Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de iambeagle, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 9: Escocés

Antes

Aunque había sido escéptica, logramos sobrevivir la cena de ensayo sin problemas. Todos estaban muy felices y borrachos —de amor, champaña y felicidad— como para preocuparse de que mi cita fuera alguien que conocí en un avión.

Aunque, probablemente también tenía que ver con el hecho de que Edward era increíblemente encantador, increíblemente atractivo y extremadamente agradable.

—Aparentemente engañé al chico para que fuera mi cita —susurré cerca del final de la noche, después de brindis cursis y antes de despedidas de borrachos.

Él sonrió, golpeando sus dedos contra la base de su copa de champaña.

—¿Crees eso?

Quizás solo estaba ebria, pero sí. Realmente pensaba eso.

Inclinándose, él preguntó:

—Así que, ¿se terminó la noche, Bella?

Sus palabras eran bajas y suaves en mi oído, permitiendo que nadie excepto nosotros las escuchara. El secreto de su pregunta y el significado detrás de ellas causaron escalofríos en mi piel.

Quería besarlo. No pude evitarlo. Quería volver a su casa y quería dejarlo que me follara.

—No lo sé. ¿Es así? —lancé de vuelta, pero con menor convicción de la que quería, porque su rodilla se presionó contra mi muslo bajo la mesa, y su brazo se deslizó por encima del respaldo de mi silla.

A pesar de que ya estábamos muy cerca, tuve la abrumadora urgencia de estar más cerca. Y no, esperaba que la noche no se hubiera terminado, pero mantuve mis labios presionados juntos y esperé que mis ojos dijeran lo que mi boca no revelaría.

—¿Ven conmigo afuera mientras espero el taxi? —afirmó más que preguntar, jalando mi mano. Creo que tenía el presentimiento de que lo seguiría, y no estaba segura si estaba molesta por su confianza.

—Seguro. Bien —accedí, dejando que entrelazara sus dedos con los míos.

Nuestras manos se mantuvieron juntas mientras nos despedíamos; mientras se enfrentaba a los ebrios "un gusto en conocerte" de mi familia extendida, y demasiados abrazos por parte de mi tía Charlotte.

—Me divertí —murmuró, removiendo su mano de la mía y deslizándola en el bolsillo de su pantalón una vez que salimos del hotel.

—Yo también —contesté, mirando detrás de él en la calle, pretendiendo buscar un taxi vacío—. Causaste una buena impresión. No es que importe.

Ignoró mi comentario y en su lugar, se encontró con mi mirada, la sostuvo, luego sonrió con lentitud.

—Y, ¿qué harás ahora?

—¿Qué vas a hacer tú? —pregunté, insegura de qué esperaba que dijera. La mirada en sus ojos me dijo lo que necesitaba saber, pero quería escucharlo decirlo.

—Podemos pasar el rato —sugirió, encogiéndose de hombros como si no le importara si continuábamos o no la velada.

Me mordí el interior de la mejilla para no sonreír.

—Sí, podemos.

—¿Te sentirías cómoda si vamos a mi casa?

Asentí, cualquier reserva acerca de si debería o no confiar en él salió por la ventana.

—Sí.

Con mi admisión, el cerró la distancia entre nosotros, elevándose ante mí mientras susurraba:

—¿Puedo besarte? ¿Eso estaría bien?

—Sí —murmuré, manteniendo mis ojos en sus labios mientras él sonreía ampliamente.

—Bien. Vamos —dijo, sin besarme, pero tomando mi mano de nuevo mientras esperábamos que el taxi se estacionara.

Abrió la puerta trasera para dejarme entrar primero, luego se deslizó detrás de mí. Le dijo su dirección al conductor y me quedé mirando su perfil en la oscuridad del taxi, hipnotizada por las sombras que jugaban en su rostro.

—Solo una advertencia, mi casa probablemente es un desastre.

—¿Vives lejos de aquí? —pregunté, forzándolo a que me mirara.

—Nah. Menos de quince minutos —dijo, poniendo su mano en mi rodilla.

—¿Vives con alguien?

—No. Vivo en un estudio, así que no puedo imaginarme con un compañero.

—Eso está bien —murmuré, girándome para ver por la ventana para que no pudiera leer mi expresión. Estaba agradecida de que fuéramos a ser los únicos en su casa. Si esto iba a ser una noche de sexo casual, posiblemente incluso dos noches, no quería lidiar con nadie más, como compañeros ruidosos y chismosos.

Demasiado pronto, el taxi se detuvo frente a un mercado de mariscos y salí hacia la calle, decidiendo mandarle a Kate un mensaje mientras Edward le pagaba al taxista. Miré hacia los letreros de las calles, dejándole saber en dónde estaba, y donde probablemente pasaría la noche.

