Capítulo 20

"¿Hay algo que quieras decirme?"

Ross esperaba algunas llamadas ese día. La primera en llegar, temprano por la mañana, fue la de su representante, Dwight Enys.

"¿Sobre qué?" – le respondió haciéndose el desentendido, aunque sabía perfectamente bien a lo que se refería.

"No lo sé, Ross. Tengo las notificaciones encendidas en caso de que se mencione a cualquiera de mis clientes en artículos de Internet. Jamás me habían llegado tantos avisos como esta mañana."

"¿Tanto así?"

"No exagero. Demelza Carne es la actriz del momento. ¿Es verdad?" – preguntó su amigo yendo al grano.

"Por supuesto que no, Dwight." – declaró él cortante.

"No es tan claro como tú crees. Las fotografías son bastante explícitas."

"Están fuera de contexto. Nosotros solo… teníamos el día libre y fuimos con los niños a la playa. Eso es todo."

"Está bien, está bien. Pero, no sería tan malo. ¿Tú y Demelza? Pensé que estaban llevando bien, que habían arreglado las cosas."

"Aclaramos las cosas, sí. Pero no hay nada que arreglar." – Ross suspiró. Ya había desayunado, había pedido que subieran el desayuno para él y para Val a su habitación. Ahora su hijo se estaba bañando, cuando saliera se pondrían en marcha. Bajó el volumen de su voz para decir lo siguiente. – "Solo somos amigos. No hay mucha más gente aquí, por si no lo sabías. Ella…" – Iba a decir, 'ella es genial', pero prefirió guardarse el comentario. En realidad, estaba contento de que fueran amigos de vuelta. Al contrario de lo que había pensado en un principio, Demelza no había cambiado demasiado. Aún era encantadora, valiente y, no lo negaría, hermosa. Sí, tenía más años de experiencia, de vida. Tenía un hijo, y una gran pena en su interior que por un momento había compartido con él ese día en la playa. Y ahora algún maldito los había fotografiado y había vendido las imágenes de un momento íntimo a un periódico para que todo el mundo lo viera. Eso le molestaba de sobremanera, no estaba acostumbrado a esa clase de intromisión. Al contrario de ella, para lo que esto seguro era moneda corriente.

"¿Ella…?" – Dwight preguntó del otro lado de la línea, trayéndolo de vuelta a la realidad.

"Ella es una mega estrella, ¿Qué rayos querría hacer conmigo?"

Bueno, si se le ocurrían algunas cosas que podrían hacer juntos. Besarse, por empezar. Ross movió la cabeza de un lado al otro, todavía maldiciéndose por lo de la otra noche. ¿Y lo que habían hablado hacía tan solo unas horas? Esa insinuación había quedado en el aire. De seguro ahora estaba aplastada por la pila de periódicos en los que mencionaban su supuesta relación. Probablemente era lo mejor. No mentía cuando decía que no veía nada entre ellos. Demelza simplemente estaba a otro nivel.

"Bueno, si eso es lo que piensas… El DailyMail se comunicó conmigo. ¿Quieres que les diga algo en particular? ¿Negarlo todo, decir que son solo amigos? ¿Compañeros de trabajo?"

"Uhmm… no lo sé. No hablé con Demelza todavía, ¿no deberíamos ponernos de acuerdo en que decir?"

"¿Quieres que hable con Ca- con su representante y le pregunte?"

"Sería lo mejor. Caroline está aquí, le daré tu teléfono."

Hubo un silencio por un instante.

"Creo que tengo su teléfono agendado."

"Bien. Te lo agradezco, amigo."

"Seguro. Escucha, hay otra cosa de la que quería hablarte. Ha llegado un guion. Es una película independiente, irlandesa. Creo que puede interesarte."

En ese momento Valentine salía corriendo del baño envuelto en una gran toalla, cruzando a toda velocidad su habitación rumbo a la suya. Tenía que ir a cambiarlo.

"¿Qué papel haría?"

"El protagónico." – Ross levantó las cejas.

"El pago no es nada comparado con lo que recibiste por ir al Caribe, pero no está mal tampoco. Y él papel es tuyo si lo quieres."

"¿Sin audición?" – eso sí que era extraño.

"Sin audición. Te lo enviaré para que lo leas y me digas que te parece."

"¿Qué te parece a ti?"

"Honestamente creo que es lo que has estado esperando todo este tiempo."


El otro llamado lo hizo él, un poco más temprano que de costumbre. Su madre aún no había visto los periódicos. Era de esperarse que no se mantuviera al día con las noticias y los chismes amarillistas en su condición. Pero Grace había sido una mujer lista y perceptiva y siempre parecía saberlo todo. Ese día estaba atenta y de buen humor, aunque algo sorprendida por la llamada de su hijo antes de tiempo. Los hábitos eran buenos para ella, así se lo había dicho la doctora. De esa forma era más fácil recordar. Había aprendido a utilizar el celular, Lucy se aseguraba de que tuviera batería y Valentine le enviaba fotos de la playa al final de cada día.

"¿Con quién dices que estas en pareja?"

"No, mamá. Te digo que no estoy en pareja con nadie."

"Pero eso no es novedad, ¿esa es la noticia? ¿Qué aún sigues soltero?"

Ross suspiró. Tal vez no había sido buena idea molestarla con algo tan insignificante.

"Justamente, no es una noticia. Pero está en los periódicos y sólo quería decirte que lo que dicen no es cierto."

"Oh, pero eso es bueno, ¿no es así? Que salgas en los periódicos. Le pediré a Lucy que me traiga todos en los que apareces. Solía guardar cada artículo sobre ti, aunque no se adónde están. Probablemente en casa."

"Si, mamá. Probablemente. Pero, mira, el punto es que si ves los diarios no debes creer en lo que dicen, ¿está bien?"

"¿Dicen algo malo?" – su madre preguntó preocupada.

"No, no, mamá. Nada malo." – intentó calmarla de inmediato. – "Solo estaba en la playa con mi compañera de reparto y los niños y nos tomaron fotografías. Pero eso que dicen que estamos saliendo, eso no es cierto. Solo quería decirte eso."

"¿Cómo se llama ella?"

"Ella… se llama Demelza. Demelza Carne. ¿Te acuerdas? Era mi compañera en 'Detrás de la Colina'."

"¡Tú esposa!"

"No – no mi esposa."

"La joven que hacía de tu esposa en la serie, por supuesto que me acuerdo. Era muy bonita. ¿Estás trabajando con ella de nuevo?" – Ross se asomó a la puerta de su tráiler. Ya le había contado que estaba trabajando con Demelza otra vez, pero con mucha paciencia y dulzura se lo volvió a contar como si fuera la primera vez.

"Sí. Ella es la protagonista principal de la película. Es una actriz muy famosa ahora."

"¿Sigue siendo tan guapa?"

"Probablemente más." – dijo honestamente.

