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Extra: Devórame
En algún momento Yuri se obsesiono con "tener sexo" con Yuuri, pero este no lo hacía si solo era eso, sexo. Muchas veces le dijo que lo que ellos dos hacían no solo implicaba deseo, placer y lujuria del momento, si no que reforzaba más sus lazos íntimos, aparte de que sus cuerpos se unieran físicamente, sus almas también hacían conexión.
"Hacer el amor."
Yuri nunca entendió la diferencia.
Una tarde Yuuri llego con algunas cosas de supermercado, este lo saludo desde el mesón de la cocina, el pelinegro se acercó y Yuri creyó que lo besaría en la boca pero este mato su ilusión al besarlo en la frente.
Esto siguió unas cuantas horas, solo lo besaba en diferentes lugares del rostro, excepto en su boca, en algunas ocasiones Yuuri se ponía muy meloso, al parecer esta era una de esas veces.
Estaban en el sofá de la pequeña sala.
— ¡Eres muy empalagoso, cerdo! —puso una mano en el rostro ajeno; quien tenía intención de darle un beso en la mejilla, el menor lo alejo como siempre hacia.
— ¿No te gustan mis besos? —retiro su mano sosteniéndola con la suya y se acercó más a Yuri tomándolo por un costado. Este evadió su mirada. Yuuri sonrió. — ¿O quizá quieres algo más?
— ¡No, idiota! —intento zafarse del agarre. Era mentira, lo que en realidad quería era que sus besos fueran dirigidos a sus labios. Frunció el ceño.
— A mí me gusta cualquier cosa que venga de ti, Yurio —mordió el lóbulo de su oreja, el rubio se estremeció apretando los dientes.
Quería alejarse, empujarlo pero no podía, algo en su interior lo retenía, no lo admitiría pero no le molestaban los mimos que a veces le daba Yuuri.
¿Por qué esto era diferente de lo que él quería?
¿Cuál era la diferencia entre esto y el hacer amor?
Luego se dio cuenta, no importaba que fuera, si venia de parte del nipón le encantaba, lo disfrutaba y estaba seguro que nunca se cansaría de sus besos, de sus caricias, de cada toque, o que simplemente se miraran durante horas, en ese momento entendió a lo que se refería Yuuri, no solo era placer, sino una unión intima que lograba llenarlo por completo.
Justo en ese instante, correspondió los gestos del mayor, se dijo mentalmente que solo sería por esa vez.
La primera y la última.
Deseaba que Yuuri se diera cuenta que ya había comprendido a lo que se refería, que ya consideraba mejor sus sentimientos. El pelinegro se sorprendió pero siguió con sus pequeños mimos y luego de tanta espera, busco sus labios, Yuri cerro los ojos disfrutando del rose y luego sintiendo la calidez invadir el interior de su boca.
Lo había deseado tanto…
— Te amo. —se abrazó fuertemente al ruso, ocultando su rostro en el cuello ajeno.
Yuri sintió cosquillas, una emoción le dio de lleno y se atoraba en su garganta. Era algo más grande que el regocijo de sentirse añorado, que aunque quisiera no podría expresarlo en palabras.
— Cállate, Katsudon. —el carmín sobre sus mejillas lo avergonzaban. El mayor rio.
— Te amo, Yuri —susurro en su oído. Se estremeció al oír su nombre sin el habitual apodo.
Sintió como la felicidad llenaba sus pulmones como si fuera aire.
Sentir la respiración contraria, sentir el ligero sonido de los latidos ajenos en silencio, era como si nadie más existiera. Era como si crearan las partiduras de una música silenciosa.
Yuuri se dio cuenta que Yuri había al fin, entendido la diferencia, aunque dudaba mucho el ser correspondido de esta forma una segunda vez.
No le importaba.
Coló sus manos frías bajo la camisa del menor mientras este soltaba un gemido e intentaba alejar su cuerpo ante el toque. Lo recostó sobre el mueble.
Cuando Yuuri lo desnudaba, creía que se derretiría en ese mismo lugar en cualquier momento, las emociones fluían en su interior como sangre haciendo que perdiera todos los sentidos, aparte de ser tomado de una forma delicada por el japonés, parecía que era una presa siendo asechada.
Cada vez que hacían el amor, sentía que Yuuri lo devoraba por completo, con cada rose, con cada caricia, su mente volaba y no había como volver a tierra firme. La manera en la que arremetían contra su cuerpo, como se sentía totalmente invadido y lleno, bajo sensualmente una de sus manos para posarse en la parte baja de su vientre.
— Me gusta sentirte aquí… —miro como el mayor se sobresaltaba al escuchar la confesión.
Yuuri comenzó a devorarlo, parte por parte, con sus besos y con todas sus acciones, le encantaba.
Si Yuuri fuera un lobo a Yuri no le importaría ser su caperucita roja.
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Notas Finales:
Si quieren leer el lemon de estos dos, pueden ir a la secuela que publicare mañana, se llama "Camisa".
Gracias por los favs y follows, se pasan men, dejen un lindo comentario al menos.
