Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen, todo es de Suzanne Collins. Yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento y porqué me gusta compartirlo con ustedes.


Katniss se acomodó la zapatilla por quinta vez, debería haber tomado la decisión correcta y ponerse sus botas, no haber hecho la excepción por el motivo de que iba a salir con alguien. Menos mal que tampoco tomo la sugerencia de su hermana de ir con el cabello suelto. Eso habría sido el colmo, según desde su punto de vista.

Se fue acercando a la plaza del distrito desde dónde lejos pudo visualizar al hijo del panadero, quién estaba cruzado de brazos con una sonrisa sobre su rostro así mismo vio saludando a las personas que le alzaban la mano. ¿Lo conocían? Katniss disminuyo su caminata antes de que él la viese, lo vio conversar con un niño de la veta. Peeta lo estaba tratando muy bien, el niño sonreía, por último le vio darle unas monedas.

Que amable —Pensó irónicamente.

Seguramente él ya la había visto, desde antes de que ella lo viera, y quería impresionarla. Un momento… ¿Por qué se estaba dando mucha importancia en ese aspecto? ¡Apenas se habían conocido un día antes! Además Peeta impresionaba con solamente verlo. ¿Por qué molestarse en ese caso?

—Hola —Le dijo Katniss a su espalda, lo vio sobresaltarse.

—Oh, hola Katniss —Le sonrió—. Así que también te gusta asustar a la gente. He descubierto que eres una persona muy silenciosa.

—Siempre he sido muy silenciosa —Le respondió—. Y cuando tengo una oportunidad la aprovecho. Yo también he descubierto que eres muy puntual.

—Las mujeres que yo he conocido son impuntuales, llevas dos puntos por ser puntual, dado que aún faltan cinco minutos. ¿Siempre llegas a tiempo a todo?

—Solamente cuando es algo importante —Quiso morderse la lengua cuando las palabras escaparon de su boca, desde que iba caminando por la veta iba pensando en que no le daría mucha importancia así mismo ocultar el motivo de la cita y la pregunta que conllevaría al final de ella.

—Hay un local de videojuegos y sirven comida —Peeta habló—. ¿Te apetecería?

Katniss se mordió el labio al mirar los precios de las comidas y de los juegos. Al final iba a valer la pena eso era lo que esperaba, de no ser así, tendría que trabajar demasiado cazando, realizando otros trabajos, entre otras muchas cosas más.

Katniss se frotó las manos ante el ligero frío que estaba sintiendo.

—¿Y qué edad tienes, Katniss? —Le preguntó Peeta después de ordenar.

—Dieciocho —murmuró—. ¿Y tú?

—La misma edad —Peeta le sonrió.

—Peeta, ¿has vivido aquí en el distrito?

—Viví aquí cuando era un niño. Nos fuimos al Capitolio cuando a mi padre le financiaron una nueva panadería allá así que nos tuvimos que mudar —Katniss digirió las palabras de Peeta. Aunque le seguía siendo un poco extraño, dado que desde que ella tenía memoria la Panadería de los Mellark siempre se había encontrado abierta, hasta apenas el año pasado había comprado ahí—. Mi padre contrato a personal para que se encargaran de la panadería.

—Oh… —Aún mantenía la duda de que era en realidad la familia Mellark. El Señor Mellark llevaba viviendo más de ocho años en el doce. Y nunca había tenido conocimiento sobre que el hombre era casado o si tenía hijos.

Katniss parpadeo varias veces cuando las luces se apagaron y una infinidad de colores aparecieron. Se talló los ojos y su mirada se centró en Peeta, quién había hecho lo mismo. Su sonrisa se borró cuando vio una cara conocida. Los proyectores que estaban transmitiendo informes, caricaturas e incluso las máquinas de videojuegos, en todo ello estaba él. Quién le estaba mirando con una sonrisa diabólica y el ceño fruncido. Todo apuntaba a Peeta.

—Peeta, debo ir al baño —Katniss corrió hacía el retrete de mujeres en dónde no había nada de tecnología. Más que la luz de color blanca. Se miró en el espejo y trago en seco, deseando que lo que había visto afuera no fuese más que una ilusión.

—Katniss… ¿Qué estás haciendo? —Pego un grito cuando la llamaron. Era su hermana Prim, que acababa de entrar al baño—. Peeta, te está esperando.

—Oh Prim, oh Prim —Katniss le abrazo cuando estuvieron más cerca—. Espera, ¿tú que haces aquí? ¡¿No deberías estar jugando mi juego?!

