¿Esto fue rápido? ¡Si! Recuerden que los capítulos son cortitos :D
Capítulo 3
Boa comunicado 3: Los varones de cualquier rango deben de pasar revisiones periódicas urólogas para evaluar la formación interior. No acudir a estos tratamientos será severamente castigado.
—¿Hay alguna noticia de Naruto?
Shikamaru levantó la mirada de su taza de café hacia él mientras se sentaba en la mesa a su lado. Ladeó la cabeza negativamente y él suspiró irritado. Presionó los botones junto a su lado de la mesa y esperó a que una taza de café apareciera frente a él. Antes de echar el azúcar pasó por su mente la noche en que Naruto desapareció y su irritación aumentó.
—Le dije que no saliera.
—Naruto siempre hace lo que le da la gana. A estas alturas, ambos lo sabemos.
Notó que Nara estaba más pálido de lo normal, además de frustrado y preocupado por Naruto.
—¿Ha ocurrido algo durante tu clase, Sasuke? —Le preguntó repentinamente.
Él desvió la mirada del café a su alrededor. Estaban sentados en el centro de la cafetería al igual que se organizaban los dormitorios. Para comidas y demás, el centro te obligaba a acudir a la cafetería. La sala de profesores era en realidad el único lugar donde podías entretenerte para corregir y preparar tus lecciones. Incluso dado el poco uso que se le daba podías reunirte con alumnos sin problemas. Porque el guardia de seguridad no estaba muy por la labor de atender los asuntos a menos que fuera algo muy necesitado.
Por supuesto, tampoco tenías permitido sacar comida del comedor para llevarla a tu habitación. A menos que las necesitaras por necesidades médicas, debías abandonar tu dormitorio para ir en busca de comida a la cafetería. No importaba la hora.
—¿Por qué lo preguntas? —cuestionó deteniendo la mirada en unas alumnas de su clase. Una de ellas llenaba su bandeja a tope y ya masticaba un trozo de pan, claro ejemplo de que; o acababa de terminar o estaba por empezar su celo.
—Comparación —explicó—. La mía ha sido incómoda. Es como si la época de celo estuviera contagiándose a doquier.
—Una de las mías fue atrapada por una red y enviada al suelo —respondió tras meditarlo. Desde luego, eso fue una sorpresa.
—Entiendo —sopesó Shikamaru—. Al menos, parecen querer que se respeten las clases.
—Comprensible. Muchos no terminaran cumpliendo las expectativas y tendrán que encontrar un trabajo después.
—"Conejillos de indias" —murmuró Shikamaru lo suficiente bajo como para que sólo él lo escuchara. Sasuke asintió enseguida y dio un sorbo a su café—. Igual eso ha sucedido con Naruto. ¿Y si se lo han llevado para investigar cómo puede ser de la forma que es?
—¿Idiota?
Shikamaru clavó su oscura mirada en él.
—Hiperactivo sin control del gen —corrigió algo más amable.
—Exacto. Por eso me resultó extraño que lo aceptaran. Luego comprendí que era parte del experimento, sin embargo, no que desapareciera de la noche a la mañana. Al menos, podrían tranquilizar a los profesores de alguna forma. Alguno que otro está en modo alerta y creando un caos. Además, no todos están preparados para ataques como el tuyo.
—Y no será el último —aseguró frotándose el ceño. Se sentía cansado y extraño.
Volvió a mirar a su alrededor y se percató de una de las alumnas. Estaba sentada en una de las mesas junto a la que comía el gran plato y no cesaba de mirarle. Elevó una ceja con ciertas dudas.
—Esto es una guerra de hormonas —siseó.
—Sí —confirmó Shikamaru siguiendo su mirada—. Y no es la única. Las hembras suelen ser más agresivas que los machos, sorprendentemente —rememoró.
—De ciencias tenías que ser.
—Un placer. —Shikamaru se puso en pie y se señaló la muñeca—. Es hora. ¿Seguro que aguantarás con un café?
