Las obras y personajes son propiedad de Akira Toriyama y Lauren Faust
I
3. Respuestas Intrincadas
El concepto de la magia fue transmitido desde los principios del tiempo y revolución, en múltiples plataformas por lenguas atávicas. La reputación veterana otorgó paso al desarrollo de nuevas formulas y cambio de ideas. Comprender la fuente de poder siempre es la mayor prioridad, los motivos resultaban irrelevantes en antaño, nunca se logró concertar con exactitud el punto cimero o de donde proviene.
En textos antiguos, que ahora están transcritos en libros como fundamentos principales, plantean la unión entre un poni y el alma. La proyección que aporta en uno mismo. La naturaleza etérea que emanaba individualmente era única y no podía ser duplicada. Y aunque aseveran que la magia reside en todas las criaturas vivientes, los unicornios siempre fueron reconocidos como la estirpe preponderante, principalmente por sus cuernos, consentida al manipular la magia a su antojo. Los alicornios también compartían el don, pero provienen de una raza inusitada por dimanar un hibrido entre dos clases de poni, por poco extinta.
La princesa Celestia erigía con orgullo su titulo, presente en el trono o sosteniendo vista de lince sobre sus habitantes. Muy rara vez se permitía escapar de su exhausta ocupación como gobernante, y como era de esperarse aquellos pequeños descansos suelen ser interrumpidos. Sunset, en el corto periodo en su estadía en el castillo como discípula, pudo asimilar con mejor criterio el estilo de la princesa, a pesar de que Celestia constantemente estaba dispuesta a solucionar cualquier inconveniente con una sonrisa. Aún con su posición seguía ordenes y sin importar que tan arrodillados estén contra el suelo, nunca rechaza las peticiones, ofrecía soluciones o alternativas. Desde un cierto ángulo, semejaba a sumisión.
No lo entendía. Una princesa alicornio tomando ordenes de súbditos sin confrontarse a las solicitudes más demandantes. O el simple hecho de concordar en cualquier opinión personal de un embajador, aristócratas y nobles resultaba más frustrante. Sin embargo, aquel apartado resultaba una estrategia política para conformar convenios, al menos eso le confesó Celestia, del mismo modo que aseguró que ella lo comprendería cuando crezca.
Sunset podía imaginarlo con claridad en sueños y despierta. Una princesa adulta transformada en alicornio. Un ser poderoso a la misma altura que la princesa Celestia y Nightmare Moon, alzando el sol fulgente y eclipsando el cielo aglomerado por un mar de estrellas. Y, si no ha quedado claro, no seguiría el mismo método ortodoxo y negligente que la princesa, cuando llegue su turno de tomar el mando se aproximarían cambios drásticos. Pero actualmente no era su objetivo primordial, quizás lo coloque en su lista de deseos.
Alcanzar un nivel mágico tan alto requería años de practica, persistir en el camino fementido y sus cambios abruptos. En tan solo unos meses logró aprender más del fenómeno de la magia, adelantando unos años en la escuela de superdotados, la princesa Celestia dirigió un riguroso método de enseñanza en Sunset, quien aceptó complacida y un deseo ávido en comenzar desde su primer día en el castillo. Y a pesar de que siempre cumplía las expectativas, a veces sentía que no siempre era suficiente.
En el extenso jardín trasero de arte topiario del castillo, oculta a simple vista de cualquier interrupción con la protección de arbustos túmidos rodeándola. Algunos árboles fueron sembrados proporcionando un amparo contra la calidez del sol menguando el corte de rayos de luz. No podía ausentarse la presencia de flores plantadas en el fino césped y en los brotes de los arbustos, peonías y narcisos blancos que florecieron con asiduo cuidado. Otros capullos han abierto sus pétalos antes de temporada a causa de medios mágicos.
Sunset concentró un ínfimo punto de energía azul ópalo en la punta del cuerno, descargando una centella enjuta hacía una flor raquítica torcida, precisamente a los pétalos cerrados. Sin declinar el mana como si tratara de agua, la fuerza brindada permitió al ciclamen rosado enderezar el tallo, aumentando el doble de tamaño del capullo y abriendo los pétalos remozados. Un hechizo sencillo que repetirlo frecuentemente resultaba aburrido.
—Veo que has tenido avances —Sunset alzó la cabeza frente a los arbustos, distinguiendo la delicada y fina voz de la princesa Celestia sin inmutarse al pasar sobre los mismos—. ¿Has aprendido algo interesante el día de hoy?
—No realmente —Respondió apática entrecerrando los ojos luego de suspirar. Sentada en el tronco de un viejo árbol, acercó las patas traseras hacía su mentón para recostarse, eludiendo la mirada preocupante de su maestra—. Todo lo que he aprendido en la escuela hasta ahora ya lo sé, incluso antes de mudarme aquí. Estudiar bajo su cargo es más eficiente.
Aunque sus palabras orientaron un cumplido, en realidad insinúa una obviedad. Los profesores en la academia eran tan estrictos e indiferentes como podían serlo, en los estándares de Sunset resultaba un juego de potrillos. Por el lado de los demás estudiantes, algunos poseían cierta dificultad para seguir el compás de la clase, otros tenían la eficacia para realizar los hechizos avanzados un par de veces más. No obstante, sin importar cuanto intenten alcanzar la admiración de sus profesores, ellos tenían los ojos en Sunset con alta estimación por ser la discípula de la misma princesa Celestia.
Era de esperarse, después de todo, que la noticia recorriera atreves de los profesores y, por simple chisme, hacía los alumnos. Muchos la adoraban por aquel merito, varios se reducían a escrutar con el ceño en señal de envidia o porque les caía mal debido a su actitud soberbia, pero aquellos comentarios se resguardaban en el interior. Consciente de su actual posición, Sunset ignoraba estos predicamentos absurdos, sin tomarle importancia, centralizarse únicamente en las enseñanzas de la magia y sus practicas.
—¿Lograste hacer amigos? —Como si su mente fuera un libro abierto, el simple hecho de pensar en una derivación respecto al ámbito social era suficiente para que Celestia incite a su alumna abrirse a otros ponis.
—No —Exhaló cabizbaja en derrota. Ni siquiera se tomó la molestia de intentar, si es que tuviera algún indicio o un verdadero motivo para empezar. Pero era sensata para admitir una cosa—. Los otros ponis —Volvió a encarar a la princesa— no quieren pasar tiempo conmigo.
—¿Por qué crees eso? —Se acercó frente a Sunset, quien optó por colgar las patas traseras en el borde del tronco cortado— Y no digas que no lo sabes, mentirme no es una opción favorable. Te recomiendo que seas honesta conmigo, de esa forma podre guiarte mejor.
—Pero usted ya me esta guiando, princesa —Dijo sumando un poco el volumen de voz. Celestia no interrumpió a Sunset, prestando su oído para que logre desahogarse, por más que no hubiera necesidad de lagrimas—. Las enseñanzas que esta inculcando en mí son todo lo que necesito para que pueda ser igual que usted. Poderosa, brillante, inteligente. Quiero demostrarle que puedo ser una verdadera princesa que merece tomar su lugar llegado el momento —Celestia estaba apunto de replicar, pero Sunset apresuró su boca en un acto desesperado—. Espere, déjeme mostrarle algo en lo que estuve trabajando.
Retrocediendo al centro del tronco, Sunset prefirió sentarse cruzando lo mejor que permitían sus pequeñas patitas mientras apoyaba las piernas delanteras sobre el corvejón. Ojos cerrados y respiración bonancible, ignorando todo el espacio y objetos ambulantes a su alrededor. Una vez más acumuló magia en el cuerno, abriendo ambos ojos resplandecientes compartiendo la idéntica gama de color, instantáneamente fijo su objetivo en el anterior ciclamen sembrado a unos pocos metros de distancia. En cuanto disparó el centello hacía la flor en lugar de favorecer un mayor crecimiento, borró el color rosado de los pétalos, sustrayendo lentamente hasta la última gota.
Aquel hechizo tomó por sorpresa a Celestia, en cuanto pestaño Sunset volvió a descargar su magia en un solido golpe contra uno de los arbustos circunvecino a ella. No hubo necesidad de preocupación alguna, pues si tratara de algún encantamiento destructivo lo hubiera previsto con tan solo observar sus intenciones a través de los ojos. El arbusto antes ocupado por algunas hortensias azules que tampoco han terminado en desarrollarse por completo, ahora estaba cubierto por una máscara entera de hortensias afloradas de la nada en su punto culminantes, para colmo tampoco tenía aquel color azulado o rosado, sino un dulce amarillo con un tono semejante a la miel.
—¿Lo ve? Yo misma logre brotar un montón de flores y cambiar su color. Tan solo necesite absorber el color de una flor.
—Y su fuerza vital —Sunset apaciguó su sonrisa, denotando el severo tono que portaba la princesa de Equestria sobre ella. Sin entender del todo, Celestia se acercó a la flor mencionada siendo seguida por su estudiante. Al ser más alta requirió descender un poco e inclinar el cuello para examinar en detalle, Sunset se coloco frente a su maestra. El ciclamen marchitó hasta lo profundo de sus raíces, una estela de humo desprendía como si hubiera ocurrido un incendio—. No es un mal hechizo. Pero existen otros modos para despertar a la naturaleza.
Una vez enderezado el cuerpo, fue el turno de Celestia presumir su magia almacenando un orbe de energía azul cobalto en su fino y largo cuerno. Sin necesidad de arrojar con vigor el hechizo contra la planta marcescente, concentró la energía en su cuerno y en cuestión de segundos el pequeño ciclamen volvió a surgir revelando un color más vivo y un tallo fortalecido. Sunset quedo impresionada, sus ojos destellantes hablan por sí solos, siempre admiraba las demostraciones de la princesa, incluso las más sencillas.
—Excelente exposición, Sunset. Aún tienes que pulir un poco tus habilidades. Sigue practicando y podrás superar los exámenes avanzados.
—Princesa, ¿A que se refería con la "fuerza vital"? Pensé que la magia era el núcleo vital de todo poni —La curiosidad de Sunset no podía hacer falta, aún cuando la respuesta no satisfacía por completa a la pequeña potrilla indagaba por observaciones concisas.
—En cierta forma, lo es. Pero es una lección para otro momento —Sunset solo gimió en capricho, provocando una risa ante su lamento. Desafortunadamente, en tan poco tiempo, sabía que la pequeña podía ser extremadamente incesante por obsesión a comprender todo. Un comportamiento evidente de un infante—. Sígueme, por favor. Hay algo que quiero mostrarte.
—¡Oh, oh, acaso se trata de un nuevo hechizo! ¡¿Va a enseñarme a transmutar objetos, o tal vez cambiar el aspecto de animales, o quizás acelerar el proceso de crecimiento?! —Sin más, empezó a seguir a su majestad afuera del jardín en plena luz del día, dirigiéndose dentro del palacio. No obstante, Celestia negó esbozando una sonrisa.
—Me temo que no. No es nada relacionado a la magia. Es algo que te servirá.
—...Es un sermón, ¿cierto?
—Paciencia. Nunca dije que lo fuera, tampoco es una reprimenda —Percibió el resoplido desinteresado de su estudiante, ahora siguiéndola por ordenes y no por deseos. No podía culparla, a ningún niño le agrada este tipo de conocimientos que, de por sí, saben, pero no aplican en el mundo real. Para alegrarla, decidió dirigirle un afable sonrisa—. Luego te enseñare a transformar el cobre en oro.
