Aquí el segundo capítulo. Rectificare que también se tratará acerca de Havoc, no pude evitar escribir sobre él. Emm advertencias, Original character.
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El Agobio de Roy
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Capítulo II
Jean Havoc caminaba por el gran jardín del cuartel general, su rostro a rebosar mientras sonreía y saludaba a sus compañeras femeninas.
Su rehabilitación había sido muy dura pero aún así, valía toda la pena del mundo, porque ahora podía volver a caminar y ser independiente y útil.
Y lo más importante...
—¡Tengo una cita!
Después de tantos años había conseguido el número de teléfono de una chica, esta vez se aseguraría que no fueran seres extraños que atentaran con su vida... Como ella.
—...Solaris
Musitó con una extraña mezcla de congoja, alegría y dolor. El humúnculo Lust había sido tan amable y linda que ahora le parecia era un desperdicio... Sí, porque estaba muerta. Roy había acabado con ella. Tanta belleza no podía ser verdad ¿Cierto?
Suspiró, ahora más que nunca Mustang lo necesitaba y él lo ama. Rápidamente dirigió sus pasos a la oficina general, dónde recibiría ordenes de Mustang o de Hawkeye.
Le parecía extraño que después de tantos años juntos y lo que habían pasado estos dos -Hawkeye y Mustang- siguieran con su frío protocolo. Se seguían tratando con formalismo y profesionalidad a los ojos de terceros. Havoc creía que a puerta cerrada el coronel -Ahora Fürer- y Hawkeye dejaban atrás los formalismos, y quién sabe hasta podían haberlo hecho en la oficina.
Ante este pensamiento Havoc río un poco, no lo creería, Riza era muy estricta y aunque estaba seguro que Mustang podría tener este tipo de pensamientos oscuros, él obedecía a su teniente Hawkeye o si no recibiría un par de balazos de parte de su 'Reina'.
La chica que le había dado su número de teléfono, había estado muy interesada en su trabajo... No, no, no, no podía ser otra Lust. Jean Havoc tropezó al ir sumido en sus cavilaciones, ahora no quería ir a la cita, porque... ¿y si esa chica era...? Tal vez podría no ser un monstruo, sin embargo él tenía contacto directo con el Fürer. Quizás fuera una espía... Una homicida, una terrorista que se autoexplotaría llevandoselo entre las patas, ó entre las bubis... ¡NOOO! Todavía quería disfrutar un poco más de sus piernas regeneradas y de la vida sexual que se había entorpecido.
—"No, no, no Laura es una maestra, ella no tiene nada que ver con el gobierno. Ay no ella es de Aurego y si es..."
El alférez Havoc estaba tan paranoico que se había acabado ya la cajetilla de cigarros -Ahora se encontraba en el baño, más precisamente en el baño del fondo, sentado en el tanque de agua- Se convecía de que no era como su mente traumada le decía que era. Ella vivía ahí por intercambio de trabajo...
—Bien -Sacó el humo de sus pulmones de manera rápida-. Sólo tengo que esperar a que su plazo acabe y ya no volveré a saber nada mas de ella... -Compulsivamente le daba caladas al cigarrillo-. Es lo mejor, no puedo arriesgarme. Cortaré comunicación con ella...
Con la mente aparentemente calmada, salió del baño. Fuera una señorita le habló diciendo que una tal Laura le buscaba. Se dirigió a los teléfonos -Aquellos donde Maes se la pasaba todo el santo día-
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Roy estaba con la cara en el papeleo, literal. Hawkeye había estado muy insistente acerca de que debía firmar solicitudes, aprobaciones, revisar los reportes de campo... Él lo iba a hacer sólo que Hawkeye siempre lo hostigaba desde antes. Quería un pequeño respiro.
Ser el dirigente de un país, no era nada sencillo. Era un trabajo pesado, monótono, y agotador, No físicamente pero lo era. Había veces en las que deseaba salir a las calles y poder utilizar su alquimia... No contra los ciudadanos, ya saben contra alquimistas que estuviesen perturbando la paz. Deseaba acción. Pero desde que Amestris se había vuelto un país donde la alquimia no era utilizada para asuntos bélicos, ya no podía portar sus guantes que eran símbolo de tragedia y destrucción. Además todo estaba tranquilo. Se resignaba a portar de contrabando sus guantes de ignición a solas.
