Rayos, cuánto tiempo… uno dice muchas cosas, Jahahahaha ay bueno, para aquellos que les gusto, aquí tienen, el capitulo cinco. La verdad es un capitulo muy, pero muy especial. Espero lo disfruten y se deleiten.

He puesto una melodía, una canción si quieren escucharla mientras lo leen seria sublime… la canción se llama 'kumbala' de la Maldita vecindad.

Estoy muy orgullosa de como ha quedado, sin embargo, están en su derecho de opinar.

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Capítulo 5

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Eran las cuatro de la madrugada, la ventana de aquel apartamento casi vacío y lleno de cajas que no habían sido desempacadas eran testigos de lo que acontecía... La ventana se había empañado de la fuerte respiración que los pasionales amantes compartían y las cajas, una de ellas apachurrada cuando un par de pies se tropezaron con ella. Testigos fidedignos y silenciosos de aquél encuentro sexual salvaje y revoltoso.

El jadeo extasiado del varón acompañaba, envolvía y se hacía uno con el de su compañera que gemía y lloriqueaba de placer.

Sus cuerpos se movían casi indecentes y obscenos en ese acto de amor. Moviendo el colchón con una marcada y fuerte repetición. Fuerte y hondo. Rápido y duro. Lento y profundo.

Salía de su interior para después recompensarla con más fuerza y delicia, las pelvis de los jóvenes muchachos chocaban y se apretaban entre sí, sus sexos se oprimían y friccionaban dándoles un puro placer y un encandilamiento en su cerebro que les hacía incapaces de parar o pensar en otra cosa; dopándose a sí mismos con la magia de sus cuerpos unidos.

Estaba teniendo relaciones sexuales como nunca antes lo había hecho, incluso se atrevía a decir que estaba haciendo... El amor. Y pensar así le llenaba de una emoción única, de estar haciéndose y haciéndolo con dedicación y armonía. No era como aquellas veces que Havoc solía tener sexo con sus "amigas" aunque había sido placentero ésto superaba a aquello, sin duda.

En el vaivén de sus caderas masculinas sobre las femeninas, Havoc intentó besar a su amada sin embargo su propio vaivén placentero se lo prohibía y tan sólo sus labios se alcanzaban a rozar, intercambiando sus jadeos de placer y un gemido ahogado de ella al sentirlo penetrarla de una forma suave y sin precipitaciones. Estaban para amarse, y Havoc nunca había sido un impaciente, y con la sabiduría de quien sabe esperar se enterró en ella una vez más con un ritmo que parecía volverla loca, lo sabía por sus manos en las caderas de él, queriéndole ayudar e ir a un ritmo más frenético.

Havoc sólo pudo sonreír, complaciéndola.

Un enviste más y se derramó en ella, cayendo exhausto sobre su suave pecho. El gemido de ella hondo y satisfecho, dio otros pequeños cuando sintió el miembro de su compañero sacudirse en espasmos todavía en su interior. Su orgasmo fue compartido.

Se quedó contra su cuerpo, su cabeza reposando en el hueco del cuello femenino al acabar la faena.

—Jean...

El susodicho aún seguía entre sus piernas, su pene hacía contacto con su intimidad ya fuera de ella, en una caricia de sexos, de intimidades calientes y gozosas. Las pieles de los amantes se erizaron con el postcontacto impidiendo ir la reciente excitación culminada.

—Aghh... -Jean soltó un gemido cuando se incorporó un poco, haciendo que la longitud de su miembro viril chocara precisamente con el clítoris de la mujer quién soltó el aire comenzando a excitarse nuevamente, la calidez compartida de su unión hacía que Jean ansiara otra vez hundirse en ella—. Yo... Ahh... Sólo dame un minuto...

Su suave voz varonil entrecortada y jadeante por la excitación sólo incremento la de la mujer. Besó sus labios, sus pómulos y mejillas, rojizas por la fuerte acción hecha, besos lentos que demostraban delicadeza, afición y algo más. Se recostó al lado de la fémina y ésta sonrió de oreja a oreja, lanzando un suspiro amoroso y lleno de complacencia.

Se quedaron ahí, acostados en la cama, desnudos, esperando el alba de esa larga y satisfactoria noche. Desde que habían vuelto del bar habían estado retozando por todo el pequeño apartamento de Lauren. Riendo estúpidamente cuando calenturientos se tropezaban y aplastaban las cosas por su camino. Con esa sensación de hacer algo a escondidas, rompiendo las reglas cuando los vecinos se empezaron a quejar por los ruidos que se escuchaban a través de las delgadas paredes que separaban un cuarto de otro.

Intentando acallar sus suspiros de amor sin mucho éxito.

