El Potterverso es de Jotaká.
WARNING: sexo explícito.
"Innuendo"
Inefable: Algo tan increíble que no puede ser expresado con palabras.
As the smoke clears, I awaken
And untangle you from me
Would it make you, feel better
To watch me while I bleed?
All my windows still are broken
But I'm standing on my feet
―Skyscraper (Demi Lovato).
Diciembre, 2000.
Es la primera Navidad que pasa con la familia de Herms. Una familia mucho más amplia de lo que esperaba, pues no sólo tiene en cuenta a sus padres (reaparecidos hace un año y medio) sino también a una amplia variedad de tíos y primos.
Ronald, a pesar de tener una de las familias más grandes de todo el país, se siente abrumado por tantas voces tratando de llamar su atención. Hermione le ha prohibido mencionar Hogwarts o cualquier cosa relacionada con el mundo mágico, recalcándole que se han conocido en la universidad durante un curso de economía.
Por qué Hermione ha elegido una asignatura que no cursaría ni aunque le pagaran, eso no lo sabe, pero decide seguir su juego, más que nada porque no hacerlo supondría una violación del decreto del secreto y no le apetece ir a juicio.
Su novia habla con una anciana en la esquina de la mesa (le grita) mientras trata de mantener a ralla al pequeño de unos dos años que intenta hacerse con una copa de champán olvidada sobre la mesa. Han pasado muchas cosas durante esta noche, pero la que más le ha llamado la atención es el silencio de una joven en concreto.
Tiene el pelo largo y negro y un gorro de colores embutido hasta las cejas rectas. Sus ojos son de un intenso azul y tiene una expresión de hastío torciéndole los labios. A penas ha probado bocado o emitido palabra, pero cuando Herms vuelve a sentarse con él, justo en frente de la joven, su expresión cambia radicalmente. Sólo es un leve cambio en sus labios, pero el brillo de sus ojos resplandece de nuevo y Ron se siente repentinamente contrariado por estar mirándola tanto.
―¿Cómo te ha ido el primer año en la uni, Nicole?
Nicole se dispone a contestar, pero alguien la interrumpe.
―Nicholas, ¿quieres postre? Nicholas, te estoy hablando.
―Es Nicole ― respondel a chica levando los ojos al cielo ―. No es tan difícil de recordar.
―Para mí siempre vas a ser Nicholas. Digas lo que digas. Hemos estado diecinueve años llamándote así y nunca te has quejado, ahora resulta que quieres cambiarte el nombre.
La joven se levanta y sale hacia la cocina, seguramente en dirección al jardín. Hermione frunce el ceño y se cruza de brazos.
―Es Nicole. Queramos o no. Es decisión suya, es quien es y debemos respetarlo.
―No sé de dónde se saca ahora que es una mujer ― prosigue la mujer, Ron cree recordar que es la mujer del hermano del padre de Hermione ―. Si quiere ser gay me parece estupendo, pero decir que es una mujer para justificarlo...
Hermione se levanta y tira la servilleta sobre la mesa. Se hace un silencio a penas interrumpido por el sonido del fuego crepitando en la chimenea. Ron la mira desde su asiento con los ojos tremendamente abiertos, sin saber que hacer.
―Tu hija es trans, tía Mary. Transexual. Deberías investigar sobre el tema o al menos tratar de entender quién es sin necesidad de ser tan estúpida.
―¡Hermione! ― exclama la señora Granger, coreada por un montón de exclamaciones de sorpresa ―. ¡Discúlpate ahora mismo!
―No lo haré hasta que decida respetar a Nicole.
Junio, 2012.
Abre la puerta sin llamar, por eso tiene una llave extra. El suelo de madera reluce, recién fregado. Hermione se quita los zapatos, como dicta la norma, y anuncia su llegada.
―¿Nicole?
―¡En el salón!
Justo cuando está a punto de cruzar el umbral de la sala de estar una rata se cruza en su camino. En otros tiempos habría chillado y huido despavorida, pero ya se ha acostumbrado a ver las mascotas de su prima correteando por la casa.
La encuentra suspendida en el aire, haciendo otra de sus sesiones de yoga acrobático en cintas de tela colgadas del techo que llegan hasta el suelo. Hermione se sienta en el sofá y espera pacientemente. Cuando la morena llega al suelo grácilmente aplaude su admiración.