Sasuke dudó por un momento, pero por alguna razón sentía el estómago completamente cerrado en ese instante. Las hormonas femeninas colapsaban a su alrededor y era como tener a alguien dándote mordiscos en el cuello.
Se pasó una mano por la nuca, incómodo y se levantó.
—Sí. Ya tomaré algo después. —Se detuvo para mirarle en advertencia.
—Te diré algo si averiguo alguna cosa de él, tranquilo —prometió Nara elevando una mano como despedida.
Sasuke dudó por un momento pero se dirigió a sus clases. Podría desaparecer igual que Naruto y convertirse en una cobaya de otra sección. Eso, es lo que le aterraba que pudiera estar sucediéndole a Naruto.
Al fin y al cabo, tanto él como Nara sabían perfectamente que existía otro núcleo secreto. Allá donde se llevaron al profesor que equivocadamente decidió hacer preguntas estúpidas.
Para comprender por qué se llevarían a Naruto debía de recapitular un poco.
El tiempo en que las líneas de concepción estaban marcadas por la unión de elementos concretos, por ejemplo, alfa por alfa, y cuyo resultado podría ser un beta o un alfa puro, cambió tras los diversos experimentos creados para el estudio de la reproducción. Dado que la especie solía evolucionar de diferente forma, descubrieron que también de un alfa y otro alfa podría nacer un omega con un gen inesperado al que llamaron Hiperactivo sin control del gen. Estos sujetos podían tener genes de Alfa y, sin embargo, dar las evaluaciones de un omega.
En el caso de Naruto, era un omega con cierta dosis de alfa. Por eso, su actitud solía ser diferente a ellos y le costaba más agachar la cabeza o percatarse de dónde se había metido. De ahí que fuera con la guardia baja.
La mezcla de genes podía hacer que fueras más confiado. Como cavar tu propia tumba nada más nacer. Además, un omega podía tener los mismos instintos que un alfa, despertando en el celo o cuando se emparejara. Era un caso extraño y que a los científicos enloquecía.
Imaginaba que Naruto era la fantasía en ese momento para ellos. Algo debió de salir mal durante el paseo de Naruto y, sospechaba, al final se lo llevaron por no cumplir las expectativas que tenían en él.
Y era una condenada mierda porque ni Shikamaru ni él podían hacer nada por salvarle.
Especialmente, porque ahora tenían que lidiar con sus propios asuntos y salvar su trasero.
Algo que recordó nada más entrar de nuevo en clase.
Era agradable saber que al menos mantenían un riguroso sistema de protección mientras intentaban meter algo de información en cabezas que sólo podían pensar en cómo follarse al profesor.
No obstante, al parecer, durante las horas de recreo o cambio de clase no iba a ser así. ¿Razón? Su mesa estaba llena de ropa interior femenina.
Se detuvo frente al mueble para observar la ropa con cierto recelo. Si algo había aprendido de alfas adolescentes es que iban a por todas y utilizar perfumes o aromas naturales eran su mejor baza.
Miró al policía junto a la ventana inquisitivo, pero este se hizo completamente el desinteresado.
Optó por lo que mejor sabía hacer: ignorar la situación.
Tomó el puntero con la mano y evitando tocar las telas, la dejó caer al suelo. Automáticamente, el sistema de limpieza se actualizó y se encargó de ellas. Escuchó protestas y gemidos proceder de los asientos, alguna que otra carcajada disimulada y un gruñido de orgullo que fue lo que le descolocó. ¿Acaso una de las hembras estaba orgullosa de su acto?
Intentó percibir quién de ellas era pero el golpe de feromonas fue demasiado para sus instintos y retrocedió. Intentó controlarse lo mejor que pudo y retomó su trabajo.
Al fin y al cabo, no podía dejar de ser un profesor.
