"Nos volvemos a ver…Gin."

Su mirada se alzó para observar la lápida más patética y sencilla de todas. La vida de Gin no le había importado mucho a nadie y menos iba a importar ahora que no era más que un par de puñados de polvo, con aquella explosión, no sabía siquiera que habían llegado a enterrar.

Había llegado hasta ahí con la necesidad de hablar con él, y ahora que estaba justo ahí, no sabía que decir. De repente de sentía una idiota, ¿Acaso podían escucharla unos huesos calcinados?

Se quedó en esa posición mientras todos los recuerdos de su mente volvían, y ella dejó que la nostalgia la invadiera sin frenarla. Estar ahí era como una bofetada de realidad y sentía que era el primer momento en el que podía llorar desahogándose de verdad. Había sido un día muy duro e imaginaba que un puñado de lágrimas no podían empeorarlo mucho más. Quería sentir algo de alivio, pero no lograba quitarse esa sensación del pecho.

El cielo no tardó en anaranjarse y oscurecerse y se dio cuenta de que sus piernas se habían dormido del rato que debía llevar sin mover ni un solo músculo. Se despidió de él casi sin poder pronunciar palabra e hizo una reverencia antes de levantarse y caminar lentamente en dirección a la salida para volver al interior del coche del rubio.

Furuya no arrancó el coche, no fue difícil ver que ella no llevaba el mejor de sus rostros, así que decidió quedarse un par de minutos en silencio dándole todo el espacio que pudiese necesitar.

"Podemos irnos de aquí cuando quieras" Dijo finalmente intentando volver a su cara de póker.

"Debes estar agotada, te acerco a casa si te apetece." Contestó él arrancando el coche finalmente.

Shiho asintió, lo último que quería era volver a su apartamento para comerse la cabeza en aquellas cuatro paredes, pero Furuya tenía razón, ese día se sentía derrotada física y emocionalmente, quería meterse en la cama y no despertarse en dos días.

El silencio volvió al coche hasta que finalmente la dejó en su casa y ella bajó sin decir nada como últimamente hacía. Pero antes de que él se marchase se giró y lo miró. "Gracias, Furuya."

Rei abrió la boca para contestarle, pero finalmente aceptó sus palabras y sonrió antes de que ella diese media vuelta para dirigirse a su puerta.

Los pies le pesaban y sentía los ojos irritados.

"¿Shiho?"

"¿Agasa?" Preguntó sorprendida al verlo justo en la entrada de su casa.

"Fusae ha hecho un estofado muy bueno y quería traerte algo para cenar. Sé que he venido sin avisar, pero hace días que no nos vemos y me apetecía verte." Sonrió enseñando la bolsa que traía. Sus miradas conectaron y la sonrisa del mayor no tardó en apagarse para alzar una ceja con confusión. "¿Estás bien?"

Ella asintió bajando la mirada rápidamente, apenas podía mantener contacto visual con él sin que las ganas de llorar la invadieran. Le había estado diciendo que estaba ocupada, pero la realidad era que no quería enfrentarle sabiendo lo mucho que la conocía, no podía fingir delante de él.

"Lo siento." Se rindió a abrazarle.

Rei bostezó cansado de tanto papeleo, no había tenido que salir de la oficina, pero la falta de acción estaba haciendo la semana más pesada y aburrida.

"Se me están pasando las horas eternas." Comentó Kazami sin desviar la mirada del ordenador.

Furuya sonrió. "Ha sido un día bastante tranquilo, pero ya casi es la hora." Comentó desbloqueando su teléfono para comprobar la hora, observando en ese momento del par de mensajes que tenía de la pelirroja. Abrió la conversación para ver que no había más que una fotografía de un plato bastante apetitoso acompañado de una corta frase.

Rei ensanchó su sonrisa después de leer y volvió a comprobar la hora. No tenía porque quedarse hasta tarde si nada serio lo reclamaba y había hecho más papeleo del que le apetecía, así que sin pensárselo mucho, decidió apagar el ordenador y recoger su escritorio.

"¿Te marchas ya?" Preguntó Kazami apartando la mirada de la pantalla.

Él asintió y sonrió. "Nos vemos mañana, no te quedes hasta tarde y acuérdate de comer algo."

"Sí señor Furuya, hasta mañana." Se despidió con el máximo respeto.

El rubio subió a su coche nada más salir de un konbini y aceleró hasta el apartamento de la pelirroja.

"Vaya, no te esperaba tan pronto." Sonrió ella cuando abrió la puerta. "¿Has traído el helado?"

Él asintió entrado a su apartamento y negó con la cabeza después de entregarle la bolsa. "No entiendo como te puede apetecer comer helado con el frío que hace estos días."

"Siempre es un buen momento para comer helado." Contestó ella pensando en lo mucho que se recordaba a Genta hablando así. "¿Tienes hambre?" Preguntó acercándose a la cocina para apagar el fuego.

