OH! No les vaya a dar un paro cardíaco de la sorpresa, yo tampoco puedo creer que al fin esté subiendo capitulo nuevo, de verdad me siento tan culpable y tan tonta por haberlos hecho esperar tanto tiempo, y tengo excusas pero creo que no se las merecen, se merecen que les traiga capítulos más a menudo y que dejé de holgazanear así que voy a tratar, pero no les prometo nada. Quiero agradecerles sus comentarios de todo corazón, debo decir que Lady Kid casi me mata del susto cuando leí mi nombre completo, me recordó a cuando mi madre me riñe, ya no les doy más vueltas y les dejó el cap, ojalá les guste y no se rían de mi mala rima para la profecía!


Al salir de su cabaña se sorprendió, Annabeth le había dicho más de quinientas veces (sin exagerar) que en el campamento no llovía a menos que ellos quisieran que lloviera, sin embargo, donde se distinguía el final de la barrera que protegía el lugar se podía notar la incesante lluvia que caía al otro lado, el cielo estaba oscuro y los rayos lo iluminaban de vez en cuando, el clima había estado igual de rebelde desde hacía dos días; nadie sabía el porqué.

Mientras caminaba junto a Grover podía notar que el mal clima no solo lo incomodaba a él, los chicos de Apolo se entretenían contra los de Ares en un "amistoso" juego de voleibol, y los gemelos Castor y Pólux se paseaban por los campos de fresas, ayudando a las plantas a crecer, todos parecían disfrutar de un día normal en el campamento pero se notaba un ambiente pesado y muchos no dejaban de mirar al cielo con inquietud. Casi sin darse cuenta se vieron frente a la casa grande, donde Quirón y el señor D estaban sentados jugando a las cartas, el dios del vino levantó la mirada y observó a Percy por un momento.

-Conseguiste meter la pata, chico, pensé que iban a tardar más en descifrar sus líneas sanguíneas- Dionisio se encogió de hombros y una pequeña sonrisa le nació en los labios- pero siendo hijo del barba de percebe era de esperarse.

Un trueno iluminó el cielo y el dios empezó a mascullar, por los visto al padre de Percy no le gustaba ser llamado barba de percebe.

-En fin, ese no es el motivo por el que te mandamos a llamar, hay un asunto urgente en el Olimpo del cual debo hacerme cargo, pero Quirón te pondrá al día, si por mí fuera no volvería a este viejo campamento, de verdad enano, yo pensaba que ustedes me darían problemas pero eso fue antes de que conociera a los Stoll, no los dejes quemar nada- Añadió aquello último mirando al centauro, tomó una carta de su baraja y esta se convirtió en un pase de seguridad, idéntico al que Percy guardaba en su habitación y le permitía subir al Olimpo cuando quisiera , el dios chasqueó los dedos y desapareció.

-Bueno, me toca a mí de ahora en más, tomen asiento- Les indicó Quirón a ambos chicos, quienes sin producir sonido alguno obedecieron- ¿Qué tal ha sido tu estadía en el campamento?

-Extraña- Se sinceró el muchacho, realmente no tenía palabras para describir la montaña rusa de emociones que habían sido aquel último par de semanas- En especial el tratar de no destacar, aunque creo que no funcionó muy bien, ¿cierto?

-Definitivamente- Asintió Grover, dándole a Percy una palmada en la espalda- Casi lo logras hermano, pero ese perro del infierno no se lo esperaba nadie.

-De hecho, creo que Annabeth me hubiera sacado la verdad a golpes, estaba muy segura de haber visto el corte que Clarisse me había hecho antes, si te soy sincero, prefiero un perro del infierno abriéndome el pecho que a Annabeth interrogándome- Ambos chicos se estremecieron y el centauro dejó escapar una pequeña risa, pero se aclaró la garganta y trató de recuperar la seriedad.

-A como dijo el señor D, esa no fue la razón por la que te hicimos venir, has de haber notado que el clima parece poco amigable últimamente- señaló al cielo nublado y suspiró- Zeus ha estado de un humor terrible desde que ustedes dejaron el Olimpo y la situación no ha hecho más que empeorar, algo sucedió y hubo disputas allá arriba, sin ustedes para darles una razón para contenerse han estado uno debajo la piel del otro, tu padre y tu tío Hades también, y justo para terminar de poner la cereza en el pastel; ocurrió un robo.

-¿Un robo en el Olimpo?- La quijada de ambos chicos casi podía tocar el suelo- ¿Qué han robado?

