CAPÍTULO IV "Destino"

Ser Erika Letherman no sería muy creíble. Vega no era un estúpido, mis superiores lo estaban subestimando.

Leí infinidad de artículos relacionados con él. Fuera de su lado psicópata asesino, Vega ante la sociedad era un hombre con fortuna tanto económica como en su aspecto. Bendecido por los dioses tal vez, pero maldecido por sus oscuros deseos.

Pensé que si hacía demasiadas preguntas respecto a él, mis superiores me malinterpretarían, así que decidí investigar por mi cuenta para no levantar sospechas.

—El agente Rumsfeld quiere verte —dijo Cammy en un mensaje de texto.

—Estaré allí en diez minutos.

Mi jefe no dejaba de caminar de un extremo a otro dentro de la habitación. Yo permanecía de pie sin moverme, llevaba cerca de dos minutos en esa posición hasta que él se dignó a hablar.

—Soldado Tiane, tu padre me ha confiado tu vida. Aunque ya eres una mujer adulta, esta misión todavía es peligrosa.

—Señor, usted me ha elegido para ella —hablé—, si ha sido así, es porque tiene expectativas en mí y no voy a defraudarlo.

Asintió en un movimiento de cabeza y se puso frente a mí para verme directamente a los ojos.

—Necesitas seguir siendo Erika Letherman. Si Vega descubre que en realidad eres un soldado, no dudará en acabar con tu vida.

—Señor —dije dudando un poco—, si no puedo cumplir la misión, por favor necesito que me prometa algo.

—¿Qué ocurre? —Su expresión cambió.

—Encuentre a mis padres, quiero decir, mis verdaderos padres. Y dígales que su hija creció feliz.

—Soldado Tiane —puso su mano en mi hombro—, te doy mi palabra. Pero aun así, confío en que lograrás obtener información de Vega, eres nuestra única esperanza.

Recibir ese peso no era sencillo, llevar en los hombros la carga de toda una organización. Comenzaba a preocuparme el hecho de que se escondieran y me echaran por delante ¿tanto miedo les provocaba ese tal Vega?

Yo lo vi como un ser humano cualquiera, y si tenía desórdenes mentales, sabía esconderlos muy bien. Ese hombre sería mi alivio o tal vez mi perdición.

—Tengo que ser cuidadosa —pensé mientras salía del cuartel, todavía iba pensando en mi siguiente oportunidad cuando una fastidiosa voz apareció.

—Lina Fiorina —era Joey—, ¿por qué hoy traes pantaloncillos? Deberías usar un vestido como ayer.

—Eso lo dejaré para ti —expresé y me marché sin siquiera seguirlo escuchando.

Mientras me colocaba mi ropa de civil, escuché a dos hombres hablar fuera del vestidor. Al principio no le di importancia, hasta que escuché pronunciar mi nombre.

—¿Crees que esa soldadito pueda cumplir la misión? Me parece muy débil. ¿Por qué la habrán escogido?

—Me parece que es lesbiana.

Al decir eso, ambos rieron. No me sorprendió tanto, estaba acostumbrada a que me tomaran por una mujer a la que no le gustan los hombres. Además, no tenía por qué darles explicaciones.

—Pues yo pienso que hubiera sido más fácil si la agente Chun Li hacía esta misión —me quedé quieta escuchando con atención—, de todos modos ella era la que…

—Shhh —interrumpió el otro—, no debemos hablar de esto tan a la ligera. Podríamos meternos en problemas.

—Sí, tienes razón.

Luego de eso, se marcharon dejándome con la incógnita. ¿Qué tenía que ver la agente china en todo este asunto?

Sin lugar a dudas, había una historia que no me habían contado. A decir verdad, todo esto tenía un misterio que nadie me había dicho.

Caminaba por las calles nocturnas de la ciudad, con mi pantalón de mezclilla y mi chamarra oscura, y por supuesto, mi representativo peinado: mi larga trenza.

No había sentido tanta soledad desde que era niña, esa noche pintaba para ser nostálgica por algún extraño motivo.

Me paré en seco para observar la luna, aquella luna que a Vega tanto le gustaba ver. Estaba tan concentrada en ella cuando de pronto sentí una presencia tras de mí, lentamente me giré para toparme con ¿nadie?