―Cada vez haces cosas más complicadas.
―Esa es la meta, superarse.
Ambas primas se dirigen a la cocina para hacer té. Nicole se suelta en largo pelo azabache mientras espera que el agua se caliente.
―Ron me ha contado lo que ha pasado. ¿Es tan grave como parece?
―Seguro que ha intentado hacerlo más suave para que no te preocupes.
―Me gustaría poder ser de ayuda, pero dudo que una persona no mágica pueda hacer demasiado en estos casos.
―No te preocupes ― encoge los hombros y coge uno de los muffins de arándanos sobre la encimera ― Aunque fueses bruja tampoco podrías hacer demasiado. Fíjate, soy una de las brujas más famosas y no puedo hacer nada por él, aunque sea mi marido.
―No quiero decirte que esto terminará pronto y bien.
―Tampoco te creería, sinceramente.
Ambas comen en silencio esperando el silbido de la tetera. Hermione nunca se cansará de visitar a su prima Nicole, es de los mejores momentos de la semana. Son tan sumamente distintas pero a la vez tan parecidas que no puede imaginar a nadie más adecuado para consolarla o escucharla. Es la única persona de su familia, además de sus padres, que saben sobre su sangre mágica y todo porque le dijo el "sí quiero" a Ronald.
Un estallido verde ilumina un lado de la cocina.
―¡Nena, he vuelto!
―¡Cocina!
Ron aparece llevando su capa de auror sobre el hombro. Sobre su cabeza tiene una de las ratas mascota y en el brazo otras dos.
―Herms, no sabía que estarías aquí. ¿Qué hay?
―Tenía que hablar contigo.
Ron asiente y toma asiento junto a su mujer. Las ratas bajan a toda prisa para recorrer la encimera hasta el cuenco donde tienen su comida. Nicole sirve una taza de té para cada uno y abandona la habitación, dejándoles algo de intimidad.
―¿Cómo van las cosas por casa de tus padres?
―Tan ajetreado como siempre. Creo que esta noche se quedan con Mallory, Roxanne y Victoire.
―Tu padre no va a dar a basto con tanta nieta que mimar.
―Ahí está mi madre para vigilar que no se pasa demasiado. ¿Cómo estás tú?
Hermione gira la taza entre sus manos. Está demasiado caliente para darle un mísero sorbo, es bastante difícil sostenerla cuando la porcelana esta ardiendo de esta forma, pero no la suelta ni un ápice. Se aferra a este calor casi insoportable, buscando valor y fuerza para hacer las preguntas necesarias.
―Necesito verle.
―Ya lo han trasladado a Azkaban, Mione.
―Por favor, Ronald, tú estabas allí. Algo tiene que haber dentro de tus posibilidades. No te estoy pidiendo que lo sueltes, sólo quiero verle.
Ron se pasa una mano por el pelo desordenado y suspira pesadamente. Sabe que le está pidiendo demasiado y que sólo tiene el rango de Capitán, pero espera que pueda convencer a sus superiores para dejarla visitar a Draco. Los intentos de su abogado han sido inservibles, de repente ser heroína de guerra no sirve de nada, es lo que tiene apellidarse Malfoy.
―No puedo prometerte nada, pero lo intentaré. No te voy a mentir, las cosas se le han puesto muy difíciles.
―¿Le han...?
El silencio de Ron y las excusas en sus ojos son más que suficientes. Hermione tira la taza de té al otro lado de la cocina. En el proceso el agua le cae sobre la mano, pero no puede sentir el dolor de la quemadura, es demasiado leve comparado con el inmenso dolor que siente sabiendo que su marido ha sufrido represalias.
―¡Han pasado catorce años! ¡Y no ha hecho otra cosa que mejorar las vidas de todos aquellos que pudieran guardarle rencor, la nuestra incluida! ¿¡Quien os consiguió los papeles para que pudiérais casaros!?
―Draco.
Ronald saca la varita y con un sólo movimiento logra restaurar la taza que ha estallado contra la pared.
―Pon la mano bajo el grifo, Herms.
