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En Agobio de Roy
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Capítulo IV
Riza Hawkeye caminaba por las calles junto a su fiel mascota Blackhayate, Riza tenía una mirada triste y dolida. El perro olisqueaba la esquina de una jardinera haciendo que su ama parara sus pasos.
Sus recuerdos la asaltaron...
Flash back
La teniente primera Riza Hawkeye se paseaba por toda la habitación, siendo observaba furtivamente por su superior Roy Mustang. Organizaba los papeles y archivos según su denominación. Escuchó suspirar a su superior, y de reojo pudo ver como el hombre se ponía de pie. Los archivos y carpetas en el escritorio a su lado, estaban desordenados, archivos muy importantes para el gobierno amestriano.
Y el que se encontraba leyendo era acerca de los militares involucrados en la corrupción del gobierno de Bradley. Algunos estaban pagando en la cárcel, otros habían huido por poco. Ninguno de ellos pago una pena de muerte por los crímenes cometidos en aquel tiempo. Aparte habían muerto en el día prometido.
—Teniente Hawkeye...
La llamó cuando posó sus manos en las caderas femeninas, ella cerró los ojos.
—¿No le gustaría tomar un pequeño descanso? -Susurró contra la piel de su nuca desnuda, al posicionarse detrás de ella-
—Roy...
El hombre río divertido. El sentir su aliento cochar contra su piel en esa risa tan sensual, Roy siempre la ponía. Sin embargo no era momento para esas cosas. La mujer lo encaro frente a frente. Con sus rostros a poca distancia, sus labios casi chocando... Iba a ceder cuando su oído agudo captó un ruido fuera de la habitación. Lo esquivo ágilmente y Roy quedó con los labios extendidos besando el aire.
—Señor, porfavor comportese puede venir alguien
La teniente le dio un piquito rápido. Roy rápidamente la tomó de la muñeca y no la dejó ir. La mirada del morocho era peligrosa y Riza sabía qué acontecería después, por lo cual sus mejillas ruborizaron.
Aunque se sentía cansado, iba a hacer el esfuerzo, si no le pediría que hiciera todo el trabajo ella sola.
No podía sacarse de su mente aquél retorcido sueño o ¿era la realidad?, lo malo es que descubrió que le gustaba demaciado. Cada maldito fragmento lo remomeraba con fervor. No podía ser, necesitaba estar con ella ¡Ya!
—Me gustaría que me recompensara de alguna forma, Teniente
Riza gimió cuando el morocho atacó su boca. Rápidamente le terminó correspondiendo, tan fácil y sin extenuaciones por parte de Roy. Mustang era el maestro y experto en ese campo, ella apenas iba aprendiendo -Según Roy- él le iba poco a poco instruyendo en ese arte.
Subordinada y aprendiz era el papel de Riza, el aprendiz debe acatar lo que su maestro indica ¿No es así? Por eso Roy se adueño de sus delicados labios, con la lengua del varón acariciando su tímida lengua cuando obtuvo acceso.
¿Pero porqué Riza debía compensarlo? Él debía compersarla a ella. Todavía que le perdonaba sus bromas para con Olivier y las veces que le veía coquetear con alguna mujer o con las mismas compañeras de central. Sabía que así era Roy y cuando se entregó a él pensó que cambiaría pero no fue así.
Aún con sus inseguridades le era fiel, y siempre hacía lo que Roy quería. Riza Hawkeye estaba y está enamorada de Roy Mustang que no puede ir en contra de él por más que se resista, como en ese momento que la depositaba en el sofá -Un nuevo sofá más grande, y el motivo por el cual estuvo molesta con él- y recibía el cuerpo de su amado, recibía caricias y le otorgaba gemidos, muchos gemidos.
Estaba a la disposición de Roy, podía hacer con ella lo que quisiese... Pero Roy siempre la trataba con mucho cariño y cuidado.
A veces pensaba que él no quería tener sexo con ella por la forma tan monótona y... Aburrida de hacerlo.
Y sus inseguridades salían a flote. Ella siendo una mujer temeraria y fuerte siempre hacía a un lado esas cosas. Mustang estaba con ella, seguía con ella, eso debía ser por algo ¿no? Porqué más si no la amaba.
Costumbre esa palabra se había colado en su mente, retorciendola tortuosamente mientras no sabía si seguir correspondiendo a los besos de Roy ó apartarse.
Nunca fue una persona de gran líbido, con grandes ansias por fundirse con Roy... Porque ella era, era una tonta sentimentalista muy en el fondo en cambio Roy un tipo casi insensible.
Aún después de todo, Roy seguía siendo un mujeriego. Roy cuando obtuvo lo que quería de ella, la hubiese habandonado sin dejar de ser un caballero, pero resultaba que ellos ya tenían una historia juntos, y por su maestro sintió la obligación de cuidar de ella. Ella le develaría el arduo trabajo de su padre a Roy y él a cambio estaría ahí para ella. Era un intercambio equivalente ¿No?
Era obvio que sentía algo por ella, y viceversa.
Y se daba cuenta del pedazo de bastardo que era. Él en verdad era un bastardo, lo sabía y aún así esa mujer seguía a su lado... Debía amarlo demaciado o ser demaciado ingenua.
Porque Roy era conciente del daño que le haría y aún así no podía evitar... hacer lo que haría.
Mustang ya no era un crío, era ya un hombre hecho y derecho. Sabía las consecuencias de sus actos.
Era una pesadez muy penosa admitirlo pero, Olivier Mira Armstrong sería su nuevo objetivo de sus propios deseos. La deseaba de una manera tal vez insana pero era como una espinita que debía sacarse, si no nunca estaría en paz.
Nunca había estado con una mujer como Olivier, tan fiera y dominante en el acto.
Le asustaba tanto... Sus propios deseos, le asustaba porque podía reconocerlo sin dificultad. Además ¿Qué es la vida sin riesgos ni emociones?
Había podido tener a cuánta mujer quisiese, incluso las conquistas de Havoc.
Pensó que su lado libidinoso se había apagado al estar con Hawkeye y que podría serle fiel, sin embargo era un hombre con mucho corazón para todas.
"Tú no eres un hombre común Roy, tienes una mente muy brillante, muy justa y al mismo tiempo tan caótica... yo te aliviare de tus preocupaciones, no te preocupes Roy, lo lograrás"
Recordó las palabras dichas por Valerie la última vez que se vieron justo cuando su mundo se desplomaba por las acciones tan pútridas que lo obligaron a hacer en Ishibal. Ni siquiera se sentía digno de estar vivo, incluso Hawkeye, sus ojos... Roy se sentía una porquería.
