Enemigo primordial

Capítulo 44

Tras aterrizar en el patio de entrada al Valhalla en Asgard, el grupo al completo se dirigió hacia el interior del enorme palacio para encontrar la manera de llegar de vuelta a Midgard. Al inicio habían ido con miedo hacia el portal abierto por Samirah, dado que no estaban demasiado seguros de que Hela quisiera dejarles ir realmente. Cabía la perfecta posibilidad de que todo fuera una trampa de la diosa y que ahora fueran sus esclavos, sin embargo pudieron pasar al interior del palacio de los einherjard. Ninguno de los adolescentes creía posible volver a es lugar, no tras lo sucedido con Odín, pero allí estaban. Nada más cruzar las puertas doradas vieron, en medio del salón, una mesa con varios asientos para cada uno de ellos, platos con comida y jarras de hidromiel. Un fuego calentaba por debajo de la mesa y ni dudaron en colocarse en torno a la misma, cubriendo sus piernas e incluso una parte de su pecho.

Disfrutaban de la comida recién hecha, recuperando sus fuerzas, temperatura corporal y ganas de luchar, cuando por las puertas apareció Hela en actitud victoriosa. El resto ni se planteó preguntar cómo le había ido donde quiera que estuviera, demasiado cansados para comentar o pensar sobre las cosas que a su alrededor sucedía. Aquel infierno, literalmente, succionaba toda la energía vital de cualquiera que entrara al mismo y congelaba su cuerpo y alma hasta unos límites difíciles de imaginar o comprender para cualquiera que no hubiera experimentado ese frío.

Una de las esqueléticas manos de la diosa tomó el cercano pan y se lo llevó la boca, pensativa, y suspiró pesadamente. En su otra mano se apareció Gugnir, brillante como el Sol, y todos los demás dieron un respingo en el sitio. Skadi frunció suavemente el ceño, iba a hablar cuando la diosa colocó en la mesa el arma, se empequeñeció hasta ser del tamaño de un colgante pero que nadie se atrevió a tomar. De hecho de uno de sus extremos apareció una cadenita de plata con las runas de Odín.

-Espero que cuidéis bien de este tesoro… -murmuró- Baldr, ¿podemos hablar?

Este asintió, comprendiendo lo que estaba pasando. Thor en todo momento había mantenido su mirada fija en ella, pero sin decir nada. Mjolnir centelleaba y crepitaba en esos instantes pero no de forma amenazante, danzaba en torno a Sumarbrander y la recién adquirida lanza, como si supieran cual era el destino que tenían. Ambas deidades se colocaron al lado de una de las grandes columnas de madera y oro.

-Dime… ¿Odín?

La diosa suspiró pesadamente y su rostro se transformó al del Allfather, procurando esconderse dentro de las sombras de su palacio. Parecía realmente cabreado pero no llegó a explotar; al contrario, contuvo su cólera y asintió despacio, mostrando la maldición que anteriormente volvía a la diosa una criatura oscura y tenebrosa, y que ahora padecía en sus propias carnes.

-Hela… me ganó, ya descubriré cómo -murmuró-. Apostamos las tres armas que necesitabais, si yo ganaba os tendríais que ir, si lo hacía ella… bueno, le entregaba mi lanza, ella…

En esos instantes la verdadera reina del Infierno hizo acto de aparición por la misma entrada que él usó minutos antes, todos los presentes reaccionaron y se levantaron del tirón; pero antes de que pudieran hacer nada ella les detuvo con un suave gesto de la mano, y se colocó frente al aesir, que le sostuvo la mirada a su par.

-Gracias, Odín.

-No me las des… -murmuró- Ganaste justamente, pero… robaste a Sumarbrander, me maldijiste, e incluso me quitaste a varios de mis einherjards.

-Y tú atacaste mi reino, Helheim, sin afrenta previa -le recordó-. Creo que estamos a la par… no me gusta estar en guerras entre dioses, por eso… ¿Te unirás a la mesa con nosotros? Al final, eres el señor de este salón.

El aludido suspiró y asintió, así que se colocó al lado de ellos. En realidad tenía algo importante que decirles, pero no había tenido la oportunidad de hacerlo. Puede que esa fuera la última vez, antes de enfrentarse con el Caos primordial.

-Sí, tienes razón, dónde están mis modales… -se colocó en una silla que apareció a su lado, a modo de posición principal, y carraspeó un poco- Cuando unáis estas armas, es… más que probable que sólo puedan ser usadas por un dios, demasiado poder junto, ya sabéis -tomó su jarra de hidromiel y le dio un largo sorbo-. Una espada capaz de luchar por sí misma, una lanza que lo puede atravesar todo, y un martillo capaz de invocar rayos, tormentas y ventiscas… Juntas, no me quiero ni imaginar qué forma tendrá.

Desde luego era difícil de imaginar como estos tres objetos se combinarían entre sí para formar una sola pieza, pero desde luego tenía bastante lógica que sólo un dios pudiera tener algo así entre sus manos. Al final eran los tesoros místicos más importantes del mundo nórdico, todos ellos con fantásticas características… si ya en solitario eran muy deseadas, unidas serían el bien más cotizado de los nueve reinos. Sin embargo, el mayor aún no había terminado.

