El Potterverso es de Jotaká.


"Innuendo".

Superfluo: No necesario, que está de más.

No masters or kings when the ritual begins
There is no sweeter innocence than our gentle sin
In the madness and soil of that sad earthly scene
Only then I am human
Only then I am clean

― Take me to church (Hozier).

Junio,2012.

Las puertas se abren a su paso. Las personas se aglomeran delante de ella, pero se mueven a cámara lenta. Los flashes de las cámaras explotan en su cara, las preguntas se le pegan al cuerpo, pero no llegan hasta sus oídos. Avanza tapándose la cara con el pelo, oculta tras unas oscuras gafas de sol, pero se siente desnuda antes de ellos. Como si las cegadoras luces que disparan sus cámaras pudieran reflejar cómo se siente en realidad.

―¡Señora Malfoy, ¿qué puede decirnos de las declaraciones de su marido?!

―... se estima que el tribunal podría condenarle a doce años...

―¿Cómo se siente tras las duras acusaciones, señora Ma...?

―¿...oferta de la fiscalía?

―¿Cómo se encuentra su hijo?

¿Su hijo?

Agarrado a su mano, Scorpius parece no escuchar ni ver nada de lo que ocurre a su al rededor. Desde que nació la prensa parece vivir a las puertas de su casa, siempre ha estado acostumbrado a ser el centro de atención, algo que su madre a penas soporta. Es un niño encantador que ha protagonizado fotos preciosas en artículos ridículo. "El heredero Malfoy: probablemente el bebé mejor vestido de Inglaterra" leyó una vez en la portada de Corazón de Bruja. Una columna enteramente dedicada a cómo Hermione elige primorosamente la ropa de su hijo y el exquisito gusto del que hace gala al combinarlo, en eventos importantes, con la ropa de su marido.

―No voy a hacer declaraciones.

Lo susurra para sí, pero está segura de que la han escuchado perfectamente, parece que tienen un oído sobredesarrollado para sus palabras. Todo lo que dice pasa por sus microscopios. Cada ínfimo detalle de sí misma es analizado y estudiado, pero no la conocen de nada y muestran una imagen de ella que han vendido al mejor postor.

Hace años que no se encuentra ni reconoce, su trabajo se ha convertido en su refugio. A veces piensa que ni si quera existe. La persona que era ya no existe, y no conoce a la persona que pretende ser. Sólo su hijo sabe quién es Hermione Granger. O Malfoy... Ahora es "Mami". "Madre" en caso de estar en un acto oficial, pero sin duda, de todas las cosas que conlleva "ser" ella, esa es su preferida.

Hermione abre la puerta del coche y deja que su hijo entre. Se asegura de que se abrocha correctamente el cinturón y camina hacia la parte delantera. Los periodistas se arremolinan nuevamente a su al rededor, bombardeándola con un sinfín de preguntas. A penas puede entender ni ver lo que tiene delante, así que se detiene y suspira airadamente.

―No voy a hacer declaraciones, no pierdan su tiempo. Tengo que llevar a mi hijo al colegio, por favor, déjenme pasar.

―Señora Malfoy, ¿cómo se encuentra Scorpius? ¿Ha sufrido secuelas?

―¿Ha preguntado por su padre?

―¿Sabe lo que está ocurriendo?

―¿Y ustedes? ― pregunta la bruja más brillante de su generación quitándose las gafas de sol ―. ¿Saben ustedes qué está ocurriendo?

Todos se quedan en silencio pero las cámaras siguen disparando flashes cegadores. Se coloca las gafas sobre la cabeza a modo de diadema, despejando su cara. Se ha maquillado ligeramente para dar la ilusión de que se mantiene entera, no le avergüenza mostrar la cara, pero habría preferido no hacerlo porque sabe que ahora se dedicarán a analizar todas sus expresiones, sus facciones tirantes, sus ojos muertos.

―No pienso declarar nada sobre el caso de mi marido. Se demostrará la verdad.

