Bueno, aquí está esto, me gustó mucho escribir a Hades de esta manera, es solo que, bueno, con el ligero cambio de situación no me lo puedo imaginar de otra manera, espero que ustedes también lo perciban de esa manera. Ya, mucha hablada, ojalá les guste :)


Percy casi dejó escapar una risita al ver la cara de Annabeth, pero él entendía, además, si se reía era probable que no dejara el inframundo. Era común pensar que el lugar sería tenebroso y macabro, lleno de esqueletos y sombras misteriosas, pero la verdad es que aquello parecía más una terminal de aeropuerto que la tierra de los muertos. Sí, había fantasmas por doquier, vestidos de negro y con caras largas, pero estaban tratando de colarse en una de las tres filas que había, dos de ellas llevaban a una puerta que leía "En servicio" Y la otra leía "Muerte rápida".

Percy había aprendido que la muerte rápida era la opción popular del público, pues llevaba directamente a los campos de Asfódelos, donde los muertos pasarían la eternidad en un prado sin mucho que hacer, nada excitante, nada que temer, no era la gran cosa, pero era mejor que arriesgarse a ir a la puerta de servicio.

-Nunca pensé que vería esto, digo, aún estoy respirando- Dijo Annabeth en un suspiro, saboreando el aire en sus pulmones y aferrándose con más fuerza al brazo de Percy- Es asombroso, uno lee sobre esto y el juicio final, pero verlo es tan diferente.

-Lo sé, es bastante extraño- Le sonrió Thalía, mirando a sus brazos entrecruzados y dándole una mirada a Percy, quién se sonrojó de inmediato- Oye, ¿Quién es ese? Se me hace conocido.

-¿Ese?- Pregunto Grover, mirando al tumulto de fantasmas que se apartaban para hacerle espacio a un hombre de hábito- ¿No es el predicador de la tele? El que hizo un montón de dinero para caridad y luego se lo gastó en autos y una mansión con mini golf y todo.

-Ah sí, ahora recuerdo- Coincidió Thalía, mirando al hombre con lástima- Castigo especial de Hades, pobre diablo, las benévolas van a tener otro juguete.

-Siempre me he preguntado…- Empezó Annabeth, como dudosa de su duda- Si uno cree en otro infierno, ¿que cambia?

-Es lo mismo, ¿quién dice que él está viendo lo que nosotros vemos?- Le preguntó Grover- Ustedes humanos son bien cabezudos, cuando tienen una idea en mente no hay quién la cambie, en fin, castigo es castigo.

Conforme se acercaban a la división de caminos, los rugidos de Cerbero se hacían más fuertes, Percy sabía justamente donde estaba y también sabía que había que estar un poquito muerto o acostumbrado a él para verlo. Unos cuantos pasos más y ahí estaba, el enorme rottweiler negro de tres cabezas, bastante sorprendente e intimidante a primera vista. Las dos puertas de servicio se abrían a cada costado del perro, mientras que la de muerte rápida pasaba justo por debajo de él. Thalía se adelantó un poco del resto y chifló, llamando la atención del animal, quién la examinó, luego al resto del grupo y dejó escapar un gruñido de advertencia.

-¿Qué le sucede?- Preguntó Percy, no acostumbrado al recibimiento tan agresivo.

-Creo que es Nico- Le susurró Thalía, colocándose al lado de su primo que no estaba ocupado por Annabeth y tratando de que la rubia no escuchara- Sabe que no viene con nosotros, nosotros nunca venimos sin Nico, ¿Qué crees que le pasa?

-Oh- Fue lo único que Percy pudo decir, esas eran malas noticias y Cerbero probablemente se los iba a comer- Perfecto.

El gruñido de Cerbero se volvió aún más salvaje y se puso en posición de ataque, así mismo Annabeth se desprendió del brazo de Percy y empezó a rebuscar en su mochila, mientras ese espacio fue ocupado por Grover, quién temblaba tanto que incluso Thalía podía sentirlo desde el otro lado. El sátiro miró a Cerberos con los ojos como platos y tragó grueso cuando el rottweiler dejó escapar otro gruñido.