La bruja le hace caso, como si estuviera en piloto automático. Un par de gruesas lágrimas le recorren las mejillas, pero trata de taparlo con el pelo. Qué curiosa es la postguerra que ha convertido a alguien tan impulsivo como Ron en una persona calmada y a ella le ha destrozado la paciencia y el control.
Nicole se asoma por el marco de la cocina, su expresión tranquila pero su mandíbula apretada. Ron sólo asiente con una sonrisa de disculpa y ella vuelve a marcharse. Hermione suspira pesadamente y se lleva una mano a la boca para tapar el sollozo que amenaza con partirle la garganta. No ha llorado en todo este tiempo, tiene que mantenerse fuerte por su hijo y su marido. No tiene tiempo para sentirse mal, tiene que encontrar una solucion.
―Haré lo posible para que puedas ir a verlo, pero no puedo prometerte nada.
―Sé que no todo está dentro de tus capacidades ― le contesta ella entre dientes ―. Sólo necesito verle, ver cómo está. Seguro que quiere saber noticias de Scorpius. El niño pregunta mucho por él.
El pelirrojo se acerca y la abraza con fuerza. Hermione deja caer su cabeza en el hombro de su mejor amigo y fija los ojos en el techo.
―Estoy cansada. Debería haberme largado después de la guerra. Dejaros mi dirección en cualquier otra parte del mundo, hacer reuniones dos veces al año. Desaparecer del mundo mágico.
―Has hecho cosas demasiado buenas por nuestro mundo, y no hablo de ganar la guerra. Herms, sin ti muchas de las cosas que hemos conseguido ni si quiera se habrían pensado.
Ella sacude la cabeza, se aparta, coge su bolso y se dirige a la puerta.
―Tengo que terminar de firmar unos papeles para mañana. Avísame con lo que tengas, por favor. Dile a Nicole que la esperamos el sábado en el sitio de siempre.
Se marcha sin esperar una respuesta, se siente demasiado drenada. Se refugia en su coche, sintoniza la radio. Espera que la animada canción le devuelva un poco de alegría, unas pocas ganas de sonreír, pero parece que las notas no la alcanzan. Se deja ir, casi a la deriva, mirando fijamente el jardín frente al que se ha aparcado. Piensa en el parque, en esa tarde tranquila que pensaban pasa todos juntos en familia. Llevaban días sin hablarse, habían discutido por trabajo. Así que Draco le dijo: "Vayamos al parque. Pasemos un día en familia". Cosas así le recordaban que ya no eran los mismos, que la vida los había hecho crecer, que su hijo era más importante que sus broncas. Esa tarde recordó por qué mereció la pena casarse con él. Esa tarde atacaron a su hijo y su marido lanzó una maldición asesina que, lamentablemente, alcanzó a un transeúnte.
Hermione trata de morder sus sollozos, su ira incontrolable, pero lleva dos semanas tratando de ver a su puto marido, poniéndole excusas de mierda a su hijo, aguantando a esos malditos periodistas que no parecen tener control sobre su puta empatía y ¡¿por qué mierda tenia que ser él?!
―¿¡Por qué!?
Golpea el volante con los puños reiteradas veces, presa de la rabia.
―¿¡Por qué nosotros!? ¡No hicimos nada! ¡No hicimos nada!
El claxon retumba en la calle desierta a penas iluminada por las farolas amarillentas. En una de ellas se ha acumulado una nube de mosquitos y polillas. Los insectos zumban de un lado a otro, siempre encandilados por la luz cálida que emana del foco. Se alejan de la oscuridad, huyen de ella y Hermione querría poder hacer lo mismo pero esta noche eterna en la que lleva viviendo meses la está convirtiendo en un ente de completa confusión.
―¡No hicimos nada!
Chilla con más fuerza, destrozándose la garganta en el proceso. Siente que ahora está rasposa y que le dolerá durante un par de días, pero lo que le duele ahora mismo es el pecho y la fuerza del abrazo de Nicole. Su prima ha abierto la puerta del coche sin pensárselo y la aprieta en un firme abrazo.
―No hicimos nada...
Hermione se deja mecer en los brazos de su prima, ajena al tumulto que ha salido de sus casas para echar un vistazo a lo que ocurría en el exterior. Nicole le acaricia los rizos pero no dice palabra. Nunca dice nada.
