"La Cruel Vida De La Mariposa"
Capítulo 3 –No todo es color rosa-
Y allí estaba Kagome llorando en el hombro de su castaña amiga, no podía hacer nada más que huir de su cruel realidad, ¿Por qué la vida le había dado un golpe tan bajo? ¿Qué había hecho ella para merecerlo? , pues ella misma ni siquiera podía responderse eso. Kagura la bella chica de orbes rojizas estaba asustada y demasiado para ser claros, ella no necesitaba preguntas necesitaba respuestas por parte de su pelinegra amiga. Acariciaba con suavidad sus hombros, se notaba que estaba asustada y más que ella misma, se atrevió a tomar el valor y preguntarle todo lo que abundaba en su mente.
-¿Kagome me vas a contar lo que te sucedió?- Preguntaba la castaña mientras acariciaba delicadamente la cabeza de su deprimida amiga.
-Si… - Respondió la chica, su voz se escuchó muy baja al hablar, claramente por que había estado llorando.
-Entonces… ¿Qué te sucedió? – Hizo una pequeña pausa antes de preguntar.
-Te lo contare… Pero no ahora. – Kagome miro hacia la ventana, sus ojos se perdían en un punto indefinido.
Kagura se molestó, pues estaba pensando que kagome no le tenía la suficiente confianza para decírselo. - ¿Acaso no me tienes confianza? – Hablo de manera cortante.
-¡No digas eso! Lo que yo dije no significa que yo no te tenga confianza, pero donde nos encontramos no es un lugar privado para decir ¡todo lo que ese desgraciado me hizo!- Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, era terrible todo lo que había soportado.
-Lo- lo lamento kag… - Kagura acariciaba delicadamente la espalda de su amiga, ¿Qué cosa le habrían hecho para que ella estuviese así de mal? Muchas preguntas de ese mismo estilo rondaban en su cabeza.
El taxista un hombre mayor edad, miraba a través del espejo la deprimente escena de dos jovencitas llorando, era triste saber que existían personas que de alguna manera abusaban de niñas tan jóvenes, tan inocentes, alrededor de los años la sociedad cambio demasiado evoluciono trayendo cosas nuevas y muchos beneficios para esta, de igual manera las personas no se podían quedar atrás pues ellas también cambiaron y no solo para hacer el bien sino también para mal.
Kagome y kagura se hallaban en la parte trasera de aquel taxi, sus ojos estaban llenos lágrimas, sus cuerpos estaban abrazados brindándose el calor, la confianza y el cariño que necesitaban, ellas lo sabían, ellas lo comprendían en la vida no todo era perfecto, no todo era color rosa, no todo era un camino sin ninguna piedra con la que tropezar, pero al parecer en los caminos de ellas no solo eran piedras, pues también habían abismos en los cuales se podía caer y nunca salir, tal vez kagura no sabía la razón del llanto de su amiga, pero su mente armaba un pequeño pero muy complejo rompecabezas y todo daba a que ese hombre había lastimado a kagome de alguna manera despreciable. El taxi freno provocando que las dos chicas se estremecieran, sus ojos llenos de lágrimas se miraron frente a frente, la voz del taxista resonó en sus oídos y ellas voltearon hacia donde provenía la voz.
-Ya llegamos. – Hablo por segunda vez el taxista, pues al parecer esas niñas no le habían escuchado por estar sumergidas en su llanto.
-Oh… Es cierto. – Dijo la castaña al observar por la ventana y observar la gran mansión de los sakasagami.
Kagura abrió la puerta del coche y salió junto a kagome, saco su billetera de su mochila y le pregunto al señor cuanto seria por su servicio. - ¿Cuánto va ser? – Su voz sonó ronca.
-500 yenes. – Hablo el señor taxista.
Los ojos de kagura se abrieron en grande era demasiado caro, pero no ganaría nada en discutir con el taxista. – Tome…- Abrió su billetera y le entrego el dinero.
