Este es medio obvio, lamento si cambié un poco las cosas pero bueno, sobre el romance, estoy trabajando en ello, no quiero que sea tan obvio porque si hay algo que adoro de la relación que tienen Percy y Annabeth es cuanto se quieren, se necesitan pero no son dependientes, Annabeth no es la típica doncella en peligro y Percy no es su caballero en armadura dorada, simplemente son y eso me encanta…
Percy nunca tuvo claro que fue lo que desató los hechos que ocurrieron a continuación, pudo haber sido el hecho de que su mirada sorprendida se cruzó con la de la furia, o quizá fueron las otras dos señoras que se pusieron en pie, quizá fue el momento en que parpadeo y la niebla decidió dejarle ver la realidad y en vez de tres mujeres vio a tres furias, las benévolas y estas se lanzaron al ataque. Annabeth se quedó muda, antes de que ella percibiera lo que estaba pasando, Nico, Thalía y Percy ya se habían puesto a la defensiva, ambos chicos con sus respectivas espadas y la chica con su arco, apuntando una flecha a la cabeza de la furia del medio, la rubia sacó su daga y se preparó para prestar su ayuda y Grover ahogó un gritito de miedo antes de recuperarse y poner una postura digna de un sátiro.
-No se muevan- La voz de Percy tenía una filo helado, por un momento a Annabeth le pareció más alto, más digno, como si hubiese hablado con la voz de su padre; con el poder de un dios- ¿Qué hacen aquí?
-Lo siento querido, pero eso es confidencial- Dijo la furia de la izquierda, eran horribles y sus voces le daban escalofríos, alas de murciélago sobresalían de sus espaldas y tenían extremidades desfiguradas y grisáceas, en vez de sus viejos bolsos portaban látigos con los que cortaban el aire- ahora dígannos donde está, ¿Dónde lo han escondido?
-¿Escondido? No sabemos de lo que están hablando- Replicó Thalía, las furias echaron vuelo y empezaron a dar vueltas en torno a ellos, lanzando arañazos y latigazos a ciegas.
-¡Mentirosos, Mentirosos!- chillaban las tres al mismo tiempo, una de ellas se abalanzó contra Nico y ahí fue donde el infierno quedó suelto- ¡Mentirosos!
Las furias atacaron pero los chicos estaban listos, años de práctica los hacían veloces y mortales, ante el peligro se olvidaron totalmente de Annabeth y de Grover, cada uno arremetió contra una de las criaturas. Thalía rompió el labio a la que se le fue encima, golpeándola con su arco y tomó distancia suficiente para apuntar, Nico le ensartó el puño de la espada en la costilla a la suya, manteniendo sus defensa en alto, Percy aturdió a la furia con un golpe en la cabeza, asestado con la parte plana de su espada, finalmente se reagruparon en medio de las tres furiosas benévolas y acabaron con ellas, los chicos con una feroz estocada y la chica con una flecha en la frente, las tres criaturas ardieron en llamas y estallaron en un mar de polvo de dorado.
-Tenemos que irnos- Sugirió Grover, mirando nervioso alrededor, no iba a dejar que le dieran vueltas a la situación- no tardaran mucho en regenerarse, no podemos estar aquí cuando pase.
-Sí, claro…- El bus se había detenido con la explosión, los mortales parecían asustados pero no de la manera que lo estarían si hubieran sabido las razones reales de todo el jaleo, los cinco chicos se hicieron lanzados del autobús y corrieron hacia el bosque, no dejando que nadie les hiciera preguntas, Nico finalmente se detuvo a tomar un respiro- Uff, eso estuvo cerca.
-¿Dónde aprendiste a hacer eso?- Antes de que pudieran registrar lo sucedido, Annabeth le tomó un brazo a Percy y lo apresó contra un árbol, mirándole furiosa y clavando sus enojados ojos grises en los de él- ¿Qué fue eso en el bus?