—En este momento me fumaría un cigarrillo

—¿Después de tener sexo?

—...

Jean se quedó absorto por cómo ella había llamado lo que habían tenido sexo era sólo eso para ella. Y se sintió un tonto al pensar que él había demostrado su amor, que habían hecho el amor. Un terrible silencio se apoderó de la habitación… Pero qué tonto era, se reprochaba el rubio.

Volteó a verla de reojo, viendo que su rostro estaba volteado a la ventana, impidiendo ver la expresión contrariada de la mujer.

—No, nunca lo había hecho

Musitó el varón para él mismo, sus ojos clavados en el techo, la mujer observando su perfil serio y dolido cuando le escuchó murmurar.

—¿Hacer qué? -Preguntó ella-

—Nada... Fumar un cigarrillo después de hacer el amor

—Dime Jean

—No es nada, me voy a dormir

Se volteó dándole la espalda, tapándose la parte inferior con la sábana que estaba en el piso. La mujer la única que estaba al descubierto e hizo un puchero al comprender que Jean no compartiría la sábana. Estaba enojado, entendió, pero no sabía por qué. El frío le empezaba a calar, sus pezones, así como su cuero se erizó, se abrazó a sí misma cuando Havoc se tapó hasta los hombros con la sábana, ignorándola o tal vez eso quería hacer. Por un momento estuvo a punto de voltearse y arroparla contra su cuerpo, olvidando la idiotez por la que se molestó. Pero no pudo, no supo de dónde le había salido ese orgullo herido que no le dejaba acercarse en ese momento a la chica a sus espaldas, que estaba seguro tiritaba de frío.

Los ojos de la chica vagaban de la espalda de Havoc hacia la ventana y de la ventana a su propio cuerpo y de el por toda la habitación, así sucesivamente. Siendo incapaz de arrepegarse, como deseaba, a la fuerte espalda de Jean que a sus ojos se miraba muy calientita y reconfortante; en su lugar abrazó a la almohada, obteniendo un poco de alivio contra el frío.

—Mmmm pero que malo eres...

Murmuro en un quejido de cachorro al dejar la almohada y con timidez acercarse al cuerpo de Havoc. Se quedó a medio camino cuando Jean la paró en seco, levantándose de la cama. Lauren se sonrojó un poco al ver su lindo trasero en toda su visión y más tarde sus genitales cuando volteó hacia ella.

Por primera vez desde que se habían estado acostando, se sentía intimidada y un poco turbada por él. Tenía un gesto serio que para nada recordaba al amigable y risueño Jean que conoció y ese aire de seriedad en él le resultó muy atractivo, aunque nunca se lo diría. Se quedaron viendo a los ojos, ambos expectantes, hasta que Havoc distraídamente y para nada cariñoso la cubrió con la sábana, yendo después a buscar su ropa interior.

—¡Oye no soy un cadáver! -Se quejó en un lindo gruñido-

La vio de reojo cuando Lauren se quitó la sábana que le cubría toda la cabeza y reprimió una sonrisa eres tan fría como uno pensó mientras se puso sus bóxers y buscaba el resto de su ropa, tropezando con la falda y bragas de Lauren, que recordó casi se las arranca y rompe en su fogosa necesidad.

Necesitaba un cigarrillo y rápido.

Nunca había pasado por algo como eso, sus anteriores compañeras siempre habían sido pasajeras de una o dos noches. Nunca había estado en una relación formal. Se había enamorado un par de veces, pero nadie nunca pudo corresponder a sus sentimientos y comprobó con molestia que ya se había enamorado y Lauren no iba a cambiar su suerte al corresponderle. Sabía que no iba a ser así.

Quería irse de ahí y ya no sentirse un pequeño idiota. Sin embargo, ella no era la culpable de sus tontos sentimientos.

Habían acordado una relación sólo sexual, estaba implícito que los sentimientos no tenían nada que ver.

—¿A dónde vas?

—Tengo que entrar a trabajar en unas horas y necesito mi uniforme

Respondió seco, y se maldijo por haberle hablado así. Entonces ella comenzó a vestirse también. El reloj marcaba las cinco con cinco de esa madrugada de lunes, supuso que también ella iba a entrar a trabajar en la escuela donde impartía sus conocimientos de lenguaje Auregiano.

—¿Con esa ropa vas a dar clases?

Le preguntó cuando la vio con su ropa del día de ayer, la falda corta y el suéter rojo. Ella no contestó y se ponía sus medias.

Jean terminó de atar los cordones de sus botas, tomó su chaqueta al hombro y abrió la puerta sin decir nada. Yendo directo a la puerta de salida, Lauren lo alcanzó y salió junto a él. Extrañado, caminaron a la par, dándose cuenta de que Laura lo estaba siguiendo y no daba muestras de ir a otra parte.

