03.

Falsos.

Sus ojos observaron la foto y a aquel hombre que practicaba el lanzamiento de kunais. En varias ocasiones seguidas miraba la foto y al hombre al cual observaba oculta tras un árbol. Lo comparaba, buscaba diferencias, algo que le dijera que quizá se estaba equivocando y no ilusionarse como su madre le había pedido antes de esa misión. Ella lo sabía, no era seguro encontrar a su padre, pero, aun así, algo dentro de su corazón, algo dentro de su sangre se negaba a creer que su padre estuviera muerto. No después de escuchar en repetidas ocasiones lo poderoso que fue.

Ella era una shinobi, inculcada con la fortaleza de su madre y la ideología que su padre dejo plantada en la mente de su madre y sus cercanos. Aunque su corazón le gritaba que corriera a abrazar al hombre, que se acurrucara, que llorara sobre su pecho desconsolada, que le golpeara por haber abandonado a su madre cuando ella apenas se formaba en su interior. Sus piernas flaqueaban y las lágrimas ya recorrían sus suaves y coloridas mejillas. Ella quería encontrar alguna diferencia, algo que le dijera que ese hombre que tenía a escasos metros no era su padre. Pero sus ojos y la foto no mentían, no había ninguna diferencia, salvo los rasgos adquiridos por el pasar de los años, pero todo era igual. Su cabello rubio alborotado, sus orbes azules y esas características marcas salvajes en sus mejillas. Eso era algo que nadie más en el mundo tenía tan remarcado. Ella salió en esa misión, esperanzada en encontrar a su padre o por lo menos algo que le permitiera saber qué fue lo que realmente sucedió y ahora que lo tenía cerca de ella, su mente le recordaba las palabras de su madre. No se tenía que precipitar, no tenía que ilusionarse, aquel hombre bien podía ser una muy curiosa coincidencia. Aun con todo eso, la sangre llama… Su cuerpo, su corazón… Toda su pequeña anatomía le decía otra cosa, una sensación de nostalgia indescriptible le rodeaba y no comprendía la razón. Ella ni siquiera conoció a su padre, él fue dado por muerto antes de que ella naciera, su padre no sabía que iba tener una hija. Ya no aguantaba más, su mente estaba bloqueada, no sabía cómo reaccionar, que hacer, se dejó caer sobre la fina grama abrazando aquella fotografía que su madre le proporciono. Iba a dejar salir todo su sentir en un grito, pero unas cálidas manos se posaron sobre sus hombros. Ella ni siquiera sintió las presencias, solo observo de soslayo para encontrar a su tía Karin y a su tío Sasuke detrás y en sus rostros la misma sorpresa que embargaba a la pequeña Uzumaki.

—¿Es él? —Indago la chica con cierto temor.

Karin fijo su mirada en aquel hombre y luego en Sasuke, quien tan solo apretó sus puños con furia.

—No necesitamos usar nuestras habilidades para confirmar lo obvio —pronuncio el Uchiha—. Ese hombre con cara de idiota, es tu padre —señalo con seguridad y eso fue todo lo que la niña necesitaba para abrazar a su pelirroja tía y llorar sobre su pecho de manera desconsolada y dolorosa.

La pelirroja solo abrazo a su sobrina, proporcionándole el cariño y la comprensión que necesitaba.

—Nos ha sentido —dijo el Uchiha sorprendiendo a las dos féminas. En su mente su única acción era escapar de allí, no era atinado encontrarse con él. Sin embargo…

—¡Sasuke! —Murmullo Karin con preocupación al ver que el Uchiha dio unos pasos dirigiéndose hacia el lugar donde yacía Naruto—. ¡¿Qué haces?! —No recibió respuesta.

El Uchiha salió de la oscuridad que aquellos arboles le proporcionaron, se mostró desarmado y temeroso ante la actitud defensiva de Naruto que sostenía un afilado kunai de tres puntas apuntando al intruso.

