Notas: Voy tarde, lo sé, voy tarde, tardísimo, y lo siento. No me estoy sintiendo muy bien últimamente. Os prometo que sigo intentando escribir, pero cada vez voy más lento. No he parado en ningún momento, pero me cuesta mucho más que antes, espero que no afecte a la calidad de la historia, le tengo muchísimo cariño y odiaría estropearla por mi estado de ánimo...
En fin, se avecinan nuevas interraciones entre estos dos, espero que disfruteis la lectura un día más 3
- Esto… Sesshomaru. – Le llamé montada desde la grupa de la apacible criatura de dos cabezas.
- ¿Cómo osas hablar de esa manera al Señor Sesshomaru? ¡Deberías mostrar más respeto, humana! – Me reprendió Jaken por enésima vez en aquel día.
El demonio no tenía paciencia para aguantar aquellas réplicas una y otra vez.
- Por última vez, Jaken: yo la he autorizado, así que déjalo estar de una maldita vez.
- ¡P-pero Amo…! Es usted demasiado permisivo, no debería tolerar que una sencilla mortal rebaje su título de esa manera…
- ¿Acaso insinúas que el hecho de que Rin se refiera a mí sin honoríficos degrada mi posición de alguna manera? – Inquirió Sesshomaru con una furia helada.
- ¡J-jamás osaría!
Acaricié el lomo de Ah-Un de forma distraída mientras los dos discutían. Desde que me había unido al grupo, Jaken parecía desesperado por mantener su estatus como mano derecha de Sesshomaru, por lo que no soportaba ser testigo de la deferencia que su Señor mostraba hacia mí. Yo había logrado acostumbrarme a sus continuos berrinches, pero Sesshomaru parecía cada vez más irritado con el tiempo, y me sorprendía que no lo hubiera lanzado volando por los aires a esas alturas del enfrentamiento, como terminaba haciendo cada día cuando no podía soportar más discusiones sin sentido.
Lejos de sentirse excluida o incluso como un estorbo, había comenzado a asimilar aquellos intentos de Jaken por obtener atención por parte de Sesshomaru como una cómica escena cotidiana. Después de todo, nadie resultaba herido al final del día, y me parecía tierno cómo Sesshomaru terminaba aceptando la devoción que sentía el duendecillo hacia él.
Lo único que me molestaba de aquella dinámica era que reducía y entorpecía considerablemente mis posibilidades de interactuar con Sesshomaru. Ya habían pasado seis días desde que habíamos partido juntos, y aún no había podido establecer una conversación completa sobre todos los detalles del rumbo que seguíamos en la búsqueda de Kikyo. Normalmente caminaba al lado del Señor Sesshomaru hasta el mediodía, siempre con Jaken de por medio, y cuando los pies comenzaban a dolerme, me resignaba a seguirlos montada sobre Ah-Un. A las pocas horas de que el cielo se oscureciese, solía caer vencida de sueño sobre el lomo de mi compañero bicéfalo mientras los demonios seguían avanzando en el transcurso de la noche.
Sin embargo, mis caderas y espalda comenzaban a resentirse de aquellas marchas forzadas, por lo que ya era hora de poner sobre la mesa el hecho de no era tan resistente como ellos, y necesitaba descansar sobre una superficie mullida.
- ¿Para qué me llamabas, Rin? – Se dirigió hacia mí el hombre de cabello blanco una vez se hubo deshecho del demonio de piel de sapo. Supuse que lo debía de haber mandado por los aires una vez más.
- Esto… - Tan pronto como comencé a hablar, me vi obligada a cubrirme la boca para ocultar un bostezo que surgió de a nada. – Disculpe. – Emití un ridículo sonido mientras el aire salía de mi cavidad bucal. – Esto… Quería saber si sería posible acampar esta noche.
Sesshomaru escrutó mi rostro con curiosidad.
- ¿Por qué?