-Un rayo, el rayo maestro de Zeus- Sus palabras cayeron como una bomba y los ojos de Percy se abrieron como platos, sin poder dar crédito a sus oídos- Sucedió anoche y nadie sabe quién ha sido o por qué, pero suponen que fue un semidiós, ya sabes que los dioses tienen prohibido tocar las reliquias de los demás.

-¿A eso se deben las tormentas?- preguntó Grover, su amigo parecía demasiado aturdido como para decir nada y Quirón asintió- ¿Tienen alguna sospecha en especial? Digo, ¿Además de que fue un semidiós?

-No muchas, pero las cosas están bastante agitadas y Zeus quiere que la búsqueda empiece inmediatamente, no cualquiera puede estar a cargo de tal tarea- Quirón miró directamente a los ojos verde mar de Percy- Los dioses creen que tal vez tú y tus primos puedan encargarse de encontrar al responsable pero Lady Hera dijo que debíamos tener tu opinión primero.

-¿Mi opinión?- Preguntó el chico, sin entender por qué querría alguien su opinión.

-Dijo que la misión no tendría resultado si no estaban dispuestos a llevarla a cabo, que no era orden, sino una petición, que ustedes debían decidir si tomar la oportunidad o dejarla pasar, y sí, tu opinión, pues fuera cual fuera tu decisión, Nico y Thalía te seguirían sin dudarlo- El centauro tenía razón, Lady Hera tenía razón, sus primos irían al mismo infierno si él se los pedía, y aunque no lo hiciera, lo seguirían igual, no le gustaba lo obvio que era- Es tu decisión.

-Yo…- No sabía que decir, por un lado se sentía halagado, los dioses les tenían la confianza suficiente para ponerlos a cargo de tan importante misión, pero al mismo tiempo era algo que le asustaba, ¿Qué si fallaban? No podía pensar de esa manera, además, Thalía lo mataría si perdían aquella oportunidad- Acepto la misión.

-Bien, supongo que tendrás que ver al oráculo- Grover dejó escapar un sonidito ahogado, por lo visto no le tenía afecto alguno al oráculo- Ven, las escaleras están por aquí.

Percy miró a su amigo el sátiro, quién se encogió de hombros y le dio un pequeño empujón en la espalda, tratando de animarlo, ambos caminaron en silencio, siguiendo a Quirón, pero cada vez que cruzaban la mirada se daban a entender mil y un cosas. Los cuatro pisos se quedaron cortos cuando se vieron frente a la trampilla del ático, Grover trató de animarlo pero ambos estaban nerviosos y el chico cabra no podía acompañarlo; tendría que enfrentarse al oráculo solo.

Dentro del ático habían muchos trofeos de guerra, cabezas de monstruos, sus colmillos, sus pieles, ojos incluso, era un paisaje que podría resultar perturbador para quienes no estuviesen acostumbrados, habían escudos y armaduras griegas que parecían viejísimas y estaban cubiertas de polvo y óxido, baúles con títulos extraños y unos cuantos que Percy pudo reconocer, a pesar de estudiar griego desde pequeño, su dislexia no le dejaba leer en paz. Situó junto a la ventana la cosa más fea que haya visto en su vida, y siendo él, eso era decir bastante, una momia de aspecto asqueroso estaba allí, tenía la piel arrugada como pasas secas y una camisa estilo hippie, llevaba al cuello un sinfín de collares de cuenta y su cabellera negra era adornada con una diadema, lo peor eran sus ojos, blancos y cristalinos, como si hubiesen remplazado los de verdad por dos piedras del mármol más puro.

Solo verla le provocó un escalofrío, ni hablar del sentimiento que le corrió por el cuerpo cuando la momia se movió y abrió la boca, de ella empezó a salir un extraño humo verde, parecían serpientes nubosas que se retorcían en el aire y producían silbidos aterradores. Una voz extraña se coló en su cabeza.

"Soy el espíritu de Delfos, acércate y pregunta" – Se sentía como si le estuvieran estrujando el cerebro con palabras y por un segundo quiso dar la vuelta, decirle a Quirón que olvidara su charla y que le ofreciera la misión a otro, pero plantó cara. Él sabía quién era el espíritu de Delfos y podía sentir su poder, como el mar a una distancia prudente, donde puedes ver lo fuerte que es pero no corres peligro de ser arrastrado, aquella momia no le haría daño.

-¿Cuál es mi destino?- Se atrevió a formular y se sorprendió al notar lo calmada que sonaba su voz.

