Disclaimer: Los personajes de The Flash y Arrow no me pertenecen, ellos son de la Warner y DC.
N/A: Solo quería hacerles saber que aún me encuentro sin una computadora y que lo que publique a partir de ahora será a través de la aplicación del celular que no es muy buena, así que si ven algunas fallas sepan disculpar.
Capítulo Cuatro: Gula.
Deja los papeles del informe policial de lado en una pila un tanto uniforme, se balancean un poco amenazando con caerse en cualquier momento pero los ignora, le da igual. Después de todo no estaba verdaderamente concentrado y todo aquello que había firmado fue por mera inercia, que de no haber sido por que Felicity se los había entregado ni siquiera lo hubiera hecho.
Y es que no podía sacar de su cabeza al mocoso de Central City, de lo que había pasado la última vez que se vieron para ayudar a Vixen.
Lo había besado.
Barry lo había besado. Así nada más. Solo se acercó a él, invadiendo totalmente su espacio personal, apoyó tímido sus manos en su pecho y junto sus labios en un choque rápido. La acción lo tomó desprevenido, no pudiendo cerrar los ojos pero viendo que el menor si lo hacia. Luego, así como el velocista se había tomado el descaro de besarle, se alejo de él con las mejillas rojas y un puchero aniñado. Y antes de que Oliver pudiese preguntar siquiera, Barry había echado a correr lejos.
Ya había pasado una semana de lo sucedido y Oliver no había reunido el valor para llamarlo ni Barry tampoco dio señales de vida.
Oliver había intentado no pensar en eso, había intentado no pensar en Barry. Después de todo, estaba tratando de rehacer su relación con Felicity. Pero claro, el castaño le daba un besito estúpido y él, como el estúpido que era, no podía solo dejarlo pasar. No, claro que no.
Él tenia que pasarse días enteros con la mente pérdida allí en Central City.
Él tenía que rememorar una y otra vez el insulso beso. Recordar los labios del chico sobre los suyos, lo suaves que eran, carnosos y quienes pedían a gritos ser mordidos. Recordar la textura de ellos y su calidez junto a aquel aroma masculino propio del menor. Tan suave, tan exquisito, deseable. Recordar también sus ojos verdes luego de eso, apenados y tímidos; envueltos en una capa de vergüenza que bañaban sus mejillas de un rojo idéntico al de su traje.
Y... Dios. Oliver quería volver a besarle.
Darle un verdadero beso.
Nada de timidez ni vergüenza de por medio. Nada de toques castos y puros.
Quería devorar su boca como era debido, morder sus labios hasta hacerlo jadear. Pasar su lengua entre besos y profanarlo como se le viniese en gana. Quería succionar sus labios hasta dejarlos hinchados y rojos, y aún así no parar de comerle la boca.
Estaba mal, Oliver lo sabe.
Pero igual así, aún quiere devorar entre besos a Barry Allen.
