Disclaimer: Los personajes de The Flash y Arrow no me pertenecen, ellos son de la Warner y DC.
N/A: Solo quería hacerles saber que aún me encuentro sin una computadora y que lo que publique a partir de ahora será a través de la aplicación del celular que no es muy buena, así que si ven algunas fallas sepan disculpar.
Capítulo Tres: Pereza.
Había pasado un mes entero, con sus treinta días, sin poder verse. Oliver con su asunto delicado con Merlyn y Barry con su problema hacia el falso Jay Garrick. Ambos tan atareados que apenas se mensajeaban en sus ratos -muy pequeños- libres y sus limitados llamados telefónicos que no lograban satisfacer a ninguno de los dos.
Ahora, con Malcom lejos y Jay sin dar señales de vida, ambos habían decidido por fin verse en el loft del arquero. Habían hecho el amor toda la noche, demostrandose a su manera cuanto se habían echado en falta.
Su relación seguía siendo un misterio para los demás -a excepción de Joe, quien los pillóen el departamento del menor- ya que preferían no estar bajo el ojo crítico de ellos, vigilando sus escapes para verse el uno al otro. No es como si no confiaran en sus amigos, lo hacían en verdad, pero tanto Barry como Oliver preferían que su relación siguiera siendo solo suya, su propio secreto. Ya suficiente compartían con sus equipos, sus vidas siempre siendo vigiladas ¿Porqué no tener algo que llamar solo suyo? Después de todo, lo necesitaban. Ser solo ellos dos. Nada más.
Las horas siguientes de su erótico encuentro, ambos hablan. No de Arrow y Flash, sino las vidas que llevaban Oliver Queen y Barry Allen. Se dicen lo que estuvieron haciendo y lo que tuvieron que soportar para evitar verse, para no cruzar esas 600 millas que los separaban. Porque por mucho que se quieran y deseen permanecer junto al otro, ambos saben que tienen responsabilidades que poner ante todo, incluso de sus propios deseos. Pero así como ellos mismos anteponian el bien común, también podían hacerlo con su vida. Ser egoístas aunque sea sólo un ratito.
Ahora, en la mañana siguiente, ni Barry ni Oliver quieren despegar su cuerpo del otro. Fundidos en un abrazo tibio que los arroja al deseo de nunca salir de aquella cama. Enredados entre mantas que olían a sexo y un silencio que apenas era cortado por la vida urbana del exterior. En un clima intimo y feliz, esperado.
En la pereza de solo estar allí entre las sábanas del mayor y sentir el cuerpo desnudo del contrario, en una paz que solo los brazos del otro podría brindarle.