—¡Oh si, esto será genial! ¿Podemos comenzar ahora?
—No. Primero lo primero.
≫ ──────── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──────── ≪
La atalaya de Kami. En ocasiones, su padre narraba anécdotas de su entrenamiento en esta plataforma luego de salvar al mundo del protervo Piccoro Daimaō. Muy pocos conocían el templo sagrado, donde una vez el Báculo Sagrado conectaba el cielo y la tierra para consentir a un humano digno de escalar la cima. Una leyenda perdida en el transcurso del tiempo, alejándose del mundo avaricioso. Gohan apareció por primera vez con el incentivo de prepararse contra los androides y su próxima amenaza, pasando un año completo despojado de la Tierra junto a Goku en la Habitación del Tiempo.
Volver a pisar las baldosas compactas, observar una replica idéntica del templo transmitía un recuerdo de añoranza por una partición de su hogar. Un simple parpadeo fue suficiente para regresar al presente; el suelo resquebrajado, las palmeras y flores que adornaban el ambiente estéril se marchitaron con la falta de cuidado, por último las paredes desmoronándose en cenizas extraviando aquel blanco aseado. Todo objeto que comprendía este lugar sucumbía lentamente en materia.
Un contraste desfavorable, no había indicios de alguien preservando la exigüidad de recursos, nadie habría imaginado que la ausencia del Guardian de la Tierra ocasione el derrumbe y destrucción del lugar. Aún con todo el daño infligido permanecía detenido en medio del cielo sin alborotar el campo gravitatorio suspendido, al menos por ahora. No quería suponer cuanto tiempo lleva el deplorable estado del templo.
Gohan agitó aquellos pensamientos distractorios, solía reiterarse el mismo problema cuando el tono imperativo de Piccoro constreñía para que reaccione. Ahora no podía depender siempre de él, mucho menos lamentarse, debía madurar y alzarse firme. Recordó la brisa que lo guio hasta aquí, cubría una esencia imperceptible, inconsistente, capaz de inocular a quienes percibieran su infausta existencia contra ellos. Alguien trataba de comunicarse.
Reforzó su semblante hacía la entrada umbría del templo, no resultaba extraño que el lugar no tuviera luz artificial pero era sorprendente como en el progreso de declive decidiera ocultar sus secretos adentro. No demoró al esperar una invitación, caminó hasta el marcó obteniendo una mejor diafanidad desde el interior. Sus ojos se abrieron por completo cuando identificó en medio de la sala yacía un pedestal compatible con su altura, la base triangular invertida exhibía siete pequeños orbes mortecinos, manchados por un calígine naranja cobrizo espeso en el interior.
Exhaló alucinado, aún cuando no podía distinguir el mítico brillo de las esferas como de costumbre, no había equivocación. Trotó con cierta emoción, ignorando un posible traspié en el suelo empedrado. Posó las manos con cautela sobre los bordes, el sobresaltó imprudente se detuvo cuando pudo examinar de cerca las esferas mágicas. Lucían idénticas en comparación en tamaño, muy probable que el color refulgente hubiera sido el mismo, las estrellas desteñidas difícilmente podían advertirse. Lo que extinguió su repentina emoción fueron las fisuras acentuadas amenazando con quebrantarse en mil pedazos bajo sus pies.
Las esferas del dragón, no convertidas en piedra, pero el uso inasequible destrozaba su corazón y regreso a casa. Maldijo para sus adentros, soslayando el intento de secretar lagrimas. No, no podía permitirse terminar así. De nuevo, algún ser más allá de su comprensión contactó con él por medios tácitos, alguien quería que viera esto y que pudiera ayudar, al menos sus reservas de esperanzas intuían aquel veredicto.
Hasta ahora esperaba que alguien apareciera desde el primer momento que llegó, no había nadie más aparte de él. El templo de por sí era muy callado, aún con las presencias de Piccoro y Mr. Popo, el deterioro indicaba el progreso del tiempo y decadencia no solo del lugar, sino también por el dueño de la plataforma flotante. Al principio Gohan empezó a conjeturar la escasa fuerza vital de Kami que perseveraba, pero sin encontrar siquiera por unos largos minutos un vestigio merodeando en el templo, su fallecimiento pretérito resultaba más factible.
Observó sus alrededores, percatando su reciente obsesión por las esferas. El interior angosto radial, apropiado por el único pedestal que sostenía la colección entera de las esferas del dragón como decoración suministraba espacio suficiente para trasladarse. Frente a él la siguiente sección oculta en la penumbra indefinida, colocada precisamente delante de la puerta de salida. Contiguo a la única habitación lóbrega que continuaba el recorrido, Gohan advirtió un escombro de hormigón enorme, delatando el pasaje de luz bajo el techo revelando materia abarcando en cada rincón cerrado.
—Woah... —Por reflejo alzó el mentón para examinar de donde salía la luz, encontrando más que solo una apertura en el domo agrietado.
La comparación entre ambas atalayas eran idénticas en el exterior, podría confundirlas si el templo estuviera en mejores condiciones. Sin embargo, nunca imaginó que podría contemplar un fresco en el hogar de Kami, las plantas siempre fueron el único pasatiempo de Mr. Popo para hacer la estadía más agradable y conservadora. La pintura, deteriorada y fisurada con el declive del tiempo, aún conservaba el pigmento ilustrado de forma legible.
Dos mundos, separados por una delineación de nubes esponjosas amarillas limitando dos extremos entre el cielo rosado superior y del lado opuesto un rojo pardo. En el centro apropiado de la cúpula, dos árboles abultados invertidos ocupaban un cielo correspondiente; ambos manzanos, originando frutos. La copa del árbol superior producía manzana rojas y doradas entre sus rama, simultáneamente el árbol antitético, carente de vegetación, de alguna forma desarrollaba manzanas rojas pútridas y purpuras renegridas.
No había que discernir de más para captar el propósito intercalado, solo admirar la muestra cautivaba su atención. Retrocedió unos pasos para obtener un mejor vistazo de la figura colocada en la división lóbrega y árida. Juzgando por la vista frontal, bajo las ramas del árbol invertido, no lucía incomodo en aquel lugar, hasta sonreía con soberbia detrás del caos. Supuso que era natural al reconocer un demonio; orejas puntiagudas prolongadas, dentadura afilada, atuendo que resaltara sus músculos –o lo que el techo permitía develar–, pupila elíptica, la tez rosada incriminaba más su raza que su barba. No ocultaba gran misterio.
Por otro lado, en el cielo sobre las nubes conquistaba un individuo semejante al perfil humano colocado en el extremo izquierdo. El semblante flemático preservaba calma, el trazo de sus labios curvados manifestaba generosidad indiferente. Al menos, Gohan lo interpretaba de esa forma. Una deidad, una aproximación verosímil, el extraño atuendo ajustado a su grácil cuerpo exponiendo solo sus manos y el rostro lima pálido, la cresta blanca debía ser natural sin necesidad de afeitar el cabello. Tendía el brazo izquierdo con la mano abierta ofreciendo una estela cubierto por partículas esparcidas sobre la palma, las grietas y materia manchaban el resplandor que pretendía transmitir.
Opuestos referentes en sus tierras, quizás Kami los valoraba y lamentaba por igual. Algo que compartían las efigies eran los pendientes que colgaban en sus orejas, seguramente representaban algo excepcional o una simple decoración tradicional.
En cuanto a la parte incompleta, también distribuía el espacio con la figura apacible y el árbol, aunque apartado en el lado derecho. Una atmosfera se forjaba con la presencia que rellenaba el lugar vacío, un crepúsculo ofuscando parcialmente la pintura con intenciones nocivas. No prometía nada más que polvo, desintegrando todo en su cercanía con tan solo posarse, sin mover un dedo. El rostro estaba ausente bajo el cuerpo delgado, optando por una postura solemne con los brazos cruzados de espalda, solo vestía unos pantalones bombachos azules para cubrir su vergüenza, el resto exhibía la tez oscura.
Gohan pudo quedarse parado ahí por horas admirando el arte grabado, preguntándose si fue producto de la magia de Kami o si realmente se dispuso en terminarla para pasar el tiempo. No faltó mucho para que su curiosidad lo llevara a examinar la pieza faltante, dirigiéndose a los escombros caídos, removió las partes pequeñas otorgándose espacio suficiente para voltear la estructura enorme con prevención de no dañarla.
En efecto, la última pieza conformaba un rostro de lado observando donde estaría el árbol. Perplejo por la revelación, no hubo anticipado una figura tan antigua de este mundo coincidiera, una especie de perro que adoptaba la anatomía humana. Nada fuera de lugar de donde provenía originalmente. Según los libros de historia, siglos atrás en Egipto, veneraban a esta misma especie canina como una divinidad poderosa quebrantando las leyes naturales entre la vida y la muerte. Asemejaban mucho en apariencia, aunque el cuerpo predecía de un humano también conservaba sus rasgos animales como las garras en su espalda y el hocico alargado. Un collar decoraba su cuello, un surtido con filigranas de oro protegiendo los hombros y pectoral.
—(Debe ser alguien muy importante...) —No estaba muy seguro que representaba exactamente, pero debía tener su propósito para estar al lado de otro dios y no compartir su espacio con un demonio. A pesar de que el retrato apuntaba en una dirección, transmitía una sensación nefasta.
Estas identidades concretaban una relevancia en planos invisibles, fuera de la comprensión mortal, dedicando sus días en las tierras del más allá en labores ordinarias. Su padre, quien constantemente viajaba al planeta del Kaiō del norte para entrenar, nunca explicó en detalle como era el Otro Mundo, pero Goku siempre se desprendía sin interés respecto a la profundidad de los dioses. Por algo se quejaba en casa cuando Kaiō increpaba sus acciones.
Gohan suspiró, sabía que no podía estar mucho tiempo en este lugar. Tenía que continuar a la siguiente habitación, de lo contrario retrasaría al anfitrión quien lo arrastró hasta aquí, y perdería su primer día de clases.
Olvidando la encantadora pintura, pasó por la sección oscura alumbrándose cuanto más cerca estaba, debía ser una clase de magia autómata. Un pasillo estrecho; paredes revestidas símil de piedra, en medida paralela ambos lados modelaban un arco con una puerta maciza compartiendo el mismo color rojizo de la caoba, no había letreros que indicaran cual habitación debía entrar (o a donde llevarían). No discutió ante la lógica, simplemente se dispuso a caminar línea recta en silencio hasta obtener una respuesta.
Y así fue, un chirrido efímero y algo agónico restalló en el eco del pasillo. Tan solo habían pasado unos segundos desde empezó a caminar y eventos paranormales empezaron a desarrollarse, pudo haber durado más. No había nadie en la tercera puerta a la derecha, una luz refulgente invadía los con el fin de asesinar el habito de permanecer en las sombras. De cualquier modo, quería terminar con esto, ya fueron muchas sorpresas por esta noche.
Tapando la entrada de luz con una mano, Gohan entró al interior de lo que brevemente pudo distinguir una sala. En cuanto amoldó su vista periférica por el relumbre imprevisto, la mandíbula volvió a sucumbir absorto en el espacio circular como en el anterior sector. La integridad del área no concebía hundimiento por desgaste, el suelo y pared de mármol impoluto ostentaba contra la resistencia de la atalaya pese a su desolación.
