15/05/2017

Holi, holi, mis niñas. ¿Cómo han estado, bien? Pues eso espero ;) A todas las que son unas mamacitas, con hijos :v jajajaja, como yo, pues feliz día, (el día que haya sido en sus países) y feliz mes de las madres, mis amores; una de las carreras mas duras sin dudas de cursar pero la que cursamos con amor, tratando de no reprobar ninguna materia ;) Muchas felicidades y a las que no son mamitas todavía, no se preocupen, tampoco es que sea así la super cosa :v Naa, ya en serio... Hola y hoy estoy aquí con un nuevo capitulo y con un super noticionon, ¡ya acabé! Awwwwwww! ¡¿pueden creerlo?! ¡así es! El fic quedó de 12 capítulos y esta completamente terminado ;) Me siento muy feliz con el resultado y espero, de todo corazón, que a ustedes también les guste hasta el final.

Las dejo con el capitulo y nos leemos abajo. ¡Beshos! Muack... ¡Ojala les guste!


CAPÍTULO 5

— ¡¿Cómo está eso de que no está en su casa?! ¡Pinches cabrones de su puta madre!

— Te recuerdo, cabrón, que tu madre es nuestra madre, imbécil.

— Cállate, Yaten, ya cállate y mejor dime, ¿estás seguro de lo que estás diciendo? ¿Estás seguro que...?

— Era él, estoy casi seguro que ese tipo que se lanzó sobre tu "princesa" cuando nosotros entramos y empezamos a dispararle al ataúd de Sammy, como nos los pediste, tarado...

— Yaten, no lo provoques, por favor.

— Es la verdad, Taiki. ¿Obsesionarse tanto por una mujer? Chale, ni que estuviera tan carita.

— La güera es linda, tienes que reconocer que Serena es cualquier cosa menos fea. Aunque, uy, sí, yo de mil amores me quedo con su mamá. MA, MA, CI, TA. Una verdadera belleza esa mujer.

— Oigan, ustedes dos. ¿Entonces qué? ¿Era o no era él? ¿Están seguros que en la funeraria, velando al imbécil del hermano de Serena estaban Darien Chiba, nada más y nada menos que el jefe del cartel Chiba, con sus hombres? Es que eso no tiene ningún sentido. ¿Qué tenía que estar haciendo Chiba y sus hombres en esa funeraria y más, con mi princesa?

— ¿Sabes que sí, cretino? Esa es una excelente pregunta, Seiya. ¿Por qué no vas y le preguntas tú, eh?

— De tener que hacerlo lo haría, animal. El señor Black me tiene completamente prohibido acercarme a Darien Chiba y a sus territorios, Yaten, pero como ese tipo se haya atrevido a meterse con Serena, con mi princesa, le va a pesar. Les juro que si el pendejo ese jefe del cartel Chiba se metió con Serena le va a pesar toda su pinché vida. Se los aseguro...

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Entiendo por qué fue que Nef terminó enamorándose como se enamoró de su esposa, de la por siempre dulce, noble y amable de Lita. Esa mujer no solo es hermosa, atenta, cariñosa y cordial, cocina como nadie. ¡Es la mejor cocinera de todo México! Que digo de todo México, ¡de todo el jodido mundo! La comida, es decir, el almuerzo que nos preparó a Serena y a mí el jueves en la tarde fue delicioso, exquisito. Pero aunque la comida y el vino estaban deliciosos, lo mejor fue el postre, oh, sí, que rico postre... Sin duda el mejor postre que me he comido en mucho, mucho tiempo...

El que entendió, entendió, como le gusta decir a Jedite a cada rato cuando dice algo y los muchachos y yo no le entendemos; que hablando de Jedite, uy, ese día fue muy divertido lo que pasó. Gracias a él y a lo que pasó entre él y la fiera de su esposa, a él y a la discusión que tuvo con Rei en uno de los pasillos de mi casa, me sembró la duda... ¿Será? No, no puedo tener tanta suerte. "De eso tan bueno no dan tanto" Decía el puto de mi papá a cada rato.

Pero antes de que ellos llegaran... Serena y yo estábamos en la mesa haciendo lo que hacemos desde el mismo momento en el que nos conocimos, negociar.