- Me avergüenza admitirlo, pero no soy tengo tanto aguante como ustedes y mi cuerpo se resiente después de tantos días de viaje… ¿Sería mucha molestia?
El hombre comprendió mis reclamos por lo que cedió sin darle un segundo pensamiento.
- Encuentro tu petición razonable. No había tenido en cuenta tus capacidades físicas.
Su respuesta fue tan fría a pesar de la ausencia de Jaken que me encogió el corazón. Me pregunté por primera vez si estaría siendo una molestia por ralentizar la marcha de aquella manera.
Tras una corta búsqueda, nos asentamos en un diminuto claro donde Sesshomaru me indicó que iniciase una fogata para ayudar a Jaken a localizarnos. Mientras tanto, él se adentró en la espesura del bosque sin dar más explicaciones. Recogí ramas partidas de los alrededores y las apilé en una explanada que apenas tenía vegetación. Me acerqué a Ah-Un y le retiré los bozales para que pudiera encender la hoguera con una ligera exhalación de fuego. Agradecía su colaboración ya que no se me daba especialmente bien crear chispas frotando ramas caídas de los árboles.
Atraído como las polillas a la luz, Jaken no tardó en aparecer con su habitual escándalo:
- ¡Señor Sesshomaru! ¡No tiene usted ninguna piedad, siempre tratándome…! ¿A dónde ha ido?
Me encogí de hombros, tratando de ocultar la intranquilidad que sentía ante su repentina ausencia. En ese momento, una diminuta roca voló en dirección al duende verde, impactando contra su cráneo.
- Jaken, puedo oír tus berridos desde el otro lado del bosque. – Se quejó Sesshomaru mientras aparecía entre la espesura. Cargaba una pareja de conejos con su único brazo. - ¿Esta cantidad está bien? – Me preguntó.
Aquellos días atrás había estado alimentándome de las provisiones que me había dado la anciana Kaede, pero se habían terminado aquella mañana a pesar de haberlas racionado cuidadosamente, por lo que sentía un hambre atroz. Observé la carne con los ojos brillantes mientras me tendía las piezas que había cazado.
- M-más que suficiente, gracias…
A pesar de que me hallaba agradecida con el gesto, aquella acción colocaba una nueva losa sobre mi sentimiento de culpabilidad. Debería encargarme yo misma de las provisiones de aquel momento en adelante si no quería convertirme en una molestia para Sesshomaru.
Tomé una gran bocanada de aire para mentalizarme antes de despiezar a aquellas criaturas.
A pesar de las quejas de Jaken por hacer un alto en el camino, el enano demonio quedó satisfecho con la copiosa cena y cayó rendido por el cansancio junto a Ah-Un. Ambos debían de estar exhaustos tras haber caminado por varios días sin descanso.
- Ya comenzaba a pensar que los demonios no necesitaban dormir. - Comenté en voz alta mientras calentaba mis manos junto al tímido fuego que aún sobrevivía con las escasas brasas que quedaban.
Las cálidas noches de verano hacía tiempo que habían cesado, pero con cada día que pasaba, el frío que se colaba en mis huesos me recordaba que se iba acercando el invierno.
- Varía en función de la especie, pero por norma general necesitamos menos horas de sueño que los humanos, y suelen concentrarse en las horas centrales del día. Somos criaturas de la noche, después de todo. – Respondió Sesshomaru con calma.
Sentí cómo Sesshomaru rodeaba mis hombros con su estola, protegiéndome del aire gélido que me hacía tiritar. Sujeté la pieza de tela cruzando los brazos sobre mi pecho.
- Gracias. – Dije en voz baja. – Creo que yo nunca le he visto dormir.
El demonio tomó asiento a mi lado, frente al fuego, y me dedicó una mirada llena de orgullo.
- Puedo pasar mucho tiempo sin dormir en condiciones de salud óptimas.
- ¿No le agota mentalmente permanecer despierto tantos días seguidos?
- No.
