"Cuando te duela el corazón, trata de disfrutarlo.
Es que no hay muchas cosas que te estrujen el corazón.
Y si te duele de verdad, es porque valió la pena.
Así que abrázate al dolor, que cuando menos te das cuenta,
el tiempo te enseña a volar de nuevo"
Mind of Brando
POV Dimitri
Unos minutos habían pasado y yo seguía parado ahí, como pegado al piso, sin decir nada. Roza tampoco dijo nada pero me miraba con incomodidad pues seguía llorando, no de manera escandalosa pero estas malditas lágrimas parecían no acabarse nunca. Todo lo que había pensado decirle, lo había olvidado. Tenía tantos sentimientos encontrados que, sencillamente, me había petrificado.
-Hm, bueno, si eso es todo, debo irme.-
Me apresuré a acercarme y tomarla del brazo antes de que moviera un solo músculo para irse. La sentí tensarse y se separó de mí tan rápido como yo la había tomado. Su semblante, igual que su voz, se volvió frío y oscuro, dejando atrás cualquier rastro de calor y felicidad que hubiera tenido.
-Guardián Belikov, está fuera de lugar.-
-Roza…-
-Guardiana Hathaway para usted.-
Abrí la boca, sorprendido, el cambio había sido drástico en tan solo unos cuantos minutos.
-Creí que tú… que… que me habías perdonado.-
Levantó su mirada para que pudiéramos vernos directamente a los ojos. No se ablandó, si acaso, se endureció aún más.
-Lo hice, pero eso no significa que pueda venir aquí a hacer como si fuéramos los mejores amigos.-
-No somos amigos.-
Repetí lo obvio, ¿me dolía? Claro pero ella estaba en lo cierto, después de todo lo que pasó entre nosotros jamás podríamos volver a ser simplemente amigos. Se relajó un poco ante mi contestación.
-Exacto, me alegra que lo entienda. Si me disculpa, de verdad tengo que irme.-
-Roza, yo te amo.-
Sus ojos se ensancharon y su boca formó una O perfecta, no obstante, no duró tanto su sorpresa porque enseguida me vio como quién ve a un animal ponzoñoso que está a pocos centímetros de morderlo, con desprecio y… miedo.
-No tengo idea de qué estúpido y enfermo juego haya venido a jugar pero, le aseguro que, yo no estoy dispuesta a formar parte de él. Es un hombre casado y aunque no lo fuera, las cosas entre usted y yo hace más de cuatro años que se terminaron.-
La vi tratar de volver a poner su cara de indiferencia pero no lo logró, las palabras salían atropelladas de sus labios, como si se trataran de un discurso hecho desde hace mucho tiempo pero que jamás pensó realmente tener que decir. Debía aceptarlo, ella me estaba rechazando, no me quería más en su vida pero es que no podía creerlo, que no quedara esperanza alguna para nosotros era una verdad que no estaba listo para aceptar. Volví a acercarme y, sin importarme nada, hice lo que mi corazón me mandó hacer. La tomé de la cintura y llevé mi boca hasta la suya.
La estaba besando, era increíble, había transcurrido demasiado tiempo pero sus labios seguían sintiéndose igual de bien sobre los míos. La necesitaba tanto. Un empujón seguido de un puñetazo me alejó de ella y cortó el momento más dichoso que había vivido en años.
-¿Qué demonios ocurre contigo? ¿Te largas, me envías una invitación para tu boda y después de cuatro años regresas sólo para decirme que me amas?-
Bajé mi mano de mi rostro, el golpe me había roto el labio inferior que estaba sangrando pero me importó una mierda. Volví a ponerme frente a Rose, se veía enfadada como nunca la había visto, todo su cuerpo temblaba de ira pero en sus ojos había algo más, dolor.
-Roza, fui un estúpido, un imbécil, lo sé. Tú sabes las razones por las que me alejé, todo lo que escribiste en esa carta fue cierto. No hubo un solo instante en que no pensara en ti y en lo mucho que te amo, en la falta que me haces. No he respirado tranquilo, dormido bien ni sonreído desde que te dejé. Fue el error más grande de mi vida y…-
-Y te lo dije, te dije que te arrepentirías pero que no vinieras a buscarme porque ya te habría olvidado.-
Ahora estaba gritando, sentía que en cualquier momento volvería a golpearme y no me interesaba, lo merecía.
