NO ESTOY MUERTA
Y yo sé que algunos desearían que así fuera, pero
POR FAVOR NO ME MATEN!
Luego de la horrible experiencia con el autobús, las benévolas y la tía Medusa, decidieron que tomar un tren no sería lo peor que les podría pasar, esperaban poder llegar al menos hasta Denver antes de que alguna desgracia les ocurriera pero sabían que estaban esperando demasiado, cuatro semidioses y un sátiro debían oler a buffet para monstruos, eso sin contar que llevaban a los hijos de los tres grandes, lo que prácticamente les colocaba un cartel en letras de neón que decía; "SEMIDIOSES AQUÍ, PASEN Y DISFRUTEN MIENTRAS LOS HACEN PEDAZOS"
-Así que… ¿tienen algo de que charlar?- Preguntó Percy luego de cinco minutos en el tren, el silencio lo estaba matando y a diferencia de Nico y Grover, él no podía dormirse en cualquier lugar- Estoy realmente aburrido.
-¿Y piensas que yo voy a entretenerte?- Thalía lo miró como si le hubiera crecido una cabeza extra- Estas loco.
-¿Qué tal tu?- El chico se volteó a Annabeth, a quién tenía sentada justo al lado- ¿Qué tal es tu familia?
-A ellos no les importo- Respondió la rubia secamente, mirando hacia afuera y no a los ojos curiosos que se habían posado sobre ella- Mi madrastra me detesta, mi padre la quiere más a ella, yo siempre he sido la culpable de todo lo malo que les ha pasado y al final, luego de un tiempo, lo entendí, ellos no me querían. Así que una noche tomé mis cosas y me fui.
-¿Qué edad tenías?- Preguntó Thalía, mirándola con entendimiento, no lastima, ni pena, no como si estuviera triste por ella pero más como si la entendiera, aunque fuera en un plano distinto.
-Siete, igual que cuando entré al campamento, no habría durado mucho allí afuera sin ayuda- La chica aseguró un mechón que le estorbaba detrás de la oreja y sonrió un poco- Hubo alguien que me encontró, me ayudó y me llevó hasta la calina mestiza, él cuidó de mi mientras estuvimos en lo salvaje.
-Eso es bueno, al menos sabes que cuentas con alguien, y con nosotros, aunque no sea de mucha ayuda- Los tres chicos compartieron una pequeña risa incomoda y Percy miró a Annabeth con nuevos ojos, una pizca de admiración hacia la rubia había nacido en él. Había querido preguntar quién era ese alguien, pero era bastante obvio que estaba hablando de Luke, la pequeña historia les había dejado algo en qué pensar y Percy se perdió en la sonrisa que la chica tenía plasmada en el rostro, el paisaje de los campos de Ohio y la luz de la luna atrapada en su cabello la hacían ver casi intemporal y a esa imagen fue que el chico cayó dormido.
"No podía ver nada, ni siquiera sus propias manos eran distinguibles en la oscuridad que lo abrazaba, no había sonido alguno además de su respiración y por un minuto temió haber muerto mientras dormía, una pequeña luz dorada surgió del vació, como una chispa se expandió y pronto hubo frente a él un espejo dorado, tan esplendido que los destellos dorados bastaban para poder distinguir una pequeña porción de lo que lo rodeaba, estaba en una cueva y su reflejo parecía sucio y maltratado. Su cabello estaba revuelto y sus ropas llenas de agujeros, su piel estaba machada de polvo, sangre seca y un polvo negro que olía sospechosamente a pólvora, cuando extendió la mano para tocar el cristal, su reflejo se apartó.
-¿Qué crees que haces?- Dijo el chico en el espejo- No puedes tocarme, no existo.
-¿No existes? Pero tú eres… un simple reflejo- La confusión se extendió por el rostro de ambos chicos, Percy no entendía nada de lo que estaba sucediendo- ¿O no?
