19/05/2017

Capitulo algo salvaje ;) jajajaja. Hola mis niñas y no les retraso mas la lectura :D besitos, nos leemos abajo.

PD: Muchas gracias por leer y comentar. Se los agradezco un montón!


CAPÍTULO 8

— Uy, Darien, ¿de dónde te sacaste a esa mujer? Es preciosa. Está muy linda tu novia.

— No quería tocar el tema de Serena hasta el final de nuestra reunión pero ya que la mencionas, Diamante, — le dije mientras sacaba mi caja de habanos y le ofrecía uno a cada uno de ellos— hay algo que tengo que pedirte. Es algo con respecto a ella.

What´s wrong? Quiero decir, ¿Qué pasa? Te pusiste muy serio de repente. ¿Es grave?

— Seiya Kou. Necesito que te encargues de que Seiya Kou deje de molestar a Serena o de lo contrario me veré en la penosa obligación de liberarte de sus servicios y, Diamante, lo que menos quiero es tener un problema contigo. Nuestros padres se llevaban bien, me gustaría que nuestra relación siga siendo como hasta ahora, amistosa, cordial.

— Dalo por hecho.

Me respondió muy sonriente después de haberle dado una bocanada a uno de mis costosos habanos.

— No tenía ni la más mínima idea de que Seiya se estaba metiendo con tu novia y eso, me parece una falta grave. ¿Estás seguro que solo quieres que se aleje de ella? ¿No quieres que…?

— Solo eso, muchas gracias. Serena insiste en perdonarle la vida, a pesar de lo que le hizo, y voy a respetar su decisión.

— Sabia decisión. — Río mientras Rubeus llevaba a mi escritorio cuatro copas y la botella de whisky— No quería tener que matarlo porque la verdad es que él y sus hermanos hacen un muy buen trabajo. No te preocupes, eso queda resuelto esta misma noche.

Después de tocar brevemente el tema de Serena, continuamos con nuestra reunión.

Resultaba ser que los Black y su abogado habían venido a México a comprar una empresa. Al parecer, no es suficiente con las que ya tienen y quieren seguir expandiéndose por todo México como los nobles y grandes empresarios que son… Sí, claro… Como no. Afortunadamente pude reunirme con ellos antes de que se cerraran el negocio y me dejaran por fuera. Obviamente quería ser parte de esa compra porque a pesar que los casinos Chiba son una fachada más que perfecta para lavar el dinero de la organización, bueno, las sumas que tenemos que lavar son bastante grandes y a veces no las podemos lavar todas en los casinos, muchas veces tenemos que pedirle ayuda a ellos, a los Black. Por eso su compra me beneficia tanto, una empresa como la que estos pendejos compraron, digo, como la que compramos, es perfectamente capaz de lavar de cinco a diez millones de dólares al mes, era exactamente lo que estaba necesitando.

Afortunadamente la relación entre el padre de Diamante y Zafiro con el puto del mío, siempre fue amigable, cordial. Es bien conocido por mucha gente que el cartel Black y el Chiba trabajan casi como eso, como una sociedad. Nuestros padres tuvieron una buena relación laboral y los Black y yo decidimos mantener esa costumbre, la de llevarnos bien, la de no entorpecer el trabajo del otro. Realmente me alegra que todo con ellos haya salido bien pero sigo preocupado por Zafiro Black. A mí nadie me quita de la cabeza que ese maricon está interesado en mi Serena, nadie…. Que sean suposiciones mías, por favor. Lo último que quisiera hacer es echarme de enemigo al cartel Black. Eso sería lo peor que le podría pasar a mi negocio.

