Según Life Coex, el lobo es el segundo mayor depredador de Europa después del Oso pardo.
Advertencias: Nada por ahora.
Líder
[1]
Abre los ojos.
Levi siente que la cabeza le va a explotar en cualquier momento. Lleva su diestra a sus hebras obscuras tanteando el terreno. Una extraña humedad cubre sus dedos, pero la escasa luz le impide notar que es realmente, si sangre o nieve derretida.
- Ugh – intenta ponerse de pie. En cambio, un gruñido gutural lo devuelve a su lugar. - ¿Pero qué…?
No puede terminar de enunciar cuando un enorme y fornido lobo de hocico café se cierne sobre todo su rostro dejándolo completamente anonadado.
- Dios mío… - lleva la misma mano con la que antes tocó su cabello a su pecho. Su corazón late con fuerza golpeándole las costillas.
Nunca había visto un lobo, no así de cerca. Recordaba vagamente sus visitas al zoológico o en sus libros de ciencias. Y jamás imagino que se verían así de imponentes en persona.
Traga saliva completamente nervioso.
Es en ese instante de lucidez que puede vislumbrar a su alrededor donde está exactamente.
El interior cavernoso, la obscuridad imperante y el olor a humedad no le dejan dudas. Yace en una cueva con un lobo como custodio.
- Interesante. – Levi gatea hacia atrás, inseguro. Sólo guiándose con las palmas de sus manos.
La mirada obscura del lobo lo sigue atentamente, como si estuviera esperando a que hiciera un movimiento brusco para atacarlo.
Levi no sabe realmente de lobos, es escritor maldita sea, no un maldito biólogo o algo por el estilo. Si estaba allí era por su instinto suicida.
Frunce el ceño.
Erwin Smith tenía la culpa. Su inseparable colega y mejor amigo lo había llevado a una excursión en medio del bosque, Levi había aceptado porque la curiosidad de escritor había mermado en su cabeza y se propagó hasta la mitad del viaje, cuando la noche comenzaba a caer y los aullidos lastimeros de lobos a lo lejos alertaron sus cinco sentidos.
Erwin era un hombre experimentado en caza, no tenía miedo en absoluto, pero Levi sí.
Y cuando una manada los atrapó de camino a la cabaña, Levi no escuchó los gritos de Smith y echó a correr. Al diablo si ese rubio idiota podía domar a las bestias, él no. No quería morir joven, mucho menos devorado por depredadores de cuatro patas.
Corrió tanto que consiguió perderse. Un lobo Alfa había salvado su vida sólo para llevarlo a una cueva. Realmente pensó que sería devorado al instante, pero al parecer se había equivocado.
- ¿Cómo carajos saldré de acá? – se pregunta a sí mismo para medio tranquilizarse.
El cuadrúpedo acerca su hocico al cuello de Levi, y el azabache no hace ningún intento de apartarlo. Estaba cagándose de miedo, y el animal parecía comprender ese sentimiento por eso continuaba con su tarea de fisgonear en él.
La nariz fría se cuela por debajo de la chaqueta marrón de Levi. Y éste maldice por lo bajo, el lobo está casi sobre él hasta que un gruñido de advertencia hace eco dentro de la cueva.
El alivio que Levi se ve reemplazado por un pavor aplastante. El lobo que lo había olisqueado ahora tiene la mirada gacha y no mira hacia el frente, Levi sí.
El mismo lobo Alfa que lo había salvado está ahí, mirándolo. Con sus ojos dorados y pelaje castaño siendo removido por un viento helado.
- Es mío, Jean.
- Tranquilo. No pensaba comérmelo, sólo quería comprobar que estaba bien.
- Hmp.
Levi observa el comportamiento de ambos lobos. El primero parece que está siendo sometido a las órdenes de su líder. Y el segundo se acerca a paso lento, y Levi se apega lo más que puede a la pared rocosa.
El alfa esboza una sonrisa o eso quiere interpretar Levi, porque lo está mirando fijamente mostrándole todos los dientes. Eso debe ser algo bueno, ¿no?
- Tan hermoso.
Eren nunca había visto un humano con los rasgos y apariencia de ese sujeto que esta frente a él.
Quiere olerlo, lamerlo, arrancarle toda la ropa, y marcarlo. Empero, su autocontrol esta primero y Mikasa le había dicho que si cometía una imprudencia le costaría a la manada entera.
Ellos son los espíritus que protegen Trost. Su deber como tales era mantener el orden y alejar a cazadores o cualquier ser humano que osase perturbar la paz del bosque.
El rubio que acompañaba al azabache había huido con una pierna herida y la promesa de volver con un equipo de ayuda. Afortunadamente Eren pudo tomar al individuo y llevarlo a un lugar seguro.
- Jean, ve con los otros y diles que el sujeto ya despertó. Me quedaré con él hasta que pase la tormenta.
El lobo de pelaje más claro que el otro echa un bufido exasperado.
- ¿No piensas aparearte con él o sí?
- Vete. – ladra enojado.
- Está bien. Ten cuidado, bastardo suicida.
Las manos de Levi tantean una enorme roca, con un golpe podrá aturdir al lobo y huir. Sí, eso podía hacer. Además esta distraído mirando al otro lobo irse.
Levanta la roca con ambas manos y cuando está a punto de asestar el golpe, una ráfaga lo embiste.
La roca rueda lejos de él, desesperado comienza a patalear. El lobo alfa yace sobre su pecho.
- ¡Déjame ir! ¡Maldito animal! Te acabaré.
- ¿Un enano como tú?
Y entonces la respiración se le corta y lo último que recuerda son unos ojos dorados que parecen burlarse de él.
