Bienvenidos a la no tan sorprendente parte final del fic. Espero que lo disfruten n.n


Oraciones para Hylia.

III

-Mipha lo sabía todo-

Región Zora

-¡Link! – Se escuchó esa única y característica voz de hacía algún tiempo, la voz de Sidon era inconfundible – ¡Santa Vah Ruta! – Gritoneo con tal energía que sorprendió a ambos Hylians en el instante. Miró a la Zelda con gran respeto y se inclinó para hacer reverencia – Es un enorme honor tenerla al frente, venerable princesa del Reino de Hyrule, después de tanto tiempo… – Expresó Sidon con su siempre amplia sonrisa.

-Para nada – Dijo Zelda mirando fijamente a Sidon – Es un gusto volver a verte, aunque cuando te conocí eras mucho más pequeño – Este sonrió divertido, luego su mirada se postro en Link

-Y es muy grato tenerte aquí, de nuevo, mi amigo Link – Comentó Sido alegre. Link era objeto de admiración para él, luego de derrota a Vah Ruta.

Como no podía ser de otra manera, Link le sonrió ampliamente. Después de todo, eran mejores amigos – Es bueno verte, amigo – Y luego le estrechó la mano como siempre. Link parecía bastante dichoso, a los ojos de la princesa este se encontraba muy feliz con ese gesto de Sidon y también le estrechó la mano de vuelta.

-Por favor, síganme – Los guio hasta la sala del trono. Zelda estaba nerviosa y tomó una de las mangas de la túnica de campeón del joven Hylian.

La princesa bajo la mirada, como si estuviera nerviosa, Link obviamente se preocupó un poco. Su rostro se descompuso, a la vez que se oscureció, y una mueca dolorosa apareció en este. Siguió caminando pero poco más despacio. Aclaro su garganta y Sidon dio media vuelta para saber que pasaba.

-Disculpa, príncipe S-Sidon, ¿nos puede obsequiar un momento a solas? Si no es mucha molestia. Necesito hablar un segundo con Link – Dijo con una leve voz saliendo, era casi inaudible pero Sidon lo entendió muy bien y siguió subiendo las escaleras. Link se paró para postrarse frente a ella.

-Le escuchó atentamente, prince…. – Zelda le lanzó una mueca con las mejillas infladas – P-Perdón… te escuchó, Zelda – Las mejillas de Zelda volvieron a la normalidad y luego se acercó al rostro del joven. Esto provocó un ligero sonrojo en Link.

-¡No puedo! – Expresó con un poco de desesperación en su tono, él pudo sentirlo claramente – Al final de cuentas, parece que no puedo darle la cara, ni al Rey Dorphan, ni a su hijo. Ni siquiera podre dársela a los Gorons o la tribu Orni… y especialmente a las Gerudo. Después de todo, fue mi culpa que los campeones…

Link suspiró un poco antes de ver que ya estaba soltando el llanto. Los Zora alrededor los observaban con extrañeza y se le ocurrió una idea para calmar a Zelda.

-Zelda – Esta se calmó un segundo, aunque aún soltaba algunas cuantas gotas de los ojos, y las limpiaba con las manos. Parecería que llamarle por su nombre era un hechizo. Después de todo era su costumbre hacerlo hace cien años – Mira a tu alrededor – le dijo con suavidad, ella alzo la vista a los zora, que le saludaban algo preocupados – Te confieso que en un principio le tuve algo de cuidado a los zora y a sus miembros más ancianos. Me miraban con desprecio y me echaban la culpa de algo que pasó sin que nadie, ni los campeones, ni tu ni yo, pudimos prevenir. Fue algo que paso por algún azar en el destino, pero ellos supieron perdonar aquel error – Su mirada cristalina y bella volvió a postrarse sobre la de su amado Link – Sé que el rey Dorphan no te guarda ningún rencor. Verás cómo te recibe y se alegra de verte, sana y salva.

