Ok ok ok… No están imaginando cosas, por lo visto sigo viva y está historia tiene como mil años de que no la toco, pero me entró la nostalgia y la inspiración, así que espero que pueda ponerme al hilo de las cosas y quizá, con mucha suerte, algún día la termine. Disfruten y perdonen el retraso de años… oops
En ocasiones ser hijo de Poseidón podía resultar molesto, en especial cuando lo único que deseas es ahogarte en una bañera junto con todas tus penas, Percy Jackson era un experto en ese sentimiento, pequeñas burbujas escapaban de su boca mientras permanecía acostado contra el fondo de la bañera y miraba la imagen distorsionada del techo del baño de su cabina, había pasado ya más de una hora desde que se había dejado ir al fondo de su bañera y sin embargo, respirar bajo el agua era una de las habilidades que había heredado de su padre, discutir con Quirón no era realmente algo que quisiera hacer, pero no podía dejar de pensar en Annabeth.
Finalmente, un poco preocupado por su intenso deseo de hacer algo estúpido, Percy decidió que necesitaba hacer algo, hablar con alguien que pudiese entenderle y darle un poco de dirección. Se levantó lentamente y salió de la bañera, secándose rápidamente se vistió y sacó de su minibar un par de latas de soda, ignorando la manera en que su cabello mojado estaba empapando su camiseta tomó una toalla y caminó en dirección a la pequeña playa que tenía el campamento.
-Me vendría bien algo de compañía- dijo en voz baja una vez que hubo tendido su toalla en la arena y ocupado su lugar dejando bastante espacio para sentarse junto a él.
Percy recogió sus rodillas y abrió una soda, tomando un sorbo y dejando escapar un suspiro pesado, sus ojos estaban vidriosos y los sentía arder con lágrimas que se negaba a dejar caer, no podía decidir si estaba triste o enojado, pero los sentimientos dentro de él estaban a punto de desbordarse.
-Hace una noche hermosa, lástima que insistes en mantener la cabeza baja- Dijo una voz familiar al mismo tiempo que un cuerpo se acomodaba junto a Percy en la toalla, una figura masculina de cabello algo canoso le miraba con cierto dolor en los ojos- Perseus, fuiste hecho para mantener la frente en alto, pero eso no es lo importante, las estrellas son demasiado hermosas para que gastes tu tiempo mirando las rocas a tus pies.
-Lo siento, pero no creo que pueda alzar la mirada por ahora- Dijo Percy, mirando a su "tío" Hermes, quién le sonrió tristemente y reposó un brazo en el hombro del chico- y no me llames Perseus, sabes que lo detesto.
-Cierto, perdona- Dijo Hermes, tomando una de las latas de soda y ofreciéndole un brindis a Percy, quién chocó suavemente su lata contra la del Dios antes de que ambos tomaran un trago- Se que las cosas han sido difíciles para ti últimamente, sin embargo, ¿Qué piensas hacer al respecto?
-No lo sé, el campamento tiene reglas y no quiero que nadie más salga herido, pero no puedo dejar de pensar en que debo hacer algo- Percy miró a Hermes, quién tenía una diminuta sonrisa en los labios.
-Mira chico, no le vayas a decir a nadie que te dije esto, pero en ocasiones los jóvenes deben hacer cosas que van en contra de los mandatos de los mayores, sin embargo, si así logran cosas asombrosas y todo sale bien al final; romper las reglas es necesario y significa que son libres de ser castigados- Hermes le guiñó un ojo y luego dio un pequeño salto al escuchar sonar su teléfono celular- Un segundo… ¿Sí?
Hermes sacó su teléfono de su bolsillo y estiró la antena del mismo, llevándose el aparato al oído y siendo cuidadoso de las dos figuras serpenteantes que estaban enroscadas en la antena. Percy no pudo evitar sonreír al ver a las dos serpientes que siempre acompañaban a Hermes y estas se estiraron en su dirección dándole "besos" con sus lenguas bífidas y haciéndole sonreír.
-¿Nos extrañaste pequeño- Preguntó Martha, al mismo tiempo que George comentaba
- Es bueno ver no tuve que compartir mis ratas para que te animaras, no quería hacerlo.
-Sí, los extrañé y gracias George, pero puedes conservar tus ratas, no las necesito- Dijo Percy, conmovido por el hecho de que la serpiente estuviese dispuesta a compartir algo tan preciado con él.
-Bueno eso es un alivio, ¿Has tomado una decisión?- Preguntó Hermes, colgando su teléfono y convirtiéndolo en su caduceo para que las serpientes estuviesen más cómodas, Percy asintió, sintiéndose increíblemente más ligero y decidido- Eso es bueno, se que tienes una misión Percy y que no descansarás hasta lograrlo, Martha y George tienen un par de cosas que podrían ayudarte.
Ante las palabras del dios Martha abrió su boca de manera exagerada y regurgitó en la mano de Hermes un termo dorado con imágenes que contaban la historia de Hércules, uno de los semidioses favoritos de Percy, y George hizo lo mismo nada más que en vez de un termo, una botella de vitaminas en forma de monstruo que al chico le parecieron un poco chocantes.
-Estos son objetos Percy que me encargare te ayuden a descansar más tranquilo y a concentrarte en tu misión, el termo contiene los cuatro vientos y las vitaminas, eh… los aminoácidos son importantes también- Dijo Hermes rascándose un poco la cabeza- Conociéndote muchacho sé que te preocupas por todos menos por ti, así que me asegurare de que estos obsequios lleguen sanos y salvos a manos de alguien que podría necesitarlos.
-Luke, tienes que dárselos a Luke- Contestó Percy sin pensarlo- Por favor.
-Considéralo hecho- Dijo Hermes poniéndose de pie y preparándose para marcharse- ¿Sabes Percy? No he sido un padre ejemplar, gracias por la oportunidad de devolverle algo a alguien que definitivamente merecía más de mí.
Antes de que Percy pudiese contestar el dios desapareció, llevándose consigo los últimos trazos de inseguridad en el corazón de Percy, quién recogió sus cosas y empezó a caminar con decisión hacía la casa grande, a fin de cuentas mientras él sentía que tenía el peso del mundo en sus hombros, Annabeth era quien literalmente estaba en esa situación y era hora de actuar.