―¿¡Cuál es la verdad!? ― parecen chillar todos abalanzándose sobre ella, vuelaplumas escribiendo frenéticamente mientras la incordian con más preguntas.

Hermione los ignora, se mete en el coche y arranca. Después de centenares de veces viéndola conducir, los periodistas magos ya saben que tienen que apartarse de su camino. Le abren paso a medida que se acerca a la verja que separa Malfoy Mannor del resto del mundo. Tiene que asegurarse de que no puedan volver a pasar y reforzar los hechizos. Igual debería hacer como Ginny, contratar seguridad...

―¿Vamos al cole, Mami?

―No, cielo. Nos vamos a casa de la tía Gin, ¿te apetece? Seguro que hay tarta de arándanos.

―¿Estará Papi allí?

―No.

―¿Cuando va a volver? Hace mucho que no viene.

La mujer se muerde los labios mientras toma todo el aire que le permiten sus pulmones. Mantiene la vista fija en la carretera, trata de no acelerar demasiado y se convence de que puede mantener la calma. Hace tres días que se llevaron a Draco, pero parece que hayan sido tres mil años.

―Volverá pronto, cariño.

Scorpius hace muchas preguntas, está en esa edad en la que todo te despierta una curiosidad casi extenuante. ¿Por qué es el cielo azul? ¿Por que la hierba es verde? ¿Para qué sirven las olas del mar? ¿Qué voy a ser cuando sea mayor? ¿Por qué las fresas se llaman fresas? ¿Cuando voy a tener un hermanito? ¿Qué significa estar enamorado?

Siempre quiere saberlo todo. El paradero de su padre no es una excepción. Pero no sabe cómo explicarle al niño que su padre ha sido víctima de una trampa y, además, una injusticia. ¿Cómo le explica lo que es una injusticia? Lo más injusto que le ha pasado nunca a Scorpius es haber recibido un trozo de pastel más pequeño que el de Mallory. No quiere que entienda que las injusticias, cuanto más mayor eres, más dolorosas y peligrosas son.

La calle donde viven Ginny y Blaise está a tan sólo diez minutos de su casa, pero ahora no pueden ir a ninguna parte andando, siempre deben usar el coche o desaparecerse. Hermione odia emplear magia para desplazarse con Scorpius a menos que sea estrictamente necesario, y aunque usar el coche es un gasto de gasolina totalmente superfluo, la hace sentir controladora de la situación. Maneja el coche: maneja el camino.

La verja es alta y se extiende por todo el lateral de la finca, custodiada por dos hombres trajeados, quietos como estatuas. Baja la ventanilla lo suficiente como para que puedan verla con facilidad y da los buenos días con una sonrisa forzada.

―Buenos días, señora Malfoy.

El hombre se inclina levemente para inspeccionar el interior del vehículo muggle y comprobar cuántas personas se encuentran en su interior. Mueve la varita y deja que la reja se abra lo suficiente como para que Hermione pueda maniobrar fácilmente con su armatoste. La bruja da las gracias y prosigue su camino hasta la puerta principal de la enorme casa victoriana. Aparca en un lateral, el ruido de la gravilla bajo las ruedas la hace pensar en huesos rotos. Ginny espera pacientemente en la puerta, sentada en la escalinata de piedra blanca. Scorpius se desabrocha el cinturón y corre hasta la mujer para abrazarla.

―¡Hola, tesoro!

Ginny le revuelve el pelo al niño y le deja marcados un par de besos en la frente antes de dejarlo marchar hacia el interior, seguramente en busca de Mallory.

―¿Cómo te encuentras?

Hermione se encoge de hombros y vuelve a colocarse las gafas de sol delante de los ojos a pesar de estar oculta del sol en el porche. Ayuda a su mejor amiga a levantarse, el peso de su enorme barriga le impide maniobrar correctamente.

―Estoy harta de estar tan gorda...

―Tú era la que quería otro bebé, Gin.

―Y ahora mismo me arrepiento...