Durante el camino silencioso y oscuro, pudieron ver salir y vaguear de muchos establecimientos nocturnos a parejas y grupos de muchachos, que se caían de borrachos y soltaban piropos a la acompañante de Jean, quién iba un poco atrás, resultándole difícil seguirle el paso, pues Jean daba unas largas zancadas en cada paso, probablemente queriendo llegar rápido a su casa.

No dio importancia a esos celos que sintió, pero aminoró su carrera y cubrió con su chaqueta a Lauren. La chica sonrió victoriosa, pero dejó de sonreír, no logrando entender nada pues no supo porque ella también salió de su apartamento y lo seguía.

Sí, eran un par de idiotas cabezas huecas.

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—El general Hagen me ha comentado sobre las grandes producciones que se registran en el terreno ishbalie, es la mitad de la producción en general

Roy asintió, mientras tomaba una taza de café

— Scar aportó mucho cuando vino a central... Me habló sobre ese incidente que tuvieron -Dijo la Mayor-

—Si... Bueno es algo que ya superamos ambos, creo -Meditó sobre el malentendido y la actitud hostil que Scar mantenía con él durante toda su estancia en central; incluso se había mostrado parcialmente amable con Hawkeye y eso que ella una vez le había disparado -Por supuesto para proteger a su inútil coronel mojado de Scar- Ese malentendido había nacido a la renuencia de Roy sobre dejar sin modificación algunos archivos sobre Ishibal -Que debían ser revisados, todos y cada uno- todo porque quería ya salir del trabajo, claro después lo arreglaría. El problema fue que Scar entendió que no daba la seriedad necesaria para sus compatriotas pues le había escuchado-

— Supongo que debió haberte asustado, mis hombres tienden a intimidar, naturalmente

Dijo con un deje de orgullo, mientras sus labios acariciaban la taza de porcelana al beber. Mustang sonrió apenas y vio a los ojos de Olivier. No se sorprendió de ver esa mirada fría y -en ese momento- no tan dura de ella al observarlo.

—Hemos logrado mucho, sin embargo. Fue una imprudencia de mi parte... Nada que no pudiera controlar por supuesto. Scar es un tipo rudo eh

Comentó con un aire autosuficiente y la rubia alzó las cejas al escucharle reconocer sus errores.

—Tan duro que te dio una paliza, creo recordar -Roy lucía desconcertado—. Hawkeye

Olivier curveó sus labios en una sonrisa burlona al verlo ligeramente avergonzado. ''Hawkeye" era lo único que tenía que saber para darse cuenta que probablemente otras cosas más bochornosas le debió haber contado a Olivier de él.

—Como sea, el número de deportaciones en la frontera norte cambiando a otros temas, es relativamente bajo, más de lo que nosotros habíamos predicho

—Tal vez no están tan desesperados por salir y tener que aguantar ese horrible clima -Mencionó distraído ganándose -Ahora sí- una mirada mortalmente hostil de Olivier por lo que dijo sobre el clima—. Aunque nos sorprenderíamos de las cosas que es capaz de hacer el humano para sobrevivir...

La Mayor contuvo su molestia al sentirlo de nueva cuenta perdido en sus propios pensamientos. Roy estaba ligeramente apoyado en sus brazos que descansaban sobre sus piernas, ligeramente inclinado hacia Olivier. Ella como la señora de la casa que es, recargada a sus anchas en el cómodo respaldo del sillón. Le veía con cierto desinterés la joven rubia.

Así como estaba Roy, parecía estar tomando una decisión muy pesada y altamente perjudicial. Incluso Olivier pensó que así debía de verse cuando tomaba una decisión sobre Amestris, tan serio y severo al mismo tiempo.

Olivier pocas veces había visto al elegante y poderoso alquimista de fuego tornarse tan pensativo frente a ella, casi nunca. La mayoría de veces que se veían las caras era por asuntos meramente profesionales y aun así Roy se las ingeniaba para sacarla de sus cabales aunque sea un poco.

Muy en el fondo de ella reconocía a Roy como un verdadero camarada. Reconocía que tenía agallas y había dejado de ser un debilucho. Tal como aquella vez que su hermano Alex se lo presentó, hacía ya doce años atrás.

Recordaba su rostro sorprendido cuando se habían presentado, probablemente pensando que ella no se parecía en nada a su fornido hermano y aunque luciera ese gesto severo, era una dama muy hermosa, había reconocido internamente el morocho.

Su cara de asombro con una mezcla de molestia cuando escuchó sus palabras despectivas sobre su corto período en la milicia y lo poco que había conseguido en la misma, reconocimientos etc.

