POV Dimitri
Los jardines de La Corte son los más magníficos que alguien podría imaginar, enormes, coloridos y aromáticos. La variedad de flores, árboles y plantas no tiene igual, estar allí era como pertenecer a un sueño, sin embargo, la pesadilla en la que se estaba convirtiendo mi realidad no me dejaba perderme en ese paraíso. Hacía quince minutos que esperaba bajo la sombra de un enorme cerezo, esa misma mañana, Rose me había enviado una nota pidiendo verme allí y estaba muriéndome de los nervios pues no tenía ni idea de a dónde nos llevaría ese momento.
No habíamos hablado desde que volvió de dónde sea que haya estado con Christian y Lissa, durante ocho días estuve tratando de mantener la distancia para dejarla procesar todo lo que pasaba, ella necesitaba tiempo y espacio, igual que yo; ahora no sólo se trataba de ella y Adrián y yo, había alguien más importante que los tres, un niño por nacer del que deseaba con toda mi alma poder ser padre.
-Hola.-
El saludo de Rose me hizo dar media vuelta y la encontré de pie frente a mí, con el cabello suelto bailando con el viento y su belleza perfecta opacando todo a su alrededor, la amaba tanto que me dolía cada centímetro de separación entre ambos; además había algo diferente en ella, un ligero resplandor en su mirada y una extraña luminiscencia irradiando de su rostro, quería acercarme, tocarla, besarla pero debía recordar que estábamos en un extraño lugar entre el amor y el rechazo. Le di una ligera sonrisa, a pesar de todo, estaba infinitamente agradecido de que por fin haya decidido verme.
-Hola, Rose, luces realmente hermosa.-
Aún con la oscuridad y la poca iluminación de la luna, pude notar un leve sonrojo en sus mejillas.
-Gracias, Dimitri, tú tampoco te ves mal.-
Quedamos mirándonos por quién sabe cuánto tiempo, tal vez unos minutos o unas cuántas vidas. Era como ser presa de sus ojos y al mismo tiempo cazador de los suyos, como si cuando me veía dejara de ser yo para volverme completamente suyo y sólo ahí encontrara mi lugar en el mundo. No lo apostaría pero estaba casi seguro, por la forma en que su respiración se acompasó a la mía, que esos sentimientos de libertad y posesión iban en ambas direcciones. Al final, ella rompió el encanto.
-Bueno, sabes de lo que he venido a hablar… Mira, lo de mi embarazo nos tomó por sorpresa a todos, en especial a mí y…-
Sin pensar lo que iba a hacer, mi boca decidió cobrar vida propia.
-Rose, puedo ser una gran padre, no hay nada que desee más que formar una familia a tu lado, te amo con toda mi alma, jamás dejé de hacerlo. Sé que he cometido muchos y muy graves errores pero te juro que soy mejor y no volveré a fallarte, sólo necesito una oportunidad para…-
-Dimitri, basta, por favor.-
Rose pasó sus manos por su rostro, con gesto de cansancio, y se acercó a mí, podía oler su fragancia, tan dulce, tan suya, tomó mis manos, me vio directo a los ojos y respiró profundo.
-Voy a casarme con Adrián.-
Un vacío pareció abrirse en alguna parte con un imán gigantesco porque, claramente, podía sentir cómo algo oscuro, profundo y frío me jalaba hacia él. Durante más de cuatro años creí haber tenido el corazón destrozado, qué equivocado estuve, en el momento en que Rose me dijo esas palabras fue cuando realmente supe lo que era tener, no sólo el corazón, sino el alma y la vida entera hecho pedazos. Solté la mano de Rose y la sujete con fuerza de ambos brazos.
-No, no puedes, tú no puedes casarte con él.-
La sorpresa por mi reacción invadió su rostro pero no le duró mucho.
-No sólo puedo sino que lo haré.-
-No, no y no, tú me amas a mí.-
Mi voz se escuchó más como un ruego, quería que me lo confirmara, deseaba tener razón.
-Amo a Adrián.-
Y esas palabras mataron lo que quedaba de mis esperanzas, vi con insistencia su cara, sus ojos y sólo me encontré con la demoledora verdad, no me mentía, no era venganza, ella lo amaba y, lo que era peor, lo había elegido a él. Un sabor amargo me llenó la boca, el regusto de la perdida comenzó a cegarme. La solté con cierta brusquedad.
-¿Y el bebé? ¿Qué hay de él? ¿Simplemente te casarás y rezarás porque Ivashkov sea el ganador?-
El gesto de Rose se endureció.
-Por supuesto que no, hay pruebas de ADN. Cuando el bebé nazca sabremos quién de los dos es el padre, si resultas ser tú te aseguro que te lo diré y tendrás el papel que mereces en su vida, si es que así lo quieres, yo jamás le quitaría a mi hijo el derecho de conocer sus orígenes, sé, por experiencia propia, la falta que hace tener alguien a quien llamar "papá"-
Me calmó un poco su respuesta pero el dolor continuaba presionando contra mí.
-Es curioso, esa noche en que tal vez dimos vida al niño que llevas en el vientre pude jurar que me amabas.-
Los ojos de Rose me taladraron, lo entendía, ella había venido en persona a decirme su decisión y a confirmarme que podría llegar a ser padre dentro de poco, a ofrendarme una pipa de paz y yo sólo la estaba tratando de sacar un poco de todo el veneno que había estado acumulando por culpa de mis malas decisiones.
-El amor se desvanece, el mío lo ha hecho.-
Una sonrisa psicótica se escapó de mis labios, así como había sabido que decía la verdad sobre que amaba a Adrián, en ese preciso momento podía leer a la perfección la mentira en esas palabras, tal vez porque yo había mentido de la misma manera cuando la abandoné. Ella me seguía amando, tal vez más que a Adrián, pero no era capaz de perdonarme.
-¿Así que este será el final para nosotros? Sé que mientes, aún me amas, puedes también amarlo a él pero no es yo y, tarde o temprano, eso va a pesarte ¿Olvidarás el amor que nos tenemos, simplemente ignorarás lo que sentimos y te irás con él aun cuando sabes que nunca podrás olvidarme y que siempre seré una sombra en su vida?-
Dudó por unos segundos, las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, por un instante creí que tal vez podría hacerla cambiar de opinión pero fue eso, sólo un instante.
-Sí, a pesar de todo, me casaré con Adrián y a ti te dejaré donde perteneces, en el pasado.-
-¿Por qué?-
Una lágrima cayó por su mejilla, me dio una dolorosa sonrisa y acarició mi mejilla.
-Porque lo aprendí de ti.-
Y sin darme oportunidad de reaccionar, dejándome el dolor de sus palabras sobre la piel, se fue sin volver a mirar atrás.