"¿Está soltera?"

"Mamá…"

"Es solo una pregunta, mi amor."

"Sí. En realidad, es viuda. Su esposo falleció hace unos años. Tiene un niño pequeño que se hizo muy amigo de Valentine."

"Oh, pobrecita. Enviudar tan joven... Debe ser una mujer fuerte. Todas las madres solteras lo son. Tienen que hacer el trabajo de dos padres. Yo fui afortunada de tener a tu padre durante tanto tiempo. Y… ¿ella es tu amiga?"

"Lo es. Ella… es todo lo que dijiste. Es una buena mujer."

"Pues me alegro de que la hayas encontrado." – y antes de que Ross dijera nada agregó: "A tu amiga."

Ross sonrió. Estaba de pie apoyado en el marco de la puerta de su tráiler. Unos pies debajo los asistentes iban de un lado al otro preparando en plató para ese día. Y tanto conocía a Grace que podía imaginarse la pícara expresión en su rostro.

"A mí también."

"Bien. Tu niño me enviado unas fotografías preciosas, se las enseñé a tu amigo Dwight. Vino a visitarme."

"Las grabaciones terminarán en unas semanas y ya volveré a verte, mamá."

"No te preocupes por mí, cariño. Disfruta de tu trabajo, yo estoy bien cuidada aquí."

"Lo sé. Ya tengo que irme. Te llamo mañana. Te quiero, mamá."

"Y yo a ti. Oh, aquí está Lucy. Lucy, necesito que me compres los periódicos…"

Ross movió la cabeza de un lado al otro y volvió a entrar a su tráiler. La tercera llamada no la haría él, seguro llegaría tarde o temprano.


Estaba decidido a hacer caso a Demelza, ella tenía razón. Las cosas no debían volverse incómodas entre ellos. Nada había cambiado entre lo que conversaron la noche anterior y esa mañana. Que sus fotografías estuvieran en la tapa de todos los diarios no era su culpa, ni ellos debían sentirse culpables por nada. No habían hecho nada malo. Incluso si de verdad existiera algo más entre ellos, los dos eran adultos, sin compromisos, tenían derecho a hacer lo que quisieran sin que nadie metiera sus narices. Le molestaba, por supuesto. Ross odiaba a los paparazzis. Sólo el clic de una cámara, un milisegundo y podían inventar toda una historia sobre ello. Aunque, claro, en ciertas ocasiones no se equivocaban, bien lo sabía él. No era justo que se inmiscuyeran de esa forma cuando una persona quería mantener algo en privado. O eso es lo que se había dicho durante años.

"Buen día, Ross." – la maquilladora golpeó la puerta abierta de su tráiler antes de entrar.

"Oh, hola. Pasa." – así comenzó la rutina de todas las mañanas.

"¿Demelza ya llegó?" – preguntó mientras se acomodaba en la silla.

No le pasó desapercibido como lo miró la mujer. Grandioso, si una sola persona lo sabía, significaba que todo el equipo ya estaba enterado.

"Sí, hace un rato."

No dijo más nada, ni él tampoco. No echaría más leña al fuego. Mientras la mujer colocaba productos en su cabello y masajeaba su cabeza, Ross volvió a pensar en la conversación que habían tenido y en lo que había ocurrido. ¿Había entendido ella cuando le dijo que la próxima vez no se sorprendería que quería que lo besara de nuevo? Cerró los ojos. Extrañamente en su mente apareció un recuerdo de hacía años, casi una década. De la primera vez que la había besado. Ella era muy joven, en sus tempranos veinte, él ya había vivido bastante, pero era joven a su manera también. Más joven que su edad, y ella más madura para la suya, así describía el libro a sus personajes. Supo en el momento en que la besó en aquel casting que la serie sería un éxito. Lo supo cuando se separó de ella y vio brillar en sus ojos una dulzura que jamás había visto antes, sintió que él la miraba repleto de ternura también. No se había equivocado entonces. Su error llegó después.

Se había puesto los auriculares. Se suponía que en ese momento de quietud debería estar repasando sus líneas, intentando entrar en personaje, pero lo que había ocurrido trajo esos recuerdos al frente de su mente. Esos días, esas noches. No habían sido muchas, solo algunas semanas. Se habían divertido, sí. Pero había sido más que eso y él había sido un tonto al negarlo. Ella era tan dulce, tan alegre, tan sexy en su juventud. ¿Seguiría siendo así? No, definitivamente la próxima vez no se sorprendería.

"Déjanos." – Escuchó la voz grave de Malcolm aun sobre la música sonando en sus oídos. La maquilladora se sobresaltó y él se enderezó en la silla, quitándose los auriculares.

Grandioso.

De prisa, la mujer juntó todas sus cosas bajo la atenta mirada del director, un momento después los dejó solos. Malcolm McNeil se cruzó de brazos irguiéndose sobre él, Ross seguía sentado. Casi que se lo veía venir por la tensión en su mandíbula, por su postura. De seguro ya había visto las fotos en los portales.

"Estás despedido."

"¿Qué?"

"No voy a tolerar esta clase de comportamiento en mi película." – dijo, mientras él se ponía de pie. Ya había tenido suficiente de ese tipo.

"Tú no puedes despedirme." – espetó. – "No tienes razón para hacerlo."

"No necesito razones, soy el director. Pero sí que las tengo. Este fue tu plan todo el tiempo, ¿no es así? Un pobre diablo como tú, aprovechándose de la popularidad de una estrella para hacerse famoso."

"¡Vete a la mierda!" – exclamó Ross y necesitó de mucho autocontrol para no romperle la nariz ahí mismo.

"No. Tú te irás. Hoy mismo, no continuaré trabajando contigo."

"¿Trabajando? Apenas si te dignas en aparecer por el set. Todo el mundo hace tu trabajo por ti. Eres un farsante."

Fue Malcolm quien inició la pelea. Apuntó su puño a su ojo, pero Ross se agachó justo a tiempo y logró esquivarlo, pero el director se dio vuelta y logró dar un puñetazo en sus costillas, solo entonces él se defendió intentando apartarlo. Sus insultos y gruñidos pronto llamaron la atención de parte del equipo que fueron a separarlos. Pronto el productor y Demelza estaban allí también. Sus miradas se cruzaron por un instante, el camarín estaba todo revuelto.

"¿Qué diablos sucede aquí?" – gritó el productor. A Malcolm lo habían alejado entre dos personas, estaba desquiciado. Fue él primero quien habló.

"No toleraré este comportamiento en mi película." – dijo, apuntándole con un dedo y en frente de todos.

"¿Cuál comportamiento? ¿El venir a agredirme? Estás loco."

"¡Estás despedido!" – continuó Malcolm. Demelza continuaba sin decir nada con la espalda apoyada contra la puerta, pero por como lo miraba le pareció que entendía cuál era el motivo de la pelea.