-Sé de lo que habla la profecía… -el resto se le quedó mirando- Habla de un cambio de régimen, de héroes luchando codo con codo con muertos y magos, y de que sólo juntos se derrotará al Caos, sin embargo… -el ojo que le quedaba, en forma de llama, brilló con algo más de intensidad- Aún sigue adelante, algunos de vuestro grupo han tenido sueños premonitorios, demasiada magia en el ambiente, vuestra naturaleza reacciona con la del entorno y os hace tener esas visiones, en fin…

Se aclaró la garganta y se recostó un poco en la silla, tamborileando algo en la mesa. Miró a todos los presentes durante unos segundos antes de decir nada.

-Esto que os voy a recitar lo exclamaron las diferentes entidades que representan o controlan de una manera u otra el destino, sólo que no se os informó… los dioses en general tienen pánico por todo esto… -su voz comenzó a retumbar-

Un rey y un monje

Dos hermanos y tres hijos

El más grande y pequeño

A ellos se unirán en su destino

Y junto a los dragones y astros

Se enfrentarán a ese mismo enemigo

En el último día de todos

Donde morirán los viejos

Y ascenderán los nuevos

Este es el final de todos

Este es vuestro destino

Todos se miraron con cierto interés, él parecía algo cansado pero se limitó a seguir comiendo tranquilamente y en silencio. Necesitaba recuperar las fuerzas tras tantos esfuerzos, Skadi suspiró pesadamente al verle estar hasta con los ojos cerrados. Ahora sí que parecía un viejo anciano más que el brillante rey de los Aesir. Hacía tiempo que había dejado a un lado su misticismo habitual y no intentaba impresionar a nadie a esas alturas. Había aceptado con acritud su derrota y simplemente quería irse a dormir una larga siesta. Aunque fuera un dios también necesitaba pequeños momentos de relax, y ese era un momento tan bueno como cualquier otro.

-Te noto desmejorado, Allfather -le señaló Skadi-. ¿La maldición de Hela te afecta mucho?

-Demasiado… -gruñó- Pero me recuperaré, te lo aseguro… sólo moriré en las fauces del lobo Fenrir en el Ragnarök…

-Puede que este llegue antes de lo esperado -Hela tenía el rostro adusto-. Algo me dice que todo esto es cosa de mi padre… Otra vez.

La diosa miraba directamente a una de las columnas, y tras una suave risa, el susodicho se dejó aparecer entre las sombras del enorme salón, demasiado interesado en todo lo que estaba pasando como para marchar a la misión que decía tener. Quería ver sufrir a aquel que le había encerrado por tantos siglos, y encima, tenía delante a aquel que debía volver a matar. Sí, sin duda ahí tenía cosas más importantes que hacer que no ir a cazar unos semidioses extranjeros.

-No, yo no he planificado esto del Caos primordial -respondió-. Lo que sí hago es aprovechar este poderoso viento a mi favor… Baldr, sin rencor, ya sabes.

En la mano del falso dios apareció un cuchillo, que lanzó directamente al cuello del otro. Este tuvo el tiempo justo para tirarse a un lado para esquivar, sin embargo el otro le siguió. Se veía el fuego en sus ojos, sin embargo en esa ocasión el resto sí que intervino; en pocos instantes sometieron a Loki, que quedó tirado boca abajo en el suelo y con las manos y pies maniatados con pesadas cadenas de acero, pero él igualmente se removía como un animal herido. Intentaba usar su capacidad de persuasión sobre sus hijas aunque sin éxito, una defendida por Hela y la otra por Odín, ambos allí presentes. Él poco podía hacer contra eso.

-Tengo que ir a por mis einherjards a tu reino, Hela -le recordó Odín-. ¿Cuento con tu permiso y bendición para recorrer tu reino y volver hasta aquí?

Ella asintió.

-Por supuesto -le respondió-. ¿Mis guerreros podrán moverse libremente entre los reinos, así como el resto de los presentes?

-Salvo Loki, podréis recorrer cualquiera de los nueve -le respondió-. Por cierto, Hela… -ella le miró, él le tenía tendida la mano- Por ahora, tengamos un pacto de no agresión, esta guerra entre dioses ha llegado demasiado lejos, e involucrarnos con los griegos fue un error.

-Lo acepto -así que ella le estrechó la mano con cierta vigorosidad-. Pero con condiciones… ¿las hablamos mientras partimos a por tus hombres? Helheim es un lugar demasiado frío y oscuro para cualquiera, os podríais perder fácilmente en sus estepas.

De esta manera, ambos salieron de allí no sin antes dejar al otro a buen recaudo y aprisionado en una de las columnas; el resto se limitó a terminar las viandas en silencio y, una vez saciados, Samirah les abrió una grieta en el aire para que pudieran pasar a través de ella vuelta a Midgard… con las tres grandes armas en su poder. El enano tendría mucho tiempo de trabajo con ello, sería algo digno de ver.

Su cabeza le había estado dando vueltas y más vueltas a cómo tendría que trabajar ese material, pero no lo tenía todo del todo claro. Lo que sí sabía es que iba a necesitar de una buena forja de Nidavellir, su mundo natal. Sólo allí podría contar con un fuego lo bastante fuerte, y con los materiales mágicos necesarios, para poder lograr algo así. Y si eran pocos los que iban casi mejor, así no llamaban atenciones indeseadas… Aunque ahora que parecía que la paz había vuelto puede que eso no fuera necesario.

-Antes de irnos… -comenzó a mascullar- Tendríamos que pasar por una de las forjas de Nidavellir, tendría que trabajar allí, la que monté en Midgrd no creo que…

Su amigo, Hearths, le colocó una mano en el hombro y le sonrió algo.

-Allí uniste los anillos, que funcionan bien -le aseguró-. Podrás forjar sin problemas estas armas… además, ellas desean ser unidas.