-Quizá les interese saber que Cerberos cree que perdieron a Nico, y él quiere jugar con él, tenemos diez segundos para que Nico aparezca o bueno, dice que tienen hambre- Le susurró Grover al par de semidioses, igual, tratando de mantener a Annabeth en la sombra, otro gruñido y Grover se aferró al brazo de Percy- Cinco segundos, ¿corremos?

-¡Ajá!- Dijo Annabeth de pronto, sacando una pelotita roja de su mochila y una sonrisa en los labios que hizo que sus tres acompañantes cuestionaran la sanidad de la chica- ¿La quieres? Mira la pelotita, yo sé que la quieres, ¡Siéntate!

Cerberos no dio señales de querer obedecer, es más, parecía estar preguntándose quién era esa chica y si estaba demente, ladeando sus tres cabezas y sus pupilas se dilataron.

-¡Siéntate!- Repitió Annabeth en tono firme pero no agresivo, Percy estaba seguro de que Cerberos se la iba a comer en cualquier instante.

En cambio, el enorme perro batió la cola un par de veces, se apoyó en sus delanteras, se lamió los colmillos y finalmente dejó caer el peso en sus cuartos traseros, sentándose y haciendo que los espíritus que hacían fila en la muerte rápida salieran corriendo despavoridos ante la amenaza de quedar aplastados. Los que no fueron muy afortunados hicieron un ruidito casi cómico, como un globo que se desinfla.

-¡Buen perrito! ¿Quién es un lindo perrito?- Le mimó Annabeth, lanzándole la pelota. Él la cazó en pleno vuelo y empezó a mordisquearla, lo cual era un merito desde que la pelota era apenas grande como para un rottweiler normal, la cabeza del centro parecía contenta, pero las otras dos intentaban quitarle la pelota- ¡Suéltala!

El perro miró a Annabeth sorprendido, y con un quejido dejó caer la pelota a los pies de Annabeth, toda llena de baba y mordisqueada. Ella no le prestó atención y la recogió, dándole a l grupo una mirada de advertencia y señalando con la cabeza a la puerta de muerte rápida, todos entendieron el mensaje, pero estaban un poco atontados con lo que estaba sucediendo.

-Buen perro, ahora quieto- Cerberos le dio toda su atención a la chica, mientras el grupo se escabullía en la entrada de muerte rápida, una vez al otro lado, Annabeth le lanzó la pelota a la cabeza izquierda- ¡Atrápala!

Mientras Cerberos estaba distraído con la pelota, Annabeth se deslizó entre sus patas y consiguió cruzar al otro lado, uniéndose al grupo. Grover aún temblaba un poco, pero los tres la miraban como si le hubieran crecido un par de cabezas, con la boca abierta de tal manera que la rubia no pudo evitar reírse un poco.

-¿Cómo has hecho eso?- Le preguntó Percy, honestamente sorprendido- Ha sido asombroso.

-Solía tener un dóberman, ya sabes, tuvimos que adiestrarlo y…

-Sí, perfecto, tenemos que irnos- Le cortó Thalía, mirando inquieta alrededor, la alarma había sido disparada por todas las armas que iban cargando y Cerberos empezó a aullar lastimeramente.

-Oh, buen perrito, ya verás, la próxima te traigo otra pelotita- Le dijo Annabeth, mientras el grupo trataba de avanzar. Percy la miró con el corazón en la mano, pues por lo visto ambos habían hecho un nuevo amigo- ¿Qué? No me veas así.

-Es solo que…- Percy se sacudió la sonrisa estúpida y empezó a caminar hacia el castillo de Hades- No es nada.


Para ser honestos, el tráfico en los Asfódelos siempre es lento, está lleno de almas, miles y miles de ellas, y el pasto negruzco no es agradable para caminar, pero bueno, luego de ser pisado por la eternidad es bastante difícil lucir y ser confortable. El castillo de Hades se imponía ante todo, las altas murallas negras hacían el lugar ver lúgubre, y las furias que volaban alrededor de las almenas daban ganas de salir corriendo en la dirección contraría.