Para colmo, el techo se perdía en el infinito, podría decirlo literalmente. Perdía toda fracción de racionalidad, incluso para el límite de altitud del templo. Y por último, un conjunto interminable de puertas en un radio completo acopladas contra la pared, en este punto agradecía tener una mente preparada a temprana edad. Cada una presentaba un color, tamaño, forma y espesor diferente, al menos podía saber por donde entraría la próxima vez.
Por algo no había limite de altura, las puertas seguían un transcurso en varias plantas imposibles de contar o siquiera detener el crecimiento. Gohan caminaba sin rumbo por la sala, más grande que cualquier habitación que haya visto hasta ahora, fascinado por todos los complementos descubiertos hasta ahora.
—Esto es impresionante. Nunca hubiera imaginado-
¡Thok!
Sin previo aviso, tropezó contra un solido inesperado. Retrocedió en seco, alzando las cejas abrumado por la interrupción contra su cara. Una puerta gris, colocada recientemente en el centro, sin remarcar la hoja de madera. Observó desorientado la situación, no había manera que la puerta apareciera sin anticipación, aún cuando echaba un vistazo a su alrededor no había ninguna puerta en medio de la habitación.
Más extraño aún, no dirigía a ninguna parte. Observó detrás del marco para confirmar la ausencia de un espacio preparado para pasar, solo una puerta común. Pero al fin y al cabo, los hilos conectaban perfectamente al dueño que lo guio hasta aquí.
—¡...! —Tan pronto como aferró la mano al picaporte, una sensación frígida y lúgubre irrumpió su cuerpo, perdiendo el color de su piel. La retiró ipso facto, escapando la exigüidad de ambición y vigor.
Y por más que huyó del terror. Pudo escuchar.
ENTRA
Al tempo que sostuvo la mano apuntó de abrirla. Una voz familiar, áspera y demandante cultivado por un acento incognoscible obstruyendo su garganta, retumbó en su cabeza. No podía sentir la presencia, resultaba muy molesto, pero estaba muy seguro que del otro lado residía alguien. Tenia sus dudas, jamás sintió como el alma abandonara su cuerpo con tan solo el tacto, en varios aspecto discernía una trampa.
Por otro lado, al mismo tiempo que desprendía un entorno gélido inexpresivo, realmente no proyectaba designios corruptos, nada sinceramente. Era arriesgarse a entrar y probablemente nunca volver. Pero de ser así, ya lo hubiera hecho, ¿no? Sin necesidad de enviarlo hasta el templo, pudo haberse presentado, esta misma puerta era prueba suficiente. No, alguien –o algo– quería que viniera hasta aquí por algún motivo, existían cientos de posibilidades, debía permanecer escéptico.
Respiró hondo, afiló el ceño y volvió a sujetar el picaporte y giró, sin demorarse mucho en contagiarse de la atmosfera vil, empujó hacía delante. Sus ojos conocieron un contraste impresionante al ver a través de infinita oscuridad, sin perímetros u objetos que custodien el vacío negro, solo la luz detrás de él. Tan pronto como entró, la puerta se cerró estrepitosamente al abandonar el picaporte. La puerta desapareció junto con la ausencia de materia.
—(Ay, no...)
El corazón de Gohan volcó, casi pierde pálpito, estaba asustado, debía conservar la calma. Inhaló observando sus alrededores, no existía comprensión de espacio o dirección, quizás el tiempo también este afectado. Sudor empezaba a resbalarse por su frente, preocupado si de verdad hizo lo correcto en escuchar. Estaba encarcelado en una zona carente de oxigeno o sin necesidad de respirar, los pies de alguna forma estaban sujetos sobre una superficie imaginaria. De forma irónica, este tipo de dimensión incongruente perdido en el cosmos sonaba familiar.
—Llegas tarde —Sorprendido de no estar solo, dirigió su mirada al frente de una silueta. Su abrigo se confundía muy bien con la oscuridad al igual que sus pantalones y pies, revelando unas manos detrás de él. No sonaba entusiasmado, ni se molestaba en voltear.
No es la primera vez que no detectaba el ki de una persona, los androides no poseían remanentes de vida aunque tuvieran energía infinita. Pero su aspecto lívido no lucía como uno, desde lejos podía advertir la ausencia de piel. Entonces, no debería ser posible que haya escapado de su radar, incluso en lo profundo de la oscuridad era capaz de sentir su propia firma de ki.
Conservando el silencio entre ellos, Gohan tragó, decidiendo confiar en sus instintos dando unos pasos hacía la otra persona de espalda. No podía prever sus intenciones, menos ser capaz de leer la mente. Aparentaba indiferencia, ensimismado en sus propios pensamientos o lo que sea que estuviera viendo con la cabeza inclinada hacía abajo. Cuanto más se aproximaba, más comprendió la diferencia de altura y lo delgado que era.
Lo más intrigante era su apariencia, debía tratarse de un humano o una raza espacial constituida por una anatomía semejante. La morfología del cráneo ostentaba un cuidado primoroso, agraciado para una exposición de un museo. Las manos calcaban el mismo blanco límpido, aunque percató un área hueca circular perforando el grosor que comprendía la palma y el dorso ambas manos, demasiado perfecto para que sea natural. En su tiempo, pudo ser un simple humano, o podía ser una clase monstruo, hasta un alienígena, lo cual no sería muy distintivo o inusitado.
—¿Q-Quien es usted? —Las palabras vacilantes delataron su recelo. Sin tener indicios que ayuden a descifrar su propósito, prefirió jugar un papel reservado, encuadró los hombros y aclaró su garganta— Usted me llamó, ¿no es así? Aquel día en el parque...
—Años —Dijo con aire adusto, Gohan quedo perplejo por su aseveración directa. Incapaz de cuestionar, el sujeto finalmente decidió darse la vuelta revelando un rostro indignado, uno de sus ojos abiertos era suficiente para transcribir decepción e insinuar fastidio—. Te llamé hace años.
Esperaba tener un confrontamiento diferente, sin afrontar una reprensión. Por lo menos podía entender mejor las palabras. El silencio predominó entre ellos, observándose en silencio, Gohan no tenía nada que objetar o reclamar, aún intentaba asimilar la correlación el fastidio reflejado. El rostro apropiaba una complexión más humana que de un cráneo; los labios (o lo que suponía ser la dentadura) fruncidos en una mueca acerba.
Del mismo modo que Gohan estudiaba su apariencia acromática, podía intuir que la persona frente a él analizaba con un solo ojo despectivo. Examinando de cerca el ojo hueco alumbrado por un punto blanco, una cicatriz descendía hasta los labios. El parpado del orificio derecho escondía la vacía cavidad ocular, perjudicado por otra cicatriz superpuesta en el parpado hasta la cima de su cabeza, esta parecía una fisura más grave que la anterior. Para nada se veía afectado, quizás estaba habituado naturalmente o pudo sufrir un grave accidente, pero admitía que concebía un espectro intimidante.
Hartó de sujetar miradas, suspiró posando el pulgar y dedo índice derecho sobre el cejo a causa evidente de frustración acumulada. Gohan ni se molestó en adivinar a que se debía su reacción, hasta ahora no tuvo mucho contexto. No obstante, podía percibir cansancio, sus ojos no lo delataban pero podría deducirse con facilidad los atisbos de fatiga.
—Debí ser más especifico con mi deseo... —Se maldijo, frotando el lugar donde anteriormente debió haber una nariz.
—(¿Deseo?) —Tomado por sorpresa, no perdió tiempo en seguir su declaración para enlazar los puntos. Casi obvio, pero escucharlo sonaba más creíble para sacar conclusiones— Entonces, usted me trajo aquí. Usó las esferas del dragón para enviarme a este mundo, ¿verdad? —El entusiasmo escapó de su lengua, más de lo que quiso.
—No precisamente. Tú eres un recipiente —Templando las facciones del rostro, relajó la postura sosteniendo la nuca corcovada para observarlo detenidamente—. Tu alma fue mí deseo.
Manifestadas en un ágil desplazamiento evanescente, un par de manos, forjadas en constante suspensión de gravedad cancelada, apuntaban con dedo firme al pecho de Gohan. Hubo un ínfimo salto imprevisto de sorpresa que contrajo, no advirtió ningún movimiento en su postura precavida o siquiera un aumento de poder.
—La Determinación —Continuó, alzó el mentón ufano sin delatar una curva complacida en sus labios— es lo que guio mi propósito hacía lo desconocido —Ocultó sus verdaderas manos detrás de la espalda—. Un simple requisito que, por consecuencia, te trajo aquí.
—¿Mí... alma? —Por si las manos postizas en vuelo no fueran suficiente para indicar lo obvio, Gohan pasó a mirar hacía abajo con una mano en su pecho. Volvió hacía el sujeto adusto— Disculpe mi atrevimiento, ¿Pero por qué ir tan lejos? Es decir, ¿Qué busca con simple esencia?
—Ignorancia, no atrevimiento —Corrigió. Gohan no aceptó el tono acerbo, inflando las mejillas en un mohín infantil ante la situación. Ignoró por completo la mueca ingenua—. Admito que me excedí. Crucé barreras más allá de mi jurisdicción, planos que tenemos prohibido caminar por simples designios. Aunque... —Tomó un momento para sí mismo, divagando la mirada hacía su derecha, sin fijar algo en particular. Regresó hacía Gohan— No me arrepiento de llegar hasta acá.
Gohan arrugó el ceño, asimilando los detalles hasta ahora. Observó que las manos flotantes desaparecieron, desintegrándose en polvo, las cuales guardaron un aspecto homogéneo; desde el tamaño, grosor y el mismo hueco en medio de la palma. El punto de interés era evidente, no fue llamado él en especifico. Su alma, aparentemente, resultaba un elemento cuyo valor inestimable, enalteciendo las propiedades de esta para merito propio como una herramienta. Al menos, así lo veía.
No sería la primera vez que se encuentra la misma situación, casi sonaba irónico. Un sujeto desconocido aparece frente a él para cumplir con su propósito y llevarlo a cabo, despertando un nuevo mundo ante sus ojos. Y a pesar de no prever los motivos de esta persona, buenas o malas, la ambición impregnaba el vacío.
Tenía sus dudas respecto, bueno, a todo. Había conceptos que no lograba comprender, información abstracta. Las almas, para su padre, eran simplemente un cuerpo inherente etéreo que existía en cada ser vivo. Se alimentaban con cada gramo de energía que desprendían, solo con el debido entrenamiento podían sobrepasar las fuerzas que tenían por defecto y evolucionar.
También mencionó que aquel deseo desafiaba su propia jurisdicción. Eso quería decir...
—Usted... ¿Es Kami?
El hombre parpadeó, en ningún momento se movió de su lugar o realizó un movimiento. Tan solo lo analizaba desde lejos.
—No, no. No, él... —Sacudió la cabeza, delató un ademán consternado. En aquel instante, Gohan no necesitó una respuesta— Se ha ido. Hace mucho, mucho tiempo. Cuando...
—Pidió su deseo —Concluyó. No pudo soslayar el tono acre en su lengua. Quizás era la conexión con este lugar que incendiaba su corazón, más bien la persona que resguarda el templo. Imaginar la idea solo oprimía más el semblante enfadado— ¿Por qué?
