El Potterverso es de Jotaká.


"Innuendo"

Inconmensurabe: Enorme, que no puede medirse.

Oh soledad, dime si algún día habrá

(uh shalala uh shalala)

Entre tú y el amor buena amistad

(uh shalala uh shalala)

Vuelve conmigo a dibujar las olas del mar,

Dame tu mano una vez más.

Soledad (La Oreja de Van Gogh).

―Mamá.

Hermione se da la vuelta, el sonido de las sábanas siempre le hace pensar que Draco duerme como un cadáver: no se mueve nunca. El niño la mira desde la puerta, un pequeño halo de luz entra por la ventana, definiendo los contornos de Scorpius.

―¿Qué ocurre? ― le dice con la voz pastosa, aún sumergida en el sueño ―. ¿Has tenido una pesadilla?

Scorpius sacude la cabeza y corre hasta su madre. Se sube a la cama y ocupa el centro, como si su padre estuviera todavía ahí, en el mismo hueco de siempre. Hermione tampoco se siente capaz de invadir ese espacio del colchón.

―Hoy he ido al parque con el tío Blaise y Mallory.

―Sí, me lo ha contado él. Me ha dicho que habéis merendado helado.

Scorpius asiente de nuevo y apoya la cabeza en el hombro de Hermione. Ella le acaricia el cabello rubio y se deja relajar para volver a caer en el sueño, pero su hijo lo vuelve a interrumpir.

―¿También te contó lo que ha pasado con la señora?

―¿Qué señora, cielo?

―La señora que nos dio miedo.

La bruja se endereza, todo rastro de sueño desaparecido de su cuerpo. Observa atentamente la expresión del niño, entre avergonzada y temerosa, pero firme. No, Blaise no le ha dicho nada respecto a una mujer, y no está segura de querer oír lo que ha pasado de boca de su niño.

―¿Qué ha ocurrido en el parque, Scorpius? ― pregunta con voz pausada.

―Mientras estábamos en el parque jugando una mujer se acercó y nos dijo que somos hijos de asesinos.

―¿Qué...?

―El tío se acercó a nosotros, porque Mallory se puso a llorar enfadada, y la señora empezó a decirle cosas feísimas. Le dijo que nos está cropiendo.

―Corrompiendo ― corrige ella en modo automático, aunque sabe que el niño no sabe qué significa.

―Eso ― sentencia Scorpius ―. Luego dijo más cosas y el tío parecía furioso, pero no dijo nada. No le contestó ni le dijo que quería que se disculpara. Nos cogió de la mano y nos llevó al Callejón Diagon para comer helado. Nos dijo que no te lo contáramos ni a ti ni a la tía Gin.

¿Mallory también se ha sentido tan perturbada como para contárselo a su madre? ¿O debería decírselo ella? ¿Es mejor que hable primero con su marido...?

―No es nada, Scorpius. Esa señora estaba equivocada, nadie os corrompe. Sois niños felices y normales, como todos los demás.

―¡Pero dijo que Papá está en la cárcel y que va a morir allí! ¿Va a morir en la cárcel? ¿¡Está en la cárcel!?

Hermione frunce el ceño y espera que su dolor siga oculto por la oscuridad. Le acaricia el cabello suavemente, besa su frente y vuelve a recostarse para abrazarlo.

―Tu padre está en la cárcel, Scorpius, pero ha sido todo un error. Un accidente. Iremos a visitarlo la semana que viene y, además, conseguiremos que vuelva a casa.

―Pero la señora...

―Esa señora es una mentirosa ― interrumpe con tono fuerte, imposible de rebatir ―. No sois hijos de asesinos, no sois hijos de malas personas. La indiferencia es el mayor desprecio, recuérdalo.

Scorpius no dice nada más, sólo asiente quedamente y se instala entre los brazos de su madre para dormirse. Pero el sueño ha abandonado a Hermione, ahora sólo puede mirar ese hueco vacío, las sábanas bien colocadas porque nadie se ha metido dentro, la almohada que pierde el aroma de Draco a medida que las horas pasan.

