Bueno chicos y chicas, ¿adivinen quien está viva? Pues yo! Ya tengo nueva laptop y no puedo esperar a terminar esta historia, tengo tantas ideas y cosas por hacer, pero por supuesto, luego de tanta espera, creo que se merecen algo bueno, así que... aquí les va! Ojalá lo disfruten tanto como yo.


-No, absolutamente no- Thalía se cruzó de brazos y le dio una mirada asesina a los chicos- De ninguna manera, no tenemos tiempo para perder. ¿Te has vuelto loco?

-No, estoy tan cuerdo como tú, pero tenemos que ir, no hay otra forma- Insistió Percy, Thalía tenía razón, no tenían tiempo para perder y la discusión era una pérdida de tiempo- La náyade del río me dijo que debíamos ir, así que iremos, sabes bien que las señales de los dioses no deben ser ignoradas.

-No fue una señal de tu padre, fue una estúpida náyade. Percy, nos queda muy poco tiempo para encontrar el rayo, no sabemos dónde está ¿y tú quieres empezar por buscar en Las Vegas?- Thalía parecía indignada con la idea, el estrés de la misión estaba empezando a hacer de las suyas.

-Thalía, te voy a preguntar algo, y quiero que me contestes con completa honestidad- Percy se acercó a su prima y le tomo el rostro en las manos, mirándole directo a los ojos- ¿Confías en mí?

Annabeth, Nico y Grover miraban la conversación a una distancia segura, pero estaban tan interesados en el resultado como los dos chicos discutiendo, todos sabían que no tenían mucho tiempo de sobra, pero también sabían que la náyade los podría estar guiando a una pista, algo que les facilitaría el viaje. O tal vez era una trampa, ahora los monstruos y criaturas místicas tenían lealtades divididas, no había manera de estar seguro más que ir y averiguarlo. Mientras Percy y Thalía cruzaban miradas, lo tenso del silencio pareció aligerarse, y por último; la chica suspiró.

-Sí, sabes que te confiaría mi vida- Confesó la pelinegra, resignada- pero no te confiaría la tuya. Percy, ¿estás completamente seguro sobre esto?

-Lo estoy- Le contestó él, rodeándola con los brazos en un abrazo ligero, luego le dio un beso en la frente y le sonrió- Es hora de irnos.

-A como esto nos mate, te juro que tu alma no descansará en paz- Refunfuño la chica, cruzándose de brazos nuevamente y empezando a caminar, esta vez un poco más relajada y con el fantasma de una sonrisa en los labios.

-Espero que estemos tomando la decisión correcta-Le dijo Annabeth a Percy, al pasar junto a él y regalando una mirada dura, sus labios estaban tensamente presionados el uno contra el otro en una línea tan delgada que el chico pensó que si la besaba se cortaría con ellos. Luego se regañó a sí mismo por el mero pensamiento de besar a Annabeth- Yo no confió en la gente, pero milagrosamente, Percy Jackson, confió en ti.

La rubia pasó de él, adelantándose y uniéndose a Thalía, dejándole un nudo en la garganta. ¿Qué tal si estaba equivocado? ¿Qué si la náyade le había mentido? No había forma de saber si los estaba guiando a una trampa mortal, pero, ¿Qué tal si era lo contrario? Eran más las posibilidades de encontrar lo que buscaban en Las Vegas, o al menos eso se obligó a creer. Grover y Nico debieron de haber escuchado las palabras de Annabeth y medir el efecto que habían tenido en él, porque ambos se colocaron a su lado y le dieron una sonrisa, animándolo. No estaba solo, tenía que recordar eso. No estaba solo.

-Estaremos bien- Dijo Grover, con un espíritu ligero en la voz- Ya verás, todo va estar bien y encontraremos algo útil, el destino es algo que no podemos engañar.

-Y tú eres un héroe por destino, serás un héroe, Percy, y yo confió en ti, incluso si esto resulta en lo peor, no hay manera en que pudiera odiarte o culparte por ello- Le dijo Nico, tomándole la mano y empezando a caminar, llevándole consigo- Vamos, tenemos el Olimpo por salvar.


Encontrar el lugar exacto no había sido problema, pero de verdad, ellos eran cazadores expertos, hijos de dioses, mitad humanos, mitad legenda… Y a fin de cuentas, allí estaban, en frente a las puertas de un casino. A muchos les parecería un poco indigno, aquellos lugares no tenían muy buena fama y las personas que los frecuentaban lo hacían porque sabían lo que estaban haciendo o porque no y se querían divertir, o necesitaban hacerlo por algún motivo de fuerza mayor, pero bueno, ¿no era esa la exacta definición de un semidiós?