Caminan al interior de la casa, directamente hacia la cocina. Una elfina calienta una cafetera italiana mientras otra guarda la compra en la nevera. Hermione no puede evitar reírse internamente al ver cuán muggles se vuelven los magos día tras día. En su casa, Malfoy Mannor, ahora hay microondas, nevera, televisión y hasta modernizado la mansión de los horrores puristas hasta integrar electrodomésticos. La casa de los Zabinni no es excepción. Después de la guerra la obsesión por los inventos muggles se hizo viral, un intento de la sociedad por demostrar que el odio hacia los seres no mágicos era cosa del pasado. Mantener el secreto no significa que no puedan mezclarse entre ellos. Scorpius va a una escuela muggle, aprende cosas básicas e interactúa con otros niños que pueden aportarle otros valores además de los de su entorno más cercano. A Draco le costó mucho convencerla para que viera que era lo más sensato, pero era tan sobreprotectora con su pequeño...

―Señora, no olvide sus vitaminas. Aquí le he dejado el correo.

―Gracias, Tif.

La elfina hace una reverencia muy pronunciada y se desaparecce al segundo siguiente. Ginny se mete unas cuantas pastillas de colores en la boca y las traga todas con un sorbo de zumo de calabaza. Observa por encima los sobres, casi todos destinados a su marido, y agarra El Profeta con mano crispada.

LA VÍCTIMA DE MALFOY: UN HOMBRE DE FAMILIA.

―Esto tiene que parar...

―No lo harán. Va a pasar igual que cuando se destapó que nos habíamos casado. Van a montar una historial dantesca, van a entrevistar a gente que no tiene nada que ver con nosotros. Y luego nos colgarán. Han tardado mucho, llevamos la soga al cuello desde que nos colocaron en su puto pedestal...

―Diría que la lleváis desde Mayo de 1998.

Mayo del 98, el fin de una cruenta guerra. Ocho años después, en una soleada mañana del mismo mes en que su vida terminó se inició su matrimonio con Draco Malfoy. Joder, qué felices eran... Una mansión entera para disfrutar del silencio, un jardín inmenso para poder hacer yoga, leer o disfrutar de las pocas horas de sol al año en Inglaterra. Más tarde, el lugar perfecto para que Scorpius corriese y practicase su destreza sobre su primera escoba...

―Estaban en la puerta de mi casa esta mañana.

―Buitres... ¿Has dicho algo?

―Nada que pueda servirles. Seguro que estarán ahí cuando regresemos.

―¿Quieres quedarte? Hay montones de habitaciones libres, Mione. Sabes que no sois una molestia.

Hermione sacude la cabeza y acepta la taza de café que le ofrece otra elfina. Negro como el alquitrán, tal y como le gusta a su marido. Seguro que ahora mismo se muere por un sorbo. Sorbo de café, sorbo de libertad, sorbo de calor...

―No soporto la idea de que lo tengan encerrado allí...

―Azkaban ha cambiado desde sus tiempos oscuros, Herms. Draco estará bien. Encerrado, sí, pero sin Dementores que quieran quitarle el alma.

―Estoy segura de que la comida le da asco y no está comiendo nada. Niñato consentido...

Lo dice con una sonrisa torcida, tierna. Siempre ha odiado que su marido sea tan delicado para la comida, pero en el fondo es de sus rasgos más divertidos.

―¿Vas a ir a verlo?

―El abogado está intentando conseguir un permiso de visitas conyugales. Al menos para que podamos vernos antes del juicio.

―¿Entonces es en serio? ¿Va a haber un juicio?

―Lo han acusado de asesinato, después de todo.

―¡Fue en defensa propia!

Unos pasos rápidos resonando por el pasillo las interrumpen. Las risas infantiles y los gritos agudos se sobreponen unos sobre otros hasta que un par de cabecitas se asoman por un lado de la puerta que da hacia el comedor.

―¿Podemos tener galletas?

―Sólo si me las pides como es debido, Mallory.