Sus dulces palabras parecían una medicina. En cuanto terminó de hablar, una amplia sonrisa se dibujó en su rostro, aún con lágrimas. De manera lenta pero directa, la princesa le estrecho entre sus brazos y le agradeció enormemente. Link se quedó mudo otra vez, pero eso no le impidió estrecharla con suavidad, dejando que su barbilla estuviese en su ancho hombro varonil. Sus brazos eran sumamente cálidos, haciendo que el corazón de Link latiera a mil por hora, casi reventaba. Y entonces miró hacia arriba. Sidon le alzó el pulgar y le sonrió con brillo en la mirada. Link se sonrojo aún más, dejando casi, salir algo de humo y sudor.

-Vamos – Zelda le tomó la mano con delicadeza, ambos subieron las escaleras, estrechando sus manos. Link no hizo más que seguir la, pues no le soltó sino hasta llegar a las escalerillas que llegaban hasta el trono – Muy bien – Suspiro lo más hondo que pudo, y comenzó a subir. Él tras de ella, en ese momento, debían aparentar ser escolta y princesa, por mera etiqueta.

Contemplaron al rey contento, sobre todo Link que ya se lo esperaba, y Zelda estaba sorprendida. Parecía que estaba agradecido de que al menos, dos de las personas más importantes cien años atrás, estuvieran vivas y hayan sido capaz de resolver los problemas de su gente y todo Hyrule.

-Me complace estar en su presencia, Rey Dorphan – Link se inclinó sobre el suelo en reverencia, y Zelda simplemente se agachó un poco, después de haberle saludado, claro.

-El placer es mío, su alteza, pero no hacen falta las formalidades. Estoy muy agradecido de que este aquí, frente a mí y a mi palacio. Es un milagro que siga viva y que tras los años no haya perdido ni el carisma o la belleza. Me alegra mucho, no sabe cuánto, que tras sus esfuerzos, la situación mejorara y pudiera encontrar la manera de derrotar al enemigo.

Sus manos, tan femeninas y hermosas, se toparon una con la otra, apretándose mutuamente en un intento por no llorar de nuevo por la vergüenza. Entonces suspiró hondo y miro con decisión al rey.

-¡Nada de eso, su alteza! Disculpe mi expresión. Estoy realmente avergonzada de que tuviéramos que salvar su reino después de cien largos años – Comentó con tristeza en las palabras – Y encima… a costa de la vida de los campeones. Pero el problema no es que ellos fueran simples guerreros. No – Negó luego de expresarse con las palabras – Ella era su hija, y yo… si nunca hubiera pedido que ella fuese la jinete de Ruta usted no habría perdido a su amada hija.

Nuevamente Zelda soltó en llanto, aunque esta vez fue inconsciente.

-¿Eh…? Que patética soy, tan sólo se llorar – Link se acercó a Zelda, sobando sus brazos para calmarle. El rey simplemente esbozó una sonrisa débil.

-No diga eso, princesa – Sidon se acercó a Zelda con la misma intención que Link.

El rey Dorphan, por su parte, suspiro hondo, aguantando el nudo en su garganta - ¿Cree que era hora de llorar, su alteza? Por supuesto que no. Esa fue decisión de mi hija, y yo le concebí el permiso, así que usted no tiene nada que ver con aquello. Mipha sabía que podría ocurrir eso, aun así tomó el riesgo, tal como yo… – Miró hacia los ojos verdes de la princesa, que parecían el pasto bañado con roció matutino.

Sidon, entonces, tomó la palabra – ¡Es verdad! ¿Se acuerda cuándo vino a escuchar la respuesta de mi hermana? Ella, en su presencia, me dijo que si algo llegara a ocurrirle… yo sería responsable de la región Zora, y ayudaría a mi padre. Y tal como me lo pidió, yo lo hice. Mi hermana era muy fuerte, y le inspiraba a través de las leyendas, la fuerza del héroe y la princesa que unidos, luchaban contra la oscuridad. Ella también quería ser fuerte para protegernos, y protegerlos a ambos – Pegó una mano contra su pecho y esbozó una sonrisa – ¡No tiene que culparse de nada!

Inmediatamente, postro su mirada en Link, con ella preguntando "¿Esta bien esto?" A lo que Link asintió comprendiendo esa pregunta muda. Zelda secó sus lágrimas con ayuda de su escolta, y miro nuevamente al rey.

