien? – la voz de Hak sonó tan fría que incluso tú te estremeciste por la pregunta, tu hermana no supo que contestar pero todos los presentes conocían su respuesta aun si no la verbalizaba como tal. – tus enemigos no huirán, debes matarlos o incapacitarlos permanentemente ¿puedes hacerlo? –agrego sin alterar su voz, sabias que era un claro intento de persuadirla a desistir.
– cuando nos acorralaron en las montañas no pude hacer nada, hice que (N) se arriesgara demasiado al tomar la espada aun cuando no sabía manejarla. – un ligero temblor recorrió tu cuerpo al recordar aquel suceso. –aunque no pueda matarles o herirles, al menos quiero poder crear oportunidades de escape. –la mirada entristecida de tu gemela te conmovió y un recuerdo asalto tu mente.
Hace tiempo, cuando aún estabas obligada a estar en cama la mayor parte del día habías escapado para contemplar los grandes jardines que adoraba tu madre, aquel día habías terminado perdida y un sirviente pensaba en aprovecharse de la situación, después de todo una de las hijas del rey siempre sería un buen botín, pero justo cuando tu miedo llego a tope y creíste estar sin salida la grácil figura de Soo Won se apareció de entre los pasillos y ataco al corrupto sirviente con una espada de madera, el hombre había quedado tan horrorizado por la tenacidad de tu primo que salió corriendo del lugar.
–esgrima de autodefensa. – murmuró Hak regresándote a la realidad.
– ¿puedes enseñarme? – su rostro denotaba suplica y te preguntaste si era esa la misma expresión que tu habías puesto aquel día, el día en que, en medio de tu temor e impotencia, le pediste a Soo Won que te enseñara a usar una espada, claro que tú eras pequeña en ese entonces y no fue sino hasta ese preciso momento en el que el peso de tus palabras cayó sobre tu consciencia.
Desde esa mañana Hak comenzó a darle clases de Tiro con arco a tu hermana, te había ofrecido, más por cortesía que por convicción enseñarte a ti también, pero no querías ser una carga para el por lo cual declinaste la oferta, lo cierto era que solo conocías lo básico, si bien ya habías recibido clases a espaldas de tu padre no habías llegado a perfeccionar mucho tu habilidad, más por falta de tiempo que de ganas.
– hmm… ¿Qué hora es? – el sonido de unos golpeteos constantes te hizo despertar, no muy lejos de su improvisado campamento tu hermana se encontraba practicando su técnica de tiro y te impresiono su persistencia, en tiempos pasados, Yona giraba alrededor de tu primo, por lo que cualquier actividad que ella quisiera realizar siempre tenía como centro al chico de ojos esmeralda, sin embargo en esta ocasión era diferente, estaba haciendo algo por su propio bien y por el de quienes la rodeaban y de alguna manera eso te impulsaba a ti a mejorar de igual forma. –Tendré que conseguir uno… tal vez. – te dijiste mentalmente antes de volver a conciliar el sueño.
Los entrenamientos de Yona se hacían cada vez más duraderos, llegaban momentos en los que renunciaba a sus horas de sueño por el afán de mejorar.
–tu postura al disparar está mejorando.
– ¿en serio? – pregunto emocionada y tú te limitaste a escucharlos en silencio. – ¿Yoon puedes disparar un arco?
– no es que no pueda, pero es mejor no tomar las armas tan despreocupadamente. – tu consciencia te brindo un golpe mental fuerte al escuchar eso, habías roto las reglas de tu padre hace mucho tiempo y ahora te quedabas en silencio mientras tu hermana lo hacía.
– ¿eh? – Yona se sorprendió por el comentario de genio, de cierta manera comprendías que aquello, al igual que a ti le había recordado a su padre.
– ¿realmente crees que en una batalla el enemigo tendría piedad de débiles como nosotros? Aun si dices que es por defensa, si queremos sobrevivir tendremos que aprender técnicas letales – la mirada seria de Yoon las estremeció a ambas, indudablemente él tenía razón pero llegar a tal determinación requería de una ardua lucha mental y ninguna de las dos estaba segura de poder llegar a tal grado.
En esa noche, como en otras más, tu gemela se la paso entrenando, lograbas escuchas sus jadeos al momento de querer desclavar sus flechas de donde estas terminaban y a la mañana siguiente la situación seguía igual, Yona aprovechaba cualquier momento para entrenar pero la duda siempre estaba presente en su técnica y Hak se hizo consciente de eso.
– Yoon, Princesa (N) adelántense por favor. – pidió después de ver como tu gemela fallaba un tiro hacia un pequeño jabalí.
– Está bien – el chico de ojos color cielo respondió por los dos. – pero alcáncenos pronto, estamos cerca del sitio que dijo Ik soo – después de decir eso comenzó a caminar pasando al lado de ti, tu hermana no te miraba y Hak te dedico una fugaz vista tranquilizadora por lo cual decidiste seguir al genio y dejarles un poco de privacidad.
– ¿segura que no quieres quedarte? – Yoon te miraba de reojo mientras seguían avanzando.
– ¿eh? Si, Yona necesita un momento a solas con Hak para mejorar – bajaste tu rostro no queriendo demostrar que eso te afectaba, después de todo renunciar a un sentimiento no era algo fácil.
– ¿te diste cuenta? – Yoon se detuvo por un momento y te encaró.