Siempre se juntan en casa de Luna. Ginny necesita alejarse de su casa desordenada, a Hermione suele venirle mejor porque le pilla de paso al salir del trabajo, Pansy lo usa de excusa para ver a Theodore cada vez que visita el país, Daphne es su vecina y parece que es la única forma de poder ver a Astoria entre viaje y viaje.
A todas estas mujeres se han unido dos más. Nicole no se creía capaz de congeniar con todas ellas dado que es muggle, pero ha comprendido que muchos de los problemas que las mujeres no mágicas enfrentan a diario también son problemas en el mundo de su marido y su prima. La segunda nueva integrante de este círculo de mujeres es Sarah, la pareja de Luna y Theo.
Hermione se deja caer en el puff junto al ventilador y se quita los zapatos sin miramientos. Hoy, después de mucho tiempo, todas se reúnen. Pansy ha viajado desde Illinois para ofrecer su apoyo a la familia de su mejor amigo y Astoria ha vuelto de Nepal para la ocasión. Nadie quiere decir que están aquí para asegurarse de que Hermione está lidiando con la situación de forma saludable, saben que le molestaría sentirse como una niña vigilada por seis niñeras, algunas de ellas más jóvenes que ella.
Pansy se sacude el cabello corto y descorcha la botella de vino blanco mientras les cuenta los pormenores de su último proyecto. Luna asiente atentamente a cada una de sus palabras mientras acaricia el largo cabello fucsia de su chica. Sarah, de piel color caoba y unas increíbles curvas, contrasta de forma increíble con Luna. Hermione adora ver cómo se tocan, cómo se mezclan. Siempre es maravilloso verlas en contacto, no dejan de hacerlo ni si quiera en presencia de Nott, pero sin duda él es quien más lo disfruta.
―... de todas formas tengo pensado usar la claraboya a mi favor, no todo pueden ser reformas.
―Pensaba que todavía estabas trabajando para ese matrimonio alemán.
―Oh sí, todavía no he acabado con ellos, pero cada vez tengo más trabajo. Potter a penas da a basto con sus clases, con algo tengo que entretenerme, a veces no nos vemos en días.
―Bueno, así no te da tiempo a odiarlo.
Todas se echan a reír a carcajadas, es la cuarta botella que beben, aunque Ginny sólo se limita al "Bitter Kas" parece tan embriagada como sus amigas. Acaricia su estómago hinchado distraídamente mientras Nicole le susurra palabras amorosas al bebé en su interior.
―Siempre me sorprenderá lo mucho que te gusta hablarle al bebé y lo poco que te gustan los niños.
―Tu hermano entiende por qué digo que no a los hijos.
―La verdad es que me sorprende que haya sido tan comprensivo. Siempre quiso una familia enorme.
―Creo que Ron siempre ha sido una persona con fuertes deseos, pero también trata de ser respetuoso ― comenta Luna siguiendo con la mirada una pelusa que flota en el aire ―. De todos, diría que es quien más ha cambiado.
Cambiado.
Es una palabra que emplean muy a menudo, parece perseguirlos allá donde van. Todo el mundo comenta cuánto han cambiado en sus vidas y relaciones, a veces incluso se atreven a comentar los cambios que han hecho en sus cuerpos. Pansy es la única que ha posado para una revista mágica. El titular "La mujer de Harry Potter: de harpía a chica dorada". Pansy estuvo tan cabreada que se dedicó a comprar todos los tomos que encontró y quemarlos sin miramientos. Nunca más volvió a tratar de demostrar que se haía redimido. No quiere ser la mujer de nadie, es su propio concepto de mujer. Tiene su propio nombre, su propia identidad. Exitosa diseñadora de interiores, eso es lo que es. No ha dejado de ser Parkinson, ni si quiera en los papeles oficiales del Ministerio. Potter le pertenece enteramente a Harry, ella no quiere nada de él, ni si quiera su apellido. "Soy heredera de mi propia fortuna" le dijo cuando firmaron el contrato de separación de bienes.
―Hace poco me enteré que mi vecina va a tener un bebé. Han viajado hasta Sudamérica para ello.
Pansy le da un largo sorbo a su copa de tinto, deja sobre el borde del cristal una marca de pintalabios rojo.
―Gastan todo ese dinero para un crío, no lo entiendo...