Mustang la había buscado, sabiendo que únicamente compartían palabras a la hora del sexo, sabiendo que sólo para eso la buscaba las pocas veces que se veían las caras. Eran amigos de la infancia, sí. Pero de alguna manera habían acabado en la cama que ya ni recordaba si era la de él, la de ella, o en la cama de algun prostibulo barato, o incluso en el negocio de Madam Cristmas, ya ni sabía.
"Déjame complacerte y llevarme conmigo ese dolor "
Le había dicho con una increíble voz aterciopelada y pausada casi en el oído, en un débil susurro. Acariciando sus cabellos negros, viendo a sus ojos oscuros como una despedida y una última ida al éxtasis que ella le otorgaría con su joven y experto cuerpo. Mustang lo sabía porque así fue. Acostados en la ancha cama, ella ligeramente encima de él, con su cabello corto enmarcando bellamente sus facciones cuando levantaba su cabeza a él. Recordaba la sensación de sus pechos desnudos rozando su piel, moviéndose sobre él.
Era una mujer experta, él ni siquiera podía intentar hacerse el dominante, comía de la palma de su mano, sin evitarlo. Contrario a la creencia popular, Mustang no había aprendido ni sabido todo ese conocimiento del placer porque sí o porque fuese un varón y debiera saberlo, no. Ella, Valerie le había enseñado, aprendido de ella le había enseñado el placer sexual en pareja. Porque Roy era increíblemente tímido con las chicas en su adolescencia, eso cambio cuando conoció a Valerie, ella había contribuido a forjar el distinguido carácter de Roy Mustang. Su mentora y amiga.
Siempre tan dulce pero a la vez tan frívola. Casi igual que él, o casi en el sujeto que se convirtió después.
Él siempre obtenía lo que quería, sabía que era un capricho... Aún así seguiría adelante. Siempre observó con curiosidad como es que Valerie disfrutaba tanto de los pequeños placeres de la vida. Se entregaba completamente a todo, tan apasionada de la vida, tanto que no importó que se estuviese muriendo poco a poco.
Valerie y Maes le habían enseñado que no importa que el mundo se este cayendo a tu alrededor, siempre encuentras algo a que aferrarte y seguir viviendo, incluso si es una vida efímera, efímera pero plena.
Quizás sólo era una excusa barata para lograr sus cometidos, quizás no.
—Riza... -Se apartó de ella, turbado-
Riza lo observaba con sus grandes ojos ambarinos, confundida y triste.
—*Se aclaró la garganta al ponerse de pie* Tiene razón, alguien puede venir...
La teniente se incorporó en el sofá, vio la palma de Roy, un poco titubeante aceptó la ayuda.
Riza escrutaba en su mirar consternado, sabiendo que algo pasaba. Roy le regaló una sonrisa tierna mientras pasaba sus manos por su espalda.
—¿A dónde le gustaría ir a cenar, Hawkeye? -Preguntó aún con esa sonrisa-
Riza sonrió de igual manera, abrazandolo rápidamente. El gesto de Roy era uno muy infamiliar en él. Desgraciado y doliente. Puso sus manos, una en el pelo de la mujer y la otra acariciando su brazo, la mujer acurrucadose en su pecho.
Siempre he sido un idiota
Roy la llevó a cenar en su restaurante favorito. Durante la cena estuvo callado, algo normal en él, en ambos.
Luego de la cena, con mucha pasión le había relatado sus aventuras que había pasada junto a Maes, algunas de ellas, ya se las sabía. Y como siempre tan condescendiente había respondido a todas sus interrogantes sobre porqué estaba comportandose así, el porqué molestó a Oliver de esa forma entre otras.
Sus respuestas tan llanas y a la vez tan confusas.
Cuestiones de trabajo, gages del oficio... Estaré bien, puedo manejarlo. No quiero que preocupes Riza...
Oliver es una mujer muy cascarrabias... Lo lamento mucho Riza. No debí comportarme de esa manera. No sé porqué lo hize... Quería ver si de verdad ella tomaba venganza hehehe ya vi que sí, ¿verdad Riza?
Hawkeye río un poco. Ella había ayudado a la comandante, aún así Riza le hizo ver que no era a ella con quien debía disculparse. Roy lo entendió.
Después había esperado llegar a la cama junto a él... Pero toda la pasión de al principio se había esfumado en cuanto sus cuerpos tocaron la cama. Ambos habían llegado, sin embargo no era intenso...
No había pasión.
Roy se había sentido un desgraciado durante el acto, siempre pensando en aquél cuerpo así como el alma inalcanzable de ella. Pero pasó, recordó el amor que le tenía a Riza. Se preguntaba si el amor que sentía por Riza era sólo...
No, tonterías. Eran años de compañía y paciencia, no podía tirar toda por la borda así como así.
Y finalizó demostrandole su ternura y delicadeza de la que era ella digna, sin más.
Fin flash back
Ahora miraba sorprendida que Blackhayate estaba olisqueando a otro perro, ni cuenta se había dado cuando el otro perro se había acercado.
Era su día libre, así que tal vez se vería con Rebecca, o tal vez no. Se daría cuenta de que estaba decepcionada y no quería contar sus problemas ni a ella, ni a nadie. Quizá solamente se la pasaría todo lo quedaba de la tarde fuera junto a su fiel amigo. Caminó hasta la plaza principal, sentandose en una de las bancas junto a los dos perros, porque el otro perro les había seguido y sonrió, su primera sonrisa del día. Blackhayate había hecho un amigo.
—Oiga señorita, me permite un momento...
Escuchó una voz madura pero jovial, levantó la vista y vio a un individuo con una gran mochila al hombro.
—¿No está enojada verdad? -Preguntó ante el gesto serio de la rubia-. Bueno si usted me permite...
—Claro -Fue su simple respuesta-
El individuo sonrió de oreja a oreja sin motivo aparente, haciendo incomodar a la mujer. En sus manos portaba un libro pequeño que se lo tendió, sin más que perder lo tomó.
—Soy un viajero andante, recolecto éstos singulares libros a dónde sea que voy
Riza observó la portada dónde un perro era el protagonista, luciendo valeroso y temerario, sus ojos se desviaron a su mascota que aún seguía oliendole el trasero al otro perro, mutuamente.
—Usted en verdad es muy guapa cuando sonríe
Dijo cuando se percató de su gesto divertido, la rubia se sonrojó sutilmente.
—No es mi intención incomodar a la gente, ni asustar pero así me gano la vida... Así que, ¿Guapa cuánto me das por esa historieta que recogí de la b... Que recolecte en uno de mis viajes a oriente?