Sí, sí, uno diría que después de haberse quedado ciego y casi morir en el día prometido junto a su teniente, era suficiente. Pero para Roy Mustang no era así. Era un tipo de emociones fuertes después de todo.
Chasquear sus dedos y ver como salía de sus guantes de ignición la chispa para después convertirse en una potente llamarada... oler a quemado tal como la que estaba viendo y oliendo en ese momento.
—¿¡Qué está haciendo!?
Escuchó la voz de Riza alarmada, mientras veía como apurada la mujer arrojaba la tetera sobre el mullido sofá aún lado del escritorio que se incendiaba.
—... -Se había quedado mudo-
Hawkeye suspiró cansada, tal vez debería dejar que su Fürer descansara un poco.
—¿Porqué ha hecho eso? ¿Tan abrumado está?
—... -Roy no sabía que decir, era la primera vez que se perdía de ese modo, pronto comprendió que podría dañar a Riza, o algún subordinado-. Lo siento en verdad, yo... Saldré un momento
Dirigió sus pasos hacia la puerta bajo la serena y seria mirada de su mano derecha.
—Roy... ¿Esto es demaciado para ti?
Roy paró sus pasos como si lo hubiesen apañalado, la voz tan indescriptible de Riza lo hirío.
—Daisitou Roy Mustang, pido permiso para retirarme ahora -Al no haber respuesta Riza dijo-
—Está bien Hawkeye...
La rubia salió de la habitación dejandolo solo. Ahora la había hecho enojar. Que idiota era. Que débil era.
Retiró de sus manos los guantes de ignición, mientras volvía a suspirar.
Ya había pasado por lo pesado, llegar a ser el líder de Amestris, sin embargo era todavía pesado mantenerse en ese lugar. Cuerdo y con sus ojos fijos en los mismos ideales.
Hizo a un lado sus distracciones y se acomodó en el escritorio mientras leía los informes. No iba a caer después de todo lo que tuvo que pasar para ser Fürer, de seguro Maes lo regañaría...
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—El Mayor Armstrong no está por aquí, dijo que vería a su hermana Oliver -Había escuchado a el teniente Brosh que hablaba con otro teniente-. Se veía asustado
Y lo supo, se le iba a armar una bronca como ninguna otra. ¿Alex la iría a ver al norte? Eso le intrigaba, no creería que Olivier estuviese en central... Hahaha claro que no. Su pellejo estaba a salvo por el momento.
Con ese pensamiento fue directo al aseo de los militares, él tenía su propio baño, pero quiera estirar las piernas un poco. En el espejo del baño vio su reflejo... Ahora que se veía detenidamente... No le sentaba para nada bien ese moustache.
—¡Porqué nadie me lo dijo!
Se quejó mientras se peinaba las pedazos de vello sobre sus labios. Escuchó una risita ahogada, y una sien se le marcaba.
—Jean Havoc, creo que sabe que no se permite fumar aquí, salga ahora mismo - Ordenó-
—Daisotou Mustang... Si me permite decirle algo ese bigote no le queda bien -Alegó el rubio mientras intentaba distraer la atención de él, le funcionó-
—¡Ya lo sé!, Hawkeye dijo que me daba mas seriedad y porte... No es verdad -Dijo eso ultimo en voz baja-
—Y usted creyendole... ¿Porqué no se lo afeita?
Salió del baño mientras acomodaba sus ropas y discretamente trataba de dispersar el humo con las manos. Havoc no podia dejer de fumar a escondidillas en el baño. Había vuelto al baño después de terminada su llamada "El último y ya" se había dicho. Ahora los nervios habían desaparecido, seguro de que esa adorable pero salvaje mujer, no podía ser todo lo que su mente había imaginado. Porque la muy descarada le había dicho por teléfono las cosas que estaba ansiosa por hacerle... A él le pareció genial, luego de algunos pequeños interrogatorios fríamente hechos a la mujer. En los cuales podría delatarse, para su gran victoria la chica era un tanto despistada. Vio a Roy que seguía mirandose.
—No quiero hacerla enojar más si me lo quito -Musitó-
—¿Hacerla enojar más?... -Havoc llevó su mano a su barbilla, en un aire pensante-. Pues si ya está enojada, ¿Qué más da?
—...