El taxi cerró su ventana y se fue de aquel lugar. Kagome y kagura caminaron por la banqueta de aquella calle hasta llegar a un portón de acero pintado de color negro y con algunos detalles en color dorado. Al lado de este había unos vigilantes de aspecto fuerte y por dentro se apreciaba un largo pasillo.
-Disculpe señor somos las amigas de la señorita Yura… - Menciono la castaña con algo de nerviosismo, ese hombre le causaba algo de miedo.
-Este volteo a verla y con su gesto serio le dijo. – La señorita Sakasagami les espera.- Acto seguido el hombre de aspecto fuerte abrió ese gran portón para darles pasó a las 2 chicas.
Las dos chicas se adentraron a la gran mansión de la familia Sakasagami, era demasiado grande, tenía árboles y diversas especies de flores, alguna que otra fuente y por ultimo tenía una piscina que se podía apreciar fácilmente, pues esta se encontraba dentro de una estructura estilo "Coliseo". Kagome no se sentía feliz, aunque todo lo que admiraban sus ojos fuesen cosas bellas y cosas con las cuales podría divertirse no se sentía feliz, realmente ni siquiera deseaba haber venido pero las circunstancias la obligaron ¿Por qué la obligaron? Pues ella en estos momentos le temía a Renkotsu, le temía a lo que él podría hacerle a ella y su amada madre. En estos momentos kagome ya no deseaba volver jamás a su casa, sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar la manera en la que ella fue sometida, una manera cruel, una manera muy dolorosa.
Al terminar su travesía por aquel gran pasillo se toparon con una puerta de madera de roble con tallados de flores y algunas figuras más. Kagura acerco su mano y toco el timbre de la casa, esta inmediatamente se abrió revelando a una mujer de cabellos blancos y mirada pasiva, su vestimenta era el típico traje de Maid al estilo Japón antiguo.
-Hola mi nombre es Urasue señoritas, la joven ama les está esperando en su habitación.- La señora de cabellera blanca realizo una reverencia y les permitió el paso.
Estas al entrar se toparon con un entorno diferente al que acostumbraban, toda la casa hasta en su interior estaba llena de lujos, la sala a la cual entraron era la recepción de aquel hogar y esta era muy grande las paredes estaban tapizadas de un color "Hueso" y los pisos eran de mármol pulido, la zona en la cual ellas se encontraban era iluminada por unos elegantes candeleros de cristal. Se percataron también de que no solo era eso toda la "Casa" se encontraba climatizada para que sus propietarios no tuviesen calor. Un grito las hizo reaccionar de admirar la magnificencia de esa gran propiedad.
-¡Kya! ¡Están aquí, me alegra que hayan podido venir!- Exclamo la pelicorta estaba sumamente feliz de que todas sus amigas estuviesen presentes.
La cara de kagome no era de felicidad pero trato de fingir una sonrisa para no dañar los sentimientos de su amiga. – Yo también… - Mintió.
-Ha ha ha… Si estamos demasiado contentas… - Reafirmo la castaña con algo de nerviosismo en su hablar.
-Pues no lo parece… - La pelicorta achico sus ojos.
Una chica peliplata bajo las escaleras lentamente, sus ojos azules brillaban de alegría al notar la presencia de sus otras mejores amigas. Al bajar con totalidad los escalones se paró detrás de Yura y coloco sus manos en sus hombros, y le soplo el cuello.
-¡Kya! – Chillo Yura. Pues se había asustado, no se había percatado de la presencia de su amiga.
-Ha ha ha – Unas cuantas risas lograron salir de los labios de kagura pues la escena le había parecido de lo más graciosa. Esta se volteo hacia kagome y la observo con la mirada perdida.
-¡Tsubaki me asustaste! – Bufo la chica de ojos morados.
-No lo lamento. – Le saco la lengua.
-Ay eres una… - Yura se cayó cuando escucho a alguien llorar.