— Me parece que matar a Seiya es una medida muy exagerada, Darien.

— ¿No es más fácil matarlo?

— Puede ser pero no, olvídalo. Yo no sería capaz de vivir con algo como eso. Creo que jamás podría perdonarme que alguien haya muerto por culpa mía.

— Hay personas que hacen menos daño estando tres metros bajo tierra, Serena. — No entiendo por qué no río, era un buen chiste, siempre anima a mis invitados en las fiestas que damos— ¿Qué? Es divertido.

— No, no lo es y bueno, ¿esa es tu oferta? Porque si esa es tu oferta...

— No, no, no te levantes todavía, no te vayas. Eh, yo... Ya sé. Tengo otra idea con la que tal vez estés más de acuerdo.

— Habla.

— Esta bien, no lo matemos. Me parece que es mucho más practico matarlo pero como no quieres... Lo que podemos hacer es que te vengas a vivir aquí, conmigo para tenerte más protegida, y a tu mamá la podemos sacar del país.

— Tú en lo único que piensas todo el día es en tener sexo, ¿verdad?

— Pues... No. Contrario a lo que creas no soy un maniático sexual; aunque... Serena, carajo, desde que te conocí, es decir, desde que lo hicimos la primera vez, lo único que quiero, en lo único en lo que puedo pensar es en ti. En ti y en lo bien que me golpeas...

Vaya, eso no era un chiste pero río como si lo fuera. La verdad me lastimó sus fuertes carcajadas porque yo le estaba hablando con el corazón, muy en serio...

— Ay, Darien, no tienes remedio...

— No le veo la gracia por ninguna parte pero, ¿entonces? ¿Es un trato?

— Mi mamá está destrozada, Darien. Dudo mucho que quiera irse del país y si se va, no me gustaría que se fuera sola. Mi mamá ahora más que nunca me necesita a su lado.

Demonios, olvidaba que no todos los demás son como mi familia y yo mientras crecí. No todos se odian...

— Debe haber alguien, no sé, que esté dispuesto a irse con ella.

— ¿Tienes mucha prisa por deshacerte de mi mamá o qué es lo que pasa?

Oh, no, para nada... De hecho sería muy interesante tenerlas a las dos en una cama pero...

— ¿Darien?

— Yo no quiero deshacerme de tu mamá. Solo estoy buscando la forma de resolver este problema, de obtener lo que quiero haciendo lo que me pediste, sin tener que matar al cabrón ese de Seiya que a todas estas... El otro día en el coche me dijiste que había matado a tu hermano porque él fue a reclamarle por haberse metido contigo pero nunca me dijiste de dónde lo conoces. ¿De dónde conoces a ese tarado? ¿Por qué chingados está tan obsesionado contigo?

— Es una larga historia pero te lo resumiré. Él, sus hermanos, Sammy y yo estudiamos en la misma escuela. Éramos compañeros de clase.

— ¿No me estas chingando, verdad?

— Lo juro. Estudiamos hasta noveno grado y de ahí no los volvimos a ver. Seiya, desde el sexto grado me declaró sus sentimientos pero, ay, sé que no debería decirlo pero es que él era tan feo...

No lo pude evitar, me atragante con el vino de la risa que me dio escucharle decir eso así, haciendo esas caras... Mi Serena, es igual de superficial a mí... Mi bonita, mi niña mala...

— Deja de reírte, Darien, que no sabes lo mucho que me costó aprender a no hacerlo, a no reírme de él cuando hablo de lo feo que era.

— ¿Era? ¿Es que ya no lo es?

— No, ya no; de hecho...

Y hasta ahí me llegó el buen humor, la risa... Serena dijo aquello último con una maliciosa sonrisa mientras se mordía levemente el labio inferior. Y todos sabemos lo que eso significa, sexo, atracción sexual.

— Serena...

— Yo no sé qué se habrá hecho pero sí, cambió muchísimo. Recuerdo que cuando Sammy y yo nos lo topamos en la calle no pudimos reconocerlo, se veía muy diferente de cómo lo recordaba. Recortó su cabello, empezó a vestir con ropa más acorde a su físico, a su talla. Reemplazó los enormes lentes de nerd idiota por unos más delgados y finos, guau, de verdad se le ven muy bien esos lentes plateados semi caídos, y...

