Vaya que he demorado en subir el siguiente capítulo, y es que comencé muy emocionada pero no vi demasiado interés por parte del público en mi historia. Ahora bien, publicó este capítulo y si tú que lo estás leyendo, quieres motivarme, puedes dejarme un lindo comentario.

CAPÍTULO III "MENTIRAS"

La fiesta continuó, Baltimore no se percató del momento en que Vega y yo salimos de allí. Pensé que probablemente varias mujeres se dieron cuenta ya que tratándose del galán de la noche, no le quitaban el ojo de encima pero vaya, qué más daba, estaba llevándome justo al objetivo.

No soltó mi mano ni aun cuando pasamos por los diversos pasillos de aquel sitio, hasta que encontró una salida discreta y entonces me liberó sutilmente haciéndome sentir incómoda.

Acomodó algunos de sus cabellos detrás de sus orejas, y contempló el cielo nocturno.

—Me encanta mirar la luna, es tan fascinante.

—Sí, supongo que lo es.

Cambió su vista hacia mí, lo miré de reojo.

—Me sorprende su fuerza para permanecer así de tranquila estando a mi lado.

—¿Eh? –Lo mire anonadada.

—Es curioso –soltó una risita llevando su mano a su mentón-, todas las mujeres suelen desmayarse. Debe ser porque casi no hay iluminación en este sitio.

—¿Está hablando en serio? –Pensé.

—No tiene que decir nada –puso su dedo en mi boca-, sé que está pensando que debería decir algo para acabar con este incómodo momento puesto que la he descubierto, pero vale, no hay nada que deba decir. Digamos que la entiendo.

En esos momentos, las palabras de Cammy sonaron en mi cabeza: Narcisista.

—Me gustaría saber ¿por qué quiso sacarme de la fiesta?

—Porque la expresión de su rostro me pedía a gritos que lo hiciera. Debería agradecérmelo.

—Sí ¿verdad? –Fingí una sonrisa.

—Y además, pienso que no me ha dicho toda la verdad.

Al decir eso, acercó su rostro a mí y pensé que me había descubierto.

—¿A qué verdad se refiere?

—¿Su verdadero nombre es Erika Letherman? –Seguía clavando su mirada en mis débiles ojos.

—¿Por qué la pregunta? ¿A caso quiere una identificación?

—Es que me parece que sus rasgos son de latina.

Mi corazón se aceleró al oír eso. Vega era más astuto de lo que pensaba.

—Bueno, y usted no parece español pero no lo estoy interrogando por eso ¿verdad?

Vega comenzó a reírse sin motivo alguno, o bueno, al menos eso creía.

—Nunca nadie me había dicho algo parecido. Por esta vez dejaré de cuestionarla, pero quiero saber la verdad.

—¿Qué verdad? –Insistí.

—Me interesa saber de usted. Considérese afortunada, no suelo interesarme por nadie.

Luego de decir aquellas palabras, caminó llevando ambas manos en los bolsillos de su pantalón.

—Ni siquiera me ha preguntado mi dirección ¿cómo planea saber de mí? –Mascullé y caminé a buscar un taxi.

Me sorprendía que teniendo tanto dinero y seguramente un automóvil de lujo, no tuvo ni la más mínima cortesía de ofrecerse a llevarme a casa. Pero bien, fue mejor para mí.

El taxi se detuvo y me subí.

—Buenas noches, a la dirección…

Dejé de hablar cuando vi que el taxista me observaba por el espejo retrovisor de una manera horrible.

—¿Sola a estas horas señorita?

—Claro que no, mi puño me acompaña.

—¿Qué? –Volteó a verme directamente.

—No arruine su vida de esta forma, créame, no le conviene.

Dije aquellas palabras porque estaba convencida de que podría noquearlo en un solo golpe pero el tipo seguramente creyó que estaba asustada intentado evitarlo.

—Le estoy diciendo que me lleve a…

—Es triste pero esto no es un taxi.

Cerré mis ojos y me golpeé la frente.

—Buenas noches.

Intenté bajar del auto pero el sujeto me tomó de un brazo para evitarlo.

—Ya que estás aquí ¿por qué no nos divertimos?

—¡Suéltame! No sabes lo que pasará si no me dejas ir.

—Seguramente porque eres una niña rica, piensas que puedes tenerlo todo pero esta vez yo seré quien tenga todo.

—¡Asqueroso! ¡En tu vida jamás tendrás a alguien como yo!

Le di un fuerte golpe en la cara y me solté de su mano, abrí la puerta del vehículo y me bajé del auto rápidamente. Él hizo lo mismo aunque estuviese dolorido de su cara, seguía sobándose y persiguiéndome.