Sus respuestas parecían sacadas de una fría enciclopedia. Resultaban bastante concisas y esclarecedoras, pero carecían por completo de sentimiento. Con nuestros compañeros de viaje fuera de juego, era la primera vez en mucho tiempo que estábamos a solas sin ningún tipo de interrupción.
- Dígame, Sesshomaru… ¿Hacia dónde nos dirigimos exactamente? Vamos en busca de Kikyo, ¿verdad?
Aquellos ojos ambarinos brillaban en la penumbra, reflejando la luz de la hoguera.
- El rastro de esa mujer sigue en dirección norte. A este paso, no tardaremos mucho en toparnos con el Monte Hakurei.
Asentí, como si conociese el lugar que mencionaba. No sabía cuán lejos quedaba de nuestro punto de partida, ni cuánto quedaba para llegar a nuestro destino.
- De acuerdo… - Balbuceé, tratando de poner la amarga sensación que se había gestado en mi pecho en palabras. – Esto… estos días, yo… Siento si estoy siendo un estorbo para todos en este viaje.
- ¿Por qué dices eso? – Inquirió él, alzando una ceja.
Me abracé a mis propias piernas, cubriéndome todo lo posible con la manta que me había proporcionado Sesshomaru.
- El Señor Jaken no parece muy contento con mi presencia, Ah-Un termina cargando mi peso casi todo el día, y hoy he detenido la marcha por completo… Siento que no aporto nada, tampoco tengo habilidades especiales que ofrecer.
El demonio no tardó en mostrar su inconformidad.
- Eso no es cierto. Esos dos han caído rendidos tan ingerir la comida que has preparado para ellos, cosa que ninguno más sabemos hacer. Seguro que están felices de haber disfrutado de un plato de comida caliente, por una vez. Además, he sido yo quien estaba tan concentrado en la meta que no he pensado en el cansancio de ninguno de vosotros. Por lo tanto, que seas la única que lo haya verbalizado no quiere decir que los demás no se sintieran de la misma forma.
No estaba acostumbrada a ser elogiada de aquella manera, por lo que sus cumplidos me hicieron sonrojar.
- ¿Entonces cree que he sido útil de alguna manera?
- Por supuesto. – Dijo de forma tajante.
- G-gracias… - Tartamudeé, abrumada por su seguridad.
Me hacía sentir necesaria y querida, a pesar de que exponía todas sus opiniones de forma analítica. Mi rostro había comenzado a arder, y no tenía nada que ver con las débiles llamas o la esponjosa estola que me envolvía.
Durante unos instantes de silencio, ambos nos sostuvimos las miradas. En contraposición con sus palabras, su forma de observarme no se me antojaba fría en absoluto.
- D-debería retirarme a dormir, estoy agotada… - Me excusé nerviosamente.
Era demasiado consciente de que, aunque pudiera dar la falsa sensación que me estábamos solos, no era así. Tenía que controlarme, por mucho que hubiera leído en el ambiente el deseo que sentíamos el uno por el otro.
Me tumbé sobre un mullido colchón de hierba, envolviéndome en el cálido abrigo que me había proporcionado Sesshomaru. Le observé tomar asiento, apoyando su espalda contra un árbol a escasos pasos de mí. El gélido aire de la noche se colaba a través de la mullida tela haciéndome estremecer, incapaz de mantener la temperatura de mi cuerpo. Me preguntaba si él podría pasar buena noche vistiendo únicamente su kimono.
- S-Sesshomaru… - Lo llamé en voz baja, tratando de no despertar a nuestros compañeros de viaje.
Sus ojos dorados reflejaron la luz de la hoguera al posarse en mí.
- ¿Pasa algo, Rin? – Inquirió el demonio haciendo ademán de ponerse en pie.
Aquello no estaba bien. Tenía que ser firme, había cortado de golpe la conversación de antes para evitar que pasase nada más. No podía flaquear justo a continuación…
- ¿Le importaría tumbarse a mi lado para pasar la noche? – Estupendo. Muy coherente.