Han pasado tanto tiempo compartiendo cama, aunque rara vez durmieran juntos. Ahora siente que no es posible descansar si no está él al otro lado del colchón. No está para apagar el despertador a las cinco y media, ni para hacer el desayuno antes de marcharse a trabajar a las siete. Hace días, semanas, que no regresa a tiempo para cenar. Echa de menos incuso las discusiones, aunque fuesen la única forma que tenían de comunicarse. Porque por lo menos lo intentaban. Mal, sin duda, pero eran retincentes a dejarse marchar.

Cuando el sol despunta, su despertador suena. Son las seis. Scorpius se remueve pero no se despierta. Hermione sale de la cama, se mete en la ducha y deja que el agua fría trate de lavar el agotamiento que se le ha adherido a la piel. Toda la noche pensando en las palabras de su hijo, pensando en la posibilidad de que más personas se acerquen a él para decirle más atrocidades. ¿Qué le van a decir de ella? ¿Qué le van a decir a ella? Todos tan encantados con su decisión de casarse con Draco Malfoy. "¡El inicio de una nueva era!" gritaban los titulares. La noticia de Harry casándose con Parkinson fue casi más mediática "El Niño que Perdonó" lo llaman ahora. ¿Pero la sociedad mágica, ha perdonado realmente?

Sale de la ducha a las seis y cuarto, se viste a toda prisa y baja a preparar el desayuno antes de despertar a Scorpius. Como todas estas últimas semanas, hace demasiado café, hace demasiadas tostadas y se da cuenta de que ha vuelto a olvidar comprar zumo de naranja. Apoya la frente contra el frigorífico esperando reencontrar la calma.

―Buenos días.

Ginny se sienta en la barra de la cocina y se lleva una de las tostadas a la boca. Mastica despacio, tomándose su tiempo, sin prisa.

―Has venido muy temprano. Tengo que llevar a Scorpius al colegio.

―Quería hablar contigo lo antes posible, cuando el día todavía no te hubiese puesto de mal humor.

―Te lo ha contado Mallory.

―Blaise. ¿Tienes más mermelada de esa?

Hermione le alcanza el tarro de mermelada de higos en silencio, a la espera de que su amiga termine de masticar. A las siete menos cuarto Scorpius está vestido y cabecea sobre su cuenco de cereales de chocolate.

―Vamos Scorp, date prisa o llegaremos tarde.

―Tía Gin, ¿has dormido aquí esta noche?

―He venido muy temprano, tenía ganas de verte.

―¿Vas a llevarme tú al colegio?

―Te va a llevar Salazar Slyherin si no terminas esos cereales a la de ya ― interrumpe Hermione comprobando que lleva todo lo necesario en la mochila, merienda incluída ―. Hoy comes en el comedor, iré a buscarte en cuanto salga del trabajo.

―Podemos recogerlo.

―¡Sí! ¡Deja que me quede en casa de los tíos, por favor!

―Sólo si terminas de desayunar.

Scorpius termina sus cereales en un par de cucharadas y bebe la leche chocolateada en un minuto. Cuando termina salta de su silla y corre a ponerse los zapatos. Hermione recoge a toda prisa y apremia a Ginny para que la siga. Agarra las llaves del coche, pone la alarma, los hechizos protectores, cierra con doble vuelta de llave y se dirige al coche aparcado en la entrada. Por supuesto, ahí están todos ellos.

―¡Señora Malfoy! ¡Señora Malfoy, ¿tiene algo que añadir sobre las declaraciones de la esposa de la victima de su marido?!

―No vamos a decir nada.

―¡Ginevra!¿¡Cómo se siente!? ¿Le preocupan las represalias hacia su marido?

Ginny se tapa la cara con las manos y se sienta en el asiento del copiloto. Parece olvidar sus reticencias a montar en ese cacharro tal es la aglomeración de periodistas en el exterior. El coche no es un refugio, los flashes atraviesan los cristales, sus preguntas se cuelan por las rendijas de las puertas.

―¡Apartad! ― chilla Hermione apretando la mano contra el cláxon ― ¡Vamos, quitaos de en medio!