Olivier había sido muy dura con él, se podría decir que no se habían caído bien desde el principio y ella como su superior aprovechaba cualquier defecto de éste para fastidiarlo y dejarle en claro la diferencia entre ella y él. Una vez siendo ambos más jóvenes habían tenido un combate cuerpo a cuerpo, en el cual está de más decir que Roy fue utilizado como trapeador para fregar el piso.

Roy torpemente se había excusado diciendo y mostrando parte de lo que sería su rasgo típico de gallardía caballerosa años más tarde, diciendo que no le gustaría lastimar a una dama tan fina y delicada como Olivier en un combate tan violento.

Sonrió al recordar que le había hecho ver como un verdadero perdedor cuando dijo: No lograras nada con esa débil actitud tuya si pretendes seguir en la milicia y más tarde en el campo de batalla... ¿Acaso te tocaras el corazón cuando tu enemigo te muestre su lado fino y delicado?

No seas absurdo, la caballerosidad no te servirá de nada en la guerra

Y Mustang crudamente años después lo comprobó.

Incluso Olivier había sido como un ejemplo a seguir para Roy. Aunque claro Roy no lo admitiría. Mustang notaba cuando ambos estaban en central que ella era muy subestimada por los altos mandos de aquel entonces, por ser una fémina y creerla en muy pobre opinión. Roy nunca la vio sucumbir ante aquellas caras burlonas, siendo así admirada por él de una manera que ni él mismo lo sabía ni entendía. ¿Por qué admirada? Bueno, él en ese tiempo creía todavía en sus tontos ideales de justicia, donde la milicia 'protegía' al pueblo. Y saberla, conocerla a ella con un inquebrantable ideal -proteger a Amestris en la frontera norte- le hacían creer que él podía también.

Y él pudo.

Ella, una delicada flor con espinas. Un glorioso e inmenso témpano de hielo. Con una mirada que calaba, tan intensamente glacial y su suave belleza, afilada, rasposa, imponente cual montaña, subestimada a lo lejos, pero temida de frente.

Una mirada de esa mujer y todos caían ante ella.

Así era descrita secretamente por muchos y él no era la excepción.

A Mustang le parecía muy curioso las personalidades tan contrastantes de Olivier y Alex, siempre creyó en broma que Olivier estaba de algún modo frustrada como para tener siempre un humor de perro. No era atendida como se merecía, pensaba constantemente el joven Roy de aquél entonces.

Mucho antes de la guerra civil de Ishibal, Roy Mustang tenía el desafortunado privilegio de encontrarse a menudo con Olivier en las instalaciones de tiro de central. Una vez vio charlar en ese mismo lugar a Riza y a Olivier. Ambas mujeres le habían dado una mirada extraña, la fría despreciable de Armstrong y la confundida, seria mirada de Hawkeye.

Había ignorado durante un par de años la buena relación profesional y de cierta manera de amistad entre las dos rubias.

Con el tiempo Mustang se había vuelto atrevido y manipulador, un jugador astuto. Esos rasgos que tan duramente te ganas con la experiencia de vivir, una vida dura.

Aceptaba que la primogénita de la familia Armstrong, era un eficiente, confiable, y duro así como inigualable miembro de la milicia, lo había aceptado apenas había visto sus habilidades de mando y la certeza con que se dirigía a sí misma, rodeada de hombres de alto poder que la despreciaban por su género, sus superiores que siempre trataban de imponer cualquier absurdo pretexto para relegarla a simples tareas de secretaria, que siempre habían sido otorgadas a mujeres, negándose a confiarle un puesto superior y en los cuales ninguna mujer había llegado.

Pero qué mujer tan tremenda, pensaba Mustang con secreta admiración.

Pero Roy no estaba perdido en sus memorias de antaño como Olivier, aunque siempre las tenía presentes más ahora con lo que se proponía.

Roy observó furtivamente a la poderosa mujer que tenía en frente, con precaución, aun cuando Armstrong se había retirado dejándolos solos no se atrevía a mirarla abiertamente.

No era un animal pero ciertamente tenía unos deseos casi salvajes cuando deslizaba sus ojos por las piernas de ella, las largas piernas poderosas que la sostenían, que se movían con elegancia en ese vestido y subía por la vereda de sus caderas, se perdía un momento en esa curva, deliciosa curva que lo intoxicaba impidiendo quitar sus ojos... luego acariciaba su cintura como si pudiera tocarla, tentaba su abdomen, se hundía en él, seguía subiendo y se encontraba con sus senos, suaves y engañosos como una cruel montaña, escalaba con ímpetu como si algo se le cosiera encima, llegando a su clavícula y cuello... tentador como un oasis en el desierto o una cabaña en las montañas. Reconfortante para el viajero y energizante para el sediento. Llegaba a la cúspide y se zambullía en el néctar de la victoria al saberse erróneamente el primero en alcanzar la cima.