La niña, de tez oscura y largo cabello negro, se balancea sobre sus pies, mirando hacia el techo con aire ensimismado.

―¿Puedo tener unas galletas para Scorpius y para mí?

Alarga las vocales innecesariamente, empleando un tono hastiado, pero su sonrisa es enorme. Tiene los dientes blancos y pequeños, pero ligeramente torcidos en la parte delantera. Hermione ya le ha hablado a Ginny de los aparatos muggles y que sus padres, siendo dentistas, podrían colocárselos sin ningún problema. Pero Ginny se niega a aceptar que su hija no va a tener dientes tan perfectos como los suyos o los de Blaise.

Ginevra mueve la varita y deja que unas cuantas galletas salgan de su escondrijo para colocarlas en un plato y entregárselo a su hija.

―Tened cuidado. Y cuando terminéis traedlo a la cocina, no quiero que Tif o ningún otro elfo tenga que traer más cacharros a la cocina, no les pago para que recojan el desorden.

Los niños asienten y vuelven a marcharse a toda prisa hacia el salón para seguir viendo películas.

―¿Cómo está Blaise?

―Enfadado, pero se mantiene optimista. Sabemos la verdad, y estoy convencida que durante el juicio todo se esclarecerá. Lo que me molesta es que tenga que haber un juicio, Herms. Con vuestras declaraciones y las de Scorp debería de ser suficiente.

―No había testigos.

―Pero sí que han usado Veritaserum.

Es cierto, emplearon la poción de la verdad con su marido. Pero ni con eso, ni con los recuerdos de ambos en un pensadero, ha sido suficiente para demostrar la veracidad de sus palabras. Nadie entiende por que usó la maldición asesina.

―Habían lanzado un Crucio.

―Me sorprende que tu hijo no tenga secuelas.

―Tiene pesadillas, a veces moja la cama o viene a dormir con nosotros. Pero todo fue tan rápido que a penas sabe por qué tiene miedo.

La pelirroja le agarra la mano y la mira a los ojos. Su sonrisa es tenue, pero sincera y cálida..

―Lo sacaremos de ahí, te lo prometo.

Mayo, 2006.

Despertar abrazados es algo a o que se han acostumbrado, pero convivir las veinticuatro horas del día es algo nuevo. Ahora hay que tener cuidado con la intimidad del otro, hay que asegurarse de que avisas de que vas a ducharte para que no te pillen con las bragas por los tobillos. Un sin fín de cosas que, en realidad, una no debería plantearse después de casarse.

Hermione no piensa que su matrimonio sea un error, y tampoco cree que se vayan a arrepentir. Simplemente tienen que acostumbrarse. A penas han pasado unos días desde que firmaron los papeles pero ya empieza a haber rumores.

Los han visto salir juntos de una tienda de comestibles, hace varios días que nadie la ve regresar a su apartamento después del trabajo. Se siente constantemente vigilada, incluso por sus propios compañeros de trabajo. Empieza a pensar que debió seguir el consejo de Luna y marcharse al mundo muggle cuando tuvo la oportunidad. Podría tener una vida normal, apartada. Pero no, le pudo el sentido del deber. No podía negar su parte mágica, pero en el proceso se ha perdido por completo.

―¿Qué quieres hacer hoy?

La luz del sol se desparrama por el solarium y acaricia su piel, despertando luces y sombras nuevas sobre su cuerpo, llenando su cabello de una tonalidad dorada que no recordaba.

―Siempre pienso que tu cabello es como la plata. Es tan rubio que se me olvida que debe ser amarillo.

―¿Amarillo? No soy como esa gente que se tiñe de rubio pollo, no describas el rubio con un color tan horrendo.

―Te encanta el amarillo, Draco.

