Bueno, amigos y amigas, aquí está este cap, un poco más ligero, para que tengan tiempo de relajar un poco su pobres almas, les juro por dios que nunca quise ser una de esas autoras que le destruyen el alma a sus lectores mientras van, pero me he convertido en un monstruo. No les digo más porque nada de eso van a encontrar en este cap y eso es medio spoiler medio advertencia para que huyan mientras pueden, pero bueno. Ojala que les guste el cap!


La pérdida de Nico había afectado los ánimos del equipo de gran manera, Thalía parecía lista para romperle el cuello al primero que se cruzara en su camino, pero así mismo rompía a llorar por momentos esporádicos, y Grover parecía estar teniendo una pelea consigo mismo, seguramente culpándose por no haber sido más cuidadoso y recordándose que el deber un sátiro era mantener a sus semidioses vivo, Annabeth estaba cabizbaja y sus ganas de discutir sobre todo parecía haberse evaporado, extrañamente sumisa ante cualquier sugerencia. Percy por su lado había vuelto a ponerse la máscara de líder, tratando de verse lo más calmado posible y mantener al equipo andando.

-Bueno, supongo que debemos seguir adelante, la pregunta es; ¿Dónde empezar?- El pelinegro ignoró totalmente la mirada asesina de Thalía y decidió poner su atención en Annabeth, quién parecía más estable- ¿Alguna idea?

-¿Honestamente? Ninguna, además me muero de hambre- Aceptó la rubia, mirando a sus manos y sonrojándose un poco- ¿Qué tal si buscamos una cafetería y discutimos esto después de un par de hamburguesas?

-Me parece una idea excelente- Agregó Grover, tratando de distraer un poco a sus compañeros, además, su estómago estaba empezando a hacer ruido- Hay una cafetería aquí a la vuelta, ¿vamos?

Todos estuvieron de acuerdo y se encaminaron allí, todavía en un silencio un poco tenso, y caras largas. La cafetería era un lugar pacifico y neutral, bastante a salvo y deberían ser capaces de mantener una conversación más tranquila una vez que hubieran llenado sus estómagos. Pronto fue claro que no sería así, pues en una mesa en la esquina estaba sentado un tipo vestido de cuero, con pinta de modelo de revista de motos, con una taza de café en frente y apenas los vio les hizo señas con las manos para que se acercaran.

-Bueno polluelos, han llegado lejos- Les sonrió el hombre, a quién Annabeth miraba confundida, pues parecía que los otros lo conocían- Siéntense, con confianza.

-¿Qué haces aquí?- Le preguntó Thalía, con voz tensa.

-Vine a darles un vistazo, a ver qué tal estaban- Dijo él, tomando un sorbo de su café y haciéndole señas a la mesera- Que pidan lo que quieran, lo agregas a mi cuenta, ¿ok?

-Muy amable de tu parte- Sonrió Percy, volteando los ojos, demasiado acostumbrado a ese tipo de visitas sorpresa para realmente sorprenderse.

-Oh gamberro, sabes bien que soy un tipo muy amable- El hombre se rió y los dejó pedir sus hamburguesas y batidos, a fin de cuentas es de mala educación rechazar la invitación de un dios- ¿Qué tal va la búsqueda?

-Esperen un segundo, ¿ustedes se conocen?- Preguntó Annabeth, quién ya había hecho más conexiones de las necesarias, y sabía justamente con que dios estaban tratando- No es común que Ares te invite a una hamburguesa solo porque sí.

-Lo siento muñeca, ¿pero es que uno ya no puede ser amable?- El dios se hizo el ofendido, pero no estaba engañando a nadie- Nah, conozco a estos gamberros, digamos que tienen un gusto especial por la violencia, a mi me encanta la violencia.

-Sí, bueno, lo que sea- Respondió la rubia, con una expresión molesta en el rostro.

-Bueno chicos, les traje algo de ropa, supongo que también me van a juzgar por ello- Dijo Ares, haciendo aparecer una muda de ropa para cada uno de ellos, incluyendo a Nico, pero esas desaparecieron en un parpadeo y nadie comentó al respecto.

-Gracias, necesitaba esto con ganas- Admitió Thalía, tomando sus pantalones negros, su camiseta blanca y su nueva chaqueta cuero para guardarlos en su mochila, deteniéndose de golpe y mirando adentro con un puchero- Uhm… esto es extraño.

-¿Qué es extraño?- Preguntó Grover, inspeccionando su nueva gorra.

-La última vez que revise no tenía esto aquí dentro- Dijo la pelinegra, poniendo el yelmo de la oscuridad de Hades sobre la mesa- De eso estoy segura.

-¿Qué diablos?- Preguntó Percy, mirando al objeto como si fuera la primera vez que lo veía en su vida.

-Oh vaya, gamberros, mejor devuelvan eso antes de ya saben quién se dé cuenta de que lo tienen, no debe estar de muy buen humor- Dijo Ares con una expresión adolorida en el rostro, como imaginando lo que Hades les podría hacer.

-Bueno, esto se pone cada vez mejor- Annabeth estaba cerca de su punto de ebullición, no podía creer lo que estaba viendo, y poco tenía sentido, ella era una chica de hechos, odiaba situaciones como aquella más que nada.

-La buena noticia es que la entrada al inframundo no está tan lejos- Percy, como siempre, trató de aligerar un poco el ambiente y se encogió de hombros ante la expresión de sus compañeros- ¿Gustan de un tour a la tierra de los muertos?