Fue su magnifica resolución, Roy se volvió hacia él con el gesto serio, Havoc no sabía qué más decir a su Fürer, estaba por inventar un buen alago cuando Roy impestivamente habló.
—¡Es cierto!, ayudeme con esto Havoc
Así paso parte de la mañana arreglando la imagen de su amigo y Fürer Roy Mustang.
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—Hawkeye...
—¿Qué sucede...? -Observó con sorpresa que Roy lucía impolputamente su rostro, sin rastros de bigotes y pulcramente vestido, peinado hacia atrás formalmente -. Hoy no hay ninguna exposición pública señor...
—Espero no le moleste mi nueva imagen, sí lo sé. -afirmó refiriéndose a lo que le había dicho Hawkeye, dándole una sonrisa de catálogo-
—Oh... No tendría porque importarme, le da más sobriedad
Dijo sin más, Roy sentía que perdía. A veces era tan cruel...
Lo dejó pasar. De nueva cuenta se acomodó en su escritorio a revisar los informes, peticiones, reportes etc.
Por fin había acabado todo el papeleo del día, se encontraba solo en su gran oficina. Sus chicos habían salido ya, incluso Hawkeye se había ido temprano, tal vez estaba muy enojada y no quiera verlo, otras veces ella se quedaba hasta tarde junto a él. Mmm bueno ya se le pasaría el enojo. La próxima vez se aseguraría de darle todos los pares de guantes de ignición a Riza para que los custodiara y no volviera a suceder algo parecido.
Como el alquimista de la flama, no necesitaba guardaespaldas -Aparte de eso se encargaba Hawkeye- se podía cuidar solo.
Se estiró en su silla con pereza... Parpadeó unas cuantas veces.
una mirada decidida y seria mientras miraba a la nada... Recordando todo su esfuerzo y a los caídos durante su progreso... A Maes Hughes. Gracia y Elisa estaban bien, él se había encargado que no les faltara nada. Habia estado ahí para lo que hiciese falta. Elisa ya no era una niña pequeña... Los años habían pasado. Cuando se miraba al espejo podía ver que su rostro comenzaba a envejecer. No es que fuera un vanidoso... Ay bueno para que mentir, sí lo era. Sin embargo algo faltaba en su vida, un hijo... No, él no era de esos, de aquellos que se sienten plenos cuando han formado una familia propia, tal como Maes.
Sus ideales eran terriblemente firmes, no le daría tiempo para atender su propia vida si es que quería hacer todo lo que tenía en su lista mental -Y escrita- de cosas por mejorar a Amestris.
La tenía a ella, a su reina. Tenía a sus preciados subordinados juntos otra vez. No debería pedir más ¿Cierto? Aunque estaba seguro que Hawkeye estaría más que encantada de darle un hijo. No era lo que él deseaba. Por un lado tener descendencia estaba bien, le parecía bien. Ya que cada vez que veía sonreír a Elisa podía ver un pedazo de aquel individuo de ojos verdes y barba, sonreír. Esa sonrisa amiga y amorosa. Nunca pensó que lo extrañaría tanto, y tampoco nunca pensó que aún después de tantos años deseara escuchar su irritante voz una vez más, sus abrazos que nunca correspondía de Hughes... Las llamadas que recibía de él, parloteando únicamente sobre cuán maravillosas y hermosas eran sus chicas -Llamadas las cuales no atendía si eran de Hughes- recordó las veces que le colgaba el teléfono y Maes obstinado volvía una y otra vez a marcar hasta que Roy no contestaba... Con una sonrisa melancólica recordó cuando irritado por su fastidioso amigo había dejado el teléfono sobre el escritorio con Maes en la línea, hablandole a la madera y no a Roy como creía, hasta que Hawkeye le reprendió y obligó a hablar con él.
Sus consejos cuando se ponía serio y dejaba de ser aquel ser que desbordaba calidez fraternal y cariño casi a cualquiera - o si no es que a todo mundo-
Cerró sus ojos despacio, volviendo a él el recuerdo de cuando jóvenes habían salido a beber unos tragos, antes de la guerra de Ishibal.
Flash back
—Oi Roy, ¿Qué tal esa chica peliroja?
El aludido dirigió su vista hacia la mencionada, con Hughes a su costado, bebiendo de su vaso de licor.
—No creo... -Respondió con su usual porte serio-
—Mmmm Pero qué exigente...
