Llegaron enfrente del edificio y Magnus empezó a buscar una puerta para poder abrirla con hechizo, pero Alec se le adelantó y fue hacia un gran sauce que había allí. Con una agilidad asombrosa, incluso para ser un cazador de sombras, saltó y se colgó de una de las ramas del árbol. Haciendo uso de un increíble equilibrio, ando por encima de ésta hasta llegar el final, subió a la rama que tenía encima usando solo la fuerza de sus brazos y de allí, saltó a la barandilla del terrado. Magnus no podía dejar de mirar semejante espectáculo, era como una hábil ardilla negra moviéndose con total facilidad. Sus movimientos eran rápidos, fluidos y sexis, muy sexis, demasiado sexis.
-Venga sube- le gritó Alec desde arriba.
-¿Cómo quieras que suba?- se quejó el brujo. –No puedo hacer esto.-
-¿Cómo sabes que no puedes? Si ni los has intentado.
-Porque nadie puede hacer esto – Le contestó Magnus con los ojos abiertos como platos.
Alec rió a carcajadas mientras desplegaba una especie de escalera de emergencia que llegaba hasta el suelo.
-Está un poco sucia. Vigila al subir.- Advirtió a su cita. Magnus se agarró a la escalera y alzó la mirada para encontrarse directamente con la de Alec. Se miraron fijamente y Magnus le sonrió. El nefilim fue incapaz de aguantarle la mirada y noto como su cara empezaba arder, estaba rojo como un tomate. Al ver su reacción, Magnus pensó que Alec era la cosa más adorable que había visto en mucho tiempo. Empezó a subir con mucho cuidado, sin poder quitarse esa tonta sonrisa de adolescente enamorado de la cara, y cuando le quedaba poco para llegar arriba del todo, una fuerte mano lo agarró de la muñeca y tiró de él. Una vez dentro, Alec le limpió el poco oxido que su ropa había cogido de la vieja escalera.
-Ven – dijo Alec a Bane - Pasó del terrado al tejado y ando hacia el centro de éste. -Aquí es perfecto- dijo mientras se tumbaba mirando hacia el cielo. Magnus lo imitó. Por suerte suya, el tejado era completamente recto, no era el típico inclinado, así que pudo andar perfectamente hacía allí, tumbándose al lado de Alec.
-¿Crees que estas tejas aguantarán? Es decir ¿No cederán con nuestro peso?-Preguntó girando la cabeza para mirar a su niño ángel, éste le clavó sus grandes ojos azules.
-No – le sonrió – He subido en tejados muchas veces y nunca me ha pasado nada. ¿Tienes miedo?- Una sombra de preocupación apareció en su rostro –Si no te gusta estar aquí podemos ir a otro sitio. Podemos volver a la fiesta si lo prefieres – le comentó Alec incorporándose ya para levantarse.
-Oh no, no. Claro que no – le dijo el brujo cogiéndole del antebrazo. Alec miró como la mano de Magnus se aferraba a él y no puedo evitar que apareciera una tímida sonrisa en su rostro, acompañada evidentemente por una amplia gama de rojos que recorrían toda su rostro. – Estoy bien, tranquilo. Esto está genial.– Tranquilizó al chico mientras sentía una punzada en el corazón por la reacción que había tenido Alec ante su contacto.
Ambos se tumbaron y empezaron a examinar el cielo.
-¿Subes mucho a los tejados? Tienes mucha práctica. ¿Es que perteneces realmente a un grupo de ladrones y eso de cazar demonios lo haces como tapadera?-
-No, jaja. Me gusta estar aquí arriba. Si algún día no sabes dónde encontrarme seguramente estaré en el tejado de mi casa. Subo siempre que quiero pensar, estar solo o alejarme del mundo… que es casi siempre… -
-¿Y porque quería un chico tan guapo como tu alejarse del mundo?-
-Bueno – contestó tristemente Alec encogiendo los hombros con timidez – a veces me gustaría que mi vida fuera un poquito más fácil.
-¿Y qué es exactamente lo que estamos esperando?- Cambió rápidamente de tema el brujo viendo que el nefilim se incomodaba.