Los estudios de grabación "EL OTRO BARRIO" realmente estaban solo unas cuantas calles de la cafetería, las puertas de cristal eran un bonito detalle y el letrero que leía; "Abogados NO, Vagabundos NO, Vivos NO" hacía que todo se viera extremadamente elegante y misterioso, claro, eso y el mármol negro. El lobby estaba lleno de fantasmas, a como era de esperarse, pero a primera vista parecían estar vivos, simplemente ahí, sentados o de pie, mirando por la ventana, o esperando el ascensor, aburridos, quietos, sin moverse, ligeramente transparentes… En fin, Annabeth parecía asombrada con ellos, como si quisiera cortar una de las largas y esqueléticas ramas de las plantas ornamentales y empezar a picar muertos a ver qué hacían.

En el mostrador de seguridad había una figura conocida para dos de los semidioses, alto y de piel oscura, con su cabello rubio y lentes de carey, el traje de seda impecable como siempre y una roa negra en la solapa, justo debajo de la tarjeta de identificación. El guarda hizo a saludarlos, pero Percy se pasó un dedo por el cuello y negó con la cabeza, luego le señaló a Annabeth y a Grover con cierto disimulo y el guarda pareció entender, pues los miró como si fueran desconocidos cuando se acercaron.

-¿Puedo ayudarlos en algo? Me parecen que están un poco vivos como para estar aquí- Les dijo el guarda, guiñándoles un ojo- ¿Entienden?

-Sí, muy gracioso- Le dijo Annabeth, fingiendo reírse- Queremos ir al inframundo.

-¿Qué, así como así? Niña, para ir al inframundo ocupas morirte un poquito- El guarda la miró directamente, y luego sonrió- Pero hoy estoy de buenas, si tuvieras algo de dinero…

-Pero tenemos dinero, Caronte- Le replicó ella, sacando una pequeña bolsa llena de dracmas y sacudiéndolas un poco.

-Señor Caronte para ti, hermosa- Igualmente estiró la mano y levantó una ceja, esperando su oro.

-Bien, pero nos tiene que llevar al inframundo, o no hay propina- Le dijo ella, bastante orgullosa con su negociación, poniendo unas cuantas de las monedas en las manos de Caronte.

-Claro, señorita, pasen- Caronte los condujo hasta el elevador y espantó a unos cuantos muertos que trataron de colarse en el viaje- Vuelvo en un segundo, no se quieran pasar de listos o ya verán cuando vuelva.

Percy y Thalía decidieron mantenerse callados, sabiendo que con una sola palabra suya hubieran llegado al inframundo sin perder sus dracmas, pero Annabeth había hecho un trabajo increíble, aún si ellos no estuvieran por ahí, ofrecerle dinero a Caronte era una manera segura de llegar al inframundo, a como él solía decir; "Los trajes de seda no se pagan solos". Esperaban también que las cosas fueran bien, pues estaban preocupados sobre lo que Hades podría hacerles al saber lo de Nico, el dios era bastante amable en general, para la sorpresa de muchos, pero enojado podía ser peligroso, aún más cuando la vida de su hijo estaba en juego.

Cuando el ascensor se convirtió en barca, Annabeth le agarró la mano a Percy, quién trato de ocultar el sonido de sorpresa que le nació en la garganta, el chico entendía, la primera vez que había ido al inframundo se había asustado muchísimo. El estigio tenía ese efecto, todo lleno de animales muertos y las almas que lloriqueaban en las orillas, todo era tan oscuro y triste, la luz verdosa que embriagaba el lugar no ayudaba al ambiente y era agradable sentir el pulso de la chica en su mano, al menos ella podía estar seguro de que había alguien vivo cerca de ella, y él no pudo evitar sonrojarse un poco al pensar que sus manos calzaban perfectamente, como si estuvieran hechas para estar juntas.

-Es hermoso, ¿no? Un poco contaminado, estos humanos tiran lo que pueden allí dentro; esperanzas, sueños, deseos que nunca se harán realidad…- Comentó Caronte, la niebla enroscándose en el agua, como para darle un efecto dramático a sus palabras.

No mucho después llegaron a la orilla, la luz verdosa aún más brillante, del color que los comics solían colorear el veneno o sustancias tóxicas, resplandecía e iluminaba el rostro de las almas doloridas a la orilla del río, ancianos, mujeres, e incluso un par de niños a quienes Percy trató de no mirar con todo su ser, el gruñido de Cerberos haciendo eco contra la roca del lugar, nunca antes había cruzado la mente de los chicos cuán lúgubre era el inframundo hasta que vieron las reacciones de Grover y Annabeth.

-Bueno chicos, les desearía suerte, pero el viejo tres caras suena molesto- Dijo Caronte, mientras se bajaban de la barca, y finalmente esperó a que solo Percy estuviera arriba para hacerle señas de que se acercara- ¿Dónde está Nico? El jefe no va a estar contento si el jefecito está en problemas.

-Lo sé, pero ocupamos a Hades ahora mismo, Nico… él está bien, o eso creo- Admitió el chico, mirando a Caronte y encogiéndose de hombros, tratando de tragarse el nudo que tenía en la garganta.

-Bueno, espero por tu bien que así sea. Mi trabajo aquí está hecho- Caronte le guiñó un ojo a Annabeth y tomó su paga, sonriendo un poco- De todas formas, si lo pescan de buen humor, díganle al jefe que ocupo un aumento…

-…Los trajes de seda no se pagan solos- Terminaron Thalía y Percy por él, volteando los ojos y dándole la espalda. La pelinegra miró a su primo, empezando a caminar por el gastado camino pero aún así le sonrió un poco- Algunas cosas nunca cambian.