Después de acordar que pondría a mi abogada en contacto con su abogado para arreglar lo de los títulos y el dinero para la compra de la empresa, los acompañé hasta la salida. Por decencia y amabilidad los invité a quedarse a la cena que Lita y las demás estaban sirviendo pero la verdad lo que quería era que se fueran de mi casa; en especial Zafiro Black. Quería a ese pendejo lejos, a kilómetros de Serena pero…

— Oye, Darien, pregunta Lita si tus invitados se van a quedar a cenar para entonces…

— Señorita Serena, — carajo, ¡y volvió a tomarle una mano! En serio no sé cómo hice para no cogerlo, por lo menos, a golpes. No me gusta que nadie que no sea yo la toque. Serena es mía, mía y solo mía. Mucho más después de lo que pasó anoche…— nos encantaría quedarnos a tan encantadora velada pero nos es imposible. Hay un vuelo que debemos tomar. ¿En una próxima oportunidad puede ser?

— Sí, claro, no creo que haya problema. ¿Verdad, Darien?

Negué. Debía seguir en mi pose de: "Amable anfitrión" cuando en realidad lo que quería era partirle su madre a Zafiro por tocar a mi Serena. A mi niña.

— La próxima vez que vengan a México no duden en venir a visitarnos. Incluso pueden traer a sus esposas. — Miró a Rubeus y río, claro, yo también me acordé de la pelea de Rei y Jedite ese día por culpa de Rubeus y su mensajito y no pude evitar reírme como ella. La verdad es que era gracioso pero…— y por favor, solo Serena. Me siento incomoda cada que alguno de los trabajadores de Darien o en este caso, sus amigos, me dicen así.

— Te agradecemos la invitación, Serena. Espero que no te moleste que tuteemos a tu novia, Darien. ¿No te molesta, verdad?

— No, ¿Por qué habría de molestarme? Tú, y el ocurrente de Rubeus, son hombres felizmente casados, ¿no es verdad?

— Pero yo no. — Dijo ese infeliz de Zafiro sin quitarme la mirada y peor, sonriendo de medio lado— Creo que como yo aún no tengo la fortuna de conocer a una buena mujer que me soporte…

Rieron todos. Ja, ja, que gracioso… Imbécil.

—…No puedo tutearla, señorita Serena.

— Señor Black, no creo que…

— Usted lo escuchó, mi abogado y mi hermano están a salvo porque están casados pero yo, por otro lado, no lo estoy. Un gusto haberla conocido, señorita y Darien, una vez más feliz cumpleaños. Que los sigas cumpliendo muy feliz.

— Gracias, Zafiro. Los acompaño a la salida. Sé que están retrasados y no queremos quitarles más tiempo.

— No es necesario que nos acompañes. — Dijo Diamante sonriente, parecía que de los tres era a él al que más le urgía irse— Conocemos la salida. Disfruten de la fiesta y ya lo sabes, estamos en contacto. Hasta luego, gracias por todo.

Finalmente se fueron y nadie sabe el alivio que sentí cuando los vi cruzar el umbral de mi puerta; especialmente a Zafiro. Me incomodaba muchísimo que mirara y peor, que le hablara a Serena como lo hacía. Sigo pensando que ese cabrón está interesado en ella pero, no, de pronto y es hasta cierto los rumores. A Zafiro Black, jamás se le ha visto con una mujer. Todos dicen que es gay y, ah, ¡hasta por eso será! Claro, si seré imbécil. Según sé, la mayoría de los homosexuales son así, son muy cercanos con las mujeres y cariñosos. Ay, en ese caso lo que le debo es una disculpa a ese maricon. Él solo quería ser amigable, amable con mi Serena y yo lo malinterpreté todo. Los celos, ay, estos celos…

— Diamante.

— Dime, Zafiro.

— Yo me encargo de hablar con Kou.

— ¿De lo que va a necesitar para la próxima entrega?

— No, de Serena. Quiero hablar con él de cuál es el problema que tiene, corrijo, que tenía a partir de esta misma noche, con la novia de Darien.

— ¿Y por qué tú? ¿Por qué vas hacer eso? Siempre he sido yo el que me he entendido con los Kou y no me parece que…

— Tengo mis razones.

— Como quieras. Haz lo que quieras.

.

.

Después de la cena, de tomar bastante vino y escuchar música, decidimos que había sido suficiente celebración por esa noche. Todos nos despedimos amigablemente y tomamos dirección hacia nuestras habitaciones; bueno, todos menos Lita, ella fue a la cocina. Viendo como Nef salía tras ella y le ayudaba a cargar unas bandejas, entré a mi habitación con Serena y escuché que me dijo (mientras yo terminaba de entrar y le ponía seguro a la puerta)…

— Tenemos que hablar.

