Lex está haciendo su turno largo en el trabajo así que como beta me toca actualizar por ella y agradecer a todos quienes han estado participando, ya sea comentando, leyendo y demostrando su interés, llenándonos a ambas el corazón de calorcito.

El prompt de hoy es País Diferente, y el capítulo de hoy está dedicado por LexSnape a ChrisManson, con el agregado de G. Mauvaise porque vaya buscando cómo teñirse de pelirrojo y cambiarse el nombre a Dymas.

Historia beteada por G. Mauvaise.


03.

Atenas, Grecia. Agosto 1979.

Severus gruñó mientras ataba su cabello lejos de su cara. El calor en la habitación era insoportable con tantos calderos sobre el fuego y el calor sofocante de agosto en Atenas. Había días que simplemente quería volver al oscuro y frío ambiente británico, pero la realidad era que estaba aprendiendo más de lo que nunca pensó, así que simplemente vivía su día a día mirando un caldero y estudiando libros en griego antiguo con ayuda de un hechizo traductor y diccionarios muggles.

Cuando el sol por fin se ocultó y el terrible calor húmedo se hizo menor Severus apagó el fuego de los calderos, y salió de la habitación.

El pasillo era ruidoso comparado con el interior de la sala, con varios estudiantes corriendo por los pasillos y charlando alegremente. La Academia para Pocionistas siempre estaba rebosante de actividad y tenían el currículum más completo que Severus hubiera visto jamás, así que no se arrepentía realmente de su decisión de dejar su país de origen.

—¡Severus! —el hombre se giró y le sonrió apenas al chico que se acercaba corriendo a él.

—Terminaste temprano tus pociones —comentó a modo de saludo, volviendo a caminar por el pasillo, en dirección a la puerta de salida.

—¡La profesora Basha tenía una cita! —chilló emocionado y Severus alzó sus cejas, no muy seguro de que responder a eso. La profesora del chico tenía cerca de doscientos años, pero al parecer no había necesidad de que dijera nada en lo absoluto porque Dymas siguió parloteando sin que él lo alentara.

Caminaron por las calles, el pelirrojo chico hablando animadamente, haciendo gestos con las manos y saltando de vez en cuando. Algunas personas se giraban a mirarlos, pero sus ojos siempre se posaban en el animado chico de quince años.

Severus aún no estaba seguro de cómo había terminado envuelto con él, pero sospechaba que era porque le recordaba a Lily; además el chico estaba fascinado con él. El primer día se había acercado al solitario Severus en el comedor de la academia y le había dicho que "amaba con desesperación" su cabello negro. Severus no había sabido que decir mientras se sentaba a su lado y empezaba una charla sobre las pociones para cuidado de cabello que conocía. Al final Dymas se había sentado a su lado casi todos los días mientras almorzaban y su relación simplemente iba a más.

Severus estaba seguro de que, de no tener al chico con él, habría regresado directamente a Inglaterra al mes.

—Severus, ¿quieres ir a cenar? Apuesto que no has comido nada en lo absoluto desde el almuerzo —el pelirrojo lo tomó de la mano sin esperar respuesta y tiro de él dentro del restaurante donde acostumbraban a ir a cenar. Severus ni siquiera se molestó en sacar su mano de la suya mientras entraban al local y se sentaban en su mesa de siempre.

La mesera se acercó a ellos con tazas de café caliente, diciéndoles en griego que su orden de siempre estaría en unos minutos. Severus solo asintió, no sintiendo deseos de humillarse con su pésimo acento, pero Dymas le sonrió a la chica y le agradeció como siempre.

—Tienes el fin de semana libre, ¿verdad? Vámonos a la playa, solos tú y yo, te prometo que nadie más irá… ¿Sí? —el chico lo miró con sus enormes y brillantes ojos azules desde debajo de sus pestañas mientras hacía un puchero.

Severus suspiró y asintió mientras le revolvía el cabello con una mano.

—Sólo no me mires con esa cara...

Dymas grito felizmente y se lanzó sobre la mesa para envolver sus brazos alrededor del cuello de Severus, derramando todo el café caliente en la mesa.

(...)

Severus estiró su mano y apagó el despertador gruñendo de frustración.

Su idea de un sábado por la mañana era dormir. Sólo quedarse en cama y dormir, pero le había prometido a Dymas que irían a la playa, así que más le valía cumplir. Salió de la cama y tomó sus pantalones del suelo en su camino al baño. Se miró en el espejo; su rostro demostraba que estaba agotado, tenía enormes ojeras y su piel no estaba en su mejor momento tampoco, pero no podía importarle menos. Tomó la pasta de dientes y su cepillo, si odiaba algo con fuerzas era el alimento matutino. Estaba cepillando sus dientes cuando el timbre del departamento sonó.

Severus miró el reloj en la pared del baño y encogiéndose de hombros y preguntándose quién podría ser a esa hora fue a abrir la puerta.

—¡Te extrañé demasiado!