Le abren paso pero tiene que maniobrar con cuidado para no llevarse a ninguno de ellos por delante. Golpean el cristal, llaman a su hijo. El niño lo mira todo con una renovada curiosidad, la confusión tiñendo su mirar.

―Voy a convertirme en Michael Jackson y obligar a los niños a taparse la cara cuando salgamos a la puta calle... ― masculla la estresada conductora.

―Tienes que conseguir una orden para que no entren en tus terrenos.

―Me la van a denegar, seguro que los del Ministerio se mueren por saber qué pasa en esta casa.

El camino hasta el colegio muggle se hace en completo silencio. Hermione y Ginny dejan al niño en la puerta del edificio, lo abrazan y besan incontables veces hasta que la campana suena y es hora de dejarlo ir. Algunos padres y madres saludan a Hermione de lejos, con sonrisas educadas. La profesora que recibe a los niños comenta que hace mucho que no ve a Draco. "Está de viaje de empresa" contesta Hermione con una sonrisa tan relajada que parece creerselo.

―¿Te apetece tomar algo?

―¿No es un poco pronto para una copa?

Hermione rueda los ojos y se dirige al Starbucks de la esquina. Pide por Ginny, porque aún no se acostumbra del todo a este tipo de servicio, y se sientan en un rincón apartado.

―Es fantástico poder estar en la calle sin que nadie nos haga preguntas. Nadie nos mira, sólo somos completas desconocidas.

―Dos madres que inician su jueves como cualquier otra persona ― Hermione sorbe su bebida y mira hacia la ventana antes de hablar ―: Blaise te lo ha contado.

―Suponía que a ti también.

―Ha sido Scropius, esta noche.

―Por eso has pedido un café cargado.

La castaña asiente quedamente y añade otro sobre de azúcar en su taza.

―Era cuestión de tiempo.

―¿Acercarse a los niños? ¿Decirles esa clase de cosas?

―No sé de qué te sorprendes, Gin. No es como si no nos criticaran por habernos casado con ellos. Estaban encantados con los titulares, sí, pero estoy segura de que nadie lo ha aprobado realmente. Es más fácil hacernos creer que todo es maravilloso, que los hemos podido cambiar. Somos la excusa para su redención.

―Somos sus esposas, no somos excusas. Y ser sus esposas sigue sin anularnos como personas. Eres la mejor fiscal de Wizengamot, la que ha conseguido desbancar las defensas de decenas de asesinos y ladrones. Llevas el caso de Willenberg, Hermione. Y eres Senadora. Y yo sigo siendo la entrenadora de las Harpías, la que nos ha conseguido una copa mundial.

―En este mundo a penas hay diferencia entre ser la esposa y ser la excusa. Todo lo que hemos conseguido, mis casos, tu título mundial... Nada de eso les sirve si pueden hablar de banalidades. Tendré que quitar a Scorp de la escuela, no puedo dejar que lo encuentren y saquen a relucir toda nuestra tapadera.

―No se atreverían...

―No tienen reparos, están cegados. Mejor prevenir que curar.

El chocolate de Ginny no está lo bastante dulce para su gusto, le añade otros tres sobres de azúcar. No es lo más saludable para el bebé, pero hoy quiere hacer lo que le apetece. Por un día no pasa nada.

―Es agradable no ser nadie...

La gente pasa a su lado sin reparar en ellas, siguiendo con el curso de sus vidas. No se detienen para mirarlas indiscretamente, siguen con sus ocupaciones como si fueran invisibles. No hay periodistas, no hay admiradores. Sólo personas.

―Tenemos que protegerlos, Ginny.


Siempre parece que esta lloviendo. Es desconcertante, porque a través de los barrotes puede ver el cielo despejado, pero la humedad y el sonido del mar le hacen pensar en las tormentas eléctricas que Scorpius tanto teme y él tanto admira. Las tormentas eléctricas vistas desde su salón, acompañado de Hermione, una taza de té humeante y unas galletas con chispas de chocolate.