"¡Ya basta! Vete de aquí, ya iré a hablar contigo. Todo el mundo vuelva a su trabajo. Tenemos una escena que rodar." - intervino el productor.

Uno a uno, todos los que habían entrado en su tráiler y los que estaban del otro lado de la puerta observando lo que ocurría se fueron retirando. Malcolm también, lo escucharon insultar mientras se alejaba. Solo Paul, el productor, él y Demelza quedaron en el tráiler, ella no se había ido con los demás.

"¿Necesitas ver a un doctor?" – preguntó el hombre. Ross lo desestimó con un movimiento de su mano. – "Dime que ocurrió."

Ross miró a Demelza antes de hablar. "Vino aquí, yo estaba con Marian, la maquilladora, le ordenó que se fuera. Luego me dijo que estaba despedido. Yo le pregunté porque, él dijo que tenía sus razones. Yo… puede que le haya dicho que su trabajo como director no estaba a la altura. Él me insultó e intentó agredirme. Yo me defendí… Eso fue todo."

"¿Estás seguro?"

"Seguro… El tipo está loco." – agregó y por la forma que el productor volvió los ojos hacia él se arrepintió al instante.

"¿Mencionó algo acerca del artículo que apareció en el DailyMail esta mañana?"

"Puede que lo haya hecho…"

"El artículo no es cierto." – Fue lo primero que dijo Demelza. – "Solo llevamos a los niños a la playa en nuestro día libre."

"No tienen que darme ningún tipo de explicaciones. No es la primera vez que esto ocurre, créeme. Lo único que lamento es que se haya roto la seguridad otra vez."

"Caroline dice que fue el mismo hombre que entró a mi habitación. Que el sacó las fotografías y las vendió."

"Ya llamé al comisario, aunque no creo que logremos nada con eso. El tipo ya debe estar en el continente ahora, no debieron soltarlo tan pronto. De todas formas, creo que debo ir a hablar con McNeil, esto ha ido muy lejos."

"Entonces, ¿estoy despedido?" – le preguntó antes de que cruzara la puerta. El hombre se detuvo junto a Demelza y la miró antes de volverse hacia él.

"Tenemos casi la mitad de la película filmada. Creo que no es una opción viable ahora. Además, no existen motivos para hacerlo." – y con eso se fue, dejándolos solos.

Ross se recostó en el pequeño sillón que había en su tráiler, le dolía un poco el pecho, adonde Malcolm había dado el primer golpe. Demelza se movió en silencio en el pequeño espacio. Cuando se acercó a él tenía un par de servilletas de papel en la mano, con mucho cuidado las apoyó en su mentón, apenas debajo de sus labios.

"Tienes sangre."

Ross se tocó el labio inferior, efectivamente sus dedos salieron con un par de gotas rojas. No se había dado cuenta.

"Me debo haber mordido." – dijo. Demelza hizo un pequeño gesto, una leve sonrisa. Comprendió que se escuchó algo orgulloso, como que si no quisiera admitir que Malcolm lo había hecho sangrar. – "Gracias."

Ross tomó el papel de su mano y ella se alejó un par de pasos.

"¿Estás bien?"

"Perfectamente. Deberías ver como quedó el otro." – Bromeó. Ella volvió a sonreír.

"Supongo que era de esperarse. Ustedes dos nunca se llevaron bien."

"No por culpa mía."

"Lo sé. No sé qué tiene en tu contra."

Ross sabía muy bien lo que tenía en contra suyo. Al principio fue que él no lo eligió para el papel, segundo lo consideraba un don nadie, por debajo de su nivel. Y ahora estaba celoso de su relación con Demelza, era obvio.

"Es un idiota, hecho y derecho. Au…" – Ross se tomó el pecho cuando intentó ponerse de pie, cuando se movía sentía una punzada. Demelza estuvo a su lado en un abrir y cerrar de ojos.

"No estás bien, Ross. Deberías dejar que te vea el médico." – dijo, colocando su mano sobre la suya.

"No es nada. Estaré bien, te lo prometo."

"Deberías descansar hoy. Hablaré con la producción para que cancelen tus escenas."

"No. No le daré ningún motivo a ese tipo para que siga quejándose de mí."

"Pero…"

"Estoy bien, Demelza." – dijo cortante.

"¡Bien!" – exclamó ella exasperada. – "Podrías tener una costilla rota, pero como tú quieras."

Ross tomó su mano cuando ella quiso quitarla. Se había puesto colorada. Aún tenía algo de color por el sol que había tomado el día de la playa, pero el rubor se intensificó en sus mejillas al enojarse. Tenía puesta una bata blanca sobre la ropa y el pelo sujeto en una redecilla, ella también se estaba preparando para filmar cuando escuchó la pelea.

"No te enojes." – susurró.

"Me preocupo." – respondió ella.

Ross no supo que decir. Hacía tiempo que nadie se preocupaba por él. Él era el que se preocupaba por todos los demás. Tal vez Dwight.

"Supongo que viste las fotos."

Ross dio un apretón a sus dedos y la soltó. – "Y leí el artículo. Son puras patrañas. Dwight me preguntó si quería decir algo, le dije que lo hablara con Caroline. Tú sabes más de estas cosas, pensé que sería lo mejor…"

"Mmm… en mi experiencia lo mejor es nunca decir nada."

"Maldito cretino." – masculló él entre dientes. – "Es probable que haya sido el mismo tipo que entró en tu habitación, ¿no es así?"

"Eso piensa Caroline. Pero cualquiera puede haber sacado fotografías con un teléfono."

"Tendría que haber estado cerca nuestro de haber sido así, las imágenes no eran nítidas, pero si claras, como si fueran sacadas con un teleobjetivo."

"En cualquier caso, Caroline ya está trabajando en ello. Probablemente vaya a perseguirlo, es capaz."

"Señorita Carne, aquí está. Ross, la grabación de hoy se cancela. Sus autos ya los están esperando para volver al hotel." – era la asistente de dirección quien se asomó a la puerta a dar el anuncio.


Fue un día de tensión que todo el equipo pasó disfrutando de la playa o de la pileta. Malcolm se negaba a continuar su trabajo como director a menos que Ross fuera despedido, Caroline le había dejado bien claro al productor que, si despedían a Ross, Demelza se iría también. Era lo que ella había ordenado que dijera. No que el productor tuviera intención de hacerlo, él estaba cansado de los caprichos de Malcolm McNeil también. La filmación llevaba algunos días de retraso y cada uno de ellos era culpa del director. Lo que ocurría era que este tenía un arreglo con el estudio y no era tan fácil deshacerse de él. Pero no había meta que Caroline no lograra conseguir.

"Me deberás agradecer con todo tu corazón cuando recibas tu Globo de Oro. Deberás decir que soy la mejor representante del mundo." – dijo al entrar en su cabaña por la tarde.

