Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de iambeagle, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 5: Restaurante italiano
Antes
Después de que mi corazón regresó a su ritmo normal, el resto del vuelo me la pasé durmiendo y despertando de un sueño incómodo, uno que solamente puede ser logrado por dormir erguido.
No fue hasta que estábamos aterrizando que un fuerte sobresalto me despertó por completo. Alcé la cabeza, un poco avergonzada cuando me di cuenta de que, en algún momento, me había recargado en el hombro de Edward. La vergüenza no duró demasiado, porque también me di cuenta de que él seguía dormido, con el cuerpo inclinado un poco hacia mí y los brazos cruzados sobre su estómago.
Con sus ojos aún cerrados, miré su rostro más tiempo del necesario, más que nada porque podía hacerlo. Estuve momentáneamente fascinada por sus largas y oscuras pestañas, las cuales rozaban sus mejillas. Mi atención fue más abajo, y miré la ligera barba que cubría su barbilla y su afilada mandíbula.
La azafata habló a través del intercomunicador y los ojos de Edward parpadearon para abrirse, obligándome a mirar rápidamente hacia otro lado antes de que fuera descubierta mirándolo.
—¿Llegamos? —preguntó, reprimiendo un bostezo, estirando sus brazos frente a él.
—Sorprendentemente —murmuré, enderezándome, peinando mi cabello con una mano.
Los minutos pasaron mientras los pasajeros recogían sus cosas y salían del avión, el alivio me invadió mientras pisaba el sólido suelo de la terminal.
—Nunca me dijiste por cuánto tiempo estarías en la ciudad —mencionó Edward, caminando junto a mí mientras nos dirigíamos a reclamar nuestro equipaje.
Me contuve de señalar que nunca lo había preguntado, contestando con un:
—Una semana. Mi prima se casará el sábado.
Por la razón que sea, él silbó.
—Eso es emocionante.
—Supongo.
—¿Estás en la boda?
—No. Ella no tendrá damas de honor esta vez —le dije, girando la cabeza en su dirección cuando comenzó a reírse—. ¿Qué es tan gracioso? —pregunté, alejando mi mirada de su sonriente rostro y tratando de enfocarme en no chocar con la gente.
—¿Esta vez, eh? ¿Cuántas veces se ha casado? —preguntó, su hombro rozando con el mío mientras nos acercábamos más para evitar ser arrollados por una persona con prisa.
—Este será su tercer matrimonio —contesté con duda, sin mirar su expresión.
—Guau —murmuró junto a mí.
—Sí, lo sé —coincidí—. ¿Pero qué puedes hacer?
—No lo sé. ¿Hacer que funcione la primera vez? ¿No te cases hasta que estés seguro de que es la persona indicada? —sugirió—. Hay muchas cosas que uno puede hacer para salvar un matrimonio.
—¿La persona indicada? —bufé, sacudiendo la cabeza—. Pareces creer que sabes mucho acerca del matrimonio. ¿Hablas por experiencia personal? —pregunté, mirando hacia su mano izquierda, sabiendo que no encontraría un anillo.
Él señaló hacia la dirección a la que teníamos que ir.
—Seguro. Mis padres. Sus padres. Aro, mi tintorero.
—Bueno, eso tiene sentido. A los tintoreros usualmente les gusta la monogamia —bromeé—. O quizás solamente son afortunados —ofrecí, mirándolo de reojo mientras pensaba en mis propios padres y su horrible divorcio de hacía dos años.
—Quizás —coincidió, sonriendo ligeramente.
Caímos en un cómodo silencio, caminando lado a lado a través del aeropuerto, hasta que estuvimos en una gran multitud, esperando a que nuestro equipaje pasara.
—¿Ves tu maleta? —preguntó después de unos minutos, y estiré mi cuello para ver las maletas, señalando una maleta Samsonite negra.
Él asintió, y se hizo camino entre la gente para tomar mi equipaje. Me moví y lo esperé en las puertas.
—No tenías que hacer eso… —Dejé de hablar mientras él rodaba la maleta hacia mí—. Gracias.
Él se encogió de hombros.
—De nada.
—¿No necesitas tomar la tuya? —cuestioné cuando no hizo ningún movimiento para volver en la dirección de los pasajeros que estaban esperando impacientes por su equipaje.
