¡Nada me pertenece los personajes son propiedad de Stephanie Meyer.

La historia está preservada bajo derechos autor!

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VEINTICINCO

Edward.

—Baila conmigo, poli —murmuró carcajeándose.

—No, no vas a lograr eso.

Ella hizo un puchero.

—Solo un baile, si no sabes bailar no importa.

—Sé bailar, Esme me enseñó.

—Entonces ven —me pidió extendiendo sus manos hacia mí. Negué con la cabeza—. Gallina, te da miedo bailar una canción suave.

—Conmigo no funciona la psicología inversa —le advertí y ella caminó hacia mí tomando mis manos—. Solo levántate y muévete, una canción y te dejaré en paz… me lo debes.

—¿Ah sí? —Enarqué una ceja.

—¡Quemaste mi pollo! —chilló entre risas

—Oh, por favor, usar el chantaje emocional… eres toda una chica…

—Eso dijo el doctor cuando nací —se burló y luego tiró de mi mano haciéndome levantar justo en el momento en que la canción cambiaba—. Tus manos aquí. —Las puso en sus caderas y ella dejó las suyas en mi pecho y empezamos a movernos lentamente—. Esta es linda, es de un compositor mexicano.

—¿Cuál es su nombre? —murmuré sin dejar de moverme junto a ella.

—¿De la canción? —Alzó su rostro mirándome y asentí—. Por debajo de la mesa. —Tenerla tan cerca envió un sutil escalofrío a mi cuerpo, ella también se estremeció, sus ojos se volvieron brillantes y, luego de unos segundos, volvió a apoyar su cabeza en mi pecho, era la primera vez que estábamos tan cerca, podía sentir su respiración suave, el calor de su piel irradiando a la mía. Isabella era delgada, pequeña y mi cuerpo reaccionó completamente diferente a lo que alguna vez pensé—. Es muy hermosa.

—No entiendo qué dice, conozco algunas canciones en español, pero no soy un experto en el idioma —musité.

And you don't know what you make me feel, if you could be within me for a minute maybe you would melt, in this bonfire that is my blood and you would live here, and I would live with my arms around you.

Tradujo para mí.

Mi cuerpo vibró cuando ella se acercó un poco más, sentía que mi piel cosquilleaba y tragué el nudo que se formó en mi garganta mientras la escuchaba cantar. Isabella subió el rostro hacia mí, tenía las mejillas sonrojadas, supuse que era por el alcohol, su agarre se tensó en mi cintura y no pude evitar hacer lo mismo con ella, todo sucedió muy rápido, tan rápido que no estaba listo para cuando sus labios tocaron los míos con suavidad, el calor de su cuerpo y sus labios moviéndose contra los míos de manera suave, hicieron que mi cuerpo cobrara vida con sensaciones que hacía mucho tiempo no me embargaban, fue solo un roce al comienzo, uno que no pude evitar responder y, cuando su boca presionó la mía con intensidad, nuestros labios se movieron torpemente, la apreté a mi cuerpo, amoldándola a mi piel estremeciéndome de puro gusto, su boca era suave, fresca, lo que fuera que estaba sintiendo se transformó en un súbito deseo que anhelaba más, que exigía más.

Pero no podía, no debía…

—Isabella. —La separé suavemente, alejándome un paso sin dejar de observar sus labios rojos, inflamados por mi respuesta—. Esto no está bien —dije para ella, o quizá para mí, incluso cuando todo mi cuerpo estaba ardiendo—. Esto no está bien —dije una vez más.

—Yo…

Negué con la cabeza.

—Creo que es hora de irnos a la cama. —Todo mi interior gritaba que volviera a besarla, que me perdiera en su calidez, en su boca, pero una voz me gritaba que huyera, que me alejara cuanto pudiera. Obedecí a la voz—. Ten buena noche —murmuré torpemente y huí porque necesitaba alejarme de ella, porque no confiaba en mí en ese momento. Bajé las escaleras del sótano necesitando poner distancia entre los dos, mandar al redil mis jodidos pensamientos.

Me acosté en el catre del sótano y dejé que mi antebrazo cubriera mis ojos.