-No lo sé… ¿reflejos?- Trató de decir el chico pero al final sonó como una pregunta, ¿furias, perros del infierno…? cualquier día que quisieran, podía enfrentarlos fácilmente, ¿Enojadas hijas de Athena? No, definitivamente prefería volver al bus, aquella chica lo aterraba-Realmente no tengo idea de lo que sucedió, yo solo… me moví por instinto.
-Tienes un instinto bastante afilado- No sonaba convencida pero lo soltó, mirando dagas a los otros dos chicos- Espero que se mantengan dentro de mi vista, los voy a estar vigilando.
-Me pregunto de qué hablaban las Furias, querían que les devolviéramos algo- señaló Nico, tratando de cambiar el tema- ¿Qué podrían querer de nosotros?
-No lo sé, pero ellas trabajan para Hades- Annabeth miró a Nico con un poco de pena- Pareciera que él desconfía de nosotros, o nos quiere muertos.
Annabeth empezó a caminar por el bosque, ignorando la mirada nerviosa que los tres chicos y el sátiro compartieron antes de seguirla, no había mucho alrededor y las afueras de nueva Jersey no eran muy interesantes, solo arboles a la derecha, arboles a la izquierda y más arboles por todos lados, eso hasta que se cruzaron con una estatua de piedra, no era muy bonita pero estaba bien trabajada, era un chico de unos seis o siete años con el pulgar metido en la boca y un rostro rechonchete, en su expresión había algo de sorpresa, quizá miedo pero los chicos la pasaron de largo.
-Tú no crees que papá esté tratando de matarnos, ¿cierto?- Preguntó Nico a Thalía en voz baja, no quería que nadie más los escuchara.
-De ninguna manera, recuerda que Annabeth no conoce a los dioses a como tú y yo los conocemos- La chica le dio una de esas poco comunes sonrisas amables de ella y le motivo a seguir andando- Además, ya sabes que a los monstruos les gusta revelarse, incluso los que sirven.
-Cierto-Nico asintió y siguió avanzando, colisionando con su primo, los otros se habían detenido- ¿Qué sucede?
-¿Qué dice ahí?- Percy estaba tratando de leer el letrero que tenían frente a ellos, habían encontrado un antiguo y extraño local en medio del bosque, habían varias estatuas de piedra en todos lados y el jardín estaba lleno de flores hermosas, el rostro del chico estaba recogido en un puchero- Maldita dislexia…
-Dice; "Emporio de gnomos de jardín de la Tía Eme"- Les leyó Grover con una sonrisa torcida, los cuatro semidioses se habían quedado mirando el letrero con el gesto fruncido y aquello le hacía gracia- ¿Deberíamos entrar?
-Sí, claro, porque puestos como estos son completamente normales- Dijo Thalía con cierto sarcasmo- Vamos, ¿Qué es lo peor que puede pasar?
-¿Qué nos coman?- Percy se encogió de hombros.
-¿Qué nos torturen?- Annabeth enarcó una ceja.
-¿Qué nos hagan seguir viendo estas cosas?- Ofreció Nico, mirando con desdén a una vieja estatua de un sátiro- Es horrenda.
-¡Ey! Se parece a mi tío Ferdinand, no lo insultes- Le reprimió Grover, dándole un par de palmadas al pobre sátiro de piedra, eso hasta que la puerta de la tienda se abrió y los chicos se pegaron el uno al otro.
-Buenas tardes, queridos, ¿Qué hacen por aquí?- Preguntó una mujer, tenía aspecto de extranjera, árabe quizá, vestía de negro y llevaba un turbante y lentes oscuros pero les sonrió amablemente- Pasen, no sean tímidos, este no es lugar para andar vagando.
-Mmm, claro, gracias- Respondió Percy, tomando la guía y tratando de no ser odioso- estamos un poco perdidos.
-Se nota, querido, pasen, pasen- Les dio espacio para que entraran y les señaló a la mesa, que estaba llena de comida- ¿Tienen hambre? Estaba a punto de cenar y por lo visto i otra compañía no vendrá, sería una pena desperdiciar.
