Despertar, dragón blanco
Te sentías intimidada y sabias perfectamente que Yoon compartía ese sentimiento contigo por la forma en que trataba de mantenerse alejado de las personas. Después de llevarlos cautivos los habían encerrado en una enorme jaula a la vista de todos los aldeanos y por petición y gran insistencia del joven genio sus primeros captores habían accedido a no retirarte la capa, los escuchaste mencionar algo sobre un dragón que se encargaría de hacerlo de todos modos.
– ¡Cabello rojo! – una joven mujer de la aldea acaricio tus cortas hebras y aquello te incomodó aún más.
Los hombres que los atraparon se habían retirado prontamente y Yoon intentó aprovechar eso e intimidar al guardia para que los liberase pero solamente pudo lograr que el hombre se molestara y terminara obligándote a deshacerte de tu disfraz, lo que menos imaginaron en ese momento era que tu cabello sería la salvación de ambos puesto que los pobladores de aquella extraña aldea parecían adorar el tono carmesí de tu pelo.
– ¡Yoon! – exclamaste cuando, al dejarlos salir de la jaula, una gran multitud de gente se arremolino frente a ustedes, jamás habías permanecido entre grandes tumultos de gente por mucho tiempo y sobraba decir que no eras buena lidiando con las multitudes por lo que tu única reacción de defensa fue colocarte detrás del joven con ojos color cielo para intentar protegerte.
– A la izquierda verán el hogar del dragón blanco. – ambos desviaron la mirada hacia el hombre que acababa de hablar, lograron ver a Yona y Hak siendo guiados por uno de sus captores.
– (N), Yoon – Yona los saludó despreocupadamente ante la mirada atenta del hombre guía y de la gente que se reunió alrededor de ustedes instantes atrás.
– ¿Qué sucede, no los capturaron? – Yoon avanzó contigo detrás de él hasta que llegaron al lado de tu hermana y su guardián, ninguna persona emitía ruido alguno y las expresiones de asombro no abandonaban los rostros de los aldeanos.
– No, cambiaron de actitud cuando vieron a la princesa…- Hak vaciló al decir aquello y después de una breve reflexión se corrigió. – Más bien diría que al cabello de la princesa. – El pelinegro le entregó sus pertenencias al chico y continuaba manteniéndose alerta.
– Lo mismo pasó aquí, comenzaron a rodear a la princesa en cuanto descubrió su cabello. – respondió el menor.
–Lamentamos nuestra insolencia. – El hombre se inclinó haciendo una reverencia a modo de disculpa. – Desde la antigüedad, el dragón blanco ha vivido aquí tras completar su deber durante los tiempos de guerra. – Comenzó a explicar. – Hasta ahora hemos eliminado a los intrusos que han venido queriendo adquirir el poder del dragón blanco, la orgullosa tarea de nuestro clan es proteger al dragón blanco, asegurando que su sangre pase a la siguiente generación. – la voz del hombre se oía llena de orgullo y determinación. – No podemos permitir que ningún extraño entre a esta tierra. – Concluyó firmemente.
Ustedes escuchaban atentamente al hombre hasta que te percataste de cómo la gente comenzaba a alborotarse nuevamente por lo que te colocaste detrás de Hak, y él al notar el origen de tu nerviosismo adoptó una actitud protectora resguardándote a ti y a Yona detrás de él.
– Entendemos la situación pero... – Te aferraste a la fuerte espalda del guardián de tu hermana mientras más mujeres se acercaban. – ¿Qué es esto? – Hak se mostró fastidiado por la actitud de las féminas al ver la incomodidad que la cercanía de ellas les producía.
– ¡Pelo rojo! – las mujeres alrededor de ustedes no paraban de alabar el color de la cabellera que tú y Yona compartían.
– Si, es raro. – comento Yoon colocándose al lado de ti para evitar que más gente se te acercara. – ¿la gente de por aquí adora el pelo rojo o algo así? – cuestionó mientras intentaba reconfortarte.
– Nuestro clan tiene un apego especial por el pelo rojo. – La voz del hombre sobresalió de entre los miles de murmullos y halagos sobre su cabello. – El primer dragón blanco sirvió a un amo de pelo rojo. – llevaste instintivamente tu mano hacia tu corta cabellera después de oír la explicación.