—No es eso -Suspiró hondo, cuando lo escuchó murmurar-. No creo que sea bueno mantener una relación sabiendo de antemano que, podemos o no regresar...
—... Quizá tengas razón -Después de un rato habló-. Pero, yo ya lo he hecho Jejeje -Río bobaliconamente-
Roy sin ser conciente, no había quitado su vista de la fémina de cabellera pasión, quién coqueta con ese vestido -Aparentemente inocente- resaltaba sus curvas cuando se movía de la puerta de entrada hacia el interior, aparentemente buscando a alguien. Era guapa sin duda, de cabello corto a la mitad del cuello y liso. Roy bajó su vista hasta los pies de la chica, deleitandose con sus pequeños y femeninos pies, presos en unas sandalias donde la larga correa se enredaba en sus tobillos celosamente. Se había acercado hasta la barra, captando todas las miradas masculinas. Tal vez por eso Roy se sintió sin remordimiento alguno, siendo parte de la masa de ojos que la seguían.
—Dios, Roy deja de mirarla así. Pareces un degenerado
La chica delicadamente sacaba de entre sus bolsas una tarjeta que le tendía al barman, sin que se lo esperara la muchacha volteó hacia donde los amigos estaban.
—No estoy viendo a nadie -Gruñó entre dientes, desviando su mirada de la chica-. ¿Y a quién le llamas degenerado?
—Aja...
—¿Qué?
—Nada Mustang, -Río malévolo-. No imaginé que te gustaran... -Calló abruptamente-
—¿Señor Mustang? -Escuchó decir a su espalda, una voz gentil-
—Soy yo -Dijo al momento de voltear-
Maes ladeó un poco la cabeza, después de un rato en que Roy se quedó en silencio, siendo escrutado por unos ojos azul claro, tan hipnotizantes que Hughes en verdad creyó que Roy se había perdido en ellos.
—Valerie... -Se había cortado su hermoso cabello rojo-
—Roy -Una radiante sonrisa, que enamoraría a cualquiera-. Ha pasado mucho tiempo, Madam Cristmas me dijo que podría encontrarte aquí
—*Carraspeó Maes* Toma asiento porfavor, no te quedes parada -La amabilidad de Maes la sonrojó. Maes al ver que Roy no articulaba palabra decidió hablar-. Veo que se conocen...
—... Sí, Roy y yo...
—Valerie, ¿Cómo estás? -La cortó Mustang, rápidamente, con una pregunta "Amable"-
—Bien, yo quería hablar contigo. Sé que iras a la guerra civil de Ishibal...
Roy de pronto se tensó.
—Está bien
Maes de pronto se sentía que sobraba, y aunque él tenía ya una novia, no podía evitar sentirse un poco atraído por esa mujer que al parecer tenía el poder de hacer que Roy Mustang se incomodara. Quiso aligerar la tensión.
—Yo soy Maes Hughes, amigo de Roy -Con una sonrisa le tendió una mano que la mujer no tardó en estrechar alegre-. Es como dice la tía, puedes encontrar a aquí a Roy casi a diario y...
—No lo digas como si fuera un ebrio -Renegó Roy-
—¿Qué dijiste? Aquí no se puede decir eso Roy, estás rodeado de teporochos -Cuchicheó en voz baja el ojiverde, advirtiendo las miradas de pistola que les echaban los demás en el establecimiento. Aunque en realidad es que estaban celosos de que una preciosidad, hablara con ese par de odiosos militares-
—Maes...
—Jehehe -Río con gracia la chica-. Señor Hughes usted es muy gracioso, no creo que les importe mucho
—Maes, dime Maes. ¿Puedo llamarte yo Valerie?
—oh por supuesto, Maes
—*sonreía con su encantadora sonrisa* ¿Tu porqué me ves así, Roy? No es de un caballero dejar que una dama se aburra
—Eso es verdad -Apoyó con una risita la chica-
Roy veía con mala cara a Maes. Lo veía como un falso, un golfo mujeriego. Claramente le estaba coqueteando a su chica... Ehh no, no, no a su amiga según Roy, no es que se sintiera desplazado por las encantadoras maneras de su mejor amigo hacia con la fémina, no claro que no. Era que el hecho de que Maes ya tenía chica, osea, ¿A qué jugaba ese sinvergüenza? Según lo que Maes le había dicho, su chica se llamaba Gracia y estaba locamente enamorado de ella... Claro todos eran iguales incluso Maes, pensaba el morocho llamado Roy. Todo aquel amor que le profesaba lo ponía en duda al -Según Roy- Maes tratarla con excesa amabilidad, fácilmente malinterpretada.
