Holi! :D Muchas, pero muchas gracias a todas ustedes por leer y comentar, por pedir que este drabble se convirtiera en un mini fic :3 Besos y muchos abrazos! Espero les guste el capitulo de hoy. Ya saben, reclamos, tomatazos y demás, en los comentarios ;) jejejeje. Beshos!
CAPÍTULO 3
Sé que no debería ni de decirlo después de que la tuve aquí, de nuevo en mi cama anoche. .. Pero la verdad es la verdad. Jamás pensé que Serena, mi nueva y dulce pero al mismo tiempo implacable domadora, tuviera un origen tan humilde, que viviera en un barrio tan de mala muerte como en el que vive y en donde tuve que ir a buscarla porque las ganas de volver a cogerla no me dejaban en paz. Y hoy estoy aquí, de nuevo, pensando en la forma de tenerla más tiempo conmigo porque lo de anoche fue incluso más increíble que la primera noche que pasamos juntos. No puedo creer que lo que me hizo y le hice anoche fue más delicioso y más placentero que haberme llevado su virginidad... Es que debe ser por lo que pasó, sí, de seguro fue por eso.
Ayer, sin poder contener más las ganas de ver a Serena, le pedí a Malachite que me llevara a buscarla. Y aunque me dijo como un millón de veces que no, me pidió que no me fuera por allá después de haber visto la dirección que le di y antes de arrancar el auto, igual fui. Decidí ir a buscarla (aunque Malachite casi que me suplicó que no lo hiciera) porque tenía que hacerlo, quería saber más de ella y de su origen. Necesitaba saber de dónde había provenido semejante belleza...
Me fui pues como siempre, bien vestido y perfumado porque carajo, ¿para eso no es la plata? ¿De qué le sirve a uno tener tanta plata si no se puede mostrar? Le pedí a Malachite que me llevara con ella y me fui lo mejor presentado que me fue posible. Más le valía Mina, la esposa de Malachite, que Serena hubiera caído rendida a mis pies no más me viera porque no le pago todo lo que pago para eso, para no verme como quiero. Mina es mi "asesora" de imagen y debo reconocer que hace un excelente trabajo. A todo lugar al que voy la gente se me queda mirando, lo que quiere decir que siempre me veo muy bien.
Nos fuimos para allá y en cuanto estuvimos frente a la humilde puerta de su casa quise bajarme del coche para ir pues a tocar pero Malachite no me dejó. En cambio bajó y ajustándose el arma que llevaba en la cintura, se acercó a la ventana y me pidió que esperara.
—Espere aquí, patrón.
—Malachite, —dije con enojo poco disimulado —me parece que estás exagerando. Además, ¿cuál es el problema? Yo también vengo armado y diría que mucho mejor que tú.
—Me paga para cuidarlo, y eso estoy haciendo. Estos...
Exclamó con preocupación mientras se ponía y ajustaba los lentes negros que había sacado del fino saco gris que usaba...
—... Son los territorios de los three lights, señor.
— ¿Es en serio? —Me reí, es que eso de verdad parecía más un chiste que una justificación a su exagerada preocupación —Por favor, Malachite. El imbécil de Kou y sus hermanos no me asustan. No son más que...
—Yo no diría eso con la misma tranquilidad con la que usted lo dice pero... En fin, ya vengo. Voy a ir a buscar pues a esa muchacha y se la traigo, jefe.
—No, no la traigas.
—Señor...
—Solo asegúrate de que el lugar no sea un "peligro" para mí y ya. Vienes por mí en cuanto la encuentres.
Mi sorpresa fue grande cuando después de que Malachite tocara como por quince minutos, una vecina se asomó al balcón de su casa y le dijo con una aguda y asquerosa voz que jamás olvidaré, por Dios que hay mujeres lindas, como mi Serena por ejemplo, y mujeres que rayan lo extraterrestre, feas como ellas solas... le dijo que si acaso no sabía que Serena y su mamá se habían ido para la funeraria.
— ¿En una funeraria? ¿Acaso quién se murió?
—El hermano. —Respondió, según esa fea, con pesar —Por ahí dicen que lo mató starlight cuando, ay, Sammy, que en paz descanse, fue a reclamarle por haberse metido con su hermana.