―Está bien querer adoptar ― dice Hermione hundida en su asiento, los pies sobre las rodillas de Astoria ―, hay muchos niños desamparados en el mundo.
―Si fuese porque han viajado al tercer mundo para adoptar te lo concedería, Granger. Pero han ido a contratar a una mujer como gestante.
―¡Venga ya! ― exclama Astoria, una de sus rastas se escapa del moño sobre su cabeza y tiene que apartarla con un movimiento de cabeza ― ¡Ni si quiera puedo empezar a explicaros lo mal que está la gestación subrogada!
―No hace falta que nos lo expliques, Astoria.
Daphne regresa de la cocina con dos botellas más, detrás de ella flota una bandeja de quesos y aperitivos veganos para Sarah. Luna le agradece el detalle con una sonrisa.
―Todas sabemos lo mal que está y todas estamos en contra ― prosigue la rubia descorchando la nueva botella ―. Tengo entendido que en Estados Unidos es de lo más común.
―No imaginas cuanto ― Pansy le acerca su copa a su mejor amiga para que la rellene nuevamente ―, todas me han dicho que es una buena forma de tener hijos. Me han dicho desde "Es normal que no quieras perder la figura" hasta "no es lo mismo que estar embarazada y vivirlo en tus carnes, pero tener un hijo es increíble".
―¡Eh! ― todas se giran para mirar a Ginny ― ¡Tener hijos es increíble!
―Weasley, te he visto oler la botella de vino.
La pelirroja se cruza de brazos y se pone de morros, pero ninguna le presta más atención. Están acostumbradas a que Ginny trate de convencerse que le encanta estar embarazada cuando lo único que siente son ganas de morirse.
―El caso es que todas asumen que me muero por tener hijos y que me siento miserable por no poder tenerlos. ¿Por qué iba a querer tenerlos cuando estoy de camino al éxito profesional? Mirad lo que pasó con Granger y Draco.
―Merlín, eso fue una pesadilla, ni me lo recuerdes. No llevábamos ni seis meses casados, pero ya teníamos que estar preparándonos para una enorme familia. "Corrompiendo la pureza Malfoy" escribían por todas partes. Cuando adoptamos a Scorpius casi pareció que iban a sacarnos los ojos.
―No hablemos ya de las especulaciones sobre por qué no habéis tenido un hijo "vuestro" ― replica Sarah hundiendo un trozo de zanahoria en el cuenco de hummus marcando bien las comillas en su tono ―. Scorpius es tan vuestro como un hijo concebido por vosotros mismos.
―De este matrimonio se han hecho especulaciones desde el principio.
Hermione suspira y le da un trago a su cerveza. Sí. Desde el principio especularon cómo se conocieron, cómo se enamoraron, cómo se casaron, por qué no tenían un hijo un año después del enlace y, finalmente, qué podría haberlos llevado a querer adoptar su primer hijo en vez de concebirlo ellos mismos. "Hermione Malfoy vista en una clínica muggle de fecundación in vitro". "Hermione Malfoy, ningún abultamiento en su abdomen pese a los rumores de embarazo". "¿Qué está saliendo mal en el matrimonio Malfoy?". Y así durante años, hasta que finalmente, en 2008, apareció en la portada de Corazón de Bruja llevando en brazos a su hijo de unas pocas semanas. Un niño con el que se les veía a todas horas siempre que las cámaras los captaran. ¿Qué no funcionaba en su matrimonio? Nada, todo iba genial. Draco era estéril, simple y llanamente.
―¡Oh, mierda!
Nicole se levanta y corre hacia la entrada. Sus pies descalzos se escuchan retumbar sobre el parqué, paran en seco mientras escuchan los murmullos enfadados de la joven muggle y nuevamente regresa con una carpeta entre las manos.
―Tanto vino me ha dejado distraída. Herms, Ron lo ha conseguido.
―¿Que...?
Nicole saca de la carpeta un pergamino sellado por el jefe de aurores y el propio Kingsley. A penas puede entender lo que ve, pero las palabras clave saltan ante sus ojos con neta claridad.
PERMISO DE VISITA.