Kagome estaba llorando ya no aguantaba más el contener sus amargas lágrimas, sus sentimientos. Su cuerpo le dolía y su mente tenía una gran pesadez, poso sus manos en su cabeza y su cuerpo comenzó a temblar el estrés de lo que había vivido la estaba matando. Después de esa escena todo el ambiente se tornó de un color negro, escucho por ultimo las voces de sus amigas horrorizadas, el miedo que inundaba su corazón en ese momento la hacía sentir tan mal, le mostraba todo lo que horas antes había vivido.
-No… No me toque… - Se escuchó decir a kagome antes de caer en suelo de esa mansión inconsciente.
-¡KAGOME! – Gritaron las tres amigas al mismo tiempo, la pobre kagome se había desmayado.
Después de que kagome se desmayó su mente solo podía pensar en una cosa, la cruel forma en el que su frágil cuerpo fue corrompido, la forma en que su corazón se destrozó, sus ilusiones y sueños se quebrantaron. Lo que su mente le enseñaba mientras dormía era el cruel recuerdo de su violación. Ese recuerdo era una marca que quedaría en su piel para toda la vida, una marca que estaría siempre presente en su vida, en sus recuerdos. Ya no podría recordar su primera vez como un evento tierno y especial, sino que sería un recuerdo tormentoso que solo le traería pesadillas.
Recuerdos
-Quieta niña estúpida…- Renkotsu le propino una bofetada en la mejilla a kagome.
-"Ese hombre es malo ¿Por qué confié en él? Quiere abusar de mí, mi madre no está para protegerme." – Eran los pensamientos de Kagome mientras su cuerpo era profanado. Sus ojos ya casi no podían enfocar bien su entorno. Las lágrimas de salían sin control.
-¡Guarda silencio! – El hombre le pego otra vez.
-"Mi interior arde cada vez que el mete sus dedos, no puedo hacer nada me mantiene aprisionada con su cuerpo." – Las largas uñas de Renkotsu desgarraban su frágil interior. Kagome se removía incomoda por el dolor que eso le causaba.
-¡Quieta! – El hombre con la palma de su mano le pego en las piernas dejando en ellas una mancha roja.
-"Me siento cada vez más débil, me siento impotente no puedo hacer nada para detenerle. Todo mi cuerpo me duele." - La chica ya no podía aguantaba el dolor, el ambiente en el que se encontraba se fue coloreando de negro. Había perdido el conocimiento.
Fin del recuerdo
Luego de esa aterradora escena para las jóvenes, subieron las tres juntas a Kagome hasta la lujosa habitación de Yura. Como era de esperarse la habitación era enorme, el papel tapiz de esta era de un color morado descriptivo de su personalidad atrevida, las paredes tenían infinidad de fotografías de ella con sus amigas. El piso era alfombrado de color morado más leve. La cama tenía un pabellón de color rosa y colchas de color blanco que se notaban muy esponjosas, las almohadas igual. En esa hermosa cama recostaron a kagome.
-¡Por Kami! ¿Qué le sucedió? – Pregunto Yura mientras colocaba un paño húmedo en su cabeza, Kagome hervía en calentura.
-¡Dinos Kagura ella llego a esta casa contigo! – Le grito Tsubaki algo asustada.
-No lo sé demonios, yo no lo sé... No quiso decírmelo – Kagura se jalo los cabellos al hablar, no podía responder eso, no lo sabía.
-¡Como que no lo sabes! – Le dijo Yura impotente.
-¡Deberías saberlo tú la trajiste a esta maldita casa! – Tsubaki también estaba desesperada.
-Diablos ¡Kagome no me quiso contar! – Respondió de manera cortante a sus amigas.
Las amigas de kagome discutían sobre lo sucedido con Kagura, le reclamaban saber algo que ella realmente no sabía, la chica ya tenía sus nervios alterados. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su garganta emitió un fuerte grito.
-¡Kya! Ya cállense… - Empujo a el suelo a una de sus dos amigas, no supo cuál de las dos fue.