Con una sonrisa confianzuda, esperaba la respuesta. El oportunista le dio en el clavo. La compró. Ya recordaba porqué ya no descansaba en una de las bancas de la plaza principal, siempre había comerciantes ambulantes, vendiendo cualquier cachivache.
Observó a una pareja a lo lejos, tomados de las manos, sonrientes. No debía sentirse así, Roy la amaba era lo que contaba. Muy en el fondo se sentía amenazada por Olivier. Olivier es una gran mujer, con mucho carácter y muy hermosa, lo admitía. Cualquier hombre se sentiría atraído por ella aunque sea minimamente. Sonrió divertida por lo que pensaba...
Si yo fuera un hombre, posaría mis ojos en ella también. La desearía, tenerla en mi cama...
Se llevó sus dedos a sus labios acariciandolos suavemente, mientras se perdía nuevamente en sus memorias y pensamientos.
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Como le había dicho Hawkeye, ahora se dirigía a las instalaciones del Este donde se llevaría a cabo una presentación pública y dónde estaba la casa principal de los Armstrong, más bien la casa de Olivier, ganada limpiamente en una feroz pelea entre Alex y ella. Se disculparía con la comandante. No fue para nada profesional y ético. Y averiguaría si aquello lo había soñado o era...
Él nunca fue un cobarde, bueno sí un poquito si se trataba de Hawkeye o en este caso de Olivier. Ahora sentía su virilidad en juego.
Él era valiente, nada podría salir mal o demaciado bien, no se creía tan afortunado.
Un maldito sueño le había bajado el ego de una manera muy espantosa, y aunque lo creía un sueño, había sido muy real y demaciado hiriente.
Se sentía feo e inferior.
Como un sapo que sólo es querido por el perro de Hawkeye... Bueno al menos, a Roy le gustan los perros, por lo tanto no sería un martirio, recibiría mordidas amorosas ¿no?
Las muchachas de la recepción lo miraban demaciado y gracias a eso logró recuperar un cachito de la dignidad que le quedaba -Según el propio Roy-
—¡Ohh! ¿Cómo está, señor? Es un placer tenerlo aquí
—Buen día, caballero. Estoy bien, ¿y usted?
Saludó Roy al hombre regordete que había aparecido en un abrir y cerrar de ojos. El hombre con un aura parecida a la de Armstrong, revoloteando a su alrededor varias estrellitas brillantes.
—Me alegro, estamos muy bien. Soy el anfitrión de ésta ocasión, acompañeme por favor
El anfitrión era quien se encargaba de organizar la orquesta que el Fürer llegaría a dirigir. Tal como el lugar, las fechas acorde al plan del gobierno. Sillas, mesas, y la publicidad en radio. Entre otros detalles encargados a éstos personajes.
Se dirigieron a una de las cocinas de la estructura de donde estaban, sorprendidos de que el más alto dirigente del país anduviera sin guardaespaldas y sin miedo alguno. Falman lo esperaba en otro lugar dentro de la gran terraza.
—¿Qué le parece la decoración?
—Está muy bien...
—Aquí tiene, es un ponche de ron pasado de generación en generación...
—Por la familia Armstrong -Completó la oración Roy-
—Hehehe así es, supongo que conocerá de nuestra familia, por mis sobrinos terceros que están en la milicia, Olivier... -Le recorrió un escalofrío a Roy-. Y Alex Armstrong.
—En efecto, buen hombre
Roy tomo del ron y se lo tuvo que pasar todo de un jalón, era demaciado fuerte y oloroso. El rubio hombre ojiazul río al ver su acción, también tomando un poco con mucho refinamiento digno de una noble familia como la suya.
—Había escuchado muchos rumores de que usted era muy joven, y no se equivocaron en nada. Si me permite la pregunta ¿Usted piensa formar una familia?, si no me equivoco tampoco se le conoce alguna pareja sentimental. Estoy seguro de que no escasea de mujeres
Le echó una mirada cómplice a Roy, quien con toda la calma del mundo, negó.
—Nunca he tenido ese tipo de metas, y no no tengo ninguna relación sentimental
—¡Hombre venga! Que tienes toda una vida por delante, ya el tiempo decidirá -Roy asintió-. Seguro que para tu edad ser el mandatario de Amestris debe traerte mucho estrés, aún si no estamos en guerra, pero vaya podrás manejarlo -Se había tornado muy confianzudo, algo que comparó con Hughes y el Mayor Armstrong-.
Falta una hora para la presentación, dejeme mostrarle los hermosos jazmines que tenemos en la parte de atrás...
—Claro
Siguió al hombre por un pasillo para luego salir a un hermoso patio de gran tamaño. Había variedad de flores, en la esquina izquierda, los tan famosos jazmines en todo su esplendor. El hombre comenzó con su monólogo y Roy se permitió admirar la belleza de las lindas florecitas. Oía hablar y hablar al regordete hombre, él sólo acentía...
—¿Qué es la vida sin riesgos?
—Aburrida y muy larga... -Respondió como un autómata-
—... Es lo mismo que pienso, por eso me divorcie muchas veces hahaha y mi preciosa novia es mucho menor que yo, pero sabe ella me ama
Roy despegó con esfuerzo sus ojos de los jazmines, para voltearle a ver y lo que vio le sacudió todo su mundo. Se vio a sí mismo, un reflejo. El hombre mayor parecía portar siempre una cara amigable, sin embargo parecía estar condenado a la soledad. No importa cuantas mujeres tuviese en su vida, siempre se irían, o se cansaría de ellas o viceversa. Moriría solo.
Él siempre había sido un hombre solitario... No debería preocuparle esas cosas, no era conveniente para un hombre como él formar una familia, vivir su vida. Además siempre se muere solo, nadie te sigue o te acompaña; el viaje al fin y al cabo lo haces por ti mismo, tú te vas de ese plano y ya.
Pero sabía que era un egoísta. Y lo era tal vez de la peor forma posible.
Terminada la función, Vato Falman y él se quedaron en uno de los bares de la cuidad. Falman miedoso diciéndole que él tenía familia y que no era bueno que el Fürer fuera visto en bares de mala muerte. Ni que lo estuviera llevando a un prostíbulo, se defendió Roy.
Tenía la horrible y excitante curiosidad de haber visto una cabellera rubia como la de Olivier entre toda la multitud, de hecho le parecía ver muchas cabelleras como la de ella por todas partes. E inevitablemente flashasos de su tormento reaparecían en su mente, haciendo que cuerpo se volviera trémulo de deseo.
Después en la barra del bar, como una voz chillante y que le tronaba el oído, las palabras de Maes recordó...