No quiere pensar demasiado en su casa, en el calor de la cama que Hermione siempre hace antes de marcharse a trabajar. No quiere pensar en los pasos de Scorpius por el pasillo, cómo lo despierta temeroso en mitad de la noche para que compruebe de nuevo que no hay nada bajo la cama.

―Scorpius.

Hyperion iba a ser su segundo nombre, pero decidieron que era mejor ponerle algo menos mágico. Jack fue la elección. Costó mucho decidirse, optaron por cambiar las opciones poco días antes de ir a recogerlo. Los habían llamado de la institución Hijos de Morgana, donde meses antes pasaron muchas pruebas, rellenaron decenas de formularios y pasaron un sinfín de entrevistas para dictaminar si podrían entregarles un hijo. Semanas antes de la llegada de Scorp, fueron a comprobar si Malfoy Hall estaba en condiciones para criar a un bebé. Revisaron la estructura, los hechizos de seguridad en ventanas y puertas, el mobiliario en la habitación del bebé. Incluso la alacena y la nevera.

Draco sabe que les hicieron esperar más que a cualquier otra pareja únicamente por él. Le hicieron analíticas de sangre, seguro que para comprobar si consumía estupefacientes, las preguntas en sus entrevistas individuales siempre giraban en torno a sus opiniones y preferencias hacia la magia oscura. Le preguntaron cuánto le importaría que su hijo fuese mestizo o squib, si tenía intención de criarlo en un entorno respetuoso con los muggles. Supo por Hermione que a ella le preguntaron si se había sentido coaccionada a casarse con él.

Pero no pudieron sacar nada negativo. No pudieron impedirles adoptar, porque aunque él era Draco Malfoy, en esta ocasión el nombre de su mujer pesó mucho más que el suyo. Al casarse con ella pensó en cuánto afectaría a su vida el que su mujer fuese heroína de guerra, pero por desgracia pronto se dio cuenta de que su nombre pesaba más que Granger y sus ambiciones.

Un hombre poderoso, blanco, heterosexual, que ha cometido crímenes atroces, ha tomado incontables malas decisiones, casado con una mujer que representa una lucha por la igualdad y valores positivos. ¿Podría haberse enfocado como que Hermione lo ha salvado? Por supuesto, pero desde el principio los medios optaron por convertirla en una mujer sin nombre, una mujer que cumplía con su mayor meta: casarse y forma una familia. Aunque fuese con un mortífago.

Ya no se menciona que participó en la guerra, nunca se habla de ella como "La mujer del mortífago". Nunca se hace alusión a él como "el marido de la heroína Hermione Granger". Siempre es "La esposa de Malfoy". "Malfoy y su señora". "La madre del heredero Malfoy". Se han olvidado por completo de ella, como si no se hubiese hecho famosa por sus propios logros: ayudar a derrocar y derrotar al mago oscuro más poderoso y temido del siglo XX. Algo que pudo hacerse gracias a ella, por mucho que la profecía anunciase a un hombre. Un acontecimiento que pudo llevarse a cabo únicamente porque ella mantuvo la calma y supo trazar un plan para que un hombre pudiera cumplir su misión.

Draco odia con toda su alma en lo que la prensa ha convertido a su mujer: nadie. Un apéndice para él, un complemento. Hablan de ella y de sus vestidos como si comentaran que lleva un reloj de oro en la muñeca. Ha ganado: la absolución, el reconocimiento, el mayor premio: una mujer hermosa e inteligente que llevar a los eventos y galas. Es un empresario reconocido mundialmente, un hombre exitoso que ha superado las expectativas, reconstruido su fortuna y rehecho su vida.

―¡Fuera!

Ha estado tan hundido en su pensamientos que no ha escuchado la puerta de su celda abrirse. Se incorpora y salta de la litera, espera a que esposen a su compañero antes de que lo esposen a él. Grilletes inhibidores que les impiden emplear la magia no verbal y sin varita, así se aseguran de que el trabajo que cumplían los dementores siga en marcha a pesar de que ya no merodean por la prisión.