-Hoy pasará el cometa XR-3B. Dicen que verlo pasar es precioso, de hecho mucha gente cuando lo ve, dice haber visto una estrella fugaz.-
-No imaginaba que te pudiese gustar tanto la astrología, Alexander –
-Bueno, es que esto es especial.- contestó el chico avergonzado – En el cielo hay miles y miles de estrellas – empezó a explicar con un hilo de voz – todas ellas preciosas, sin duda, pero una estrella fugaz es diferente. Dicen que las estrellas fugaces solo pasan una vez en la vida, pasan rápido y su recorrido es muy breve, pero son tan hermosas, únicas y especiales que vale la pena esperarlas, aunque sean solo un suspiro en la vida de alguien. A parte, puedes pedir un deseo…
Magnus no supo que responder, la presión que sentía en el corazón y el estómago no le dejaban pensar con claridad. Ahora entendía lo que Alec quería decir con aquello de estar juntos, conocerse. Durante siglos y siglos, había gastado gran cantidad de tiempo y dinero en preparar espectaculares citas, que sus amantes no se decepcionaran y siempre recordaran esa gran noche con él. Y allí estaba ese angelito de ojos azules, que era feliz tan solo por hablar con él, abriéndose con toda la sinceridad del mundo, sin querer aparentar nada, sin exigirle nada a Magnus tan solo porque era el "Gran Brujo de Brooklyn"… y eso le hizo ver al hechicero lo vacías que habían sido la gran mayoría de sus veladas. Pero allí no acabo todo: el nefilim se sacó la cazadora, la plegó y con la mayor dulzura con la que jamás habían tocado a Magnus, Alec le levantó la cabeza con mucho cuidado y le puso la cazadora debajo, a forma de cojín. Seguidamente, le acarició el pelo para peinarlo. Magnus notó un escalofrió al sentir los dedos del chico en su cuero cabelludo.
-Ahora estarás mejor – le comentó – esto está un poco duro - y le dedicó una gran sonrisa. Éste detalle acabó de rematar a Magnus, le dejó completamente muerto. Nunca antes alguien había tenido ningún detalle como ese con él. La presión en corazón y estomago aumentaron tanto que el brujo pensó que nunca más podría volver a comer. Lo único que podía hacer era mirar a Alec, incapaz de articular ninguna palabra. Al sentirse tan observado y que Magnus no le contestase Alexander Lightwood pensó que había hecho algo mal.
-Crees que es una tontería ¿verdad?, todo esto de la estrella y los deseos. Mi padre siempre me lo decía. –
-No – casi gritó Magnus – No creo que sea ninguna tontería – le contestó suavizando la voz casi en un susurro, mientras que con el dorso de su dedo índice, con la mayor suavidad de la que fue capaz, acarició la mejilla del chico. Alec cerró los ojos para sentir con más intensidad el tacto del brujo y respiró profundamente.
-¿Crees que se pueden cumplir los deseos si se los pides a una estrella mientras cae?- preguntó el brujo.
-Sí, siempre y cuando lo que pidas sea real, algo que realmente se pueda cumplir-
-¿Y qué vas a pedir ?- Magnus tenía real curiosidad por saber que era lo que Alec deseaba.
-Si te lo digo no se cumplirá – le replicó el nefilim – es la primera regla de las estrellas fugaces – ambos rieron.
Estuvieron largo rato charlando y mirando el cielo. Magnus se preocupó cuando Alec empezó a mirar el reloj con mucha frecuencia.
-¿Tienes que irte?- le preguntó asustado, no quería que esa noche terminase nunca.
-No. Es solo que… creo que el cometa ya tendría que haber pasado.-
Con un chasquido de dedos, Magnus hizo aparecer un libro de astrología.
-Por el Ángel – exclamó Alec sorprendido. Bane le sonrió.
-Se hacer otras cosas a parte de montar fiestas horribles-
-Oh no… la fiesta estaba bien – le devolvió la sonrisa al brujo.
-¿Cómo has dicho que se llamaba el cometa?
- XR-3B-
-Déjame ver- y empezó a buscar en el libro, aunque no le gustó lo que encontró –No es hoy Alec. – la expresión del nefilim cambió por completo. A Magnus no le gustó para nada ser él quien rompiera la ilusión de Alexander – Según el libro, el cometa tiene que pasar en 80 años.
-¿80 años?- se desesperó Alec.
-Tampoco es tanto – intentó animarlo el brujo.
-Ningún cazador de sombras vive tantos años – le aclaró.
-Podemos cerrarte en una burbujita de cristal para que nada ni nadie pueda hacerte daño y conservarte allí dentro hasta el día que pase el cometa. – Bromeó Bane – Quedarías monísimo como decoración en mi salón. –
-No solo morimos en batallas. Durante toda nuestra vida estamos constantemente expuestos a venenos y fluidos de demonios… y eso a la larga pasa factura. De hecho, mi última herida, aquella que tuviste que venir tú, seguro que me ha quitado un año de vida. Siento haberte hecho pasar la noche en un tejado para nada – le dijo decepcionado Alec a Magnus.
