POV Rose
Nunca había visto a tantos moroi y dhampir convivir tan cómodos y felices. El centro del salón estaba repleto de parejas sonrientes que bailaban al ritmo de la música, Adrián y yo, por supuesto, éramos una de ellas. A nuestra izquierda Jill y Eddie hablaban entres risitas y sin perder el ritmo, a nuestra derecha Lissa con la cabeza sobre el pecho de Christián y con los ojos cerrados. Me hacía muy feliz ver a mis amigos tan enamorados y bien correspondidos.
El cumpleaños fue todo un éxito, se notaba que por más quisquillosa que fuera la realeza, si que sabían divertirse. Sólo hubo un pequeño incidente que casi arruina la velada, Dimitri llegó, no sé cómo diablos hizo para entrar si era un evento exclusivo, y en cuánto lo vieron Lissa, Christián, Eddie, que hasta ese momento me enteré que ya sabía todo sobre mi ex mentor y yo, Mia, Jill y Adrián casi se arma un escándalo pues querían sacarlo a golpes y devolverlo a dónde sea que hubiese estado metido estos últimos años. Por suerte, pude contenerlos y convencerlos de que lo mejor era ignorarlo y acostumbrarnos a que anduviera por ahí pues Hans nos informó de su nuevo puesto de trabajo.
Superado el mal momento, las horas fueron pasando y los adultos se retiraron junto con la reina dejándonos a los más jóvenes y atrevidos, con demasiada adrenalina y alcohol corriendo por nuestras venas. Mi grupo de amigos y yo no dejábamos de reír y apostar, Christian ya había hecho el ridículo junto con Eddie como cuatro veces, tenían las camisetass abiertas, estaban desfajados y su cara maquillada, no hacían más que quejarse pero ¿qué culpa teníamos nosotros de que ellos siempre perdieran?
Adrián, a mi lado, también estaba riendo pero no dejaba su pose tensa y yo sabía perfectamente la razón. Dimitri no había apartado su mirada de mí ni un solo segundo. Mi novio se terminó su ¿veinteavo trago? E intentó levantarse, aunque sólo se tambaleó y acabó de nuevo en el piso.
-Adrián, ¿qué intentas hacer?-
-Na… nada… Sólo quiero hablar con ese estúpido ruso que no deja de comerte con la mirada.-
-No hagas una escena ¿de acuerdo? Ya te dije, sólo hay que ignorarlo.-
-Sili hiy qui ignirirli… Es difícil cuando noto como esas miraditas sí que hacen efecto en ti.-
La incomodidad se apoderó de mí, Adrián estaba como una cuba pero tenía razón, no podía negar que Dimitri seguía teniendo efecto sobre mí y no podía evitarlo.
-Adrián, mejor vámonos a dormir ya, estás muy ebrio.-
Me levanté, aunque también me costó trabajo, maldito tequila, y lo tomé de un brazo para ayudarlo a incorporarse. Sólo conseguí que se levantara de golpe.
-¿Por qué? Si me la estoy pasando de maravilla, me fascina ver cómo la mujer que amo se vuelve loca por cómo la mira el idiota que la desechó como basura hace cuatro años.-
Me acerqué más a él, Lissa y los demás ya habían notado que algo iba mal y estaban atentos por si las cosas se salían de control.
-Adrián, basta, por favor, tú no eres así.-
-No, claro que no, yo soy bueno y atento y caballeroso y estoy siempre para recoger las sobras que el buen Belikov decida dejarme, pero no te detengas por eso, anda, ve con él y bésalo de nuevo, igual estaré aquí cuando él vuelva a creer que no vales nada y se largue.-
Me quedé atónita, ¿sabía que había besado a Dimitri? Adrián sonrió con burla, me daba algo de miedo verlo así.
