"Me pasan tantas cosas juntas
que se me parte la razón,
en mi cabeza yo te odio,
y mi corazón, mi corazón está con vos."
Cosas que odio de vos, Floricienta.
POV Rose
Los cambios no suelen agradarle a todo el mundo, de hecho, a casi nadie le hace gracia que de un momento a otro su vida tomé un rumbo diferente, sin embargo, para los Guardianes los cambios son ventanas de oportunidad. Cuando tenía diez años y mi entrenamiento en San Vladimir comenzó a intensificarse, la primer cosa que me enseñaron fue la volubilidad de la vida.
Nada permanece igual nunca, todos estamos parados sobre una especie de superficie giratoria que no para de moverse aun cuando creas que has permanecido demasiado tiempo en el mismo lugar, lo que parece rara vez es lo que es. No existen guiones ni instrucciones que vengan incorporadas junto con nosotros cuando llegamos a este mundo así que es nuestro deber ir recorriendo la senda y descubrir nuestro objetivo vital, usualmente hacemos una mientras nos partimos la cabeza por realizar la otra o viceversa y es que resulta que no somos perfectos ninguno de nosotros.
Moroi, humano, dhampir, todos compartimos características: somos insensatos, contradictorios, tenemos sentimientos que tratamos, en vano, de racionalizar y padecemos del mismo mal: La palabra "yo", y es que "yo debo, yo puedo, yo quiero, yo tengo que, yo no, yo, yo, yo", creemos que todo gira a nuestro alrededor, de no ser por un tal Galileo, probablemente seguiríamos pensando que el sol también lo hace, el egoísmo intrínseco dentro de nosotros es tan grande que el dios en el que cree la mayoría tiene nuestra apariencia, ¿por qué no puede ser un dinosaurio o una lagartija o sólo una masa de energía amorfa y super poderosa? Simplemente porque no podemos manejar la idea de que nuestro creador, si es que existe, pueda ser superior y diferente. Después de todo, somos la raza superior, el resultado de millones de años de evolución genética, lo mejor de lo mejor, sólo nosotros podemos salvar o destruir nuestro planeta ¿cierto?
Y está bien ser egoísta en ocasiones, el instinto de conservación nos indica que lo primero en lo que debemos de pensar es en nuestra supervivencia tanto como especie como individual pero somos estúpidos y usamos esa excusa para ponernos barreras que nos "protejan" del dolor, para alejar a las personas y que no consigan conocernos lo suficiente como para lastimarnos, para justificar las medidas extremas que tomamos para evitar enfrentarnos a nuestros peores miedos o, en el caso que pareciera más generoso, para envolvernos en un disfraz de superhéroe que nos coloque una diana en el cuello con el lema "sacrifícame por el bien mayor" o "sufriré y pagaré lo que sea con tal de proteger a quienes amo"
Pero ¿quién le pidió a aquéllos estúpidos que se sacrifiquen por los demás? Su ego y su estupidez. Dimitri fue egoísta y estúpido cuando me dejó, no pensaba en mí realmente porque de haberlo hecho aunque sea por un segundo se habría dado cuenta de que yo era lo suficientemente capaz de tomar mis propios riesgos y decisiones; él pensaba en que tenía que ser el héroe del año porque siempre lo había sido, porque era lo más cercano a un Dios entre los simples mortales y se olvidó que otro rasgo muy importante y muy humano también estaba dentro de él.
El amor y la capacidad de aferrarse a él con la que parece que nuestra alma viene incluida, si hay algo que puede sobrepasar todo lo otro es precisamente esto. No hay dolor mayor que perder al ser amado, mentira, sí lo hay, perderlo por haber tomado malas decisiones es mucho peor. Mentiría si dijera que no amo a Dimitri Belikov pero también estaría mintiendo si digo que estoy lista para volver con él. La razón me dice que lo que hizo es, hasta cierto punto, comprensible y que tal vez, de haber estado en su lugar, pude haber actuado de la misma forma pero también me advierte que el que abandona una vez, con la facilidad con la que él me dejó, bien puede desaparecer de nuevo sin mayor complicación. El corazón me late fuerte y me duele cada segundo, desde el día de la no boda no deja de reprocharme que no ceda ante sus deseos, quiere a Dimitri, quiere a su Dios ruso aunque la herida que le provocó aún no termina de cerrarse, probablemente jamás lo haga.
Sé que terminaré por ceder, la adaptabilidad que mi entrenamiento me enseñó, no pelear contra marea, adaptarte a la situación y a las nuevas necesidades, cambiar o morir, me dice que debo dejar de dar vueltas a lo mismo, sea como sea, él volvió, me ama y a pesar de estos meses en los que lo he mantenido alejado y he sido más fría que un iceberg no se ha rendido ni ha dejado de demostrarme su amor con hechos además de palabras.