— Suficiente, ya no quiero escuchar una sola palabra.

— Ay, Darien...

No sé por qué reía como si nada. De verdad que no le veía la gracia por ningún puto lado.

— ¿Te molesta que hable de Seiya? Tú fuiste el que me preguntó.

— Entre más te escucho hablar de ese, ¡imbécil! más ganas me dan de matarlo.

— De acuerdo, de acuerdo. La cosa fue que en la escuela yo lo rechacé innumerables veces por eso, por feo. Y cuando lo vi de nuevo, después de un poco más de dos años de no verlo, bueno, se veía diferente; y él se portó tan amable, tan galante conmigo que pensé que todo lo que había pasado entre nosotros mientras estudiamos había quedado ahí, en el pasado.

— Sé que no te acostaste con ese imbécil porque me consta pero, ¿dime por lo que más quieras que no...?

— Es que era tan dulce, tan lindo, tan amable. Yo creí en su falsa galantería y, bueno, una noche que me invitó a salir me pidió un beso y yo se lo di.

— ¡Carajo!

Golpeé con desmedida fuerza la mesa. Hasta se cayó una copa.

— Me lleva la chingada. Puto hijo de su puta madre...

— Oye, ¿Por qué te enojas? Cuando eso pasó tú y yo no pensábamos ni conocernos. No tienes por qué alterarte porque después de todo nosotros solo tenemos sexo; un sexo raro pero al fin de cuentas eso, sexo.

— Lo mío, es mío, de nadie más.

— Sí, tuya, aja... No soy una cosa pero como sea, te voy a terminar de contar. El problema fue que Sammy, que empezó a verse más con ellos, con Seiya y con sus hermanos ya que habían regresado a la ciudad, una noche que llegó temprano al bar en donde se reunían a tomar escuchó que Seiya le dijo a sus hermanos que cuando él lograra acostarse conmigo, cuando me llevara a la cama, se iba a deshacer de mí peor de lo que lo haría con un perro. Que me iba a hacer pagar todas las humillaciones que yo le había hecho.

— Te digo, lo mejor es matarlo.

— Que no. ¿Qué no ves que ese fue el problema? Yo no sé Sammy de donde se sacó un arma y hasta allá se fue. Él, ofendido porque yo no le creía nada de lo que me decía y preocupado al pensar que yo me pudiera acostar con ese imbécil después de semanas de pelear conmigo, se fue hasta su "casa" dispuesto a matarlo. Y ya ves como terminó todo. El que terminó muerto fue él, mi Sammy.

— Serena, no llores. — Me levanté de la silla y fui con ella— Lo siento mucho. En verdad lo siento mucho.

— Gracias pero igual, —se limpió las lágrimas— llorar, o culparme por su muerte no me lo va a devolver. No sabes cómo me duele todo esto. Si le hubiera creído, si le hubiera hecho caso, tal vez él no habría tenido que ir a buscar a Seiya para reclamarle y ese imbécil no lo hubiera matado.

— El: Hubiera, no existe, Serena. No llores, bonita, y ven.

Le ofrecí una de mis manos para que se levantara, para llevarla a mi habitación.

Y estábamos subiendo las escaleras, casi llegando a mi habitación cuando...

— Baja la voz, Rei. Esta es la casa de...

— ¡Me vale, Jedite! — Gritaba realmente enojada esa fiera de negro cabello y delgada figura. No sé cómo hace para intimidar tanto a Jedite. Es solo una mujer de uno cincuenta pero, bueno, a veces entiendo por qué. Esa mujer da miedo, terror cuando se enoja— ¡Me importa un verdadero cacahuate donde estemos! ¡Tú de mí no te vas a burlar! ¡¿Entendiste?!

— Pero, Rei, mi fiera...

Que risa, solo un bruto como Jedite es capaz de acercarse a eso, a una fiera salvaje como lo es Rei, cuando está enojada.

— ¿Y ahora qué hice? ¿Por qué estás tan enojada conmigo, mi amor?

— ¡Ningún mi amor!

— Rei...