Las serpientes de niebla verde se fundieron en un espejo redondo, donde había cuatro rostros, no podía ver los ojos de ninguno y estaban algo distorsionados, pero reconoció algunas voces conforme fueron hablándole. "Al oeste irás y cumplirás tu misión" Dijo la poderosa voz del rostro monstruoso, cuyas facciones estaban cubiertas de bello y tenían algo de taurino en ellas. "Encontrarás más de lo que buscas y devolverás lo robado" Dijo la suave voz de una de las dos mujeres, cuyo rostro era el más borroso de todos pero le daba a Percy una sensación de anhelo. "Las antiguas leyes cambiarán de opinión" Dijo la voz de un muchacho joven, desconocido totalmente, nada en lo que podía ver en su rostro le sonaba familiar. "Pero al final, un precio será cobrado" Concluyó la voz de la mujer que Percy había visto en sus sueños, la de la chaqueta roja y la motocicleta de Pacman, al chico le perturbó la sonrisa que nació en los labios del rostro borroso antes de que toda la niebla se disipara.

Percy se quedó estático por un par de segundos, tratando de procesar lo que acababa de escuchar, por un momento quiso tomar a la momia de los hombros y sacudirla hasta que le contestara todas las dudas que se acababan de formar en su cabeza, pero sabía que sería en vano, además, no quería tocar a esa cosa. Cuando el chico bajó del ático, Quirón le pidió que le dijera lo que había escuchado, él se dejó caer en una de las sillas y suspiró.

-Dijo que debo ir al oeste, y que cumpliré con mi misión, que encontrare el rayo y lo voy a devolver, algo sobre las antiguas leyes cambiando de opinión y…- Meditó por un momento la última frase de su profecía, "al final un precio será cobrado", todo era demasiado vago, y la mujer de sus sueños le provocaba unos escalofríos horribles, por alguna razón no quería compartir aquello con nadie- Nada más, eso fue todo lo que me dijo.

-¿Estás seguro?- Quirón tenía unos sentidos muy agudos y no era tonto, pero Percy no quería ni pensar en lo implicaban aquellas palabras así que negaría su existencia hasta que sintiera que fuese el momento- Bien, mandaré a llamar a Thalía y a Nico.

No pasaron ni cinco minutos cuando ambos chicos se les unieron y Annabeth venía con ellos, lanzando chispas por los ojos y una expresión que haría a cualquier monstruo dar media vuelta y correr por su vida. Nico miró a Percy sin terminar de entender lo que Grover les había dicho, no podía dar crédito a sus oídos cuando escuchó que el rayo maestro de Zeus había sido robado y estaba más que dispuesto a ayudar a recuperarlo, la actitud de Lady Hera había sido lo más extraño de todo, ¿quería su permiso para mandarlos en una misión? Eso era bastante extraño y la expresión en el rostro de Thalía le indicaba que ella estaba pensando lo mismo que él.

Además de eso, la chica había podido notar lo tenso y nervioso que Percy estaba, al chico le tomó tres segundos el componer una máscara de tranquilidad para que ellos no se asustaran pero ella había aprendido a ver a través de él, la mayoría del tiempo era difícil el adivinar cuando estaba fingiendo o cuando no, pues aunque de vez en cuando fuera fácil olvidar que solo eran niños, su primo tenía una actitud bastante infantil. Ella podía entenderlo, tenían una misión bastante extraña en la mesa, quien fuera que robase el rayo maestro de su padre debía estar demente o ser completamente malvado, o ¿Por qué no? Un poco de las dos.

-Annabeth, ¿Qué estás haciendo aquí?- Quirón trató de ser amable, se notaba que le tenía afecto a la chica pero ella no había sido mandada a llamar.

-¿Cómo puedes darles una misión a estos tres? Son novatos, acaban de llegar, yo tengo años esperando por una oportunidad de salir del campamento pero ellos vienen y se llevan mi oportunidad, solo porque sus padres son los tres grandes no significa que ellos estén más calificados que yo- Se notaba que estaba enojada y escupió ciertas palabras con el veneno suficiente para matar a los tres primos- Me parece tan injusto, esta debería ser MI misión, ¡no suya!

-Annabeth, mi niña, necesitas calmarte, no fue mi decisión, fue de los dioses- Esa respuesta solo la hizo enfadarse más- No quieres ir en contra de sus decisiones, ¿o sí?

-No, pero aún así… ¡No puedo creerlo!-Thalía le puso una mano en el hombro, tratando de tranquilizarla y pareció funcionar, un poco.

-Además, no puedes ir en contra las leyes, solo tres pueden dejar el campamento, es un número sagrado- Recordó Quirón, tratando de mantener un tono civilizado ante la situación.