¿Qué rayos había sucedido?

A la mañana siguiente me desperté temprano, a pesar de que el sueño fue intermitente, había pasado gran parte de la noche pensando en el beso, en cómo nuestras bocas se movieron juntas. Alcé el rostro para observar las pantallas a las que tenía conectado el sistema de vigilancia, noté que la tormenta había averiado las cámaras de K7 y K5, ya que no estaban enviando ninguna señal de vídeo, tendría que salir para cambiarlas o repararlas y estaba seguro de que habría mucha niebla y frío, así que esperaba cualquier cosa menos encontrar a Isabella en el comedor.

Sin embargo, ahí estaba ella, sentada en una de las sillas con una de sus mallas negras y mi suéter azul. Nos miramos unos segundos, incómodos, antes de que ella hablara.

—Preparé café.

No dije nada, pero caminé hacia la cocina, me serví una taza, el ambiente se sentía tensó.

Vi que ella se levantaba así que hablé antes de que se fuera.

—La tormenta dañó varios sensores y algunas de las cámaras, también deshabilitó algunas alarmas, necesito ir a revisar.

—Bien, me pondré mis botas y te acompañaré a…

—No, tú te quedas —la interrumpí—. Es un largo camino a K7 y sin tener la predicción del tiempo clara, pienso que es mejor que vaya solo.

—Pero…

—No voy a repetirlo, Isabella. —Necesitaba tiempo a solas, tiempo para pensar en todo lo que estaba sintiendo con respecto a ella y el beso, y no podría hacerlo con ella junto a mí.

Preparé todo lo que necesitaba para hacer el viaje, me tomaría unas tres horas ir y volver, eso si no me encontraba con algún contratiempo. Isabella no se movía de su lugar.

—Oye si esto es por el beso de anoche.

—Fue mi error.

—¿Tu error?

—Sí, bebimos demasiado y yo soy el custodio, no tenía por qué… Solo olvídalo, ¿quieres?

Ella se acercó a mí, empuñó mi chaqueta y deslizó su frente en mi espalda.

—Bien, olvidémoslo, pero si no es por el beso, ¿por qué me castigas dejándome encerrada aquí?

—No te estoy castigando, las condiciones climáticas no son las mejores, tú no tienes mucha ropa que te abrigue y son muchos kilómetros de por medio, es preferible que vaya solo, lo haré mucho más rápido.

—Lo sé, lo sé.

—Tengo que irme, no salgas de la cabaña y mantén tu celular a la mano, llámame si ves o sientes que algo no está bien. ¿Entendido?

—Sí —afirmó, solo entonces caminé hacia la salida—. Cuídate.

Hacía tanto frío que agradecía que mi ropa fuese térmica, una capa de hielo se había formado en el suelo, incluso, la orilla del río se veía un poco cristalizada. Por más de media hora caminé entre los pinos, pensando en todas las nuevas sensaciones que Isabella me provocaba, ella había despertado en mí un instinto protector que había estado dormido desde que me casé con Vick.

El bosque estaba silencioso durante el trayecto hacia la primera cámara averiada, cuando instalé las cámaras semanas atrás, podía escucharse el barullo de los pájaros cantando, los conejos saltando, incluso vi dos ciervos, ahora a duras penas podía escuchar el sonido del río crecido, me tomó unos veinte minutos más llegar a la cámara que estaba presentando fallas, estaba completamente rota, por lo que, dejando mis pensamientos a un lado, me dediqué a cambiarla rápidamente, esperaba estar en casa antes de que empezara a llover o a nevar, pero lo dudaba, mis pensamientos seguían llevándome a ese pequeño instante en que tuve a Isabella entre mis brazos y pude sentir cada curva de su cuerpo, la forma en cómo su pecho subía y bajaba con cada respiración.

Estaba a punto de retomar mi camino hacia la siguiente cámara cuando el celular desechable sonó dentro del maletín, pensé que era Carlisle con una buena noticia, pero en cambio el nombre en la pantalla hizo que un sudor frío recorriera todo mi cuerpo.

Era mi antiguo número.

En ese momento solo pude pensar en una sola persona: Isabella.