—¡No escaparás!

—¡No estás en posición de amenazarme!

Me detuve en seco para enfrentarlo, tiré a un lado los zapatos de tacón y rasgué el vestido que llevaba puesto para que no me estorbara (y sí que era una baratija, se rompió con sólo aplicarle un poco de fuerza).

—Anda vamos, ¡pelea conmigo! –Le hice la señal con mis manos para que se acercara.

—Hahaha eres una jovencilla muy atrevida, ¿no sabes que los hombres son más fuertes que las mujeres? Tú sola te has metido en un lío y más aún provocándome con ese atuendo.

—Será la única vez que estés así de cerca con una mujer, luego de la paliza que te dé no volverás a ser el mismo.

El tipo se abalanzó contra mí y estuve a punto de darle el más fuerte y terrible puñetazo que jamás en mi vida había dado pero alguien lo apartó de mi camino y caí de rodillas a la banqueta.

Miré a un lado ¿era Vega? Sí, era él. Estaba sobre el tipo tomándolo con una mano del cuello de la camisa y con la otra lo amenazaba.

—No sé en qué rayos estabas pensando pero vas a pagármelas, desgraciado.

—¿Tú quién rayos eres? ¡Suéltame!

Vega comenzó a golpearlo y de inmediato me levanté para apartarlo, según me habían dicho, él era un asesino y por alguna razón yo no quería verlo en ese estado, no era algo creíble.

—¡Basta! –Exclamé tomándolo de los hombros- Ya ha sido suficiente, estoy segura que no lo volverá siquiera a intentar.

—¡Déjame! ¡Es cierto, es cierto! –Decía el hombre entre dolorosos golpes y estrujones- ¡No lo haré de nuevo! Sé que estuvo mal, ¡perdón!

—Con un perdón no se soluciona nada –dijo Vega, y lucía completamente diferente.

—¡Déjalo ya! –Insistí hasta que conseguí que lo soltara, el tipo terminó ensangrentado del rostro y huyó.

—No tenías por qué defenderlo -me miró y abrió sus ojos en sobremanera-. ¡Mira tu vestido! ¡¿Cómo pudiste detenerme?!

—No es lo que parece, él no me rompió el vestido, fui yo.

—Eres tonta ¿o qué? –Me miró molesto- ¿En qué estabas pensando cuando decidiste enfrentarlo?

Ese parecía un sermón de un padre a su hija. No recordaba algo similar. Como desde pequeña mi padre quiso que aprendiera a defenderme sola, me inscribió en varias escuelas de karate; por lo tanto, jamás había experimentado ese tipo de protección: que un hombre golpeara a otro por mí. Me hizo sentir pequeña y frágil, una especie de chica débil y tonta… Y por instantes se sintió bien.

—¿No vas a decirme nada?

—Lo siento.

—¡Bah! –Bufó- Fui muy ingenuo al dejarte regresar sola a casa. Anda que yo te llevaré.

Se quitó el saco y me lo colocó encima, me sentí tan diferente a lo habitual ¡jamás me lo hubiera imaginado! Luego caminamos hacia su automóvil.

—¿Qué baratija llevas puesta? –Preguntó- Creí que eras de la nobleza.

No supe qué contestarle, estaba muy ocupada pensando qué dirección falsa darle.

—¿Sabe? Aquí puede bajarme –dije mientras él conducía.

—¿Aquí dónde? Y no me hables así, no soy un anciano.

—Perdón. Bueno, de aquí me voy –abrí la puerta del auto.

—¡Espera! ¡No me iré hasta que no entres a tu casa!

—Bueno es que me quedaré con una amiga.

—¿Qué estás ocultándome?

—Nada ¡adiós!

Corrí y corrí lo más que pude, perdiéndome entre callejones y avenidas, esperaba no topármelo, al menos no por el resto de ese día.

Llegué exhausta, y agitada con mis colegas, me dolían los pies por culpa de haber usado esos tacones y lo peor es que como me los había quitado, corrí descalza.

—¡Estoy aquí! –Informé, luego vi la cara de Joey riéndose a carcajadas.

—¡Sí que eres como un mono de circo, Lina! Me hiciste la noche con tu actuación de "femenina-marimacha".

—¡Joey, cierra la boca! –Dijo mi jefe- Lina, la situación estuvo a punto de salirse de control.

—Lo sé –agaché la mirada.

—Pero lo hiciste bien, has atraído la atención de Vega en una sola noche y eso significa que estamos progresando. Ve a descansar, mañana te diremos cuál será tu siguiente misión.

—Sí señor.