*Advertencia, este capítulo contendrá lemmon, si eres susceptible a este tipo de contenido o, simplemente, no te agrada te recomiendo que pases de largo.
POV Rose
Mi corazón se aceleraba y se detenía a periodos irregulares. No acababa de creer lo que había pasado. Él estaba aquí, el maldito cobarde que me rompió el corazón hace cuatro años, el desgraciado que casi me destruye por completo. Abrí la puerta de mi habitación y me di cuenta que sin realmente pensarlo había venido hacia la única persona que sabía podría calmarme en este momento.
-Pequeña dhampir, creí que tardarías un poco más…-
No lo dejé terminar de hablar pues me lancé hasta él y comencé a besarlo, Adrián estaba completamente desnudo frente a la cama, con el cuerpo y el cabello escurriendo gotas de agua, tan endemoniadamente sexy. No supe si realmente fue mi deseo de estar con él o mi necesidad de borrar cualquier pensamiento sobre Dimitri Belikov lo que me impulsó en ese momento pero cuando las manos de Adrián comenzaron a hurgar debajo de mi blusa todo lo demás perdió importancia.
-Alguien está muy ansiosa, ¿tanto me extrañaste? Si sólo pasaron como cinco minutos.-
Esa sonrisa, esa maldita sonrisa de autosuficiencia que me daba siempre que sabía que estaba por perder la cabeza por él. Recuerdo lo difícil que fue al principio pensar siquiera en dejarlo entrar en mi corazón, aún dolía demasiado todo, pero sus gestos de amabilidad, su apoyo incondicional, la manera que siempre tenía de hacerme sentir amada, su paciente espera por mí, terminó por abrirse su propio espacio en mi corazón.
-Como siempre, hablas demasiado.-
Mi boca recuperó sus labios y mis manos empezaron a acariciar su piel desnuda. Se sentía cálida y húmeda. Adrián se las ingenió para deshacerse de mi ropa sin dejar de besarme. Lo tomé de la cintura y lo arrojé a la cama pero él me giró para quedar encima de mí, movió mi cabeza y empezó por besar mi cuello, podía sentir sus colmillos apenas arañándome y eso me excitaba y me enloquecía a partes iguales. Las manos de Adrián bajaron y empezaron a jugar con mis pechos, el lugar favorito de mi novio, y pronto su boca las alcanzó. Ese estúpido niño rico sabía cuándo chupar, cuándo morder, simplemente, qué botones apretar para tenerme completamente a sus pies. Su boca volvió a buscar la mía pero su mano izquierda se coló entre nuestros cuerpos y descendió hasta la ahora más que notoria humedad entre mis piernas.
-¿Es por mí? ¿En serio?-
Un gemido fue mi respuesta cuando comenzó a acariciarme tal y cómo sabía que me gustaba.
-¿Sabes cuánto me encanta que, literalmente, te derritas por mí? Vamos a ver ¿qué más puedo conseguir?-
Y sin previo aviso su pene sustituyó a su mano. Y, por San Vlad, parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que estuvimos juntos, lo que era mentira pues eso había sido apenas la noche anterior.
-En otro momento, hubiera llevado mi lengua hasta este hermoso rincón y me hubiera deleitado con tu delicioso sabor hasta que te corrieras en mi boca y después hubiera jugado con mis adoradas amigas.-
Dio un apretón a mis pechos con sus manos.
-Hasta que te tuviera suplicando por tenerme dentro, y sólo entonces hubiera considerado adentrarme en ti y follarte hasta que no pudieras gemir otra cosa que mi nombre.-
La respiración de Adrián y su voz se estaban haciendo frenéticas y sus embestidas cada vez eran más erráticas. Yo sólo me sentía como una gelatina, una muy ardiente, excitada y enloquecida gelatina. Adoraba cuando me hablaba de esa manera, la anticipación que me generaba y todo lo que implicaba lo que me decía era apabulladoramente sensual.
-Pero no podemos llegar tarde hoy así que tendré que conformarme sólo con la última parte.-
Su mano volvió a bajar, encontró mi clítoris y empezó a jugar con él. Las sacudidas de mi cuerpo se volvieron más violentas igual que los gemidos de ambos. Bajó su boca y tomó en ella uno de mis pechos, su lengua se sentía de maravilla. Una de mis manos sujetaba con fuerza su cabello y la otra apretaba su trasero, tan firme y perfecto. En el momento que sus colmillos acariciaron mi pezón, un calor inconfundible se extendió de mi abdomen bajo a todas mis terminaciones nerviosas, fundiéndolas y provocando que las paredes de mi vagina estrujaran el miembro de Adrián que también alcanzó su orgasmo explotando dentro de mí. Después de un rato, nuestra respiración fue normalizándose y él me miraba como si fuera la criatura más hermosa sobre la faz de la tierra, seguramente yo lo miraba de la misma manera.
Era tan fácil amarlo, estar con él siempre fue felicidad pura, sin problemas ni prohibiciones, salvo por sus adicciones que afortunadamente abandonó, sin dramas. Entregarle mi corazón fue, quizás, la decisión más simple que tuve que tomar porque cuando decidí hacerlo descubrí que él ya lo tenía y ni una sola vez me hizo pensar que hice una mal elección. Acomodé mi cabeza más cerca de su pecho y cerré los ojos para oír su corazón latir, siempre hacia eso cuando necesitaba borrar malos pensamientos o recuerdos.
El rostro de Dimitri se posó en mi mente, como un balde de agua fría, y me apreté aún más a Adrián. Sus brazos me rodearon y sentí sus labios dejando un suave beso sobre mi cabeza.
-Te amo, pequeña dhampir.-
-Te amo, pequeño moroi engreído.-
Y era verdad, lo amaba y no quería que lo que había entre nosotros resultara afectado por el regreso de Dimitri, creí que ya lo había dejado atrás pero ¿entonces por qué le devolví ese beso? ¿por qué cuando me pidió perdón y lo vi llorar sólo quise estrecharlo entre mis brazos y perderme en él? ¿por qué, cuando me dijo "te amo", tuve que morderme la lengua y usar toda mi fuerza de voluntad para no responderle "yo también"?
-Hay que apurarnos, Lissa no tarda en llegar.-
Adrián se levantó y fue hacia el baño.
-¿Qué no piensas venir? ¿No creerás que hay tiempo suficiente para bañarnos por separado o sí?-
Levantó las cejas con cinismo y entró. Escuché la regadera abrirse y el agua caer. El cumpleaños de Lissa, la fiesta que Tatiana le preparó, estaba por comenzar y tenía a un hermoso moroi esperando por mí bajo la ducha. Dimitri Belikov y su recuerdo debían volver a su ataúd, yo tenía que seguir adelante con mi vida.