Hace años la única forma de llegar a Azkaban era con una escoba. Era necesario sortear el viento, la lluvia y las gigantescas olas para poder llegar a , sólo hace falta coger un traslador. Las paredes de piedra siguen siendo terriblemente negras, el olor de la sal es casi mareante. El viento nunca se detiene y hace que estar de pie en el exterior se convierta en una tarea casi imposible. Aunque los dementores han desaparecido el aire de lugubredad no destiñe los corredores de la prisión. El eco de sus pasos es casi una marcha fúnebre.
La guían hasta una sala húmeda cuya puerta de acero está reforzada por un montón de hechizos de protección. Le requisan la varita, le toman las huellas, la registran tres veces (siente que son más veces de las necesarias y que sin duda los tres autores se toman más tiempo del necesario en cachearle, pero Hermione está demasiado nerviosa y asqueada, prefiere mantenerse estoica), le hablan con condescendencia, sonrisas chulescas estiran sus labios pero sus ojos sólo denotan desprecio. Porque es una mujer poderosa. Porque es la mujer de un mortífago. Porque saben que va a poner el grito en el cielo si no hay nada como debería de estar.
Espera demasiado tiempo a solas en esa habitación mohosa y roñosa, pero espera. Sólo tiene permiso para dos horas semanales y piensa aprovecharlas. Cuando lleva cuarenta minutos esperando la puerta se abre, escucha una orden ladrada de malas maneras y Draco aparece bajo la luz pálida de la bombilla. Mientras le quitan los grilletes no dejan de mirarse a los ojos en completo silencio.
Tiene los labios cortados, una barba descuidada, su cabello está limpio, asume que es porque le han dejado darse una ducha antes de la visita. Su ropa está limpia, lleva zapatos. Está algo más delgado. Tiene un corte casi cicatrizado en una de sus cejas y presiente los últimos vestigios de un moratón en su pómulo izquierdo.
Los aurores se marchan dando un portazo, dejándolos a merced del tiempo.
―¿Cómo está Scorp?
―Pregunta mucho por ti ― le contesta con un nudo en la garganta ―. No le he dicho que iba a verte. Quizás lo traiga la semana que viene.
Draco suspira, se aparta la espesa melena rubia de la frente y la mira de reojo. No sabe en qué piensa, a pesar de que llevan ya unos cuantos años casados, nunca ha sabido comprender qué le pasa por la cabeza. Quizás por eso discuten tanto: él siempre ha podido leerla y él nunca se abre para dejarse entender. Puede que no todo haya cambiado al fin y al cabo...
Hermione no quiere que la vea llorar, no quiere que comprenda cuánto le afecta verlo así, pero está segura de que él lo ve en la rigidez de sus hombros, la evasividad de su mirada. Se estremece cuando sus manos frías le recorren los hombros, tiembla cuando sus dedos se hunden en su nuca. No la va a besar, lo sabe. Draco siempre ha esperado a que sea ella quien dé los pasos a la hora del contacto íntimo después de una discusión. No recuerda si aquella tarde seguían enfadados o si se disculparon antes de la tragedia. No recuerda si estaba todavía enfadada con él, si se dijeron algo hiriente. Pero no le importa ahora.
Le recorre los labios con los suyos en una caricia lenta. Quiere besarlo como se besaban antes: nada de besos castos y fríos, quiere volver a entregarle lo que queda de ella con su boca. Le acaricia los pómulos, cierra los ojos y se deja mecer por sus brazos. Se besan lentamente, y parece que le va a estallar todo en el pecho. La ira, el miedo, la vergüenza, el asco, el terror, la inseguridad, la impotencia. Todo estalla en su pecho hueco cuando él la levanta y la sienta sobre la mesa astillada. Le sube la falda, acaricia las medias de liga con dedos ávidos, ella le tira del pelo, se deja maravillar por lo rasposa que se siente la barba contra su piel.
―Voy a hacértelo aquí. Voy a follarte como debería de haberte follado cada vez que discutíamos.
El gemido de Hermione se atasca, tiene los ojos en blanco cuando Draco la masturba con un par de dedos.
―Ni si quiera te has puesto bragas... ¿Vienes a ver a tu marido encarcelado y sólo quieres follar? ¿O habrías preferido que te follaran ellos mientras te miraba?