-¡Bienvenidos! Pasen adelante y diviértanse, el Casino Loto siempre tiene sus puertas abiertas para chicos como ustedes- Les sonrió una chica regordeta con cabello rubio tan brillante que parecía hecho de oro, sus ojos estaban un poco vidriosos pero con los cambios de luces repentinos en el casino, era de esperarse- Venga chicos, no sean tímidos, hay muchos juegos entretenidos y gente por conocer.

-Bueno, esto pudo haber sido peor- Sonrió Nico, mirando a su alrededor, el lugar estaba lleno de chicos, luces de colores y maquinas de juego, nadie parecía estar en peligro de muerte y en sí, parecía una buena oportunidad para relajarse un poco y buscar por pistas.

-¿Nos dividimos o nos mantenemos juntos?- Preguntó Percy, mirando al grupo y notando que todos miraban en direcciones distintas, quizá la curiosidad les estaba ganando.

-Yo digo que nos separemos, pero no mucho, hablemos con los otros chicos, tratemos de mezclarnos y ver qué información podemos conseguir- Sugirió Annabeth, siempre con aquel tono que indicaba que sabía lo que decía, o creía estar segura de lo que sucedía.

-Bien, no se alejen mucho y traten de averiguar algo útil- Ordenó Thalía, empezando a caminar hacía una de las maquinas que estaba libre, entre dos chicos que seguramente caerían por su sonrisa en un parpadeo.

Grover y Nico tomaron su rumbo, emocionados ante la posibilidad de video juegos, Annabeth decidió buscar algo en lo que pudiera utilizar su mente y no dejar los resultados al azar, y Percy decidió no ir muy lejos, quedándose en la zona y tomando la maquina más cercana. Los chicos a su alrededor apenas reconocieron su existencia, pero aquello le importó poco cuando empezó a jugar, su mente estaba tan estresada con todo que agradeció inmensamente el poco entretenimiento que le brindaba el juego. Luego de un rato, perdió la noción del tiempo y de lo que lo rodeaba, estaba cansado de cazar monstruos y la oportunidad de comportarse como un chico común y corriente era demasiado tentadora; simplemente se dejó ir.

-Disculpa, ¿te molestaría si cambiamos de maquina?- Una voz a su derecha lo hizo saltar, no tanto por la distracción, pero más por el sonido; la había escuchado antes- Me empiezo a aburrir de esta.

-Oh, claro, no hay problema- Le contestó Percy y se atrevió a alzar la mirada. Se encontró un chico de sonrisa poco confiable y cabello rizado, Percy lo conocía, o eso era lo que su cabeza le trataba de decir, pero, ¿de dónde?- Claro, ¿Qué tal? Mi nombre es Percy.

-Mucho gusto, yo soy Leo- Se rió el chico, desordenándose el cabello con las manos- Supongo que no he hecho muchos amigos desde que entre aquí.

-Sí, yo tampoco, pensé que Las Vegas era un lugar para socializar- Bromeó Percy, aún curioso sobre el chico frente a él- ¿Has estado aquí por mucho?

-No, una hora cuando mucho- Aquella respuesta hizo que Percy frunciera el ceño, pues estaba seguro que él chico ya estaba allí cuando él había tomado asiento junto a él- ¿Qué tal tú?

-Oh, pues… igual, no mucho tiempo- Percy miró a su alrededor con el ceño fruncido, observando bien a los otros chicos, quienes parecían estar demasiado idos en los juegos como para notar nada más, algunos vestían de forma extraña, como si hubieron ido a una fiesta de los 80 o incluso a una fiesta de época, la manera en la que miraban a sus pantallas era casi como si…- No, no puede ser.

-¿Sucede algo? Te has puesto pálido de golpe- Le preguntó Leo, preocupado, o tal vez pensando que estaba loco o algo así.

-No puede ser, esto… ¡Hey, tú!- Percy le llamó la atención a una de las chicas vestidas de hippie, ella parpadeó un par de veces antes de enfocar la mirada en él y levantar una ceja en modo de pregunta- ¿Qué año es?

-1967, ¿estás bromeando conmigo? No me distraigas para preguntarme cosas estúpidas- Le reprimió ella, acomodándose el cabello detrás de la oreja y volviendo a su juego.

-No, ¡otra vez no!- Leo, a su lado, se había puesto tieso y miraba a la chica con los ojos como platos. Percy se volvió hacia él y le tomó de los hombros- Mira, yo sé que esto va a sonar algo loco y difícil de creer, pero este lugar está hechizado, estos chicos están hechizados, hay algo mal en todo esto y tenemos que salir de aquí.

-Te creo- Dijo el latino, sin apartar la vista de la chica- No es la primera vez que me pasa algo increíble.