—Yo... rompí las reglas —Entornó el ojo dominante, Gohan advirtió el brillo tenue en sus pupilas—. Kami y yo fuimos socios hasta cierto punto. Él me ofrecía la oportunidad de estudiar- contemplar desde la atalaya el mundo humano, me decía constantemente que podía empatizar con ellos. Pero resulta muy difícil con su paso evolutivo intrascendente —Se encogió de hombros, sin asomo vilipendio, pero conservaba una postura despectiva. Y probablemente, hacía él también. Esta vez procedió a señalarse a sí mismo con su mano derecha reposándola en el pecho –o tórax, siguiendo la estructura de un esqueleto vestido de traje–, se inclinó un poco denotando un aire loable—. Yo le brinde conocimiento más allá del cosmos, le intrigaba saber que había más allá. Aunque... Había cosas que, por preeminencia, conocía desde que obtuvo su título como Guardian de la Tierra.
Gohan mantuvo un breve silencio, tratando de discernir sobre la posición del difunto Kami. De inmediato tuvo la respuesta, pues una simple comparación bastaba para adivinar.
—Se refiere a Kaiō, ¿verdad? —Obtuvo un suspiro amargo como respuesta.
—Sí, sí, los Kaiō... —Aclaró su garganta, es posible que encontró molesta la resolución sencilla de Gohan. Se suponía que debía ser cuestión entre divinidades, no un tema cándido para cualquier mortal— Pero más allá de esos reinos existen seres más poderosos con un régimen aún mayor.
Sonaba correcto, hasta obvio. Gohan ladeó la cabeza, la noticia no sonaba muy absorbente en esta situación desierta. En especial cuando aún no tenía respuestas congruentes, la relación con este espectro enfatiza misterio acumulativo.
Advirtiendo el desinterés del saiyajin, el individuo suspiró cambiando el tema de conversación. La expresión monótona imperecedera resultaba difícil saber si estaba cansado o simplemente harto de ser, como si hubiera vivido una escena similar.
—El deseo que pedí era una simple sustitución —Retomó el asunto primordial, al menos para Gohan—. La Determinación no podía ser creada de la nada, es un elemento clave desde los comienzos del tiempo, después de todo. Una vez que existe, no puede replicarse.
—Un momento, por favor —Interrumpió, si resultó molesto no manifestó ninguna queja—, si ya existía un alma como esa, ¿Qué le sucedió a su usuario?
—El último usuario —Gohan abrió un poco más los parpados, sorprendido por pasar un detalle por alto. Hubieron más, por un ciclo vitalicio de seguro. El sujeto frente a él no parecía entusiasmado en explicar el proceso—. Perdió su camino, se convirtió en alguien soberbio, embriagado de poder. Conspiró contra los mismos dioses. Falló, por supuesto. De lo contrario, no estaríamos hablando ahora mismo —Su ojo se cerró, un suspiro extenuante delató la aflicción momentánea fijando la vista al suelo incorpóreo.
—Usted era su maestro, ¿verdad? —Volvió a enfocarse en Gohan, quien encogió los hombros al ver que no obtuvo una respuesta— Por eso sabe tanto de la Determinación.
El orificio del único ojo manipulable denotó sorpresa, Gohan pudo jurar ver el trazó de una sonrisa lacónica.
—Sí, lo fui por un tiempo. Le ofrecí todas las herramientas para que pueda controlar su poder, para que haga el bien. Ayudar a otros que más lo necesitan. Le brindé puertas para que tenga una resolución definitiva... —Cierto orgullo entonó su voz, como si hubiera sido ayer que logró la quimera que ostentó junto a su aprendiz. Pero la emoción descendió, deteniendo el recline de su cabeza— Pero luego descubrió que podía hacer más, ver más. La Determinación también lo contaminó, en su cúspide más alta, confundió salvación con asolamiento.
—¿Q-Qué, pero cómo...?
—A medida que avanzaba, logró trascender sus capacidades más allá de lo quiso Y un día lo vio —Tomó una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Habían más de él, más usuarios llenos de Determinación. Otras lugares, otros tiempos, otras historias.
—Otros universos... —Un asiento de cabeza fue suficiente para confirmar la relación, un nudo empezó a formarse en el estomago.
—Simples comparaciones lejanas, ¿Puedes creerlo? —Una risa trémula escapó, no pudo soportar la ironía de todo esto— Mí mejor proyecto logró mucho más de lo que yo deseaba, tomando las cuerdas. Mí peor error...
Gohan permaneció en silencio, por alguna razón sintió lastima. No debería compadecer su dolor, hasta donde podía intuir solo le interesaba la fuente de poder ilimitada. La Determinación, sonaba extraño, por la información que prometía, las propiedades enigmáticas ocasionaban que cualquiera perdiera el control de sí mismo, muy inseguro y nocivo. Tal vez fuera intencional, quizás estaba ahogándose por su poder y las posibilidades.
—Por eso estas aquí —Continuó el espectro, borrando cualquier vestigio de abatimiento acentuado—, por mí deseo. Para sustituir a la Determinación.
—Tengo otra pregunta —Volvió a interrumpir antes de que tuviera la oportunidad de proseguir—, ¿Cómo es posible que las esferas del dragón me invocaran desde tan lejos? Porque yo debería... t-tendría que haber...
—¿Muerto? —Completó sin indicios de sorpresa, parecía obvio, y no porque Gohan encontraba algún inconveniente al terminar la frase— Antes de perderlo todo, conserve una muestra de Determinación de tu antecesor. Sangre, para ser más preciso. Una insignificante gota que abrió un sinfín de variables incomprensibles. El resto... bueno, ¿Tú que crees? —Se encogió de hombros, permitiendo de nuevo deslizar una curva ascendente en sus labios.
Y Gohan, en cuestión de segundos, comprendió el enlace de correlación con este sujeto y el templo sagrado.
—¡Usted es el creador de las esferas! —El asombro se apodero en una nueva luz, un rayo de esperanza. Ideas empezaron a formarse, teorías en un espacio desconocido, pero similar. Podría encontrar un puente entre su mundo y este, fue su primera hipótesis— Podemos solucionar esto, si reparamos las esferas podré volver a casa. Y usted podrá–
—No escuchaste nada de lo que dije... —Suspiró, agotado por retomar escenas de reiteraciones. Gohan cesó la comisura risueña, volviendo hacía él— Solo pude pedir un deseo, tenía solo un intento. Ni siquiera era algo conciso, una simple prueba. Tuve éxito, por suerte, aunque el deseó tenía sus inconvenientes... Pero supongo que ya te habrás dado cuenta.
—Sustitución... Un alma de otro lugar transferida —La decaída de su voz fue avanzando a medida que pensaba detenidamente el orden de causas. Comenzando por la batalla de Cell hasta el aterrizaje en el campo de los White.
Todo se unía en un punto de coincidencias, analogías circunvecinas.
—Tuvo que ser un universo cercano a este. Uno que, por casualidad, tuviera un alma de Determinación apunto de extinguirse —Revelando su mano derecha, señaló a Gohan—. Tú fuiste elegido —Volvió a ocultarla bajo su espalda, cruzando los brazos—, podrías decir que te salve.
Absorto en pensamientos –recuerdos– de eventos pasados transcurriendo en fotogramas centellantes consecutivos, repitiéndose desde la intercepción de su muerte fementida y el momento exacto cuando despertó en aquella cama desorientado del mundo y el tiempo. Un deseo lo salvó, la exigencia de alguien lo arrastró por la fuerza de su final por una intimación. No supo si estar agradecido o si prefería realmente que los acontecimientos hubieran finalizado como debía ser.
Gohan, enredado por un conjunto inextricable de emociones suscitadas, levemente sufría un cambio lívido en su rostro. Estaba lejos de casa, más de lo que había previsto al principio. Los demás se habían ido, no había suponerlo, ninguno tenía oportunidad contra Cell, lo sabían antes de ir a la arena de combate donde se realizó el torneo. Aquí no había Kami, no habían orbes mágicos que lo devuelvan a casa... Sin punto de retorno.
Percatando el conflicto silente, el hombre frente a Gohan entornó el ojo, advirtiendo los ojos clavados en el suelo y los puños estremeciéndose. No hubo indicios de gimoteos o arrebato de ira desconsolado, la indignación e impotencia era ostensible. Pero más que nada, a medida que cesaba el estruje de dientes y manos comprimidas, tuvo que aceptar la realidad.
Tal vez porque no tenía sentido ponerse emocional ahora, someterse a emociones primitivas no solucionarían nada en este predicamento. Tal vez era simple negación, el motivo era irrelevante y estúpido. O tal vez... Se rehusaba a rendirse.
—Supongo que no hay nada de que conversar ahora... —Suspiró, captando la atención de Gohan, quien anuló su espontanea fuerza cercenada. Eso no detuvo su confusión.
—Espere, ¿Así nada más? Pensé que me necesitaba.
—Así es, te necesito —Las palabras fluyeron preconcebidas. Es posible que, con tan poco tiempo, haya adecuado una predicción de respuestas estudiando su personalidad durante su interacción. O porque frecuentaba a que le repitan las cosas—. Pero considerando tu estado depresivo actual, no es conveniente para ninguno de los dos comenzar ahora.
—¡Oiga, no estoy–!
—Tengo más de mil años, pero no soy estúpido.
Gohan infló las mejillas ruborizadas cruzándose de brazos, más que obstinación pueril estaba avergonzado. No podía ser tan fácil de leer, ¿o sí?
—De igual forma, nunca hemos llegado a un acuerdo. Mi objetivo principal era que estuvieras aquí, eventualmente volverás a mí. Por ahora, haz lo que quieras —Un aire exhausto fue suficiente para saber que no había más que aportar, y que la conversación fue más larga de lo planeado—. Y se te acaba el tiempo.
—¿Huh? —Gohan arqueó una ceja, ladeó la cabeza tratando de discernir a lo que se refería. Pasado un segundo, una flecha imaginaria pasó por su cabeza, perdió la noción del tiempo por completo permaneciendo atrapado en este espacio vacío de penumbras— ¡La escuela! No puedo faltar en mí primer día. Oh, cielos, ¿Qué hora es?
—Este plano carece del sentido de tiempo...
—¡Me refiero al mundo exterior!
En lugar de una respuesta verbal, el crujido de una bisagra y el ingreso de viento templado alisando los pelos de la nuca fue suficiente para aquietarlo. Dio media vuelta a su derecha, abrió los ojos sorprendido, al igual que antes, una puerta se abrió desde afuera. No era la cámara con un exuberante sinfín de puertas, Gohan reconoció el suelo de madera degastado y fácil de rechinar, la cama adherida al extremo izquierdo junto a la única ventana que incriminaba la posición de la luna. El cuarto de Gohan, más bien, el de Comet, él solo lo estaba ocupando por un tiempo.
Cuanto más se acercaba, pudo distinguir mejor la perspectiva de la salida; la vista directo hacía el fondo de la ventana, la repisa del lado izquierdo de la pared y los posters deportivos en las paredes izquierda y derecha. No era una puerta mágica como la anterior, era la misma puerta que daba acceso al hall de la planta de arriba.
Y la luna no parecía haberse trasladado en ningún momento, el tiempo se dilató por lo que parecían un par de minutos desde que entró al vacío oscuro. Una forma de transporte inmediato más eficiente, al menos no tenía que preocuparse de volar en una carrera contra el amanecer.