-¿Entonces, lo hiciste? ¿Realmente me olvidaste?-
Recobró un poco la compostura pero no dejó de temblar y vi sus ojos llenarse de lágrimas. Había algo ahí, dentro de ella, seguía amándome, lo sabía. Su voz volvió al tono normal, me vio directo a los ojos y vi a la Rose decidida, la misma que había enfrentado a Dashkov y nos había guiado hasta las cuevas.
-Ahora estoy con Adrián, él ha estado conmigo en todo este tiempo. Se ganó mi corazón, me ha dado todo lo que necesitaba, hasta lo que no sabía que me hacía falta. Con él he conocido partes de mí que jamás creí tener. Soy una mejor persona, una mejor guardiana y realmente lo amo.-
El dolor que provocaron sus palabras casi me hace doblarme en dos, lo amaba y la conocía demasiado bien como para saber que lo que me decía era completamente cierto, no era algún tipo de venganza o mentira para hacerme sufrir. Cuando elegí venir a buscarla sabía que era una posibilidad el encontrarla con alguien más pero jamás se me ocurrió que pudiera amarlo, en mi mente ella sólo podía amarme a mí. Sí, sabía lo egoísta e idiota que me hacía ese hecho pero no podía cambiarlo. Hasta ahora es que entendía la magnitud de las consecuencias de mis actos, la había desplazado de mi vida sin mirar atrás ni detenerme a considerar otras opciones y deje pasar tiempo pensando que su vida se había convertido en un infierno, tal como la mía, y que aunque pudiese estar con otro ella seguía perteneciéndome.
No tomé en cuenta que, de los dos, ella siempre fue la más fuerte y decidida, cuando se decidía por algo lo conseguía. Yo mismo la había dejado con moño y envoltura, Ivashkov sólo tuvo que encontrar la manera de desenvolver el regalo.
-¿Y a mí?¿Dejaste de amarme?-
-No sé lo que quieres escuchar ni por qué vienes justo ahora con todo esto pero voy a dejarte en claro algo. Amo a Adrián, estoy formando una vida a su lado, somos muy felices y no voy a tirar todo eso a la basura sólo porque al fin terminaste de aceptar tu maldito error.-
-No respondiste mi pregunta.-
Suspiró con cansancio pero la seguí mirando con insistencia.
-Mira, Dimitri. Fuiste el primer hombre en mi vida, lo que vivimos tú y yo fue hermoso y me enseñó lo que realmente era el amor. Durante dos años tú te convertiste en mi mentor, mi mejor amigo, mi sostén, en absolutamente todo mi mundo. Dentro de mi caótica vida, eras lo único seguro y estable. Cuando veía mi futuro sólo veía a Lissa y a ti, las dos personas más importantes para mí. Hubiera hecho cualquier cosa por ti sin preguntas ni dudas, así de plena era la confianza que te tenía. Por San Vlad, si creía más en ti que en mí misma. Te amaba tanto que no creí que fuera capaz de vivir sin ti pero me dejaste y ¿adivina qué? No sólo viví, también fui muy feliz.-
La garganta se me cerró, vi las lágrimas vencer el autocontrol de Roza y escuché su voz romperse, junto a mi ya de por sí maltrecho corazón.
- No me interesa si me pensaste cada día, si no funcionó tu matrimonio, si juras seguirme amando o si viviste arrepentido todo este tiempo porque, sorpresa, fuiste tú el responsable de todo eso. A mí, me costó llanto, noches en las que no quería dormir porque las pesadillas de ti subiéndote a ese maldito helicóptero no me dejaban tranquila, días enteros de mi yendo de un lado para otro sin sentir absolutamente nada, como un estúpido robot, mucho tiempo perdido y un dolor como el que jamás pensé llegar a soportar pero lo hice, te dejé atrás. Se acabó, puedes aceptarlo o no, eso no cambiará.-
Dando por zanjada nuestra conversación, salió del gimnasio azotando la puerta de paso. No pude decirle nada más, no sabía que decirle, era verdad todo, o casi todo. Se había equivocado en una sola cosa, esto aún no había acabado. Me informó lo que había sido su vida y lo desgraciado que fui al dañarla como lo hice pero no me dijo la única cosa que podría haberme hecho desistir "ya no te amo". No era capaz de decírmelo porque estaba seguro que seguía en su corazón, sus ojos me lo gritaron y el beso, que me respondió aunque sólo por unos segundos, me lo tatuó en la piel.
Ya había sido un maldito cobarde una vez, no lo repetiría. Lucharía por ella, lo sentía por Ivashkov pero uno de los dos tenía que perder y por más maravilloso que se hubiera portado, yo siempre sería el primero en el corazón de mi Roza y él estaba por averiguarlo.