-Entonces uno de ellos va a tener que quedarse, no pueden ir solos, Grover tendría que ir con ellos y uno deberá quedar por fuera- La sonrisa en el rostro de la rubia era tan bonita, un dejo de superioridad que distrajo a Percy de lo que sus palabras implicaban.

-En eso tiene razón- Dijo Grover, devolviendo a Percy a la realidad con sus palabras- Pero la profecía…

-"Las antiguas leyes cambiaran de opinión"- Recitó el hijo de Poseidón, pensando en la dirección que todo aquello estaba tomando- ¿Significa eso que podremos ir los cuatro?

-Oh no, si pueden ir cuatro pueden ir cinco, si van a romper las leyes en mis narices tendré que ser parte de ello- Dijo Annabeth, cruzándose de brazos y con un delicado puchero en los labios- Sería completamente injusto que me dejen aquí.

Quirón observó a los niños, Percy parecía indeciso sobre la situación, Nico parecía un poco asustado de Annabeth, Thalía parecía estar de acuerdo con ella, Grover era el único que se veía realmente asustado y la rubia, Annabeth estaba decidida y habían pocas posibilidades de que le pudiera negar el unirse al grupo, el centauro dejó escapar un suspiro de resignación.

-Supongo que tienes razón, cinco serán- Quirón miró a los chicos una vez más y se preguntó si estaba haciendo lo correcto- Duerman bien, alisten sus cosas, saldrán mañana al amanecer.

-Sí, señor- Contestó la rubia por todos, una sonrisa más radiante que el carruaje de Apolo adornaba su rostro y arrastró a Thalía consigo una vez que se fue, dejando a tres incómodos muchachos y a un pensativo centauro atrás.

-Espero no arrepentirme de esto- Les confió Quirón a los chicos- Pero tengo el presentimiento de que deben tener extremo cuidado, las antiguas leyes fueron hechas para algo y aunque la profecía diga lo que diga, siempre es vaga y deja cabos sueltos, es meramente azar y las Moiras no son algo con lo que confías al azar.

Con esa advertencia y la última línea de la profecía en mente, Percy se dirigió a su cabaña, donde pensaba darse un baño de tres horas, alistar sus cosas e irse a dormir, sin embargo, cuando se metió en la bañera se sintió extremadamente somnoliento y pronto se vio envuelto en un sueño, el más raro que haya tenido jamás.

"El chico de su sueño anterior estaba allí, de pie, observando el horizonte y el viento le mecía el cabello negro, sus ojos estaban idos en el sol que se ocultaba y Percy se fijó en que no llevaba el parche y que no parecía tener razón para utilizarlo, el muchacho parpadeó y la mitad izquierda de su sueño se tornó borrosa, el joven semidiós trató de no volver a parpadear pero le ardían los ojos y lo hizo, tornando aún más difícil de distinguir las imágenes en el lado izquierdo, poco a poco, parpadeo por parpadeo, el paisaje se fue tornando borroso y oscuro, hasta que finalmente no pudo ver nada y sus propios ojos se llenaron de lágrimas cuando el chico empezó a llorar, llevándose las manos al rostro.

-Esto no es lo que quería, ¡Nunca me dijiste!- Le reclamó al cielo distante- Nunca me advertiste… yo nunca pensé…

-Te dije que tendría un precio- Le contestó una voz femenina entre las nubes, Percy la reconoció, era la madre del chico- Te dije que tendrías que pagar, ese era el precio, has pagado, un día tendrás lo que me has pedido, no lo dudes.

-Nunca quise que fuera de esta manera- Susurró el muchacho, pero en su ojo sano se podía ver una gran determinación- Pero he pagado el precio, espero lo que me pertenece.

Y el chico parpadeó y toda la escena se disolvió en oscuridad. De pronto todo fue iluminado por un relámpago y el silencio fue sustituido por el retumbar de un trueno, pero tanto la luz y el ruido desaparecieron tan rápidamente a como habían venido, para ser remplazados por un par idéntico en unos cuantos minutos, parecía que estaba lloviendo y había una tormenta eléctrica. Dos voces familiares le llegaron a los oídos, sus gritos capaces de despertar a un gigante dormido.

-¡NO ENTIENDES NADA!- gritó la voz de su tío Zeus- ¿QUÉ ME ASEGURA QUE NO HAS SIDO TÚ EL QUE LO HA ROBADO?