— ¿Cómo dice?
—Están en una por aquí cerquita. ¿Si vio ahora que entró al barrio una con un aviso grande que decía: "El edén"?
Malachite y yo, aunque no estaba hablando conmigo, asentimos al mismo tiempo.
—Allá están. Yo hubiera ido a acompañarlas pero con eso de que el que mató a Sammy fue ese infeliz del tal Seiya... No, gracias, dejemos los santos quietos.
—Gracias, señora. Muy amable.
Pensé que Malachite le iba a dar algo de lana a esa señora por la información que nos había dado pero creo que tenía razón. Cuando regresó al coche y lo encendió, se lo pregunté y su respuesta fue...
—Es demasiado chismosa como para darle algo, señor. De haberlo hecho lo más probable es que después tuviera que venir a matarla; luego de que le hubiera contado a todo el mundo de nuestra presencia aquí, claro, y, ¿le digo una cosa? Que flojera.
—Tienes razón pero vamos, vamos. Date prisa, por favor.
No tardamos nada en llegar porque eso será lo único que tienen de bueno esas pequeñas metrópolis llenas de personas que entre otras cosas... Es de las que yo vivo. En casi que esos pequeños pueblos donde se encuentra de todo y la gente se conoce entre sí, es muy fácil movilizarse. Llegamos en un santiamén y no dejé que Malachite se bajara del coche. Esa vez yo salí primero y entré rápidamente a aquella funeraria para buscarla.
—Señor, oiga, ¡señor!
Me llamó con mucha insistencia pero por más que me llamó no lo consiguió. Sus fuertes gritos fueron desapareciendo y en cambio me iba acercando más hacia ella, hacia donde estaba frente a aquel ataúd llorando. Oh, mi linda princesa... ¿Cómo es que incluso cuando lloras logras verte hermosa? Serena es tan, tan bonita, tan chula, que hasta llorando se ve preciosa.
Mantuve una corta distancia porque, bueno, no soy tan degenerado del todo. Era un mal momento, estaba más que claro que no debía estar ahí.
Y cuando me vio y no me quitó la mirada de encima, yo no pude hacer algo distinto a lo que ella hacía conmigo, no podía dejar de mirarla... Sin dejar de mirarme se limpiaba la nariz con un pañuelo y se acercaba hacia mí para preguntar lo evidente.
— ¿Qué estás haciendo aquí, Darien?
— ¿Te busco? —Le pregunté temeroso de su respuesta entrecerrando un poco los ojos— Sé que no es el momento para esto pero...
—No, no es el momento. Así que te voy a pedir que por favor te... Ay, no.
Dos tipos, y supongo los hermanos del estúpido de Kou, o sea dos de los putos Kou, entraron al lugar y sacaron unas poderosas armas de sus extravagantes gabardinas. Empezaron a dispararle al ataúd, le dispararon al cuerpo sin vida del hermano de Serena no más entraron al humilde lugar en el que estábamos. Por instinto y mientras Malachite entraba y llamaba al parecer a unos hombres más (que por petición suya nos estaba siguiendo para escoltarnos) me lancé sobre Serena y nos tiré a ambos al suelo. Tratando de protegerla y sacando mi arma, le escuché decir a uno de ellos antes de que mi arma o la de alguno de mis muchachos les dieran...
— ¡Esto no se va a quedar así, perras! ¡Les juro que esta mamada no se queda así!
— ¡Ya vámonos, Yaten!
Le gritó al hermano (el de cabello castaño oscuro) mientras empuñaba fuertemente su arma y se hacía paso para escapar.
— ¡¿Y Seiya?! ¡¿Ahora quién se aguanta al pendejo de Seiya?!
—Me vale. ¡¿Que no estás viendo?! —Señaló con la mirada a mis muchachos, a mis hombres y a sus armas — ¡Ya vámonos de aquí, con un demonio!
—Ya, ya, ya te oí. —Le hizo caso y empezó a seguirlo hacia la puerta —Vámonos pero tú te encargas de Seiya. Tú le vas a explicar por qué no le llevamos a su "princesa".