Demelza había aprovechado el día para quedarse dentro a jugar con Jeremy.

"¿Qué ocurrió?"

"Malcolm está fuera. Desde el estudio no querían dar el brazo a torcer, les ha traído muchas ganancias con su saga de acción y no quieren perderlo. Y no les importó demasiado que haya agredido a un actor."

"Judas."

"Así que ahí intervine yo. Les dije que Demelza Carne no tolerará que esa clase de comportamiento pase inadvertida. El productor insistía en que no pueden cambiar al actor principal a esta altura o se perderán millones, y yo insistí en que, si Ross se iba, tú también. No te mentiré, por un momento pensé que cancelarían toda la producción y se deshacerían de todo el problema, pero finalmente han aceptado en remover a Malcolm. Le ofrecerán otra cosa, tipos como él nunca terminan perdiendo en este mundo."

"Es lo mejor. Creo que todo el equipo se sentirá aliviado. ¿Ya se lo han dicho?"

"Lo llamarán del estudio, él productor iba a verlo ahora."

"Pobre, no lo va a tomar para nada bien."

Caroline levantó los hombros. – "Ese es su problema… deberías contárselo a Ross, de seguro se sentirá aliviado también. Vi que estaba en la pileta con su hijo."

Demelza asintió. Sí, sabía que estaba en la pileta. Le había enviado un mensaje para avisarle que estaría allí con Val, que si querían ir. Pero luego de lo que había ocurrido, todo el mundo estaría mirándolos. La gente tendía a creer lo que salía en las revistas, aunque luego lo negaran. Por eso se seguían vendiendo tanto. Así que pensó que sería prudente que no los vieran todo el tiempo juntos, aunque Jeremy no dejara de preguntar por su amigo.

"¿Cuándo harán el anuncio?"

"No creo que se demoren. Pero deben buscar un nuevo director primero." – dijo Caroline y Demelza se perdió la forma intrépida de su mirada porque fue recién entonces cuando se le ocurrió.


Paul, el productor, fue primero a hablar con ella antes que anunciarlo al resto del equipo.

"¿Y cómo se lo tomó?" – el hombre puso los ojos en blanco.

"Peor de lo que te imaginas. Amenazó con demandar, pero hablaron con él del Estudio, va a sacar buen provecho de todo esto. Pero no era el adecuado para dirigir esta película, eso está claro. El problema que tenemos nosotros ahora es como seguir. Está todo el equipo aquí, y nos quedamos sin director. En Sony ya están buscando a alguien, pero dudo que encuentren alguno decente dispuesto a subirse a un avión esta misma noche. Creo que tendremos que suspender la producción por unos días, enviarlos a todos a casa hasta que veamos como seguir."

Fue ella quien habló, Caroline estaba sentada en un sillón escuchando atentamente pero no hizo ningún comentario.

"¿Qué tal Ross?" – sugirió ella.

"¿Qué hay con él?"

"¿Por qué no le proponen a Ross que continúe dirigiendo la película?" – Caroline la miró de reojo atentamente.

"No sabía que él dirigía."

"Bueno, hace bastante que no lo hace. Dirigió un capítulo de la serie que protagonizamos, fue el mejor episodio. Y algunos cortos mientras estudiaba."

"No lo sé, Demelza. Con todo respeto, esta es una película con un gran presupuesto y de un estudio importante, no el capítulo de una serie de la BBC." – dijo, para nada convencido de la idea. A Demelza si le dolió un poco su comentario, algunas series de la BBC eran mejores que muchas películas pochocleras.

"Por supuesto, pero él es capaz de hacerlo, estoy segura. Todo director tiene que empezar en algún lado, y él ya tiene algo de experiencia y, más importante aún, está aquí. Conoce el guion, la historia, al equipo. No tendrían que cancelar la filmación y gastar dinero en enviarnos a todos de vuelta a casa y luego volver a traernos." – dijo entusiasmada.

Pero a Paul seguía sin convencerle la idea.

"No lo sé. Mira, hablaré con el estudio esta misma noche, les sugeriré la idea. No soy solo yo quien debe decidir esto, y no puedo garantizar nada, pero se los diré."

"Diles… diles que yo quiero que Ross Poldark sea el director."

"Que tú sugieres que Ross Poldark sea el director." – la corrigió Caroline, era la primera vez que hablaba desde que Paul había llegado.

"Bien. Sabes lo que acabas de hacer, ¿verdad?" – le preguntó apenas Paul cruzó la puerta y volvieron a quedarse solas.

"Solo… trato de conseguirle el trabajo a Ross."

"Y eso está muy bien, pero ahora ellos volverán con una contraoferta. Y dirán que sí, que Ross dirija, siempre y cuando tú te comprometas a hacer otro proyecto con ellos. Pensé que querías tomarte un tiempo sabático…"

Oh, eso no se le había ocurrido.


C: Están completamente enamorados.

D: ¿Estás segura?

C: ¿Necesitas que te enumere las evidencias?

D: Por favor.

C: Veamos… empecemos las fotos en el DailyMail. Esa es la más débil, pero sí pasaron un día juntos en la playa, Demelza lo confesó luego de que se publicaran las imágenes. ¿Por qué no me lo dijo antes?

D: Tal vez porque no era de importancia.

C: Estaba con Jeremy, Dwight, ¡con Jeremy!

D: Entonces no pudo haber sucedido nada.

C: Por supuesto que no sucedió nada, ese es el punto. Pero deja que continúe contándote.

D: Adelante.

C: Cuando llegué ella dormía en su habitación.

D: De nuevo con Jeremy.

C: ¿Cómo lo sabes?

D: Ross me lo dijo.

C: ¿Qué más te dijo?

D: Me dijo que las cosas están bien entre ellos, que son buenos amigos.

C: Pero no amigos cualquiera. ¿O como explicas que ella se haya comprometido a cinco meses de trabajo para una serie de la que ni siquiera ha visto el guion solo para que Ross consiga un trabajo?

D: ¿A qué te refieres?

C: Lo que escuchas. A Ross le ofrecerán dirigir lo que queda de la película.

D: ¡¿Qué?!

C: Será una gran oportunidad. Tendrá que compartir cartel con Malcolm, pero no creo que él quiera llevarse el crédito luego de todo lo que hizo.

D: ¡Pero él no ha dirigido nada en años! Caroline, ¿Cómo la dejaste hacer eso?

C: ¡Yo no tuve nada que ver en esto! Se lo advertí. Le dije que esto sucedería, fue ella quien aceptó el trato. ¿Ves a lo que me refiero? Ella no lo habría hecho si no hubiera algo más entre ellos, ¿no lo crees?

D: No lo sé, Caroline… ¿ya se lo dijeron a él?

C: Todavía no. Están esperando que Malcolm se vaya de la isla para hacerlo. Pensé que te alegrarías…

D: No es la forma que a Ross le gustaría conseguir un trabajo. Creo – creo que ya deberíamos dejar de entrometernos.