Enterraría su estandarte en ella, señalándola y marcándola como conquistada en medio de la suave ráfaga de viento que le envolvería y arrastraría queriéndole enterrar en sus entrañas, sepultándole en la fría y dura masa de indiferencia, helada y pesada. Su magno ser lo consumiría, muriendo sólo por una probada, que sería la más exquisita y sublime que jamás probaría nunca.

Porque no sólo era su cuerpo que ansiaba tener, sino algo más.

Estaba impactado, para nada se veía inofensiva y frágil como cualquier otra mujer enfundada en un vestido. Ella era bestialmente poderosa y bella, ninguna otra podría quitarle esos adjetivos.

Rompía todos los esquemas de una buena mujer o esposa: sumisa, recatada, comprensiva, delicada y magnánima. Era ella, no un hombre. Una verdadera mujer con convicción. Conservaba su femineidad de una forma tan sutil.

Estaba seguro que cualquier hombre querría un encuentro con ella, si no es que se sentían intimidados por la seguridad y dominio de la mujer. Él mismo lo quería, ¿A quién engañaba, pretendiendo ser un buen hombre de pensamientos correctos? Por supuesto, seguía siendo un hombre inevitable que sus ojos no se posaran en ella de una forma totalmente sexual, que sus instintos mas bajos se activaran al oler tan dulce olor proveniente de ella, que su mente amenazara con hacer cortocircuito por las absurdas reglas de la moral, de las leyes de los hombres comprometidos…

A la mierda todo aquello, una voz interior le dijo.

—¿Tiene alguna relación sentimental, general Armstrong?

La rubia achicó los ojos ante esa seriedad del varón. Podía no contestar si lo deseaba, sin embargo, esa pregunta tan repentina le movió la curiosidad. —No tengo, ya estoy vieja para esas cosas, aunque me hubiese gustado...

Roy alzó su mirada a ella cuando cayó abruptamente. La mirada de Olivier se ensombreció, el varón expectante se atrevió a preguntar: —¿Que le hubiese gustado? ¿Tener hijos?

La fría mirada de Olivier penetraba de una manera como pocas veces, demasiado hostil.

Sólo faltaba que le dijese que aún podía tener hijos, que aún era muy joven como el inepto del general Raven le había dicho alguna vez. —¿Me dirá que la mayor alegría de una mujer es parir críos? ¿Que una mujer no es mujer, si no concibe un bebé?

—... Claramente no para usted Olivier. -Dijo Mustang después de un largo momento de reflexión.

La susodicha sonrió molesta. Por supuesto que para ella ese tipo de felicidad era irrelevante.

Y le molestaba que siguiesen pensando en esas tonterías, no todas las mujeres sueñan con tener críos y casarse... Ser fiel y sumisa al hombre.

Roy no supo cómo acabó todo aquello en ese tema., no estaba en sus maléficos planes el tener una conversación como aquella… vamos que estaba por echársele encima como una bestia movida por sus primitivos y sexuales instintos.

Era obvio que a Olivier le molestaba en exceso ser comparada con una mujer común y corriente. Ella había trascendido de su propósito biológico a algo mucho más grande y satisfactorio.

Podría parecer cruel y despectivo, pero ella no había nacido para cambiar y lavar pañales. Y no por eso era un ser cruel y sin sentimientos, aunque ella lo pareciera.

Pero era muy diferente el tener un compañero al lado. Y eso es lo que alguna vez soñó, con un compañero que estuviese junto a ella, no delante de ella protegiéndola. Una mujer también puede defenderse y no depender de ninguna manera al hombre.

Desgraciadamente nunca llegó. Y aquellos que parecían respetarla y comprenderla tal cual era... Siempre los rechazó o ya estaban comprometidos o habían muerto en combate.

En cierto modo era una tristeza, una pena que el alma de Oliver cargaba de un modo muy silencioso, pero esas eran debilidades de una simple mujer, esas cosas no eran para ella.

—Creo que, en el fondo somos más parecidos de lo que suponemos -Dijo el morocho luego de un análisis y notar cierta soledad en la mirada de la rubia.

—¿En qué nos parecemos? Yo no he supuesto tal cosa

Con una tímida y avergonzada sonrisa Roy bajó la cabeza ante la astucia de la mujer.

—Bueno, ambos no vemos en la familia propia la felicidad y el éxito

—... ¿Roy Mustang no tendrá descendencia? -la mujer astuta decidió cambiar el tema fuera de ella, nunca se permitiría sucumbir ante esas debilidades, mucho menos frente a un varón.