Severus se quedó helado por completo. Sus brazos permanecieron estirados mientras un hermoso Regulus se colgaba de su cuello, abrazándolo con fuerza. Su mente procesó muy lentamente el hecho de que Regulus estaba ahí.

Sus manos fueron a la cintura del chico, empujándolo lejos de su cuerpo, sus ojos clavándose en los ojos grises que brillaban de alegría.

Regulus sacó el cepillo de dientes de la boca de Severus y se inclinó para besar sus labios, pero dos cosas pasaron en ese momento: Severus dio un paso alejándose de él, y un chico pelirrojo salió de la que era obviamente la habitación, vistiendo solamente bóxers.

Regulus apretó sus labios, tomó la mano de Severus en la suya para devolverle el cepillo de dientes, luego dio media vuelta y corrió fuera del departamento.

(...)

—... entonces, él rompió contigo...

Severus hizo una mueca.

—Nunca lo dijo en palabras así de claras, pero si alguien te empieza a ignorar totalmente… es decir, no te mira, no te habla y no responde todas las cartas que le mandas, te hace pensar que la relación terminó —Severus estaba buscando en su clóset su traje de baño mientras que Dymas estaba sentado en la cama del mayor, empacando pociones de protección solar.

—¿Vas a volver con él? —susurró el chico y Severus suspiró, lanzando el bañador en la mochila.

Se sentó junto al adolescente y le revolvió el cabello con la mano.

—No lo sé...

(...)

El lunes por la noche Severus salió de la Academia más que agotado. Había pasado los dos días anteriores en la playa con el pelirrojo y habían regresado sólo la noche anterior a dormir, para levantarse demasiado temprano e ir a continuar con las pociones de la lista para su evaluación del mes. No tenía más planes que ir a casa y tirarse en la cama, ni siquiera tenía apetito, pero se detuvo en seco cuando vio a Regulus y Dymas con las varitas levantadas.

Resistió con todas sus fuerzas las ganas de ignorarlos y caminó hacia ellos, no podía dejar las cosas solo así, porque tenía muy claro que eso era su culpa.

Se atravesó y le arrebató la varita a Regulus con un movimiento rápido, quién podría salir verdaderamente lastimado en todo caso sería el pelirrojo.

—Tu y yo vamos a hablar, ahora —le gruñó a Regulus, quien tenía las mejillas sonrojadas por la ira.

—Severus, yo-…

—Vete a casa, tu abuelo tiene que estar furioso porque no apareciste en todo el fin de semana —sabía que probablemente estaba siendo injusto, pero no podía lidiar con ambos al mismo tiempo, y era una realidad lo que acababa de decir. El abuelo del chico, más que preocupado, estaría enojado de que no se apareciera por casa a dormir más de una semana.

Dymas hizo una mueca y salió corriendo. Severus tendría que pensar en una manera de arreglarse con él luego.

—No deberías dejar que tu puta se vaya así-…

—¡Regulus, estoy a punto de maldecirte, así que cállate! —Severus explotó y Regulus lo miró por un segundo con la boca abierta antes de tirar de su brazo, pero Severus estaba preparado para ello, y lo retuvo a su lado—. No vas a salir corriendo, no hoy. Me vas a escuchar.

—¡Ya no quiero nada contigo! ¡Déjame!

—¡Estabas fuera de la academia, así que quieres algo de mí! —Severus miró a su alrededor y tiró del chico hacia la zona de aparición de la Academia, lo envolvió en sus brazos y se apareció directamente en la sala de su departamento. No tenía la más mínima intención de hacer una escena aún mayor en público.

— ¡Eso pudo despartirme! —gritó furioso Regulus, alejándose de él de golpe.

—No lo habría hecho de no estar seguro, lo sabes. Yo nunca te heriría.

—Lo has hecho, lo has hecho antes y lo sabes —la voz de Regulus fue plana por completo y Severus lo sintió como un golpe en el estómago.

—Tú fuiste quien hizo como si yo no existiera... no puedes culparme por nada.

—Tú fuiste quien decidió irse del país... ¿Esperabas que fuera feliz contigo yéndote a vivir a otro lugar? Sabíamos que estaríamos separados por tu graduación, pero tú me prometiste los fines de semana en Hogsmeade. ¡Tenías que aplicar con seis meses de anticipación para venir aquí! ¡Lo ocultaste! —los ojos de Regulus estaban llenos de lágrimas y Severus sintió su pecho apretarse con fuerza. Sólo no podía verlo llorar, así que lo rodeó con sus brazos.

Regulus luchó con fuerza, revolviéndose en su agarre, pero Severus lo sostuvo contra su cuerpo.

—Tu padre me dijo que si me iba lejos por un año... aprobaría nuestra relación —susurró apenas contra la cabeza del menor.

El chico se quedó helado.

Su padre era capaz de eso.