—¿Amigos de la infancia?... Roy es un aburrido seguro que te aburrías muy seguido a su lado
—Hahaha -La chica reía-
—Roy puede ser un amargado cara larga, pero es un gran tipo... Además Hahaha yo no creía que ese sujeto fuese popular con las mujeres, no sé que le ven... -Maes parloteaba sin cesar, bebiendo y bebiendo-. Roy es guapo sin duda... Y la otra vez...
Roy se sonrojó de vergüenza, más al escucharla reír y verla asentir con la cabeza. Ese maldito Maes... Jeje ya le contaría a Gracia lo que su novio hacía, claro cuando la conociera si es que ella no le descubría alguna infedelidad antes y botara a su fastidioso amigo. Aunque tal vez sólo era muy amable y gentil Maes.
—Roy sabe escuchar muy bien a una mujer -Dijo sonrojada la mujer-. Me alegra mucho que tenga un amigo como usted Maes.
Las sinceras palabras de la mujer pararon el monólogo de Maes sobre la vida amorosa de Mustang. Sus palabras parecían dichas casi como una madre, una hermana mayor, una amiga que se había quedado atrás, tristemente olvidada. Maes pudo ver en los preciosos e inusuales ojos -Por ser un color azul muy claro- de la fémina, un cariño muy profundo por Roy. Preocupación y amistad. Veía el rostro de Roy teñirse de carmín mientras bebía de su vaso, la chica no había pedido nada a pesar de las invitaciones de los varones.
Maes desde ese momento le había estado hostigando a Mustang sobre qué tipo de relación era la que tenía con ella. Pero siempre se negaba a contarle. No eran amantes... Aunque si la chica conocía a Madam Cristmas entonces ella podría ser una de sus chicas. Las especulaciones de Maes quedarían olvidadas con el paso del tiempo. Tiempo después de la guerra Roy le informaría a Maes que aquella chica había muerto, por causas naturales según Roy. Maes prefirió no indagar más sobre el tema, Hughes de manera silenciosa -lo más que pudo- reconfortó a su amigo, quien mudamente le guardaba un luto doloroso. Roy nunca fue sentimentalista y tampoco descargaba sus emociones como lo harían otros, como lo haría Maes.
La guerra civil de Ishibal lo dañaría tanto que cualquier atisbo de debilidad en Roy, quedaría reprimida, más no olvidada.
Fin flash back
Basta ya de sentimentalismo, se dijo mentalmente el hombre sentado en el escritorio. Había cosas importantes de las cuales debía ocuparse.
Volvió a sentarse en la silla del escritorio y con sus codos apoyados sobre la madera de caoba, llevó sus manos a su barbilla, entrelazadas con un aire calculador, frívolo el cual siempre le había caracterizado a Roy Mustang. Internamente estaba cansado, por medio de la alquimia él lograba disipar todas sus tensiones, la alquimia de fuego había sido fundamental para mantenerse cuerdo e ilógicamente le iba a llevar a la demencia pura. Ahora ya no había cómo desquitar tensiones, frustraciones...
Su mente trabajaba en una manera de aliviarse, de sanarse, de sentir el éxtasis de una manera distinta... Al menos escuchar a Maes sobre la vida feliz que llevaba le distraía de la pesadez de su trabajo. ¿Ahora a quién escucharía? ¿A quién ignoraría? ¿A quién haría enojar? Riza podría cansarse de él más tarde que temprano, pero...
Lamentaba el no haberle contado a Maes quién fue esa chica, incluso Hawkeye no sabía de su existencia. Seguía siendo un hombre muy reservado. Lamentaba no hacerle dicho que aquella chica había sido su primer amor, su primera vez con ella que había resultado ser una experta en las artes amatorias. Y tampoco le dijo que aquella vez habían compartido lecho nuevamente... Ella había tomado su estrés convirtiéndolo en placer sexual.
Tal vez podría hacer lo mismo pero ella ya no estaba. ¿Hawkeye? No, ella era algo especial. Entonces pensó en Olivier y río en una risotada.