Al contrario de tu hermana, nunca habías tenido ninguna queja sobre tu cabello, su forma y color eran para ti algo normal, algo que era así y ya, te padre habia mencionado en ocasiones que tu cabellera le recordaba a tu difunta madre y por eso te gustaba, dado que no existían muchas actividades que te fueran permitidas en tu constante reposo siempre te esmerabas en mantenerlo sano y fuerte, se había convertido en una especie de pasatiempo para sobrellevar tu situación de medicinas, atención y monotonía.
– Yo… odiaba mi cabello. – Tu gemela imitó tu acto de manera inconsciente, su mano se deslizó por los mechones que escapaban de su coleta y su mirada estaba perdida en algún recuerdo.
– Eso es lamentable. – El hombre se acercó hacia ustedes. – ¿Las envió el monje, cierto? – ambas asintieron a la interrogante. – Ustedes podrían ser a quien esperábamos. – Los cuatro se sorprendieron por aquella afirmación. – O podrían no serlo. – Les dedicó una mirada analítica. – Durante todos estos años hemos estado esperando al amo de pelo rojo, hemos cuidado la integridad y pureza de la sangre del Dragón blanco para cuando ese amo aparezca, pero ustedes son dos personas de pelo rojo, no es precisamente lo que esperábamos. – Un nerviosismo general se extendió en el ambiente, estaban por realizar una apuesta peligrosa y ya no había marcha atrás.
– Si ellas no fueran las elegidas ¿Qué nos harán? – La seriedad en la voz de Yoon te estremeció, aquella era una pregunta inteligente pero de alguna manera no querías conocer la respuesta y la expresión en los rostros de los aldeanos no era de mucha ayuda.
El silencio se prolongó por unos segundos que parecieron horas debido a la tensión.
– En todo caso, deben de ver al dragón blanco. – sentenció el guerrero dándoles la espalda.
– ¡No respondió a mi pregunta! – exclamo el joven apuesto con temor y nervios mezclándose en su voz. – Oye, bestia del trueno, protégeme – Yoon se acercó a Hak para solicitarle ayuda en caso de ser necesaria. – Si hace falta, protégeme. – insistió en su petición anterior.
– A mí no me veas…– respondió el moreno sin apartar la vista de ustedes dos.
– ¿Qué hace tan especial al dragón blanco? – el cuidador del monje dirigió su interrogante al que fungía como líder de los guerreros que previamente los capturaron. – ¿no todos los del pueblo son sus descendientes? – miro a los aldeanos que los rodeaban. Cuando miraste de manera detenida te percataste de la peculiaridad de esa gente, todos parecían tener los mismos rasgos de finura en sus facciones y el mismo tono platinado de pelo
– sí. – el hombre volvió a voltear. – pero solo un aldeano posee el poder del dragón blanco, el elegido nace con un dragón dentro de su mano derecha. – Explicó
Dentro de una habitación, no muy lejos de donde ustedes se encontraban un bello joven de finos rasgos faciales y cabellera tan blanca como la nieve despertaba con una sensación extraña en el cuerpo.
– por alguna razón mi mano derecha ha estado vibrando desde esta mañana. – alzó su peculiar extremidad hacia el cielo bloqueando parte de los rayos del sol con la misma.
— ¡Rápido! ¡Rápido! ¡El dragón blanco se ha lastimado la mano! — a su ayuda acudieron cuatro doncellas que llevaban a cuesta sobre sus hombros a una anciana.
— ¡no es serio! ¡No hagan tanto escándalo! —dijo el joven avergonzado.
– Creí que se me detendría el corazón. – La anciana exclamó con un poco más de calma. – Pensé que se había lastimado su preciosa mano. – dijo soltando un suspiro.
– No fue nada de eso, siempre tienden a exagerar las cosas. – reflexionó el hombre. – Desde pequeño me han protegido para evitar que i poder caiga en manos extrañas. – el tono de su voz se fue apagando conforme continuaba. – Aun cuando yo debería protegerlos. – dijo más para sí mismo que para sus acompañantes.
– ¿Qué cosas dice? Usted posee el poder de los dioses, protegerlo es nuestro orgullo y razón de ser. Brilla más que todos los dragones blanco que estuvieron antes de usted. – Hablo la mayor intentando disipar cualquier emoción negativa que el joven pudiera tener
– Aun así me pregunto ¿Cuándo se supone que use este poder? ¿Y con qué propósito? – observó su mano con ansiedad.