—Puedo tenerla, pero... Lo vería como un requisito de la sociedad y caería en aquello que he estado evitando

La rubia lo miró fijamente, parecía decir la verdad. —¿Ella está de acuerdo con eso?

Roy no se esperó aquella pregunta, se quedó mudo, al parecer era más que obvio la relación y cercanía con Riza Hawkeye. —Creo que ella estaría encantada

Comentó la rubia suavemente, y Roy desvío la mirada incómodo. —¿Por qué lo dices, acaso te lo dijo?

—No es necesario que lo diga, lo haría con mucho gusto por ser tú

Le devolvió la rubia con el mismo tono irritado. Roy abrió sorprendido sus oscuros ojos. Había quedado como un tipo insensible. Tomó de su taza de té, cuando Olivier le ofreció una copa de vino, la aceptó y bebió de ella.

—¿Sabe?... Hawkeye es una chica muy especial

Roy no supo cómo interpretar aquello así que bebió una vez más de su copa. Una sonrisa se le formó a Olivier en su rostro impasible.

—¿Usted Olivier nunca pensó que sería una madre o no? A mí me pasa algo parecido, no me veo en un ámbito familiar amoroso, creo que sería lo contrario

—... ¿Lo dices porque no crees que merezcas esa dicha? -Mustang la miró como si le hubiera revelado una gran verdad, así se sentía, indigno—. Esas son tonterías... Me encantaría conocer a tu hijo o hija

Musitó eso último como si le apenara confesarlo, y ciertamente Roy tampoco se esperó aquello.

¿Acaso le estaba diciendo que tuviera hijos con Hawkeye? Roy estaba muy, muy sorprendido por aquella mujer.

Ante su mirar consternado la rubia río divertida. Una risa no tan encantadora como se hubiese esperado, pero era muy agradable escucharla más aun conociendo el carácter de hierro de esa mujer. Y él se permitió contagiarse de su risa, riendo en primera un poco tímido para después soltar una carcajada realmente encantado, Olivier lo secundo en ello.

Era como si ahora ya fueran amigos, como si fueran más cercanos… oh pero que gran honor.

Así de cerca, ambos se encontraron agradables... Y solos.

—La descendencia es importante, lo es en absoluto, pero ¿Qué pasa cuando hay gente como nosotros?

Olivier lo miró con fijeza mientras analizaba esa pregunta— ... Se acaba, eso es todo.

El alquimista de fuego asintió con firmeza, ya no habría generaciones de su sangre, gente con sus genes, otros individuos parecidos a ellos. Y es que ellos son personas únicas. Que desafortunadamente no habría más como ellos o quizás sí. Nadie lo sabía, todos son únicos y diferentes.

Nadie había comprobado que la reencarnación o ese tipo de cosas fueran un fraude… todo es posible. Quizás volverían a la vida en otro periodo de tiempo diferente, siendo los mismos sólo que con una terrible amnesia.

Aunque para que querrían a otro Mustang o a otra Armstrong si habían cometido tantas aberraciones contra la humanidad.

—Nunca hubiese creído que, lo consideraras una dicha

Roy sonrió burlón, obteniendo una sonrisa cómplice de la mujer.

—Una familia es especial. Hay personas adecuadas para ello.

En ese momento Roy había recordado a Maes, suspiró con un deje melancólico.

—Que sea una dicha... Depende de los involucrados

Dijo una vez más dejando al varón perplejo, no era algo que diría la persona más fría y cruel del mundo. Cuántas sorpresas con esa mujer. Y que idiota era Roy, ella también tenía un juicio sobre eso.

Era como un alivio, encontrar la bondadosa conciencia en ella. Ella después de todo era un humano también y olvidaba que él mismo también lo era.

¿Entonces por qué seguía sintiéndose de esa manera, cuando todo acababa, cuando estaba solo, solo junto a sus pensamientos, sus recuerdos? Tan repulsivo. Su conciencia nunca le dejaba en paz, aunque aparentara lo contrario, de alguna manera algo siempre le recordaba aquellos inocentes que habían muerto por su mano.

Se preguntaba si a Olivier le pasaba lo mismo u a otros individuos que habían cometido los mismos pecados. La respuesta era afirmativa.

Con el paso del tiempo la carga se iba haciendo más ligera, aunque no lo notara y es porque el humano lo olvida, lo sobrelleva de distintas maneras. Lo olvida a fin de que esa atormentada alma, pueda descansar un poco, y que redención tan más apropiada para aquel que se arrepiente y busca una liberación, una para su también maltrecha alma, justo como la de Roy.