Él asintió con una sonrisa y la ayudó a preparar la mesa antes de que se sentasen a cenar. "Huele muy bien." La alagó ensanchando más su sonrisa. En realidad no tenía apenas hambre, pero le gustaba que ella le reclamase de vez en cuando, aunque fuese para compartir un plato de curry o debatir cualquier tontería del día. Él ya sabía que la atracción de la que ella siempre hablaba no era la misma para ambos y que su preocupación no había menguado, pero también podía ver como sus ojos se suavizaban cuando él acariciaba sus manos casi de casualidad.

Recogieron la mesa una vez acabaron y se sentaron en el sofá con la tarrina de helado entre ellos.

"¿Vas a compartirlo?" Preguntó bromeando.

"Solo un poco." Sonrió Shiho entregándole una de las dos cucharas.

Atacaron al helado mientras continuaban la conversación de la cena. Ella acabó recostando la cabeza en su hombro y siguió escuchándolo hasta que ambos se quedaron dormidos sin darse cuenta. El sofá no era muy grande, tenía el tamaño justo para que ambos pudiesen estirarse sin tirar al otro al suelo.

Shiho fue la primera en despertarse al día siguiente y se sonrojó fuertemente al percatarse de la cercanía que tenía con el rubio. La tenía abrazada a él y casi podía notar su aliento. "Furuya." Susurró intentando despertarlo con delicadeza.

Se quedó observando sus pestañas, con el rostro tan tranquilo podía ver lo rizadas que las tenía. Acercó una de sus manos para apartar un mechón de su cara y se sonrojó más cuando notó que él se abrazaba más a ella.

"¡Furuya¡"

"Buenos días." Contestó él finalmente sin intención de despegarse.

"¿Puedes soltarme?"

"Hace frío." Protestó consiguiendo que riese un poco.

No sabía si era por la cara somnolienta o por esas malditas pestañas pero ya no le molestaba que el sofá fuese pequeño, y de un momento a otro sin apenas darse cuenta, ya se encontraban besándose. Podía poner todas la culpas a las hormonas o a decenas de cosas como esa, pero prefirió seguir con la mente en blanco. Sus dedos buscaron a tientas desabotonar los botones de su camisa, y de repente, dejó de hacer frío.

Ding Dong

Furuya cortó el beso y miró hacia la puerta. "¿Esperas visita?"

"No." Contestó confundida.

Ding Dong

"Joder." Protestó ella levantándose del sofá para peinarse con la ayuda de los dedos. "Voy un segundo al baño."

Él gruñó, se levantó del sofá estirando los brazos y cogió la camisa del suelo sonriendo contento de haber tenido esa sesión de besos.

Ding Dong

"Que pesados." Protestó dirigiéndose a la puerta después de ver que la pelirroja se demoraba.

"¡Vaya! No veo que te hayas puesto muy moreno en tu luna de miel." Bromeó Heiji a la vez que se acercaba a su amigo para saludarlo. "¿Es que acaso habéis estado viviendo en la habitación?"

Kudo se sonrojó dándole un golpe al brazo de su amigo. "No seas idiota, hemos pillado una semana un poco nublada, pero ha sido un viaje perfecto."

"No me des los detalles por favor, no quiero saberlos." Contestó Heiji alejándose ligeramente.

"¡No tengo intención de contarte nada!" Protestó el detective de Tokio. "Aunque también podrías bromear menos y ponerte las pilas."

"Lo tengo todo planeado." Se defendió Heiji segundos antes de que un Mustang rojo apareciese delante de ellos.

"Akai, te estábamos esperando." Saludó Kudo ignorando a su amigo para acercarse al coche.

La pareja de detectives subió al Mustang y el piloto arranco volviendo rápidamente a la carretera principal.

"¿A dónde vamos?" Preguntó Kudo.

"¿Os importa que hagamos una parada antes de ir a recoger a Jodie?" Preguntó Akai de vuelta con un tono en el que ninguno de los jóvenes se atrevió a protestar.

Kudo reconoció rápido el apartamento y los tres subieron las escaleras después de que Akai cerrase el coche.

"¿Queréis involucrar a la malhumorada en el caso?" Preguntó Heiji con una sonrisa burlona.

"Que gracia que habéis así, ya que cuando está ella delante, no te atreves a hablar de esa manera." Comentó Kudo parando delante de la puerta. "Deberías repetirlo delante de ella."

Ding dong

Akai tocó el timbre nada más frenar los pies.

"Ni se te ocurra decir nada." Protestó Heiji sintiendo su piel erizarse al recordar la mirada fría de la joven científica. "No quiero acabar envenenado, gracias."

"Entonces no seas un maleducado." Comentó Kudo.

Ding Dong

Akai se sentía impaciente, ni siquiera le importaba la discusión de sus compañeros, solo estaba aquí para poder verla. No había conseguido convencerla para que volviese con Sera y Mary a Inglaterra, así que quería estar pendiente de ella los días que le quedaban en Japón. Por suerte viajaba con frecuencia a esta ciudad, pero estos meses iba a ser más complicado y tenía que pasar unas semanas en America para trabajar con Jodie en otros casos pendientes.

"A lo mejor está durmiendo, deberíamos volver en otro momento." Comentó Heiji con pocas intenciones de molestar a la pelirroja.

"Puede que simplemente no esté." Comentó Kudo sin darle importancia.