Los presos caminan por el corredor en silencio, esperan pacientemente (o más bien con resignación, pues no pueden cambiar el orden de las cosas) su turno para llegar al comedor. Nunca sabe qué hora es exactamente. Siempre entiende que es la hora de desayunar, la hora del patio, la hora del almuerzo, la hora de la cena. No tiene claro si cena a las nueve o a las ocho y no termina de plantearse cuánto tiempo dura el rato que pueden pasar en el patio (a veces parecen veinte minutos, otras parece que ha pasado horas eternas bajo el sol).

La comida es pastosa e insípida, pero ya se ha acostumbrado a ella. Espera que Hermione le traiga algo bueno en su siguiente visita, algo que no puedan requisarle. Espera las visitas de su mujer como agua de mayo, mantiene la esperanza que Scorpius estará en la siguiente, se muere por abrazar a su mocoso.

―Malfoy. Eh. Malfoy.

Se da la vuelta ligeramente. Detrás de él está Michel McCain, un par de años mayor que él. Fue de los mortífagos que más rápido escalaron en el sistema de Voldemort. Con a penas diecinueve años ya conocía una cantidad inconmensurable de maldiciones, su sed de sangre era prácticamente incontrolable. Durante el último año que Draco pasó en Hogwarts McCain fue un rumor aterrador que corría por los pasillos y el Gran Comedor: se decía que en los campos de batalla y los atentados, era el mortífago más mortífero en las filas del Lord. Nadie podía pararlo. Fue un auténtico milagro que se le pudiera detener y sentenciar. Cadena perpetua sin posibilidad de recurrir. Condenado a toda una vida entre barrotes. Dentro de Azkaban mantiene el respeto de los demás mortífagos encarcelados y aquellos que han sido condenados por delitos no relacionados por la guerra se mantienen apartados.

Draco asiente quedamente para dar a entender que lo ha escuchado y da un paso más hacia delante a medida que la fila se deshace por el comedor.

―Me han dicho que te han metido aquí porque has matado a alguien con una innombrable. Un muggle. ¿El padre de tu puta?

Draco se muerde la lengua y aprieta los puños, la bandeja donde van a colocarle la comida tiembla ligeramente.

―Sabía que no podías ser un mierda, de los traidores ya se han estado encargando los de fuera. Tú no eras un cobarde, Malfoy. Tenías las cosas claras. Dicen que tu crío es adoptado, ¿para que no sospechen que no quieres follarte a la sangresucia, no?

Toma mucho aire. Los de fuera. Esos son los que han ido a encargarse de él. ¿Tenían la intención desde el principio de encarcelarlo? ¿O su plan era matar a Scorpius antes de acabar con él? O incluso peor: dejarlo vivo para lamentar la pérdida de su hijo. No puede unirse al grupo de McCain sin arriesgarse a que descubran que sí que han ido a por él por traidor. Además, no ayudaría en nada a su defensa. Pero ignorarlo no va a impedir que vayan de nuevo a por su familia.

Draco se ve en una encrucijada, haga lo que haga pone en peligro a su familia. Pero decide no fallarle a Hermione. No fallarle a lo que han construido, no olvidar todo lo que ha aprendido a su lado. Sabe que su mujer es una gran bruja y que cuenta con el apoyo de personas maravillosas. Por eso se mantiene firme y estoico en su postura, no da muestras de haber escuchado al hombre detrás de él.

―Ya veo― murmura Michel, su voz contenida ―. Has tomado tu decisión, Malfoy.

2008, Diciembre.

Es un bultito, no puede describirlo de ninguna otra forma. Tiene los ojos verdes, el cabello claro, una manos diminutas que agarran el aire, y una boquita que se abre como una gran "O" cada vez que bosteza. Mira el mundo con una curiosidad imposible de extenuar. Hermione se lleva las manos a las mejillas y puede asegurar, a pesar de que no la ve, que sus ojos se han colmado de cálidas y gruesas lágrimas.

Deja que sea él quien cargue al niño. Lo colocan entre sus brazos con cuidado, le dicen que sujete la cabeza, pero Draco no oye nada. Sólo ve esos ojos, verdes como un prado, y se siente anclado al mundo. Se da cuenta, ahora mismo, que tiene un propósito en esta vida. Que ya no hay Señor Oscuro al que temer, ya no hay dolor insufrible en una marca oscura, ya no hay un padre al que demostrarle nada. La vida, de repente, se resume en esa mirada pura que no ha visto nada de los horrores de una guerra que no quisieron pero no buscaron detener jamás.