"Lo que te conviene es que te cases Roy, yo sé que Riza es de tu medida. Descubrirás lo increíble que es estar casado con la persona que amas... Porque todos saben que ustedes están enamorados, oh sí no sirve de nada que lo oculten Hehehe. La teniente logrará que te conviertas en un hombre que ame la vida, aunque eres un hueso duro de roer."
Roy río amargamente, comparando sus palabras con su realidad. Maes no sabía de lo que hablaba, en definitiva. Pero era verdad, Riza había sido importante, ¿Aun así la iba a traicionar?
"Y luego tendrás hijos, que seran tu bendición criados junto a la mujer que amas. Roy ésto en verdad es increíble..."
Claro, sólo hablaba por su propia experiencia, de un sólo hombre. Roy no era como él. No merecía tanta alegría de ese tipo en su vida, había hecho cosas horribles, pecados que aún cargaba sobre sus hombros y que nunca olvidaría.
No merecía tanto...
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—Olivier-nee-sama
Su voz alegre, dulce y refinada. La vio enfundada en un vestido blanco, muy lindo y muy atrevido. Lucía como una verdadera mujer de alta alcurnia, y lo era.
—Catherine...
La menor sin previo aviso abrazó a su nunca vista hermana mayor. Sin más la tomó de la mano llevandola a una de las estancias laterales, mientras hablaba.
—Quiero presentarte a mi prometido
Olivier automáticamente puso mala cara y preparaba su mejor mirada de pistola para aquél individuo. Alex acompañaba a un hombre alto, rubio y fornido -No tanto como Alex, pero se defendía- no pudo verle la cara ya que estaba de espaldas a ellas que iban entrando.
—Ralf, Alex
Los mencionados voltearon y en seguida Olivier con su aura terrorífica lo hizo temblar, cuando cruzaron miradas. Tenía un estilo de galán de telenovela... Tsk. Tenía la barbilla partida y una sonrisita "Encantadora"... No durarían ni el año completo casados. Mientras los presentaron se aseguró de que ese tipo se reemplanteara de nuevo el querer casarse con su hermana. Entonces supo que era arreglado. Bueno, no podía hacer mucho.
Cuando de aseguró de atormentar a la pobre sabandija lo necesario, regresó a su mansión.
Recibiría la notificación de que se casarían el día siguiente. Y con estrictas ordenes de que llevara vestido, que le hiciera como quisiera pero que tenía que llevar vestido. Que era una ocasión muy especial y que su presencia ante la sociedad, de toda la familia Armstrong era muy importante.
Durante la boda, pudo escuchar las falsas muestras de alegria y prosperidad para la joven pareja de parte de los invitados, de los cuales no recordaba a ninguno. Observó a sus otras hermanas bailar -Increiblemente- con unos invitados, parecían divertirse, su gruesa y casi varonil voz se escuchaba a carcajadas de las dos hermanas. Sonrió por ello. Sus padres reprendiendola con la mirada a ella por no socializar, de nada servía si Olivier no lo deseaba.
Permaneció sentada con las piernas cruzadas al igual que sus brazos en una de las mesas cerca de la pared. Luciendo aburrida. Su único acompañante era Alex quien en toda la boda no había dejado de llorar, el Mayor vestía muy acorde a un noble, con el traje negro y la camisa blanca impoluta, lucía verdaderamente apuesto. Ahora observaban a las parejas bailar. Un hombre de cierto atractivo con cara de prestamista abusivo se había acercado a su mesa, presentandose como un amigo cercano de la familia Armstrong.
Y se hacía el elocuente para llamar la atención de la rubia quien lo ignoraba olimpicamente. Su hermano Alex más amable conversó con el individuo invitandolo a sentarse. El individuo permaneció cerca de Olivier siendo inmune al aura asesina que exudaba la rubia. Descaradamente viendole sus piernas expuestas, en el vestido mas o menos largo que portaba.
Cuando sus ojos se encontraron, el sujeto tuvo la gran habilidad y resistencia para sostenerle la mirada, haciendola fruncir más el seño.
No dijo nada por sus ojos lascivos en ella, era lo único que podría presenciar en su vida. Porque nunca en su vida tendría a una mujer como ella. Sólo en sus sueños.
—¿Me aceptaría esta pieza Olivier?
Le preguntó con falso aire caballeroso. A Roy se le creía más, pensó Olivier. Sonrió altanera, descruzando sus brazos y piernas de manera lenta.
— No, me gustaría bailar con mi hermano Alex
Dijo, sin ocultar su asco por el sujeto. Le tendió una mano a Alex, quién se había quedado procesando información... Una mirada matadora de Oliver y se puso de pie, aceptando la invitación de su hermana.
—Sería un honor hermana...
Pero esto no desilusionó al sujeto, quien aprovechó el momento en que Olivier se levantó viendo su glorioso cuerpo al descubierto, ya no oculto entre las gruesas ropas militares. Un vestido negro, con escote no muy pronunciado, de tirantes delgados. El largo del vestido a la altura de la rodilla, con una sexy y muy atrevida abertura en uno de los costados. Se ceñía a su cuerpo, sin ser ajustado. Era una belleza. El vestido era un tanto informal para la ocasión pero era lo único que le quedó realmente bien.
Aunque había sido rechazado, sonrió con satisfacción al verla, queriendo tener una cámara fotográfica y preservarla en una foto para que nunca se olvidara de ella, sin embargo aún sin cámara la recordaría en su lasciva mente.
Su largo cabello lacio, se movía con gracia mientras giraban, sus zapatos de tacón negros de correa al tobillo... Olivier sin dudas lucía muy hermosa, muy femenina pero a la vez peligrosa, fuerte.
No era sorpresa que supiera bailar, los nobles siempre eran instruidos desde temprana edad en esos menesteres.
Alex se sentía incómodo, siendo conciente de todas las miradas masculinas puestas sobre su hermana mayor. Que parecía que portaba su uniforme militar y no un vestido.
A ella no le importaban las miradas, como se dice podían ver pero no tocar.
Muy dentro de él, le hacía feliz poder bailar con su fría hermana mayor. Casi nunca se veían y él era una persona muy sentimental «Cobarde» recordaba que Olivier ya no lo nombraba de esa manera. Su hermana mayor desde aquella vez que compartieron el campo de batalla en el día prometido, cuando lucharon juntos y vencieron, su relación fraternal se había estrechado y fortalecido. Estaba orgulloso de que Olivier lo reconociera ya como un gran hombre, un gran soldado; nunca olvidando a sus camaradas y prevaleciendo hasta el último momento, protegiendo a su hermana Oliver, exigiendo a su cuerpo brutalmente contra aquél inmenso humúnculo... Todo porque deseaba las escrituras de la lujosa mansión antes de que Oliver muriera. El infalible plan de Alex por supuesto.