Tsubaki era la que había empujado. Se levantó del suelo y abrazo junto con Yura a su alterada amiga. – Lo sentimos…No queríamos presionarte. Solo que también nos preocupa kagome. -Dijeron las dos chicas a la vez. Ahora se sentían culpables de hacer sentir mal a su amiga.
-Es que yo no lo sé… - La voz de kagura se escucho temblorosa.
Al paso de unas dos horas de tanto charlar sobre ello se habían dormido las chicas en el suelo. Kagome estaba despertando de ese horrible recuerdo, su mente deseaba pensar que era un feo sueño y que jamás había sucedido. Sus ojos al abrirse lentamente enfocaban su entorno, su cabeza dolía y su cuerpo pesaba. Se sentó en la cama y con su vista borrosa observo las siluetas de sus tres amigas en el suelo tiradas. Sus pies tocaron el suelo y camino hasta llegar a ellas.
-Chicas es hora de despertar… Tuve una pesadilla muy horrible.- La chica movió los adormecidos cuerpos de sus amigas. Ninguna despertó. – Me voy a lavar el rostro…
Kagome les tiro una colcha encima pues había frio y las dejó dormir en ese lugar. Iría al baño a lavarse su adormilado rostro y luego de ello las despertaría, necesitaba contarles ese extraño sueño que había tenido. El baño era grande y fresco, el mosaico que decoraba las paredes y el suelo era un fino mármol negro. Un gran y hermoso tocador con una gran y reluciente espejo con marco de madera de pino tallado. Todo lo demás combinaba con el color del mosaico. Kagome abrió uno de los grifos y con sus manos tomo un poco de agua, lavo su rostro y remojo un poco sus ojos pues su vista estaba borrosa. Sus ojos ya podían enfocar correctamente su entorno. Al alzar su vista observo su rostro en el espejo, su cuerpo comenzó a temblar. La decepción invadió sus pensamientos, todo lo que había visto en sus sueños había pasado en la realidad.
-No… No era un sueño… - Dijo kagome al notar los rasguño y moretones que tenía en su rostro, manos y piernas. – Todo lo que ese hombre me hizo. No fue un sueño. – Los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas.
El cuerpo y rostro de kagome estaba terriblemente lastimados. Unos ojos rojos completamente hinchados de tanto llanto, sus labios partidos de todas las bofetadas que había recibido, sus mejillas tenían grandes marcas rojas y uno de sus ojos tenia un moretón de color verdoso. Sus brazos tenían marcas de mordidas y algunas cortadas. Sus piernas estaban en el mismo estado. Los ojos de kagome estaban inundados al ver su mutilado cuerpo, con sus manos se bajó un poco su ropa y observo que sus senos estaban mordidos, mallugados y lleno de chupetones. Kagome estaba asustada, no podía volver a su casa de esa forma que le diría su querida madre de su apariencia, si decía la verdad Renkotsu la haría pagar y lo tenía asegurado. Sus ojos se desbordaron y comenzó a llorar su llanto no sería escuchado por su madre, no la quería ver otra vuelta hecha una mierda, le gustaba verla feliz y si eso significa quedarse callada lo haría y lo daría todo por ella. Ya no tenía a su padre con ella, ya no sabían nada de él, desde que le había sido infiel a su madre y había desaparecido después del divorcio. ¿A quién le pediría ayuda? No tenía a nadie, estaba sola en un hueco muy profundo y lleno de espinas. Renkotsu la tenía acorralada. Se pegó en una de las paredes y apretó su frente, de sus ojos no dejaban de salir lágrimas. Su cuerpo se fue deslizo lentamente por la pared hasta quedar sentada en el suelo.
-¿Por qué a mí? ¡Yo no hice nada para merecer esto! Siempre trate bien a las persona y fui tan obediente. – Hablaba kagome para sí misma, lo que necesitaba era desahogarse. – Dime ¿Cómo le explicare a mi mama la razón de las marcas que hay en mi cuerpo? ¡Por qué me hiciste esto! ¡Te odio tanto! – Los gritos que kagome daba eran demasiado fuertes, en su cabeza retumbaban las palabras que ese hombre le había dicho al conocerla.