-¿TE HAS VUELTO LOCO?- Su propio padre, Poseidón, le gritó en respuesta- ¿ME ACUSAS AHORA DE LADRÓN? SEGURAMENTE DEJASTE ESE RAYO PERDIDO Y AHORA QUIERES CULPAR A TODO MUNDO, ERES UN IRRESPONSABLE Y DESORDENADO.

-¡CALLATE! ¡NO ENTIENDES NADA!- Le volvió a gritar Zeus, la escena le recordaba bastante a dos niños peleando por un juguete roto, era casi imposible conectar la idea de que aquellos eran dioses y adultos.

-Lo único que hemos estado haciendo es tratar de ayudarte, pero cada vez que alguien lo intenta terminas gritando obscenidades, quizá estés mejor solo-La voz de Poseidón disminuyo de volumen y sonaba realmente herido por el comportamiento de su hermano, sus ojos se notaban tristes ante el abismo que se empezaba a abrir entre ellos.

-Sí, quizá esté mejor solo- Zeus no quiso decir eso, se le notaba en la mirada, en la sorpresa que reflejaban ante las palabras que se escaparon de sus labios, pero Poseidón no pudo ver eso, se negaba a mirarle y encontraba el suelo mucho más interesante, el dios del mar suspiró, dio la vuelta y se marchó, sin poder escuchar las palabras silenciosas de su hermano- pero no quiero estar solo, lo siento…

Un haz de luz llenó la habitación y el sonido de un trueno lo transportó a otro tipo de cuarto oscuro, en este había pequeñas esferas de luz naranja, como las chispas que brotan de un fuego y además se sentían calientes, pero el lugar estaba helado, era un ambiente bastante contradictorio. Había una puerta y la abrió, pero no había un afuera, simplemente el borde de un abismo, un abismo aún más oscuro que el cuarto en el que estaba, cerró la puerta y vio que toda la habitación había cambiado, era un departamento pequeño pero parecía acogedor y de alguna manera le parecía similar, la puerta se abrió y una mujer entró en el lugar, de piel clara y cabello castaño que le caía por la espalda con unos cuantos motes grises, sus ojos eran de un azul brillante que cautivaba la mirada, llevaba una expresión tranquila en el rostro pero se podía ver, por las marcas en el mismo, que era una mujer risueña y sonriente, olía a dulces, a chocolate y a caramelos de cereza, sus ojos se posaron en él y su boca se abrió con sorpresa, dejando escapar la risa más bella que haya escuchado jamás.

-¡Percy! Cuanto me alegra verte, pensé que no volverías a tiempo para la cena- Reconoció la voz amable de la dama en la profecía del ático, y recordó lo familiar que le sonaba esa voz- Ven, dame un abrazo.

Ella extendió sus brazos y aunque tuvo todo el deseo de arrojarse en ellos, no lo hizo, la miró cauteloso y sin saber que decir, no la conocía, escaneó el cuarto, nervioso, observando cada cuadro y cada foto, sus ojos se toparon con un viejo marco desde el cual le sonrían aquella mujer y un niño, se reconoció a sí mismo y finalmente reconoció a la mujer frente a él. Sally Jackson siempre había sido hermosa y quizá así se vería si no hubiera muerto, Percy se lanzó en sus brazos y la abrazó, embriagándose con el aroma a azúcar en su madre y lagrimas que amenazaban con correr sueltas, entonces fue que sintió algo extraño y alzó la mirada, encontrándose con un hombre cuyo rostro no podía distinguir y el abrazo pasó a ser un estrujo y poco a poco sintió como los huesos de su cuerpo se rompían, no podía respirar, le dolía y se estaba asfixiando, dejando escapar un grito cayó en la dulce inconsciencia"

-¡NO!- Percy se despertó ante un sentimiento desconocido, al de estar ahogándose, se había quedado dormido en la bañera y se había hundido en ella de modo que el agua le cubría el rostro, fue tal la sorpresa que olvidó que era hijo de Poseidón y sintió miedo, pero se recuperó rápidamente, pensando en lo absurdo de la situación para tratar de componerse un poco- Justo lo que necesitas ahora, morir ahogado en una bañera.

El chico se rió un poco, pero salió del baño como si el suelo estuviese minado, se vistió, empacó una mochila con todo lo que iba a necesitar, incluyendo a anaklusmos, su espada mágica y luego de revisar todo un par de veces se metió a la cama con cautela, a pesar de haber dormido se sentía extremadamente cansado y nervioso, el más mínimo ruido lo hacía saltar pero la pesadilla de la bañera lo había dejado exhausto, finalmente se dejó vencer por el sueño y cayó rendido en una noche sin sueños.