— ¿De qué?

— De nosotros, de lo que pasó más temprano en el salón frente a tus amigos.

Nunca, jamás me había pasado eso, nunca se me había acelerado tanto el corazón al escuchar las horribles y las peores tres palabras que un hombre puede escuchar en su vida: "Tenemos que hablar". Tenemos que hablar solo significa una cosa, que te van a mandar, o ya te mandaron y tú de loser eres el último en enterarte, a la mierda. Tenía miedo, nadie sabe ni sabrá el miedo que sentí cuando Serena me dijo eso así, sentada a la orilla de mi enorme cama mientras se quitaba delicadamente las sandalias que estaba usando sin mirarme, esquivando completamente mi mirada.

Tratando de verme como si nada, como si lo que me hubiera dicho no me hubiera afectado en lo más mínimo, di dos pasos hacia ella y le pregunté…

— ¿Y qué fue lo que pasó, según tú?

— Nos besamos; es decir, tú me besaste y yo no te rechacé. Darien… Yo, yo tengo que decirte algo pero no sé ni por dónde empezar.

— Empieza por donde empieza todo el mundo. — Sonreí mientras me sentaba a su lado y ponía una mano sobre una de sus piernas— Por el principio.

— Está bien. Yo, creo que nunca te he dado las gracias por todo lo que has hecho por mí; por mí y por mi familia, quiero decir.

— Nunca te he pedido que hagas eso.

— Pero yo quería hacerlo. Hoy, — me miró y puso una mano sobre la mía— Darien, hoy quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mí y decirte que aunque lo intenté, que aunque traté con todas mis fuerzas de no hacerlo, terminé haciéndolo.

— ¿Qué? ¿Qué fue lo que hiciste?

— Me enamoré de ti. Lo siento, Darien, pero yo no puedo seguir fingiendo que soy tu novia porque yo quiero serlo de verdad. Yo quiero ser tu novia pero tú has sido muy claro conmigo desde el principio. Tú solo quieres…

Puse un dedo sobre sus labios, sobre esos bellísimos labios que tanto besé anoche, e impedí que siguiera hablando. Todo eso que me dijo me confundió muchísimo. ¡Yo pensaba era que me iba a mandar a la mierda, no que me iba a decir todo eso! Yo estaba esperando cualquier cosa menos eso, que me dijera que me quería, que se había enamorado de mí y que quería ser mi novia. Callé su tímida confesión de amor con uno de mis dedos y después retirándolo, cayendo sobre ella y acercándome a su bello rostro, la besé. La besé con amor, con delicadeza, como siempre he sido con ella. A diferencia de lo que cualquiera pudiera pensar al conocer mis gustos, bueno, yo con las mujeres soy así, yo a Serena siempre (a excepción de la primera vez que estuvimos juntos) siempre le he hecho el amor. Yo siempre, siempre he sido suave y caballeroso con ella. Pero anoche…

Estaba sobre ella, besándola y acariciándola muy delicadamente pero cuando Serena bajó la mano hacia mi entrepierna, me tocó y se dio cuenta que estaba más flácido que un fideo, detuvo nuestro beso y se levantó de la cama. Se organizó las tiras del bello vestido que estaba usando y cruzándose de brazos, mirándome peor de lo que me miró la primera vez que estuvimos juntos, cuando nos conocimos, me dijo…

— No.

— ¿No qué?

— Fui una tonta al creer que podía pasar algo más entre nosotros de lo que ha pasado hasta ahora. — Se giró para irse, para abrir la puerta y salir de la habitación— Me voy, Darien.

— No, no, ¿Cómo que te vas? ¿Para dónde?

— No lo sé, donde sea.