C: Yo no he hecho nada, lo juro. De hecho, me iré mañana mismo.

D: ¿A Los Ángeles?

C: Tal vez pueda ir a Londres por un par de días…


Caroline se fue en el mismo avión que Malcolm, como si quisiera asegurarse de que se fuera de verdad. A Demelza la sorprendió su partida, pensó que se quedaría un poco más. Supuso que debería acostumbrarse ahora que no era su única clienta. Estaba feliz por ella, era una profesional increíble y ya era hora de que explotara ese talento con alguien más.

En la Isla había sucedido de todo en su estadía. Así era ella, un huracán pero que, en vez de destruir, arreglaba todo a su paso. Aunque no iba a negar que se sentía algo aliviada de que se haya ido. Mientras su amiga estuvo de visita no había pasado mucho tiempo con Ross. Judas. Todavía no le habían dicho que él sería el nuevo director. ¿Debería decírselo ella? Las grabaciones estaban detenidas y todo el mundo estaba algo nervioso por la incertidumbre. Paul, el productor, los había citado a todos en el restaurante junto a la playa esa noche, ella fue también.

"¡Querida!" – Jenny la llamó sacudiendo su brazo en alto apenas puso un pie dentro. Mientras se acercaba a ella, Demelza paseó su vista por el lugar, pero no lo vio a Ross. – "Te ves espléndida, dulzura. Tienes color en las mejillas, el sol te sienta bien."

"Oh… gracias. Tú te ves increíble también, Jen."

"¡Lo sé! Dime lo que sabes de todo esto, ¿es verdad que al fin echaron a ese director bueno para nada?"

"Bueno, sí." – vaciló ella, no quería contarle todo lo que sabía, supuso que ya lo iban a anunciar. – "Ya se fue de la Isla."

"¿Es cierto que se peleó con Ross? Yo estaba dormida y me lo perdí."

"Discutieron, sí. Y McNeil lo agredió."

"Mmmm…" – la mujer frunció sus carnosos labios. – "Apuesto a que la pelea fue por ti, cariño. No le debe haber gustado que tu relación con Ross se hiciera pública, él también tenía sus ojos puestos en ti."

"Ross y yo no tenemos una relación. Solo somos ami- compañeros de trabajo."

"Oh, que triste. Hacen tan bonita pareja… pero a mí no puedes engañarme." – agregó en voz baja, inclinándose un poco hacia ella y susurrando: "Tú estás perdidamente enamorada de él. No puedes engañarme, soy muy buena en estas cosas."

"No…"

"Tal vez aun no lo sabes. Hmmm… tal vez ahora solo te sientes atraída por él. Él es bueno contigo y con tu pequeño, he visto cómo se comporta cuando está contigo. Como no sabe adónde poner sus manos, como si no quisiera tocarte y a su vez no pudiera quitarte sus manos de encima. Créeme, a él le gustas también. ¡Y él es tan guapo! Si tan solo pudieran hincar mis dientes en él. Ufff…"

Demelza estaba atónita, pero no pudo enviar sonreír. Jenny era directa, pero tan divertida. Era una de las razones por las que sabía la película sería un éxito. Y al parecer, también era muy perceptiva.

"Puedes intentarlo." – dijo ella.

"Lo haría, pero contigo aquí no tengo oportunidad. Además, me estoy divirtiendo lo suficiente, no creas que no. Por eso espero que no nos envíen a casa."

"No te preocupes, no creo que eso suceda." – se había comprometido a cinco meses de trabajo para asegurarse de que eso no sucediera.

"Oh… así que sí sabes algo. Está bien, cariño. Sé que todo es muy confidencial en estos casos. Volvamos a ti y a Ross, mejor. Es más entretenido. Eres joven, Demelza. Deberías divertirte."

"Me divierto."

"Me refiero a sexo, cariño. Las mujeres también lo necesitamos. Necesitamos sentirnos deseadas, amadas, aunque sea solo durante unas horas. A esa clase de diversión me refiero."

Demelza no estaba segura de que estuviera de acuerdo con su concepto de diversión.

"No puedo… tengo un hijo." – le salió decir.

"Tu pequeño no tiene nada que ver con esto. Eres madre, sí, y una muy buena por lo que veo. Pero no por eso dejas de ser una mujer. Y en este momento te sientes atraída por alguien, ¿Por qué contenerse? No tienes que buscar un esposo, solo un momento de diversión. ¡Estamos en el siglo veintidós, por Dios Santo!"

Estamos en el siglo veintiuno, pensó Demelza, pero no la corrigió. Justo entonces, Ross entró en el restaurante. Lo vio inspeccionar el lugar y al verlas se dirigió en su dirección. Sintió que Jenny le dio un codazo, la miraba con una expresión sexy y una ceja levantada cuando la miró de reojo.

"Hola." – dijo Ross al llegar junto a ellas.

"¡Ross, querido!" – Sus labios literalmente emitieron un "Mua, mua" cuando Ross besó sus mejillas. Luego se acercó a ella y dio un ligero beso en su mejilla también. – "Siempre eres tan hermosa vista para los ojos, querido."

"Y tú para los míos." – respondió el automáticamente, haciéndose el galán. Ella tuvo que contenerse para no reír.

"Me iré a buscar a Rhys, o no seré responsable de mis actos."

Ross se ubicó en el lugar que Jenny dejó vacío junto a ella. Ambos la vieron alejarse meneando sus generosas caderas y saludando a quien se cruzaba en su camino. Luego se miraron y ya no pudieron evitar reír.

Paul llegó un momento después a anunciar la partida de Malcolm por diferencias entre su forma de trabajar y lo que pretendía la producción. Si, lo que había sucedido con Ross fue el detonante, pero no era el único motivo, y todos lo sabían muy bien. Les aseguró que estaba muy contento con el trabajo de todos, y que la producción seguiría adelante, aunque todavía no había un nuevo director. Debían de tener paciencia y continuar trabajando duro.

Fue un discurso tranquilizador y motivacional, del que Demelza escuchó la mitad por que en su mente continuaba dando vueltas lo que le había dicho Jenny. Más cuando Ross a su lado rozaba su hombro con el suyo de tanto en tanto. Podía ver su perfil escuchando atento cuando lo miraba de reojo. Hacía un par de días que no estaban solos, y a decir verdad, lo extrañaba un poco. O mucho. O algo en el medio.

Pronto hubo un aplauso apagado e inseguro. Y todos en el equipo comenzaron a hablar entre ellos y a volver hacia el hotel.

"Siento que todo esto es mi culpa." – Ross susurró a su lado.

"No lo es. Él es un idiota, tú siempre lo dijiste."

"Pero no habría sido un idiota si yo no hubiera estado aquí."