– ¿darme cuenta? – lo miraste sin comprender de que hablaba.
– lo que le sucede a tu hermana cada que piensa en disparar.
– eso es… probablemente porque hasta ahora ella y yo habíamos vivido en la comodidad del castillo. – comenzaste a recordar y tu vista se perdió en algún punto de tus manos. – Cuando vivíamos ahí no teníamos la necesidad de hacer nada, siempre había un sirviente dispuesto a cumplir nuestros mandatos, aunque ninguna abusaba particularmente de ese beneficio – la imagen de Min Soo se coló en tus memorias y sin que te dieras cuenta una cálida sonrisa se posó en tus labios. – siempre había alguien para defendernos o ayudarnos en momentos difíciles, Hak y… – un nudo se formó en tu garganta, durante los últimos días la sola mención del nombre de tu primo en tus pensamientos había quedado prohibida. – Crecimos en un mundo de paz y nunca habíamos tenido la necesidad de tocar un arma – retomaste la conversación desde otro punto. – pero ahora es diferente, mi hermana debe de estarse debatiendo entre respetar la memoria de nuestro padre que odiaba las armas y entre la impotencia de no poder hacer nada para ayudar. – terminaste tu explicación.
– y tu ¿sostienes ese mismo debate, princesa? – la pregunta te tomó por sorpresa.
–Yo…
– Shhh… – Yoon te colocó la capa encima de la cabeza e hizo que escondieras por completo tu cabello.
– ¿Qué sucede? – le cuestionaste en voz baja ajustándote la tela.
Una capa de niebla comenzó a rodearlos y una gran ventisca los azoto.
– ¡corre! – Yoon tomo tu mano y comenzaron a huir intentando hallar el mismo camino por el cual habían llegado hasta ese punto.
– ¡váyanse! – una voz grave se escuchó por todo el lugar, la niebla se había intensificado y no lograban ver más allá de su nariz, de un momento a otro Yoon chocó contra algo y ambos terminaron en el suelo más en ningún momento dejaste al descubierto tu cabellera, si eran hombres de la tribu del fuego harías todo lo posible por mantener tu identidad oculta.
El entrenamiento había terminado, Hak sin ser plenamente consciente de lo que podía provocar tocó una fibra sensible en el corazón de Yona por lo cual decidió que lo mejor era dejarlo hasta ahí por lo menos por ese día. Se habian retrasado mucho y estaban seguros de que Yoon se molestaría.
– ¿Qué tan lejos se habrán ido? – Yona caminaba unos pasos más adelante del ex general.
– no deben estar muy lejos, sin embargo se hace difícil de ver con esta niebla. – comento en moreno, apenas se adentraron en la parte más alta del bosque fueron rodeados por una densa niebla y el ojiazul sentía una extraña presión dentro de ella.
– ¡Hak, ven pronto! – la pelirroja se había adelantado unos metros por lo que al pelinegro le había costado ubicarla entre la niebla más cuando llegó hacia ella pudo visualizar aquello que provocaba pánico en su voz, en el suelo se encontraban las pertenecías de Yoon pero de (N) no había rastro alguno.
– ¡Váyanse! ¡Váyanse! – una ventisca removió la copa de los arboles al mismo tiempo que la voz amenazante resonaba por todo el espacio. – ¡si no lo hacen serán castigados por los dioses! – Yona hizo ademan de querer decir algo pero Hak la detuvo.
– sus dioses deben ser magnificas si castigan a la gente mientras se ocultan en la niebla. – ironizó Hak mientras con un ágil movimiento de su lanza dispersaba la niebla.
Inmediatamente se vieron rodeados por guerreros de vestimenta blanca que les apuntaban con sus arcos y flechas.
– ¿Quiénes son? – habló uno de los hombre. –despejo la niebla con un solo movimiento.
– ¿son del pueblo del dragón? – cuestiono al mismo tiempo que apegaba el cuerpo de la pelirroja hacia el suyo para poder protegerla de mejor modo.
– Conocen nuestro clan, una razón más para no dejarlos vivir –hablo uno de los hombres mayores. – ¿ustedes estaban con los intrusos? – la voz del hombre se volvió amenazante.
– ¿A dónde se llevaron a Yoon y a (N)? ¿Qué les hicieron? – cuestionó Yona con firmeza
– ellos…– el hombre miro a la pelirroja con los ojos abiertos.
– ¡cabello rojo! – exclamo otro hombre bajando también su arco siendo seguido por los demás. Hasta ese momento tanto Hak como Yona se percataron de que la princesa no llevaba puesta su capucha por lo que dejaba su cabellera al descubierto causando revuelo entre los guerreros.
– ¿de dónde vienes, joven de pelo rojo? – el hombre mayor se inclinó delante de Yona.
– De la tierra del viento, un monje me dijo que buscara a los guerreros dragón – explicó y nuevamente los hombres se mostraron impresionados por sus palabras. – ¿ustedes poseen la sangre del dragón? – se animó a preguntar.
– no, nosotros somos los guardianes del dragón blanco. – revelo y en su semblante se podía leer orgullo. – te mostraremos el camino a la aldea Hakuryuu.
Hasta aquí.
Lamento verdaderamente la tardanza para actualizar, no tengo excusas, simplemente no supe organizar mi tiempo.
Si todavía hay alguien que lea esta historia, GRACIAS, hago esto más por diversión y des-estrés peor siempre es agradable recibir un comentario.