-¿Qué pensabas que nunca me enteraría? Por favor, soy el sobrino favorito de la reina y estamos en La Corte, nada ocurre aquí sin que yo me entere, mucho menos si ese algo es mi novia besuqueándose con su ex.-
-Pues si te dijeron del beso, también debieron decirte que lo golpeé por haberse atrevido a acercarse de ese modo y que después lo puse en su lugar.-
-Sí, sí, sí. Claro que me hubiera sorprendido más que me hubieses dicho la verdad en lugar de sólo irte a meter a mi cama para hacerte olvidar por un momento lo que acababa de pasar. ¿Te funcionó? Yo creo que sí, como cinco minutos, los que duré dentro de ti jajaja Pero no te preocupes, yo también lo disfruté, hasta llegué a pensar que de verdad eras mía.-
Quería golpearlo, este Adrián no me gustaba en lo absoluto, pero los chicos intervinieron a tiempo y se lo llevaron lejos, Lissa y las demás quisieron acercarse para platicar conmigo pero no estábamos en condiciones de tener una charla de verdad en esos momentos. Me alejé del lugar, necesitaba espacio para pensar y respirar. Me sentía dolida por las palabras de Adrián, furiosa por su comportamiento y triste por no poder negar lo que dijo.
Entré en el primer cuarto que vi y me dejé caer sobre un sofá gigantesco y mullido. Escuché la puerta abrirse y me incorporé con ira.
-Liss, no quiero hablar ahora ¿de acuerdo?-
Pero no era mi amiga.
-Entonces no hablaremos.-
Dimitri se sentó junto a mí y me hizo mirarlo a los ojos.
-Roza, lamento los problemas que te causé, yo…-
No sé si fue la exagerada cantidad de alcohol en mis venas, la enorme decepción que sentía en mi pecho hacia Adrián o el aftershave de Dimitri pero lo siguiente que supe es que estaba sobre el regazo del ruso besándolo con pasión desbordada.
Sus besos sabían tan bien que mi conciencia se mantuvo en completo silencio, sus manos empezaron a dibijarme, pronto la ropa de ambos quedó esparcida por el suelo y me di cuenta de lo bien que encajaban nuestros cuerpos. Estar entre sus brazos, con su boca recorriendo cada espacio de mi cuerpo y sus manos llevándome al cielo y de regreso, era como morir y revivir al mismo tiempo. Cuando todo terminó nos quedamos abrazados en el sillón, conmigo sentada en las piernas de Dimitri.
-Roza, te amo tanto.-
No le contesté, el alcohol iba perdiendo su efecto, ya no me sentía tan intrépida ni tan cegada por mis sentimientos. La cordura había vuelto y me sentía como la maldita puta estúpida que había descrito Adrián en la fiesta. Dimitri se removió y me hizo alzar la vista a su rostro, nos miramos fijamente por un buen rato. Lo amaba, era cierto, jamás lo olvidé, mi alma, mi corazón y mi cuerpo lo necesitaban tanto pero también amaban y necesitaban a Adrián, al hombre al que le había fallado como nunca pensé poder fallarle. Era una basura, no merecía a alguien como Adrián, no podría volver a mirarlo a la cara.
-Tengo que irme.-
Dimitri se tensó.
-No, aún no, Roza, tenemos que hablar. Lo que acaba de pasar…-
-Fue un error.-
-No, tú me amas igual que yo a ti.-
-Dimitri, se acabó.
Me solté de su agarre y me puse de pie para comenzar a buscar mi ropa.
-No lo acepto, mírame.-
Lo hice, lo vi directo a los ojos.
-Ahora dime que no sentiste nada estando conmigo, sé que lo quieres pero él jamás podrá hacerte sentir lo que yo te hago sentir.-
-Tienes razón, sí sentí y mucho. ¿Quieres que lo diga? Sí, lo disfruté, eres realmente un Dios en el sexo Dimitri pero con Adrián es diferente, es mejor, mucho mejor porque lo amo, confío en él y porque él jamás rompió mi corazón.-
