Cierto día, Sherlock y John estaban ocupados mirándose a los ojos cuando alguien tocó la puerta y Mycroft tuvo que dejar su libro abierto sobre la mesa de la cocina para ir a atender. Fue a paso rápido, casi como una rutina, lo suficiente para no prevenirle de pensar sobre las cosas que pudieran estar detrás de ese llamado inoportuno del timbre de su casa. Una de esas cosas era Greg. La otra, era su automóvil negro.
Mycroft se recargó en el umbral de la puerta. De nuevo, no parecía sorprendido. Era muy fácil deducir un comportamiento como ese. Lo que le inmovilizaba era, de nuevo, su incapacidad para decir algo inteligente: "¿Qué haces aquí?"
Greg le sonrió. "Me cansé de acosarte en los pasillos sólo para saludarte y creo que venir a tu casa es el siguiente paso."
Él ni siquiera mencionó el hecho de que él no le había dicho donde se encontraba su casa. "¿El siguiente paso para qué?"
"¿Para obtenerte? No sé si debería decirlo así pero es justo lo que estoy persiguiendo. Te quiero para mi. No como si fueras mío pero quiero que tú seas una parte importante. Aunque te ves como si pudieras serlo todo."
Mycroft quiso tirarse al suelo y contemplar a detalle lo que significaba su existencia en ese momento.
No lo hizo, hubiera sido embarazoso.
"¿Quién te dio el derecho de pensar así sobre mi? Apenas te conozco, y por lo que sé, terminarás siendo un idiota."
"Si, tal vez. Pero te preguntaré algo: ¿No sería inquietante que no lo descubrieras por ti mismo?"