Alzó una ceja mientras se levantaba para dirigirse hacia mí. Las incongruencias nunca escapaban a su atento juicio.
- ¿Puedo saber el motivo de tan específica petición?
Comencé a ser consciente de las posibilidades que podrían estar cruzando por su mente en aquel momento, sacándome los colores. Ninguna de ellas apta para niños, a juzgar por el brillo hambriento en su mirada.
- Hace frío esta noche… Y extraño tenerle a mi lado. – Me justifiqué con torpeza, tratando de que mis intenciones sonasen lo más inocente posible.
Ni siquiera me había tomado el remedio que me había detallado Kaede en sus notas, no podía dejar que pasara nada demasiado íntimo aquella noche. No era como si no tuviese ganas, pero no podía admitir mi deseo de forma tan abierta en mitad del bosque, cuando ni siquiera estábamos solos. ¿Acaso había perdido todo sentido de la moral y el decoro?
- ¿Mokomoko no es suficiente para mantenerte en calor? – Preguntó el demonio, refiriéndose a la estola que me habría prestado.
Sesshomaru se echó a mi lado, apoyándose sobre el codo con deliberada lentitud y elegancia.
- Y-yo estaré bien, pero… Me preocupa que usted pueda enfermarse. – Respondí mientras cubría mi rostro hasta mi nariz con la mullida manta.
Sus pupilas se dilataron mientras me mostraba una expresión divertida.
- No creerás que puedo resfriarme o algo parecido por pasar la noche a la intemperie.
Asentí, avergonzada ante mi más que evidente equivocación, pero no se me había ocurrido nada más para ocultar el hecho de que sólo quería sentirle cerca de mí. No pareció molestarse por mi ignorancia.
- Aun así… ¿Puede quedarse a mi lado a esta noche? – Le pedí en un hilo de voz.
Se dejó convencer fácilmente, por lo terminó de tumbarse sobre el suelo, apoyando su cabeza sobre su propio brazo.
- Ahora ya puedes dormir. – Murmuró mirándome fijamente, provocador.
Sesshomaru estaba tan cerca que podía sentir su delicada respiración sobre mi nariz. El sueño y el cansancio parecían haberse esfumado por completo mientras hablaba con él. Sus hipnotizantes ojos parecían impedir que cerrase los míos. Sus delgados labios permanecían pegados, en su habitual expresión de seriedad. Me preguntaba si él podría estar sintiendo lo mismo que yo, o si eran todo imaginaciones mías. Quizás sólo le divertía seguirle la corriente. En ese momento su rostro se había vuelto completamente inescrutable a pesar del tono burlón y casi lascivo que había empleado hasta el momento.
- ¿Puedo… acercarme un poco más a usted? – Pregunté antes de que la parte racional de mi cerebro autorizase a aquellas palabras salir de mi boca.
Él se arrimó a mí, permitiéndome sentir la calidez que emanaba su cuerpo a través de las varias capas de tela que me recubrían. ¿Estaba bien seguir lo que me dictaba mi corazón en aquella situación? Era consciente de que no estaba utilizando el raciocinio para decidir mis acciones, por lo que me preocupaba estar dejándome llevar demasiado por el momento.
- ¿Ocurre algo? – Susurró muy cerca de mi oído.
La caricia de su aliento sobre mi piel me hizo estremecer. Lancé una mirada furtiva a mis espaldas, cerciorándome de que Jaken y Ah-Un permanecían profundamente dormidos. Para mi alivio, ambos parecían haber caído fulminados por el cansancio.
- Todo este tiempo he extrañado pasar las noches a su lado. – Confesé con las mejillas sonrojadas. – Mucho.
Mi coronilla rozó su mentón mientras me acurrucaba en su pecho para ocultar mi rostro encendido.
- Eres adorable. – Dijo mientras contenía una risa.
Apenas podía creer que aquellas palabras habían brotado de su garganta, admitiendo que se sentía divertido ante mi evidente pudor.