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Después de amarse durante una larga sesión, Havoc lucía agotado. Aprovechó que la fémina se había ido al baño para fumarse un cigarrillo. Se recostó en la cama cubriendose con la manta agradeciendo mentalmente haber sido un insistente llorón todo ese tiempo hasta que Laura le dijo que sí. Recordando que la chica había sido de todo menos una novata en cuanto al acto carnal. Sacó el humo de sus pulmones cuando por el rabillo del ojo vislumbró la figura femenina de su amante.
—¡Jean lo estás quemando todo!
Gritó la fémina cuando vio la manta humear y el cigarrillo pegado a ella.
—Perdon. Pero esque te vi... Y no pude evitar quitar mis ojos de tu...
Lo interrumpió cuando junto sus labios a los de él. Con su mano le había quitado el cigarrillo recién encendido y lo apagó apachurrandolo en la mesita de noche, sin preocuparse si manchaba la madera con la ceniza. El beso subiendo de intensidad mientras las manos de Havoc la tomaban de la cintura y de un movimiento un tanto rudo la aventó a la cama, sin dejar que se moviera por sus manos en las muñecas femeninas.
—Ahora no lindura, ahora necesito un cigarro
Le dijo aún encima de ella después procedió a encender otro cigarrillo. La mujer chilló en protesta un poco molesta.
—No quiero que estés fumando aquí, además de que no te haré ninguna felación...
La ceniza cayó del cigarro con Havoc estupefacto. La mujer estaba algo sonrojada y con la mirada desviada. No sonrojada por decir ese tipo de cosas, Jean lo sabía muy bien. Era porque ocultaba algo y esa expresión era sin dudas muy adorable. Entonces río encantado haciendola bufar. Tomandola de la barbilla para ver su mirada dijo...
—Ya sé que eres insaciable pero papi debe descansar un momento. No todo lo que ves en las pornos es verdad cariño
—...ehh -La mujer parecía acorralada-. Humpf Claro que no, en esas películas todos salen satisfechos con colosales miembros y espumosas eya...
—¡Ya entendí, ya entendí!
Interrumpió avergonzado al ser en su mente comparado con hombres de exagerados falos y burbujeantes eyaculaciones con la fémina en un rincón decepcionada por su faena.
La chica comenzó a reír muy divertida de seguro imaginandose lo mismo que él.
—No es eso Jean...
—¿Entonces qué?
—Porque no es bueno para ti a larga -La seriedad y preocupación en su voz queriendola disimular-
Havoc se le quedó viendo, volviendo a sonrojarla.
—Ahnmm y-y-y-y a mi también me afectara, no te creas tan importante
Le dio la espalda y Havoc no pudo estar más que confundido. ¿Es que acaso era una chica tsundere, como esas que había en los comics que Fuery leía? Vaya nunca pensó que Laura fuera de esa manera, tan preocupada por su salud ocultandolo en un acto egoista. Justo cuando iba a decir algo la chica se le adelantó
—Ade-demas no quiero que me dejes a medias por tu corta erección que tendrás por fumar toda tu cajetilla, me dejaras insatisfecha -Farfulló casi inentendible y agregó en el mismo modo-. Que no sabes que el tabaco corta la circulación de la sangre en todo el organismo y además...
Tal vez sí era una ninfómana adicta a los penes... Pensó Havoc. Si quería seguir gozando de su experiencia y compañía tenía que cuidar mejor su salud, para estar rendidor para ella y ambos lograr satisfacerse mutuamente. Aunque podría habandonarle y conseguirse a otro, sin embargo la chica estaba mostrando un lado bondadoso que contrastaba notablemente con su gran libido y eso le parecía a Jean Havoc algo muy interesante, así que apagó su cigarro.
—Bueno ahora tendrás que distraerme de otra manera
La volteó rudamente haciendola quejarse en un gemido. La chica con el carmín extendiéndose por sus mejillas le sonrió dulcemente y cuando se dio cuenta empezó a reuir de la mirada de Havoc.
—Awww Eres una monada -Escuchó a Havoc decir con aire pretencioso-. ¿Es que acaso te has enamorado de mí? Seee, no te culpo...
Continuó con el mismo tono, y ella sin saber que hacer, descubierta en sus acciones, procedió a escabullirse hasta dejar la cama llevandose consigo la manta -Quemada cortesía de Jean- y dejadolo como vino al mundo. Jean sin dudarlo comenzó a corretearla por toda la habitación, desnudo y como se diría coloquiamente, con las pelotas al aire.
Llenando la habitación de carcajadas, ruidos y tropelazos que los dos amantes hacían en ese juego amoroso por demás ñoño.
En el fondo Havoc siempre había soñado con este tipo de noñerias. Era un hombre encantador y de cierta madera rudo pero también muy dulce y tierno. Y al parecer Jean había encontrado a su compañera... No sabía si sería temporalmente, pero se esforzaría por complacerla el tiempo que estuvieran juntos.
Havoc había sufrido mucho, sin poder moverse, siendo inútil; ahora era como su segunda vida. La aprovecharía al máximo.
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Mustang había regresado al cuartel general de central, todo le estaba saliendo mal. Se sentía frustrado, sabía que estaba mal pero deseaba hacerlo. Había cometido un par de errores durante la exposición, no eran graves pero no podía permitirse hacerlos. Además no estaba concentrado, cada vez que veía una cabellera rubia y miraba otra corta, le recordaba a aquellas mujeres que le volvían loco. Una no podía tenerla, y la otra representaba la ternura y cariño que quizá nunca volvería encontrar. Era un caso perdido... Las quería a ambas.
Ahora observaba con su rostro estoico la muchedumbre de militares que se estaban organizando y preparando para su entrenamiento físico militar.
Vio a los muchachos ishivalies, tan correctos y aguantadores... Ya veía porqué Olivier los quería para sus filas. Tenía mucha curiosidad por saber porqué precisamente había mostrado tanta inclinación por aquellos jóvenes.
Una punzada de noseque se hizo presente en su interior, y entonces mandó una carga extra de ejercicios para los militares que entrenaban. Sonrió avieso mientras observaba que poco a poco los militares quedaban exhaustos, tanto los ishbalanos como los amestrianos. Su sonrisa se borró rápidamente, no sentía celos. No. Aquellas pieles bronceadas y exóticas que fulguraban al deseo y pasion a las mujeres... Claro que no, Olivier nunca se involucraría con sus subordinados como él lo hacía.