―Te quiero a ti... ― susurra, sintiendo su piel ardiendo como una hoguera ―. Lo quiero más fuerte.
La coloca boca abajo, sube la falda por sus caderas y se arrodilla sin mediar palabra. ¿Cuando fue la última vez que le comió el coño? ¿Cuando dejaron de follar como les gusta y pasaron al sexo rápido y aburrido? Perdieron la llama, las ganas, la pasión insoportable que antes les hacía quitarse la ropa en cuanto tenían la ocasión. Hermione se siente morir con cada lamida y mordisco. Adora sentir las manos fuertes de su marido apretando sus muslos pálidos mientras se deleita follándola con la boca. Pasa tanto tiempo tocándole el clítoris que se corre con las piernas temblorosas.
―No voy a poder durar demasiado.
Ella quiere decir que no le importa, que sólo lo quiere dentro pero tiene las palabras atascadas. Draco se baja los pantalones, la penetra desde atrás, le tira de la larga melena rizada y se acerca su oído.
―Nena, qué apretada estás.
―Si... ― suelta ella con un suspiro, extasiada ― Dame más fuerte...
La pega contra la mesa, pone un pie sobre una de las sillas y comienza a mover las caderas a un ritmo frenético. Hermione no se ha parado a pensar en si están siendo vigilados o en si la habitación está insonorizada, no le importa en absoluto. Lo han hecho a plena luz del día en sitios más públicos. Está aquí para ver a su marido, está aquí para que se sienta en casa durante unos minutos. Y ella, en casa, nunca lleva bragas.
Hermione no vuelve a correrse pero se siente igualmente satisfecha. La humedad entre sus piernas es una sensación que ya había olvidado y piensa que nunca debieron apartarse tanto. A penas tienen tiempo para hablar después del sexo. Se besan, se acarician, se miran. La puerta se abre y ella se marcha sin haber tocado el tema principal. Le devuelven la varita y su bolso y la cuarta vez que la cachean el auror tiene las manos demasiado cerca de sus pechos.
―Apártese si no quiere una denuncia por acoso sexual.
―No te quejabas tanto cuando el asesino de tu marido te la clavaba. ¿Te la estaba metiendo por el culo? ¿Por eso el niño es adoptado? ¿Se equivoca de agujero?
Hermione quiere pegarle una bofetada, escupirle en la cara y estrangularlo hasta que no quede molécula de aire que respirar. Piensa en todas las razones por las que ha preferido adoptar a un niño, en todas las veces que un hombre se ha creído con derecho de hablarle así simplemente porque tiene un par de tetas. Se sabe poderosa, pero tiene miedo estando rodeada de tantos como él. Recoge su bolso, comprueba que todo sigue en su sitio, coge su varita y se acerca hasta la sala de trasladores.
―¡Odio ver cómo te vas, pero me encanta lo que veo cuando te alejas, preciosa!
Se siente más violada por sus miradas que por sus actos.
(Para Sergio y Moi).
Hi there, mundo! Gracias por esperar, tenía esperanzas de poder actualizar antes, pero ha tenido que ser hoy. No tengo mucho que comentar de este cap, quizás los pairings que se han mencionado. Aparte del Blinny y obvio Dramione a Ron lo he casado con Nicole, mi primer OC: prima muggle de Hermione, transexual. Me parece mportante darle un poquito de voz a esa parte del colectivo LGBT, quizás ayude a alguien o simplemente alguien pueda sentirse identificado por fin en un fic. Hansy: nunca he escrito sobre ellos, pero de la misma forma que Blaise y Gin me parecedesternillante, Harry y Pansy me parece tremendamente oscuro y todo eso me encanta. Sí, Theo y Luna tienen a una tercera compañera:Sarah (segunda OC), sobre la que entraré en detalle en otro cap. O s digo en serio que haría un fic aparte para ellos, son lo más.
Estoy haciendo una serie de dibujos sobre cómo visualizo los personajes en este fic, podréis encontrar a Luna y Ginny en mi pagina de FB. Cuando todos los personajes del fic se hayan presentado al menos una vez también haré unalista de headcanons sobre sus relaciones, detalles absurdos sobre ellos y esas cosas. En serio es que estoy ultra orgullosa de esta historia.
Cualquier pregunta que tengáis: adelante.
Miss Mante.