– Cuando llegue el momento lo usara por esa persona, aunque es posible que en esta era no se necesite su poder, puede ser en la siguiente generación o incluso en la que sigue de esa, el poder debe ser usado para proteger a su amo. Mientras ese momento llega, usted debe quedarse en la aldea sin preocuparse por nada– explicó con tranquilidad la mujer mayor.
– ¿La próxima generación? – se cuestionó mentalmente el chico, sabía que el poder del dragón blanco solo debía ser usado si era requerido, mas no quería pensar en la posibilidad de que la historia de las antiguas generaciones se repitiera y verse al final de sus días viendo como la siguiente generación tomaba su puesto sin haber hecho el nada por su amo, o al menos por su clan. – ¿Cuándo aparecerá el al que se debe de proteger? – se preguntó y un sentimiento de anhelo se instaló en su interior. – ¡Quiero conocer a ese amo que me necesitará! – deseo para sus adentros.
Luego de aquella plática la anciana comenzó a reprimir al joven por no haber contraído nupcias aun a su edad, según la mujer, los 20 años era una edad perfecta para tener varias esposas. Internamente el joven albino deseaba que aquel amo llegara rápido y lo salvara de aquellas situaciones que día a día se volvían más recurrentes.
– ¿eh? Me parece que la aldea está muy animada– al intentar escapar de la embarazosa situación pudo percatarse a través de su ventana que había mucho movimiento en las afueras.
– ah, se debe a que llegaron algunos intrusos. – la anciana comentó con una calma que logró causar cierta molestia en el joven.
– ¿Qué? – exclamó. – ¡Deben eliminarlos de inmediato! – ordenó
– Tal parece que son unos intrusos muy inusuales, la gente no para de hablar de ellos. – intentó restarle un poco de seriedad al asunto.
– ¿Los dejaron entrar? – su tono de voz dejo escapar cierta indignación.
– pero escuche que tienen a una chica linda. – la calma no abandonaba en ningún momento a la mujer.
– ¿Y eso qué? – la idea de volver a retomar el tema de las esposas lo exaspero. – Debemos de tener cuidado de las mujeres asesinas. – comenzó a cambiar sus vestimentas con una gran determinación. – ¡Protegeré al pueblo con mi poder! –se dijo a sí mismo y a pesar del llamado de la anciana se encamino al exterior para encarar a los intrusos.
Hak y Yona permanecían sentados a la sombra de un enorme árbol, el jefe de los aldeanos había dicho que el dragón blanco no tardaría en presentarse por lo que no podían hacer más que esperar, aun si la gente de ese clan tenía un apego por el color de cabello de ustedes, seguían siendo forasteros, no querían causar algo que los pusiera en su contra.
– Aaah – Yona suspiró estirando sus brazos por enfrente de su pecho llamando la atención de su guardián.
– ¿Qué sucede princesa? – la cuestionó.
– Es extraordinario…– Hak la observo con gesto desentendido. – Cuando un niño nace con el poder del dragón blanco, la sangre del dragón desaparece del anterior. – Comenzó a relatar lo que los aldeanos les habían comentado previamente. – Debe mantenerse el linaje hasta que el poder del dragón sea necesario de nuevo. – suspiro desganada y llevó sus brazos hacia sus rodillas recargando su mentón sobre ellos. – Nosotros venimos a buscar su poder…– comentó con cierto desánimo.
– ¿Sugiere que nos rindamos? – el pelinegro hablo con una pequeña nota de burla en su voz.
– ¡Hak! – exclamo Yona llamando tu atención y la de Yoon que se encontraba contigo. La vieron ponerse cerca de él tomándolo desprevenido. – ¡Préstame tu espada! – dijo y sin esperar una aceptación la cogió con entusiasmo renovado. – He decidido que no daremos marcha atrás, pero si el dragón blanco no nos ayuda, tendrás que entrenarme más. – desenfundo el arma del chico y habló con firmeza, en las facciones de Hak una apenas perceptible sonrisa se plasmó como muestra de lo orgulloso que se sentía al observar la determinación de tu gemela.