A un solo paso de la habitación, Gohan decidió voltear hacía el sujeto. Lo observaba de manera impasible, ya no podía distinguir el brillo en su ojo hueco.
—Nos volveremos a ver, ¿No es así? —El espectro simplemente asintió— Me llamó Gohan. Son Gohan.
—Lo sé —Contestó sin ningún atisbo explicito. Ahora que lo pensaba, el hecho que supiera su nombre de antemano era lo de menos—. Llámame Gaster.
Tan pronto entró a su habitación, la puerta se cerró. No se molestó en comprobar si la conexión al vacío permanecía intacta, esto fue una despedida temporal. Aún así, Gohan seguía observando la puerta y estaba seguro que el no muerto, ahora conocido como Gaster, tenía un ojo en él desde el otro lado.
Tenía preguntas sin resolver, había huecos imprecisos, específicamente sobre el relato de Kami, su relación y el motivo de porque necesitaba desesperadamente aquel deseo. Arrugó el semblante, algo grande tenía entre manos y no solo por la Determinación, no supo si debería esperar cuando vuelvan a verse o preocuparse por un giro inesperado que daría un vuelco a su mundo.
Gohan exhaló agotado, procesar la conversación con Gaster y haber visto el templo sagrado de Kami había interrumpido no solo su lectura, pero también su siesta. Afortunadamente, luego de volver a verificar la posición de la luna, tenía tiempo suficiente para descansar. Decidió ignorar toda la nueva información y procedió a quitarse los zapatos, recostarse en la cama transmitió la comodidad, una sensación placentera que parecía ignota después de viajar entre mundos.
Los parpados perecían con suma facilidad, aún tenía la misma ropa y, si era honesto, no quería molestarse en quitársela por otra prenda. El sueño se adueño del cuerpo exhausto de Gohan, los ronquidos serenos eran de señal de ello. Y aunque por un momento estaba repleto en la oscuridad, no tomó mucho tiempo para que viajara a un mundo de ensueño superficial y, a veces, frívolo.
Un panorama pacifico correspondiente para un chico de su edad siguiendo el ciclo orientado para los humanos con el motivo de cumplir su cometido dentro de la sociedad actual. Pero ambos sabían que dentro de poco esa rutina infravalorada terminaría tarde o temprano, un potencial ilimitado no debía ser desperdiciado. No obstante, Gaster tenía que ser aún más paciente, apenas estaban entrando en la fase uno.
Por el momento, debía analizar a su mejor candidato. Observar desde la oscuridad.
El proyecto volvería a su apogeo.
≫ ──────── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──────── ≪
Tener una platica con la princesa de Canterlot usualmente acompaña un conocimiento abundante sobre la fundación del reino, los primeros cultivos sembrados por las familias obreras que viajaron a pezuña desde tierras lejas, la partición de tierras y las leyes implementas y renovadas. Sunset, en el poco tiempo conviviendo con la princesa Celestia, dedujo que la gobernante tenía un buen aprecio a la historia de su hogar. En cuanto a la política, no podía culparla cuando volvía exhausta de alguna reunión o paseo de algún familiar noble, estaba segura que una vez la escuchó quejándose por lo aburrida y tediosas que eran esa gente. Resultaba hilarante viendo como una princesa no soportar sostener la sonrisa espuria.
En proporción de toda la sabiduría acumulada, por otra parte, el arte de la magia es donde florecía el interés de Sunset. Aprender los hechizos más avanzados y tomar lecciones privadas de la misma princesa como su aprendiz era tan solo el principio, disfrutaba cada momento, aprovechaba cada día para mejorar su magia. Pero aquel fervor también era opacado por el concepto de la amistad.
Y ahora mismo, mientras caminaban en la alfombra roja desplegada por uno de los largos pasillos del castillo en compañía mutua, un sermón perforaba los oídos de Sunset. La apatía ostensible grabada en su rostro no pretendía esmero en portar una máscara placentera. De igual modo, se limitaba a escuchar sin mediar palabra.
—Entonces, suponiendo que estuviste prestando atención. ¿Te importaría darme un resumen de lo que estábamos hablando? —Reclamó Celestia, la entonación bonancible no perdió tacto, aún así Sunset volteó hacía la princesa y pudo denotar el ceño fruncido.
No titubeó en darle el placer de responder.
—La magia es una fuerza arcana. Sumisa por las emociones, no siempre es fácil de controlar, pero con el debido entrenamiento podemos ejercer control y utilizarlas para nuestros deseos. Se convierte en parte de nosotros —Tomó una pausa esquivando un momento la mirada analítica de la princesa. Volteó hacía ella—. Creo que eso es todo.
—Hmm... Me parece que alguien olvidó una parte crucial —Inclinándose al nivel de Sunset, la princesa esbozo una sonrisa cáustica.
—Una parte.
—La mitad.
—Ugh, bien —Recriminó un bufido con ojos en blanco—. A pesar que la magia es visto como un simple instrumento de nuestra propia fuerza. Se demostró que estrechar lazos con otros ponis garantiza un poder inimaginable, una fuerza enigmática imposible de replicar...
—Porque toda amistad es única a su manera —Prosiguió, tomando la delantera por unos pasos de diferencia—. La magia puede fortalecerse, Sunset Shimmer. Son los lazos de amistad que provocan un cambio no solo en ti, sino para aquellos que son cercanos. Es una experiencia magnifica, puedes verlo como una aventura.
—O una alternativa compartida —Respondió rodeando los ojos—. Entiendo, se refiere a los Elementos de la Armonía. Una fuente de poder que consiste en aumentar la magia de sus portadores, leí de eso en la escuela.
—No me refiero a los Elementos —Sacudió la cabeza, una pequeña risa escapó. Esperando aquella suposición—. Comprendo que parezca algo fuera de lo común. Suena trivial y no puedo demostrarlo de forma practica. Pero lo he visto, Sunset, la amistad no tiene porque relacionarse con la magia.
A medida que avanzaban por el pasillo, alcanzaron el límite de la alfombra pisando el suelo de porcelanato inmaculado, Celestia advirtió la presencia de un objeto colocado al final del recorrido. Frente a la pared revestida de piedra pintada de un tono purpura que asemeja al cielo nocturno, un espejo de pie reluciente completaba el fin del trayecto.
Y suponiendo que Celestia estaba observándolo con detenimiento, Sunset bajo las expectativas a donde iba esto.
—¿Usted quería mostrarme un espejo? —Arcó una ceja, no estaba confundida, más bien sorprendida. Reprimió una carcajada que estaba a punto de salir de su hocico.
No presumía nada fuera de lo ordinario. El arco violeta tenía una forma de herradura invertida, estirada por la estructura ovalada del cristal. Sunset escrutó la mirada hacía las gemas rosadas incrustadas en el borde del espejo, con lo bien cuidado que estaba no parecía alguien siquiera haya visto su propio reflejo.
Caminando al lado de la princesa, conservaron el silencio implícito, Sunset advirtió desde el rabillo del ojo el semblante circunspecto de su maestra. Tuvo tiempo para replicar su pregunta ignorante, pero no parecía importarle, al igual que la crin exuberante cubriendo su ojo derecho, o quizás estaba atrapada en un reflexión profunda. No sería la primera vez que sucede, a veces en una conversación o en medio de una lección caía presa del silencio, permanecía inmóvil transmitía la sensación que divisaba algo fuera del presente.
Una posible suposición, tampoco quería molestarla con asuntos que no le incumben, tenía que respetar la privacidad de la princesa. Y este no era el momento ni el lugar para cavilar sobre ello.
Tampoco estaba segura que esta sea explícitamente la misma situación. Prescindió de observarla y pasó a admirar el espejo fulgente, no había mucho que pudiera decir, prefirió mantener el momento. Por lo tanto, solo era ella y su reflejo, imitando el seguimiento de sus ojos y la melena ondulada. Luego de unos segundos, que parecieron una eternidad, esta vez volteó fijamente hacía la princesa Celestia, en el momento exacto que sus labios se apartaron.
—A veces pienso en ella —No hacía falta preguntar, hasta este punto era casi obvio. Nadie podía culparla, la hermana noctámbula corrompida por los celos y ahora encerrada por su negligencia al dimitir su responsabilidades, traicionar y atacar a su hermana. Celestia optó por defenderse y castigar apropiadamente a Nightmare Moon, pero dentro de todo, el dolor de abandonar a su hermana perduraba—. Fui una tonta al pensar que podría olvidarla con todos estos años sirviendo a mi gente.
—No fue su culpa, princesa. Hizo lo que tenía que hacer, quizás no fue la mejor opción, pero dada la situación tuvo que elegir —La compasión en su voz era notoria, pero quizás no fueron sus mejores palabras para expresarse—. Quiero decir, nadie la culparía por salvar a su reino.
—Yo sí. Es verdad que, dada las circunstancias criticas, no había mucho que pudiera hacer para detenerla. Pero aún pienso que pude haber hecho más, pude haberla ayudado cuando se sentía miserable consigo misma, que no se sienta como una sombra. Hay muchas cosas que quisiera decirle, por más que no tuviera su perdón, porque a pesar de todo lo que ha hecho sigue siendo mi hermana —Reservando sus emociones a la altura, Sunset pudo distinguir el retenimiento del derrame de lagrimas y quebradura de voz. Celestia inhaló por las fosas nasales, tomando un buen momento para aplacar la aflicción en su rostro, luego procedió a ver a Sunset, conservando el semblante desconsolado—. No quiero que te suceda lo mismo.
Perpleja por la declaración, Sunset no tuvo una respuesta inmediata, aún cuando podía reclamar la preocupación innecesaria. La princesa tenía un afecto legitimo hacía su aprendiz, cualquiera contemplaría el hecho de aprender y residir junto a Celestia, pero esto iba por encima de todo privilegio. Se sentía extraño, no era ajeno al trato general que estaba acostumbrada, esto era más personal.
Por más extraño que parezca, escuchar eso la posicionaba en una balanza meciéndose continuamente entre la confianza y la preocupación. Resultaba molesto y confuso, impactaba de diversas formas su consciencia enredándola en la inquietud de sus propias palabras. De algo estaba segura, no planeaba terminar como la antigua princesa Luna, no se permitiría caer en el mismo pozo. No desperdiciara el talento que le fue concedido, lo refinara.
Sin embargo, ciertas condiciones tenían que establecerse. Admiraba a la princesa, pero no quería realizar el mismo camino que ella. Marcar su nombre, el merito propio constituido por sus acciones, esa meta la apasionaba a trabajar su magia, pulirla para ser igual de buena que le princesa. Y tal vez, solo tal vez, pueda superarla en algún futuro.
—Princesa Celestia, comprendo a lo que quiere llegar —Finalmente habló, luego de pensar en una respuesta que pudiera sosegar sus preocupaciones—. Y en serio, de verdad, apreció lo que intenta hacer por mí. Le prometo que desarrollare mí magia para el bien común, me comprometeré como su fiel aprendiz y haré todo lo posible... —Inhaló profundamente, luego de escupir aquellas palabras prohibidas— Para relacionarme con mis compañero y entablar una posible amistad.