-Bien, Leo, hay que encontrar a mis amigos e irnos, ¿viniste con alguien?- Finalmente, la voz de Percy logró romper el momento de incredulidad en Leo y el chico le miró, negando con la cabeza- Okay, entonces… mis amigos están cerca, debemos ser rápidos.

-Bien, yo te ayudo, tú me ayudas, todos salimos de aquí… bien- Justo entonces, Leo alcanzó a ver a alguien con el rabillo del ojo, era Ethan, y el chico lo miraba con rabia, tomando la radio de su cintura y empezando a caminar hacía ellos- Debemos apurarnos, ¡vamos!

Leo le tomó la mano y empezó a jalar de él, tratando de perder a Ethan y de encontrar a sus amigos, lo menos que quería era quedar atrapados allí por siempre, Leo estaba cansado de ser un prisionero, lo único que quería hacer era correr, y seguir corriendo, esto le había enseñado una lección que pensó ya sabía de memoria; "Nunca confíes en nadie". El chico, Percy, estaba confiando en él, lo cual era una estupidez, pero él sabía lo que era ser defraudado por alguien en quien se confía, no pensaba hacerlo eso a Percy.

Thalía y Annabeth fueron fáciles de encontrar y de convencer, ambas chicas eran inteligentes y apenas despertaron de su propio hechizo se dieron cuenta de que todos los demás chicos no parecían pertenecer o responder a mucho, también fue obvio que la seguridad les estaba pisando los talones, ya sabían que estaban libres mentalmente y que tratarían de escapar. Grover y Nico fueron los siguientes, demasiado idos en sus juegos, tuvieron que literalmente apartarles la cara de la pantalla para conseguir su atención y luego tratar de explicar la situación.

-¿Están locos? Este lugar me gusta, ¿Por qué irnos?- Dijo Grover, tratando de volver a su juego, pero Annabeth lo abofeteo y aquello pareció dar resultado- ¡Auch! Eso no estuvo bien, no deberían lastimar a los sátiros, ¿o es que no sabes que es mi deber mantenerlos vivos?

-Yo lo sé, ¿lo sabes tú? Tenemos que movernos ahora, antes de que…

-Leo, mi amigo, ¿No te gustó el servicio?- Ethan por fin los había encontrado, el chico estaba usando una mascará que cubría todo su rostro y llevaba una lanza en mano, listo para obligarlos a quedarse- Que desagradecido, yo ofreciéndote una segunda oportunidad y tú, ¿Cómo te atreves?

-¡No debo nada! Esto no era una segunda oportunidad, esto es una trampa- Le escupió el latino, mirándole con rabia y tratando de distraer a Ethan, mientras Percy finalmente sacaba a su primo del trance- Nunca me apunté para esto, no tienes derecho a retenernos, nos vamos.

-Oh no, no, lo siento, mi querido amigo… Ustedes no estarán yendo a ningún lado- Aún con el rostro cubierto, Leo pudo escuchar la sonrisa en su voz- ¡Seguridad!

-¡CORRAN!- Gritó Leo, y estuvo agradecido de que, al igual que él, los otros chicos ya tenían experiencia en situaciones como aquella, pues todos corrieron sin pensarlo dos veces, siempre hacia la puerta, Ethan detrás de ellos- ¡Déjanos en paz, sicótico!

-No pueden escapar, una vez que entran al Casino Loto, no deberían salir- La voz de Ethan recibió el eco de una alarma, y las luces del casino empezaron a parpadear en rojo, varios chicos en uniforme empezaron a seguirles también, armados con espadas y puñales, la sola visión de las armas hizo que Leo se sintiera mareado, pero Percy y sus amigos apenas se inmutaron antes de sacar las suyas propias- No gasten su tiempo luchando, no hay manera de escapar.

Los estaban rodeando, Percy y el otro chico se lanzaron al ataque mientras el resto seguía corriendo, estaban protegiendo la retaguardia, podían hacerlo, les faltaba tan poco, Leo casi podía sentir la libertad nuevamente, pero entonces un par de chicos se les cruzaron por el frente, justo cuando Annabeth hacía a coger la puerta, la rubia cambio de estrategia y convirtió su mano estirada en un puño, que fácilmente encontró su camino a la nariz de una de las "guardas"

-Estamos perdidos- Susurró Leo para sí mismo, estaba tan cansado de correr contra las paredes, tratando de escapar y siempre encontrando jaulas y trampas en su camino, ¿es que no había tenido suficiente con la vida? ¿Acaso le debía algo al destino? Estaba cansado y quería salir de allí, no tanto por sí mismo, pero por Percy y los otros chicos, quienes parecían listos a dar su vida por él, quién estaba desprotegido en medio de la batalla- No, nos vamos porque nos vamos, lo siento Ethan.