– Esos dos sí que son ruidosos. – se quejó Yoon observándolos. Tu solo le sonreíste en respuesta, verlos así te traía paz y coincidías con Yona, no había manera de que dieran marcha atrás. – Por cierto, princesa, antes de que nos capturaran…– El genio apuesto regresó su vista a ti. – No respondiste mi pregunta. – Recordó y tú sentiste una leve opresión en tu pecho al recordar a que se refería.
– Yo… cuando era pequeña estuve a punto de ser secuestrada por uno de los sirvientes al perderme en los jardines del palacio. – comenzaste a relatar bajando tu rostro. – Creí que estaba perdida y no podía hacer nada más que llorar. – continuaste relatando y sentiste como un nudo se empezaba a formar en la boca de tu estómago. – Soo Won…– tu voz tembló al decir su nombre y un fuerte escozor inundo tu garganta. – É-Él me salvo en esa ocasión usando una e-espada de madera, no era un arma en sí, pero logro hacer q-que el sirviente huyera. – tu voz se entrecortó y Yoon te miraba angustiado, podías adivinar que seguramente se arrepentía de haber retomado ese tema.
– Lo lamento no…– dejo la frase inconclusa y tú negaste intentado disipar el nudo.
– No te preocupes. – le sonreíste de manera tranquilizadora y te dispusiste a seguir con tu relato. – A partir de ese día comenzó a darme clases de defensa a escondidas de mi padre, insistía en que al ser una espada de madera no rompíamos la prohibición de mi padre, nunca logre hacerlo bien realmente, mi cuerpo era muy débil y casi nunca podía estar fuera de la habitación. – terminaste de hablar para volver a bajar el rostro, confiarle aquello a Yoon no era fácil, recordar cada suceso en tu vida que involucrara a Soo Won o a tu padre se tornaba tortuoso y difícil de sobrellevar.
– ¿Tu hermana lo sabe?– preguntó queriendo cambiar el tema.
Negaste levemente y el asintió, ambos sabían que ninguno diría nada, le agradeciste con una leve sonrisa.
– ¿Dónde están los intrusos? – escucharon una voz acercándose hacia donde ustedes se encontraban. – ¡Mujer!… – escucharon la exclamación a pesar de encontrarse a unos metros de donde Yona y Hak estaban, el frondoso tronco del árbol no les permitía ver con claridad a la persona que había llamado con tono despectivo a tu gemela.
– ¿Uh? – vieron a Yona voltear dejando su cabello recogido en una coleta al descubierto una vez más.
Se acercaron prudentemente hacia Hak y tu hermana y lograron distinguir al hombre que parecía ser el portador del poder del dragón blanco.
–Pelo rojo…– su mente sufrió un tipo de colapso en ese momento, el poseedor del poder de los dioses sintió como todo su cuerpo se ponía rígido al visualizar a la chica de cabello rojo. – ¡Argh! – exclamó.
Hak se puso alerta y Yoon se posiciono delante de ti para poder protegerte. Observaron con cierto temor como la peculiar mano del hombre parecía hacerse más grande.
– ¡mi brazo! – el joven platinado sintió una fuerte punzada en su extremidad. – ¡Mi sangre está hirviendo! – aquella peculiar sensación se expandió a lo largo de todo su cuerpo.
–Ahora son parte de nosotros, servirán a Hiryuu como a su amo y lo protegerán con sus vidas, lo amarán y nunca lo traicionará. – la palabras resonaron dentro de la cabeza del actual dragón blanco quien experimento un doloroso despertar en su cuerpo, el poder que sentía en esos instantes era más del que siquiera podía imaginar soportar.
– Esta persona… es la que esperaba. Mi amo… – se dijo internamente mientras su conciencia se desvanecía y sus memorias lo invadían.
– Padre ¿Cómo reconoceré a mi rey?
– Lo sabrás cuando lo encuentres, tu sangre buscará al rey, la sangre del dragón blanco. Verás una luz deslumbrante y entonces deberás partir.
– ¡Dragón blanco! – observaste varios aldeanos arremolinarse frente al cuerpo desmayado del joven, te situaste al lado de tu hermana a la expectativa de que debían de hacer.
La gente del pueblo junto con Yoon acomodaron el cuerpo del dragón blanco para que reposara mientras recobraba el conocimiento. Sus parpados comenzaron a moverse indicando que pronto despertaría.