—Je, je, je… Lamento las molestias, mi hija se perdió, mi esposa y yo salimos a buscarla —sonreía el Uchiha en su falsa cobertura.

El rubio no sintió amenaza alguna y guardo el kunai al ver que dos mujeres parecidas salían detrás de un árbol. Parecidas, pero diferentes en cuanto a la notable edad.

—No, no se preocupen. —Demostró aquella sonrisa que todo mundo conocía y nadie olvidaría.

—Shun deberías de ser más respetuoso y saludar como es debido. —Escucharon una femenina voz emerger de las profundidades oscuras de los arboles lejanos. No sintieron presencia, se percataron de ella hasta que llego al claro, justo al lado de Naruto—. Ellos son los nuevos viajeros que Kisuke-sama ha acogido en el pueblo, no seas descortés —golpeo levemente la cabeza de Naruto haciendo que reverenciara junto con ella—. Este hombre es Shun Uzumaki y yo soy Sayuri Uzumaki. —La joven mujer se presentaba. Su cuerpo estaba bien delineado, tenía una figura envidiable y sus atributos estaban bien balanceados, era una mujer verdaderamente hermosa.

Karin notaba claramente los rasgos característicos Uzumaki en ella. Su cabellera pelirroja hasta los hombros, sus ojos marrones y la gran cantidad de chakra que emanaba eran perceptibles para la chica de lentes.

—¡Ah! Kisuke-san nos habló de usted, Sayuri-san —pronuncio Sasuke siguiendo con la actuación—. Un gusto conocerle.

La mujer observo a la pequeña hija de ambos llorando en los brazos de la que parecía ser su madre.

—¿Le sucedió algo? —Pregunto el hombre con una preocupación que ni siquiera el comprendía y fue algo que Sayuri noto de inmediato.

—Solo está asustada por haberse perdido —respondió la mujer que le abrazaba y Hikari se separó un poco del abrazo para observar a su padre con interés—. Ya se le pasara, así son los niños —sonreía Karin con tranquilidad.

—Bueno, no los interrumpimos más, debemos descansar —hablo Sasuke que noto la mirada de molestia de aquella nueva Uzumaki que tenían frente a ellos.

Sasuke dio la espalda a esa pareja y Karin junto con Hikari le siguieron no sin antes despedirse de Naruto y de Sayuri.

La Uzumaki borro la sonrisa que mantuvo frente a esa familia y fijo su mirada en Naruto. Jamás se había preocupado por alguien que no fuera ella y eso le inquieto a sobremanera.

—Siento que los conozco —pronuncio y dichas palabras generaron una gran sorpresa en Sayuri—. No se la razón, pero la nostalgia me invadió y ver a esa pequeña hizo que mi corazón latiera demasiado, es como si fuera muy cercana a mi —sonrió de una manera que Sayuri desconocía. Era una sonrisa que la Uzumaki nunca había visto y le generaba un odio extremo hacia esas personas.

Su instinto le decía que tenía que estar alerta, algo le decía que tenía que vigilar de cerca a ese matrimonio, ella no dejaría que todo lo que había logrado en los últimos años se lo arrebataran, no después de tanto sacrificio hecho.

Todos regresaron a sus casas, Sayuri preocupada por la reacción de Naruto y el equipo de Konoha visiblemente tocado emocionalmente. Al entrar a la casa que les habían dado para habitar en el pueblo, el silencio predomino como en el resto del camino. Sasuke analizaba la situación, mientras que Karin observaba a la cabizbaja Hikari.

—Era mi padre, ¿verdad? —Aún no estaba segura a pesar de que Sasuke se lo había confirmado ya.

—Lo es —respondió el Uchiha con tranquilidad—. Parece que esa mujer tiene algo que ver en esto, no es el mismo Naruto que conocemos —punteo con preocupación.

—¡¿Qué le hizo?! —Hikari exigía una explicación, sus sentimientos afloraban y no podía contenerlos, todo era una rara mezcla dentro de ella.