-Me disculpo por todo lo que le he causado, todo este dolor. No sólo por su hija, sino también por Link, quien era un gran amigo de su hija. Eso fue aún peor para usted. Sé que desde hace tiempo consideraba a Link casi como a un hijo. Y estoy al pendiente de aquella armadura zora que su hija, con empeño, hizo para Link… y lo que significaba. Por eso y más aún, le ruego que me perdone por mis grandes errores y que si gusta, pida cualquier cosa para remediar, al menos, un poco de su sufrimiento.

El rey y Sidon, empezaron a reírse, pero no de ella, sino de una forma melancólica. Postraron una mirada de inocencia a Zelda, y ella no entendía la razón, su cara era de mucha confusión.

-No hay nada que haya pedido más, que la bestia divina se calmara y dejara descansar en paz a mi hija. Y eso, princesa, ya está hecho – confeso el rey, mirando a Link de antemano – Y es gracias a ustedes que he podido ver mis mayores deseos cumplidos.

Sidon se acercó a la princesa con una pequeña sonrisa. El campeón hylian supuso que iba a suceder. Sidon se inclinó en el suelo para poder verle más de cerca, por ser más alto que ella y que Link. Tal como aquella vez conmigo, estrecho sus manos, pero con más delicadeza. El joven hylian se sintió un poco extraño al verle tan cerca de Zelda, cerca de su cara y de ella. Algo no le gustaba de esa escena, aunque simplemente fuera un amigable saludo.

-Por cierto, ¿Qué era lo que iba a decirnos con tanta urgencia? – Preguntó la princesa con tranquilidad.

El rey sacó nuevamente aquel diario de su hija, en el que había confesado sus sentimientos hacia Link, y el que este mismo ya había leído cuando se atrevió a hacer los desafíos de Makkosh. Link no quería que Zelda viera aquello, tal vez se sentiría peor, sobre todo si aún seguía sintiendo algo por Link… Algo como "¡¿También le quite el amor a su hija?!" Aunque no era su culpa. Él nunca vio a Mipha de esa manera. Era más bien como una hermana mayor o una confidente. Su amor estaba con Zelda desde el momento en que se conocieron mejor, se comprendieron, sufrieron, rieron, y se sintieron atraídos, todo aquello codo a codo. Hasta cuando iba a morir, disponía su vida por la de Zelda, con tal de que el mundo jamás dejara de ver su belleza y fortaleza.

-Esto es el diario de mi hija – Comentó Dorphan cuando le pasó el diario a Sidon – Hace un tiempo, cuando Link volvió a visitarnos en medio de su travesía, fue testigo de sus pensamientos más íntimos. Pero no fue que supimos otras cosas hasta que Sidon lo leyó en las últimas páginas. Tal vez fue de mal gusto de mi hija hacer aquello… pero fue cuando se dio cuenta que lo que estaba a punto de hacer sólo le iba a causar dolor. Incluso así, ella tuvo el valor de decir sus últimas palabras… el día antes del cataclismo.

Link se quedó pasmado. Sidon le había entregado el libro a Zelda, y ella lo leyó de principio a fin. Al menos hasta las páginas normales. Luego dio media vuelta y se encontró con un misterioso texto.

"… Esta es la primera vez que miro a la princesa de esa manera. Estaba a punto de irme para no estorbar, pero estaba demasiado avergonzada y también curiosa. No pude evitar virar como el brillo de su mirada se fijaba sobre la ropa que Link estaba usando… justo después de quitársela para ducharse. Y comenzó a olerla también. No esperaba que fuese esa clase de persona… pero eso quiere decir que los rumores de su amorío son ciertos…

¿Aún debería darle la armadura…? Ya había dicho antes en este diario que sí. Pero ahora no sé. Además, Link también siente algo por ella, todo lo que me ha dicho, la forma en la que ve a la princesa, está claro que hay algo entre ellos. Nunca he sido egoísta en mi vida, y en esta ocasión tampoco, así que tengo muchas ganas de decirle a la princesa algunas cuantas cosas…

No me había dado cuenta que lo he escrito en la última página, vaya descuido mío…"

Zelda dejó caer el diario. Estaba sorprendida, de inmediato lo levanto con pena. Sidon y el Rey dejaron salir un gesto melancólico, mientras que Link tenía la cara llena de color rojo. ¡¿Había olido su ropa?! "¡Diosa Hylia, dime que no es un sueño!"