-¿Un reflejo? Un reflejo… ¡Un reflejo!- el pequeño balbuceo sonaba tan extraño viniendo de él mismo y poderse escuchar le hacía entender porque Annabeth lo había creído tonto la primera vez que se habían visto- ¡Yo no luzco tonto! Además, no balbuceo, y esa rubia orgullosa no me interesa. Aquí, tú eres el reflejo, este es mi lugar, estas son mis tierras.
-¿Vives en una cueva vacía?- Percy se había puesto algo nervioso ahora que el otro podía leer sus pensamientos de alguna manera y una carcajada broto del espejo, nunca creyó que él fuera capaz de reírse a como su clon lo hacía y quizá ahí era donde las similitudes terminaban.
-¿Llamas a esto una cueva vacía? Vaya que de verdad debe serlo, este lugar, todo esto es tu mente Perseus- Percy hizo una nota mental de aprender a sonreír de la manera que su clon lo hacía, hasta Thalía hubiera tenido escalofríos- Diría que soy tu consciencia pero no, soy como tu inconsciencia pero… bueno, tu sabes, si tuvieras un ángel y un demonio sobre tu hombro, yo seguramente sería el demonio.
-Bueno, definitivamente eres yo, pero… ¿Qué quieres conmigo?- Imaginarse a sí mismo con una toga roja, cuernos y una cola no estaba ayudando mucho a calmar su mente ansiosa- Si de verdad eres mi parte malvada deberías de estarme incitando a hacer cosas malas, ¿Qué quieres que haga?
-Oh, me ofendes- Su clon hizo un gesto melodramático y simuló estar realmente herido por el comentario, luego se rió un poco y se acercó a Percy lo más que el cristal lo dejó- Pero la verdad es que sí, te diré que hagas cosas malas y me vas a escuchar, porque esta vez, solo esta vez, esas cosas malas vienen con una recompensa, sí, tienen un precio también, pero palidece en comparación con lo que obtendrás, créeme Perseus Jackson, acepta su trato y no te arrepentirás.
El clon estaba presionando sus manos contra el espejo, mirándole fieramente a los ojos y con una expresión decidida, lo que decía era verdad, o lo que él creía que era verdad y por un momento hubo duda recorriendo las venas de Percy, una pizca de miedo y montones de ansiedad, no quería escuchar a su parte malvada, ¿Qué tal si se dejaba convencer? Ya estaba cansado de escuchar sobre precios, la misión tendría un precio, cualquiera que fuera el trato que le ofrecerían tendría un precio, todos le estaban poniendo precios y Percy no tenía ni idea de que era lo que querían, ¿Con que iba a pagarlos? No quería averiguarlo, y su mente, reaccionando a sus pensamientos, creó una raja en el cristal, el clon se empezó a reír al ver que había cumplido con su trabajo y riéndose fue que desapareció en una lluvia de cristal, resultado del espejo rompiéndose en pedazos."
Al día siguiente
El Gateway Arch ya era visible para el final de su segundo día, el cielo se empezaba a teñir de dorado y un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo de Percy al recordar su sueño de la noche anterior, Nico lo notó y miró a su primo con una ceja levantada, habían aprendido a comunicarse bastante bien por medio de simples miradas y se dedicaron un intercambio de opiniones silencioso mientras el resto seguía ignorante a ambos muchachos.
"¿Sucede algo?"
"No"
"Me estás mintiendo" Y esta vez no era una pregunta
"Un poco, no es importante"
"¿Estás seguro?"
"Cien por ciento"
"Okay"
"Okay"
-Siempre he querido hacer algo como eso- Le susurró Annabeth a Thalía, ambas estaban sentadas a la ventana, una frente a la otra.
-¿Cómo qué?- Preguntó la chica mirando por la ventana y tratando de seguir la mirada de la rubia- ¿El arco?