—No hay chakra de Kurama —indico Karin viendo a Sasuke. Hikari sabía quién era Kurama, su madre le había platicado todo lo referente a su padre y lo que llevaba en su interior—. Esa mujer es una Uzumaki, nuestro clan fue un especialista en jutsus de sellado, es posible que…

—Tuvieron que tomarlo con la guardia baja a él y a Kurama —profirió Sasuke.

—O abusaron de su confianza. —Karin sabía que su primo confiaba en todas las personas hasta en sus propios enemigos y era algo que el más astuto villano podría usar a su favor y este parecía ser el caso.

—Debemos pensar como liberar ese sello —anuncio Sasuke.

—Si sus memorias están tocadas, debe de revisarlo un especialista, si lo hacemos mal, el Naruto que conocimos podría no volver jamás y hasta podríamos destruir su mente para siempre —advirtió Karin con preocupación.

—El clan Yamanaka es especialista en asuntos de la mente —hablo Hikari—. Quizá la tía Ino podría ayudarnos. —Sasuke observo a la pequeña y sonrió de medio lado, definitivamente no tenía la inteligencia de su padre por fortuna.

—Iré a Konoha a reportar esta situación, le pediré ayuda a Ino y regresare con ustedes —dijo el Uchiha con tranquilidad.

—¿Cómo piensas irte y dejarnos aquí? ¿Qué excusa daremos? —Indago Karin con preocupación—. Esa mujer sospechara —recordaba a la otra Uzumaki.

—Saldré a un viaje a arreglar unas cosas antes de establecernos en este pueblo. —Karin comprendió de inmediato—. Ustedes se quedarán bajo el cuidado de las personas de aquí, me será más rápido ir solo, ¿entiendes?

—Ya entendí —bufo molesta la Uzumaki.

—No te preocupes, tu padre regresara a tu lado y recuperaras todo el tiempo perdido. —Sasuke se acercó a Hikari y revolvió su cabello con cariño, algo que no pasó desapercibido para Karin, ella sabía cómo el Uchiha mostraba esa faceta cariñosa con la hija de su mejor amigo—. Traten de averiguar algo sobre este Naruto y esa Uzumaki, cualquier cosa que podamos usar para liberarlo —pidió el Uchiha, las chicas solo asintieron.

Tras eso se dispusieron a descansar, necesitarían estar atentas a todo para averiguar algo y la misión de rescate de Naruto empezaba.

No muy lejos de allí, cerca de los campos de arroz del pueblo en una pequeña cabaña, Naruto descansaba plácidamente y la Uzumaki le observaba con atención. Sayuri le observaba dormir con un ligero sonrojo sobre sus mejillas. A pesar de haberlo "atrapado" hace varios años ya, ese rubio jamás demostró sentimientos hacia ella, ninguno pasaba de una simple preocupación. No compartían cama, no se tomaban de la mano, no se besaban, no existía absoluto contacto físico entre ambos. A pesar de que las memorias del rubio estaban atrapadas y ese que observaba dormir era otro muy distinto al que conoció. Siempre fue distante con todos, mas con ella y jamás demostró otro sentimiento de fraternidad, hasta esa misma noche. Esa noche en la que vio sonreír de manera honesta, en la que lo vio preocuparse por una pequeña y sonreírle para tranquilizarla, pero su preocupación no era principalmente eso… Sus palabras aún estaban en su mente…

"Siento nostalgia al verlos"

Ella estaba preocupada, le costó mucho planearlo todo para tenerlo allí, a su lado, como debía de ser, pero ahora se sentía amenazada por unos desconocidos. Desconocidos que nada tenían que ver con el rubio. Eso le preocupaba, bufo molesta y toco las sienes del rubio durmiente, al momento un chakra rojizo emano de sus manos.