Por los primeros segundos, hubo un silencio sempiterno. Sunset tenía los ojos puestos fijamente hacía la princesa, cuyo rostro atónito quedo estupefacto. La potranca presionó los labios, esquivó los ojos dudando si había elegido con buen criterio las palabras adecuadas. Fue para su sorpresa que, comenzando por un resoplido, una carcajada floreció en rostro de la princesa de Canterlot.
—Por algún lado tenemos que comenzar, ¿no? —Esbozó, en lo que parecía mucho tiempo, una sonrisa genuina, recuperando aquella apariencia afable como si acabara de reponer los colores de su melena y pelaje.
—Pero tengo una petición —Deteniendo la alegría de su maestra, aprovechó la ocasión para pisar firme sus pezuñas y aferrarse a sus ambiciones. Quizás estaba precipitándose, pero se arriesgaría—. Quiero crear mi propio camino, no seguir sus pasos. Me gusta aprender de usted, princesa Celestia, pero no ser una copia de usted. Es decir, quiero progresar con mi magia y ver hasta donde quiero llegar con mis propios esfuerzos, abrirme a nuevas posibilidades.
Al finalizar, Sunset tragó y declinó un poco la cabeza hacía el suelo, había dicho todo lo que tenía formulado en su cabeza. Ahora que lo pensaba pudo haberlo dicho mejor, pero era tarde para retractarse. Observó con un ojo tímido el rostro de Celestia, su expresión no cambió en nada, aún mantenía esa bella sonrisa, un gesto que parecía intimo entre ellas, e inmediatamente supo su respuesta.
—Me parece bien, Sunset Shimmer. Si quieres forjar tu camino te brindare todas las herramientas necesarias, luego podrás continuar por tu cuenta llegado el momento —Dijo con suma confianza, sin indicios de arrepentimiento. Sunset permitió trazar una sonrisa propia; sin signos de soberbia ni altivez ni denigrantes, tan solo una sonrisa aliviada y autentica ante los ojos de su maestra, y quizás la misma Celestia lo haya notado. En aquella situación, la princesa ladeo la cabeza hacía un lado con los ojos cerrados—. Estoy segura que pronto encontraras la amistad indicada.
—Heh, bueno —Sacudió la cabeza, meneando la crin rizada roja y amarilla en un intento de acomodarlo al otro lado. Cambiando la intención de su sonrisa honesta por una presuntuosa—, eso lo veremos. No prometo nada.
—Yo apuesto que sí.
—Entonces, este espejo... ¿Qué tiene de especial?
El cambio de tema abrupto denotaba más curiosidad que un intento despectivo de disuadir la conversación. Celestia siguió la mirada hacía el dicho objeto parado sobre ellas, obteniendo un simple reflejo. Tuvo que verlo venir, llevarla a este mismo lugar desolado de guardias circulando por el castillo, y encontrándose con un simple espejo en lugar de habitaciones privadas o algún hechizo, obviamente llamaría su atención.
—No mucho. Ahora es un simple espejo, pero en realidad posee un hechizo que se activa cada treinta lunas.
—¡Oh, ¿Y qué hace?!
—Me temo que es una lección más avanzada —Dijo sin brindar ningún punto de discusión, ni siquiera por un puchero infantil de Sunset. Por más que resultara tierno de ver. Sin extender más el asunto, prosiguió girando media vuelta hacía el pasillo—. Te aseguró que no tiene nada de importancia, tampoco creo que te sirva a futuro. Su aplicación de magia es nulo, solo esta de decoración.
—¡Espere, creo que vi algo!
La exclamación de Sunset fue suficiente para llamar a Celestia, su rostro se perturbó por un instante al voltear, pero cuando se acercó al espejo de nuevo no había nada más que sus reflejos. Sunset advirtió la inquietud de la princesa, de hecho, la misma presionó una pezuña contra el cristal con ligero temor. Nada, simple contacto, Celestia suspiró aliviada. Luego observó a Sunset, quien la miraba confusa enarcando una ceja.
—Debió ser un truco de la luz, suele pasar —En un fútil intento de eludir la reciente preocupación, trazó una sonrisa. Hasta la princesa quería creer su propia mentira.
—Estoy segura que vi algo. Fue un segundo, pero vi... —En realidad, ella tampoco estaba segura que vio con exactitud.
La imagen estaba ofuscada por centelleos dorados endebles, tratando de formar pequeños trazos alrededor de su propio reflejo. Un objeto, estaba vagamente segura. Solo recordaba algo que colgaba sobre su cabeza, pero la imagen no estaba completa, cuando quiso examinar con detenimiento las chispas de luz se apagaron. Pudo ser muchas cosas, un sombrero, una joya, una corona...
—Creo que ya pasamos suficiente tiempo aquí —Abstraída en sus pensamientos, la voz de la princesa fue suficiente para remover sus pensamientos, olvidando los últimos vestigios de luz brillantes—. ¿Qué te parece si te enseñó a convertir el cobre en oro, tal y como te prometí?
—¡Oh, sí, dinero fácil! —Dicho eso, la potranca brincó de la emoción, llegando a la altura de la princesa, quien entrecerró los ojos por las consecuencias que podían surgir si abusaba demasiado de ese hechizo.
—Sunset...
—E-Era solo una broma —Una risa trémula escapó, no. En lugar de reprenderla, Celestia sonrió despreocupada y Sunset no demoró en ver a través de ello.
Sin mucho más que hacer, ambas ponis procedieron a volver de donde vinieron para dirigirse a una de las salas alquimia para buscar minerales de cobre. Sunset, por supuesto, estaba encantada por el aspecto de aprender más sobre la transmutación, prácticamente brincaba con cada paso que daba en el pasillo, mientras que la princesa frunció el ceño por un momento al voltear hacía el espejo.
Si tuvo indicios de investigar lo que fuera que Sunset haya visto, renunció a cualquier interés en profundizar respecto al Espejo de Cristal. Respiró, sabiendo de por sí que, de momento, el portal seguía inactivo y hasta ahora no tuvo mucho más de que preocuparse. Así que ignorarlo era lo mejor y pretender que no sucedió nada. Que nadie pasaría a través de el.
≫ ──────── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──────── ≪
Pasadas las horas, el sol por fín salió del horizonte difundiendo la cálida luz natural a través de la única ventana de su habitación. Sueño parcialmente reabastecido: visión difusa y parpados lábiles sin oponer mucha resistencia. A pesar de no haber perdido mucho tiempo en la atalaya desmoronada de Kami, en especial al entrar en aquel plano lugubre dilatado en el tiempo, Gohan no pensó caer bajo la fatiga debido a la ausencia de descanso.
Lavarse la cara y ducharse con agua fría fue el primer paso para despertar el cuerpo, sin demorar mucho tiempo por advertencia de Ron. No planificó su ropa con juicio estricto, una simple playera morada, jeans azul y unos zapatos deportivos negros, usados pero mantenían un buen perfil. También tenía preparada su propia mochila, Ron se encargó de comprar una adecuada para trasladar los primeros libros, cuadernillo para tomar notas y un estuche con todo lo necesario, le habían recordado que podía guardar estos mismos para distribuir el peso. No es que tuviera problemas con eso, pero de todas formas agradecía el consejo.
Acto siguiente, bajó las escaleras con premura hacía la cocina y empezó su desayuno. Tan pronto como Honey dejó el plato de pancakes de avena suministrado con trozos de banana, frutillas cortadas por la mitad y arándanos sobre la primera capa, sumando el vaso de jugo de naranja exprimido para completar la pirámide nutritiva, apenas tomó asiento en la punta de la mesa solo precisó el tenedor para llevar pequeñas porciones a la boca y engullirlas. No cabe mencionar que Honey quedo boquiabierta por la velocidad que invertía en devorar y embelesarse, las pupilas en forma de estrellas hablaban por sí solas, al paso raudo que tragaba y bebía era irreal, pero hilarante para su esposo quien bajó la hoja del periódico.
Una vez satisfecho, soltó un suspiro complacido, sobando la barriga con un par de palmadas agradecido por la comida. Y sin perder un minuto más, agarró las hombreras de la mochila que lo esperaba detrás de la silla mientras comía. Salió corriendo hacía la puerta, antes de poder abrirla, recordó que Ron todavía no había terminado su café y no podía irse sin él (por medio de transporte o a pie, sin aplicar fuerzas sobrenaturales). Advirtiendo los pequeños brincos ansiosos del joven Gohan frente a la puerta, provocando que casi escupiera un sorbo de café por tal conducta, parecía darle gracia el entusiasmo, procedió a beberse la taza entera, apoyó el periódico sobre la mesa y fue hasta la puerta sacando las llaves de la camioneta del bolsillo.
Si estaba molesto o irritado por interrumpir su mañana, no demostró ningún indicio, la sonrisa de oreja a oreja demostraba todo lo contrario. Fausto de cumplir sus sueños y de poder ayudar, parecía imposible borrarle tal sonrisa.
Al entrar en la camioneta, Ron colocó la llave y la giró al tempo que presionó un pedal. Cuando el motor retumbó preparado para acelerar, Ron volteó hacía el asiento de copiloto y posó una mano en el hombro de Gohan. Ambos compartieron una sonrisa afable, casi como niños pequeños, Ron fue el primero en hablar antes de avanzar hacía la carretera.
—Ahora todo va a ser diferente.
Y aquí estaba, erguido y posicionado a varios metros de la entrada de la secundaria Canterlot, apenas enfrentando a la estatua equina a medio camino. Una brisa alisó el césped, desprendió algunas hojas de arbustos que estaban cerca y sin mucho cuidado, los mechones de su cabello ondeaban a la par, pero aún así no fue suficiente para desaliñar aquel estilo perdulario.
Luego de enfrentarse a diversos villanos, prepararse para la llegada de estas amenazas que destruirían su mundo y, en el proceso, descuidar sus estudios. Por fín tenía la oportunidad de estudiar en una escuela, no en casa todo el día con su madre teniendo un ojo sobre él y evaluando cualquier margen de error. Esta sería una experiencia atípica, apartada del conflicto, un desafío completamente nuevo.
—Toda mi vida me he preparado para este único momento —Ceño afilado, semblante adusto, labios fruncidos. Declaró convencido, ignorando algunos de los estudiantes que rodeaban la estatua, algunos mantuvieron la mirada puesta en él, todos caminaban hacía dentro mientras él se mantenía firme donde estaba parado.
Pasados algunos minutos más, no apresuró el paso. De hecho, no parecía tener intención de moverse, por alguna razón, permanecer estático y ver la escuela de lejos parecía una excelente idea ahora mismo. Ron se marchó hace tiempo, se sentía abandonado. Más estudiantes comenzaban aglomerarse a su alrededor, sentía las breves miradas hacía él, podían significar cualquier cosa; rechazo, inseguridad, incomodidad. Renunció a la idea de amplificar el sonido proveniente de labios hablando sobre el niño petrificado frente a la estatua.
Entre el alboroto acumulado, el brote inmediato de inseguridades, Gohan empezaba a sentir una rara sensación de ansiedad. Pequeñas gotas de sudor descendían por la sien, su respiración dirigió un ritmo acelerado y su piel estaba más pálida de lo normal como si tratara de una hoja de papel
—(M-me tiemblan las patas...) —En efecto, luego de dirigir un rápido vistazo hacía los pies, confirmó que sus piernas trepidaban violentamente. Tuvo que inhalar bruscamente para apaciguar el movimiento errático.