Se concentró en eso como un enfoque de salida para no pensar en lo que tenía a sus espaldas. Cuando se concentraban, las alumnas solían ser inteligentes y dispuestas a agradarle con su conocimiento. Y él se lo felicitaba con puntuaciones beneficiosas.
Al finalizar las clases esperaba haber metido suficiente información en su nublada mente como para terminar su primer trabajo.
Antes de que pudiera dar por finalizada la clase un anuncio interrumpió su charla.
Aquellas señoritas que perdieran su ropa interior, les informamos de que han sido destruidas para beneficio de protección. Encárguense de reabastecer vuestro armario de ropa interior antes de la próxima sesión de lavado.
Hubo un grito general vergonzoso al ser expuestas. Sasuke no les hizo mucho caso. Ellas mismas se habían ganado ese anuncio frente a toda la escuela.
—Con esto terminamos —anunció—. Recuerden cumplir las reglas.
Salió antes que ellas y se encargó de esquivar a todo aquel cuerpo femenino con deseos de otra cosa que no fuera nada escolar. Era fácil reconocerlas.
Decidió que cenaría lo suficiente como para no necesitar nada más que agua, que era lo único que sí te permitían tener. Volvió a encontrarse con Shikamaru en la cafetería. Tenía carmín por parte del cuello, así que imaginaba que habían conseguido algo más que unas palabras con él.
—Estoy a salvo —dijo antes de que él emitiera alguna palabra. Sasuke se encogió de hombros desinteresado—. Y tampoco tengo nada sobre Naruto. Igualmente, Sasuke, te presento a Sai, el profesor de arte.
Miró por encima de la mesa hasta dar con el susodicho. Un escalofrío de advertencia llegó por su espalda, pero cuando se volvió, no había más que adolescentes concentradas en encontrar a sus compañeras y profesores caminando hacia las otras mesas centrales.
Sacudió la cabeza y miró de nuevo al otro profesor.
—No es tu primera vez.
—No —afirmó Sai—. Eres perspicaz.
—No estabas en la sala de entrevistas. Simple.
Presionó los botones en la mesa para pedir su cena.
—Sai me estaba contando lo duro que fue su primer año y que al parecer, todo lo que está sucediendo en este momento con nosotros no es nada nuevo. Le he preguntado si se calmaban…
—Y la respuesta ha sido que no —terminó Sai por él.
Lejos de parecer molesto se le veía encantado con la idea. Sasuke agudizó sus sentidos, inquieto, había algo en él que era extraño. Entonces, se percató.
Porque otra de las características de los Hiperactivo sin control del gen era que tenían algo que los caracterizaba de forma diferente al resto de su especie. Así era más fácil para algunos ser detectados. Naruto, por ejemplo, sus ojos. Solían cambiar de vez en cuando, especialmente, cuando se concentraba.
—Eres un His.
Sai esbozó una amplia sonrisa y confirmó. De otro modo podría ser cálida, en él; no. Y ahí estaba su marca. Cambiaba de sentimiento como un camaleón. Lo único, que al contrario que Naruto, parecía haber logrado controlarlo.
—Exacto. Por eso es más fácil para mí escaquearme de ciertas cosas. ¿Las feromonas? No me afectan tanto como a ustedes. ¿El tema sexual? Es fácil: hay permisos especiales.
—No jodas —exclamó Shikamaru bajando la voz y carraspeando.
—Sí —confirmó Sai. Al notar que él los miraba sin comprender, continuó—; puedes ofrecerte como semental una temporada. Eso ayuda a controlar un poco tu estrés sexual cerca del celo, aunque no todos son compatibles con ese tipo de evento, claro está. Hay un alto riesgo de emparejamiento que prefiero evitar.
—Supongo que por eso sigues aquí —dijo. Shikamaru le dio un codazo.
—Tranquilo —tranquilizó Sai impasible—. Es cierto, así que no lo tomo como un insulto. Mi vida pende de cómo evoluciono y lo bien que sirvo a mis benefactores.