Leo no lo pensó dos veces antes de dejar su ira arder, literalmente. Llamas empezaron a surgir a su alrededor y varios gritos se escucharon al mismo tiempo, los objetos quemándose, en especial la alfombra, parecían crear un humo negro y espeso que era justo lo que necesitaban, una distracción que les permitiera salir. Leo corrió a la puerta, sin molestarse en ver quien le seguía, sabía que Percy y compañía estaban justo tras de él, nada más importaba.

-¡NO! ¡NO TE ATREVAS A CREER QUE ME HAN GANADO! ¡NO SE IRÁN DE AQUÍ!- La voz rabiosa de Ethan los seguía, un dejo de locura se aferraba a sus palabras y su risa les puso los pelos de punta.

-No le hagan caso, solo corran- Ordenó Thalía, calándole una patada a alguien en el rostro, se escucharon un par de maldiciones, un grito triunfante y un par de sonidos ahogados, pero los ignoraron todos y siguieron corriendo.

Corrieron hasta que no habían más voces tras de ellos y el humo finalmente se había disipado, Leo se detuvo por un segundo, mirando a su alrededor, contando cabezas y sintió como si le hubieran sacado el aire de un golpe, se sintió tan estúpido y tan culpable, era su culpa, ¿de quién más? No había nada que pudiera hacer ahora, estaba tan cansado por haber usado su fuego, y quería romper a llorar. Sin embargo, miró a Percy a los ojos, le dio un fuerte abrazo y salió corriendo, huyendo de todo, de la culpa y dejando a los chicos atrás, porque ellos aún no habían llegado a la conclusión que él había llegado y no quería estar ahí cuando lo hicieran.

Escuchó que le llamaban pero lo ignoro, siguió corriendo, no sabía a dónde o a quien, pero corrió hasta que sus pies no pudieron más y sus pulmones ardieran, estaba rodeado de árboles, lo cual era bueno, pues había dejado la ciudad, ¿Cuánto habría corrido? ¿Lo habrían seguido? ¿O se habrían detenido a contar?

Leo cayó de rodillas, tomando enormes bocanadas de aire, tratando de alimentar sus pulmones, pero en lugar de calmarse; empezó a llorar, porque no podía creer cuán cerca había estado, y también sentía el corazón comprimido, no podía apartar su mente de Percy y de cómo le había fallado, de lo que los otros chicos iban a pensar y sentir cuando se dieran cuenta de que, aunque en total debían de haber seis personas, solo cuatro habían quedado en aquel callejón y todo había sido culpa suya. Uno de ellos había quedado atrás y sacarlo de allí no era una opción, Leo lo sabía, y simplemente sollozó más fuerte.


-¿Qué diablos es su problema?- Preguntó Thalía mirando a Percy, tratando de recuperar el aliento, el chico extraño, Leo, simplemente había echado a correr apenas estuvieron a una distancia segura, definitivamente no era un chico común, había prendido en llamas el hall del casino.

-No lo sé, pero estamos a salvo, todo gracias a él- Percy se volteó, mirando a su prima y dándole un pequeño chequeo, asegurándose de que estuviera bien, cuando estuvo satisfecho volteó la mirada hacia su primo y el corazón se le detuvo- ¿Dónde está Nico?

El silencio que cayó sobre todos parecía lo suficientemente denso para aplastarlos, los ojos de Grover se abrieron como platos y el sátiro miró a su lado, como esperando ver al pelinegro junto a él, y Annabeth clavó la mirada en el piso, ella era una chica inteligente, sabía bien lo que había sucedido, sus puños estaban cerrados con fuerza y temblaba un poco, pero nada se comparaba a la reacción de Thalía, quién se lanzó sobre Percy y le clavo un puño en la nariz.

-¡TE DIJE QUE ERA MALA IDEA! ¿PERO ACASO ME ESCUCHAS?- La chica parecía lista para golpearlo de nuevo o ahorcarlo, pero en lugar de eso, rompió a llorar y abrazó a Percy con fuerza, hundiendo el rostro en su hombro- ¡No podemos volver por él, Percy, no podemos!

-Lo sé- Contestó el pelinegro, apenas capaz de hablar, lagrimas le corrían por las mejillas mientras se aferraba a Thalía como si su vida dependiera de ello, se sentía furioso y culpable, pero había un dejo de esperanza dentro de él, en el casino no era probable que le hicieran daño a Nico, tal vez lo tendrían preso, hechizado, sí, pero esperarían a que ellos volvieran por él para tomar venganza, pero por ahora no podían volver, tenían que seguir adelante y recuperar el rayo, su corazón dolía y pensó que los sollozos que le sacudían el cuerpo eran de Thalía, pero la verdad era otra, y él lo sabía.