- Qué cruel. – Le reproché. - ¿Acaso le gusta burlarse mí?
El demonio se separó con suavidad para observarme con sus pupilas ambarinas.
- Había olvidado lo interesante que resultan tus reacciones.
- ¿A qué se refiere?
Sesshomaru depositó con cuidado su barbilla sobre mi coronilla, haciendo sentir mi escondite aún más acogedor. La manta que me envolvía comenzaba a sobrarme gracias a su calor corporal y cercanía.
- Has comenzado a actuar de forma extraña desde que me he acercado físicamente a ti. ¿Te pongo nerviosa?
Estaba claro que no solo no le pasaba desapercibida la atracción que sentía por él, sino que parecía inflar su ego de sobremanera. Le gustaba saber que era deseado. El corazón me dio un vuelco en el pecho mientras trataba de mantener la compostura. Después de todo, nuestros compañeros dormían a poca distancia.
- Me alegra mucho poder estar a su lado de nuevo. ¿Es un crimen que me sienta así?
No podía admitir en voz alta el efecto seductor que tenía sobre mí, a pesar de que él ya lo supiera de sobra.
- En absoluto. – Respondió mientras me sostenía la mirada. – Me resulta encantador…
Parecía expectante ante mi próximo movimiento. Aquellos ojos refulgían bañados en deseo. Estaba convencida de que ambos padecíamos la misma sed desde que nos habíamos reencontrado. Aunque por fin, en aquel momento, me sentía más libre, alejada del juicio de la anciana Kaede. Quería darme el gusto de dejarme llevar, aunque fuese solo un poco. Mandando mis convicciones racionales al rincón más recóndito de mi conciencia, mis manos escaparon de la crisálida de tela para tomar ambos lados de su rostro. El demonio se apoyó en su única mano para acercarse a mi hasta que nuestros labios casi podían rozarse.
- ¿Estás segura de lo que vas a hacer? – Me cuestionó con solemnidad. – Si damos un paso más…
Sólo un beso. Me prometí a mí misma que no podía pasar nada malo por un simple beso.
- Sabe que lo deseo, idiota.
Cerré los ojos, y recé por acertar cuando posé mi boca sobre la suya. Deposité un tierno beso, despacio, apenas moviendo mis labios sobre los suyos. El demonio permaneció inmóvil, dejando que yo marcase el ritmo. Fui transportada por aquella sensación al interior de nuestra alcoba, meses atrás, donde habíamos consumado nuestro matrimonio. Aquel escenario se me antojaba lejano e irreal mientras las memorias cruzaban mi mente, revividas por aquel casto contacto.
Apenas comencé a retirarme, Sesshomaru me persiguió para atrapar mi labio inferior con necesidad. Su lengua se introdujo en mi boca con facilidad, lentamente, mientras me producía estremecimientos de placer. Su nariz rozaba la mía mientras nuestras bocas se fundían apasionadamente, pero sin prisa. Aquello no era lo que había planeado en un inicio, pero no quería negarme. Los intensos besos del demonio me transportaron a nuestros pasados encuentros íntimos, a cómo nos habíamos fundido en uno solo, las pieles desnudas entrelazándose…
Cuando sentí los colmillos de Sesshomaru presionando contra mis labios por la urgencia de su contacto, de entre mis recuerdos surgió una oscura nube de ojos escarlata y unas garras que amenazaban con desgarrar mi cuerpo, al igual que en mis pesadillas. Aquella imagen me provocó tal sobresalto que separé nuestras bocas de forma abrupta, empujando el pecho de Sesshomaru.
Mi respiración se agitaba rápidamente mientras me recomponía. El demonio me observaba con los ojos abiertos como platos, confuso ante mi repentino rechazo.
- Rin… - Me llamó, visiblemente sorprendido. - ¿Estás…?