La calle estaba realmente solitaria, pero mis instintos no podían engañarme, había alguien observándome.

Seguí caminando con pasos cada vez más veloces, hasta que entré a un bar para liberarme de esa terrible sensación de persecución.

—Este es un lugar de mala muerte —pensé, arrepintiéndome de mi acto.

—¿Qué desea beber? —Dijo el hombre detrás de la barra.

—Ahh… Whisky —respondí y los dos hombres que estaban sentados allí se me quedaron viendo. Sólo había dicho una bebida al azar, ni siquiera bebía alcohol.

—En seguida —respondió.

Me senté en un banquito de la barra y miré a mi alrededor, parecía que mi presencia había incomodado a más de uno. Ni siquiera pude distinguir si había mujeres allí dentro.

—Aquí tiene —el bartender colocó una copita con whisky en la barra.

—Gracias.

Miré de reojo, los dos sujetos esperaban que me bebiera el trago, así que respiré hondo, lo tomé con mis manos y lo bebí de golpe. Sabía horrible, tenía un fuerte sabor como a madera. Hice lo posible por no vomitarlo, pero me había caído muy mal.

—¿Qué acabas de hacer? —Escuché una voz detrás de mí y me era muy familiar, miré y mi corazón se detuvo por escasos segundos.

—El whisky no es una bebida corriente que te tomes en un trago, debes olerlo, saborearlo, y disfrutarlo —Vega se sentó a un lado de mí y ordenó también una copa de whisky—. Al principio me preocupé de que te hubiera pasado algo —expresó sin siquiera mirarme— pero veo que a la señorita Erika Letherman también le gusta pasar desapercibida entre los plebeyos.

Yo no dije absolutamente nada, me había reconocido aunque no estaba vestida de un modo muy decente y femenino.

Él estaba usando una camisa blanca, traía dos botones desabrochados mostrando muy ligeramente su pecho. Traté de ver la famosa serpiente que llevaba tatuada, pero por la escasa luz no pude presenciar nada.

—¿Me estás mirando con deseo? —Preguntó con una sonrisa torcida.

—No, yo no hago tales cosas —dije y miré hacia el frente—. Además, eras tú quien me estaba persiguiendo como un acosador ¿no?

—¡Ha! —Soltó una risita burlona— A veces me gusta perseguir a mi presa, eso lo hace interesante.

—Este tipo de verdad tiene complejo de superioridad —pensé.

—¿Qué hace una dama como tú en un sitio tan ruin como éste?

—Lo mismo que hace un hombre de la nobleza cuya belleza cautiva a cualquiera.

Pensé que lo había humillado con mi sátira, pero el tipo se lo había tomado como un halago. Alzó una ceja y me miró de un modo inquietante.

—Tengo que irme —dije y me levanté del banquito. Él por su parte me tomó del brazo.

—Espera.

Nuestras miradas permanecieron conectadas por escasos segundos hasta que habló nuevamente.

—¿Quién eres y quién te ha enviado a mí?

Mi corazón empezó a latir con tanta fuerza que sentí que se me saldría del pecho. Estaba casi segura que Vega sabía toda la verdad pero estaba fingiendo ser ignorante para ver mi reacción. ¿Qué debía hacer?

Seguí actuando con naturalidad, no cambié mi expresión ni me dejé intimidar por sus ojos azules.

—Soy el amor de tu vida y me envió el destino —dije con burla y no pude evitar reír. Pensé que él se ofendería, ya que sólo le gustaban las cosas bellas, pero se quedó con una cara confusa—. Oye, sólo bromeaba —expresé.

—Erika Letherman —dio un pequeño sorbo a su bebida—, qué chiquilla tan más graciosa.

—¿Este tipo de verdad ha matado gente? —Pensé.

—Vamos, esta vez me encargaré de que llegues a casa —se levantó. Pagó su cuenta y la mía y después me jaló del brazo para llevarme fuera.

—¿Por qué rayos siempre quiere ser él el que ordene? —Dije en mi mente, comenzaba a ser molesto que quisiera hacer conmigo a su antojo, y por otro lado, me molestaba que mi yo interno no reaccionara.

—¿Dónde vives? —Preguntó.

—Oye hombrecito rico —dije mirándolo fijamente—, te mentí.

Entonces un silencio sepulcral apareció entre los dos.