En cuestión de segundos se encontraba frente a un zorro aprisionado por misteriosas cadenas negras. El zorro gigante se encontraba dormido, la mujer paso lejos de el para dirigirse hacia una pequeña celda donde un cuerpo cubierto totalmente de sellos y envuelto en cadenas yacía colgando del techo. Abrió la jaula y entro para revisar por completo el cuerpo buscando un indicio que le advirtiera sobre alguna falla en su jutsu. Tras varios minutos de examinar ese misterioso cuerpo no encontró nada, ella tan solo suspiro, en su mente se convenció de que tal vez solo era paranoia suya, salió de aquella jaula y cerro tras de sí, se disponía a abandonar la consciencia de Naruto.

—Nunca conseguirás su cariño, no importa cuántos años lo intentes —amenazo una grave voz proveniente de aquel enorme zorro rojo—. Eres insegura por la aparición de unos extraños que nada tienen que ver con el chico —carcajeo de manera burlona—. Que patética eres mujer, las Uzumaki que he conocido tenían más valor que tú misma —continúo burlándose ante la mirada de furia de la Uzumaki.

—¡Cállate! —Vocifero la chica, pero las burlas del zorro no cesaron, se incrementaron—. No me importa cuántos años me lleve, me ganare el corazón de Naruto, un Uzumaki debe de estar con una Uzumaki, es nuestro deber rehacer el linaje de la princesa —expuso con seguridad.

—Esto no se trata de revivir el linaje de la madre del chico, se trata de tu obsesión por poseerlo todo y de que nunca nadie te ha rechazado. —Kurama fijo sus ojos en la mujer, se mantenía oculta en la oscuridad de la mente, no se acercaba lo suficiente a Kurama sabía que era peligroso—. Por eso fuiste tan rastrera y planeaste todo esto —resoplo con furia—. Ni siquiera siento enfado por ti, todo lo contrario, siento lastima. —Sayuri le observaba con furia, quería aniquilar a ese zorro, pero no podía hacerlo, no tenía la fuerza suficiente para hacerlo y aunque la tuviera, eso significaría asesinar al rubio y eso era algo que no se permitía hacer.

—Mis razones son suficientes, me costó mucho trabajo sellarte y sellar las memorias de Naruto, no me rendiré —advirtió la Uzumaki.

—Trece años y no has logrado ni que te tome la mano —carcajeo Kurama—. Ni siquiera el falso Naruto que creaste está interesado en ti. —Ante la furia de la Uzumaki, la burla de Kurama ceso—. ¿Cuánto tiempo más vas a resistir? —Pregunto con seriedad—. El sello se debilita con cada día que pasa, mi momento se acerca, cualquier debilidad la aprovechare para liberarnos de tu yugo y créeme mocosa, que me encargare de destruirte completamente. —Los ojos fríos y severos de Kurama helaron a la Uzumaki—. Yo no soy como el chico, no me tocare el corazón y te hare pagar con creces todo este tiempo que me has encarcelado, una simple humana debe recordar su lugar —amenazo furioso el zorro. Sayuri iba a responderle, no se iba a dejar amedrentar por el—. ¡Ahora, largo de aquí mocosa, nos volveremos a ver cuándo me libere! —Aunque se encontraba sellado, Kurama tenía cierto control todavía sobre la consciencia de Naruto y así había logrado mantener a raya las ideas estúpidas que la Uzumaki quería implantar en su compañero.

En la cabaña, Sayuri sudaba frio, había sido expulsada de la mente de Naruto con mucha facilidad, su cuerpo temblaba totalmente y se sentía débil. Cada día que pasaba, el zorro parecía tener más control sobre la consciencia de Naruto y eso le preocupaba, tenía que mantenerlo bajo control, pero no podía destinar más de su chakra a mantener el sello que le había colocado, eso haría que la barrera que ocultaba aquel pueblo de otras naciones sería más débil y la posibilidad de toparse con shinobis que participaron en la guerra que podrían reconocer a Naruto y frustrar todos sus planes, aumentaba. Tenía que seguir resistiendo hasta encontrar una mejor manera de domar al zorro endemoniado.