– ¿Está bien? – preguntaste con temor observando su rostro.
– ¡Miren! ¡La mano del dragón blanco…!– el jefe de los aldeanos tenía una expresión de terror en su rostro por el estado actual de la mano que parecía haberse quemado en ciertas secciones.
El chico abrió por fin los ojos y se incorporó lentamente enfocando a tu hermana sin prestar atención a tu presencia o la de los demás.
– ¿Dragón blanco? – preguntó ella con inseguridad.
– Sí, he heredado la antigua sangre del dragón. – respondió con solemnidad para instantes después inclinarse delante de Yona. – ¡lo eseraba, mi amo! – dijo con devoción.
– ¿Amo? – repetiste observando a tu gemela.
– ¿De que hablas? – se preguntó Yona e instantes después pudieron observar como el resto de la población imitaba la acción del favorecido de los dioses.
– ¡Nuestro rey por fin apareció! – exclamó el líder de la aldea con una gran emoción impregnada en su ser.
– ¿Rey? – tu hermana lucia aún más desconcertada ante esas palabras.
– Creen que eres el Rey. – hablo Hak con incredulidad y cierto grado de burla.
– Tal vez consideren que es el Rey Hiryuu por su pelo rojo pero…– Yoon volteo a verte y tu permaneciste sin decir ninguna palabra.
– H-Hay dos…– La voz del poseedor de la sangre del dragón blanco llamo tu atención. El chico se puso de pie hasta quedar delante de ti, las expresiones de Yona, Hak y Yoon te pusieron nerviosa.
El Platinado te observo por unos segundos que te parecieron eternos al igual que a la gente del pueblo, ahora que Yona se había revelado como la ama del dragón blanco temías que pudieran querer hacer contigo.
– ¿Quién eres tú? – su mirada que seguía fija en ti no poseía ni una pizca de malicia pero aun así lograba incomodarte. – ¿por qué siento una leve presencia del Rey en ti? No sé qué significa esto…– murmuro sin despegar los ojos de ti.
– Yo no soy ni tu rey ni tu amo. – habló yona atrayendo nuevamente su atención.
– ¿Eh? – el chico se sorprendió y regreso su atención a ella.
– Mi nombre es Yona, ella es (N), mi hermana gemela, solo somos unas sabandijas que buscan el poder de los dioses para protegernos a nosotras y a nuestros amigos. – dijo con una seriedad impropia de ella.
– Yona-sama. – dijo el chico embelesado.
– Oye, no digas eso. – Yoon reprimió a tu gemela por su elección de palabras.
– También viajamos para encontrar a los otros dragones, te pido que primero, nos concedas tu poder ¿Esta bien? – las facciones de tu hermana se suavizaron.
– No hay mayor honor. – la voz del chico estaba llena de determinación. – No importa cuál sea su objetivo o quienes sean, ahora soy su dragón, es lo que la sangre en mi interior me dice. – respondió con solemnidad. – Si ella es tu gemela, será un gusto servirle al igual que a ti, en honor a la presencia de Hiryuu en su interior. – Llevo su mano a la altura de su pecho y tú sentiste que tu cuerpo temblaba, Yoon pareció notar aquello y te sostuvo para que no perdieras el equilibrio.
– La obscuridad ha cubierto a la tierra, la sangre de los dragones volverá, de acuerdo al pacto antiguo cuando los cuatro dragones se reúnan la espada y el escudo que protegen al rey despertarán, el dragón rojo reclamara su esencia y cuando cuerpo y alma sean uno volverá al amanecer. –Las palabras de Ik Soo llegaron a tu mente como un fuerte golpe.
Llevaste tus manos hasta el colgante en tu pecho, una fina piedra de color rubí se asomó por entre tu ropa y la apretaste fuertemente entre tus dedos. –Una vez que retires esto de ti, no habrá vuelta atrás. – respiraste profundamente intentando disipar los pensamientos, una nueva etapa de su viaje estaba por comenzar y debías de mantenerte centrada.
Que difícil!
No sabia como llegar a esto pero al fin supere mi bloqueo mental.
Gracias a las personas que aun esperan por esta historia, en honor a ustedes, aquí esta el nuevo capítulo.