No fue hasta unos momentos después que habían ido a reposar cerca del estanque de Ralis, donde Link había vencido a un hinox.

Era media tarde, Zelda solo admiraba el bellísimo paisaje de la región mientras el aire fresco chocaba contra su rostro. Su mirada estaba perdida en el horizonte. Sólo pensaba en muchas cosas.

-Zelda – Link se sentó a su lado, sin recibir una respuesta a cambio.

Pasaron los minutos, para que ella respondiera – Le he quitado mucho a los Zora…

-Eso no es… – Zelda le miro a la cara, dejándolo callado. Parecía sentir que se le destrozaba el corazón.

-Les quite su tranquilidad, les quite la sonrisa de Mipha y… su futura reina, su amada princesa – Apretó fuertemente sus piernas contra su pecho – No he hecho más hacer que sufrir a tanta gente. Los únicos que muestran orgullo de esto han sido los Gorons y las Gerudo. Revali… fue un gran símbolo de admiración, pero incluso así, habían llorado a un gran guerrero. Soy… – Paro un instante mirando sus manos – la única persona de Hyrule a la que nadie ha podido extrañar, y entiendo no haberlo merecido. Nadie habla sobre la princesa del reino de Hyrule con tanta dolencia como los campeones, hasta a ti te he causado dolor.

-No me has hecho nada de eso, en realidad…

-¡Ya basta de mentiras, Link! – Bramó la princesa con tristeza, mirando a Link como si sintiera dolor en el pecho – ¿Por qué me dices que no es cierto cuando es verdad que lo he hecho? ¡¿De qué sirve mentir?! Hace cien años hacías lo mismo con tal de tenerme contenta, ¡Ya estoy harta de eso!

En un impulso por detener a Zelda, Link la tomó de un brazo y la jalo hacia él. La estrecho de tal forma que no podía hablar ni forcejear. Link parecía contener la respiración de los nervios. Tenía a la chica que amaba en sus brazos. ¿Qué debía decir? Zelda no hizo más que lamentarse sobre su pecho y seguir preguntando sobre las mentiras.

Link le hizo mirarle a los ojos. Ella se calmó instantes al sentir que sus bellos ojos, que parecían reflejos el agua, ahora mismo con el crepúsculo encima, y suspiran un poco después del esfuerzo.

-No miento… no me has lastimado lo suficiente como para que yo te tenga un rencor. Y aunque lo hicieras, dudo que yo me sienta lastimado – Sus ojos se cruzaron nuevamente y Link aprecia atraer a Zelda hacia el con lentitud, como si sus labios se llamaran mutuamente – Porque yo… desde hace cien años, recuerdo perfectamente que yo… – Link enmudeció completamente al sentir que la princesa ya se había adelantado.

Se dejó llevar por pasión completamente, abrazando a Zelda con fuerza mientras ella masajeaba su espalda, con tanto cariño que Link podía sentirlo. El tocaba su cadera con delicadeza, atrayéndole hacia él cada vez más y más.

Sin embargo, al sentir que estaban llegando demasiado lejos, se separaron el uno del otro, sin separarse totalmente, dejando una ligera estela de saliva al separarse.

Respiraron agitadamente, Zelda aún entre sus brazos observó al joven aturdido. No sabía cómo reaccionar, ella tampoco.

Cuando al fin reaccionó el Hylian, observó a Zelda determinante. Le tomó una mejilla y respiro hondo – Nunca me ha importado si me lastimas… soy tu escolta personal, el que cometió el tabú de enamorarse de la princesa a la que escolta, pero teniéndote siempre a mi lado, yo sencillamente no puedo ignorarte.

Zelda sintió que el corazón se le paraba. Después de haber leído hacía poco su diario, nunca se imaginó aquella repentina confesión que, por obvia razón, dejo sus labios completamente mudos.

Poco a poco se iban despegando, Link no podía casi verle a los ojos, porque sus mejillas ardían de inmediato. Pero se armó de valor, y aprovechando que estaba entre sus brazos, la estrujo de nuevo.