—No registré nada —dijo simplemente.
—Oh —murmuré, no estaba acostumbrada a este tipo de trato de un extraño. Especialmente no de un extraño con el que no había sido exactamente amigable.
Estiré mi mano, esperando que rodara la maleta hacia mí, cuando sacudió la cabeza en negación, manteniendo su apretado agarre en la maleta.
—No tratarás de robarme mi equipaje, ¿verdad? —cuestioné, porque tenía que hacerlo.
—¿Hablas en serio? —preguntó, su expresión sorprendida se transformó en una sonrisa—. Lo haces.
—¿Y bien? —Hice ruidos con el pie—. Esto es Nueva York. Y estás siendo extremadamente amigable justo en este momento… y eres extremadamente atractivo. ¿Qué se supone que piense?
—¿Crees que soy atractivo? ¿Qué tiene que ver eso conmigo robándome tu maleta?
—No lo sé. Usas tus atractivos para cegar a la gente y luego… y luego te robas su maleta —murmuré, sintiendo mis mejillas arder mientras él se reía con más fuerza.
—Puedo asegurarte que no me robaré tu maleta, Bella. ¿En dónde te estás quedando? —preguntó, y lo seguí mientras salíamos del aeropuerto.
Fruncí el ceño.
—¿Realmente esperas que te diga eso?
Él se rio, arqueando una ceja.
—Cierto. No confías en mí.
—¿Se supone que lo haga? No te conozco —señalé.
—Si fuera a lastimarte de alguna forma, te prometo que ya lo hubiera hecho. Soy demasiado impaciente.
—Sorprendentemente, eso no me hace sentir mejor. Para nada.
—Mira, solo te pregunto dónde te quedarás porque quería ver si te gustaría compartir el taxi.
—Oh.
—Sin malas intenciones. Lo juro —sonrió abiertamente, dejando mi maleta a mi lado mientras caminaba hacia la salida para detenerse en una corta línea que avanzaba con rapidez—. Puedes decir que no. Solo pensé que sería más sensato dividir el costo del taxi que pagar por separado.
Un momento después, entrecerré los ojos mientras un taxi aparcaba junto a él.
—¿En dónde vives? —pregunté, sabiendo que no tendría ni una idea si sería cerca de la casa de Kate.
—En el lado bajo del este —contestó—. ¿En dónde vive tu prima?
Sacando mi teléfono, busqué la dirección que Kate me había mandado por mensaje esa mañana.
—Creo que es en Murray Hill —murmuró, golpeando la parte de atrás del taxi para que el conductor abriera la cajuela—. Depende de ti. Puedo tomar mi propio taxi.
—No. Está bien. Podemos compartir —murmuré, mirando mientras él levantaba mi maleta y la depositaba segura en la cajuela.
—No puedo creer que pensaras que iba a robar tu equipaje —rio, sacudiendo la cabeza mientras abría la puerta, apurándome a entrar. Se deslizó detrás de mí y me acerqué más a la puerta opuesta cuando su muslo se presionó contra el mío.
—Dos paradas —le dijo Edward al conductor, luego me pidió que escribiera la dirección de mi prima en Google Maps en mi teléfono, antes de pasárselo a él—. La primera es en la 38 del Este y Park. La segunda es en Chrystie y Grand.
Miré a la ventana, ya molesta con el lento tráfico. El conductor no le respondió a Edward, pero asumí que lo había escuchado.
—Aquí tienes. —Edward me tocó el hombro y me devolvió el teléfono—. Así que, ¿qué es lo que planeas hacer mientras estás aquí? Además de la boda.
Suspiré, encogiéndome de hombros.
—No lo sé aún.
—Respuesta equivocada —bromeó—. Se supone que digas que saldrás conmigo.
No pude evitar sonreír. Él era malditamente encantador, tenía que concederle eso.
—Oh. Cierto.
Frotando sus manos en sus muslos por encima de los jeans, murmuró:
—¿Por qué tengo el presentimiento de que me dejarás plantado?
—Porque probablemente lo haré. No me malentiendas, el acto que has hecho hasta ahora es bastante convincente.
—¿Qué acto? —cuestionó, manteniendo la sonrisa en su lugar.