El resto también parecían bastante dispuestos a, efectivamente, hacer esa prueba. Él, en cambio, no estaba demasiado convencido, tenía dudas pues jamás se le habían dado bien las armas. Su dedicación era crear armaduras, telas finas y ropa, moda en definitiva; no grandes y poderosas armas dignas de ser portadas por los dioses. Esa era una misión para la que él no estaba, o mejor dicho, no se sentía, preparado. Los demás no debían verlo así porque le acompañaron hasta la salida creada por Samirah e incluso le empujaron hacia su interior entre risas y charlas.

Ya a solas, Loki pareció calmarse. Las cadenas que le contenían en seguida se aflojaron y él pudo caer con elegancia al suelo, como un gato. Escuchó unos pasos, y vio entrar a la estancia a Frigg, tan elegante como siempre con una piel de lobo en el hombro, una espada y su escudo en la mano. Parecía una verdadera guerrera, y él sabía perfectamente que la diosa no estaba para bromas en esos momentos. Venía a por él, por todas sus fechorías pasadas; la diplomacia en esos instantes daba igual, se había intentado cientos de veces y nunca funcionaba porque no deseaba que sirviera.

-Dime algo, antes de matarte… -ella se iba acercando poco a poco- ¿Cómo te liberaste? No me gustaría cometer el mismo error dos veces.

-Fue Odín, al lanzar la nuez en una de vuestras discusiones maritales -le confirmó, ella frunció el ceño-. Estalló y pude escapar, me sorprende que no intentaran encerrarme de nuevo de forma más contundente…

-Lo estabas, fui yo la que te soltó -él la miró con sorpresa-. De no ser mi voluntad, tú aún estarías intentándote zafar de las cadenas usando alguno de tus sucios trucos.

-Entiendo… al fin muestras tus colmillos, Frigg… -Loki, sin embargo, no parecía dispuesto a combatir- No tengo nada en contra tuya, así que… dejémoslo estar, ¿no crees?

Ella no atendió a esas razones y se limitó a lanzarse contra él, que tuvo que esquivar como pudo los espadazos. Era veloz, salvaje y estaba dispuesta a ensartarle, se movía como una valquiria a la hora de atacar y defenderse. Loki, en cambio, poco acostumbrado a cosas así, le lanzaba esferas de energía para tratar de pararla; Frigg en esos momentos interponía su escudo, que brillaba con el golpe y los desviaba hacia la izquierda mientras con la derecha hacía un largo tajo. En un par de ocasiones le pudo acertar y en la piel de él aparecieron sendos cortes que rápidamente se mancharon de carmesí.

En un momento dado le logró acorralar contra la pared; tuvo que dar una voltereta a un lado pero la diosa le interceptó con una patada directa a su estomago. Golpeó su espalda con el mango de la espada y le logró llevar al suelo, y una vez que tiró su escudo y dejó el arma a un lado, le tomó del pecho y le dio varios golpes, desatada como estaba. Eran fuertes y contundentes, como si supiera de siempre darlos, y tras noquearlo lo dejó caer al suelo fuera de combate. Recuperó sus cosas mientras jadeaba algo, y aunque sostuvo con firmeza la espada, pensando en atravesarle, se limitó a hundirla suavemente en su estómago sabiendo que así no acabaría con él definitivamente.

Usando su magia le volvió a encaramar a la columna y nuevamente le encadenó, esa vez apretando con más fuerza aún, incorporando más sellos de los existentes de por sí, que aún brillaban con bastante intensidad. Prácticamente nadie podría sacarle de ese atolladero, y Freyja, de las pocas que sí sería capaz, no estaría dispuesta después de amenazar de muerte a uno de sus hijos. El falso dios pagaría por sus crímenes, pues ser encadenado y que le cayera veneno ardiente en el rostro no se le hacía suficiente en esos momentos, necesitaba algo más.

Él suponía aquello, y suspiró pesadamente cuando ella abandonó el salón y le dejó en solitario con sus pensamientos. Intentaba moverse pero, efectivamente, no tenía forma de liberarse de su prisión; se alarmaba con el transcurrir de los minutos, pues a más tardara menos le quedaría para poder escaparse cuando volvieran los einherjards… y como si les hubiera invocado notó las fuertes pisadas de los guerreros de Odín, de hecho entraron en tropel hasta allí y ya corrían en su dirección cuando del suelo emergió una sustancia negra como la noche.

Todos pararon de golpe y ni pudieron impedir que aquello tomara con fiereza a Loki, que chilló de dolor al sentirse asido por aquella sustancia. Ardía y brillaba como si fuera el cielo estrellado, pero consumió al otro a una velocidad tal que en pocos instantes no quedaba nada de él. Cuando Odín y Hela intentaron impedirlo y atacar a aquella cosa ya era demasiado tarde y el otro se había evaporado, al menos en apariencia, de la existencia; y la sustancia que lo había atrapado desapareció en el aire antes de que pudieran asirlo y atrapar lo que quiera que fuera. Lo que sí tenían claro es que no provenía de ningún dios, gigante o ser mágico de su mundo o de cualquier otro, así que… Aquello sólo debía ser la demonstración primera de que su enemigo finalmente comenzaba a hacer acto de presencia. Y era aterrador.

Hasta ahora sólo había sido una amenaza en el horizonte pero sin materializarse en nada concreto; ahora sí que comenzaba a presentarse como una fuerza a tener en cuenta. Odín no tardó en poner orden entre sus filas y que se fuera cada uno a su sitio y no preguntara nada, y por supuesto sin revelar lo que habían visto. En cuanto estuvieron a solas ambas deidades tuvieron claro que tenían que darse prisa.