Dios… nunca puedo haber imaginado que podría sentirse tan bien junto a Oliver. Había vuelto su raciocinio. El antes coronel supo en ese entonces cuánta soledad y tristeza había en aquella mujer. Comprendía. Lo hacía, era como un entendimiento mutuo y mudo. Mustang se sentía digno ahora, se sentía reconfortado, la presencia de la mujer era como un cálido espejismo de su antigüedad, su yo mas joven.

Claro, eran voluntades que se entendían, no de antemano se habían conocido por tanto tiempo.

Eran el par de soldados que regresaban de la cruda guerra a sus hogares, impregnados de esa fétida y nauseabunda sensación de la guerra. Aquella maldita sensación a muerte.

Se podría decir que era camadería, pero sobre todo era comprensión. Simplemente Roy sentía como si Olivier supiera de sus pensamientos, de sus emociones, esa mirada tan dura podía expresar también empatía. Vaya, la Armstrong después de todo no era un ser sin emociones.

Esas ganas de poseer a la rubia habían desaparecido, habían cedido para dar paso a un respeto mucho más profundo. Aunque, Roy nunca lograría comprender cómo es que ella lo sobrellevaba… no hacía más que sentirse atraído por aquella diosa de la guerra. Atraído en una forma… que solo quería estar ahí, siendo entendido.

Las tres de la madrugada eran anunciadas por el tintineo contante de aquel reloj antiguo de madera, mas no importaba, la pareja que ahí residía, parecía no importarle el tiempo. Había momentos en los que simplemente se quedaban callados, cada quien, en sus turbios pensamientos, otras veces se miraban con fijeza, tratando de entrañar lo que sus ojos reflejaban… eran esos momentos intensos y llenos de significancia que lograban quebrar el sosiego de la madrugada con una cómplice risilla, borrando la seriedad y sobriedad -que ya era casi nula- de los adultos en la pequeña sala de estar.

Se sentía compañeros, lo eran en realidad.

Amigos era una palabra tan peligrosa y a la vez tan intima que cualquiera de los dos se habría sentido abochornado por ello ante la mención. Aquello demostraba tanta cercanía y confianza que temían no ser correspondidos de tal manera. Eran adultos, era el compañerismo que nunca se habían demostrado anteriormente, era tan extraño mas no incomodo…

Las horas pasaban sin que aquel par se diera cuenta de ello, el alba comenzaba a colorear de una manera tan excelsa y gloriosa aquella mañana que sin duda significa el inicio de algo nuevo, el resurgimiento de algo. El nacimiento de un nuevo y provechoso porvenir. Era el amanecer donde sus alamas se habían encontrado y hecho cómplices, cómplices de sus errores cometidos.

La Mayor Armstrong se levantó de su asiento y se dirigió hasta la esquina de la habitación, a la vez que le daba la espalda a Mustang éste, aunque aturdido, no perdió detalle de su vista trasera. Ese vestido era tremendamente provocador y potenciaba sus atributos naturales.

Roy internamente nunca se hubiera perdonado si no hubiera prestado atención a tan magnifico momento, quería apreciar y admirar el dichoso cuerpo de tan poderosa comandante ¿Qué? No era un crimen, tampoco era un pervertido por hacerlo, él simplemente lo apreciaba, esa vista tan maravillosa. La respetaba, pero también era un hombre, cabe recordar.

Para su sorpresa se comenzó a oír una melodía, muy tenue que para poder escucharla tenías que poner máxima atención. Volvió sus ojos a ella y la vio caminar como siempre lo había hecho, pero esta vez el muslo expuesto por la raja del vestido le hipnotizaba -irremediablemente- queriendo ver un poco más de la piel que cubría. Si Olivier estuviese en un concurso de belleza, estaba seguro que ganaría, él la apoyaría. No, ni siquiera podrían competir contra ella.

Volvió a sentarse y comenzaron a conversar, esta vez Roy se acordó de aquello a lo que iba: —Olivier yo, venía a pedirte una disculpa

Dijo sinceramente. —Sobre aquella vez, que yo -Empezó a divagar—. No fue muy maduro de mi parte, mucho menos es algo que hice para ofenderte yo, me disculpo

La rubia se quedó callada, analizando sus palabras. Roy respiraba profundamente, y mantenía su vista baja.

Ella sonrió y bebió de su copa.

—La acepto, tu disculpa. Pero quiero saber... ¿Acaso deseabas verme con una minifalda?

La Armstrong preguntó ahora con esa confianza y cercanía de amigos. Mustang se atragantó con su bebida, ¿Qué si lo deseaba…? por supuesto que sí, pero era algo que nunca pensó realmente. —Eh bueno yo, no, no estaba pensando muy bien, lo lamento...