"Pues yo prefiero que seas tú quien esté aquí… todos lo prefieren." – agregó. Él curvó sus labios.

Salieron con todos los demás. A pesar de que ya habían pasado varias semanas desde que estaban allí, uno no terminaba de acostumbrarse a ese paisaje, tan espectacular de día como de noche. Algunos miembros del equipo se acercaron a ellos, querían saber si tenían alguna idea de quien sería el nuevo director.

"No tengo la menor idea." – dijo él. – "De seguro será mejor que el último, no puede ser peor." – todos rieron a su alrededor. Ella permaneció en silencio.

Cuando llegaron a la terraza del hotel, muchos se acomodaron en las reposeras junto a la pileta dispuestos a aprovechar cada momento libre que tenían en ese lugar.

"Uhmmm… ¿Quieres quedarte un rato aquí?" – Ross le preguntó.

"Mmm… mejor no." – dijo mirando alrededor. Estaría consciente de su comportamiento con todos mirándolos. Y a Demelza de repente se le antojaba tomar su mano, asegurarle que nada era su culpa. Que no exageraba cuando decía que todos preferían que él se quedara antes que Malcolm. Pero no podría hacerlo allí. – "Creo que volveré a la cabaña."

"Oh… claro. Yo iré a ver a Val también. Ya estaba durmiendo cuando salí."

"Tal vez… ¿tienes sueño? Quiero decir… conseguí una copia de la película. Podemos verla, si tú quieres, claro."

"Por supuesto. Me encantaría. No, no tengo sueño." – luego sonrió con timidez, y ella sintió arder sus mejillas. Judas. Todavía estaban rodeados de gente. Así que se apresuró a decir que iría a buscarla y luego subiría a su habitación.


Jeremy dormía y Rosina miraba una película recostada en el enorme sillón de la sala cuando entró en puntas de pie.

"¿Cómo fue todo? ¿Lo nombraron director a Ross?" – una voz proveniente del sofá preguntó.

"No todavía. Aún no le han dicho nada… Iré a hablar con él ahora." – agregó. La cabeza de Rosina apareció detrás del respaldo del sofá. La miró por un momento y luego sonrió con dulzura.

"Tómate todo el tiempo que quieras."

Sentía el latido de su corazón en las orejas mientras tomaba el camino más largo desde su cabaña al edificio principal del hotel para evitar que sus compañeros la vieran. El eco de la música proveniente de la terraza se escuchaba desde todos lados. Los empleados, gente del lugar y acostumbrados a trabajar con turistas siempre estaban dispuestos a organizar una fiesta a la primera oportunidad. Pero aun con todos distraídos, Demelza se apresuró hacia su habitación.

La puerta se abrió rápido luego de que ella tocara, cómo si Ross hubiese estado esperando del otro lado de la puerta a que ella llegara.

"Val está durmiendo." - fue lo primero que dijo cuando entró en la habitación. Ella miró hacia la puerta que daba a la pieza del niño. Efectivamente, Valentine dormía en medio de la cama con la luz de la lámpara que estaba sobre la mesita de luz encendida.

"Jeremy también. Estuvo preguntando todo el día por él."

"Valentine también. Salió corriendo hacia la cabaña un par de veces mientras estábamos en la pileta, lo alcancé justo a tiempo."

"Deberías haberlo dejado, sabes que no me molesta."

"Pensé que querías pasar un tiempo sola con Jer."

"Pasar tiempo con él. Se divierte más cuando está con Valentine."

"¿Quieres comer algo? Supongo que habrá quedado alguien en la cocina." - le preguntó, señalando en dirección a la ventana y a la música que entraba por ella aun cuando estaba cerrada.

"Son muy rápidos para organizar fiestas. Tal vez algo liviano, una ensalada o algo así. Tengo acceso a la película, pero me tendrás que prestar tu notebook, podemos conectarla a la televisión."

"Sí, no hay problema."

Ross llamó a servicio a la habitación, pero ella no escuchó lo que decía. Luego buscó la notebook de la habitación de Valentine y entrecerró la puerta al salir, ella lo ayudó a conectarla a la tv. Tenía una bonita foto de Valentine de bebé como fondo de pantalla sobre la que no pudo evitar comentar.

"Es de su primer cumpleaños." - dijo él, con una sonrisa orgullosa.

"Se parece mucho a ti."

"El pobre niño. Así que, ¿de qué se trata? La película."

"Sin spoilers, ya verás. ¿No habías visto el tráiler?"

Mientras ella entraba en una página confidencial del estudio, e introducía el usuario y contraseña que le habían dado para poder ver la película, el servicio a la habitación llamó a la puerta. No había ordenado ensalada. Lo que acomodó en la mesa ratona que estaba entre la tv y el sillón fue una hermosa bandeja llena de frutos rojos, quesos, chocolates, galletas y frutas secas. Se le hizo agua la boca apenas la vio.

"Lo siento, pero tengo hambre." - Ella ya estaba comiendo una frutilla cubierta de chocolate antes de que él terminara la frase.

También les habían llevado una botella de champagne rosado y un par de copas. Y Demelza se lo quedó mirando por un buen rato mientras servía la bebida y se acomodaba al otro lado del sillón. Tal vez Jenny tenía razón. No había razón para negarse a sí misma que se sentía atraída por él. Algo que nunca se habría imaginado en todos esos años que volvería a ocurrir.

"¿En qué piensas?"

"Mmmm, ¿cómo?"

Ross sonrió y le dio play a la película.

No conversaron mucho, solo algunos comentarios cuando Ross preguntaba sobre esto o como habían filmado aquello.

Ross estaba completamente absorto en la película. A ella le costaba verse a sí misma en la pantalla, siempre veía los pequeños errores, las cosas que podría haber hecho diferente, mejor. Pero también veía lo increíble que todo lo demás era. Las actuaciones de sus compañeros, los sets, las locaciones. Era su mejor trabajo hasta la fecha, no había dudas de ello.

Y sobre eso hablaron, luego de que Ross se deshiciera en elogios cuando finalizó. Quería contarle, quería decirle todo lo que había vivido mientras filmaba. No había sido fácil. La historia de su personaje era fuerte y desgarrador, y había investigado mucho para prepararse para él.

"¡Wow, Demelza! Es increíble. De verdad, vas a ganar todos los premios de esta temporada." - dijo él un rato más tarde. Ambos se habían inclinado sobre el vacío que quedaba entre ellos. Ross había estirado su brazo, su mano quedando a centímetros de su rostro.

"No me importa todo eso. Aunque si quiero que la directora tenga su reconocimiento, ella fue quien escribió el guion, quien se imaginó cada escena. Es una mujer increíble."

"Tú eres una mujer increíble."

"¡Judas!"

"¿Qué? Lo eres. Todo lo que has logrado, a todo lo que te has repuesto, y lo has hecho tú sola."