Él da un manotazo al aire como si así pudiera convertir sus palabras en humo. Se recoloca las gafas de lectura sobre el puente de la nariz y fija de nuevo su atención en el periódico. ¿Quién le iba a decir que Draco Malfoy usa gafas? Durante su época de estudiante se negó a aceptar que no veía bien la pizarra y ahora le es imposible seguir ocultándolo. No las lleva todo lo que debería, pero ha descubierto las lentillas y le sirven de tapadera siempre que es necesario. Sorprendente que pudiera ser buscador en el equipo Slytherin y que ganase unos cuantos partidos pese a ser miope.

―¿Y si tenemos una cita?

La mira por encima del periódico con ojos inquisidores, una ceja levantada demuestra que tiene su completa e irrevocable atención.

―Vayamos al Londres muggle. Podríamos ir al cine y luego irnos a cenar a alguna parte.

―Suena bien, me gusta.

La sonrisa de Hermione amenaza con desgarrarle los labios. Se levanta de un salto y se sienta en el regazo de su marido. Planta sus labios sobre los de él sin pensarlo, simplemente se deja llevar. Cuando se da cuenta de lo que ha hecho trata de apartarse, avergonzada por su muestra de afecto, pero él la retiene suavemente.

―No debería avergonzarte besar a tu marido.

Sonríe levemente para demostrarle que no le ha molestado. Ella se sonroja todavía más y se ríe un poco pero esta vez la deja marchar. Observa cómo se va hacia las escaleras, dejando su desayuno prácticamente intacto.

Hermione Granger. Bueno, Malfoy, porque ha aceptado su apellido. Esta seguro de que los medios seguirán refiriéndose a ella como Granger cuando se enteren (o comiencen a tener cada vez mayores sospechas) de que se han casado, pero para él, irremediablemente, siempre será la chica sabelotodo.

No pensaba encontrar a una amiga en ella, pero resultó serlo. Y tampoco habría imaginado jamás que su matrimonio sería con ella y bajo estas circunstancias. Astoria tenía que casarse con él, pero no estaba preparada. No estaba dispuesta. Joder, le dio un discurso tremendo sobre "queremos cambiar el mundo así que no deberíamos promover actitudes viejas y paternopatriarcales como casarnos porque nuestros padres lo acordaron en su momento". Desbarajustó todo lo que tenía planeado y se encontró con que iba a tener que vivir de la forma más aterradora posible: improvisando.

Se topó con ella en ese momento. Inteligente, divertida, melancólica, efectiva, seria y tremendamente eficiente en su trabajo. Todo el mundo en su departamento hablaba de ella como se habla de una reina, pero era única y exclusivamente por quién era. "No se puede esperar otra cosa, es Granger", "Estamos hablando de una heroína, nos salvó a todos", "Ella es quien guió a Potter durante las dificultades". ¿Dónde quedaba su esfuerzo, su tenacidad? Todos daban por hecho que era buena en su trabajo porque era ella, pero nadie parecía tener en cuenta las horas extras que invertía en sus investigaciones. Era como si, a pesar de que la luz del despacho estaba encendida, diesen por hecho que ella no estaba dentro.

La primera vez que trabajó con ella se dio cuenta de lo altamente organizada que es. Y que tiene una letra preciosa. Comprendió que se quita los zapatos para estar más cómoda pero que los mantiene cerca para ponérselos en un segundo en caso de tener que levantarse para recibir a alguien. Guarda una bolsa de golosinas para lechuzas en un cajón y le da una a absolutamente todas las que le traen el correo. Su mesa esta despejada, organizada, dando una sensación de brazos abiertos cuando te sientas frente a ella. Como si no quisiera una barrera entre ella y los demás. Le hizo pensar que quizás se moría por que alguien quisiera conocerla.

Y a medida que la fue conociendo tuvo que admitirse que era de las personas más positivas y buenas y que no podía perder su amistad por nada del mundo. Dormir con ella fue un proceso natural, nunca se planteó por qué lo hacían y qué significaba. La tenía al alcance de sus dedos, bajo las sábanas, a pocos centímetros. Una mujer, una persona, dispuesta a compartir un momento íntimo y vulnerable a su lado. Se sentía incapaz de traicionarla, aunque fue viéndola dormir que se dio cuenta de que es guapísima.