Pero Akai no se sentía satisfecho, así que resopló y decidió tocar el timbre una última vez.

Ding Dong.

Heiji y Shinichi se giraron para volver a la escalera, pero Akai seguía firme frente la puerta.

"Podemos pasar a la vuelta si quieres." Comentó Kudo para que su compañero se quedase más tranquilo.

Akai suspiró dándole un último vistazo a la puerta antes de dar media vuelta. Pero esta vez la puerta se abrió.

"Buenos días, FBI."

Sus puños se apretaron y su ceño se frunció con fuerza de un segundo a otro. Le molestaba ver esa maldita sonrisa estúpida que tenía enganchada en la cara, y sus puños se apretaron más al ver que tenía la camisa desabotonada. Pero lo que más le molestó, fue notar sus labios ligeramente hinchados, que delataban la sesión de besos que parecían acabar de interrumpir.

Sus dientes de apretaron y su puño se alzó sin pararse a pensar nada más. Se sentía furioso, no podía soportar que un gusano de seguridad pública intentase aprovecharse de ella.

Shinichi y Heiji intentaron frenarle, pero Akai estaba iracundo y apenas consiguieron acercarse antes de ser apartados de un empujón.

"¡Akai!" Chilló ella sorprendida por la escena. "¡¿Qué cojones estás haciendo?!" Alzó la voz intentando interponerse entre ellos.

"¿De todas las personas de Tokio tienes que acercarte a ella?" Preguntó Akai al rubio sin escuchar las protestas de Shiho.

"¡Suéltalo, joder!" Protestó agarrando su brazo.

El rubio emitió una breve risa que molestó bastante a Akai. "No te enfades, FBI. Tenemos una amistad bastante especial."

Shuichi alzó el puño para volver a golpearle y Furuya saltó sobre él para defenderse esta vez.

Kudo y Heiji hicieron lo posible para separarlos de una vez y Shiho se quedó alucinando con la escena.

"¡¿Podéis parar de una maldita vez?!" Chilló logrando captar la atención de todos. "¡¿Acaso sois unos putos críos?!"

Akai soltó al rubio de mala gana y se limpió la sangre del labio antes de colocarse bien el gorro de lana que siempre llevaba. "¿Es por él, el motivo por el que no has querido volver a Inglaterra?"

"¿Qué estás diciendo? ¿A qué has venido Akai?" Preguntó completamente confundida.

"He hablado con el profesor." Dijo alzando la mirada para clavarla en la de ella.

Shiho se incomodó al momento y Rei se acercó a ella limpiando el hilo de sangre de su ceja.

"¿Ha pasado algo?" Preguntó Shinichi añadiéndose en la conversación. No le gustaba la seriedad en la que encaminaban la conversación y le gustaba menos no saber de que hablaban.

"No ha pasado nada." Contestó Shiho queriendo cerrar la conversación.

Akai resopló. "¿De verdad vas a negarlo?"

"Akai, ya está bien." Dijo intentando frenarle.

Pero él estaba demasiado molesto y la adrenalina todavía no había abandonado sus venas. No podía callarse y dejar esa conversación para otro momento.

"Estás embarazada, Shiho." Confesó provocando que todos se sorprendieran.

"¿Qué?" Preguntó Heiji sintiéndose ajeno a la conversación.

Ella suspiró lentamente sin decir nada.

"¿Vas a quedarte aquí para formar una familia con él?" Preguntó señalando al rubio.

"Da igual lo que haga con mi vida, porque no te incumbe, Shuichi. No tengo que recordártelo." Contestó con un tono bastante serio. "Si quieres tener esta conversación deberías calmarte un poco. ¿Por qué no os marcháis y hablamos en otro momento?"

Ninguno de los tres se atrevió a objetar nada, asintieron con la cabeza y se marcharon uno a uno con la cabeza gacha. Akai quería quedarse y protestar, pero emitió un adiós casi susurrado y no volvió a mirar al rubio.

Rei sonrió al ver lo grande que se hacía para medir poco más de metro y medio. Su mirada imponía, y aunque no se lo fuese a decir en voz alta…eso la hacía muy sexy.

"¿Por qué me miras así?" Preguntó Shiho dándose cuenta al momento que había sonado muy seca. Carraspeó la garganta y se acercó a él descruzando los brazos.

"Deberíamos curar esa ceja, ¿no crees?"

Él asintió siguiéndola hacia el baño, se sentó en el taburete y la observó mientras abría el botiquín. Se veía molesta y tenía el ceño fruncido con fuerza.

"Shiho…"

"Déjalo. Ahora mismo no me apetece hablar, Furuya."

Él entendió, pero después de recibir esos golpes, no le apetecía callarse. "Sé que sigues enamorada de otra persona, pero no estoy aquí por estar. Te dije que te apoyaría."

"Ya lo sé, simplemente no quiero os metáis en peleas." Contestó limpiando la sangre antes de sellar la herida con puntos de plástico. "Hablaré con Akai cuando encuentre un mejor momento."

La noticia ya se había escampado y sabía que todo su alrededor se enteraría más temprano que tarde. Ahora tocaba seguir adelante sin agachar la cabeza.