Exhaló irritado. Eso confirmaba sus sospechas hacia Naruto. Aunque era injusto ya que él acababa de empezar sus pruebas. ¿Tan fácil fue para él cargarla? Aunque conociéndole, no le extrañaría.
Shikamaru bostezó a su lado poco después.
—Creo que me iré a dormir. Hoy ha sido un día agotador.
Sasuke estuvo de acuerdo con él. Sentía el cuerpo cargado y necesitaba despejar un poco la mente.
—¿Quieres que te espere? —cuestionó Nara consciente de lo peligroso que podría ser ir solo.
Sasuke lo descartó con un movimiento de cabeza antes de meterse una cuchara en la boca. Le gustaba comer en calma y sin prisas y era algo que no pensaba cambiar. Además, para quedarse lleno tampoco necesitaba mucho.
—No tardaré —aseguró.
—Eso mismo dijo Naruto —reprochó Shikamaru poniéndose en pie y marchándose después.
—Se le ve afectado —sopesó Sai—, ¿eran algo más que amigos? No están prohibidas las relaciones entre varones. Así que es igual de interesante para los científicos, ya que esos casos son muy raros de acontecer dado que la gran mayoría de la población en este lugar son hembras. Aunque entre ellas sí sucede más a menudo. Al parecer, a los de arriba les gusta más que dos mujeres… ¿Me estás escuchando?
Elevó una ceja.
—¿Decías?
Sai movió una mano con desinterés.
—Olvídalo. Buenas noches y suerte de camino a casa.
No le dio más importancia y terminó de cenar.
Cuando se sintió más cómodo con su estómago decidió salir en dirección a los dormitorios. Era un paseo más corto de lo que parecía si no atravesabas el jardín. Era algo que descubrió cuando caminaban junto al grupo el primer día. Además, no solía estar tan concurrido.
Sin embargo, al salir a la calle principal hasta la puerta fue cuando se encontró con su primer problema.
Tres chicas esperaban, impacientes, frotándose las manos y cuchicheando entre ellas. Cuando le percibieron —maldito fuera el viento en su contra—, enseguida pusieron sus ojos sobre él.
Corrieron hasta su altura con las manos levantadas y sus faldas oscilando al aire. Sasuke no era ciego, así que se percató de que eran tres de las chicas que habían decidido donar su ropa interior a la basura.
Apretó los dientes y tomó aire antes de que llegaran a su altura, manteniendo la respiración.
—Chicas.
Un guardia apareció antes de que fuera a más. Las chicas le miraron con el ceño fruncido.
—No tienes derecho a interrumpir —advirtieron—. Así que largo.
—Tengo todo el derecho que me da mi placa —aseveró el hombre—. Será mejor que os marchéis si no queréis que hable de vuestro mal comportamiento y error ante un micrófono al aire.
Entonces, las alumnas emitieron un gemido lastimero y se alejaron. Suspiró aliviado.
—Puede continuar, profesor —indicó el guardia haciendo un gesto hacia la puerta del edificio—. Buenas noches.
Confuso por eso decidió que era mejor aceptar esa oportunidad y entrar. Aún estaba asimilándolo cuando entró en el piso y cerró tras él. La puerta de Naruto continuaba abierta y sólo la luz de la luna iluminaba una habitación vacía. La de Shikamaru estaba cerrada por completo y el cartel de no molestar colgaba de la puerta.
La suya, sin embargo, estaba algo entornada.
No le dio demasiada importancia hasta que encendió la luz.
Su cartera cayó al suelo con un estruendo. Su chaqueta resbaló de su brazo al suelo. Su mente maldijo antes de quedarse completamente en blanco. Su respiración se alteró como respuesta.
Mierda, la he olido.
Justo sobre su cama, sentada apoyada con las manos a cada lado de su cadera y levantando sus pies de adelante atrás, con una sonrisa inocente que no encajaba con la feroz de sus ojos, una de sus alumnas.
Sakura Haruno.
Iba a comérselo.
Continuará…