- B-buenas noches, Sesshomaru, e-es tarde… - Le interrumpí mientras me rodeaba el cuerpo con los brazos, cerrando los ojos con fuerza, protegiéndome en una posición casi fetal.
Él me dejó mi espacio, sin acercarse un ápice en toda la noche. Sin embargo, no pude dejar de sentir su mirada de depredador clavada en mí en todo momento, atrayendo las pesadillas a mi poco reparador descanso.
Al día siguiente, apenas pude mantenerme en pie debidas las pocas horas de sueño que había podido conciliar la noche anterior. Por ello, y ante el claro agrado de Jaken, me tumbé sobre la grupa de Ah-Uh para seguir dormitando un poco más. Sesshomaru se había mostrado preocupado por mi reacción de la noche anterior, pero no había vuelto a realizar preguntas al respecto, gesto que agradecí enormemente.
Por mi parte, no podía parar de pensar, entre cabezada y cabezada, en el pavor que me provocaba acercarme a el que había sido mi esposo, y que éste volviera a transformarse en la terrorífica bestia de mis pesadillas. El hecho de que nuestro último encuentro de naturaleza sexual hubiera sido interrumpido por aquellos peligrosos instintos no hacían más que reforzar el vínculo entre la intimidad y el trauma. Me dolía tener que admitirlo, pero me había vuelto muy temerosa tras desenterrar todo lo acontecido.
Sabía que la única solución era hablarlo con él, pero no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo sin decirle que estaba aterrorizada. No deseaba hacerlo sentir culpable por sus errores del pasado, pero sabía que aquella situación tampoco era sostenible por mucho tiempo. No cuando pasábamos todo el día juntos. Además, yo misma anhelaba volver a sentirme a salvo entre sus brazos como en el pasado…
Una vez pasado el mediodía, quise aprovechar los últimos rayos de sol para tomar un baño y deshacerme del molesto sudor que cubría mi cuerpo tras tantos malos sueños. Además, el agua siempre me ayudaba a aclarar mis ideas y a sentirme menos pesada.
Mi cabeza seguía dando vueltas, desesperada por encontrar alguna manera de tratar mi miedo y eliminarlo por completo mientras me secaba y cubría mi desnudez con un nagajuban, la prenda blanca de ropa interior. Con aquella prenda adicional bajo mi kimono debería ser más fácil resistir el frío de las noches. Tomé la capa de tela exterior del kimono, raída por el uso, pero me detuve al escuchar los pasos de alguien al acercarse. Se trataba de Sesshomaru. El hombre cargaba una exquisita tela de color verde, que me ofreció apenas se acercó a mí.
- Te he conseguido ropa más apropiada para esta época del año. Puedes usarla, si quieres.
El ropaje que me ofrecía se veía de buena calidad, aunque sencillo y cómodo para viajar.
- No hacía falta, Sesshomaru. – Dije, azorada. – Muchas gracias.
Introduje los brazos en las amplias mangas de la pesada prenda. Era bastante gruesa y abrigada, ideal para el invierno que se avecinaba. Desenrollé el obi de color azul cielo que acompañaba al kimono para rodear mi cintura con él.
Sin embargo, su atenta mirada me hacía sentir nerviosa mientras me vestía. Con más torpeza de la habitual, fui incapaz de asegurar el cinto mientras mantenía las solapas de la prenda firmemente unidas, comenzando a frustrarme. En mitad de aquel forcejeo con la tela, sentí la mano de Sesshomaru apoyarse a la altura de mi vientre para tirar con su única extremidad de uno de los lados del kimono, facilitando mi tarea. Terminé de adecentar mi aspecto mientras trataba de ignorar la persistente mirada del demonio clavada sobre mí.
- Muchas gracias… - Murmuré mientras observaba a mis alrededores, en busca de nuestros acompañantes, pero no parecían estar presentes, justo cuando más los necesitaba. - ¿Dónde están Jaken y Ah-Un?
- Los he mandado a cazar la cena de esta noche. – Me informó. – Me gustaría hablar contigo.