Percy una vez había tenido a una furia como maestra, y no, no era una broma. Mientras Hades estaba afuera encargándose de asuntos importantes, los tres semidioses habían sido dejados a cargo de las tres benévolas, quienes, para evitar traumas, se habían rodeado de niebla para lucir como maestras de escuela, con nombre nuevo y todo. Lo que daría Percy por olvidar a la señora Dodds.

Una vez estando más cerca se empezaba a notar el lujo del inframundo, las enormes puertas de bronce grabadas y el exótico jardín de Perséfone, las plantas eran hermosas y sus frutos de cristal brillaban de manera seductora, los rubíes, las esmeraldas, los diamantes del tamaño de puños, era un lugar encantador. Justo en medio había un abundante sembradío de granados, cuyos frutos despedían un aroma que daba ganas de comerte la granada más grande, pero había que ser cautos con la comida del inframundo, un bocado del plato equivocado y nunca podrías irte de allí. Percy le apartó la mano a Grover antes de que este se dejara llevar por la tentación y lo obligó a seguir andando.

Las puertas estaban custodiadas por dos Rambo-esqueletos, con metralletas al hombro y cara de pocos amigos, bueno, cráneo. Thalía les prestó muy poca atención y pasó de ellos, llamando dos veces a la puerta, esperando un segundo, y llamando una tercera vez. La puerta se abrió para ellos de par en par, la chica avanzó sin inmutarse y el grupo decidió seguirla, a fin de cuentas, nada había evaporado a Thalía en su sitio, por lo que debería ser relativamente seguro entrar.

La sala era la misma de siempre, cortinas de oro, pisos lustrados, era un lugar digno de la realeza, y así era. En el alto trono de esqueletos estaba Hades, señor del inframundo, con su piel casi albina y cabello negro, coronado con oro trenzado y una túnica negra. No era tan musculoso como Ares, pero era obvio en su postura que no lo necesitaba, él era poder puro, y cuando sus ojos se posaron en los semidioses no pudieron evitar el escalofrío corriendo por sus espaldas.

-Son valientes al venir aquí, hijo de Poseidón, Hija de Zeus- Dijo el dios, con una voz empalagosa que hacía obvio su descontento- Después de lo sucedido, muy valientes. O quizá solo sean insensatos.

-Milord- Reconoció Percy, inclinando la cabeza ante Hades y dando un paso al frente, seguido de Thalía- Sentimos profundamente lo ocurrido, no tuvimos opción.

-Intentamos volver pero…- La voz de Thalía se rompió un poco y la chica desistió con su explicación- No es a eso a lo que hemos venido.

-¿No lo es?- La voz del dios se había suavizado un poco, pero aún miraba a los semidioses como si estuviera decidiendo si freírlos o dárselos de comer a Cerberos- Habla entonces, ¿A que han venido?

-Vinimos a devolver esto- Contestó Thalía, abriendo su mochila y sacando el yelmo de la oscuridad. Cuidadosamente avanzó hasta el trono y lo colocó a los pies del dios- Lo encontramos en nuestra búsqueda por el rayo, pensamos que apreciaría el gesto.

-Ya veo- Hades se levantó del trono y se encogió significativamente, aún era un hombre alto, pero parecía más humano, recogió el yelmo y lo acarició un poco, complacido de tenerlo en sus manos- Les agradezco el gesto, pero, ¿Dónde lo han encontrado?

-No me creería si se lo dijera- Le sonrió Thalía, y recibió una pequeña sonrisa a cambio, y un gesto que parecía decir "pruébame"- Estaba en mi mochila, no sabemos cómo llego allí ni cuándo.

-¿Es eso cierto?- El dios miró a Percy, quién asintió secamente- Les creo, más aún cuando veo que se han tomado el tiempo de traer esto de vuelta cuando aún tienen que devolver el rayo.

-Aún estamos buscándolo- Dijo Percy, quizá con la esperanza de que Hades tuviese alguna pista.

-Oh, muchacho, pero sí ya lo tienes contigo- Hades le dedicó una sonrisa entretenida y rodo los ojos, como si fuese algo típico- Perseus, ¿Hace cuanto que cargas el rayo en tu mochila sin darte cuenta?