POV Dimitri

Majestuosa, elegante y muy brillante. La Corte siempre me pareció el reflejo perfecto de lo que es nuestra sociedad, pulcra y reluciente por fuera pero sucia y podrida por dentro. Dos semanas exactas tomaron los documentos de mi divorcio con Tasha y una semana más el arreglar todos mis asuntos para venir hasta aquí. A pesar de haber estado cuatro años y medio fuera de mi papel real como Guardián aún tenía buenos amigos y contactos que, apenas pedirlo, me consiguieron un buen puesto dentro de La Corte.

Muy temprano me presenté ante Hans, el jefe de Guardianes. Él sabía de mi experiencia y de la excelente reputación que tenía, para mi fortuna no era aficionado a ahondar en los asuntos íntimos de sus compañeros así que no mencionó nada de Tasha o mi matrimonio, simplemente me dio la bienvenida y explicó todas mis responsabilidades. El lugar que ocuparía sería el de segundo al mando, su mano derecha había renunciado por problemas personales. Básicamente, debía encargarme de vigilar que todos estuvieran donde se suponía debían estar, de rolar turnos y asegurarme de que los Guardianes jamás se sentaran en sus laureles y estuvieran en alerta permanente.

Hans me dio el recorrido aunque ya conocía el lugar, me dio mis horarios de la semana, me llevó hasta la que sería mi habitación y dijo que empezaba al día siguiente. Antes de que se marchara le pregunté si de casualidad sabía dónde podía encontrar a la Guardiana Rosemarie Hathway, él me miró de una manera muy extraña, como diciendo "¿tú qué demonios quieres con ella?". Me apresuré a explicarle que yo había sido su antiguo mentor y que me gustaría hablarle para ver cómo le estaba yendo. No pareció creérmelo pero me dijo que lo más seguro es que a esa hora estuviera entrenando en el gimnasio. Le agradecí pero me dio una mirada de sospecha y, después, sólo se fue tan rápido que me hizo dudar si era un dhampir o un strigoi. Ni siquiera me dio tiempo de preguntarle ¿dónde estaba ese gimnasio? Las veces que había venido, años atrás, nunca vi uno.

Dispuesto a encontrar lo que había venido a buscar, salí de mi habitación. No tardé demasiado en hallar a un dhampir al cual preguntarle por el gimnasio. Me dio explicaciones directas y sencillas de entender, resultó que el dichoso gimnasio era el edificio justo frente al edificio de Guardianes donde nos encontrábamos. Me obligué a no salir corriendo en dirección al lugar, mi corazón se agitó sin piedad y mi respiración se entrecortó. Estaba ahí, a unos metros de mí, después de tanto tiempo, casi podía oler su perfume en el aire. Tan cerca.

Sentía la sonrisa esperanzada en mi rostro, la calidez en mi pecho, conforme avanzaba, más y más cerca, mi cuerpo y mi alma iban recordando lo que era estar realmente vivo. Seis metros, comienzo a sudar. Cuatro metros, las manos me tiemblan. Dos metros, ¿me tragué algo o qué se atoró en mi garganta? Un metro, respiró lo más profundo que puedo. Mis oídos captan el sonido más divino, una risa limpia y fresca, su risa y mi corazón da un salto y empieza a latir a su ritmo. Otra risa que no reconozco se le une pero la ignoró, no me importa nada más, mi mente está nublada con el sonido de su voz.

Mi mano toma la perilla de la puerta del gimnasio, sólo esto nos separa. Entro con toda la dignidad que soy capaz, aunque mis piernas se han vuelto gelatina. Mi mirada inmediatamente la encuentra, como si mi corazón ya la hubiese localizado antes siquiera de abrir la puerta. Está tan hermosa como la recordaba, no, está más hermosa aunque sólo veo su espalda y su largo cabello amarrado en una cola alta.