Se ha mantenido firme, ha sido paciente, tierno y se ha acoplado a mi ritmo. Realmente no hemos vuelto a hablar de "nosotros" pues sabe que tengo demasiado que procesar, en especial con siete meses de embarazo, cada vez que lo veo me doy cuenta que se muere por sacar el tema pero que se muerde la lengua para no incomodarme, hemos vuelto a ser amigos, o algo así, la camaradería que existía entre nosotros cuando éramos sólo maestro-alumna volvió y más fuerte que nunca, me di cuenta de lo mucho que lo extrañaba la primera vez que le sonreí como en aquéllos tiempos sin esfuerzo alguno, sin siquiera pensarlo, porque fue una sonrisa genuina de esas que pensé que había agotado de por vida.
Amo cuando me mira y se le ilumina el rostro, amo cuando mira mi vientre y se le ilumina la vida, amo cuando caminamos juntos y me rodea con un brazo para asegurarse que esté completamente a salvo, amo cuando me sonríe sólo a mí, amo cuando me llama Roza porque con esa simple palabra me dice miles de cosas más, amo la calma con la que se ha tomado todo porque quiere decir que está dispuesto a esperar lo que haga falta, amo que me espíe mientras cree que duermo y que susurre cosas como "nunca volveré a irme, voy a cuidar de ambos y a ser el mejor padre sin importar si mi sangre corre por tus venas", amo su honestidad a todo lo que le pregunto, hasta cuando lo cuestioné sobre su tiempo con Tasha, y amo que jamás haya logrado olvidarme, esa es la parte egoísta en mí.
Y aquí la contradicción, odio que haya vuelto después de tanto tiempo, odio que me haya venido a pedir perdón como si simplemente hubiera olvidado nuestro aniversario, odio que se casara con ella, odio que se acostara con ella, odio que ni siquiera pueda odiarlo por eso porque sólo fue una vez y no significó nada para él, odio que se me corte la respiración cuando huelo su aftershave, odio tener que controlar mis hormonas cuando lo tengo demasiado cerca, odio no habérmelo llevado a la cama todo este tiempo porque debo recordar ir paso a paso, odio que Abe ya lo traté como su yerno, hello viejo que yo aún no digo mi decisión final, dame el derecho de una espera con incertidumbre ¿no?, odio su voz, bueno amo su voz y por eso la odio, odio todo de él porque amo todo de él y odio sus imperfecciones porque son las mismas que veo cuando estoy frente a un espejo, dos caras de una misma moneda eso es lo que somos.
-Te encontré, por fin, Lissa, Christian y yo te hemos buscado por toda la corte.-
Volteé a mirarlo, los rayos de la luna hacen brillar su cabello y su semblante, luce como los galanes de esas jodidas historias de vaqueros que le gusta leer. Ah cierto, odio esas historia y todo lo western, eso sí que lo odio y sin una sola pizca de afecto.
-¿Qué estabas haciendo?-
Un suspiro largo se escapa de mí.
-Recogiendo algunas rosas para el florero de mi habitación y pensando…-
Su ceño se frunce y da unos pasos en mi dirección. Odio su ceño fruncido, quiero besarlo justo donde se forma esa sexy arruga de duda.
-¿Pensando sobre qué?-
Otro suspiro de mi parte, supongo que debo decirle la verdad.
-Sobre lo mucho que odio amarte tanto, camarada.-
Su ceño se convierte en gesto de asombro, se ve muy gracioso cuando se sorprende.
-¿Cómo?-
Pongo los ojos en blanco, ya se lo dije pero ni crea que lo repetiré.
-Nada, olvídalo, sólo…-
Me agaché para cortar otra rosa cuando sentí un fuerte dolor en el abdomen que me hizo tirar las flores que tenía en las manos y agacharme un poco mientras sostenía mi abultado estómago. Dimitri se acercó corriendo y me tomó por la cintura mientras yo trataba de regular mi respiración.
-Roza ¿qué pasó?-
Me tranquilicé un poco y me incorporé lo más que pude.
- Nada, no te preocupes, ya se me pasó, tal vez fue sólo un estirón al agacharme, estoy bi… ayyy.-
Volví a doblarme del dolor y esta vez sentí cómo algo escurría por mi entrepierna pero era imposible, apenas tenía siete meses. Dimitri me tomó en brazos y comenzó a correr hacia La Corte.
-Tranquila, Roza, todo va a estar bien, te lo prometo.-
Quería decirle que sí que lo estaría pero me estaba demasiado dolorida y preocupada como para siquiera hilar una oración. Mi bebé, tenía todo preparado para él o ella, su habitación, su familia vuelta loca por conocerlo, sólo hacía falta saber quién era su padre aunque sabía que ambos siempre lo verían como un hijo, no podía pasarle nada, a él no, cerré los ojos y con todas mis fuerzas pedí a quién sea que pudiera escucharme que él no pagara los pecados y las malas decisiones de los egoístas, estúpidos e imperfectos adultos.