Hizo un ademán con la mano izquierda, como si quisiera atajar las ideas que se le iban de la cabeza por las preguntas de la mujer rubia.

—¿Me deseas? -Cuestionó con atrevimiento y malicia la rubia, complaciéndose por la reacción del hombre.

Los colores se le fueron a las orejas, a su rostro pálido, los sentía como hierro caliente, calló durante mucho tiempo. No se atrevía a verla. Debía ser una broma, su corazoncillo no estaba preparado para esa pregunta, aunque la respuesta fuera obvia. Mejor sacó el paquete que llevaba y lo desenvolvió, notándose una botella negra. Era vino negro de muy alta calidad, distribuido entre los conocedores de la prueba de vinos. Con elegancia abrió la botella y se sirvió una copa y otra a Olivier. Sin verle a los ojos, comentó la exquisitez del vino. Aunque para Roy le había calado como fuego ardiente en la garganta y rápidamente le había nublado la mente.

La rubia lo probó con deleite y estuvo de acuerdo.

Era demasiado alcohólico, Mustang veía consternado la botella y su grado de alcohol que superaba al de cualquier vino de mesa.

¿Pero qué jodidos había hecho?

Se lamentó cuando levantó su mirada y observó el rostro sereno de Olivier dar vueltas. Se sintió enfermo y como si cayera en una vil trampa -trampa donde había caído por si solo- iba a confesar sus más oscuros deseos…

La melodía antes escuchada comenzó a decaer para después levantarse como en vilo...

No supo cómo ni cuándo, de pronto ya estaba de pie, oliendo a flores, unas flores muy particulares, jazmines. Y su estado de embriaguez se bajó súbitamente al reconocer la cabellera rubia y el cuerpo frente suyo.

Como si hubiese estado sordo, sus oídos se destaparon y lograron escuchar las melodías que sonaban del gramófono, reliquia antigua basta decir pasada de generación en generación por la familia Armstrong.

Las suaves notas de la exquisita trompeta pero que a la vez eran gruesas y sensuales, acompañado de otros instrumentos que le hacían segunda, sonaba como si fuese un sueño, como si estuviera en alguna época lejana y añorada por él. Esa sensación nostálgica... Efervescente contra su cuerpo, pero no en sus memorias.

La nota de ese momento, tan sublime, hundía sus sentidos, decaían y permanecían por el gran talento de los músicos. Hermoso.

Se dejó llevar, su cuerpo fluyó y se adoptó al de Olivier. Una pieza suave, delicada. Su cuerpo se aferró de manera lenta al cuerpo de Olivier, que elegante guiaba sus pasos.

Y adentro la noche es música y pasión...

Era como el agua: apacible y engañosa, con sus ondas sensuales de vida, y su inmenso territorio inviolable.

Sentía el movimiento de sus caderas, y el fuego dentro de su ser.

A pocos centímetros de sus labios, Roy deseaba sentirlos. Su cuerpo varonil y fuerte protegía el de ella. Olía su respiración alcohólica, de ambos. Un anhelante, como un suspiro lleno de vida.

Veía los labios de Olivier en una ligera sonrisa.

El corazón, la media luz siempre se entregará, mar todo el ambiente huele a mar, mucho calor, sudores en la piel, sudor sabor a sal.

Y en la pista una pareja se vuelve a enamorar

Olivier de pronto se sintió muy a gusto entre sus brazos, el olor de Mustang era tan especial que la hacían quedarse pegada a su cuello. Se sentía muy bien. Mustang unos centímetros más alto que ella aún con tacón medio, absorbía la calidez de la mujer y compartía la suya, bailaban lento. Sus ojos oscuros hechizados por esos zafiros de hielo.

Le dio la vuelta y la apegó a él, con el sensible y suave contoneo que imponía la melodía...

Sus caderas se acoplaban en ese inolvidable vaivén.

Aquel saxofón de un encanto eminente…

Una risa, una caricia y en la pista una pareja se vuelve a enamorar...

No se sintieron extraños por la cercanía tan íntima de sus cuerpos, se movían como la seda. Sus esencias se unían y mezclaban formando una excelsa armonía.

... Y en el kumbala todo es música y pasión

Pegada al cuerpo de Mustang, se dejó tocar, las manos del varón subían con una fogosa pereza de sus caderas hacia su cintura, acariciaba su vientre, siempre siguiendo la melodía.

Con dedicación y sólo como él sabía hacerlo, tocaba su cuerpo instrumental y presionaba en los lugares correctos.

Una dulce melodía salía de sus labios al ser besada en el cuello y al sentir la caricia por su cuerpo de algodón.

La melodía que salía del gramófono sonaba exquisita, alentando la pasión creciente entre los adultos que sabían tronaría inevitable.

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