— Serena… —refunfuñé. Yo lo que quería era acostarme con ella, que me pegara para que se me papara y poder follármela pero…— Deja de hablar tonterías y mejor ven y golpéame para que…

— ¿No lo entiendes, verdad? No, Darien, lo nuestro se acabó. ¿Qué no escuchaste? Yo me enamoré de ti.

— ¿Y? Eso es perfecto.

— Yo no le voy a pegar a alguien a quien amo. — Demonios, las dos lágrimas que derramó después de decir aquello me partieron el corazón— Adiós, Darien. Gracias por todo lo que hiciste por mí.

No sabía que podía ser tan rápido; y eso que soy un flojo de mierda, no me ejercito ni porque me paguen. En un rápido movimiento me levanté de la cama, la tomé a ella por la cintura y halándola hacia mi pecho, le tomé el rostro por la quijada y antes de apoderarme de su boca otra vez le dije algo de lo que todavía me arrepiento. Es que no sé si hice o no lo correcto. Yo lo único que quería era que se quedara, que no me dejara.

— Yo también te amo.

— Pero no te excitas cuando te tocó. Solo puedes hacerlo si te pego y Darien, mi Darien, yo no voy a pegarte, ya no. Nunca más.

— ¿Pero por qué no? Hasta ahora lo has hecho y…

— Es como si yo te pidiera que me golpearas. Que me obligaras hacerte algo como lo que Jedite le hizo a hacer a Rei ese día que los vimos. ¿Lo recuerdas?

— Eso era una salvajada, Serena. Yo sería incapaz de hacer que me des sexo oral así, de esa forma tan acelerada y salvaje. Tú, eres mi niña, mi niña mala y bonita… Yo solo quiero…

— Y yo solo quiero cuidarte.

Me acarició una mejilla con delicadeza, con mucho amor.

— Serena…

— Yo te amo, Darien. Me terminé enamorando de ti porque, carajo, ¿Quién no lo habría hecho?

— Serena…

Volví a suspirar porque mientras que con una mano me acariciaba una mejilla, con la otra me acariciaba el cabello. Lo halaba suavemente.

— Serena, mi niña…

— Eres bueno con todos tus trabajadores; y eres tan bondadoso que permites que vivan aquí con sus esposas. Donas dinero a diferentes fundaciones.

— ¿Cómo sabes eso?

— Amy. — Sonrió— Ella me lo contó. No contento con eso, también sé que como no confías en esas organizaciones a las que donas dinero… Vas con Malachite y Ziocite a los barrios más pobres y ayudas a las familias que más puedes.

— Mina. ¿Eso te lo dijo Mina, verdad?

Asintió.

— Carajo, con esta mujer no se puede.

— Tienes un buen corazón, Darien Chiba. — Puso una de sus manos sobre mi corazón— Pagaste la carrera de chef de Lita y le ofreciste a Rei estudiar, que terminara sus estudios.

— Por Dios…. ¿No les faltó nada más por decirte?

— Es de ese hombre, que me pagó una astronómica cantidad de dinero por acostarse conmigo, que fue hasta mi casa a buscarme, que me ofreció protección y que sacó a mi mamá del país para protegerla de Seiya, del que yo me enamoré. Yo amo todo, cada parte de ti, Darien.

— Serena… No, tú estás equivocada. Yo no soy esa persona que tú dices. Yo merezco que me peguen. No soy un buen hombre.

Cerró los ojos, para que dos lágrimas más se deslizaran por su rostro, y negó a mis afirmaciones. Las que me producían un gran nudo en la garganta, las que me estrujaban el corazón.

— Beryl tenía razón. No soy más que una basura, una basura que lo único que merece es que le peguen.

— No lo eres. — Me tomó el rostro en ambas manos y me miró fijamente a los ojos— El hombre que yo amo, no puede ser una basura. Mi amado Darien, ese que es tan bueno conmigo y con todos los que lo rodean, no puede ser un hombre malo.

— Serena…

Abrazándola y abrazándola con todas mis fuerzas, no pude evitar hacerlo, me puse a llorar como una niñita asustada sobre ella, sobre su cálido pecho en el que, después de que pasó lo que pasó, yo dormí tan plácidamente toda la noche. Lloré y lloré como hacía años no lo hacía porque no podía creer que una mujer tan bella, tan de buenos sentimientos, se hubiera disque enamorado de una porquería como yo. Eso era imposible.