-El resto de panteones se volverán locos… -gruñó Odín- Si Zeus ya estaba paranoico ahora no me lo quiero ni imaginar…

-¿Podremos contar contigo, Padre de Todos, para enfrentarte a él llegado el momento?

El aludido se limitó a asentir. Aún con esa maldición lucharía, era un aesir al final, y un gran mago. Si ese era parte de su pago lo aceptaría, no sería la primera vez que tiene que soportar un gran reto como ese.

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Al mismo tiempo, en Midgard, Blizten había pedido quedarse a solas en la fragua, no deseaba ser molestado por nadie. Los demás, comprendiendo su forma de actuar, se apostaron a lo largo de la valla del campamento para proteger la plaza en caso de nuevo ataque, aunque Hestia y Belona no parecían demasiado convencidas de aquello. La alegría fue máxima al verles llegar con todas las armas, pero parecían con prisa por hacer la unión, así que apenas tuvieron tiempo de hablar nada. El enano fue directo, cargado hasta arriba con todos los materiales necesarios. Las llamas se avivaron con la intervención de varios de los magos del grupo, y, ya a solas, comenzó a trabajar con más nerviosismo aún y reverencia hacia los originales que con los anillos de Urano.

Con cuidado fundió la magia de todas ellas usando su murmullo de enano; había comprendido mientras las tenía en las manos que no se podían unir en una sola entidad sin provocar una aberración, algo imposible de usar, por eso reuniría toda esa magia en una sola. Sus naturalezas sí que eran perfectamente compatibles, y en sus manos rápidamente se formó una esfera de luz de una belleza casi infinita; hilos manaban de las tres armas y desembocaban en esa esfera, que poco a poco fue tomando forma acorde a los golpes del martillo de Blizten. Ni pensaba en qué hacía, sólo se dejaba llevar por lo que en cada momento se sentía, comunicándose con aquello que estaba creando de forma no verbal.

Gotas de sudor caían a lo largo de su frente y barba, pero el calor no le impedía trabajar, tan concentrado que estaba en su labor de esos momentos. De hecho sólo se escuchaban sus martillazos por el silencio reinante, a veces roto por los graznidos de algún ave que pasaba por allí. Eventualmente se comenzó a ver la forma de dos guanteletes, en los que aparecían brillantes runas de Frey, Odín y Thor, junto a poderosos hechizos que se formaban por sí mismos. Se iban formando poco a poco en un material plateado y que, según cobraba cuerpo, se asemejaba al cielo estrellado por los brillantes puntos que se apreciaban a lo largo de la superficie.

Los detalles iban naciendo poco a poco, y es que se veían estrellas fugaces caer, así como relámpagos y lo que se asemejaban a ventiscas, y aunque tenía un aspecto incandescente no estaban ardiendo ni mucho menos. Es más, en cuanto dejó de golpear el material y se disponía a tomar los guanteletes, estos volaron directamente a los antebrazos de Marin. Ella dio un saltito por la impresión, pero no eran dolorosos en absoluto; ni se sentían pesados o rozando la piel de la joven, que comprobó que se habían adaptado perfectamente a la forma de su cuerpo.

Y mientras la mayoría estaban a ello, en un momento dado Amos decidió que tenían que preparar cuanto antes las cosas para poder viajar hasta Egipto y salir escopeteados en cuanto la oportunidad lo permitiera. De hecho en su ayuda habían ido Carter, Sadie, Zia y Samuel, que tenía un raro presentimiento. Estaban trabajando en la autocaravana, comprobando que estaba todo, cuando sintieron el fogonazo de luz detrás de ellos; en el horizonte, en el mar, se encontraron que las cazadoras de Artemisa, acampadas en la cercana playa, se habían puesto de pronto bastante nerviosas.

Se habían retirado de las cercanías de su enclave tras la matanza, como si estuvieran moderando su lucha contra ellos; sin embargo seguían cerca, vigilantes, dispuestas a caer sobre ellos en cualquier momento. Los hermanos divinos debían estar cerca para entrar en acción en cualquier instante, pero no se les veía desde donde estaban. Ellos se limitaron, pues, a trabajar para tenerlo todo listo. Sin embargo, y aunque Leo había preparado su interior para acomodarlo al gran número del grupo, seguramente seguirían necesitando del barco de Carter. En especial ahora que se dirigían a Egipto, y, acorde con los nórdicos, la misión no iba a acabar ahí.

Pensaban en ello mientras se escuchaban gritos, al alzar sus rostros se encontraron con que de la tierra parecía emerger una sustancia oscura. Las amazonas rodearon de inmediato, mucho más rápidas en trabajar en equipo que las cazadoras, incluso Atenea hizo acto de presencia ante el nerviosismo generalizado de su bando. Su rostro parecía desencajado al ver aquello, y escudo en mano atacó usando rayos, le debía temer realmente a esa cosa. Ellos entendieron que debía ser la representación del Caos que tanto temían, puede que fueran a por ellos. Sin embargo no llegó a atacar, sólo se llevó a algunas de las mortales pero sin ir a por la diosa, desapareciendo en el aire antes de que la griega le atravesara con su lanza.

-Hay que darse prisa… -murmuró Amos- Avisad a los demás, nos vamos.