Ahora que pensaba, ni siquiera esa broma había sido premeditada. Jugar y cocorear a esa mujer ciertamente le enchinaba la piel. Esa mujer que podría asesinarlo sin titubear, sin remordimientos... Oh no.
El peligro de ojos zafiros le atraía como las abejas a la miel, o las moscas al estiercol. Como sea el agobio podría llevarlo a cometer muchos errores, errores para con el pueblo. Tal vez lo que planeaba era algo que nadie en su sano juicio haría, más sin embargo correría el riesgo.
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Momentos más tarde, el toqueteo a la puerta lo despertó -Sí, se había dormido sobre el escritorio, borrando cualquier rastro del presuntuoso alquimista de la llama, tenía una cara somnolienta y con restos de baba por la esquina de la boca- se tomó su tiempo antes de abrir.
Cuando Breda regresó por unos papeles que había olvidado, notó muy extraño a su Fürer. Tenía la camisa desarreglada, el cabello igual y estaba en general desalineado, cuando le abrió la puerta de su despacho -Pues ahí estaban los papeles- había tardado en abrir y contestar.
Se había limitado a tomar los papeles, inquiriendo sutilmente con la mirada a Roy. Lucía como si hubiese sufrido un ataque, una pelea... Un revolcón. Sonrió jocoso, pero no había rastros de Hawkeye por ahí, además él la había acompañado al tren cuando salieron.
Así que talvez sólo estaba muy cansado, abrumado por tanto papeleo, desde aquel día ya nunca mas volvió a usar su alquimia, demaciado tiempo.
—¿Se encuentra bien, señor?
—Perfectamente
Breda miró el sillón cubierto de una sabana blanca -Aún no lo retiraban- Hawkeye le había dicho que Roy estaba distraído y que talvez era demaciado para él. Para Breda, Roy Mustang era muy capaz, tan sólo era parte del camino, tenía que caerse en algún momento y después se volvería a levantar e intentar otra vez, así era su antiguo coronel. Le sorprendió que Hawkeye pensara así, estaba dudando. Entonces se dio cuenta que todo esto, el que Roy llegase a ser el dirigente de Amestris, los tenía a todos muy sin dudarlo felices, pero agobiados también, presiones del trabajo y no cualquier trabajo cabe aclarar.
Incluso Roy Mustang tiene su punto de quiebre.
—Breda, ¿Está libre esta noche? -Preguntó luego de un rato-
—ahh, Havoc y yo quedamos en un bar, pero si...
—Perfecto, iré con ustedes
—... -Roy se había invitado solo, río un poco, le Parecía una excelente idea, ellos aman a su -Antes- coronel-. Bien, en punto de las nueve
Roy asintió con seriedad, no era el tipo de hombre que tomaba para lavar sus penas, o algo así. Sin embargo necesitaba salir de ese edificio militar y aclarar sus ideas, y con quienes mejor que sus subordinados.
Breda escrutó la mirada de repente melancólica de Mustang, estaba seguro que pensaba en su mejor amigo el general de brigada Maes Hughes.
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—Esta ronda va por mí
Anunció muy feliz Jean, mientras sentados los tres en una mesa, pedían sus tragos. El bar era una especie de cantina que no discriminaba entre la plebe y la gente de poder. Varias mujeres alegraban la vista con sus atractivas formas y encantadoras sonrisas. Con los estrechos pero elegantes vestidos. El establecimiento no estaba a rebosar de clientela, pero los que se encontraban contaban como clientes frecuentes. Una mesera de muy buen ver les llevó sus tragos y unos cuantos aperitivos a la voz de "La casa paga " con el contoneo de caderas se despidió de los tres varones. Ninguno ahí, sabía de la identidad de los hombres, recordaban a su Fürer como un hombre de bigote y apariencia severa. Nada que ver con los sujetos desalineados y demacrados que estaban ahí. Últimamente el papeleo era una cosa seria.
—¿Creen que esto es mucho para mí?
Se quedaron mudos ante la abruta pregunta de Roy, se miraban entre sí intentando decir algo.
—...Es normal -Dijo Breda al fin-. Es sólo un pequeño tope -Roy lo miro con seriedad, se aclaró la garganta y continuó- sí, ehh tan sólo tiene que retroceder un poco para poder avanzar y pasarlo...