—¡Katniss es solo un juego! —Su hermana se alejó de ella y la miro—. Tú cita iba muy bien. ¿Qué esperas para ir a conversar con él? ¡Aún tienes que pedirle que te acompañe al compromiso!

—Tendrás que darme explicaciones de que haces aquí —le recrimino—. Ahora escúchame, Prim. Peeta me está acosando; no Peeta el hijo del panadero. No, el Peeta del videojuego. Oh, Prim, me ha estado acosando desde el día en que lo compré. Quería creer que era parte de mi imaginación pero no lo es. Es real... ¡Real!

—Katniss, cálmate —Ella pudo ver la mirada angustiosa de su hermana—. No creo que nada de esto sea real además Peeta…

—¡Oh demonios! —Katniss salió corriendo del baño y se dirigió hacía Peeta quién estaba sentado. El otro Peeta le estaba señalando con armas de juegos—. ¡Peeta! Oye, te gustaría irte a otro lado. Podemos ir al bosque, a la plaza, todo lugar dónde no exista la tecnología.

—No falta mucho para que nos traigan la comida —Peeta señalo al camarero quién acababa de dejarles una bebida—. ¿Te encuentras bien?

—No, escucha…

Oh Katniss, desde el momento en que iniciaste a jugar debías terminar el juego… Katniss es mi novia, Peeta —La voz del videojuego resonó por todo el salón—. Tú solamente eres un intruso en nuestras vidas.

—¿Tienes novio? —Peeta parecía sorprendido y decepcionado al mismo tiempo—. Lo lamento novio de Katniss, no era mi intención salir con tu novia más que en plan de…

—¡Oh, cállate, Peeta! No hables con él. No podrás salir, tienes que irte. Yo debo contener al Peeta del videojuego —Katniss lo busco con la mirada pero no lo encontró, las personas que se encontraban en el salón parecían haberse encogido, no hablaban, no se movían, nada. ¡Estaban paralizados! —¡Prim!

—Oh Katniss, lamento no haberte creído —Su hermana apareció a su lado con Rory, quién también estaba sorprendido ante las cosas que estaban viviendo, sin poder creer nada de lo que veían—. ¿Qué hacemos? —Las máquinas de juego no dejaban de repetir la palabra: muerte a Peeta.

—¿En algún momento despertare? —Dijo Rory.

—Oye Katniss —Peeta se colocó a su lado—. ¿Y si hacemos lo que unos minutos me dijiste? De irnos al bosque sin tecnología alguna.

Es muy tarde para eso, creador.

Katniss se llevó la mano a su boca ante las palabras que salieron. Peeta también lo estaba.

—¿Tú creaste este juego?

—¡NO! —Gritó—. Cuando estudiaba en una escuela del Capitolio nos encargaron un proyecto y…

Algunos platos salieron volando y se dirigieron a las cuatro personas que estaban escondidos debajo de una mesa, Prim estaba abrazada de Rory, quién la estaba protegiendo. Katniss estaba encogida de pies, Peeta buscaba una manera de poder salir y ayudar a las personas que estaban congeladas.

Katniss, Katniss, sal. Te prometo que no les haré daño a tus amigos y hermana. Siempre y cuando te portes bien. Te has portado muy mal…

—Si voy con él… ustedes podrán salir —Katniss dijo en voz baja—. Podré distraerlo fácilmente…

—Katniss, no sabes cómo destruirlo —habló Rory—. Y siquiera sabes si se puede destruir, está vivo. Está controlando a las personas, está jugando con nosotros. ¡Es un ser sobrenatural! Maligno, no sé qué persona en su sano juicio crearía a una cosa así, el hombre se merece el infierno —miró a Peeta—. Sin ofender.

—Debí haber hecho caso cuando me lo dijeron —Peeta murmuró para sí—. Lo lamento, lo lamento…

—¡Katniss! —De la bolsa que Prim llevaba colgando saco el cassette—. Tenía en la mente de jugarlo cuando estuviera en el trabajo de mamá, pero como los vi a ustedes juntos mejor quise venir a espiarlos, arreglar las cosas si salían mal —dijo apenada.

Katniss tomo el cassette en sus manos y miro a su hermana. En el reducido espacio la abrazo y le dio las gracias. Antes de salir les pidió que se quedarán ahí y salieran a la primera oportunidad que tuviesen.

—¡No puedes ir! —le dijo Peeta tomando su mano.

—Lo siento tanto, Peeta. Debí haber ignorado y jugar, terminarlo. Ahora ve, huye con Prim y Rory. Es la única manera, cuídalo Prim.

—Es una niña de doce años…

—Catorce —corrigió Prim—. Ahora vamos…