-Por supuesto, eso huele delicioso, gracias señora- Grover se dejó ir por su nariz y tomó el asiento que la dama le ofrecía, ganándose un par de miradas asesinas de los chicos que siguieron su ejemplo.
-Tía Eme, querido- Dijo ella, dedicándole otra sonrisa y observando a Annabeth con cuidado- Tienes unos ojos preciosos, querida.
-Gracias- Respondió la rubia, tratando de ignorar el extraño sentimiento que tenía en el estomago, definitivamente no era hambre- los herede de mi madre.
-Ah- Esta vez la sonrisa fue un poco cortante y siseó las siguientes palabras- de tu madre…
-¿Qué fue eso?- Preguntó Thalía por lo bajo.
-No lo sé- Respondió Percy, imitando a Grover y piqueteando la comida que tenía en frente.
-Dejen eso- Les reprimió la chica- ¿Qué saben si está envenenado?
-Uy, pesada- ambos chicos rodaron los ojos y Nico trató de no reírse.
-Así que, ¿este negocio es suyo?- Preguntó Annabeth, la dama asintió- ¿Usted trabaja las estatuas?
-Oh sí, antes lo hacía junto a mis hermanas, tenía dos de ellas- La tía Eme no le quitaba los ojos de encima a Annabeth- ¿quisieran dar un paseo?
-Ah, tal vez deberíamos…- "Irnos" iba a decir Percy pero la mujer ya había abierto la puerta con un gesto amable y los invitaba a caminar, el chico suspiró , vencido- Claro, ¿por qué no?
-Oh vaya, se ven encantadores todos allí, justo a ese arbusto- Dijo la tía Eme- ¿Les importaría si les tomó una fotografía?
-pss… Percy, no-Annabeth le susurró al oído, algo había empezado a cobrar sentido en su cabeza- ella sisea.
-¿Qué?- El chico no la escuchó bien, quizá era porque estaban susurrando.
-Ella sisea, y tenía dos hermanas… estatuas de piedra…- La chica trató de hacerle ver lo que resultaba obvio y Grover la escuchó, poniéndose tenso- ¿Qué sucede?
-No se parece al tía Ferdinand…- El sátiro miró a la tía Eme con cierto odio y un poco de miedo- ¡Es el tío Ferdinand!
-Oh, queridos, solo una rápida fotografía- La dama se llevo la mano a los lentes, los chicos se agruparon y aunque Thalía y Nico no habían escuchado mucho, entendían el lenguaje corporal de los otros- Solo quédense quietos, como estatuas.
-¡No la miren! ¡Cierren los ojos!- Ordenó Annabeth, nadie la cuestionó y pronto estuvieron sumidos en la oscuridad-¡Es Medusa!
-Ah, querida, se nota que heredaste la inteligencia de tu madre…- Siseó la mujer, ¿o monstruo?- Será un placer enviarle sus estatuas a los dioses.
-Ni lo sueñes- los chicos se dispersaron y Percy abrió los ojos, tratando con todas sus fuerzas de no volver a mirarla, había cierta curiosidad en él que quería saber cómo lucía una Gorgona.
-Por aquí- Annabeth le jaló de la camisa y ambos se escondieron en un rincón del lugar.
-Annabeth, mi niña, ven acá- Río la tía Eme desde algún lugar- Tu madre me hizo esto, es justo que cobre mi venganza.
-Tenemos que matarla- Decidió la chica rápidamente.
-¿Cómo hacemos eso? No podemos mirarla- Replicó Percy, Grover le hizo señas desde su escondite y apuntó su dedo a Thalía como desesperado- ¿Qué?
-No podemos mirarla, no directamente pero que tal… ¡con esto!- Annabeth le puso una bola de cristal verdoso en las manos y lo empujó en dirección a Medusa- Córtale la cabeza, es la única manera.