—El acto del extraño encantador.
—Déjame comprender esto: primero, piensas que voy a robarte, y ¿ahora piensas que quiero meterme en tus pantalones?
—¿Bueno? ¿No lo quieres? —pregunté con valentía.
Nos miramos por un momento antes de que él soltara una risa y mirara hacia otro lado.
—Bueno, no me opondría si eso pasara. ¿Qué esperas que diga ante eso?
—No espero nada —contesté, cruzando mis brazos.
—De acuerdo. —Movió su pierna y enfocó su atención en la ventana.
Me distraje y saqué el teléfono para avisarle a Kate que estaba en camino a su apartamento, cuando noté un número desconocido en mis mensajes recientes. Era de un área diferente a la de Kate, y el texto, que había sido enviado hacía cinco minutos, decía "hola".
—¿Utilizaste mi teléfono para mandarle un mensaje de texto a alguien? —acusé—. Eso… no es cool.
—¿No es cool? —se rio, estirando la mano en su bolsillo—. Mira —dijo, mostrándome su pantalla, y reconocí mi número.
—Mandaste un mensaje de mi teléfono… al tuyo —señalé.
—Dame algo de crédito. No ibas a darme tu número.
—Eso fue astuto.
—También lo es robar el asiento de alguien antes de abordar el avión —lanzó de vuelta, luciendo complacido consigo mismo.
Nuestra conversación terminó ahí, y el resto del viaje en el taxi se hizo en silencio.
—Yo pago —dijo cuando me estiré por mi cartera una vez que nos estacionamos frente al edificio de Kate.
—Eso es tonto. Puedo pagar mi mitad.
—No tienes que hacerlo —señaló—. Págame saliendo conmigo.
Chasqueé la lengua.
—Quizás.
Mi respuesta obviamente fue lo suficientemente buena, porque salió del taxi y sacó mi maleta, cargándola y dejándola bajo la marquesina.
—Gracias —murmuré, dándole una pequeña sonrisa y estirando mi mano para despedirme de él—. Fue lindo conocerte. Gracias por no robar mi equipaje o asaltarme.
—No hay problema —se rio, apretando mi mano un poco fuerte—. ¿Puedo llamarte? Conozco un lindo restaurante italiano.
—Yo te llamaré. No sé cuándo estaré libre —contesté, alejando mi mano de la suya.
—De acuerdo. Bueno, fue lindo conocerte, Bella —dijo suavemente, girándose y caminando de regreso al taxi.
Caminé hacia el apartamento de Kate, agradecida de que fuera más lindo que su antiguo hogar, que estaba infestado de chinches. No era estúpida, sabía que su último divorcio había ayudado a pagar este lugar.
Dado que había pasado el día viajando, el plan de Kate para la noche era quedarnos aquí, beber vino y ver horrible televisión. Después de que me di una ducha y nos acomodamos, me puse cómoda en su sofá, que era en donde estaría durmiendo durante mi estancia.
Siendo mi primera noche en Nueva York, Kate preguntó múltiples veces si estaba segura de querer quedarme en casa. Le aseguré que estaba bien, y fácilmente nos terminamos una botella de vino antes de las ocho de la noche.
Después de chismear acerca de unos miembros de la familia y hablar sobre su próxima boda, Kate preguntó con amabilidad:
—¿Cómo estuvo el vuelo?
—Pensé que el avión se estrellaría —dije seriamente, causando que ella rodara los ojos—. No estoy bromeando. Fue aterrador. Todos estaban gritando, y creo que mi compañero de asiento también estaba asustado. Sostuvo mi mano.
—¿Un tipo extraño sostuvo tu mano? —cuestionó, entrecerrando los ojos—. Eso es aterrador.
—¿Lo es? —pregunté, tomando un pedazo de queso gouda, llevándolo a mi boca—. No se sintió tan raro. Él me invitó a salir. Quiero decir, me invitó a salir antes de que el avión casi se cayera, pero sí.
—Guau. Eso nunca me pasa a mí —musitó.
—Eso es porque estás comprometida.
—¿Y? Incluso así. Nunca han coqueteado conmigo en un avión —se quejó, tomando el resto de su vino—. ¿Cómo se llama?
Suspiré, un poco molesta, y dije:
—Edward.