―¿Qué película deberíamos ver?

Sale de su ensimismamiento y sacude la cabeza. Hermione ha vuelto, esta vez sin su bata de seda, dejando que el sol le caliente los hombros desnudos. No puede evitar mirar el delicado escote durante un segundo. Se vuelve a sentir como un adolescente.

―Te toca elegir a ti. Pero espero que no me vuelvas a torturar, no quiero tener que ver otra de esas ridículas películas de amor.

Ella rueda los ojos y se dispone a responder en el preciso instante en el que llega el correo. Tres cartas de Gringotts, una nota de Daphne Greengrass y otra de Ginny. Cada uno se afana en abrir su correo tranquilamente, pero la carta de su mejor amiga resulta ser un sobre rojo dentro de un sobre blanco...

―Oh mierda, lo ha escondido para que lo abra sin sospechar...

―¡Hermione Granger! ― vocifera el vociferador a la altura de su cara ―. ¿¡Me puedes explicar por qué un montón de periodistas me han estado preguntando hoy si es cierto que te has casado con Draco Malfoy!? ¡Espero que tengas una buena explicación a la cantidad de fotografías que me han estado colocando bajo la nariz para demostrar sus acusaciones! ¡Y digo acusaciones porque parecen muy cabreados por no haber podido hacer un reportaje sobre el enlace, aunque no será nada comparado con mi cabreo si resulta que te has casado sin decirme nada!

El vociferador regresa a su aspecto normal y cae sobre la mesa. La bruja se lleva una mano a la cabeza y bufa su frutración.

―Te dije que acabarían enterándose.

―Tú eres la que no quiso decírselo ni a nuestro entorno más cercano. Ayer vino mi madre de visita mientras estabas trabajando y me estuvo incordiando durante horas sobre asentar la cabeza y casarme de una vez. Me parece increíble que no se diera cuenta de la cantidad de cosas tuyas que había regadas por toda la casa.

―Tu madre se fija en las cosas cuando le da la gana.

Draco no puede negarlo, es absolutamente cierto.

―Mira, acabaran encontrándonos aunque vayamos al Londres muggle. Tarde o temprano se sabrá, saldremos en las portadas de todas las revistas. Hemos podido disfrutar de unas semanas de auténtica libertad, la mejor forma de iniciarnos en esto.

La agarra de la mano con suavidad y sonríe cuando ella se vuelve a sonrojar. Merlín, es tan humana.

―Salgamos a disfrutar, dejemos que se maten tratando de conseguir exclusivas.

Su carcajada es tan aguda e histérica que casi parece fingida, pero así se ríe ella cuando algo le hace tremenda gracia. Risa aguda, descontrolada, que hace que a veces la miren desconcertados porque no es la risa propia de una mujer de su calibre. Le encanta la Hermione sencilla y natural que no se tapa la boca cuando tiene que reír.

Esa tarde un fotógrafo mágico les hace una foto a escondidas en el preciso momento en que Draco le besa la frente. Es un gesto sencillo, casual, algo a lo que se están acostumbrando. Se dejan llevar, se permiten demostrarse afecto poco a poco, dentro de sus límites. Es un gesto tierno, robado por la cámara, y a Hermione le hiere en el alma que todos puedan ver algo tan íntimo en las portadas de Corazón de bruja, pero ya no lo puede detener. Ahora, ser la pareja de Malfoy, más tarde su mujer, es una nueva parte de sí misma.

Pronto se referirán a ella como "La mujer del empresario" o "La bella esposa de Draco Malfoy". Como si relacionarse con él la despojase de su nombre. Reducida a una simple acompañante, un trofeo. Primero, de sus amigos ("La mejor amiga de Harry Potter"), ahora el de su marido. Como si fuese simplemente un apéndice.