-No lo sientas, la verdad es que ha sido una noche fabuloso. Siento que no puedas ver el cometa.-
- No importa, me hacía gracia porque seguramente era la única oportunidad que tenía de ver caer uno, pero si no puede ser….Podrías venir tú por mí.-
-¿Yo? –
-Sí, tú aún seguirás vivo. Podrías venir y acordarte de aquel tonto chico que vino 80 años antes.- Magnus se sorprendió a sí mismo cuando noto una punzada de dolor al darse cuenta que Alexnade en 80 años ya no estaría allí.
-Háblame de las estrellas, de sus constelaciones- le dijo Magnus.
-¿De verdad quieres que te enseñe las constelaciones?- Preguntó ilusionado el nefilim. Realmente al brujo le daban igual las estrellas, pero hubiera dicho cualquier cosa con tal de que Alec se quedará un poco más. – ¿Ves aquella estrella que brilla tanto? Aquella que está al lado de la más pequeña. Pues si unes estás dos con la que hay más arriba – empezó a señalar las estrellas pero Magnus lo cortó.
-Alec, me estas señalando 100 estrellas a la vez, no estoy viendo nada. ¿A que estrella te refieres? ¿Esa?- y de su dedo salió un rayo de luz azul, tipo laser que señaló a una estrella en concreto.
-Vaya! – exclamó Alec – Eso es genial – dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Le cogió la muñeca al brujo y empezó a juntar estrellas la una con la otra con el rayo de luz. La verdad es que el resultado final era un desastre, había un montón de líneas por el cielo que no hacían forma alguna.
-¿Qué eso?- río Magnus con una sonora carcajada – Por Dios, dibujas fatal.-
-Es la Osa Mayor, se ve claramente. – se defendió el chico – Son tus rayos que no van bien.
-Ah, ¿Mis rayos no van bien? – se hizo el ofendido.
-¿No tienes una goma de borrar por aquí? – le preguntó Alec pasando su cuerpo por encima del brujo para alcanzarle la otra mano.
-¿Perdona? ¿Crees que soy un lapicero? – No podía parar de reírse- ¿De veras quieres borrar? – De repente de las dos manos del brujo empezaron a salir chispas de todos los colores, se hizo una gran luz verde en el cielo, y donde habían estado los desastrosos dibujos de Alec, Magnus hizo aparecer imágenes de todas las constelaciones.
-Guau- Le dijo totalmente sorprendido el nefilim incorporándose rápidamente y dejando su cara a pocos centímetros de la del brujo. –Eres increíble.-
Magnus no pudo aguantarse más: cogió de los hombros a Alec y lo empujó hacía sí, para encontrarse con su boca y besarla como hacía tiempo que no besaba a nadie. Alec le devolvió el beso y a partir de allí ambos perdieron la noción del tiempo. Se estuvieron besando hasta que el teléfono de Magnus sonó. Era Thomas, Alec le dijo que lo cogiera, que podría ser algo importante, pero Magnus sabía que no podía haber nada más importante que eso que ya estaba haciendo. Thomas advirtió a Magnus que todo el mundo lo reclamaba, todos querían pasar la noche con el Gran Brujo de Brooklyn, y que si tardaría mucho en aparecer.
-Tengo que volver a la maldita fiesta- le comentó a su nefilim mientras volvía a besarlo y le mordía el labio inferior. - ¿Te apetece venir?-
-No creo que tus invitados tengan ganas de volver a verme – rió éste- No te preocupes, yo tendría que empezar a volver a casa… Me lo he pasado muy ésta noche contigo… Gracias por todo.-
-¿Te parece bien que tengamos esas segunda cita el viernes?
-¿De veras quieres volver a quedar conmigo? No lo hagas por obligación. Entenderé que no quieras volver a quedar, sé que no soy una persona muy divertida y… – los labios de Magnus impidieron con un largo beso que terminara la frase.
-Me encantaría volver a quedar contigo Alexander Lightwood –
-Viernes va bien entonces- le contestó con los ojos brillantes.
Magnus vio resignado como Alec se alejaba y él tenía que volver a esa estúpida fiesta, que sin lugar a dudas, sin él no sería lo mismo. De hecho ya nada sería lo mismo sin él.
No hace falta decir, que ese mismo día, 80 años más tarde, Magnus volvía estar tumbado en ese tejado, esperando con lágrimas en los ojos, que el cometa pasara.
Se dice que, finalmente, con el paso de los años, Alec acabó muriendo en los brazos de Magnus, y que las últimas palabras que le dijo el brujo fueron:
-Alexander, mi amor, tú has sido la estrella fugaz de mi vida -