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Isabella

Me senté en el sofá una vez él cerró la puerta y se fue.

La noche anterior no había podido dormir bien pensando en todo lo ocurrido. ¿Por qué lo había besado? No podía explicarlo, fue la canción o quizá estaba demasiado cómoda en sus brazos.

No quería que ese beso lo incomodara, quería lo que estábamos construyendo, la amistad, poder sentirme segura a pesar de la situación. Si bien, Edward y yo no habíamos empezado precisamente como amigos, el tiempo en la cabaña nos había cambiado. Subí mis piernas descansando mi barbilla sobre las rodillas sin dejar de pensar en alguna manera para subsanar la incomodidad, había notado el ambiente cuando él salió del sótano, ni la tijera más potente podría cortar el halo de tensión que había en la cabaña.

Quizá, después de todo, no era tan malo que él se hubiese ido solo a hacer la reparación de los dispositivos averiados porque no podría olvidar ese beso pronto y quizá necesitaba un poco más de tiempo para asimilar que no debía volver a besarlo por mas suaves, llenos y carnosos que fueran sus labios.

Mi cuerpo se estremeció y observé la chimenea, Edward había estado tan apurado por salir de la cabaña que no notó que no teníamos madera para la chimenea y el fuego no proporcionaba suficiente calor, haciendo que la cabaña empezara a tornarse helada.

Me coloqué las botas y salí de a la intemperie, me abracé a mí misma caminando hacia la parte lateral de la cabaña donde Edward resguardaba la madera para que no se humedeciera; la punta de mis dedos se adormecía mientras recogía los trozos de madera, acomodándolos de tal manera que no me tocara volver a salir, aunque sabía que era completamente inútil.

Después de tres viajes pude atizar el fuego, mis pensamientos navegaron directamente hasta Edward, que continuaba arreglando las cámaras, caminé hacia la cocina, pensé que una sopa estaría bien para empezar a olvidar el beso que habíamos compartido.

Me entretuve colocando la comida al fuego y buscando música en el computador que estaba sobre la mesa. Recorrí la pantalla principal observando una carpeta llamada Familia. Mi padre siempre decía que la curiosidad mató al gato, también me llamó Kitty hasta que cumplí quince años y le pedí que no lo hiciera más.

Abrí la carpeta y un par de archivos fotográficos se desplegaron, dando rienda suelta a mi curiosidad, abrí la primera y me encontré a Edward mucho más joven con un bebé, la sonrisa en su rostro era grande, sus ojos brillaban de felicidad, la cerré y luego abrí otra, en esta el niño estaba más grande, pero tenía una cánula de oxígeno, Edward no se veía tan feliz a pesar de que sonreía. La siguiente era de ella. Victoria, también sosteniendo al pequeño, quizá tomada el mismo día que la anterior, ya que el niño llevaba la misma ropa, ella no se veía feliz, tenía los ojos inflamados y la nariz roja.

La siguiente foto era solo del pequeño, parecía dormido, una sonrisa tiraba de su boquita. Noté que tenía el mismo hoyuelo que su padre. En la siguiente foto solo estaban Victoria y él, ella no se veía muy contenta, pero Edward lo estaba, la tenía tomada de la cintura, él tenía un uniforme militar azul y ella tenía un sencillo vestido blanco.

Un vestido de novia.

Miré a Edward en la siguiente foto, la observaba completamente enamorado y, aunque ella sonreía, no se notaba feliz.

De nuevo me pregunté por qué… ¿Por qué Vicky estaba con ese hombre si lo tenía a él? Estaba a punto de pasar a otra fotografía cuando el sistema de alarma emitió una alerta. Abrí rápidamente el programa pensando que sería un conejo o quizá Edward que ya regresaba, pero según el sistema era uno de los sensores que se encontraban en la entrada del camino que conducía a la cabaña.

Me asomé a la ventana y el motor de un auto se escuchó cerca.

Corrí a la puerta cerrando rápidamente a pesar de que sabía que si era Daddy una puerta no lo detendría.

Un auto se detuvo frente a la cabaña y luego sus puertas se abrieron.

1 y faltan 4

MARATOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONNNNN