NOTAS: Lina Tiane es un personaje original de mi autoría. Espero comprensión.
CAPÍTULO II "LA FIESTA"
—¿De verdad necesito saber todo esto? –Cuestioné al soldado Cammy, ella estaba muy concentrada en su trabajo conmigo.
—Por supuesto, es necesario. Recuerda de quién se trata la misión: Un hombre sumamente narcisista y delicado, para llamar su atención debes lucir hermosa, a él le gustan las cosas bellas.
—Aprovecharé que mi jefe no está aquí ni esa tal Chun Li, para decirte esto: ¿en serio crees que hicieron bien en elegirme? ¿No hubiese sido más fácil una mujer con clase y con la hermosura incluida? No es que dude de mí capacidad para cumplir misiones, si no que no soy para nada el tipo de mujer que ese hombre toma en cuenta. Viéndolo desde esa perspectiva, me resultará aún más difícil lograr mi objetivo.
—Pienso que eres bastante buena –sonrió sin dejar de peinar mi largo cabello-. A veces no vemos más allá de nuestra nariz y pensamos que no somos capaces de ciertas cosas pero sé que podemos lograrlo si nos lo proponemos.
—¿Tú conoces a ese tal Vega? Pareces muy confiada cuando hablas de él.
Cammy permaneció callada unos instantes sin quitar su vista de mi cabellera; era como si no quisiera hablar sobre eso, mas lo hizo, quizás en el fondo lo necesitaba.
—Sí, lo conozco –suspiró-. No es cosa fácil lidiar con él, pero sé que hay un modo.
—¿En dónde lo conociste? ¿Lucharon o algo así?
—Es una historia bastante larga pero te resumiré un poco –carraspeó-. Fui manipulada mentalmente por Bison, me hizo trabajar para él en contra de mi voluntad y cuando comencé a salir del trance en el que me mantenía prisionera, ordenó a Vega que me asesinara.
—¿Vega lo intentó? –La mire a través del espejo que estaba frente a ambas.
—No, dijo que no lo haría.
—Entonces no puede ser tan malo como Guile lo describe.
—Es una historia complicada, Lina. Vega es imprescindible, jamás se sabe qué piensa o qué cosas desea. Ni siquiera yo fui capaz de entenderlo. Es muy reservado, solitario y es difícil estar frente a él sin sentirte atemorizada o intimidada.
—¿Tiene novia, prometida, esposa o algo así?
—No lo creo, nadie es lo suficientemente buena para él.
—Vaya –expresé-, será todo un reto llamar su atención. ¿Podrías decirme cómo socializar con él? Sé que es una pregunta absurda y lo lamento, pero no me explicaron la manera en lograría obtener su confianza.
—Esto te sonará mal pero es el plan que los superiores prepararon –soltó una risita.
—¡Dime! –Pedí ansiosa.
—Si te es posible enamorarlo, todo será perfecto.
—¡Enamorarlo! –Exclamé- ¡¿Estás hablando en serio?!
—Así es Lina, más en serio que nunca.
—Pero ese sujeto y yo somos dos polos opuestos. Él es popular, de la nobleza y súper atractivo. Yo por mi parte, soy… Bueno, esto que ves.
—Estoy segura que tienen muchas cosas en común –me observó de pies a cabeza-. ¡Eureka! Ambos tienen una trenza muy larga.
—Eso no tiene nada qué ver –me quejé y crucé mis brazos.
—Haha, vamos Lina, no te deprimas.
El resto de la semana, estuve leyendo el plan que me entregaron, observé algunos planos y mapas aburridos que me serían de utilidad para conocer el área. Cammy me ayudaba con mi personaje (así es, debía aparentar ser una mujer de la nobleza) aunque presentía que eso no me ayudaría e incluso, empeoraría las cosas.
Para mí, jamás había sido un problema el ignorar por completo a los tipos creídos y egocéntricos que se sentían casanovas (por eso siempre discutía con Joey). Eran un completo fastidio para mí, aunque este tal Vega me causaba cierta angustia y desconocía las causas. Sabía que podría manejar el asunto, sólo esperaba no tener que luchar; ya que engañarlo no sería trabajo fácil y mantener la mentira no duraría mucho.
Por la descripción que me dieron sobre su persona, era sencillo darse cuenta que ese español era muy astuto, no me sorprendería que se percatara de mis intenciones así que debía ser precavida.
—Toma –Joey me entregó un hermoso collar adornado con piedras preciosas-, sé cuidadosa con esto ¿quieres?
—Es muy lindo, gracias.
—Es prestado –interrumpió-. Tiene un pequeño micrófono que nos permitirá escuchar tus conversaciones –rió.
—Esto se llama espionaje –recriminé.
—Lina –se acercó mi superior-. Estaremos cuidándote por si algo sale mal, recuerda bien el plan y no olvides que Vega no debe saber que eres soldado.
—Descuide señor, tengo todo bajo control.
—Es hora de irse, yo mismo te llevaré a la fiesta –Joey me jaló del brazo.
—¡Confiamos en ti!
Me habían puesto un vestido "elegante", color azul. Debo decir que me obligaron a vestirme como jamás en mi vida me había gustado. Y es que crecí en un ambiente muy masculino, mi papá era estricto y me inscribió en una escuela de karate. Además, en vacaciones de verano, algunos de sus amigos me enseñaban técnicas de combate.
Yo soy cien por ciento heterosexual, de eso ni duda, mas no podía ser una princesa femenina que destila rosas y polvos mágicos. Mi trabajo me mantenía acostumbrada a las botas, pantalones y un escote ¡jamás!
—Hemos llegado damisela –se burló Joey.
—Gracias chofer.
—No arruines las cosas y más te vale no enamorarte de ese tipejo como todas las mujeres que conozco.
—¿Por quién me tomas? O es que… ¿Estás celoso? –Reí con malicia.
—¡Qué tonterías hablas! Ya vete o lo echarás todo a perder.
—De acuerdo don gruñón –bajé del auto-. Oye ¿quién vendrá por mí cuando esto acabe?
—Ya te avisarán –encendió el motor y se fue.
—Cretino.
Caminé despacio hacia la entrada del gran salón donde se llevaba a cabo la prestigiada fiesta llena de ricachones y gente aburrida. Había un sinfín de automóviles de lujo y todos parecían divertirse presumiendo sus propiedades y cuentas bancarias.
Ingresé al salón, un hombre que estaba en la puerta me detuvo.
—Buenas noches señorita, ¿cuál es su nombre?
—Es imposible que no lo sepa –expresé-. ¿Qué no sabe quién soy yo?
—Disculpe mi ignorancia pero no.
—¡Bah! –Bufé- Soy Erika Letherman –gran nombre me habían dado mis superiores.
—¿Me permite buscar su nombre en la lista?
—Por supuesto.
Rogaba al cielo que ese nombre estuviera allí o si no estaría en problemas. El hombre no dejaba de buscar con sus ojos repasando aquella lista y mis nervios aumentaban cada segundo.
—Buenas noches damisela –habló un tipo detrás de mí, volteé y pude observar a un señor que me veía con perversión- ¿a caso se encuentra sin acompañante?
—He tenido un día difícil –di una sonrisa fingida.
—¿Le importaría si le hago compañía?
—¡Oh! Sería un placer –mentí, lo odiaba- pero estoy esperando que encuentren mi nombre en la lista de invitados.
—Joven, ella es mi acompañante –habló el anciano al hombre de la puerta.
—Sí Sr. Baltimore –hizo reverencia y nos permitió pasar.
—Puede tomar mi brazo –indicó el tipo.
—Qué amable –por dentro estaba soportando mis ganas de vomitar.
—¿Cuál es su nombre, damisela?
—Soy Erika Letherman.
—Qué interesante, aunque admito que no conozco a ninguna familia con ese apellido.
—Mi padre es dueño de una compañía muy prestigiosa en Alemania.
—Suena bastante bien.
Nos detuvimos frente a una mesa con cuatro sillas, decorada con un mantel muy fino y cubiertos.
—Tome asiento, por favor.
—Gracias –en realidad estaba agradecida por poder sacar mi brazo del suyo.
—Voy a confesarle algo –me miró intensamente-. Estoy cautivado con su belleza.
Me quedé mirándolo con terror, tratando de no mostrarlo. No sabía qué responderle, ni cómo quitármelo de encima hasta que hicieron una interrupción por la entrada de algunos miembros importantes (mucho más importantes que los que yacían en a fiesta).
Con mi vista buscaba por todos lados al dichoso Vega pero no lo encontraba. Quería hallarlo y comenzar con mi plan de una vez por todas pero el tipejo que me acompañaba seguía molestando.
—Señorita Erika ¿busca a alguien? –sentí su mano sobre la mía y por inercia la quité rápidamente dejándolo sorprendido.
—Yo… Lo siento, estoy distraída es que me pareció ver a un conocido.
—¿Quiere que la ayude a localizarlo?
—No no, muchas gracias.
Escuché varios murmullos femeninos a mi derecha, volteé a ver qué sucedía. Los rostros de las "señoras y señoritas" que estaban allí, parecían ser de una felicidad notoria. Miré cuál era la causa de su entusiasmo y al momento sentí en mi estómago un apretujón.
Caminando entre las mesas iba Vega, vestido de un traje negro y elegante; su trenza larga y castaña, su rostro serio, su mirada inquietante y seductora. Parecía más alto de lo que me contaron. Sería ridículo pensar que él no se percataba de los conqueteos insinuantes de las mujeres que lo rodeaban, mas no les dio mucha importancia.
Caminó hacia una de las mesas donde estaban sentadas dos mujeres jóvenes, les expresó algunas palabras que no escuché por las demás voces y el sujeto que me acompañaba. Pero las caras de alegría de esas mujeres eran demasiado visibles y hasta se veían patéticas.
—Con que es de ese tipo de hombres –mascullé.
—¿Está mirando a Vega?
La fastidiosa voz de Baltimore me hizo reaccionar y dirigí mi vista hacia él. Había sido un cambio muy drástico.
—No, yo buscaba el baño –mentí-. Pero ya lo localicé –me puse de pie-. Vuelvo en seguida. Disfrute la fiesta –sonreí.
—La esperaré para continuar con nuestra charla –guiñó su ojo.
—De acuerdo.
Levanté ligeramente mi vestido para caminar hacia el baño, pasé cerca de la mesa donde estaba Vega y escuché que hablaban de cosas aburridas. Ni siquiera los miré, había decidido que sería tal cual lo es Vega: no sentimientos.
Mi jefe tendría que entenderme, no tenía razón para reír y coquetear como esas tipas, presentía que Vega me caería mal. Así que daría inicio al plan a mi modo.
Llegué al baño y me miré en el gran espejo, la mujer que estaba frente a mí no se parecía en nada a lo que yo solía ser. Desde pequeña había deseado poder encontrar el amor en un buen hombre, pero por mi educación militar y esas cosas poco femeninas, jamás había salido con chicos y seguro todos pensaban que yo era una "machorra".
—Qué mal me veo –sonó mi celular y lo saqué de la bolsa-. ¿Qué pasa?
—Soldado Lina, ¿cómo van las cosas?
—Creo que han escuchado que hay un anciano rabo verde que no me deja tranquila.
—Luccio Baltimore –expresó-, es un político importante de Italia.
—¿A quién le interesa? es horrible y asqueroso. ¿Cómo me deshago de él?
—Tendrás que seguirle el juego un rato más. ¿Has visto a Vega?
—Sí, ya llegó a la fiesta pero creo que será complicado acercarse a él, está rodeado de mujeres muy hermosas.
—Intenta llamar su atención. Te llamaré en un rato más.
—Bien.
Guardé el teléfono y suspiré, lavé mis manos y me vi por última vez en el espejo para después salir de allí.
Vega continuaba charlando con las dos mujeres, al ver de reojo mientras él reía, nuestras miradas se conectaron por instantes y miré a otra parte para que no pensara que lo estaba observando.
Regresé a la mesa donde don Baltimore me esperaba… Quería salir corriendo de allí.
—Ha regresado rápido señorita –sonrió.
—Lo sé –dije sin mucho afán, esperando que todo acabara e ideando cómo acercarme a Vega-. ¿Cuándo servirán la cena? ¡Por Dios!
—Ehh… ¿Señorita?
El rostro de sorpresa de Baltimore me indicaba que había dicho algo ridículo. Comencé a pensar que en las elegantes fiestas de ricachones no servían alimentos y sólo bebían vinos caros mientras conversaban.
—Lo lamento –reí nerviosa.
—¿Tiene hambre?
—Un poquito –hice la señal con mi mano-. Es que he estado tan ocupada que no me dio tiempo de comer. Disculpe si fui irrespetuosa.
—¿Qué le parece si me concede esta pieza?
—Ba-¿bailar? –Pregunté aterrorizada.
—Sí, por favor.
Me puse de pie tomando la mano de Baltimore, me llevó hacia el lugar donde más parejas bailaban una melodía suave.
Repentinamente sentí su mano en mi cintura, esa fue una experiencia horrible. Noté que Vega ya no estaba en la mesa y faltaba una de las mujeres.
—¿En dónde se metió? –Pensé sin prestar atención a las palabras de Baltimore. Luego sentí que choqué con alguien.
—Lo siento –me disculpé de inmediato, no hablé más cuando vi que se trataba de Vega quien estaba bailando con la mujer que había conversado con él.
—Una disculpa Sr. Fabio –habló Baltimore.
—No hay problema –sonrió de la manera más coqueta que jamás en mi vida había visto. Dirigí mi vista hacia otro lado para no mostrar impresión por él. Quería que le doliera mi indiferencia. Seguro estaba tan acostumbrado a una vida de halagos que mi frialdad le aturdiría el alma.
—Es usted muy hermosa, señorita Erika –Baltimore me alejó un poco de allí, imaginé que le preocupaba estar cerca del proclamado Vega.
—Le agradezco su cumplido.
—¿Tiene prometido?
—He estado saliendo con el hijo de un empresario griego –presumí riéndome en mi cabeza por la semejante mentira que siempre quise contar.
—Es un hombre muy afortunado. ¿Por qué no la acompañó a la fiesta?
—Tenía negocios pendientes, y le pedí que no se molestara. Usted sabe Sr. Baltimore, negocios son negocios.
La melodía terminó, y muchas parejas caminaron a sus respectivas mesas. Vega llevó a la dama hasta su mesa y se despidió dándole un ligero beso en el dorso de su mano. Ella por supuesto estaba muriendo de emoción.
—¿Nos sentamos? –Preguntó Baltimore.
—Claro –sonreí.
Al momento de tomar nuestros asientos, sentí una presencia frente a nosotros. Levanté la mirada y vi a Vega justo de pie frente a mí.
—Sr. Baltimore, no tuve tiempo de saludarlo.
El hombre se puso de pie y estrechó su mano, parecían conocerse. Yo me puse de pie para no verme descortés.
—Veo que está acompañado –me miró- ¿se puede saber quién es la bella dama?
—Erika Letherman –hablé antes de que Baltimore lo hiciera.
—Encantado de conocerla –tomó mi mano y al igual que con la anterior tipa, la besó y después clavó su penetrante mirada en mí.
—¿Por qué no se sienta con nosotros a charlar? –Pidió Baltimore, he de decir que fue lo más inteligente que había dicho en toda la noche.
—Por supuesto.
Vega se sentó después de que yo lo hice, todavía me preguntaba qué clase de hombre era y cómo era posible que fuera tan malo como todos me contaron.
Iniciaron hablando de negocios y de lo bien que les había ido. Yo por mi parte guardaba silencio escuchando detenidamente para retener información valiosa.
—Dígame señorita Letherman –habló Vega obligándome a mirarlo-. ¿De dónde es usted?
—Es una historia muy graciosa –sonreí para hacer tiempo mientras pensaba ya que no me dijeron qué responder en caso de que alguien me hiciera esa interrogante.
—Me encantaría escucharla –dio un sorbo a su copa sin quitarme la vista de encima.
—Yo nací en un transatlántico, entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico… Y no sabría decir bien mi origen –sentencié. Vega seguía mirándome con la copa aún en su boca, no bebió más, se quedó atento escuchando mi ridícula historia.
—¿Y usted?
—Barcelona, España –habló.
—Qué interesante.
—Es usted muy divertida, señorita Erika –dijo Baltimore, lo miré de reojo. Vega no dejaba de observarme, eso me incomodaba.
—Señor Baltimore, ¿me permite a su acompañante unos momentos? Sería para mí todo un honor que me concediera bailar con ella.
—Es justo que me pregunte también a mí ¿no? –Expresé.
—Claro, disculpe.
—Vamos –me levanté.
—Aquí estaré esperando –pronunció Baltimore.
—La cuidaré bien.
Vega me llevó tomada de su mano, entre invitados que nos veían y se murmuraban. Apuesto que fui la envidia de todas las mujeres esa noche. La presencia de Vega era mil veces más agradable que la del político Baltimore, él sabía cómo tratar a una mujer de modo que ésta se sintiera tranquila y cómoda. Todo un experto, no me sorprendía que tuviera tanto éxito, seguro no sentía emoción alguna por las pobres ingenuas; no obstante, a mí no me engañaba.
Colocó su mano en mi cintura con delicadeza, y con su otra mano tomó la mía entrecruzando sus dedos. Respiré hondo, fui fuerte.
—Qué agradable velada –habló para sí mismo.
—Lo es –expresé, él guardó silencio y me miró perplejo.
—No sabía que usted hablara español.
—Ahh… Bueno –me había metido en un lío por abrir mi boca-. Sí, lo hablo.
—Muy perfecto, aunque su acento es diferente al mío.
—Yo aprendí en México –no se me ocurrió más.
—Es un alivio escucharla hablar en mi idioma.
—Gracias.
—Señorita –pronunció-, sea sincera conmigo ¿le molesta Baltimore cierto? Lo he visto en sus ojos, y no me sorprendería, es bastante molesto y mujeriego.
—Bueno, admito que no estoy acostumbrada a lidiar con ese tipo de personas pero no quiero ser grosera con él.
—¿Por qué no nos vamos de esta fiesta sin que los demás se den cuenta?
Mi corazón se aceleró al oír esas palabras ¿qué estaba tramando Vega? Las cosas parecían ir muy rápido, demasiado sencillas.
—¿A dónde quiere llevarme?
—Donde sea estará bien.
No tuve más opción que aceptar, apuesto que mis superiores estaban saltando de gusto y yo más nerviosa que nunca.