—¿Edward? Ese es el nombre menos caliente que he escuchado —bufó, levantándose del sofá, tomando la botella de vino medio vacía que estaba en la barra—. ¿Es lindo?
—Seguro. No es feo.
—¿Le dijiste que sí? —preguntó, rellenando mi copa antes de servir el resto del vino en la suya.
—Algo así. Él fue demasiado lindo. Robé su asiento…
—¡Fue un movimiento muy de perra! —soltó Kate antes de reír—. Tienes que dejar de hacer esa mierda. Alguien va a disparate.
—Si voy a robar el asiento de alguien, qué mejor que sea en un avión, ¿no? Han pasado por seguridad y seguramente no están armados ni son peligrosos.
—Buen punto. Aún es muy de perra. Así que…
—Dudo que realmente nos veamos. Estaré ocupada consintiéndote antes de la boda —bromeé—. Sin embargo, sí tengo su número.
—Deberías dormir con él —soltó, sonriendo abiertamente—. Definitivamente deberías dormir con él.
—¿Por qué? Nunca lo veré otra vez.
—Exactamente. ¡Ese es el punto! —chilló, señalándome.
—No lo sé —murmuré, mirando mi copa de vino—. Es solo que es extraño.
—Nunca has tenido sexo casual, ¿verdad? Vive un poco —se quejó.
—Puedo vivir sin dormir con un extraño.
—No, no puedes —contraatacó, arrojando un pedazo de queso hacia mí—. Necesitas una cita para mi boda, ¿cierto? Invítalo.
—Dudo que un extraño vaya a aceptar ser mi cita para la boda. Sé realista —bufé, sacando la idea de mi mente.
—Puedes solo preguntar. ¿Qué tienes que perder? —cuestionó, y juro que nunca había rodado los ojos tan fuerte en mi vida—. ¿Tienes su número?
—Sí.
—Mándale un mensaje. Invítalo a la cena de ensayo de mañana y ve cómo salen las cosas.
Revolviendo los contenidos en mi copa, me puse de pie y caminé por la sala.
—Estás demente. Él no irá a la jodida cena de ensayo cuando no conoce absolutamente a nadie.
—No sabes eso, y si estás tan preocupada, no le digas que es mi cena de ensayo. Problema resuelto.
—No le voy a mentir —discutí—. Él sostuvo mi mano cuando pensé que íbamos a morir, y cargó mi equipaje en el taxi. No voy a mentirle.
—No estás mintiendo. Simplemente olvidaste mencionarlo.
—Eres terrible —murmuré, caminando hacia donde estaba mi bolso, sacando mi teléfono.
Pasando por mi lista de contactos, comencé a escribir un mensaje, sin molestarme en sobreanalizar lo que estaba haciendo.
Bien. Saldré contigo.
Miré mi teléfono, complacida cuando respondió menos de un minuto después.
Te tomó demasiado tiempo. ¿Qué pasa si cambié de opinión?
¿Lo hiciste?
No. Dije "qué pasa si".
Que gracioso.
¿Estás ebria?
Lo estaba, pero no iba a decirle eso. Era la única razón por la que tenía el coraje suficiente para mandarle un mensaje.
¿Qué? ¿Por qué me preguntarías eso?
Porque es pasada la medianoche.
He estado ocupada. Búscame afuera del Oak Room mañana por la noche. ¿A las 8 p.m. está bien para ti?
¿Oak Room? Elegante. ¿Estás tratando de impresionarme?
No. ¿Estarás ahí o no?
Estaré ahí.
Hola a todas :)
Para estas alturas es obvio que todo eso del regalo fue un fiasco, lol, así que lo más probable es que no vuelva a suceder :/ les adelanto el capítulo, ya que mañana me es imposible publicar.
Gracias a las chicas que dejaron su review:
OnlyRobPatti, Cary, Paola Lightwood, patymdn, Tata XOXO, EmmaBe, kaja0507, sagecristin, indii93, tulgarita, bbluelilas, terewee, Lady Grigori, jupy, krisr0405, florcitacullen, freedom2604, rosy canul, Leah De Call, dana masen cullen, Chayley Costa, liebe estrada y el Guest.
¡Feliz año nuevo y nos leemos pronto! :)