—Nunca me lo dij-…

—¡Nunca me diste la oportunidad! —gritó furioso, alejándose de él, como si de pronto su toque lo quemara—. Te enfadaste conmigo y fingiste que no existía. Yo también tengo mi orgullo, Regulus. No seré un sangre pura, pero tengo orgullo.

—Padre no aprobaría las cosas aún si lo hacíamos...

—¿Me vas a culpar también por querer demostrarle a la familia de la persona que amo que soy capaz de hacer todo? —estaba furioso y, francamente, tenía muchos deseos de lanzarle una maldición al chico, pero la expresión en el rostro de Regulus ya no era más furiosa, o herida. Estaba sonrojado y era claro que algo lo había hecho feliz— ¿Qué? —gruñó, incómodo, empujando su cabello hacia atrás.

—Yo te amo también... —susurró el chico y Severus sintió que se le cerraba la garganta. Regulus lo amaba, y sabía que él lo amaba también, aunque no tenía la menor idea de cómo lo sabía con tanta certeza.

—E-Eso no cambia nada...

Regulus frunció el ceño, pero no molesto, más bien en un gesto de determinación.

—Eso no cambia nada a los planes que teníamos para cuando yo saliera del colegio —sin pensarlo Regulus se acercó a Severus, siendo totalmente consciente de que el mayor había crecido un poco más, así que simplemente se puso de puntas y lo besó, sus brazos se aferraron al cuello de Severus, y aunque por un instante el mayor luchó por quitárselo de encima, al final se rindió al aroma y la calidez que solo Regulus tenía.

(...)

Normalmente Severus abriría los ojos solo hasta que la alarma sonara, pero esa mañana estaba despierto antes de que el sol terminara de salir, sus ojos fijos en el hermoso rostro acomodado en su única almohada.

Regulus seguía tan hermoso como siempre, quizás aún más ya que estaba perdiendo la ligera redondez de su rostro. Simplemente podía quedarse observándolo toda la vida, y no pensaba que se perdería de nada importante.

Llevo sus imperfectos dedos manchados por los ingredientes de las pociones a la mejilla del chico, quien se revolvió en su sueño sólo un poco para después apenas abrir los ojos y sonreírle medio dormido.

—Hola... —susurró, luego se arrastró más cerca de Severus y se acurrucó en su pecho a seguir durmiendo. Severus no tuvo el corazón para despertarlo, así que solo apagó su despertador para que no sonara y rodeo a Regulus con sus brazos.

(...)

Despertaron cerca del mediodía cuando un muggle sonó la bocina de su automóvil en la calle. Regulus gimió, aferrándose a Severus con fuerza, quien simplemente se talló los ojos siendo consciente de que se había saltado las clases de la mañana.

—Levántate y comamos algo, luego puedes volver a la cama —Severus apartó las sábanas de su cuerpo y se liberó del agarre de Regulus para buscar su ropa interior.

Regulus gimió de nuevo y enterró la cara en la almohada.

—Regulus...

—Dame cinco minutos... —rogó de forma lastimera, así que Severus simplemente lo dejó ahí y fue a la cocina.

Regresó casi media hora después con una taza de café y un par de tostadas en un plato.

—Sólo come, ni siquiera tienes que salir de la cama.

Regulus sacó su rostro de la almohada y le sonrió a Severus, para luego sentarse haciendo una mueca cuando un tirón en su espalda baja lo golpeo.

—Gracias —susurró bebiendo el café y suspirando de alegría. Muchos ingleses preferían el té, pero para él no había nada mejor que una taza de café... aunque sólo pudiera beber descafeinado.

Severus se sentó a su lado, sosteniendo el plato con las tostadas en su regazo, observándolo beber el café. El chico bajó la taza y lo miró, sus ojos claros anclándose en los oscuros.

—Exactamente, ¿dónde estamos parados?

—Atenas, Grecia. No sabría decirte las coordenadas, pe-…

—¡Estoy hablando en serio! —Severus suspiró, había estado pensando en eso mientras preparaba el desayuno… había ido demasiado lejos al pasar la noche con Regulus.

—No voy a volver a Bretaña al terminar mi maestría... Me están ofreciendo un puesto en el departamento de investigación de la Academia —Severus esperó las lágrimas, pero estas nunca aparecieron en los ojos del chico.

—De acuerdo, pero a mí me interesa saber sobre nosotros, no sobre tus planes de trabajo.

—Lo que trató de decirte es que no tengo planes de volver, ni a corto ni largo plazo, creo que eso deja claro que esto no puede volver a pasar —los señaló a ambos, pero aun así no recibió como respuesta las lágrimas de Regulus, y no es que estuviera buscando provocarlas, simplemente era que sabía la facilidad con la que brotaban cuando se trataba de él.

—Yo sólo quiero saber si volverás a tener una relación conmigo.

—Regulus, yo n-…

—¡Me estoy mudando a Grecia, se supone que debes de decir que sí! —explotó el chico sin poder contenerse más, y Severus sonrió un poco, inclinándose y besándolo.

Tal vez esa cosa del destino si existía.