-Sí, construir algo grandioso, algo que esté hecho de metal y piedra y dure por siempre, que tenga mi nombre escrito en la base- sus ojos se habían llenado de ilusión, como si se estuviera imaginando el día en que aquello pasara de verdad.
-¿Quieres ser arquitecta? Supongo que tiene sentido, siendo hija de Athena- Thalía casi hizo una mueca al pensar en la diosa, extrañaba un poco el convivir con sus tutores pero sonrió al ver cuán similar era Annabeth a su madre- Algún día, ya verás.
-Sí, por ahora creo que deberíamos concentrarnos en alimentar a estos salvajes- Se rió la rubia, mientras Percy, Nico y Grover empezaron a quejarse de lo aburridos que estaban y de lo vacíos que se sentían sus estómagos- ¿Quién quiere darle un vistazo de cerca al arco?
-Si me consigues una cajita feliz te sigo hasta el fin del mundo- Dijo Nico y sus primos arrugaron el ceño, el tren haría una parada de tres horas antes de partir, en tres horas Nico podía arrasar muy bien con un McDonald, en fin, podían culpar a Annabeth esta vez.
La caminata de la estación al arco no era demasiado lejos pero tampoco tan corta, les daría el tiempo suficiente para un pequeño paseo, algo de comida y volverían con unos minutos de sobra, todo en orden. Las filas no eran tan largas al anochecer y pudieron colarse sin problemas, el museo subterráneo estaba lleno de cachivaches y no había cosa muy interesante pero Annabeth se la pasó contándole a los chicos datos curiosos sobre la construcción del arco pero Thalía era la única que la escuchaba, Nico iba haciendo muecas a su espalda mientras Grover y Percy se daban una sobredosis de azúcar con golosinas que habían comprado en una tienda
Cuando decidieron subir a la cima del arco para apreciar la vista y Percy empezó a revolverse nervioso, el chico se había vuelto un poco claustrofóbico desde la vez que Ares pensó que sería gracioso meterlo en una caja y mandárselo a Amphitrite por Hermes Express, Thalía y Nico sabían esto y se posaron ambos a cada lado de su primo y se dedicaron subir en silencio, una señora gorda iba con ellos, llevaba un pequeño y feo chihuahua con ella, a los chicos les sorprendió que no le hubieran dicho nada pero no lo mencionaron, ni siquiera cuando el animal empezó a gruñirles.
-Oh, venga hijito, compórtate que estamos en público- Le reprimió la mujer- No vayas a asustar a estos retoños.
Si bien la vista era increíble, habían pocas cosas que a Percy le gustaran menos que los lugares cerrados, un lugar cerrado y a ciento ochenta metros de altura no era nada reconfortante y podía ver que Thalía tampoco estaba muy cómoda con estar tan alto. Por las ventanas se podía apreciar la ciudad, tan viva y llenas de luces de colores y por el otro lado se podía ver el río, el agua le recordaba al muchacho de su hogar en el Olimpo y en su padre, un guardia lo distrajo de sus pensamientos al anunciar que cerrarían pronto y todos le lanzaron una mirada de disculpa a Annabeth, no era su culpa pero sabían que la chica se hubiera quedado allí por siempre si la hubieran dejado.
El ascensor estuvo lleno antes de que Percy pudiera entrar, los chicos se ofrecieron bajarse y esperar por él pero eso no le pareció necesario, les dijo que lo esperaran abajo y se quedo rondando un poco más mientras esperaba el siguiente ascensor, la señora gorda y su perro también se habían quedado por allí, se le estaban acercando y la mujer sonrió, Percy odiaba tener un sexto sentido que solía advertirle cuando no confiar en la gente, lo ponía nervioso antes de que las cosas pasaran, justo entonces el perro se escapó del agarre de su dueña y le empezó a ladrar.
-Ah pero bueno, hijo te dije que dije que esperaras- ¿Hijo? El perro la ignoró y siguió ladrando, la señora suspiró- Bueno, si insistes…
-Disculpe señora, su perro… -El chico no sabía qué hacer, había gente mirándolos y todavía no tenía suficientes razones para explicar la mala sensación que estaba abarcándolo justo ahora- ¿Podría calmar a su chihuahua?