-Belikov.-

Escucho a Hans llamarme, hasta ese momento me doy cuenta que está al lado de Roza así que ha venido a verla justo después que yo le pregunté por ella, ya averiguaré después el porqué. Ella voltea a mirarme, sí definitivamente mis recuerdos y mi memoria no le hacen justicia a la mujer, a la diosa que tengo frente a mí. Está empapada de sudor, con una botella de agua en la mano, sus ojos son dos faros luminosos igual que su alegre sonrisa.

-Guardián Belikov.-

Su voz sale dulce, asiente con la cabeza a modo de saludo. ¿Guardián Belikov? Me molesta la manera en que me llamó pero ¿Qué esperabas? ¿Dimitri, sabía que vendrías y te he estado esperando todo este tiempo? Carraspeo un poco para aclararme la garganta, tengo miedo de que se me quiebre la voz. Imito su saludo.

-Roz… Guardiana Hathaway.-

Hay silencio por un largo momento pero a mí no podría interesarme menos, me dedico a observar a mi Roza, cada línea de su cuerpo, cada pequeña marca, todo. Me convenzo que en verdad está pasando esto, que sí estoy aquí. Pero lo bueno no dura mucho.

-Belikov, el Guardián Hans nos informó que querías hablar con Rose.-

Mis ojos van a la izquierda de la mujer que amo y se paran en los Ivashkov, demonios no me había percatado de su presencia, al parecer mis instintos no funcionaban tan bien como antes aunque realmente debía ser por el calor del momento. Su tono no tiene nada que ver con el de Roza, es duro e implacable.

-Sí, me gustaría decirle algunas cosas.-

Ivashkov frunce el ceño pero la mano de Roza toma la suya, con total naturalidad, y él se calma al instante. Mi vista se clava en sus manos entrelazadas y un doloroso nudo se comienza a formar en mi interior. Las risas, eran de Roza y de Ivashkov. Los observo de nuevo y reparo en que Adrián está igual que Rose, sudado y sonrojado como si se hubiera estado ejercitando hace apenas unos momentos. Mi mente trata de unir las piezas pero en el fondo no quiere terminar de armar el puzzle.

-Adrián ¿por qué no vas a cambiarte y a arreglarte, recuerda que a tu tía no le gusta que lleguemos tarde?-

Ivashkov pone los ojos en blanco y suelta una risotada.

-Como si fuera yo el culpable de que siempre lleguemos tarde, aquí la impuntual eres tú, pequeña dhampir. Yo no necesito mucho tiempo para lucir espectacular, mi encanto y belleza son de nacimiento.-

Roza sonrió aún más y le plantó un rápido beso en los labios que él recibió con mucho entusiasmo. Mi corazón se desmoronó junto con mis esperanzas de recuperarla.

-Bien, entonces Guapo y natural Lord Ivashkov ¿quisiera irse a dar una ducha y esperarme en nuestra habitación mientras escucho lo que el Guardián Belikov tiene que decirme?-

Ese nosotros se sintió como una navaja que atravesó mi corazón. Adrián dudó unos segundos pero le dio otro beso fugaz, le sonrió y salió sin siquiera decirme una palabra. Hans siguió mirándome mal pero se dirigió a la salida, atrás del moroi. Sólo se giró para decirle una última cosa a Rose.

-Si llegas a necesitarme, no estaré lejos.-

La puerta se cerró y al fin quedé a solas con la mujer a la que había venido a buscar. Ahora me sentía estúpido, ¿qué sentido tendría decirle lo que había venido a decirle? Ella estaba con él y se veía feliz ¿tenía derecho a venir a tratar de arrebatarle lo que había conseguido?

-¿Y bien? ¿Empezará a hablar en algún momento o debo ir por un café y volver en unas cuantas horas?-

-Perdón, por favor, Roza, perdóname.-

Las palabras salieron tan fácil como respirar. Entornó los ojos y me miró confundida pero se relajó casi de inmediato y me dio una de las más cálidas sonrisas que haya recibido en toda mi vida.

-Ya lo hice, Dimitri. Hace mucho tiempo.-

Todo mi cuerpo se relajó ante su contestación y lágrimas empezaron a correr libres por toda mi cara. Lo había hecho, ella me había perdonado.