Recuerdos
-¿No te molesta que me quede aquí? – Pregunto Renkotsu ya enfrente de ella , este la observaba discretamente de los pies a la cabeza , "sí que es muy bella" pensó.
-No, no me molesta, si usted hace feliz a mi madre ¿Por qué yo debo impedir su felicidad? – Dijo kagome con una sonrisa curvada en sus labios.
Fin del recuerdo
-¿Por qué diablos acepte? Fui una completa estúpida. – Las manos de Kagome fueron hasta sus cabellos y los comenzó a jalar.
Las chicas que en esa misma habitación dormidas se encontraban, despertaron al escuchar los gritos de kagome ¿Ahora qué estaba pasando? Se preguntaron mentalmente, se levantaron y despacio caminaron hasta asomarse en la puerta del baño, lo que observaron y escucharon las dejo boquiabiertas.
-Renkotsu te odio tanto… Me has destrozado por completo. – Kagome se encontraba en el suelo tirada con los ojos cerrados y sus manos en su cabeza.
-¿Kagome estas bien? – Se escuchó decir la tímida voz de kagura.
-Kagome… - Las otras dos chicas solo mencionaron su nombre.
-Acaso no te das cuenta de que ¡NO ESTOY BIEN! – La azabache se encontraba demasiado alterada.
-¡Cálmate kagome! – Hablo kagura algo asustada.
-¡Cómo demonios quieres que me calme! ¡Mírame estoy de la mierda! – Kagome se levantó del suelo y pasó sus manos por todo su cuerpo.
-¡Entonces dinos que te paso! Nos preocupas mucho kagome. Hace unos momentos te desmayaste. – Le respondió kagura, mientras que tomaba sus manos.
-No puedo decirles, si les digo algo él me matara a mí y a mi madre…Tengo mucho miedo de lo que él pueda hacerme. – Con la ayuda de Kagura, la azabache se levantó del suelo.
-Nosotras guardaremos tu secreto kag, lo que tú digas en esta habitación, se queda en esta habitación. – Trato Yura de darle confianza para que se los dijera.
Kagome bajo su mirada, estaba indecisa. Si les contaba corrían peligro, pues por alguna razón Kagome temía de que Renkotsu se enterase ¿Y si les hacía daño? Se sentía encerrada en un a jaula, todas ellas en verdad deseaban saber. Estaba obligada a contarles, tal vez ellas podrían ayudarla ¿O no?
-Está bien… Les contare lo que me sucedió pero, ¿Me prometen que lo mantendrán en secreto y disimularan ignorancia a este tema? – Antes de decir eso Kagome tomo aire para relajarse un poco y hablar con claridad.
-Yo… Digo nosotras, te prometemos mantener esto en secreto. Somos tus amigas y jamas abriremos la boca. – Hablo Tsubaki con algo de arrogancia.
-Estaré cerrada como un ataúd. – Fue lo que dijo la castaña.
-Ya te lo dije. Lo que se dice aquí, se queda aquí. – Reafirmo la pelicorta.
-Entonces salgamos de este baño. – Kagome esbozo una triste sonrisa.
Las tres chicas salieron del baño junto a Kagome, bajaron algunas esponjosas almohadas de la cama y tomaron una colcha para taparse, había frio. Acomodaron todo eso en el suelo y se pusieron cómodas en el suelo. Kagome comenzó a relatarles el suceso de esa tarde.
…Continuara…
Hola chicas aquí Kaguralove, ya era hora de subir el capítulo tres. La escuela me quita mucho de mi tiempo y más aún porque ya estoy a punto de salir, así que me disculpo por la demora.
Espero les haya gustado el capítulo y si tienen alguna duda o curiosidad no duden en comentan. Si notan alguna falla ortográfica o quieren darme alguna crítica, no duden en decírmelo.
Gracias por seguir mi fic, con esto dicho se despide Kaguralove.