-Quimera, la palabra que buscas es quimera- Le corrigió la mujer con una sonrisa- Es fácil confundirlos, ya sabes, toda esta niebla.
Los ladridos se convirtieron en un rugido y la creatura frente a él se transformó, la mujer también había cambiado físicamente y pudo escuchar gente gritar en la distancia, siempre se preguntó que verían los mortales pero ahora no le importaba, estaba a menos de tres metros de la bestia y anaklusmos todavía estaba su bolsillo, si se movía estaba muerto.
-Oh Perseus Jackson, deberías considerar esto un honor, no es por cualquier héroe que ignoraría las ordenes de mi señor Zeus y mucho menos te entregaría a uno de mis hijos para la cena, otro héroe le daría indigestión, pero tú, eres merecedor de un trato especial, de primera mano de la madre de los monstruos; Equidna!
-¿Cómo…?- La alarma que le indicaba a Percy que debía callarse no estaba funcionando, ignoró todo lo que la mujer serpiente había dicho y el significado de sus palabras, su cerebro realmente estaba confundido y solo pudo pensar en una cosa-… ¿El oso hormiguero?
-¡NO! ¿Por qué nadie puede dejarlo por fuera? ¡Esto no es una broma pequeño semidiós! ¿Te atreves a compararme con ese ridículo animal?- Por la manera en que gritaba era fácil ver que no era la primera vez que aquello pasaba- Pero ya verás, solo por esto tu muerte tardará más de lo planeado, sufrirás Percy Jackson, ¡Mi hijo te hará pedazos!
La quimera se le lanzó encima y apenas consiguió esquivarla, sacó el bolígrafo de su bolsillo y lo destapó, poniendo la guardia en alto y preparándose para la batalla, sinceramente no quería luchar con ningún monstruo en aquella situación pero no tenía de otra, la criatura le rugió de nuevo y esta vez le lanzó una llamarada que no se estaba esperando, casi terminó como crujiente pero consiguió esquivar el fuego por los pelos, justo detrás de él había ahora un agujero y seguramente Annabeth tendría un ataque, a bestia se lanzó de nuevo y esta vez consiguió morderlo en la pantorrilla, sintió que la pierna le ardía y lanzó una estocada, no hizo mucho daño pero consiguió que lo soltara.
-Venga niño, ríndete ya, sabes bien que el veneno te matará en un par de minutos- Sonrió Equidna- Rinde tu espada, olvidaré que me ofendiste, mi nuevo señor tendrá consideración de ti, el quiere hacer un trato contigo.
-Nunca- Respondió él, no pudo evitar pensar en su sueño y en el consejo que su inconsciencia le había dado, no lo quería, se aferró a contracorriente y se preparó para atacar- Prefiero la muerte a ser un traidor.
-Espero que tu papi te haya enseñado a volar Perseus Jackson- Se rió la ella- ¡MUERE!
La quimera lanzó unas cuantas llamas más, haciendo a Percy retroceder hasta el borde de la abertura, si se hubiera detenido un segundo a pensar en si debía saltar o convertirse en tostada, seguramente habría sido una tostada, se dejó caer sin siquiera remediar en ello pero lanzó su espada como último recurso, sonriendo al ver que se hundía en la cabeza de la criatura. No supo que pasó con la quimera, si la había herido de muerte o si Equidna se estaba riendo o gritando como una loca rabiosa, lo único sabía era que estaba cayendo y que el veneno empezaba a cobrar efecto, los bordes de su visión se oscurecían y su respiración se hacía más lenta en vez de acelerarse por la adrenalina, estaba muriendo y cayendo al río, no al mar, al Misisipi, cerró los ojos y se encomendó a su padre.
-Por favor, ayúdame…