Demelza no respondió por un momento. Por un instante el mundo alrededor pareció detenerse. No escuchaba la música entrando por la ventana, ni veía la pantalla que había quedado encendida. Entonces todo lo que veía era a él. A sus ojos y al reflejo de la luz exterior en ellos. Y lo que pensaba era que había sido muy difícil estar sola. No se había dado cuenta que se había inclinado aún más sobre el sofá. Ahora la mano de Ross estaba a su altura. Acarició su cabello primero, tomando un mechón de pelo entre sus dedos en un momento que pareció extenderse una eternidad. Luego sus dedos tocaron ligeramente su mejilla. Tan solo una leve caricia, un ligero contacto que emitía una calidez que se extendió hasta lo más profundo de su ser. Cerró los ojos, si lo que escuchó realmente lo había dicho o había sido producto de su imaginación no lo supo.

"No me sorprenderé."

Su mano pasó de su mejilla a su cabeza a su hombro y luego a su espalda mientras ella se arrastraba sobre el sillón acercándose a él. Se detuvo justo frente a su rostro, mirándolo fijamente. Recorriendo su rostro con sus ojos verdes, hasta que estos se posaron en sus labios.

Su beso fue suave, dulce, tibio. Tan solo sus labios tocándose sin moverse, hasta que hubo un movimiento, un suspiro de alguno de los dos que pareció poner todo en marcha. Con la mano que tenía en su espalda la apretó contra él. Ella lo besó de forma desesperada, arrodillada sobre el sillón y él recostado sobre el apoyabrazos sujetándola contra él, acariciando su espalda sobre sobre la tela de su remera, de la misma forma que ella movía su lengua dentro de la suya.

Dios, hacía años que no besaba a alguien de esa manera. Años desde que nadie lo besaba a él con tanta pasión. Se tuvieron que separar para tomar aire, ella jadeó sobre sus labios como sorprendida, incluso asustada.

"Eres increíblemente rara, Demelza." - susurró él con una sonrisita bailando en sus labios. Y quitó su aprensión con un rápido beso que la hizo sonreír a ella también.

"Somos increíblemente cliché."

"¿Porqué?"

Sus mejillas se volvieron rojas. Levantó una ceja atrevida que decía más que cualquier palabra y él no pudo evitar soltar una carcajada que nació de lo más profundo de su ser. Ella intentó tapar su boca con sus manos.

"Shhh... despertarás a Valentine." - susurró, pero también se echó a reír. Sí que era hermosa.

Ross volvió a besarla. Despacio, delicadamente, y se dejó besar también. Cerró los ojos cuando ella dio pequeños besos en todo su rostro. Sobre sus mejillas, en su frente, en su barbilla, sobre sus párpados. Sus dedos flexionándose sobre su cintura, hasta que sus labios volvieron a su boca y se movieron junto a los suyos de nuevo.

"¿Ross?"

"¿Mmhhh?"

"¿Vamos a tu habitación?"

Demelza lo esperó junto a la puerta mientras él apagaba la tv y le echaba un vistazo a Valentine, que continuaba durmiendo. Cerró la puerta tras ellos y apenas lo hizo Demelza rodeó sus hombros con sus brazos y comenzó a besarlo de nuevo. Sus ojos tan cerrados que tuvo que hacer el esfuerzo de abrirlos. Quería ver, no quería perderse ni un momento de ella.

Ross le quitó la ropa sin prisa, como si estuviera desenvolviendo un regalo. No era la primera vez que se tocaban y se miraban de esa forma, pero se sentía como algo nuevo. Definitivamente algo distinto para ella.

"¿No te arrepentirás de esto mañana?" - susurró junto a su oído mientras ella metía su mano por debajo de su remera blanca para acariciar la piel de su abdomen.

¿Acaso existía un mañana?

Demelza hizo una pausa en la exploración de su pecho para mirarlo. - "¿Porque habría de hacerlo?"

"Porque no soy nadie y tú eres..."

"Solo soy Demelza... a menos que tú no quieras..." - y esa mirada atemorizada volvió a aparecer en sus ojos.

Ross se apresuró a acercarse a ella de nuevo, inclinándose para saborear su cuello, sus manos deslizándose sobre sus pechos. Apretándolos ligeramente, besó su mentón mientras desabrochaba el sostén a su espalda y volvía sus manos a ellos, observando asombrado como cabían perfectamente en sus manos.

"Quiero esto..." - susurró.

Su pulgar y su dedo índice se cerraron sobre su pezón en un suave pellizco. "Tanto. Eres tan hermosa, Demelza." - Ross se enderezó para mirarla fijamente y finalmente la dejó quitarle la remera. - "¿Tienes idea de cuan hermosa eres?"

Ella negó con la cabeza.

Su corazón comenzó a latir con ansiedad. La presión, el deseo por lo que iban a hacer era intensa.

Ross desabotonó sus jeans, distrayéndola de sus pensamientos al quitárselos, y luego la atrajo hacia la cama, guiándola sobre él. Demelza lo observó con atención, trazando la línea de su mandíbula con la yema de un dedo. Sus ojos se cerraron, murmurando algo inentendible. Desde ese punto de vista registró cuánto le gustaba estar con él, particularmente en esa posición donde podía ser testigo de cómo se entregaba al placer de manera tan absoluta.

Los ojos de Ross se abrieron en ese instante y la observó observándolo, un momento silencioso de comprensión que era casi doloroso por motivos demasiado profundos para ese momento. Pero él pasó a lo siguiente. Agachándose, se movió debajo de ella para quitarse los bóxers.

Se sentía como aquel día que estuvieron flotando juntos en el agua, como si hubiera sido algo inevitable. Como si hubiera estado hambriento por esto durante años. Como si ella continuara moviéndose contra él bajo el agua, arqueándose en una ingravidez inútil mientras ambos se balanceaban en las olas del océano profundo. Un hambre que creció en silencio desde que se reencontraron después de tanto tiempo, en el tranquilo roce de sus dedos errantes explorando sus muslos, ocasionalmente presionando una mano firme entre sus piernas y luego deslizándose, provocándola, tocándola con tanta delicadeza de una forma que no recordaba podía sentir. De alguna manera llegó a un frenético pico, gimiendo y presionando sus rodillas en el colchón, atrapándolo entre ellos. Deslizándose sobre su longitud. Sin tomarlo, solo meciéndose sobre él. "Judas, Ross..."

Con los ojos cerrados de nuevo, sonrió ante sus palabras, murmurando un suave "Sí, yo también." mientras sus manos volvían a sus pechos. Demelza levantó su cabeza para verlo, como queriendo capturar esa imagen en una película, grabarla en su memoria a largo plazo: Ross desnudo debajo de ella. La larga línea de su cuello, la punta afilada de su manzana de Adán, la curva masculina de sus clavículas. Tenía un pequeño hematoma en el pecho, seguramente donde Malcolm lo había golpeado, contrastaba con la piel dorada de sus hombros y su pecho. Ella se inclinó para darle un beso en ese lugar.