Scorpius gorjea, se estira entre sus brazos, sacude sus puños, como si tratara de golpear los negros pensamientos que rodean a quien lo porta. Hermione se ríe, adivina una sonrisa entre su llanto. Cuando levanta la mirada se ríen como dos niños. Draco bebe dela imagen de los dedos de su mujer acariciando al bebé, del indudable flechazo entre ellos cuando se miran por primerísima vez.

―Lo hemos conseguido ― murmura ella cuando salen al exterior con la voz contenida ―, nos lo llevamos a casa...

Scorpius trae sonidos nuevos y estridentes a Malfoy Hall. Le brinda a Narcissa la excusa perfecta para ir a la mansión más veces de las que Lucius opina oportunas. Draco deja de cerrar la puerta de su despacho para poderlo escuchar a todas horas, esté o no esté Hermione en casa. Convierten uno de los salones en una sala para que pueda jugar (meses más tarde caminaría allí por primera vez; años más tarde sería el lugar donde sus padres tendrían una de sus mayores discusiones). Sus mundos, sus vidas, giran en torno a este pequeño bulto de ojos verdes.


EL MATRIMONIO MALFOY ADOPTA UN BEBÉ.

Se confirman las sospechas: después de haber estado desaparecidos durante dos semanas hoy por fin hemos podido ver a la pareja y la gran sorpresa ha sido la que pueden ver en nuestra portada: el diminuto bebé que Hermione Malfoy carga con extremo cuidado entre sus brazos.

Fuentes aseguran que se trata de un bebé llegado al orfanato Hijos de Morgana quien ha sido entregado al matrimonio Malfoy después de que pasaran largas pruebas y se certificara que Malfoy Hall es el lugar idóneo para criar a un bebé. Sin duda esta es prueba de que el matrimonio está en su mejor momento.

Desde Corazón de Bruja queremos darles la enhorabuena y les deseamos mucha felicidad criando a este nuevo bebé.

Hermione mira la fotografía en las portadas y no puede evitar pensar que es como aquella primera portada que compartieron, dos años antes, esa en la que Draco besa su frente una y otra vez, sin descanso.

En estas portadas que se alineando unas detrás de otras en los quioscos mágicos aparece ella colocando un sombrerito sobe la cabeza de Scorpius. El niño sonríe, palmea el aire mientras ella ajusta la prenda para protegerlo del sol. Draco está con ellos, se asegura de que Scorp lleva sus zapatos, porque en aquella época todos se le caían.

Se empapa de esta imagen robada, plagada de ternura, de amor, de devoción pura. Se recrea en la sensación que le despierta compartir vida con este hombre y esta criaturita que le ha sido confiada. Se ahoga en ganas de gritarle al mundo que los ama con locura, que la hacen mejor mujer. Mejor persona. Que la ven, la sienten, la mecen. Pero no dice nada. Sólo compra la revista y regresa a su despacho.

2012.

―No puedes mantenerme apartada.

―Lo siento, son las normas.

―¡Es mi marido! ― sisea levantándose de un salto.

El hombre se aprieta el puente de la nariz y suspira frunciendo el ceño. Hermione siente terribles ganas de agarrar lo más a mano que tenga y ponerse a destrozar la habitación con ello. Pero se muerde la lengua y aprieta los labios, porque debe ser comedida. Debe controlarse.

―Por eso mismo, Hermione. No puedes involucrarte en su caso.

―No hay caso ― dice ―. No hay caso porque Draco es inocente. Es inocente y lo sabes.

―No podemos probar nada.

―Podremos hacerlo si me dejáis hacer mi maldito trabajo.

―Eres fiscal, Hermione. No puedes volver a la defensa y menos todavía para esto. Demasiado implicación emocional. Eres mucho más profesional que esto. Tendrás que confiar en quien se encargue de su defensa

―La fiscal es Natasha Denona ― murmura volviéndose a sentar ―. No me puedo creer que hayas decidido venir a verme a mi despacho para decirme esto... No tenemos oportunidad contra ella.