Abrazado al frágil cuerpo de mi niña bonita, de mi Serena, disfruté de sus abrazos y de las caricias que me daba, de todo lo que me decía mientras le pasaba como a mí, mientras lloraba sin consuelo.

— No sé quién es, o haya sido, la tal Beryl pero olvida lo que sea que te haya dicho. Perra… Mi Darien es bueno. Mi Darien es el hombre más bello y más bueno que existe sobre la faz de la tierra.

— ¿Si te das cuenta que es la primera vez que me dices que soy bello?

Sonreí.

— Ya tienes el ego demasiado inflado. No iba a ayudar que yo, tu supuesta novia, te dijera que eres el hombre más bello del universo. Me encantas, Darien Chiba, me gustas desde la primera vez que te vi.

— ¿Si?

— Sí… — Me miró de una forma diferente. Me miró con deseo, con lujuria, con pasión…— ¿Y sabes qué fue lo que más me gustó de ti cuando te conocí?

— Ya sé, ¿mi casa?

— Tarado… ¡No! Tus ojos. Lo que más me gustó de ti fueron tus ojos. Sentí que podía sumergirme en ellos, en el bello mar que parecen tus ojos, Darien…

— ¿Por qué me miras así?

— ¿Así cómo? — Era como, ¿Cómo si estuviera drogada? Eso parecía. Sus mejillas estaban muy coloradas, sus pupilas muy dilatas y sus labios, muy sonrojados…— ¿Cómo te estoy mirando?

— No sé pero me estas poniendo nervioso. ¿Tú quieres que lo…?

— Sí, muero de ganas por hacer el amor contigo, porque me lo hagas pero, Darien, —se puso seria— no voy a golpearte.

— Pero Serena…

— Si te quieres acostar conmigo vas a tener tú que golpearme a mí.

— Olvídalo. Yo no le voy a pegar a una mujer como tú, tan delgada, que se ve tan frágil.

— Es que, ¿es en serio? ¿Quién se puede excitar si le están dando una paliza? Por favor… Yo creo que lo que tú tienes es un trauma, un pequeño desorden mental y seguro que si recibieras terapia, podrías…

— De rodillas sobre la cama, de espaldas a mí, y súbete el vestido hasta la cintura. Voy a darte unas par de nalgadas y después, cuando me pidas que pare, me golpearas tú a mí. ¿Es un trato?

Asintió.

Estoy metido en un gran, gran lío... Ya no sé qué es lo que me gusta, qué es lo que realmente me satisface. Serena hizo exactamente lo que le pedí, se hizo sobre la cama de rodillas, se subió el vestido hasta la cintura y levantó su bello y blanco trasero para eso, para que yo se lo nalgueara. De verdad no quería hacerlo pero empecé a nalguear su trasero (con fuerza) cuando ella me lo pidió.

Y a la doceava nalgada que le di, con la mano realmente roja de tanto pegarle, vi algo que no podía creer. Ella me decía una cosa pero lo que yo veía, me decía otra…

— ¿Lo, lo ves? ¿Quién se puede excitar si le están…? ¡Ah….! Ummm, oh, Darien…

— Estas mojada, Serena.

— Da, Darien…

Gemía Serena algo fuerte mientras yo no podía evitar hacerlo, mientras acariciaba su sensible clítoris (que estaba muy visible) y me mojaba mucho los dedos con los que la estaba acariciando. Literalmente estaba chorreando fluidos, nunca había visto una mujer más húmeda de lo que vi a Serena anoche en mi habitación, en mi cama…

— Estas mojadísima.

— Da, Darien, no… Deja de, ah… Deja de hacer eso y vuelve a lo que estabas haciendo.

— ¿Te mojaste de esta manera solo porque te nalgueé?

— No, no, ¿Cómo se te ocurre?

Y solo para comprobar mi teoría…

— ¡Ah, oh, sí, más, más, Darien, más! Pégame más duro, mi amor, más… No, ¿sabes qué? Tengo otra idea.