El sol hacía brillar el color de su piel como un exquisito manjar, tan inusual y mayormente atractivo. Tal vez por eso Olivier se los quería llevar, la muy degenerada. Ya había descubierto los sucios deseos de la general de Briggs...
Su ego masculino comenzó a decaer otra vez... Él no era bronceado, ni tenía una piel que despertara el fuego pasión en las féminas. Era guapo y atractivo ¿Verdad?
Ya no se sentía tan seguro de sus atributos frente a aquellos morenazos de fuego. Resultaban obviamente más excéntricos y atrayentes que cualquier otro hombre, incluso de él.
Hizo una mueca de disgusto al saberse que perdía encanto frente a los morenos. Sacudió la cabeza librandose de esos pensamientos. Él tenía encantos superiores a los de cualquier hombre. Ya sabía, seducería a la comandante y probaría que aún no estaba oxidado. Que aún sabía cómo flirtear y obtener lo que quisiese con sólo una sonrisa de él, de Roy Mustang.
Una vez había escuchado la conversación que mantenían dos mujeres en el tren sobre sus preferencias a la hora de escoger un hombre. Ambas mujeres habían coincidido que los hombres de piel morena les atraían más que los pálidos. Por razones pensó Mustang meramente estéticas. Les parecía a las dos mujeres que la piel morena era libre de imperfecciones, sin pecas, sin arrugas y que con el paso del tiempo no se quebraba ni envejecía rápidamente caso contrario a la piel clara. Mustang no entendió muy bien eso de no quebrarse. Y al parecer las mujeres habían mantenido relaciones con hombres sexualmente muy bien dotados, dado las maravillas que contaban de las aventuras de cada una.
Mustang no lograba entender cómo es que aquellas féminas hablaran de ello con tanta naturalidad y en un ambiente público, generalmente era una cultura muy reservaba en cuanto a temas de índole sexual. Probablemente fueran mujeres de la "nueva onda".
No es que fuera un chismoso pero lamentó que tuviera que bajarse en la siguiente estación dejando a las mujeres con su charla.
Ahora se preguntaba si Olivier era de ese tipo de mujeres que preferían una piel morena sobre una clara... Si era así estaba en clara desventaja.
Últimamente y era lo obvio miraba familias multiculturales, es decir de padres amestrianos y madres ishbalies o viceversa. Suponía que era lógico que esas cosas sucedieran, además podía apreciar nuevos tonos de piel. Mujeres de verdad bellas con rasgos ishbalies, la combinación de ambos genes, amestrianos e ishbalanos.
Admiraba con frecuencia y sin saberlo a las mujeres de piel tostada, de piel morena seductora, color miel y sedosa. De grandes ojos marrones, rojos, sus labios carnosos, sensuales; en fin era infinidad de combinaciones entre los genes de ambas culturas.
Ahora parecía comprender porqué tan fijación con los morenos; Eran exóticos, diferentes y únicos en comparación con el hombre común de hace años. Debía ser lo mismo con las mujeres... Variedad de humanos, diversidad de genes y rasgos.
Se llevó una mano a la barbilla mientras asentía con la cabeza. Ellos no eran mejor que él, Olivier no podía preferirlos o ¿si? Ahora sonrió burlón al creerla una santa puritana era lo mas probable, se decía. Generalmente ese tipo de mujeres que se muestran muy seguras de si mismas terminan siendo unos adorables e incautos cervatillos a la hora de la verdad. Había conocido a unas cuantas así. Olivier no podía ser diferente ya que hasta Hawkeye se mostró vulnerable y eso que Hawkeye es de mucho cuidado.
Quizá cuando habían sido jóvenes pudieron llegar a algo Olivier y él, pero nunca pasó. Reconocía que había cierta atracción insana y perversa entre ellos nunca dicha y nunca expuesta, no de manera abierta. Las intensas miradas cuando se cruzaban o el sutil roze de sus pieles al pasar o en los entrenamientos, cuando Olivier le hacía de instructor.
Hasta ahora se daba cuenta de esos pequeños detalles y se maldijo por haber sido un cobarde, si hubiese sido más osado podría haber concluido con ese sueño inalcanzable, esa fantasía con su superior. Fantasía que estaba seguro atacó a muchos más y no sólo él.
De pronto un aura deprimente se formó a su alrededor al recordar su fatídico y sádico sueño que tuvo... En el Olivier no era ninguna puritana y de seguro se sabía cuantas mañas había utilizado Mustang en su tiempo de mujeriego. Dejó escapar el aliento medio desilusionado medio cansado, era un verdadero reto pero no dejaba de resultarle extremadamente excitante, tanto que su miembro viril dio un tirón bajo sus pantalones militares.
—Diablos -Masculló el soberbio alquimista de fuego al ser conciente de sus reacciones físicas-
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Con una radiante sonrisa Havoc se paseaba con su compañera por las calles semi oscuras de aquella lúgubre capital. Iba enfundado en su propio estilo, ósease con su típico aire de chico malo con sus manos metidas en las bolsas de sus desgastados pantalones de mezclilla, con su chaqueta color arena de piel y un mondadientes en los labios. Laura con una falda algo corta negra que se ajustaba a sus caderas y trasero, con mallas completas e igualmente negras y un ligero suéter color rojo tinto que contrastaba con sus hermosos ojos jade.
Era una pareja joven y mostraba su jovialidad en su forma de actuar y en su manera de vestir.
Dos almas en busca de diversión en algún bar de por ahí. El cabello rizado de la mujer se movía suavemente con el soplo del viento, un viento de otoño.
Llegaron a un bar que era muy frecuentado por Havoc, se sentaron en una de las mesas de al fondo. La luz era mínima creando un ambiente relajante e hipnotizante, el sonido de los vasos chocar contra las mesas o entre sí llenaba el lugar junto a los murmullos de la gente, que reían o charlaban, cada quién en sus cosas.
—Ohh Jean que gusto verte por aquí
—¡Hola!
Saludó al barman que rápidamente le puso un vaso de licor recordando el preferido del rubio. Havoc se había levantado e ido hacia la barra a saludar a su viejo amigo.
—En verdad que ha pasado mucho tiempo, te ves radiante muchacho -El pequeño señor detrás de la barra siempre había visto con buenos ojos a Havoc, se podía decir que lo quería como a un hijo-. Ya vi a tu acompañante
Havoc río un poco al notar su tono cómplice, volteó de medio lado y notó como Laura se perdía entre la gente, probablemente buscando el baño. Se rascó la nuca un poco avergonzado cuando el pálido barman comentó que la chica hacia muy buena pareja con él.