"Demelza," - susurró abriendo los ojos. - "llévame adentro."

Ross lamió y chupó sus pechos cuando se inclinó sobre él moviendo sus caderas. Sintió que se quedó quieto por una fracción de segundo y ella abrió los ojos que no se había dado cuenta que había cerrado. "¿Quieres que...?" - Comprendió lo que quiso decir por un ademán. - "Me cuido. ¿Tu...?". Y vio la sonrisa en sus ojos.

"¿Por qué sonríes?"

"Sabes por qué." - susurró. - "Siempre me cuido."

No pudo evitarlo. Moviendo sus caderas hacia atrás, se ubicó sobre sus muslos, tomándolo entre sus dedos, sintiendo su peso en su mano. Si no sintiera la gravedad de su propia necesidad, jugaría, provocaría y lo tocaría con los dedos y la lengua, pero estaba impaciente y él también. Volviendo a su lugar arqueó las caderas, sujetándose con las manos hacia adelante y sobre él.

Hacía tanto tiempo que no hacía esto que en el momento en que se hundió en él tuvo que poner su mano sobre su boca gimiente, morderse el labio para no gritar.

Ross presionó su cabeza contra la almohada, el cuello estirado en tensión, y se sintió como si cada parte de su cerebro se encendiera. Su cuerpo se convirtió en una máquina de precisión, trabajando su dura longitud dentro de ella una y otra vez, y ella moviéndose contra él, encontrando el punto exacto en el que se sentía tan bien. Después de encontrar un ritmo juntos, Ross la miró fijamente, con los ojos oscuros, la boca moviéndose, pero sin emitir sonido. Sus labios formaron un silencioso "¿Así?" y ella respondió tan solo a través de una sonrisa. Miraba sus labios mientras se movía, lo veía lamerlos. Lo veía hacer sonidos silenciosos de placer. Lo observaba mientras los movió a los dos hacia atrás con un pequeño gruñido.

La nueva posición significaba que el placer le llegaba de costado, elevándose como un barco desde la oscuridad hasta que estuvo en lo más profundo de ella, subiendo por su columna y llenando su pecho con un grito que atrapó allí, con los labios sellados y la cabeza echada hacia atrás. Por un segundo perdió la noción de lo que estaba haciendo mientras caía; todo lo que podía hacer o sentir era su propio alivio y lo que pareció ser un rayo fulminante que la atravesaba.

Justo cuando Demelza comenzaba a descender, Ross se sentó, casi como si no pudiera soportarlo más, metiendo una mano entre su cabello y buscando su boca. Les dio la vuelta, tomando el control, y ella tuvo un pensamiento que se sintió casi como un alarde, una traición, porque jamás pensó que alguien la podría hacer sentir así. Que él podía hacerla sentir así, otra vez.

Sobre ella, pudo ver su sonrisa. - "Shhh..." - susurró, y luego entendió lo que lo hizo reír. Se estaba derritiendo debajo de él, dejando escapar pequeños grititos rítmicos, olvidando que no estaban solos, que tenían un compañero de cuarto a solo dos paredes de distancia y a todo el equipo de la película debajo de la ventana. Su mano fue con firmeza sobre su boca, y le plantó un beso en la mejilla, reduciendo sus movimientos a pequeños y provocativos círculos de sus caderas. "¿Acaso quieres alertar a todos los paparazzis del planeta?"

Demelza giró su cara hacia su cuello, presionando su boca allí, susurrando una disculpa que no quería decir, una disculpa que él tampoco quería. Y luego, poniéndola prueba, empujó hacia arriba sobre sus manos, mirándola con una advertencia juguetona antes de comenzar a moverse con movimientos largos y duros.

Luego de unos minutos que parecieron eternos e infinitamente cortos, hicieron la transición de frenético a lento. Con él sobre ella, sosteniéndola, su boca abierta contra su cuello, los dos sumergidos en un trance de placer. Haciendo el amor sin un objetivo aparente, solo moviéndose juntos, perdidos en lo mismo. Demelza acariciando la parte de atrás de su cuello, sintiendo su aliento entrecortado sobre su piel. No pudiendo recordar haberse sentido tan conectada con alguien de esa forma antes, compartiendo lo mismo. Ni siquiera con Hugh. Y el recuerdo de su difunto esposo la hizo abrir los ojos que se llenaron de lágrimas casi al instante. ¿Qué pensaría él de esto? Ese no era el momento de pensar en eso. Sacudiendo su cabeza, envolvió sus brazos alrededor de Ross y trató de concentrarse en cada pequeña sensación: en el suave deslizamiento de su pecho sobre el suyo, los suaves sonidos de su respiración contra su cuello, la cálida y suave fricción de sus caderas contra sus muslos, y el grueso arrastre de su cuerpo adentro y afuera, y adentro y más adentro.

Luego, mucho tiempo después, cuando se detuvo sobre ella, todo resbaladizo por el sudor y agotado, se derrumbó a su lado. Todavía había luz y se escuchaba música proveniente de la terraza. Poniéndose de costado, Ross pasó las yemas de los dedos por el nacimiento de su cabello hasta su mandíbula, observándola con ojos adormecidos y satisfechos. Tocando sus costillas, trazando una marca que sus dientes dejaron en su pecho. Deslizando su mano por su estómago, se detuvo suavemente entre mis piernas una vez más.

"¿Estas adolorida?"

"No." - Somnolienta, arrastró su dedo a lo largo de su clavícula. - "Tal vez lo esté mañana".

Ross apartó la mirada de su cara y la bajó hacia donde sus dedos descansan sobre ella. Su pulso febril todavía latía allí. - "No puedo dejar de tocarte".

"Lo sé." - Demelza cerró sus ojos. Sintiendo que estaba viviendo en un mundo distinto al que vivía tan solo hace unas horas. Completamente satisfecha, tal vez podría quedarse allí para siempre. - "Me gusta."

Su dedo recorría su clítoris, dando vueltas lentamente. "¿Te gusta esto?"

Su voz salió lenta y adormilada. - "Sabes que sí."

Lo último que sintió antes de quedarse dormida fue la tibieza de sus labios contra su frente.

Ross se quedó un rato observándola dormir. Había dejado de tocarla y había cubierto su cuerpo desnudo con una sábana. Tenía pecas en sus hombros que podía ver aun en la penumbra, probablemente a raíz de su día en la playa. Los párpados que cubrían sus ojos verdes se movían ligeramente, de seguro estaba soñando. Se acomodó junto a ella. Extrañando sus caricias, aunque aún estuviera húmedo por estar dentro de ella. Tomó una de sus manos y la pasó sobre su pecho, y dormida Demelza acomodó su cabeza sobre su hombro, llenando de algo su corazón que hacía mucho tiempo estaba vacío.