Samuel asintió, bajó del aparato y corrió hacia el campamento. Allí, los demás habían recogido todas sus pertenencias en tiempo récord; apagaron el fuego de la forja, guardaron las tiendas de campaña, ropa y armas, y ya habían formado una fila para llevar todo a u destino. Eran un pequeño ejército que, si se organizaba bien, era muy efectivo. Aún así el cansancio empezaba a hacer mella, más en lo psicológico que en lo físico; pero tenían que seguir adelante. Aurora había abierto un sendero, Aelita y Beatrice lo mantenían así con su magia, y el resto iba y venía con todas las cosas, sólo los dioses del grupo se habían quedado atrás para vigilar.

La presencia cercana del enemigo no les gustaba para nada, y menos después de sentir cómo algo extraño y siniestro aparecía de la nada. Hela rápidamente les explicó lo que había visto, no pudo hacerlo antes dado que, cuando volvió, estaban todos demasiado centrados en Blizten y su tarea mágica.

-Creemos que es Caos, atacó a Loki y lo destruyó… aunque no es seguro -comentó, cruzada de brazos- No lo volveremos a ver, de todas formas, chilló… con demasiado miedo.

-Siempre ha sido alguien engañoso… -Hestia parecía pensativa- De todas maneras, es bueno saber que no estamos actuando para nada, no era una mentira todo esto…

Ella parecía hasta aliviada, y aunque fuera sorprendente, podían comprender su forma de ver las cosas. Pero más lo estaría cuando cruzaran la frontera, así que procedieron a montar en la autocaravana. Los magos hicieron una pequeña rampa de tierra que les permitiría subir con el vehículo, que se dejó caer en el interior de la nave en una de las operaciones más delicadas hasta el momento, porque la madera del barco, si bien era bastante fuerte, igual no sostenía un aparato tan pesado en teoría.

En cualquier caso, la vela del barco se hinchó con magia según dejaron la autocaravana bloqueada en el sitio, y tras Carter bajar, se colocó a los mandos junto a su tío. Esperaban no tener problemas en llegar a la Duat, ya allí se podrían olvidar temporalmente de los griegos, pero tendrían otros peligros de todas formas. Nunca iba a ser sencillo, hicieran lo que hicieran… al menos contaban con que sus dioses sí se portaran, no como los nórdicos, que dieron bastantes problemas.

Ahora la pregunta era, ¿irían todos? Porque muchos no pertenecían a ese mundo, tenían obligaciones en el propio, o estaban demasiado cansados para volver a ponerse en peligro de la manera en la que se habían arriesgado. Sin embargo no llegaron a comentar nada al respecto, sólo se sentaron en los diferentes asientos laterales, apoyados en las maderas del casco de la nave, intentando no marearse. En las placas, de hecho, fueron apareciendo los jeroglíficos mágicos del viaje y la protección; una densa niebla se apareció justo delante y entraron a la misma con sólo las olas y el viento de fondo, las gaviotas chillaban y el eco de gritos femeninos se perdían en la distancia cada vez que recorrían un metro más hacia el interior… hasta que desaparecieron. La niebla también se disolvió, igual que el fuerte olor del salitre del mar y su humedad, siendo sustituidos por un cielo estrellado; a los lados, grandes franjas de tierra con vegetación frondosa, alguna pirámide más allá, y hermosos pájaros sureños. Cocodrilos de energía les acompañaban, y si uno se fijaba bien, podía ver peces de diversos tamaños ir y venir a lo largo de las corrientes de la Duat. Allí permanecerían unas cuantas horas antes de llegar hasta El Cairo, su destino.

Desde allí intentarían contactar con sus dioses, para hacerles la petición. Daban por hecho que ya lo sabría, y siendo… se podía considerar que amigos, no creían que fueran a dar problemas. Pero una cosa era la teoría y otra la práctica, y con seres así uno nunca se podía fiar.

-Ahora que las cosas parecen más en calma… -Amos miró a Marin- ¿Cómo te sientes con ellos puestos? Parece que te eligieron específicamente, ¿estás bien?

Al no ser un arma, era más sencillo portarlos, como si su poder se dividiera más entre las dos piezas, que debían trabajar en conjunto y no en una sola pieza.

-Pues… sí -murmuró- No duelen, pero tampoco siento… nada, sólo su magia.

-Tendremos que aprender en algún momento a usar los anillos y esos guantes -murmuró Jamily-, la cosa es dónde podremos aprender algo así.

-Este es un lugar muy bueno -comentó Zia sonriendo-. Aquí la magia es pura, perfecta, así que todo se potencia… podréis aprender bastante sobre estas armas nuevas.

-Pero no en el barco -acotó Amos-. Hay muchas zonas por aquí donde podréis aprender mientras nosotros… negociamos.

El resto se miró y asintieron. Tenía bastante sentido, de hecho, pero necesitaban antes llegar lo más cerca posible al Cairo. Por mucho que ese fuera terreno seguro, necesitaban salir de la zona de influencia de los panteones europeos. Era casi como una línea fronteriza, a partir de la cual perdían su poder… lo cual implicaba que o que no pudieran pasar, o que fueran tan mortales como los demás. Era, sin duda, bastante raro pero así funcionaban las cosas. Y si sucedía con los gigantes de Gaia, por supuesto ocurriría lo mismo con Hela, Hestia, Erik y Skadi. Al menos él ya había vivido como mortal y sabía cuidarse, pero ellas… era otro cantar.