Edward se aclaró la garganta y murmuró:

—¿Lista?

Deslicé mi teléfono en mi bolso antes de que pudiera leer su respuesta.

—Lista —asentí, siguiéndolo mientras caminaba hacia una puerta sencilla, sacando un juego de llaves para dejarnos entrar.

Subimos los cuatro pisos de escaleras en silencio antes de que él se detuviera frente a una puerta, sonriendo para sí mientras la abría.

—Te dije que era un desastre —murmuró tímidamente, dejándome entrar primero y cerrando la puerta detrás de él—. Así que este es.

—No está tan mal —le aseguré, mirando alrededor del pequeño espacio, que consistía en una larga habitación con pisos de madera y una cocina adjunta.

—El baño está por allá —señaló hacia la única puerta, localizada fuera de la cocina.

Asentí, mirando todo lo que era él. Tenía una cama sin hacer, un escritorio lleno de papeles en donde estaba su Mac, y un librero repleto de libros, algunos de ellos estaban en el suelo.

Dejó su chaqueta sobre el respaldo de la única silla en su escritorio, preguntando amablemente:

—¿Quieres algo de tomar? —Me miró expectante, abriendo uno de los dos gabinetes de la cocina, y sacando una botella de escocés.

—Seguro —murmuré, dejando mi bolso en su escritorio y quitándome los tacones antes de sentarme en su cama.

—¿Qué quieres hacer? —cuestionó, tendiéndome el vaso antes de sentarse junto a mí.

—Deberías besarme —dije atrevidamente.

Lamiendo sus labios, susurró:

—Has estado pensando en eso, ¿no es así?

—Quizás —admití juguetonamente—. Sí.

Nos miramos por un momento antes de que él dejara su vaso en el suelo, luego tomó el mío, depositándolo junto al suyo. Y luego se inclinó sin dudarlo y tomó mi nuca, poniendo sus labios en los míos.

El beso era casto, pero no era lo que quería; no era lo que necesitaba. Así que lo besé de vuelta, más profundamente, sosteniéndome de sus hombros y moviéndome para subirme a su regazo.

—Eres tan... joder —murmuró en mi boca, enredando sus brazos alrededor de mi cintura antes de recargarse contra la cama, llevándome con él.

Nuestros pechos estaban presionados juntos y planté besos por su mandíbula cubierta de barba, por su cuello y en su nuez de Adán. Sus manos se deslizaron por mi espalda, por mi trasero mientras comenzaba a frotarme contra él.

—Mira —dijo a través de los dientes apretados—. No quiero que pienses que espero algo. Es decir, obviamente no me opondría a… lo que sea, pero...

—Detente.

—¿Qué? ¿Por qué?

Me senté, mis muslos aún a cada lado de su cintura, estirándome por detrás y luchando con mi cierre.

—No tienes que decir nada, lo juro. Está bien.

Y con eso, tomé su mano y le pedí ayuda para desabrochar mi vestido, alzando mis brazos cuando lo alzó por encima de mi cabeza.

—Solo me estoy asegurando...

—Está bien. Es decir, usualmente no hago esto, pero está bien —le dije mientras frenéticamente desabrochaba su camisa, preguntándome si me creía. Era la verdad, pero no era como si él supiera eso.

—Bien —contestó, cuidadoso de sus palabras, sus ágiles dedos desabrocharon mi sostén.

—No espero nada tampoco. Solo quiero… esto. Justo ahora.

Casi sonrió, pero se contuvo.

—¿Quieres qué? —preguntó, su voz áspera, lanzando mi sostén al suelo.

—Quiero que me folles —solté, y él se sentó, besándome una vez y otra.

—Qué bien, porque lo haré —dijo entre besos—. Quédate aquí. No te muevas.

Dejando la cama, se quitó la camisa y luchó con el botón de sus pantalones antes de quitárselos por completo. Desapareció en el baño y escuché algunas cosas caer al suelo, una baja maldición salió de sus labios. Y luego estaba caminando de vuelta a la habitación solo en su bóxer, con una sonrisa en el rostro.

—Mírate —susurró, y me acosté mientras él se quitaba el bóxer, subiéndose de nuevo a la cama.

Mis ojos viajaron por su cuerpo antes de que mi mirada se centrara en él, observando mientras él cuidadosamente quitaba mi ropa interior.

Me quedé ahí, con el pecho pesado mientras él llenaba de besos mi cuerpo antes de soportar su peso en sus antebrazos, quedándose encima de mí.

—Hola —susurró, sonriendo mientras su cabello caía en sus ojos. Resistí la urgencia de quitarlo de su frente, porque no era de eso de lo que esto se trataba.