Esa, esa definitivamente no era mi niña dulce e ingenua, no, esa era una mujer completamente poseída por la lujuria, la pasión, por el deseo… Se levantó de la cama y se hizo de rodillas ante mí, aun con lo que debían dolerle las nalgas porque la nalgueé demasiado fuerte, y me desabotonó el pantalón, bajó mi cremallera.

— ¡Serena! ¿Pero qué demonios…?

— Shu, shu, cállate, Darien.

Me bajó el bóxer y lo tomó en su mano. Masturbándome fuertemente y consiguiendo así que se me irguiera un poco, se lo metió a la boca de un solo golpe. ¡Por Dios, nunca había sentido lo que sentí con Serena anoche, jamás! Mientras me lo chupaba aceleradamente, así, como había visto que Rei se lo había hecho a Jedite, me tomó ambas manos y las puso sobre su rubia cabeza. Sin dejar de mamármelo y gimiendo aun con la boca llena, me daba a entender que quería que hiciera con ella lo mismo que habíamos visto a nuestros amigos hacer esa tarde en el pasillo, quería que la obligara a chupármelo con fuerza.

— ¿En serio eso es lo que…? Me lleva, me lleva la chingada… Esto, esto es increíble, Serena…

Nunca, ni siquiera cuando compré su virginidad, lo había sentido tan duro, tan parado. Prendiéndome de su cabeza y entrando y saliendo de su boca con fuerza, incrementé el ritmo. Empecé a decirle que parecía una profesional chupándomelo y que si seguía así, arrodillada ante mí, mamándomelo de esa manera y acariciándome los huevos, le iba a llenar la boca con toda mi leche. Serena, carajo, solo me estoy acordando de una parte de todo lo que hicimos anoche y ya estoy caliente, ya estoy más duro que una roca y más caliente que el sol… Nunca pensé que pudiera conseguir una erección, como la que tengo ahora, tan solo por recordar una sesión de sexo…

— ¿Rico? ¿Te gusta mi sabor?

Le preguntaba mientras seguía embistiendo su boca y ella respondía a mis preguntas con gemidos, con unos muy fuertes gemidos…

— Prepárate porque voy a dártelo todo…

Tres segundos antes de correrme, de correrme con la mayor fuerza con la que nunca en mi vida me había corrido, ni siquiera la primera vez que me masturbé, creo que se lo metí hasta la garganta y después si se lo saque y me vine en su cara. Me corrí, me corrí como por veinte y mientras no podía dejar de verla, ella sacaba la lengua, se tocaba los senos y seguía gimiendo para mí… Era todo un espectáculo verla…

— Oh, oh, sí, mi chula, mi niña…

— Más, quiero que me des más, Darien.

— Más te daré. — La levanté con fuerza del suelo por el cabello y con violencia, la arrojé a la cama. Luego, me hice sobre ella y abriéndole las piernas, limpié el resto de semen de su cara y le afirmé mientras me preparaba para hundirme en ella…— ¿Estas lista? Voy a darte como nunca le he dado a ninguna mujer, duro. Voy a darte con todas mis fuerzas, Serena.

— ¡Oh, Darien, sí, así! ¡Esto era lo que yo quería!

— ¿Así?

— ¡Sí! — Gritó y me enterró las uñas en los hombros mientras yo la penetraba como eso, como un salvaje— ¡Así! ¡Oh, ah, Darien, Darien…! ¡Así y más, dame más fuerte!


Y ese fue el capitulo :3 Espero les haya gustado y, ay, si son sensibles, pues lo siento mucho pero, esperen, jajajaja, acabo de darme cuenta que si son sensibles, pues no estarian aqui :v o sea... jajajaja, este fic desde un inicio ha sido perverso, entonces no tendria logica que hubiera una lectora sensible a estas alturas de la historia :v

Un abrazo enorme y les deseo un lindo fin de semana. Beso! Cuidense y ya sabe, lo que quieran comentar en los reviews :) Chao, nos estamos leyendo.