En ello pensaba Amos, charlaba en esos momentos con Carter y Annabeth. El resto, ya estando en terreo neutral y en apariencia seguro, parecían irse calmando y sólo murmurar entre ellos en voz baja, por fin fuera de peligro. Ellos, en cambio, tenían cosas que decidir y la joven se acercó al mayor con esas preguntas que tenía.

-Según lo que sabemos, los dioses tienen poder en función de sus fieles -murmuraba Carter-. Al menos los vuestros, supongo que lo mismo sucede con monstruos y demás.

-Eso puede explicar porque no hay semidioses griegos o nórdicos más allá de Europa y América, que es la zona de influencia de ellos -comentó entonces la chica-. De hecho pudimos derrotar a uno de ellos así, pasando a Canadá, sólo allí perdía su poder.

-De ser así podría ser peligroso… -comentó pensativo Amos- ¿Vosotros perdisteis vuestras habilidades?

-No, realmente no -le explicó-, pero también me preocupa, tenemos una gran ventaja con ellos, pero claro, ahora que saldremos de su zona…

-¿Pasará lo mismo con nuestra magia?

La pregunta de Carter era bastante oportuna. Y no eran los únicos, puede que las habilidades de Beatrice y Aelita también se perdieran en cuanto salieran de allí. De todas formas, en Europa los egipcios parecía que tenían poder… claro que había cientos y cientos de templos, obeliscos y pirámides basadas en su mundo, puede que eso tuviera algo que ver. Y sus dioses eran más o menos conocidos, puede que esa fuera la clave.

Sin embargo todo eso acabaría según se trasladaran hacia el Este, u Oeste según lo que les deparara el futuro. Precisamente iban a hablar de ello cuando se les acercó Hela. Skadi y Erik estaban a su vera, parecían algo nerviosos así que la reacción de ellos fue precisamente esa misma.

-Necesitamos hablar -murmuró-. Antes de irnos, Odín nos dio la segunda parte de la profecía que nos ha unido, he estado pensando y creo que necesitamos ir hacia el Este, a oriente, para dar con más mundos.

-¿Tú crees? -comentó Amos- ¿Qué dijo?

Ellos le hicieron un resumen más o menos de lo que recordaban y lo que interpretaron. Eso implicaría, al menos, otras cuatro mitologías que visitar, con todo lo que ello implicaba. De ser así estaban a la mitad de la historia, habían completado la primera parte de su misión y entendiendo que todo en Egipto iría bien.

-Aquí cuento a chinos, japoneses, puede que budistas, y algo más… pero ni idea de a qué se refieren con dos hermanos y tres hijos, la verdad…

Esas palabras de Erik no cayeron en saco roto, pues Hestia estaba bastante pensativa hasta que se iluminó y sonrió un poco.

-Puede que tengamos que estar aquí, por seguridad -comentó-. Y mientras vamos a donde sea que los demás esperemos aquí, ¿qué os parece?

-Lo malo de la Duat es que tiene sus propios problemas -le respondió-. Y tampoco podemos estar demasiado tiempo, por seguridad… os aseguro que, de haber sido posible, estaríamos aquí desde el inicio.

-Pero aquí entrenarán ellos, ¿no? -comentó Carter- Para aprender a usar esas armas nuevas, digo.

-No es seguro que podamos, de todas formas… -Amos parecía algo nervioso- No quiero ponernos en un problema innecesariamente, aquí los demonios son muy… suspicaces y capaces de todo, ya lo sabes sobrino.

Este asintió, el otro llevaba bastante razón. En cualquier caso, cuando llegaran lo decidirían definitivamente, en ello pesaban mientras surcaban el agua con delicadeza. El barco se movía grácilmente aunque ellos hicieran más bien poco; la nave se movía por sí misma, la vela de hecho giraba en torno a su eje para poder ir siempre en la misma dirección y no perderse. Los remos golpeaban y movían el agua y las mismas corrientes del agua aceleraban más aún, y aún así no sentían que estuvieran yendo especialmente deprisa, aunque a ese ritmo tardarían bastante poco. Muy al fondo se podía adivinar el mundo real a su alrededor, en concreto la costa atlántica al inicio y luego el interior continental; se veían edificios, zonas de campo y arboledas, estaban cruzando el continente y desde donde estaban podían saber por dónde estaban.

Como todo parecía relativamente en orden procedieron a descansar un poco, sólo Amos permanecía en su sitio sin llegar a moverse. Permanecía sentado al lado de la vara que sirve de timón, lo movía sobre el eje que tenía para guiar la dirección del buque. Puede que con el primero que fuera a hablar se tratara de, precisamente, su hermano Osiris. No realmente su hermano, pero sí usaba como avatar el cuerpo de él. Eso sin duda era lo más curioso de su mundo, y era la unión que tenían con sus dioses, propia sólo de mundos y culturas tan antiguas como la suya.

Suspiró pesadamente, al menos ya no era el único adulto presente pero sí se seguía sintiendo el responsable de todos ellos. Se colocó mejor la ropa y se limitó a mirar al horizonte, atusándose el pelo en el proceso. Estaban todos dispersados por la cubierta pero, en caso de necesitarlo, tenía claro que podrían ponerse en marcha cuanto antes. Ahogó un bostezo y se recostó un poco en su posición, llegarían para el atardecer a la ciudad, tendrían que preparar algo para cenar entonces…

Al poco rato, o al menos esa sensación le dio – allí el tiempo avanzaba de forma muy extraña – vio un par de columnas que se alzaban desde el agua. Esa era la entrada al camino que, cada noche, seguía Ra para luchar contra los seres del Caos. Pero también era la pasarela que llevaba a la parte más profunda de la Duat, así que acamparían en esa zona. Siguiendo su deseo una bruma les comenzó a rodear justo igual que cuando entraron, y eventualmente vieron en su lado de la derecha una larga línea de tierra con bastante vegetación. A la izquierda se extendía el Mediterráneo en una parte y una segunda línea de tierra en otra, y es que se encontraban en la zona más interna del delta del Nilo. De hecho entraron en las aguas del río sin demasiados problemas y comenzaron a remontar su corriente como si fuera cualquier cosa; aunque el cambio de velocidad sí que provocó que varios de ellos se despertaron por el balanceo.