— ¡¿Quién es esa mujer que te escribió anoche?!

— ¿Una mujer?

— ¡Sí! — Uy, dio un paso al frente. No sé quién de los dos se asustó más cuando ella se acercó, si él o yo. No, definitivamente el pobre Jedite que no sabía si quedarse o salir corriendo. Sí, definitivamente él— ¡¿Quién esa perra que dice que te extraña mucho, eh?! ¡¿Quién demonios es, Jedite?!

— Rei, mi amor, en serio no sé de qué estás hablando.

— ¿Entonces yo soy una loca que inventa cosas? ¡¿Es eso lo que me estás diciendo?! ¡¿Qué soy una maldita loca que inventa cosas?!

— No, no estoy diciendo eso.

Ellos peleaban, bueno, ella le gritaba a un pobre Jedite que ni idea de qué lo acusaban mientras Serena me preguntaba...

— Oye, ¿Qué es lo que pasa?

— No sé pero está buenísimo. — Me reí de ver como Jedite suplicaba misericordia y su mujer, más lo gritaba— Shu, shu, quiero escuchar qué le va a decir a esa fiera para calmarla.

— Rei, mi bella fiera, en serio no sé de qué me estás hablando porque no existe ninguna otra mujer. Es que, tan solo piénsalo. Si tuviera otra mujer, que no es cierto, ¿crees acaso que sería tan imbécil como para dejar mi celular, sin ningún tipo de contraseña, con mi esposa?

— Einstein no eres, eh.

— Rei, si tan solo me permites el teléfono y me dejas devolver la llamada, te puedo demostrar que no hay ninguna otra mujer. Yo jamás te engañaría porque te amo. No sé cuántas veces tengo que decírtelo para que me creas, mujer.

— Toma tu porquería de teléfono.

Que risa, se lo pasó de mala gana. Lo único que le faltó fue tirárselo a la cara.

Y cuando Jedite hizo la llamada...

— Ah, tenías que ser tú, Rubeus. ¡¿Por qué chingados me mandaste ese mensaje?! Chinga a tu madre, puto. ¡Mi mujer esta que me mata y todo por tu culpa, cabrón! Es lo mínimo que puedes hacer por mí, pendejo. Solo a ti se te ocurre mandar un mensaje diciendo eso, que cuándo nos vamos a ver porque me extrañas mucho. Hijo de tu puta madre, ¡deja de reírte! Te voy a pasar a mi esposa y le vas a decir esta misma mamada que me estás diciendo a mí, ¿entendiste?

— ¿Bueno? Hola, Rubeus. Sí, sí, pensé que eras una mujer porque, oye, ¿Quién carajo pone eso en su foto de perfil? Ah, ¿fue tu esposa la que puso ese par de osos de cristal dándose un beso en conmemoración por su aniversario? Eh, bueno, pues no sé qué decir. Yo, en serio lo...

Yo estaba que me destornillaba de la risa por todo lo que había pasado, por escuchar a Rei, a la grosera, difícil y algo antipática de Rei Hino disculpándose con el amigo de Jedite, con el tal Rubues que, hmmm, ahora que lo pienso, ¿yo no conozco a ese tipo? Sí, ese nombre me suena de alguna parte pero como sea. Yo me estaba muriendo de la risa, Serena se veía muy confundida y Rei, que terminaba la llamada y le devolvía el teléfono a Jedite, fue rápidamente presa de la ira de su esposo, de mi buen Jedite que hay que hacer cualquier cosa en la vida menos hacerlo enojar...

— Me estas lastimando. Suéltame, por favor.

— ¿Ahora si por favor, no?

— Jedite, mi amor...

— Mi amor nada. — Dijo mientras la tenía fuertemente sostenida por las muñecas y contra una de las paredes del pasillo, en donde habían discutido tan airadamente— Mi amor una mierda. ¿Por qué siempre haces lo mismo? ¿Por qué siempre tienes que pensar lo peor de mí?

— Jedite, mi leoncito...

No sé cómo carajo contuve la risa. ¡No sabía que su mujer le decía así! Oh, por Dios, el amor es toda una ridiculez. Vuelve a la gente más estúpida de lo que ya de por si es.