―Señorita Granger, ¿qué puede decirnos de las recientes fotografías que se han publicado? ¿Podemos afirmar una relación?

―Esta es una rueda de prensa para tratar la votación en el Parlamento Mágico, señorita ― le dice Hermione por toda respuesta ―. No pienso responder ninguna pregunta sobre mi vida privada cuando estoy aquí para hablar de mi trabajo.

A pesar de sus contundentes palabras las preguntas vuelven a formularse. Le preguntan cuánto tiempo llevan ocultándolo, si se ha mudado con él. Prácticamente nada relacionado con lo que acaba de decir sobre la nueva ley de protección de datos mágicos. No la ven a ella, ni si quiera ya en su trabajo. Sólo a una mujer a la que atosigar sobre preguntas ridículas.

Al subirse al ascensor para regresar a su despacho se apoya en la pared del fondo, agotada. Se promete que lo primero que va a hacer va a ser quitarse estos horribles tacones y concederse unos minutos de relax para volver a centrarse. Pero unos murmullos a su derecha la distraen. Abre un ojo perezosamente para encontrarse con lo peor de mundo: dos mujeres cuchichean detrás del último número de una revista de cotilleos. La portada: Draco besando su frente innumerables veces. Una y otra vez. Y otra. Y otra. La imagen en blanco y negro se hace interminable, pero no resulta monótona. Es algo tan tierno y casto que podría pasar por un beso fraternal. Pero ella se sintió tan querida y tan humanizada en ese momento... Y su preciada intimidad ha sido robada. Mancillada. Su recuerdo se viola con malinterpretaciones y teorías. ¿Cómo van a entender lo que representa? ¿Qué pueden deducir de esto...?

―¿Qué pasa? ¿Nunca os ha besado vuestro marido?

Las dos mujeres la miran estupefactas mientras sale del ascensor.


Adoro a esta Hermione. Una mujer reducida a un mero objeto luchando por reencontrarse a sí misma. Va a haber continuos saltos en el tiempo: de 2012 (el presente, el año en el que Draco es detenido) a 2006 (el año en el que se casan). Constantes recuerdos de cómo su relación ha ido evolucionando hasta llegar a 2012 y cómo se han ido desarrollando como matrimonio. Scorpius hace su aparición estelar con Mallory, la hija de Ginny y Blaise. Ojalá supiera dibujar para enseñaros cómo me os imagino a todos. Quizás lo intente y lo incluya n la pagina de FB, pero si alguien se siente inspirada por este fic que no dude en deleitarnos con su visión de mis personajes.

Podría haceros capítulos enteros describiendo detalles absurdos sobre cada personaje y cómo lo imagino en esta historia JAJAJAJA. Draco y Hermione, pocas semanas después de casarse ya van avanzando. El roce hace el cariño solemos decir, y ellos no son la excepción. Me gusta pensar que se llevan queriendo mucho tiempo, pero que por respeto y miedo no se han atrevido a hacer nada. ¿Por qué sino iba a él a pedirle matrimonio? ¿Por qué aceptaría ella? Algo de amo, aunque no estén preparados para decirlo, sí que hay. Dejemos que aprendan a comunicarse.

Ya sé que no he esclarecido prácticamente nada, pero ahora mismo es esencial dejar clara la postura de Herms: está sola, se enfrenta a unos medios de comunicación que aborrece y que la ningunean y su casa se ha convertido en una cárcel de la que se muere por escapar, aunque sea para ir a casa de Ginny. En el siguiente capítulo podremos ver a Draco después del incidente y los preparativos para el juicio. También veremos la exposición mediática a la que se verán enfrentados todos los Slytherin y el entorno cercano al matrimonio, incluidos Narcissa y Lucius.

Muchas gracias a todas las personitas que se han unido a esta nueva aventura. Aprecio infinitamente los reviews y las alertas, cuando tenga algo de tiempo me pararé a contestar los reviews que no he podido responder todavía. Gracias por vuestra paciencia y apoyo, os quiero.

Miss Mante.