—Yo creo que, esto no es nada -Mencionó Havoc pensativo-
—... Lo entiendo
—Amestris no se ha visto en un estado trágico desde que Grumman tomó el poder, las cosas aquí han sido... Amenas, quiero decir que Roy aún no has estado bajo una presión verdadera
—Havoc tiene razón, esto no es nada, usted tiene que prepararse para lo bueno
Roy observaba los gestos solemnes de sus amigos-subordinados. Entonces río en una gran carcajada, mostrando su perfecta dentadura. Lo que sentía y agobiaba no era nada.
—Es cierto, las cosas pueden cambiar en un santiamén -Dijo con una sonrisa amarga-. Alguno de los países colindantes a Amestris puede intentar invadirnos... Entonces tendré que decidir
—o posibles revueltas dentro del estado -Apoyo Breda a lo que decía Mustang-. Hemos hecho las cosas según el pueblo estaría satisfecho, pero uno nunca sabe -agregó eso último de manera misteriosa-
—... ¿Saben...? Me gustaría formar una familia... Bueno no justo ahora pero en un futuro tal vez -dijo Jean un poco apenado, viendo su vaso de licor, aligerando un poco el ambiente tenso-
—¿Una familia?... Algo porqué sobrevivir y continuar viviendo, lo que hizo Maes... -Susurró Mustang, casi para sí mismo que para ellos-. Muy bien, basta de tonterías
Breda y Jean lo miraban en silencio, viendo como se levantaba de nuevo el gran Roy Mustang. Sentían un poco de pena, Roy aún extrañaba a Hughes, con mudas acciones lo decía. Aparentaba esa frialdad ante los demás que uno fácilmente habría dicho que Roy ya lo había superado... Pero no era así, le hacía falta ese latoso y meloso general de brigada Hughes.
La noche continuó cuando Roy pagó la próxima ronda y cuando Havoc comentó que salía con una chica, después de largos y tediosos años -De los cuales algunas chicas se sentían atraidas por su superior, claro en aquellos años- ahora Havoc sólo esperaba que su nueva conquista y su superior no se vieran las caras... ¡No quería que se la bajara otra vez!
—y ¿Cómo se llama?
—Laura Handel -Suspiró enamorado el rubio-
—y ¿Cómo es? -Preguntó otra vez Breda-
Havoc se mostró receloso a describir a su hermosa conquista, pero de todos modos lo hizo.
—Es una mujer con ojos, boca, nariz, cabellos, piernas y brazos...
—¡Vaya! ¿Qué otro tipo de mujer existe?... A menos que... -Soltó en un tono irrisorio el pelirojo, Roy reía-
—¡Ya vale!... Pero no se vale quitarmela ehh -Dijo viendo a Mustang quién no se inmutó-. Es una mujer muy dulce, cabello corto cobrizo, dueña de una exquisita voz que cuando me llama parece exceder el amor y cuando...
—¿Está hablando de su madre Havoc?, ciertamente la señora Havoc es muy amable y dulce... -Le interrumpio Roy, recordando a la madre de Havoc-
—¡No es mi madre! Hablo de Laura la exuberante Laura -Dijo desesperado-
—Ohhh de grandes pechos -Atinó a decir Breda-. Ya me la puedo imaginar
—¡No lo hagas! Laura es decente "Haha que mentiroso soy " -Pensó recordando lo que la suciota de Laura, le haría con la boca-
—Sólo es broma, Ajá... ¿Qué más?
—bueno, sus ojos son como dos esmeraldas opacas
—¿Opacas? Eso no es muy romántico - Comentó Roy-
—Es que sus ojos sólo brillan cuando miran ésto -Se señaló a su mismo, Roy y Breda rompieron a reír. Si alguno pensó que Roy era el vanidoso, no habían conocido lo suficiente a Jean Havoc-
—... Sí burlense, Laura es una chica muy especial, sólo tiene ojos para mí...
—¿No la habrás secuestrado y por eso sus ojos brillan cuando te ven, añorando escapar verdad? Eso está prohibido Jean Havoc -Apesar de su rostro serio, Havoc sabía que estaba bromeando-
—Hahahahaha
Reían mientras Havoc con cara de perro rabioso les miraba alegando que era verdad.