— No te enojes conmigo, mi amor, y entiende.

— No, es que yo sí entiendo. Entiendo que eres una desconfiada que prefiere creerle al que sea menos a mí y que...

— No, no, las cosas no...

Oh, oh, no esperaba que las cosas se iban a poner así, tan calientes de un momento a otro. En un rápido movimiento Jedite le soltó las manos a Rei, la levantó por las nalgas y empezó a bajarla y a subirla por, bueno, por su entrepierna... Empezó a rozarla con fuerza y mientras lo hacía se le acercaba al sonrojado rostro para decirle...

— Parece que tú solo entiendes de una sola manera. ¿Verdad que sí, Rei?

— Je, ah, sí... — gemía con los ojos cerrados, mas roja de lo que estaba, y prendida de sus hombros— Jedite, hmmm, mi amor...

No soy un maldito puritano. Sé perfecto que mis muchachos se acuestan con sus esposas porque, obvio, ¡son sus esposas! Es normal que tengan sexo de vez en cuando pero lo malo, bueno, al menos eso creí al principio al ver el rostro de Serena, era que estaban a la vista, en un espacio que se podía catalogar como "público".

Noté que Serena se puso roja, como un tomate, cuando Jedite (por lo poco que alcanzamos a ver) le hizo el interior a un lado a su mujer, (después de subirle la falda roja que estaba usando) se acercó más a ella después de liberar su erección y, ¡bam!, se introdujo en ella de un solo golpe. Vaya, no sabía que Jedite era así, tan animal. En serio no sé cómo hizo esa mujer para no gritar. Eso, a ojos de cualquiera, era una brutalidad.

Quise darles algo de privacidad, quería entrar a mi habitación pero una extraña petición de Serena me lo impidió.

— Darien, ¿tú también puedes hacer eso?

— ¿Qué?

— Eso. — Me señaló a Jedite, lo que le estaba haciendo hacer a su mujer. Se me hizo raro que Serena, mi domadora, la que me pega y me sodomiza, me pidiera algo como eso. No podía creer que me estuviera pidiendo que le hiciera algo como lo que el salvaje de Jedite le estaba haciendo hacer a la antipática de Rei— ¿Puedes?

— ¿Me estas pidiendo que me acueste contigo?

— Sí. — Todo el mundo deténganse. ¡Serena se me acercó y puso una mano sobre mi entrepierna! — ¿Quieres?

— Sí pero, bonita, con esto que estás haciendo no vas a conseguir que se me pare.

— ¿No? ¿Seguro?

Incrementaba sus delicadas caricias sobre mi pe... bueno, ya saben qué, mientras se me acercaba al oído y lo llenaba de pequeños y muy sensuales besos.

— No. Tú ya sabes que yo solo me...

Me interrumpió cuando en vez de seguir tocándomelo y endulzándome el oído, me dio un fuerte cachetadón. Oh, sí, tal y como me gusta...

— Eso sí, así está mejor. Mira.

— Te odio Darien. — Me dijo cuando tomé su mano (que había quedado roja por la fuerte cachetada que me dio) y la puse sobre mi erección. Me dijo aquello y me miró con odio cuando puse su mano sobre mí ya abultado pantalón...— No sabes cuánto te odio.

— Perfecto, justo lo que quería. Ahora ven, entremos a la habitación pero olvídate que voy hacerte algo como eso.

— Pero Darien...

— Yo no maltrato mujeres. Camina. Ya me pusiste muy ansioso.


¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció? ¿genial, verdad? ;) jajajaja, ay, sí, lo he dicho muchas veces, a muchas personas ya pero no me canso de decirlo. Escribir fics, historias como esta, es como jugar con mis muñecas otra vez :D Me divierto muchísimo haciendo este tipo de maldades. Y antes de que me pregunten lo mismo que me preguntó el pervertido de Cris cuando le dije esto mismo que les estoy diciendo a ustedes, no, no jugaba con mis muñecas a que lo hacían; bueno, no así como lo narro aquí y en muchas otras de mis historias. En fin...

Muchas gracias por leer y si comentan, pues muchísimo mejor. Quejas, dudas y preguntas en los reviews. Besitos! Se les quiere un montón :3