—Y dime... ¿De dónde la conseguiste? Tiene muy buen cuerpo, no se parece como aquellas chicas que solías traer, es decir tan exuberantes y de la vida galante
Havoc frunció un poco el seño —No, yo ya no frecuento a esas chicas. Ella es maestra de lenguas nos conocimos un día en...
Se vio interrumpido al escuchar la carcajada escandalosa del barman —Si, ya te debió haber metido toda la lengua
Y se siguió carcajeando de un chiste que no le hizo gracia a Jean quien puso mala cara, el barman carraspeó incomodo al notarlo.
—Laura es mi novia -Dijo, volteó hacia los lados-... Y próximamente mi esposa así que cuida tus palabras
—Ohh... Yo, lo siento muchacho
Havoc bufó indignado, mientras apoyaba sus codos en la barra, el barman se había ido a atender a unos clientes dejandole solo junto a lo que dijo. ¿Realmente quería eso? No lo sabía, y tampoco sabía porqué lo dijo. Eso era muy presuntuoso de su parte, Laura tendría que regresar a Aurego en pocos meses, a menos que le pidiera que se casara con él no la vería nunca más. Se frotó el pelo frustrado y dejó caer su cabeza de lado sobre la barra. Ya no la vería nunca más.
Sus ojos se quedaron fijos en la chica que avanzaba entre un par de hombres corpulentos. Uno se ellos se agachó justo cuando la chica iba a pasar haciendola detener y haciéndolo fruncir el seño.
—Oye hermosa se te cayó esto -Le tendió una pequeña florecilla parecida a una rosa-
—¿Eh? -Vio la flor y negó enérgicamente con la ser propiedad del caballero-Señaló con un delicado movimiento al sujetó a su lado y que estaba enfrente del primer sujeto-
—...
El sujeto no tuvo de otra más que darle la flor al otro tipo frente a él, bajo la mirada atenta de la chica. El otro sujeto aceptó la florecilla con un tímido y extrañado gracias, ligeramente sonrosado, haciendo que su amigo se molestara ¿Porqué se sonrojaba el muy idiota? No había razón, amenos que...
Con una gran sonrisa la chica los pasó de largo dejandolos por primera vez boquiabiertos. Era la primera vez que una fémina no caía en sus trucos baratos y también la primera que no se intimidaba por sus grandes cuerpos.
La chica se sentó como si nada a un lado de un Havoc casi infartado. Nunca había sido bueno defendiendo lo suyo -Como con las chicas que Mustang le quitaba- él generalmente era un tipo tranquilo, no era un buscapleitos. Verla con esas bestias sólo lo puso tenso, pero definitivamente pelearía por esa hembra. Tampoco es como que le gustara darse de puñetazos con otros tipos por una mujer, ni por otras cosas en realidad.
—¿Qué te pasa? -Quiso saber la muchacha al verle inmóvil-. No pasa nada ves
Le dijo casi adivinando sus pensamientos. Havoc sonrió y sintió como la chica pegaba sus rodillas a su muslo, volteandose parcialmente hacia él.
—Laura... Yo, no quisiera que te fueras de Amestris
La chica iba a beber de su vaso cuando decidió no hacerlo al escucharlo hablar, no le dijo nada durante un buen rato.
Jean miró de reojo la gente que abandonaba el lugar. Dentro del local el tiempo parecía detenerse, incluso los fumadores y sus cigarros nunca dejaban de desaparecer en una de las esquinas al fondo, llenaban con el humo el techo del bar. Las melodías de pronto eran nostálgicas y suaves.
—Hace poco que nos conocemos Jean...
Era cierto, ¿cómo Havoc podía engancharse tan rápido? Se sentía un idiota, por supuesto que ella no sentía nada por él, más que deseo sexual. Pronto se dio cuenta que no podría retenerla tanto como él quisiese.
Era un idiota, tan sólo era sexo lo que tenían.
—¿Podrás aguantarme estos cuatro meses que me quedan?
Dijo al fin. Su profunda mirada verde calando en la de Jean. Havoc sólo asintió. Un asentimiento determinado.
—No importa, no importa si sólo es sexo. Quiero estar contigo en este momento
La chica lo miró sorprendida y un poco ofendida. Bajó su mirada para después alzarla hacia él y buscar sus labios en un beso lento, la mano femenina se dirigió hacia la nuca masculina, Jean sólo estaba ahí, correspondiendo pero sin usar sus manos. Era el besado. Sintió como la lengua de Laura pedía permiso para entrar y él la dejó hacer, sin saber exactamente que era lo que significaba aquello.
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Terminada la velada obligatoria, se fue a su mansión. Alex la acompañó ya que no tenía nada que hacer, cuando Alex regresaba se encontró con sorpresa a Roy Mustang. Quien llevaba algo debajo del brazo. Vestido informalmente, con chaleco color verdoso café, la camisa de manga larga blanca y pantalones de vestir, en su otro brazo su chaqueta negra.
—Oh Mustang-san ¿A dónde se dirige?
Respingó al ser descubierto por Alex, intentó pasar desapercibido.
—¿Roy?
—Alex... ¿Qué tal te va? -Inquirió con una sonrisita culpable-
—Oh magnífico, mi hermanita se acaba de casar
—¿¡OLIVIER!? -Carraspeó controlandose-. Quiero decir, su hermana?
El Mayor lo miró fijamente con esos pequeños y azulinos ojos.
—Sí -Afirmó, Roy se sacudió en un escalofrío ¿Como podía ser, que se haya casado?-. Catherine se casó hace unas horas
—Ahh... Bien, Qué tenga buena noche Mayor
Sin más sus pies comenzaron a andar, con Alex confuso dejandolo detrás de sí.
Roy caminaba tratando de no mostrar ninguna pista del lugar de su destino, sintiendo la mirada fija de Alex en su espalda. Tuvo que pasar toda la manzana -Que era toda la mansión- para despistar a Alex. Cuando regresó, para su suerte el gran hombre ya no estaba. Se dispuso a hacer lo haría.
Respiró hondo cuando ingresó a los jardines de la mansión, cuando uno de los empleados le había abierto y mandado el mensaje a la señora de la casa, de que Roy Mustang estaba ahí.
Nunca dejaba de sorprenderle los inmensos jardines tan perfectamente cuidados. Loa jardineros y los empleados de la mansión en verdad se esforzaban por hacer relucir las majestuosidad y elegancia de la familia Armstrong; con las increíbles figuras de césped, de árboles, estatuas de mármol y piedra y demás figuras talladas aveces por los miembros de la misma familia así como los artesanos empleados de la misma.