Jasón entre ellos, se incorporó y miró por la cubierta. Estaba anocheciendo en ese lado del mundo, así que dio un largo bostezo mientras se tallaba los ojos. Piper estaba apoyada aún en su pecho y se resistía a moverse, y a la derecha, Leo y Calisto descansaban acurrucados; a la izquierda Hazel y Frank también charlaban entre sí, y al frente, los celtas se entretenían mirando a las zonas de tierra, señalando con mucho interés a animales y zonas que les llamaba la atención. Había muchos barcos modernos y otros mas antiguos, Alejandría se extendía a ambos lados y los edificios modernos entraban en contraste con casas viejas en una curiosa simbiosis que sólo en lugares del viejo continente se podrían ver. No veían animales en el agua pero el cielo estaba plagado por aves que aprovechaban la salida de los insectos para darse un festín, suerte de ellos que no les molestaban por la magia del barco.

Una vez que se internaron unos cientos de metros en el gran río se pudieron permitir detenerse en la orilla izquierda. Allí tendrían más fácil entrar al reino mágico de nuevo y, de paso, al de los muertos de su cultura en caso de necesitarlo. Kilómetros más abajo, cuando el Nilo convergía en una sola corriente – antes de llegar al mar se bifurcaba en dos ramas, ellos estaban en la más oriental – llegarían a la capital, El Cairo. Pero eso ya sería al día siguiente, ahora querían y necesitaban descansar un poco del periplo.

Según el casco tocó tierra fueron bajando varios de ellos y descargaron. Se encontraban en una zona de campo pero sin cultivos cercanos, sólo algunas casas unifamiliares de personas que tenían ganado formado por vacas, cabras y ovejas; sí que había zonas con trigo y arroz pero al otro lado, en ese lo que más había en las cercanías del agua eran animales de todo tipo. Se dieron cuenta de varios grupos de cocodrilos apostados en zonas de tierra algo más amplias, con sus fauces abiertas y algún que otro pájaro de pequeño tamaño entre sus dientes. Estaban lo bastante lejos para que no resultaran un problema, pero los preferían algo más lejos para cuando fueran a dormir no sintieran sus alientos en la nuca.

En poco tiempo hicieron un campamento de tiendas que rodeaban un fuego de un par de metros de alto, más para ahuyentar a los mosquitos y cocinar que por otra cosa. De hecho Augusto fue el primero en tirarse al agua precisamente para quitárselos de encima y, de paso, atrapar algún pez con su propia ropa. Le tiraron Jeremy y William una red, de hecho se lanzaron ellos mismos al agua, para hacer un arrastre y sacar a varios peces del agua. Al mismo tiempo, Amos y Carter cogieron la autocaravana para ir hasta la tienda más cercana y comprar víveres, estando el resto ocupados en montar todo lo demás.

Como es normal la gente se dio cuenta de su presencia y más de un local que pasaba por allí se les quedaba mirando, sin embargo Hazel hacía uso de la Niebla para que volvieran a sus quehaceres y no se preocuparan por ellos. De todas formas lo más seguro es que se fueran de allí a la mañana siguiente, para ir algo más al sur y alejarse todo lo posible de la zona de influencia helénica y nórdica. Skadi, de hecho, había intentado usar sus poderes, así como Hela, pero no fueron capaces; similar sucedía con Hestia, que al ir a hacer el fuego grupal no fue capaz ni de hacer unas chispas. Los semidioses sí conservaban su fuerza, y sin embargo, Erik no parecía afectado en absoluto. Las diosas tenían cara decaída y cansada, pero él estaba como siempre.

-Tú, al final, eres un novato, ni viviste en la época en la que se creía en nosotros -Hela bostezó-. No sabes lo que se siente, ni tu poder se alimenta de eso…

-Pero tengo magia igualmente, ¿no? -se habían sentado en torno al fuego- ¿No debería verme afectado?

-No la has usado hasta ahora, siempre has vivido sin ella -le recordó Skadi-. Además, eres el más poderoso de todos, ¿no, guapo?

Ella se apoyó en su pecho y él se limitó a dejarse hacer, así que las otras decidieron darles un rato de intimidad. Todo allí parecía en calma en el nuevo campamento, no había necesidad de protegerse de nada, y sin embargo algo en el ambiente no les acababa de gustar del todo. De hecho cerca del agua estaban Percy y Flavia, él miraba el rio con el ceño suavemente fruncido.

-Me da la sensación de que nos están mirando… -murmuró- ¿A ti no?

-Un poco, señor -le reconoció-. Siento unos ojos en la nuca, pero cuando me giro no hay nada, ¿se refiere a eso?

-Sí… -gruñó algo- No sé, es raro, tampoco veo nada preocupante…

La sensación, sin embargo, era generalizada. Sólo los mayores parecían no verse afectados, pero en cuanto supieron de aquello se pusieron en alerta. Y eventualmente en el aire se formó una criatura humanoide, se trataba de un tipo de piel oscura como la noche y ojos pardos, bien vestido con pieles de animales y piezas de oro a lo largo de la piel como ornamentaciones.