Tomándose un respiro, sacudió la cabeza alejando todo los pensamientos vacilantes. Ajustó la cinta de su mochila verde enebro y volvió a posar la mirada hacía la entrada. Un paso, un comienzo, luego otro y otro. Suspiró ante su acto titubeante, el señor Piccoro lo hubiera recriminado por actuar de esa forma. No, se comprometió a ir a la escuela, fue su decisión, podía hacer esto.
Silenció cualquier incertidumbre construida, tragó saliva a la par que esquivaba la mirada de estudiantes que lo miraban –o suponía que lo veían a él–, si estaban hablando sobre él no quería saber, de por sí estaba muy nervioso. Definitivamente él era un asco para confrontar una simple reacción social. Por encima de todo, pudo atravesar a la multitud e ingresar a la entrada principal.
Aún conservaba la primera impresión del lugar, parecía que pasaron meses desde que visitó el hall bifurcado y la oficina de la directora. Presentía que concurría más gente de lo que recordaba, todos se dividían en diferentes caminos, doblando un pasillo, abriendo un casillero o entrando a un salón. Aquel último detalle carcomió su consciencia, aún cuando uno de sus primeros logros fue soportar el bullicio de la muchedumbre, no sabía donde quedaba su salón. De hecho, no tenía idea por donde ir.
—¿Son Gohan?
Pudo reconocer la voz, Gohan volteó a su derecha, distinguió la matiz oscura de cabello gradado de azul y purpura por encima de cualquier otro estudiante de por medio, principalmente porque era más alta y la mayoría se detenía un segundo para saludarla. La subdirectora Luna, sosteniendo el mismo portapapeles y revisándolo entre lapsos, el hibrido saiyajin se preguntó si siempre lo llevaba consigo.
—Llegaste con tiempo de sobra, permíteme acompañarte a tu salón de clases —Dijo luego de un rápido saludo, probablemente debía tener un día atareado, en especial para iniciar otro inicio de semana.
Un problema menos, de ese modo estaría atento para guiarse la próxima. Siguió a la subdirectora por el pasillo de la derecha, doblaron a la izquierda pasando algunos estudiantes que se preocupaban llegar a algo llamado "orientación" o no tenían prisa y solo perdían el tiempo, lo cual la subdirectora Luna demandó que se dirijan de inmediato a sus clases correspondientes. Un tono implacable e inexorable, aquella actitud rigurosa tenía un calco exacto de su madre, hasta podía sentir el peso terrorífico como si también fueran para él, pero era solo una sensación familiar.
—¿Tuviste algún inconveniente al llegar a la escuela? —Preguntó la subdirectora, sin aplacar el tono firme, permaneciendo vigente ante otros estudiantes y observar cualquier travesura juvenil o que este fuera de horario.
—No, viajamos sin problemas. Posiblemente más rápido que la última vez —Respondió, dando paso a unos estudiantes que caminaban precipitados haciendo un enorme esfuerzo para no llamar la atención de su guía.
—Muy bien, trata de ser puntual, pero si surge algún perjuicio debes comunicarte a la oficina de la directora —Gohan simplemente asintió, no eras condiciones difíciles de seguir, aún cuando venían de una subdirectora estricta, pero al menos era comprensible.
Pasando algunas puertas, en la tercera a la derecha se detuvieron en el salón 1-C. La ventana estaba cubierta por una cortina blanca, por el suspiro irritado de Luna eso no debía estar ahí. Pero no le dio mucha importancia ahora, procedió a sacar una hoja del portapapeles y se lo entregó a Gohan. Una planilla semanal impresa, rellenada con todos los horarios y clases a tomar, los dos recesos de diez minutos eran separadores, al igual que los cuarenta minutos de almuerzo.
—Asignamos a un compañero para que recorran la escuela y aprendas sobre el lugar, pero si tienes alguna duda puedes dirigirte con la directora Celestia o conmigo —Mencionó antes de que Gohan tuviera la idea, ahorrando un problema aún mayor. Esbozó una sonrisa, una autentica, dirigiendo una mano al picaporte y empujando hacía adentro—. Buena suerte en tu primer día de clases.
La puerta reveló una habitación repleta de asientos colocados en perfecto orden, una fila de pupitres mayormente desocupados. Solo habían cinco estudiantes esperando a que llegue el profesor, dos chicas estaban hablando en sus asientos cerca de la pared, una detrás de la otra, y el resto estaba en su propio mundo en diferentes lugares. Gohan no retuvo la entrada al salón más de lo necesario, tenía control de sus nervios y respiración al caminar en medio de algunos de sus compañeros.
Volteó un segundo hacía su izquierda, una de las chicas que estaban conversando lo señaló y su amiga siguió el dedo amenazante. Gohan se enderezó, en esta exacta situación no supo que hacer o si tenía que hacer o decir algo, verlas compartir una pequeña risa mientras lo observaban lo puso más nervioso, su rostro estaba enrojecido de vergüenza, por no decir pánico. Tan solo siguió hacía adelante ahogando un gemido, encontró un asiento adyacente a la segunda ventana, dejando dos asientos libres delante suyo.
Exhaló templado, no pudo evitar sentirse avergonzado por unas simples miradas y risas, ni siquiera estaba seguro que significaran algo. Si un tirano soberbio, engreído, ebrio de poder no era capaz de matarlo, su estúpida ansiedad social lo haría primero. Tan solo esperaba que no lo torturara el resto de su vida.
Al menos, podía gozar del silencio pacifico, eventualmente habrá un posible desorden e incrementaría el alboroto de voces acaparando el salón. La ventana apuntaba hacía un campo deportivo, solo podía presenciar un extremo del área limitada por líneas blancas pintadas en el césped, distinguió la estructura semicircular de un arco y una malla anexada, también estaban las gradas pero nadie las ocupaba. Al menos era bueno saber que tenía buena vista durante la clase.
—Disculpa —Una voz tenaz desconcertó a Gohan, cuando se apartó de la ventana supo que estaba hablando con una chica de tez azul pálido y pelo grisáceo. Aún reservando su voz, detectó el fastidio en su mirada desinteresada—, estas en mí lugar.
—¿Huh? —Parpadeando por la repentina aclaración, de pronto comprendió que los pupitres ya debían estar consignados. Se levantó al instante y tomó su mochila, hizo el mejor esfuerzo por mantener una sonrisa en señal de disculpa— L-lo siento, no sabía...
—Esta bien, solo no lo hagas de nuevo —Cruzó de lado tomando su respectivo asiento, no hubo más interacción después de eso. Simplemente procedió fijar su vista en el celular que sacó de la sudadera azul revisando la primera notificación en frente.
Suspirando por su intento de disculpa, tomó su primera conversación como un rotundo fracaso. Optando por buscar otro asiento, pasó a la sección media una hilera adelante quedando cerca de la pizarra. Pronto más estudiantes empezaron a entrar, no tanto como en el pasillo, pero seguían siendo más de lo que esperaba. Esta vez nadie lo hostigó con miradas escépticas o recelosas, estaban más preocupados por llegar a tiempo sin molestar a su profesor.
—Hey —Otra voz, un chico. Alzó la mirada, debía admitir que con el cabello azul desaliñado hacía atrás, chaqueta de cuero y jeans parecía una estrella de rock a su misma edad. Y justo cuando estaba poniéndose cómodo vuelve a la misma situación.
—Lo siento, ¿Es tu lugar? —Adelantándose a su respuesta, procedió a salir del asiento. Pero advirtió las manos levantadas a la altura del torso en defensa.
—Oh, no, no es eso. De hecho, mi asiento es el de tu derecha —Dijo deteniéndolo antes de tiempo, el cual agradeció por lo bajo que no fuera el caso. El muchacho pasó de lado y tomó su lugar a su lado, luego de colocar su mochila debajo de la silla, volvió hacía su compañero— ¿Eres nuevo?
Por primera vez, Gohan advirtió la curiosidad fidedigna en por realmente saber su nombre y no por suposición o equivocación. Esto logró apaciguar los nervios floreciendo en su estomago, trazando una sonrisa sincera sin necesidad de preocuparse.
—Sí, acabo de completar la inscripción. También soy nuevo la ciudad, así que no conozco mucho este lugar.
—Vaya, ¿Eres extranjero?
Gohan rio por la suposición, pero no estaba del todo equivocado. Solo apartado por años de luz de la veracidad.
—En cierto modo, sí —No tenía otra forma de responder, tampoco quería mentir, pero no podía delatarse. Aunque si era honesto, dudaba que alguien creyera de donde proviene. Lo mejor fue disuadir el tema— Me gusta tu chaqueta.
—¡Gracias! —El cumplido lo hizo sentirse orgulloso de llevarla ahora. No tenía nada fuera del otro mundo, pero la personalización de pins punzados en las solapas era un buen toque— Yo mismo le agregue estos pins para darle estilo. Aún no completo la colección, así que tomara buen tiempo, ¿no crees?
—Suena genial... —Asintió en aprobación— ¿Tú eres de la ciudad?
—Por supuesto, como la gran mayoría, algunos vienen Cloudsdale. Pero, ya sabes, es un pueblo pequeño —Se encogió de hombros, luego alzó una mano hacía él en un gesto para que continúe—. ¿Qué hay de ti?
—¿Yo? —Se señaló a sí mismo, recibiendo un asiento de cabeza— Ahora mismo vivó en una zona rural lejos de la ciudad, pero pronto tendré que mudarme.
Decirlo en voz alta hizo que recordara aquel arregló cuando Gohan firmó la beca, una condición que aseguraba la convivencia íngrima hasta que termine sus estudios aquí. Mantendría contacto con los White, pero era fácil discernir que la sensación de un hogar en familia no podía plasmarse en un techo solitario.
—Oh, cielos, suena tedioso —Dijo el muchacho formando una mueca, Gohan agradeció que detuviera su reciente pensamiento. No era el momento de profundizar problemas que todavía no han ocurrido. Al menos podía disfrutar de esta placida interacción—. Me refiero a la mudanza, suele ser estresante el traslado. En especial los muebles pesados —Por su expresión espantada, supuso que paso por algo similar.
—Bueno, ni siquiera hemos empezado. Pero no creo que tengamos muchos problemas —Aseguró perseverando la sonrisa grata. Su compañero no se opuso, simplemente asimiló una sonrisa idéntica y estiró una mano abierta.
—Me llamó Flash. Flash Sentry —Dijo. Gohan no titubeo en estrechar su mano. Antes de contestar, la puerta se volvió abrir. Provocando que todos en el salón moderaran el tono de voz, algunos inmediatamente corrieron hacía sus asientos, pasando a un completo silencio.
La subdirectora Luna caminó hasta el escritorio, el profesor aún no se había presentado, así que debía estar por mencionar algo importante. Cuando sostuvo la mirada hacía todos los presentes, Gohan advirtió que estaba contando a los alumnos, presionó los labios cuando notó un asiento vacío hacía el fondo. Sin prestarle atención más de lo debido, esbozo una sonrisa hacía la clase.
—Buenos días, clase —Saludó cordialmente, recibiendo una eufonía en respuesta que Gohan no predijo—. Como algunos se habrán dado cuenta, tenemos a un nuevo estudiante. Acaba de llegar a la ciudad, por lo tanto, espero que lo reciban apropiadamente.