―Eres la mejor fiscal.

―No hablamos de mí, Kinglsey, hablamos de Denona. Aunque yo sea la mejor, si no estoy es ella quien me releva.

―No puedo hacer nada al respecto, la ha elegido el Wizengamot.

Hermione decide que esta es la hora perfecta para regresar a casa, tomarse un baño y esperar a que un milagro caiga del cielo. Se ha cansado de desear despertar de esta pesadilla, se ha resignado a comprender que sólo un milagro podría parar esta locura. Pero nunca ha sido creyente, carece de fé. Sólo le queda ensañarse con el caso de Draco, controlar cada nimio detalle y asegurarse de que quien se ocupe de él sea un abogado magnífico. Como si tiene que buscar debajo de las putas piedras, joder...

―Dime al meno que esto no ha sido el único motivo por el que has venido. Dime que hay algo positivo que decirme.

―Me han dicho que Michel McCain ha intentado hablar con Draco.

―¿A eso llamas una buena noticia?

―Draco se ha mantenido alejado, no ha buscado más contacto. Está haciendo lo posible por no empeorar su situación, Herms.

―Mi marido no debería estar en Azkaban. Debería estar en un centro penitenciario que no tenga nada que ver con mortífagos.

El Ministro se sienta, por fin. Agarra la mano de la bruja pero ella la aparta. Se siente enferma, se siente traicionada.

―El pasado de Draco...

―No ― interrumpe la bruja apretando los puños ―. No, no se le ha detenido por crímenes de guerra, tampoco por su pasado. ¡La Marca Tenebrosa ha desaparecido! ¡Ha sido un error, ha sido una trampa! ¡Fue una accidente!

―Eso es lo que debe demostrarse.

―No lo crees ― concluye Hermione, sus ojos muy abiertos, una expresión dolida y horrorizada estirando su boca ― Crees que lo hizo de verdad...

―No he dicho eso. Y lo sabes.

―Tampoco estas diciendo que vamos a hacer todo lo posible por sacarlo de ese agujero. No estás usando tus influencias para sacarlo de ahí.

Kinglsey sacude la cabeza y se marcha sin decir nada más. Ella se sabe equivocada, sabe que está sacando las cosas de quicio. Pero no encuentra ni las fuerzas ni las ganas de ir a disculparse.


NATASHA DENODA: ELEGIDA FISCAL PARA EL CASO MALFOY.


SE ABRE UNA INVESTIGACIÓN EN LAS CUENTAS DE MALFOY CO.


THEODORE NOTT DECLARARÁ EN DEFENSA DE DRACO MALFOY.


LA MUJER DE MALFOY: ¿HA ENCUBIERTO LAS TENDENCIAS OSCURAS DE SU MARIDO HASTA AHORA?


LA FISCALÍA PIDE INVESTIGAR CUALQUIER EX MORTÍFAGO RELACIONADO CON MALFOY.


GINEVRA ZABINI DA A LUZ A UN NIÑO EN MEDIO DE TODA LA OLA MEDIÁTICA TRAS LAS DECLARACIONES DE SU MARIDO.


EL NIÑO QUE PERDONÓ: ¿ENGAÑADO POR SU MUJER?


PANSY PARKINSON: "Demostraremos la inocencia de Draco y la nuestra".


ASTORIA GREENGRASS, TRAS LA ABRIRSE LA INVESTIGACIÓN A LA EMPRESA DE SU HERMANA: "Idos todos al puto infierno, carroñeros".


Hi theeeere.

Antes que nada quería dar las gracias por la bonita acogida que está recibiendo el fic, me hace mucha ilusión ver que a la gente le está gustando este proyecto :')

No tengo mucho que decir respecto a este capítulo, solo el hecho de que "Natasha Denona" existe de verdad pero es una marca de maquillaje vendida en Estados Unidos. A veces no se me ocurren nombres y tengo que sacarlos de otra cosa xd

See ya!