-No sois tan tontos como parecía… -murmuró- Me alegra verte, Hestia, tan hermosa como siempre, aunque… hueles a perro, ¿algo que me debas contar?

-No, Anansi, gracias -ella le sonrió-. Tan astuto como siempre.

El aludido inclinó suavemente la cabeza, y sin pedir invitación alguna se sentó ante el fuego.

-¿Qué hacéis en África? -preguntó, sin más- Algunos estáis especialmente lejos de casa…

-Venimos por derrotar a Caos -le respondió Hestia, se había levantado para estar más cerca de él-. Sólo queremos las armas de Ra, ya sabes, su látigo y kopesh, y nos iremos de aquí…

-Ya tenéis armas muy potentes, ¿para qué más?

-¿Tienes miedo de algún tipo? No eres ni un dios de aquí, tus seguidores son de bastante más al sur.

La mirada de él parecía entre molesta y divertida, pero no llegó a decir nada sobre eso. Pero sí respondió.

-Bueno, me gustan las bunas historias -le recordó-. Y quería saber cuales eran vuestras intenciones… Sobre todo, porque Caos ya atacó.

-Lo sabemos…

El otro asintió, y pensativo, observó el fuego en total silencio. No era tenso, pero sí parecían bastante dispuesto a seguir allí mientras pudiera. En un momento dado se giró y miró a Erik, a quien sonrió algo.

-Cuéntame tu historia, muchacho -le pidió-. Tú… eres el nuevo bastardo del griego, ¿no?

Este iba a responder cuando el motor de la autocaravana les distrajo; Amos aparcó detrás de la línea más exterior de tiendas y se bajó, rápidamente llegaron varios para ayudar con toda la compra y organizarse, así que ellos dos se quedaron casi a solas en esos momentos. Sin embargo, Anansi se levantó y estiró un poco.

-No os metáis en demasiados problemas… -les dijo- Y marchaos rápido, Caos parece ir detrás de vosotros y no le quiero aquí, ¿tenemos un trato?

-Haremos lo que podamos… -murmuró él- Pero yo no mando sobre ellos, las quejas a Amos, sólo soy un mandado.

El otro se rio un poco y negó algo, pero no llegó a responder y desapareció en el aire igual que había llegado. Eventualmente se acercó a ayudar tranquilamente, el Sol justo se escondía por el horizonte y el fuego se intensificó justo a la vez que los ojos de Zia brillaban en un hermoso tono dorado.

Una armadura brillante y la corona de un faraón aparecieron en su cabeza en forma de una energía descomunal que irradiaba el bastante calor para que cualquiera cerca de ella rompiera a sudar, impresionando a todos los presentes. En sus manos aparecieron los objetos sagrados del faraón, pero también eran poder puro y ninguno de los presentes podrían tomar algo así.

-Mañana os haré entrega de mi poder para enfrentar al Caos -su voz era como rayos cayendo, impresionante-. Sin embargo, para poder hacerlo con cierta seguridad, esta noche debo acabar definitivamente con la serpiente Apofis, o mi mundo se verá desarmado ante su fuerza, por eso esta noche deberá perecer…

Antes de que pudieran responder a sus palabras desapareció del cuerpo de Zia, que volvió a la normalidad. Parpadeó un par de veces y encaró a Amos, que asintió un poco ante esas palabras. Y aunque los demás no parecían especialmente entusiasmados, los egipcios tenían claro qué debían hacer, así como Marin y Hearst; por su parte, Jamily se les acercó igualmente, así como Erik, a lo que el mayor asintió. Augusto también parecía dispuesto a ir, igual que Flavia y Aelita.

-Iremos a ayudar a Ra en su misión de esta noche -dijo-. Los demás id cenando y descansad, nosotros nos encargaremos, no podemos ir todos.

-Si él va, yo con él -Skadi le encaró-. ¿Tienes algún inconveniente, guapo?

Erik, sabiendo que cualquier negativa sería denegada, suspiró y giró la cabeza en señal de que aceptaba aquello, a lo que la mujer asintió.

-Una nueva misión suicida, genial…

El resto comprendía aquello. Si querían la ayuda se la tendrían que ganar, y aunque no lo pidió, sabían que el dios en solitario pude que tuviera problemas con aquello. Lo hacía cada noche, sin embargo una cosa era detener y otra derrotar definitivamente. Además, era la excusa perfecta para probar sus nuevas armas.

-Cenaremos cuanto antes y montaremos en la barca por la Duat -Amos parecía ir bastante deprisa-. Si logramos interceptar su barca antes de las primeras horas podremos ayudarle en su viaje diario, lo agradecerá…

Si aquel era el plan lo seguirían, parece que por una vez en todos esos días las cosas irían más o menos bien y no tendrían que luchar contra el rey de ese lugar por aquello que, por esa maldita profecía, les correspondía. Esa era una parada más en el viaje, pero una muy importante… y la aprovecharían.

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(1)

La mitología celta aquí incluida es bastante compleja aunque poco ha sobrevivido hasta nuestros días, aquí se da una visión algo simplificada que, con el tiempo, se irá perfilando.

Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que os haya gustado, y que apoyéis este fanfic. Ni Percy Jackson ni ninguno de los personajes de las sagas de Rick Riordan me pertenecen. ¡Dicho esto, que la inspiración os acompañe!