-Percy, mi niño, ¿vienes a jugar?- Le molestó el monstruo y Percy se atrevió a mirar por el cristal, la mujer era horrenda, tenía la piel escamada y garras en las manos, y sí, su cabello estaba hecho de cientos de serpientes negras, delgadas y furiosas- te podrías quedar conmigo, harías una estatua encantadora.
-Lo siento tía Eme, no hoy- El chico por fin captó lo que Grover trataba de decirle y le hizo una seña a Thalía, la chica se cubrió los ojos con una mano y con la otra se hizo de la mano de la Gorgona, pasándole una horrible carga eléctrica que sacudió a las serpientes, la distracción fue suficiente para que Percy le rebanara la cabeza de un golpe, el cuerpo de Medusa siseo y el viento se llevó una correntada de polvo dorado- Ewww!
-No seas delicado- le reprimió Thalía, mirando la cosa a sus pies- eso asqueroso…
-¡Wow! ¡Eso es asombroso!- Dijo Nico, mirando la cabeza cercenada de Medusa, las pequeñas serpientes todavía se movían- ¿Nos la podemos quedar?
-No, sería una carga…- Replicó Annabeth- Pero es un trofeo de guerra, tuyo Percy.
-Mmm, tengo un idea- El chico entró de vuelta al emporio de la tía Eme y rebuscó hasta encontrar una caja de las que usaba la Gorgona para sus envíos y un rotulador, metió allí la cabeza y escribió los datos necesarios, también encontró un par de dracmas que se guardó en el bolsillo y finalmente puso la caja en la mesa, donde no tardó mucho en desaparecer- Listo, podemos irnos.
-¿A dónde la has mandado?- Preguntó Annabeth, algo consternada- Debería haber sido al campamento, espero que haya sido así… ¿Percy? Esa cabeza es peligrosa.
-Lo sé, la mandé a un lugar donde estará bien, no te preocupes- El chico sonrió, la rubia realmente le estaba mirando preocupada, finalmente se encogió de hombros y suspiró, rendida, él se rió- Yo sé lo que hago.
Empire State, piso 600.
-¡Correo!- Gritó Hermes, mirando la caja que tenía ante sí, parecía sospechosa pero no sabía por qué dudar, menos cuando vio de quién era- ¡Es de Percy!
-Oh, ¿Qué hay adentro?- Preguntó Apolo, tratando de obtener una mejor vista- ¿Qué dice la nota?
Ares
Monte Olimpo
Planta 600
Edificio Empire State
Nueva York, NY
Espero que le encuentres buen uso,
PERCY JACKSON.
-¿Deberíamos abrirla? No es para nosotros- Cuestionó Hermes, acostumbrado a respetar el correo ajeno- ¿Qué crees?
-No creo que se enoje, demos un vistazo- Apolo se lanzó como un niño en navidad y abrió la caja, sus ojos se llenaron de espanto en cuanto una de las serpientes trató de morderle el dedo- ¡No la mires! Oh, Hermes, ¡No!
-¿Qué?- El dios mensajero no pudo ni llegar a ver que había allí dentro, Apolo se lanzó sobre él y le tapó los ojos, apartándolo de allí como despavorido- ¡Percy ha perdido la razón!
-¿Qué les sucede?- Preguntó Ares, entrando a la sala donde los dos dioses habían estado, notó la tarjeta y la caja, sonriendo al ver su contenido- Este gamberro sí que sabe lo que me gusta.
-Ares, ¿Qué sucede con Apolo y Hermes?- Preguntó Poseidón asomándose a la puerta, tenía una cara de consternación ante los actos poco apropiados de los otros dioses- ¿Qué tiene que ver con Percy?
-Oh no es nada- Dijo el Dios de la guerra, haciéndose de los mechones serpentinos y sacando la cabeza sin mirarla y sonriendo ante la expresión de pánico en el rostro del otro, quién se apartó un poco del marco- ¿Quisieras verla más de cerca?
-¡NO!- Gritó el dios del mar antes de salir corriendo, dejando a Ares disfrutando de su regalo.