Varios bullicios, susurros comenzaron a manifestarse, intercambiando miradas y otras pasando a observar al individuo es cuestión. Por reflejo de angustia, empezó a tamborilear los dedos sobre la madera, procurando no hacer contacto visual.
—¿Te gustaría pasar al frente y presentarte? —Gohan tragó, no sonaba realmente a una pregunta de verdad, más bien una orden.
Saliendo del asiento, caminó hacía la subdirectora parándose a su lado. Mantuvo el mentón en alto, hizo el mejor esfuerzo para ignorar el calor en sus mejillas. Inhaló y, procurando no subir el volumen de manera innecesaria, separó los labios transmitiendo la primera idea que le vino a la mente.
—¡Mi nombre es Gohan, es un gusto conocerlos a todos!
ENTRADA NÚMERO 0
VOLVEMOS A EMPEZAR.
LA DETERMINACIÓN VUELVE AL JUEGO.
...¿ESTOY HACIENDO LO CORRECTO?
YOSHA! Otro capitulo publicado, no pensé que llegaría este mes. No, en serio, no creí ni por un segundo que iba a llegar en el primer mes de 2023. Espero que hayan pasado unas felices y hermosas fiestas. Últimamente estuve con muchas visitas familiares y complicó más mis posibilidades de seguir escribiendo. Al terminar, sorprendentemente, pude reanudar este proyecto y mucho, mucho más rápido.
Algunos tendrán preguntas como: ¿Quién es Gaster? o ¿Por qué pusiste un tercer personaje de un juego para nada relacionado con DBZ o MLP?
Imagino que varios conocerán el mítico juego indie llamado "Undertale". Para quienes no saben, Gaster es un personaje oculto (un easter eggs) cuya trama no fue desarrollada, simplemente es mencionado y plantea indicios de lo sucedido con él. Cabe decir que el fandom construyó una base consistente en este personaje, desde teorías hasta comics. Incluso series animadas como Glitchtale o Underverse.
En cuanto al concepto de la Determinación, y para quienes crean que haré a Gohan innecesariamente OP. No, no le daré un nuevo poder o los botones de volver en el tiempo como en el juego. No quiero exagerar, y creo que unir DBZ con MLP que habla por sí solo.
En este caso, el alma determinada representa un motor (no, tampoco lo hace inmortal), evita que el usuario se rinda fácilmente. Y considerando la raza de los saiyajin y tomando en cuenta las veces que Gohan superó a la muerte (sin contar cuando Kid Boo destruyó la Tierra), me parece un elemento que no viene mal.
ACLARACIÓN: No significa que habrá cambios significantes respecto a dicha alma. Es otro elemento, pero no tiene mucho que demostrar.
Gaster actúa más como un OC. Es relevante para la trama y desarrollo de protagonista (Gohan), se profundizara al personaje a medida que la historia avance. No habrá muchas interacciones, ya que es más un espectador, pero mantendrá un nivel activo.
Oh, antes de que lo olvide. En este capitulo prometí que habría una escena en referencia al Xover Path of the Dragon de mi colega zzEclipse. Sin embargo, considerando la prolongación de este capitulo, decidí cortar acá y escribirlo en la próxima publicación sin falta.
zzEclipse: You lied to meeeee...
PERO, en compensación, escribí un clip de nuestros dos protagonistas favoritos. Y si han leído el especial de Navidad, de seguro entenderán algunas de estas referencias. Esto es más que nada para sacarles unas risas y se entretengan un poco más.
Elchico 64: Estamos bien, ¿no?
zzEclipse: GET OVER HERE
Elchico 64: ¡Espera, espera, espera, NO-!
Clip: Los más fuertes y el ser más poderoso - Parte I (Basado en el short de MasakoX - Who Would Win: Darth Vader or Goku?)
En un campo de batalla árido, explosiones retumbaban contra la tierra coaccionando sobre los únicos guerreros saiyajin. En el proceso de la batalla, los pilares de roca fueron destruidos y las montañas se derrumbaban, en algunas ocasiones el enemigo aplacaba su enorme fuerza contra uno de ellos. El sol ardiente tampoco planeaba ayudar, pero nada que sus cuerpos moldeados para el combate no puedan resistir.
Los guerreros podían confundirse como gemelos, pero en realidad provenían de universos lejanos. Mundos que, por esta fuerza misteriosa, colisionaron e inmediatamente tuvieron que enfrentarse a esta amenaza. Viendo el parecido exacto, no solo en su cabello agreste o similitudes en su personalidad, formaron equipo para entablar combate contra el individuo. Tenían que ser honestos, hasta el día de la fecha, se toparon con el ser más poderoso de todo el universo.
KABOOM
Otra explosión de ki golpeó el suelo, generando una pantalla de humo sobre el cráter recién horado. Los dos Gohan tuvieron suerte de esquivar el ataque. Uno vestía un conjunto elastano negro sobre un gi verde, protegía sus manos con guantes blancos compartiendo el mismo material resistente con sus botas. Al principio, el otro Gohan pensó que trataba de un saiyajin del ejercito de Freezer al corroborar que traía un rastreador verde, pero en realidad le había dicho que fue un regalo proveniente de su difunto padre. Además, no percibía malas intenciones o deseos perniciosos.
Eludió el impacto de ki deslizándose con un pie, sin antes impulsarse contra el suelo y retroceder en un movimiento evanescente. En este preciso momento, comprendió que un simple Super Saiyajin de segunda fase no sería suficiente. Cuando tomó distancia suficiente, advirtió como su compañero logró escapar de la carga poderosa de ki en un salto hacía atrás, presionando las manos abiertas contra el suelo y prosiguió con un levantamiento más hasta caer de pie. Bueno, considerando la fatiga y el estado extenuante actual solo, podía decir que estaba haciendo un esfuerzo para no caer boca abajo. Sus rodillas se hincaron, pero se mantuvo firme y consiguió incorporarse.
Lado a lado. A la derecha se presentaba un Gohan con el gi morado de su maestro demacrado, tela parcialmente chamuscada, la suela de sus botas azules tampoco estaban mejor. Él también conservaba la transformación ascendida del Super Saiyajin, y ambos concordaban la misma idea.
Gohan (PoD*): Dammit! Not matter what we throw at him, his power doesn't let up! We won't last much longer —A su izquierda, el Gohan licenciado como superhéroe bramó estrujando la dentadura. Manteniendo su postura de combate; equilibrada para defenderse y atacar, hacía todo lo posible para discernir un plan que lo ayudara a salir de esta, al menos para planear una estrategia.
*PoD: Path of the Dragon
Gohan (EfM*): Empiezo a creer que estas en lo cierto —Por otro lado, pese a mantener el ceño fruncido, una mueca dolorosa esbozó una sonrisa. Lo admitía abiertamente, estaba asustado de las capacidades sobrenaturales del sujeto. Sacudiendo la incertidumbre en su cabeza, volteó hacía su compañero—. Supongo que no puedes transformarte en ese modo Ōzaru, ¿verdad?
*EfM: Expelled from Misery
Gohan (PoD): No, I spent all my ki reserves. Going to that level now won't do any good —Respondió entre jadeos. Observó por el rabillo del ojo a su compañero, pudo distinguir como una gota de sudo descendía de la sien. Ni siquiera pretendía adoptar una defensa apropiada hasta que el enemigo vuelva hacía ellos. Ninguno de los dos estaba en buenas condiciones para seguir peleando—. ¿What about you? ¿Do you have a new technique or something?
Gohan (EfM): Lo siento, pero no —Esputó una risa, similar a un quejido, quizás para disuadir la situación critica—. Estoy muy débil para siquiera intentar algo de la nada. Pensé que sería mi héroe, hehe...
Gohan (PoD): ¡It's not time for jokes! —Exclamó con ojos en blanco, el otro Gohan se cubrió con las manos en defensa. Abandonando su reciente cólera, volvió a dirigirse al muro de humo frente a ellos, un semblante inquieto perturbó sus facciones— ¿How... How can we win?
(?): Nah, viejo.
Aquella voz hizo que ganaran su atención, afilando el ceño y apretujando los puños para apaciguar el estremecimiento. El humo se dispersaba más rápido, vislumbrando una figura humana vestida con traje deportivo; una playera a rayas celeste y blanca decorado por el emblema en el pectoral derecho, short negro, medias largas y botines. Cuando obtuvieron una imagen más precisa del individuo, sus ojos se agrandaron cuando distinguieron el repentino cambio de cabello.
Ya era suficiente que tuvieran la misma apariencia. En todo el combate jamás delató indicios de poder transformarse, su nivel base era monstruoso, su actitud agresiva lo demostraba. Nunca hubieran imaginado que otro Gohan, al menos este en particular, también pudiera ascender directamente al Super Saiyajin 2.
Gohan (ARG*): Ustedes son unos muertos. Pónganse las pilas, loco, por favor —Manteniendo la suspensión en el aire, empezó a mover el dedo índice derecho. Ambos prepararon la postura, ya sea para arremeter un golpe o esquivarlo. Pero al momento que señaló a uno de ellos, precisamente al Gohan con el rastreador, separó los labios trazando una sonrisa soberbia—. Vos aprende a patear —Señaló al otro—. Vos deja de hacerte el gil y ponele onda —Bajo la mano, pero conservo su expresión—. Me parece que no exijo demasiado. Más les vale no hacerme perder el tiempo, bananas, o los voy hacer mierda. La puta madre que los...
*ARG: Argentino
Perdiéndose en otra ráfaga de insultos cotidianos, ambos Gohans se observaron. Ya no tenían tiempo para confundirse en su repentino arrebato de ira, debían aprovechar el tiempo que les quedaba para planear una estrategia para salir de esta locura.
Gohan (EfM): Tengo un plan —Fue el primero en hablar, aunque mantenía un semblante inseguro que el otro no distinguió.
Gohan (PoD): And NOW you're telling me?! Why didn't you said it earlier?
Gohan (EfM): No estoy seguro que funcione. Pero dadas las circunstancias... —Procedió a buscar con su mano a través de su bolsillo trasero, demoró un segundo, pero el suspiro aliviado estaba aliviado que no pasaran a peores. Extendió su puño hacía su compañero, quien examinó de cerca su el despliegue de dedos, revelando en su palma dos zarcillos, cuya joya resplandecía su color amarillento. Por la expresión perpleja en su rostro, supuso que reconocía este peculiar objeto— ¿Sabes lo que son?
Gohan (PoD): Pothala...—Sacudió su cabeza para no embobarse, aunque tenía gran curiosidad sobre ellos— ¿How did you get them?
Antes de responder, permitió estiró la comisura de sus labios en una sonrisa astuta. Luego volteó hacía el enemigo, recibiendo las pupilas jade como puntos muertos mientras que el aura fulgurante crujía despidiendo relámpagos a su alrededor. Un ser de otro mundo totalmente poderosos, suficiente acabar con dos de ellos, pero no se inmutó.
Gohan (EfM): Me los dio un conocido...
Y con esto terminamos! Una buena forma de terminar el capitulo, ¿No creen? Espero que les haya agradado la publicación de hoy, al igual que la primera parte de este clip. Les recomiendo el Xover Path of the Dragon de zzEclipse, en serio, la historia es muy buena.
Con esto me despido. Dejen una review respecto a este capitulo y que esperan ver más adelante. Sugerencias permitidas! Pero no significa que aceptare todas. Hasta la próxima!
~Elchico 64