Cuando no dije nada en respuesta —más que nada porque no sabía qué decir— él deslizó una mano entre nosotros, lentamente haciendo círculos en mi clítoris con su pulgar.

—Tendrás que decirme qué es lo que te gusta… —Dejó de hablar, y cerré los ojos mientras él deslizaba un dedo en mí—. Porque quiero hacerte sentir bien.

—Eso —le dije, tomando sus hombros—. Eso se siente bien.

—¿Qué hay de esto? —preguntó, quitando su mano y tomándose a sí mismo, acariciando mi clítoris con la punta de su polla.

—Joder. Sí —jadeé, mis caderas se levantaron ligeramente del colchón—. Si sigues haciendo eso… —Me detuve de decirle que podría venirme solo con eso.

Él dejó salir una baja risa, porque lo sabía. Jodidamente lo sabía.

—¿Eso es algo malo? Quiero que te vengas —susurró, bajando su boca hacia mi pecho, aún provocándome con su polla.

—No aún. Necesitas follarme —jadeé—. Por favor —rogué y rogué, hasta que él se puso el condón, pero no hizo otro movimiento—. ¿Qué estás haciendo? —me quejé.

Él sonrió ligeramente, buscando algo en mi rostro.

—¿Estás segura?

—¿Qué? Sí. ¿Por qué me estás cuestionando? Ya te dije...

Me cortó al besarme, manteniendo sus labios en los míos mientras empujaba lentamente en mí, ganándose un respiro mientras yo perdía el mío.

—Mierda —siseó entre dientes, sus caderas chocando contras las mías y puso sus labios en mi hombro—. Te sientes tan malditamente bien, Bella.

Mientras nuestros cuerpos se movían juntos, comencé a preguntarme si él esperaba que esto pasara. Si me encantó y persiguió, esperando que en algún punto termináramos en su departamento, conmigo —la chica que sabía que solamente estaría aquí por una semana— gritando su nombre. Y luego decidí que no importaba, porque esto era lo que quería: una noche de sexo casual, sin ataduras, con el chico del asiento 15B.

Sus jadeos me sacaron de mis pensamientos, y alenté mis movimientos, diciéndole que quería estar arriba. De alguna manera él se mantuvo dentro de mí mientras nos giraba, un movimiento que me pareció impresionante, pero no comenté nada. Me moví hacia arriba, mientras con una de sus manos acunaba mi rostro. Me deslicé hacia abajo, y él deslizó uno de sus dedos en mi boca.

—Demasiado bueno —gimió, sentándose y poniendo sus manos en mis caderas, moviéndolas por mí.

—Lo sé —gemí, nuestras respiraciones acelerándose. Ambos estábamos al borde, justo ahí y tan cerca, y él tenía razón. Era bueno, casi demasiado bueno.

Y sabía que no se suponía que fuera así; tan en sintonía y cómodo y fácil. Esto no podría ser sexo de una sola noche, porque no podría tener esto solo por una noche. Fue ese repentino pensamiento que me hizo separarme de sus labios, tratando de romper la conexión.

—No se supone que sea así de bueno —murmuré, porque quería que lo supiera. Nos miramos y él dejó salir un tembloroso suspiro mientras enredaba mis brazos alrededor de su cuello para impulsarme.

—Lo sé —dijo esta vez, metiendo su mano entre nuestros cuerpos sudorosos para ayudarme—. Estoy tan cerca. ¿Puedes venirte para mí?

Me concentré en lo que estaba haciendo, la manera en la que se sentía dentro de mí y la sensación de su barba contra mi piel mientras ponía sus labios en mi pecho, mordiendo ligeramente. Y luego comenzó a gemir, sosteniéndome con más fuerza y frotando mi clítoris más rápido mientras lo sentí venirse, tratando de hacerme sentir tan bien cómo él lo estaba haciendo.

Y luego lo hice, sin importarme que su nombre saliera de mis labios mientras caía, duro y rápido, exactamente como lo necesitaba.

Quería un buen polvo, y él me había dado justo eso. Pero luego me besó mientras salía de mí, y traté de culpar por el repentino calor en mi pecho al hecho de que estaba ebria.

Porque me negaba a encariñarme. Me negaba a enamorarme.


No me pueden decir que no les gustó este capítulo y que no valió la pena la espera, lol.

Gracias a las chicas que dejaron sus reviews:

terewee, Paola Lightwood, Noelia, EmmaBe, Tata XOXO, Yoliki, bbluelilas, tulgarita, kaja0507, Gabriela Cullen, Lady Grigori, Chayley Costa, patymdn, daphne vampire cullen, Leah De Call, krisr0405, somas, indii93, freedom2604 y el Guest.

Espero que se animen a dejar el suyo y nos leemos el miércoles :)