—¿Sabe qué escuche el otro día Mustang? -Roy puso atención-. En el mercado de oriente han estado fabricando un prototipo de -Vaciló un poco-. De mujer que cumple funciones sexuales
—ohh -Se impresionó Roy. Y ambos varones le echaron una mirada extraña a Havoc, quién no se daba por enterado-. ¿Una muñeca?
—Exacto algo así, claro que parece un plástico inane pero estoy seguro que con las mejoras del tiempo, será todo un éxito -Afirmó con total seguridad-
—Sí...
Los dos miraron burlones a Jean después de terminar su charla en la cual hicieron como si Jean no estuviese ahí. Le tomó un rato a Havoc reparar lo que había escuchado respecto a la conversación anterior.
—¿¡QUÉÉÉÉÉ!?
El grito de Havoc se escuchó a tres cuadras, haciendo que todos se preguntaran que era lo que pasaba con esos sujetos.
—¿Handel será la marca? -Preguntó Breda mirando el techo-
—Una mujer de carne y hueso es mucho mejor Havoc, no se rinda
Y palmeó los hombros del rubio, éste estaba a reventar, ya se les había pasado el trago, seguramente. Y si no estuviera con indicios de mareos y lo propio de una borrachera, se sentiría muy muy ofendido. Unos cuantos tragos más y los tres varones echaron a reír sin parar. Hace tiempo que no salían y bromeaban así, con su superior. Era una sensación de antaño que los envolvía e incitaba a no irse de ese bar.
Bebió de su vaso acabando con el contenido, cuando vio a una morena de cabello ondulado agarrado en una coleta, iba con un varón rubio y extrañamente bronceado.
—¿Y entonces Rebecca...?
La pregunta se le quedó en la cabeza y frunció el seño. Se volteó a sus compañeros y dijo:
—¿Qué con ella?
—Pensé que habían salido juntos...
—¿La señorita Rebecca? Oh la amiga de Riza -Roy dirigió sus ojos hacia la morena-
—... No pasó nada entre nosotros
Se quedaron en silencio.
—Joder, dejen de verla al mismo tiempo. Nos va a ver y le dirá a Riza que usted -Se dirigió a Roy-. Anda de nuevo de pica flor
Se quejó al observar que Breda y Mustang no despegaban su mirada de la mujer y asentían con la cabeza cada quién en sus sucios pensamientos.
—¿Pica flor? -Roy despegó su vista de la fémina que lucía un generoso escote-. Riza me da permiso y...
Fue interrumpido por unas estruendosas carcajadas.
—Ese lado mandilón lo tenía bien oculto señor
Y las risas no se hicieron esperar, Roy no entendía hasta que comprendió lo que había dicho. Con un sonrojo sutil y amenazante tono gruñó buscando limpiar su imagen de hombre poderoso.
—Jean, a mi no me gustan las mujeres militares, son muy musculosas y poco femeninas sin embargo ella tiene muy bonitas piernas -Dijo Breda-
Jean no podía creer que fueran tan obvios y sinvergüenzas.
—Ya veo el porqué te habandonó. Ese extranjero es muy caballeroso y amable -Continuó el pelirojo-
—¿Ah? Les dije que no eramos nada, además no es que no sea caballeroso, simplemente no encajábamos Tsk...
Roy los escuchaba sin decir palabra. Respiró hondo.
—... Igual ella te habandonaría Havoc. Es muy linda para ti -Apoyó luego de analizar la situación-
—Cierto señor, además Jean es muy quejoso y huele mal, de seguro por eso recayó
—¡Basta ya, yo ya tengo novia! -Se le quedó viendo a Mustang-. Usted debería regañarnos, las relaciones entre militares no están permitidas
Silencio, el único sonido era el del líquido pasar por las gargantas de los hombres.
—See... Bueno ¿Qué se le va a hacer?
Contestó muy despreocupadamente, Roy no estaba de humor como para regañarlos. Jean usualmente era el tipo alegre y el alma de la fiesta sin él se morían de amargados... Pero ahora parecía que sus amigos se habían ensañado en su contra. Y su superior era el principal o el que le seguía, como sea él se las devolvería algún día, algún día tendría justicia. Por ahora estaba ya bajo los efectos del alcohol ahora era hora de los apapachos y momentos sentimentales entre los varones que probablemente ninguno recordaría después.
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