Cuando abrieron los portales de la lujosa mansión quiso salir corriendo despavorido, que se lo tragara la tierra, que se lo tragara Gluttony... Un hombre de majestuosos músculos le había abierto de nombre Alex Louis Armstrong.
No le quedaba más que decir la verdad.
—Vine a hablar con la comandante
—... ¿Porqué no llegó cuando me lo encontré Mustang?
Roy tragó duro ante ese tono hostil nunca antes escuchado en Alex.
—¿Mustang? -La voz de la mujer apareció-. Por supuesto, déjalo pasar Louis
El mencionado le dejó pasar, la voz de la mujer venía de una de las habitaciones al fondo, pasando las increíbles salas, su lujo y brillosidad encandilando los ojos de Mustang.
Seguido por la mole de músculos Roy se sentía un verdadero estúpido.
Olivier estaba sentada en uno de los sillones, con un libro entre las manos. Roy volteo a ver furtivamente al rubio hombre a su lado y para su mortificación Alex no ocultaba que le estaba viendo en todo momento. De seguro Alex se preguntaba qué hacía ahí Roy Mustang, visitando a su hermana... Nada tenía que hacer ahí. Olivier tomó la palabra.
—¿Viene por los asuntos exteriores no es así?
—Así es
Respondió firme y con convicción. Sus pasos se dirigieron al frente del sillón. Percibió cierta complicidad en su hablar así que se aprovechó de eso.
—Debe saber que no es horario jornal, pero eso sólo es excusa para los holgazanes. Adelante Daisotou...
¿Era un vestido? ¿Olivier portando ropas femeninas? Vaya vaya, pensó Mustang.
La mesita de té recibió una abulladura en una de sus patas de parte de unos distraídos pies. La copa de vino en la mesa, su contenido se tambaleó dentro de la barrera de cristal.
¡Maldita sea!
Gruñía en su mente. Todo pasó cuando los ojos de los hermanos Armstrong estaban sobre él.
Carraspeó, regresando a él su porte arrogante, haciendo como que no pasaba nada.
—Digame Mustang... ¿Porque no me hizo gemir como prometió?
—... ¿Qué...?
La quijada de Roy había chocado contra el suelo. ¿Cómo le preguntaba eso, en frente de su hermano? Debía estar podrida de la cabeza tanto como él.
—Olivier ¿Qué modales lo tuyos? -Alex parecía ofendido-. Aún no le has ofrecido una bebida caliente, ¿Así como quieres que te complazca debidamente?
Roy dejó caer su abrigo ante tanta locura.
—Es cierto... Mary porfavor
Había aparecido una muchacha rubia, una empleada.
—¿Y bien?
Roy se miraba desconcertado por su pregunta.
—Porqué no revisamos las gestiones como prometió
—¿...Gestiones? Oh -el carmín en las mejillas de Roy se extendía al comprender que había entendido todo mal. El único con la mente cochina era él-. Claro...
La chica Mary se fue hacia la cocina. Mientras le decía al hombre de piedra que las dejara caer. Y terminó dejandolas caer cuando se percató que Olivier en efecto portaba un vestido, un vestido muy sexy y encantador.
Eso, era demaciado para su atormentada y retorcida mente de Roy. Ya que bajó su mirada y fue una de las cosas que agradeció al cielo. La fría Mayor mantenía sus piernas cruzadas dejando ver el muslo coquetamente terminando en los zapatos de tacón negros que le sentaban realmente bien. Tragó dificultosamente cuando se fijó que llevaba una gargantilla que resaltaba su cuello delicado y femenino. Se sorprendió al notarla aún más poderosa. Este tipo de mujeres eran las que nunca podría tener, demaciado dominantes con una belleza salvaje e indomable. Él era del tipo de hombre que domina, que le gusta saberse controlador de la situación. Eran mezclas explosivas. En una relación nunca podría haber dos dominantes, no funcionaría.
Pero para sólo una noche no podría haber problema.
No me importaría dejarme hacer...
Con ese pensamiento fue descubierto por el seño fruncido de Alex y comprendió que en efecto él no podría ser tan afortunado. Roy permanecía en silencio, mientras su grandiosa mente trataba de recordar lo que sea relacionado con asuntos del país, sintiendo una horrible presión sobre él por las miradas azulinas de los hermanos Armstrong.
La chica llamada Mary regresó junto a una tetera un par de tazas y también una botella de vino que depositó en la mesilla del centro. Sus ojos no dejaban de ver al apuesto caballero que estaba sentado frente a su señora Olivier y al señor Alex. Entonces recordó que era un importante hombre, había escuchado rumores de ese apuesto y gallardo varón que fue durante la guerra. Tontamente y con las mejillas rojas de vergüenza por su torpeza le tendió una taza de té verde -Que era de la mas alta calidad traida del oeste de Xing- sus ojos virolos cuando no supo contestar ante la amabilidad del hombre al aceptar la taza, el coqueto le había sonreido como ningún hombre lo había hecho, según la chica y sus delirios de amor.
Cuando estuvo por cruzar la puerta hacia la cocina dió un vistazo hacia atrás, percatandose de que el pelinegro lucía más tenso y también de que el señor Alex le veía con una mirada casi hostil. Sus ojos se deslizaron hacia la señora Olivier quien parecía muy divertida aunque era muy difícil de saberlo, ya que sus fríos zafiros rara vez se suavizaban ante algo o alguien.
Dió un suspiro la chica Mary, a ella le encantaría vivir un amor con algún hombre tan poderoso y apuesto como aquél caballero que parecía robot ante las preguntas que los hermanos Armstrong le hacían.
—¡Muevete Mary!
Escuchó el llamado molesto de su madre y se obligó a caminar y dejar de ver a aquél trío tan extraño. Y con un último sonrojo pensó en su Fhurer, adentrandose a la cocina.
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N/A
A guest:
Muchas gracias por tu comentario primero que nada.
Este sí, yo lo entiendo hay muchas chicas, muchas fangirls de esta pareja -Del Royai- y de antemano yo sabía que no iba a tener mucha recepción de parte del público, de los lectores pero aquí estoy aportando un poco de arena para este fandom. Y sí es algo retorcido, la retorcida mente de Mustang, sus sueños húmedos hajaja Que gusto que te haiga gustado la parte de Havoc, sentía que Havoc tenía que tener su recompensa y aprovechando que no hay mucho sobre ellos, decidí escribir un poco más espero te guste esta parte.
Y sí en realidad no escribí esto teniendo un tema o idea principal jeje¡ y hombre! Muchas gracias por decirme que continúe sacudiendo su mundo de Royai, en serio me alegró mucho tu comentario, muchas gracias por tomarte tu tiempo para dejarlo.
Saludos, Rinna Reffsi