-Link – Unas cuantas lágrimas resbalaron por sus mejillas y sus manos tocaron su pecho con dificultad – ¡Link…! – Esta vez bramó un poco entre las lágrimas. Apretando su camisa con las manos y pegando bien su rostro con el pecho de Link – L-Lo siento en verdad… te he hecho mucho daño, y no lo niegues… a pesar de lo mucho que también te amo… yo… – Paraba casi dos segundos entre cada palabra al tartamudear.

Link la estrujo aún más, y este también comenzó a sollozar un poco – Tal vez… tal vez lo hiciste cuando recordé lo importante que eras para mí, y saber que estuviste sola – Acarició con cariño su hermoso cabello y beso su frente – Al escuchar tu vos sin reconocerla cuando desperté, tan sólo mi nombre. Y al ver cada momento que pasamos juntos en mis recuerdos. Pero ahora estas presente, y si Hylia me dio la oportunidad de redimirme con Hyrule y contigo, no pienso desaprovechar absolutamente nada.

Cuando termino de hablar, tomó la barbilla de Zelda y la alzó para hacer que sus ojos se toparan. Mientras, de poco a poco, sus labios se estaban juntado. Zelda dio un gran suspiro y se alejó lo suficiente.

-Quiero decirte una cosa, Link – Miro apenada hacia el suelo, mientras sobaba su brazo con nervio – Yo leí tu diario sin tu permiso. Sabía de antemano tus sentimientos, pero no me atrevía a confesar los míos, lo siento.

El joven comenzó a reírse un poco y posteriormente respiro para poder hablar con normalidad – Ya lo sabía – dijo dulcemente acariciándole la mejilla – Aunque yo tenía más miedo que tú – confesó con una mirada tranquila y amable – Tardaste tanto en darme una respuesta, que me daba temor que hubieras dejado de quererme. Pero ahora, nada me hace más feliz que saber que también me amas, aún. Y-Yo también leí tu diario cuando exploraba el castillo.

Zelda también se apeno un poco, ahí encontraba algunas cosas acerca de su amistad con Link, menos mal que era cerrada a escribir su amor por él. Más que nada, por medio a que su padre llegase a saberlo, o alguna de las mucamas cotillas. Después de todo, estaba estrictamente prohibido para un caballero enamorarse

Ambos se miraron mutuamente, sonrieron ligeramente y luego se besaron como si el tiempo pasara más lento de lo habitual. Sus labios se habían encontrado por fin. Descansaron un segundo de aquello y se volvieron a mirar con complicidad.

-Espero ya nunca más perderte – Expresó Link al tiempo que acariciaba el rostro de Zelda, y ella disfrutaba sus cálidas manos rodeándole la sien, las mejillas y la barbilla.

-Ni yo a ti – de igual forma, Zelda acariciaba con sus delicadas manos el rostro de su amado Link.

Ya después de haber hecho aquella escena, una voz familiar se escuchó en la lejanía, como un eco resonando en toda la región.

-Me alegra tanto que por fin haya logrado cumplir su cometido, princesa – Era sin duda, la voz de Mipha –Estoy sumamente feliz de saber que estará a su lado nuevamente y velara por Link tanto como siempre hizo en el castillo…

Zelda se quedó totalmente muda. No podía responderle a esa chica a la que le hizo poco más que lastimarla.

-Link… se muy feliz…

Fue lo último que pudieron escuchar antes de que su voz desapareciera en el aire.

Zelda bajó la mirada, pero Link la alzó nuevamente – Mipha te dio la aprobación – Comentó divertido esperando una sonrisa de Zelda, que llegó pronto – Así que deja de preocuparte.

Link volvió a tomar sus mejillas y a besarla nuevamente, despreocupado, pues al fin tenía a Zelda entre su regazó para velar por ella y protegerla. Más en cambio había un problema. Después de todo, Hyrule necesitaba un reinado y Zelda era el prospecto perfecto para una reina…

Pero un caballero, habiendo hecho sus votos no podía casarse… era una regla y Link la había roto…

¿Continuara…?


Hola. Pues como ven llegó el fin del pequeño Fanfic, aunque tendrá una continuación. No quería hacerla en el mismo porque tiene un argumento distinto, pero con esta historia como un antes.

En fin. Espero que les guste… pronto la subiré. Nos leemos luego y muchas gracias a todos los que leyeron este pequeño fic.