Suspiré. Aquello era inevitable, después de todo, debía de tener muchas preguntas.
- Está bien…
Sesshomaru se dirigió hasta una roca cercana al lago donde me había bañado, y tomó asiento sobre ella, quedando un poco por debajo de mi altura. Yo permanecí de pie, inquieta, evitando el contacto visual directo con él.
- ¿Te arrepientes de lo que ocurrió anoche? – Con esa pregunta comenzaba su interrogatorio.
Negué con la cabeza.
- No se trata de eso.
- ¿Puedes explicarme lo que ocurrió, entonces? ¿Sientes que me sobrepasé?
- Bueno… - Balbuceé. – Sí que fue más intenso de lo que esperaba…
- ¿Y…? – Me animó a seguir hablando.
Asumí con resignación que no tenía escapatoria.
- Me asusté. – Dije en un trémulo hilo de voz.
- ¿De mí? – Quiso confirmar en tono duro. Debía de estar castigándose internamente.
- Sí y no.
- ¿Sí o no? – Parecía frustrado por mi ambigüedad, a la vez que confundido.
Entrelacé los dedos de mis manos, apretándolos con fuerza.
- No pude evitar recordar cómo perdió el control la última vez… Así que el miedo apareció de forma repentina. Pero no le temo a usted como persona, Sesshomaru… Me asusta la bestia en la que le vi convertirse.
La expresión del demonio se tiñó de consternación.
- Ya veo, tiene sentido… Esa apariencia forma parte de mí, por lo que, aunque perdiese el control debido a las circunstancias, no dejo de ser yo. Tienes miedo de mí. – Se repitió a sí mismo, en un claro debate interno que trataba de convertirle en un monstruo.
- No se cargue toda la culpa, por favor, no es… Eso es lo que quería evitar.
Sesshomaru cerró los ojos por un instante, respirando profundamente.
- He sido muy descuidado, es normal que te horrorice estar cerca de mí, después de todo lo que he hecho pasar…
- ¡N-no es eso! – Le chillé para detener aquella espiral ponzoñosa. - ¡Yo quiero…! Quiero volver a acercarme a usted como hacía antes… Deseo… - Tragué saliva, reuniendo valor y rubor en mis mejillas. – Le deseo a usted con toda mi alma. No quiero tener miedo cuando me bese o me toque.
Él dibujó una sonrisa amarga en su rostro, conmovido.
- No tienes que forzarte, Rin. Estoy bien con que me permitas protegerte.
Apreté los puños, sintiéndome débil ante su férreo veredicto de culpabilidad.
- Sesshomaru, con esta conversación me gustaría… Que pudiéramos buscar una manera de solucionar.
- Siendo realistas, no puedo hacer nada. No puedo prometerte que no volveré a adoptar esa forma, es parte de quién soy.
Le observé con dureza.
- ¿Pero ahora puede controlarlo?
El demonio esquivó mi mirada.
- No he vuelto a tener problemas desde que recuperé la Tenseiga… Pero eso no significa que…
El demonio hablaba cabizbajo, observando las espadas que colgaban en su cinto. Lo interrumpí antes de que pueda seguir autoflagelándose con aquel discurso:
- Entonces, muéstremelo.
Atónito, clavó sus ojos en mi sin dar crédito.
- ¿El qué?
- Déjeme ver su apariencia de bestia una vez más.
Notas: Sigo pensando en ese besito tan tierno que tenía Rin en mente, aunque se les va de las manos. Echaba de menos escribir escenas más cariñosas, ¿vosotros también? Pero traumas, los traumas siempre se ponen en medio de ellos dos...
Veremos cómo van tratando el tema, espero leer vuestras impresiones! Siento si suena a que estoy rogando, pero me animaría muchísimo leeros estas dos semanas hasta la siguiente publicación. Mil mil gracias de corazón si seguís leyendo hasta el día de hoy, gracias por tener paciencia conmigo. Nos leemos!