¿Su princesa? Me lleva... Me cae que no sé por qué le hice caso a Serena y no mandé a matar a ese imbécil esa misma tarde. Su princesa, ja, si tan solo supiera... Serena, mi Serena, fue y solo ha sido mía. Esa mujer fue mía y planeo que siga siéndolo... Quiero que sea mía por mucho más tiempo...
Los tarados estos se fueron y en cuanto se fueron, Serena rompió en un inconsolable llanto. Lloraba, lloraba como nunca había visto a alguien llorar en mi vida mientras las pocas personas que estaban en la funeraria acompañándolas, (entre todas esas su madre) salían de sus escondites y miraban con horror el desastre que los Kou habían dejado a su paso.
— ¿Por qué?
—Serena... —Carajo, siempre he sido un desastre a la hora de consolar a alguien —no llores, por favor.
— ¿Por qué? Darien, ¡¿por qué?!
Me tomó realmente por sorpresa cuando lo hizo pero no voy a negar que me encantó; me ahorró el trabajo de hacerlo. Serena se arrojó a mis brazos y sin dejar de llorar, de llorar sin consuelo, se abrazó fuertemente a mí y siguió preguntándome lo mismo: "¿por qué?" Posando mis manos en su frágil y tonificada espalda, la abracé y volví a embriagarme de su calor, de su olor que me encanta, que me enloquece... Perdido en lo triste de su ahogado llanto, entre sus pequeños brazos que me abrazaban con fuerza y extasiado con el dulce olor de su largo y hermoso cabello suelto, le susurré...
—Por Dios que me encantas...
—Darien.
— ¿Sí? —Le pregunté cuando sacó su dulce e infantil rostro de mi pecho y me miró a los ojos— ¿Qué quieres?
—Sé, yo sé que tú eres de las pocas personas que puede protegerme; es decir, a mi mamá y a mí.
Mi respuesta a su afirmación fue una sonrisa. Una amplia y condescendiente sonrisa.
— ¿De verdad te gusto?
—Sí. Tanto como para proponerte lo siguiente. Pasa una noche más conmigo y a cambio te daré protección a ti y a tu mamá.
—Hecho.
— ¿Ni siquiera lo vas a pensar?
Reí, es que no podía evitarlo.
— ¿Acaso crees que tengo algo que pensar? —Me preguntó mientras me señalaba con la mirada el desastre frente a nosotros —Además, contigo como que siempre es así, no hay tiempo para pensar en nada.
Sonreí de nuevo. Caray, desde que conocí a Serena no he hecho nada más que eso, que sonreír.
—Vámonos antes de que me arrepienta.
—Está bien, vámonos. Malachite.
—Señor.
Llegó en un instante con nosotros.
—Encárgate de solucionar todo este desastre.
—Sí, señor.
—Pídele a Nef, Jedite y a Ziocite que se encarguen de escoltar a... A todas estas, ¿cuál es tu mamá?
—Ella. —La señaló y por Dios, ¡no se sabe cuál de las dos está más buena, si la hija o la mamá! Que señora tan, pero tan bonita. —Es la rubia de vestido negro que habla con la tía Zirconia.
— ¿La viste, Malachite?
—Tendría que haber sido ciego para no...
Pobre Malachite pero lo entendía. ¿Qué hombre que se precie de serlo no se le habría quedado mirando? Preciosa, esa mujer es divina; aunque a mí me gusta más la hija pero en fin... De que la mamá de Serena está buena, está buena.
—Sí, señor. Ya mismo les digo a Neflyte y a los demás que se encarguen de escoltar a la señora mientras yo organizo todo este desastre.
—Dame las llaves de la camioneta.
—Pero, señor, ¿por qué mejor no...?
—Malachite...
—Tenga. —Me las pasó inmediatamente me vio así, tan de mal genio. Aprecio que me cuide pero creo que exagera. — Lo que se le ofrezca solo es que me llame, patrón.
—Gracias.
Tomé a Serena de la mano y con las llaves de mi camioneta, salí prontamente de ahí. Sé que estaba pasando por un terrible momento pero no podía evitarlo. Yo quería volver a estar en mi casa, en mi habitación especial, con ella. Quería estar haciéndoselo toda la tarde en mi cuarto de tortura y satisfacción...
